lunes, septiembre 17, 2007

Viage ilustrado (Pág. 71)

»Dmitri, al reconocer al anciano, se postró de rodillas.
—»¡Dios es el que te envia! esclamó el príncipe. Mi valor no se admira de ningun peligro; pero lo confieso, mi razon vacila reflexionando todas las eventualidades de una lucha decisiva.
—Escucha, le dijo el venerable ermitaño; si no se tratase mas que de tu ambicion, no podria ofrecerte mas que la compasion del cristiano por tu derrota, y hasta por tu gloria; pero no se trata de coronas pere­cederas. Bastante tiempo el infiel ha pisoteado la en­seña de la Redencion... ¡Dmitri! marcha adelante con tu fé, y los ejércitos de los bárbaros se confundirán con una mirada tuya, como las nieves de la colina á los rayos del sol Levante. Los rusos sabrán que tus fuerzas vienen del cielo, y serán invencibles.
»Dmitri se sintió revestido de una voluntad sobre­natural.
—»No te hablaré de mi reconocimiento, dijo á Serge; tus virtudes confunden el poder del cetro; pero para eternizar la memoria de las gracias que el cielo derrama por tus manos sobre este pueblo oprimido, yo colmaré de bienes el monasterio de Troitza, y en los siglos mas remotos, la piedad de los rusos asociará tu nombre al recuerdo de nuestra libertad.
Nuestras pruebas no están concluidas, interrum­pió el ermitaño... yo compareceré delante de Dios cuando plazca á su justicia dar nueva consagracion á nuestras celdas por la devastacion y el martirio… Un dia, prosiguió con acento profético, este recinto que han levantado mis manos indignas sérá el último ba­luarte de nuestros hermanos... Pero todos tienen parte en esta empresa. Dmitri, vé á buscar en el Don la glo­ria de un nuevo bautismo...
»Diciendo estas palabras, tomó el puñal del héroe, y formando con el y el palo de peregrino una cruz, colocó este símbolo de poder y de humildad sobre la cabeza del gran príncipe.
»Al dia siguiente, el ejército de Dmitri estaba en marcha; de todas partes recibió refuerzos. El príncipe pasa el Oka y atraviesa el Don para aislar á los mon­goles de los auxiliares lituanos que se aproximan; des­plega en las llanuras de Koulikof 150,000 oombatientes, y se traba la lucha. Mucho tiempo anduvo indeci­sa la fortuna. Dos monges de Troitza combatian al lado del príncipe y le animaban con sus exhortaciones y con sus consejos. Ya los mongoles se habian abierto un camino hasta las grandes banderas; cuando el prín­cipe Vladimiro, que mandaba la reserva, sale de los bosques que le escondian y carga sobre el enemigo que se repliega y emprende la fuga. Mamaï, asombra­do de la derrota de los suyos, esclama: ¡el Dios de los cristianos es poderoso! y sucumbe en la derrota ge­neral.
»Serge murió en 1393. El mismo año los tártaros incendiaron á Moscou sin que esceptuaran el monaste­rio. Sin embargo, Nicon, el sucesor de San Serge, regresó con sus monges á las ruinas del santo lugar, donde encontró los restos del fundador en un estado perfecto de conservacion. Esta circunstancia, conside­rada como milagrosa, atrajo en derredor de las ruinas del convento una afluencia considerables de fieles, y bien pronto sus ofrendas, juntas con la munificencia de Dmitri, devolvieron á Troitza su primitivo esplendor. Juan el Terrible; que reinó de 1533 á 1584, so­brepujó á todos sus predecesores con sus liberalidades. En la ceremonia de su bautismo, sus padres, para atraer sobre el niño la proteccion del fundador, le depositaron durante algunos momentos en la caja mor­tuoria del santo.
»Las riquezas y las reliquias que encierra el mo­nasterio obligan á los prelados y á los príncipes á de­fender este recinto de manera que le pongan al abrigo de un golpe de mano. Los tártaros de Crimea, menos poderosos, pero tan ávidos como sus antepasados, am­bicionan esta espléndida presa, y los polacos, bajo pretesto de la diferencia de culto, no tendrian ningun escrúpulo en apoderarse de estos tesoros heréticos.
»Esto estuvo á punto de suceder y á principios del siglo XVII, durante las guerras suscitadas por los fal­sos Dmitri.
»Esta época de la historia de Rusia tiene todo el atractivo de lo maravilloso. Un aventurero que consi­gue cambiar su sayal por el manto de los czares; guer­ras civiles llenas de azares y de incidentes imprevis­tos; una ambicion de muger que ennoblece la constan­cia de la adhesion; en una palabra, una impostura tan bien urdida, que hasta despues de haber sido descu­bierta, una multitud de impostores secundarios viven del mismo fraude; he aqui lo que hace que los anales de esta época sean mas curiosos que los demas.
»Algunas palabras bastarán para recordar este episodio á los que le hayan leido, y para dar una idea á los que puedan ignorarlo (1).
»El czar Juan el Terrible, cuyo sobrenombre es casi una lisonja, habia dado muerte con su propia ma­no al hijo que debia sucederle. A la muerte del tirano, ocurrida en 1584, dejaba por sucesor á Feodoro y á otro hijo mas jóven llamado Dmitri. Feodoro era un príncipe que tenia mucha piedad; pero era indolente y se resentia de una salud bastante delicada. Se habia casado con Irene, hermana de Boris Godounof, anti­guo favorito de su padre, y el mas poderoso, como el mas hábil de los cinco consejeros designados para for­mar el consejo de regencia. Esta alianza favorecia la ambicion de Boris, el que separó bien pronto á sus rivales, y reinó de hecho bajo el nombre del Benigno Feodoro.
»Gobernó con tanta firmeza como sabiduría; pero en el instante en que todo se doblegaba ante él, le asaltaba la idea de que despues de la muerte del jóven czar, cuya esposa era estéril, el cetro pasaria á Dmitri, que se habia retirado á Ouglitch con su ma­dre. La ambicion del regente no retrocedió delante del crimen... Dmitri fué asesinado, y con este niño se estinguió la descendencia de Vladimiro Monomaco.
»E1 fin prematuro de Feodoro y la negativa que hizo, la czarina Irene de suceder á su esposo despeja­ron á Godounof el camino del trono. Subió á él con dignidad, y no quiso aceptar el cetro sino con el con­sentimiento de todos, y fuerza es confesar que solo él era digno de mandar: guerra, política, administracion, elocuencia, todo debia florecer durante su reinado, y tal fué su superioridad, que hasta los príncipes descendientes de Ruvico no se determinaron á ponerse en competencia con su reconocido mérito.
»Nombrado czar en 1598, se creyó en un princi­pio bastante afirmado para manifestarse clemente; la voz de la envidia aparecia encubierta con las bendiciones del pueblo; pero muy pronto la fortuna se cansó de favorecerle. Una hambre terrible desoló á Mos—

(1) Cuando hablamos de la historia de Rusia no dimos á este episodio la estension debida

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