miércoles, septiembre 26, 2007

Viage ilustrado (Pág. 79)

TURQUIA EUROPEA.
La naturaleza ha prodigado á los habitantes de la Turquia sus mas preciados dones. El aire es aqui sa­ludable y tiene una pureza que despierta la imaginacion, á menos que no lo corrompan las malhechoras emanaciones de los paises vecinos, y el poco aseo con que viven. La tierra, aunque mal labrada, es produc­tiva hasta un punto estremo; las estaciones observan una regularidad, agradable, y las aguas son tan lim­pias como saludables. Por último, la naturaleza no ha rehusado nada á estas regiones magníficas.
Para formarse una idea de la belleza de la situa­cion de Constantinopla, hay que entrar en esta ciudad. «Difícil es, dice Olivier, espresar las distintas sensa­ciones que esperimenta el viagero á la vista de esta gran ciudad y de sus habitantes: su posicion elevada, la mezcla de árboles, de casas y de alminares que presenta la entrada del Bósforo, el puerto y los arraba­les de Galata, de Pera y de San Demetrio; Scutari y las verdes colinas que se encuentran detrás; la Propontida con sus islas; mas lejos el monte Olimpo cubierto de nieve, por una y otra parte los variados y fértiles campos del Asia y de la Europa; un conjunto, en fin, que presenta cuadros que admiran y estasian. No puede dejar de admirarse la belleza natural de los alredores de Constantinopla, y de reflexionar al mismo tiempo acerca de la posicion feliz de esta ciudad, cu­yo desarrollo es tan rápido, cuya defensa es tan fácil, y cuyo puerto es tan seguro, grande y cómodo. Cuan­do entramos en Constantinopla, pasamos rápidamente de la primera impresion de asombro y admiracion, ocasionada por la hermosa vista de objetos tan diver­sos, a otra de sorpresa y desagrado, al verla tan sucia y tan mal construida. Las calles son estrechas, mal empedradas, las casas irregulares, mezquinas y cons­truidas de tierra y de madera. Nos sorprendió sobre­manera el silencio que reina por todas partes, el aire altivo y grave continente de los mulsumanes, y el aspecto humilde, tímido y bajo de los judíos, de los armenios y aun de los griegos. Este contraste choca de tal manera, que el estrangero adivina en la este­rioridad de cada uno, el que es mulsuman ó raya, aunque no sepa todavía que se diferencian por el pei­nado y calzado.»
Constantinopla, que los árabes persas y turcos lla­man Estambul, ciudad del islamismo, es la capital del Imperio otomano y la residencia del gran señor. Fué construida sobre las ruinas de Bizancio por Constanti­no el Grande, llegando á ser entonces la capital del imperio griego, hasta que escapando al azote destruc­tor do las naciones bárbaras, se puso al frente de las grandes y hermosas ciudades de Europa, y fué la úni­ca que en los siglos góticos conservó algun resto en las costumbres y las artes, de la antigua delicadeza. Mientras estuvo en poder de los emperadores griegos fué el solo mercado que tenian en Europa las produc­ciones de la India. Su situacion parece, con efecto, ha­berla destinado para ser la metrópoli del mundo. Colocada en los confines de las dos partes mas bellas de la tierra, une el Norte al Mediodía, y domina igual­mente el Mar Negro y el Mediterráneo. Todas las pro­ducciones de los paises septentrionales, con la ayuda de los grandes rios que los atraviesan, pueden bajar por el Mar Negro y llegar fácilmente á Constantinopla, mientras que por el Sur se comunica esta ciudad con el Helesponto, con toda la Grecia, el Asia Menor, el Egipto y la India misma. La riqueza de las provincias que la rodean acrece ademas su opulencia, y su posicion es tan feliz, que puede considerarse como una de las plazas mas importantes de comercio. Todas las na­ciones esparcidas en el globo se encuentran reunidas aqui por su puerto. Un movimiento grande, una acti­vidad general aumentan el realce del magnífico cua­dro que presenta esta ciudad, que contiene cerca de medio millon de habitantes. La continua afluencia va reparando gradualmente las pérdidas considerables que causan la peste y los incendios, azotes tan espan­tosos en esta gran ciudad.
Constantinopla forma una especie de triángulo muy semejante á un arpa; su circunferencia será de 12 á14 millas. Tiene muchos arrabales: Galata, Pera, San Demetrio, el Fanal ó Ganar y Sentari. Este último es­tá allende el Estrecho, enfrente del Serrallo, y puede pasar casi por una ciudad separada. Las casas están como hemos dicho, bien fabricadas, con madera, y se hallan revestidas de planchas pintadas. Unicamente los edificios públicos, tales como los baños, los para­dores y los mercados, están hechos de mampostería, con mucha solidez. En cuanto á las mezquitas, cons­truidas segun el modelo de las antiguas iglesias grie­gas, tienen en su mayor parte una forma bastante be­lla, y las columnas de mármol, alabastro, granito y pórfido que en ellas hay colocadas, son de bastante buen gusto. Los alminares que las coronan, en número de uno, de dos, de cuatro, ó de seis, hacen un efecto muy pintoresco y agradable á la vista, viniendo á formar una especie de campanarios en forma de co­lumna, en los cuales hay practicada una escalera para subir á una galería construida en la estremidad.
Junto el Serrallo se encuentra la famosa mezquita de Santa Sofía, edificada en tiempo de Justiniano; monumento prodigioso para una época en que las ar­tes yacian olvidadas hasta en su patria misma, que se admira despues de doce siglos, y cuya arquitectura ha servido de modelo á los sultanes turcos para edifi­car sus templos. Este edificio representa una cruz griega en un rectángulo; su anchura es de 81 metros, y puede estimarse en 89 su mayor longitud, desde el Santuario, situado al Oriente hasta las nueve puertas occidentales que dan al vestíbulo, y desde el vestíbulo al pórtico esterior. Las medias naranjas, cuya inclinacion es desagradable, fatigan la mirada del espectador que exanima este monumento; la fachada occidental carece de sencillez y de magnificencia, y hay una multitud de catedrales latinas que tienen mayor dimension; pero el arquitecto que levantó primero una cúpula en el aire, merece elogios por concepcion tan atrevida y por la sabia manera con que lo llevo a efecto. La cúpula alumbrada por veinte y cuatro ven­tanas, forma una curva tan pequeña, que su profundi­dad no escode una sesta parte de su diámetro. Este diámetro es de 40 metros, y el punto mas elevado del centro, donde la media luna ha sustituido á la cruz, tiene una altura perpendicular de 60 metros sobre el pavimento.
No puede entrarse en esta mezquita sin un firman ú órden del gran señor. Hay despues de ella otras muchas que, por su hermosura, merecen visitarse, Los sultanes que las han fundado no han satisfecho única­mente su amor á la religion levantando estos magnífi­cos edificios, sino que han contribuido tambien al bien público agregando á dichas fundaciones hospitales, es-

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