viernes, febrero 25, 2011

Viage ilustrado (Pág. 549)

no iguala á la primorosa de San Juan de Amandi de que hemos hablado. El monasterio de San Pedro de Villanueva fué renovado en su totalidad en 1687, y asi solo ofrece de notable los fragmentos que restan del primitivo, que son ademas de la portada y capilla mayor ya indicada, las columnas y arcos que adornan el ingreso de la escalera principal, varias tumbas ó sepulcros ornados profusamente de ricas labores, y una bellísima pila bautismal que data del siglo XII. En el monte cercano se ve una cueva que es en la que, según los naturales, ocurrió la lucha con el oso y la muerte de Favila. En los siglo XVI y XVII, refiere Morales y Carballo que existia en este sitio una cruz para consevrar la memoria del suceso, pero hoy ya no se ve.
En Villanueva empieza la risueña vega de Cangas, que es, segun muchos y graves autores, la misma que los romanos llamaron Cocana, y en la que se elevaba la antigua ciudad cántabra de este mismo nombre, de que nos hace repetida mención el famoso poeta Horacio. No es menos célebre este territorio de la gloriosa época de la restauración española: entonces, como nos muestran los cronicones antiguos se llamaba Canicas. Aqui fué donde Pelayo llegó cuando huyó de Gijon y atravesó el Pionia, y se puso al frente de un puñado de valientes, que según las tradiciones de Asturias, solo llegaban á 519 nobles los que juraron obedecer á Pelayo, intitulándole señor, Dominus, origen del Don de nuestros dias (1) Por eso al considerar tan escaso número, esclama Alfonso el Sabio en la crónica general de España:
«Don Pelayo era solo, é non habia quien le ayudar sino Dios del cielo.» Aqui en esta vega fué donde alcanzó en 718 su primero y memorable triunfo que sirvió de glorioso cimiento a la monarquía española. En Canicas fué donde fijaron su corte aquel soldado rey, y sus sucesores hasta don Silo, que la trasladó á Pravia. En Canicas aconteció la muerte de Vimarano, perpetrada por su hermano el rey don Fruela, y la de éste, ocasionada por su primo Aurelio y varios conjurados en 767, y alli nacieron los seis hijos de Favila ó Fafila, y también los de Alfonso el Católico, que eran Fruela, Vimarano, Adosinda y Mauregato, que todos ciñeron sucesivamente la corona real de Asturias escepto el segundo. No olvidó Cangas en los tiempos modernos sus antiguos timbres, pues en la guerra de la independencia formó con los jóvenes de su concejo un regimiento que denominó de Covadonga, el que en el campo de batalla hizo ver á los franceses no llevaba en vano aquel glorioso renombre. Tenia esta villa voto entero en la junta general, ó sean cortes provinciales, cuya ultima reunion se verificó en 1832, y finalmente, es hoy capital del concejo de su nombre, y de un partido judicial.
Cangas está situada en la confluencia de los dos rios Sella y Güeña, y es una bonita aunque pequeña población, pues no pasa de 700 habitantes. Da entrada á la villa un antiquísimo y magnífico puente de tres arcos de piedra de sillería sobre el Sella, notable
por su elevación sorprendente, pues tiene cerca de 70 pies desde el nivel del agua á la clave del arco principal, y 74 de largo.
La iglesia parroquial está dedicada á Nuestra Señora de la Asuncion, y es un edificio bastante capaz, construido en el siglo pasado, á escepcion de la capilla mayor que permanece aun la antigua. Del palacio que ocuparon los reyes de Asturias, no quedan rastros ni vestigios en Cangas, pero se ve prolijamente representado en un chapitel de la portada de San Pedro de Villanueva, fundación, como ya dijimos, del reinado de Alfonso el Católico. Contigua á Cangas, y muy cerca del lugar de la reunion de los dos rios, se ve la famosa ermita de Santa Cruz. El sitio en que está edificada se llama hoy Vega de Santa Cruz, y por algunos historiadores Campo de Contraquil, que fué donde se reunieron los primeros guerreros de Pelayo.
En el mismo campo se terminó también pocos dias la espresada reunion, la gran batalla comenzada en Covadonga, y aqui fué donde, según el arzobispo don Rodrigo y las leyendas populares perpetuadas hasta hoy, apareció, como en otro tiempo á Constantino, una cruz roía en el cielo en señal de victoria, y á semejanza de la que hizo Pelayo construir una cruz de roble que le servia de bandera ó enseña.
En el centro de esto campo tan lleno de nobles recuerdos, edificó Fafila en 739, con objeto de celebrar el gran triunfo de su esclarecido padre, una iglesia de sillería «de maravillosa hechura» según el cronicón de Alfonso el Magno, en la que depositó la referida cruz de roble de su padre, y le dio la advocación de Santa Cruz que conserva. La iglesia era muy pequeña, pues no tenia mas que ocho pies de cada lado; pero habia otra igual subterránea según el estilo de aquel tiempo. Muerto Fafila, en el mismo año de la dedicación de este templo, fué sepultado en una cueva que estaba á él muy cercana, y de la que en el siglo XVII sacaban los naturales tierra, atribuyéndole virtud para curar enfermedades como sepultura de un santo. Su esposa la reina Froilima fué sepultada á su lado; pero hoy no se ven ni uno ni otro sepulcro, y en cuanto á Fafila, según nos instruye Mariana, fué trasladado á la iglesia de San Miguel de la villa de Yangüas. La actual iglesia de Santa Cruz es una renovación de la antigua, hecha en 1637 por Fernando de Estrada y su muger doña Marquesa Valdés, cuyos retratos y escudos de armas se ven en el altar; pero está de tal modo abandonada desde la guerra de la independencia por su patrono y poseedor el conde de la Vega de Sella, que, vergüenza da repetirlo, está convertida en establo. Aun conserva, sin embargo, la famosa incripcion votiva que en su puerta colocó Fafila, que es tan renombrada por ser la escritura mas antigua que en España existe desde la entrada de los moros, redactada en aquel bárbaro y corrompido latin, que formaba el lenguage español del siglo VIII. La lápida que contiene esta célebre inscripción, está empotrada en la pared; pero embadurnada y deteriorada de tal modo que solo con trabajo puede leerse.
También subsiste, aunque cegada con escombros, la iglesia subterránea, que visitaron Morales y Carballo, y, es dicho vulgar, hay una mina larga que atraviesa el rio. El erudito anticuario y escritor don Antonio Cortés hizo con objeto de reconocer aquella una excavación en la sacristía, por donde es tradición se bajaba; pero tropezó con los cimientos de la capilla que son muy raros, pues consisten en maderos redondos colocados á lo largo y al través de la pared.

(1) «Fué Pelayo el primero que usó el Don por antenombre impuesto por sus vasallos para mas honralle, hasta entonces solo permitido á los santos; y es palabra interpretada de Dominus, señor en castellano.»

(Mendez Silva, poblacion de España.)


martes, febrero 22, 2011

Viage ilustrado (Pág. 548)

veda natural sostiene á mas de cien pies de altura, amenas praderas salpicadas de corpulentos árboles, donde retozan los ganados, formando el todo de este sitio el mas caprichoso y sorprendente cuadro. La gran cueva, que tiene 196 pasos de largo, 32 de ancho, y sobre 80 pies de altura, (en su mayor distancia) contiene dentro de su recinto tres ermitas ó capillas bastantes capaces y dos casas. La ermita mas antigua, que es también la mas reducida, está dedicada á Nuestra Señora de la Cueva, pequeña imagen de talla, que se dice aparecida en época remota en el mismo lugar, donde se halla á unos pastores. Fué erigida por el señor de la Torre de Lodeña, á quien pertenecía aquel territorio. A la capilla de la Virgen sigue la de San José, mas moderna, y construida con mas suntuosidad que la anterior, y que no data mas allá de principios del siglo XVIII. Al frente de esta se ve la otra capilla dedicada á la Virgen del Carmen; que fué fundada en 1706 , por don Diego Alonso de Rivera y Posada, señor de la Torre de Lodeña. Contigua á esta capilla del Carmen, están las casas del capellán y del ermitaño, que vienen á parar al frente de la primera capilla que hemos nombrado, y que con una larga fila de confesonarios fijos en la peña, y una baranda de piedra que cierra el lado opuesto, dejan libre una espaciosa plazuela en forma de rectángulo, dentro del que crecen varios árboles, todo cubierto por el peñasco que en forma de una gran concha, protege y oculta todas estas originales construcciones. En los frontales de los altares se ven pintadas las armas de los fundadores. El 8 de setiembre tiene lugar en el inmediato bosque que ocupa la orilla opuesta del rio de la Cueva, la gran romería que en honor de la Virgen se celebra, la que es muy concurrida, y que solo rinde parias en Asturias, á la de Cangas, Lugás y Covadonga.
A la salida del Infiesto para Cangas de Onis, en el sitio llamado la Corredoría, permanece una memoria notable del rey Pelayo. Dicese, pues, que al dirigirse el valiente caudillo de Gijon á Covadonga, seguido de un solo guerrero, y acosado por gran número de soldados moros, qué iban en su seguimiento, se arrojó con su caballo al rio que llevaba un gran caudal de agua. Encontró felizmente vado en aquel sitio y para animar á su compañero que titubeaba imitar su ejemplo, le gritó Pelayo desde el rio ¡Pie allá! aludiendo á su caballo. Ambos paladines llegaron salvos á la opuesta orilla y los moros no se atrevieron á esponer su vida por seguirlos. Para perpetuar el recuerdo de este suceso, se dio el nombre de Pie alla al vado y á las tierras inmediatas que aun la conservan, y en la casa de escuelas, que está á pocos pasos, se colocó el escudo de armas del concejo de Piloñaa, que consiste en dos caballeros completamente armados que sobre sus caballos atraviesan unas ondas. De la boca del primero sale una leyenda que dice Pie alla; y en la cabeza del escudo se ve la cruz de la Victoria.
El camino del Infiesto á Covadonga (que dista seis leguas) es de los mas vistosos y variados que puede haber, y á cada paso se tropieza con un recuerdo histórico ó alguna belleza artística. Largo tiempo se marcha á orillas del Piloña, y cerca de un cuarto de legua del vado de Pie alla se encuentra una colina denominada Peleon, que, según las tradiciones del pais, sirvió de teatro á un reñido combate entre los moros, y los primeros caballeros y peones que seguían á Pelayo antes de la batalla de Covadonga. No ha pasado aun mucho tiempo desde que un labrador desenterró en aquel sitio con la punta de su arado, una hacha de dos cortes semejante á aquellas que usaban los guerreros francos y que de su nombre se decian franciscas. A la legua del Infiesto está la graciosa aldea de Villa mayor, que posee una iglesia bizantina muy parecida, aunque no tan bella, á la de San Juan de Amandi y que perteneció en otros tiempos á un monasterio de benedictinas, y hoy desplomada su techumbre sirve de cementerio público.
Dejando el concejo de Piloña se entra en el de Parres, muy montuoso y no tan fértil ni poblado de árboles como aquel en donde se hallan los solares de las dos antiguas familias de Nevares y Corderas que se precian de descender de los paladines de Pelayo: se pasa por el lugar de Llames de Parres ó Collado del Otero, situado en la parroquia de Biabaño, no lejos del Piloña, y por otros varios, y á las tres leguas y media del Infiesto, se divisa á la izquierda del camino por donde se marcha y á las riberas del rio Sella, el histórico monasterio de San Pedro de Villanueva, que se alza al pie del elevadisimo monte llamado en viejas crónicas Olicio, y hoy Osuna, antiguo edificio, siendo un monumento erigido para recordar un hecho notable de nuestra historia, y era en sus principios un palacio ó casa de campo de los duques de Cantabria, á cuya provincia pertenecia, como ya hemos dicho en otro lugar, este territorio y el en que moraba el duque Alfonso, desposado con Hormesinda, hija de Pelayo. Pasaron dos años desde la muerte de este gran príncipe, y corría el de 739, cuando su hijo y sucesor Favila, mancebo robusto y belicoso, se arrancó una tarde de los brazos de su joven esposa la bella Froilima, para entregarse á la diversion de la caza. Alejado de sus monteros, se empeñó en seguimiento de un corpulento oso, con el que penetró en la cueva que le servia de vivienda, y en la que se travo un combate terrible, que dio por resultado la muerte del rey y de la fiera. El valiente Alfonso, duque de Cantabria, fué elegido unánimemente por sucesor de Favila, y uno de los primeros actos de su reinado fué, accediendo á las deseos de su esposa, convertir su palacio, que estaba muy cercano al lugar de la catástrofe, en una iglesia con la advocación de Santa María, que fué despues monasterio de monges benedictinos con la de San Pedro de Villanueva que hoy conserva. A la puerta del templo se colocaron los muy renombrados bajo relieves que representaban la muerte de Favila, y la salida de su palacio para la cacería en que perdió la vida que tan prolijamente describió en el siglo XVI el cronista obispo Sandoval; hoy no existen estos, pero si la portada bizantina, en cuyos chapiteles y en figuras delicadamente escultadas, se ve en uno á Favila montado á caballo con un alcon en la mano, y á Foilima á la puerta de su palacio; en otro chapitel está el rey en trage de guerrero, combatiendo con el oso que está en pie, y tiene la espada de aquel casi del todo introducida en su pecho; Finalmente, en el tercero se ve á Favila entre las fauces de una espantosa fiera, con multitud de gentes que parece intentan, aunque inútilmente, evitar la desgracia.
La capilla mayor, que también es del tiempo de Alfonso el Católico, está adornada de bellas columnas bizantinas en cuyos chapiteles se ve repetida la trágica cacería de Favila, y aunque de mucho mérito,

domingo, febrero 20, 2011

Viage ilustrado (Pág. 547)

ración, como se verificó, y nosotros nos complacemos á fuer de amantes de las antigüedades, en consagrarle aqui un agradecido recuerdo. Inmediato á la iglesia está el cementerio, muy capaz, ventilado y de aspecto risueño, pues todo él forma un gran jardín cubierto de flores.
Desde la parroquia de Amandi se empiezan á subir los altos montes que conducen al concejo de Cabranes, pero antes de salir del de Villaviciosa y á media legua de esta población, se ve á la izquierda, en un prado que corona una alegre colina, y está circundado de espesos bosques, el pintoresco santuario de Nuestra Señora de Lugás, uno de los que en estos últimos años han adquirido mas celebridad en Asturias, pues asisten á su suntuosa fiesta ó romería, puede decirse que todos los habitantes del pais á diez leguas en contorno. Tiene lugar esta festividad el 8 de setiembre, en que también se celebra la famosa romería de Covadonga, por lo que desde el primer día del espresado mes se ven los caminos que conducen á uno y otro santuario, cubiertos de peregrinos que se cruzan, pues los unos van á asistir el dia 7 á la foguera á Covadonga, de donde salen muy de madrugada el 8 para llegar á Lugás, y otros al contrario pasan la foguera en Lugás y asisten á la funcion de Covadonga. La de Lugás se verifica con el mayor lujo, pues se hacen venir una ó mas musicas de la capital: una bien dispuesta iluminación de vasos de calores luce en la torre y pórtico de la iglesia; hay globos aereostáticos, fuegos artificiales muy notables, grande hoguera y solemne procesion escoltada por tropa. Cuanto mas viagero de la ribera del mar, el que se pisa es mas y mas montuoso, y muy pronto se entra en el concejo de Cabranes, que es muy fértil y frondoso, pero de poca estension, pues no contiene mas que seis parroquias. Su capital es Santa Eulalia de Cabranes, que consta de trescientas casas, y en la que está la iglesia parroquial de su nombre y cuatro ermitas. Nada ofrece de notable esta población, que está situada á la derecha del rio Salas, que atraviesa todo el concejo. Súbese después al gran monte en cuya cima se sienta la parroquia y aldea de Torazo, dos leguas distante de Villaviciosa, y una bastante larga del Infiesto. La senda es penosa, pero sin embargo practicable para carros. Alla va un hecho que se refiere en Torazo como sucedido de muy poco tiempo á esta parte en un pueblo inmediato, y que llenó de terror á este país, donde reinan costumbres; tan inocentes y patriarcales.
Un joven labrador recien casado, se dirigió con otros varios compañeros y vecinos suyos á Castilla, con objeto de tomar parte en las faenas de la siega; y terminadas estas marchó con dos de sus amigos á Sevilla y otras ciudades de Andalucía. Dos años largos tardó en volver á su casa, sin avisar de su vuelta á su esposa, tal vez por sospechas que ya abrigaría de su infidelidad. Arrojóse ella á los pies de su marido, y anegada en lágrimas le confesó había olvidado todos sus deberes; que recibiera muchas veces durante su ausencia á un primer amante con quien sus padres no le permitieran casar por que era vaquero (1), y que hacia siete meses llevaba en su seno la prenda de un amor culpable. El ofendido esposo lejos de reprender á su compañera, la perdonó, la estrechó en sus brazos, le manifestó mas cariño que nunca, y se confesó culpado de iguales faltas cometidas contra la fé conyugal, en Madrid, Sevilla y Cádiz. Celebróse la vuelta del viagero con una espléndida cena á la que asistieron algunos vecinos, y acabada se retiraron ambos esposos á una panera donde solían dormir. Al otro dia al amanecer los labradores que iban alegremente al campo guiando sus bueyes retrocedieron llenos de espacio al pasar delante de la panera. La esposa infiel estaba desnuda y ahorcada de un clavo de la puerta, colgado al cuello el feto mal formado aun, y a pocos pasos el perro del ganado devorando el corazon que su marido le arrancara. El parricida había desaparecido.
Al bajar de Tazo se entra muy en breve en el concejo de Piloña, dicho asi del histórico y caudoloso rio Pionia, que le atraviesa en su mayor parte. Este territorio por su feracidad y rica vegetacion, pues todos los montes que lo componen, están cubiertos de robles, hayas, castaños y otros árboles. Hay también muchos criaderos de carbon de piedra, escelentes pastos y plantas medicinales. A la izquierda del camino se deja la poética torre de Lodeña, viejo solar de la familia de este apellido, y morada de los señores feudales del antiguo Coto ó señorío de Lodeña, que perteneció á la familia de Rivero y Posada y hoy es propiedad del marqués del Real trasporte.
Desde Santa María de Lodeña se entra pronto en un buen paseo denominado El Calzado á orillas del Pionia, hoy Piloña, que conduce inmediatamente á la villa del Infiesto, capital del concejo y partido judicial, que comprende treinta y dos parroquias, repartidas en los concejos de Cabranes, Nava , Piloña y Sariego. Da entrada á la villa un magnífico puente de piedra de tres arcos, edificado en 1719. Ocupa el Infiesto casi el centro de la provincia y está situado en un estrecho valle circundado de altísimos montes. La pablacion no consta sino de sesenta casas que forman una gran plaza, en la que se celebra todos los lunes un concurridísimo mercado, y algunas calles; hay una pequeña iglesia con titulo de colegiata, fábrica del siglo pasado, y dos ermitas, una dedicada á Santa Teresa en la plaza, y otra en las afueras de la villa en pintoresca posición, llamada de San Cipriano. Esta es de bastante capacidad, en forma de cruz latina y de arquitectura dórica; parece ser fabrica de los últimos años del siglo XVI.
Una de las rarezas naturales que adornan los risueños paisajes que rodean al Infiesto es el agreste santuario de la Virgen de la Cueva, situado á un octavo de legua de la población, y enclavado en la parroquia de Santa Eulalia de Gues. Nada hay que presente una belleza mas salvage que este lugar, que mas bien que realidad parece la fantasía de un pintor. Después de atravesar el rio de la Cueva (que á pocos pasos se reune al Piloña) por medio de un puente rústico de madera, se entra en una frondosa alameda de árboles frutales, que conduce al santuario. Está situado en la concavidad de un enorme peñasco cuya bó–

(1) Hay la creencia en Asturias de que los vaqueros ó habitantes de las brañas, son descendientes de aquellos malos españoles que rehusaron seguir á Pelayo en su patriótica empresa de reconquistar la patria, por lo que se miran en el pais con el mayor desprecio, y ningún aldeano por pobre que sea, consentiría la afrenta de que una hija ó hermana se casase con un vaquero, que es la palabra mas infamente con que puede llamarse á cualquiera en Asturias.

jueves, febrero 17, 2011

Viage ilustrado (Pág. 546)

vela en Middelburgo, y la navegación no fué muy feliz, pues hubo en el tiempo que duró varias tormentas, y uno de los navios, que se incendió casualmente, hizo perecer entre las llamas á todos los pasageros que conducia. La nave en que venia el rey, y otras doce, obligadas por los vientos, arribaron á Jazones, puerto cercado de peñascos a una legua de distancia de Villaviciosa á donde se trasladó don Carlos con su corte; y desde aqui se dirigió á Tordesillas donde residía su madre. La referida casa de Vaqueros es de dos pisos, y se semejaba bastante á una torre, como eran las mas que en aquella época habitaban los nobles en Asturias. Después se le han agregado habitaciones por ambos lados y han hecho variar su primitivo aspecto, conservando sin embargo, varias ventanas góticas. Las habitaciones que sirvieron de alojamiento al rey están en el segundo piso, y entre ellas subsiste el cuarto ó alcoba en que durmió, que es bastante reducido, y cuyo techo es un artesonado de madera. Aqui permanecía hasta hace, pocos años la misma cama en que reposara, que hoy ya no existe; pero en un corredor inmediato á la alcoba se conserva la mesa en que se sirvió la cena, que está formada por un gran tablón de nogal muy tosco, de seis varas de largo, quince pulgadas de ancho y sobre cuatro de grueso, sostenido por pies también muy groseros. Dícese, que uno de los platos que sirvieron al rey fué de sardinas fritas, pescado que nunca hábia probado, y que le agradó mucho; mas que enterado del poco precio en que se vendia, prohibió que lo en sucesivo se le presentase. Conservaba también la casa de Vaqueros tres arcabuces de aquel tiempo, que en el dia han desaparecido. Después de hablar de la visita de Carlos I, que es el grande recuerdo histórico de Villaviciosa; hablaremos del origen del dicho vulgar en Asturias de llamar á sus moradores los hijos de Alfonso el Cristiano ó de la Espinera. Dice, pues, la tradición, que allá en tiempo de entonces, hubo en esta villa un guerrero muy valiente y feroz llamado Alfonso; el cual menos que por la defensa de la religion de Cristo, combatía con los moros por satifacer sus crueles instintos de malar á los hombres, robar las doncellas, etc etc. Su santo titular quiso á toda costa salvar aquella alma que caminaba á largos pasos á su perdición eterna, y un dia revestido de sus ricos ornamentos episcopales y rodeado de una aureola de gloria, se le apareció en lo alto de un espino reprendiéndole su mala vida y ordenándole fuese en penitencia á peregrinar á Covadonga, Roma y Jerusalen. Prometióle el glorioso San Ildefonso á su protegido, que cuando Dios le hubiese perdonado sus enormes pecados, vería en sí mismo una señal evidente. Alfonso, ya convertido desde aquel momento, arrojó la espada y la lanza, y empuñando el bordón de los romeros, dio sus bienes, á los pobres y marchó á obedecer el precepto divino. De regreso á su patria, entraba todos los dias en la iglesia al toque del alba, y no salia sino cuando el sacristan lo echaba fuera para cerrar las puertas Ayunaba de continuo, maceraba sus carnes pecadoras, y dormía siempre bajo el espino donde habia visto al santo arzobispo cuyo nombre manchara hasta el dia de su conversion. Por fin, Dios conmovido de tan severa penitencia le perdonó, y la eñal que San Ildefonso pronosticara, apareció por fin Consistia esta en verse siempre el tal Alfonso en una atmósfera contraria á todos los demás hombres. Asi es, que cuando todos buscaban en diciembre el fuego para libertarse del frio que helaba sus miembros, Alfonso el Cristiano sudaba copiosamente, y viceversa, en las calurosas tardes de la canícula, pedia de limosna algunas ramas de árboles para formar una hoguera en la que se calentaba. Finalmente, Alfonso el Cristiano llegó á muy avanzada edad, murió en opinion de santo, y fué sepultado al pie del Espino milagroso.
La salida de Villaviciosa por la carretera de Oviedo, que corre paralela al rio Amandi, es uno de los mas bellos y agradables paseos que pueden verse. Al cuarto de legua escaso, está la lindísima aldea de San Juan de Amandi, en la que no llevará á mal el lector nos detengamos un instante. Prescindiendo de su risueña é incomparable situación, por ser esta circunstancia tan común en Asturias, donde la mano de Dios acumuló con profusion tantas bellezas naturales, llama desde luego la atención la magnífica iglesia bizantina que sirve de parroquia, y que corona la cresta de una colina. Es tal vez de los edificios consagrados al culto el mas antiguo que se conserva en España, pues se remonta su fundación al reinado de Sisenando y á los años 634, según espresa una inscripción que se ve entallada en la parte esterior del edificio Llamábase esta iglesia en lo antiguo San Juan de Malayo, y cuando la irrupción agarena se acogieron á ella dos obispos de las ciudades del interior de España, los que murieron en esta parroquia, y cuyos sepulcros permanecen aun. Posteriormente, cuando la persecución que sufrieron los mozárabes de Córdoba, en el reinado de Abderramen II y su hijo Mohamad, vinieron muchos monges á buscar un refugio en el hospitalario pais de Asturias, y algunos de ellos de la orden de San Benito, llegaron á San Juan de Malayo y fundaron un monasterio que duró largos siglos. Aunque estos recuerdos de la antigüedad bastarían para hacer respetable la iglesia de Amandi, sobresale entre todas las de la provincia por su mérito artístico, en especial la capilla mayor, que ostenta á la par que solidez, elegancia, proporción y acertada distribución de su bellísimo ornato, siendo de admirar llegase á tanto el primor y la perfección en la época en que se construyó. Toda la capilla está ornada de columnas no muy altas, puestas unas sobre otras, y cuyos chapiteles están formados por multitud de figuras perfectamente acabadas, que representan en su mayor parte hombres y mugeres, tocando intrumentos músicos de varias formas. Cada columna, cada chapitel, cada adorno, en fin, de la iglesia de Amandi, necesitaría un largo artículo para su descripción, de la que se han ocupado ya varios eruditos escritores, como el padre Carballo, Jovellanos, Caveda, etc, etc. El año de 1780 amenazaba ruina el templo que nos ocupa, y habría tal vez desaparecido este bellísimo tipo de arquitectura bizantina, si el arcipreste que á la sazón tenia á su cargo á San Juan de Amandi, don José Antonio Caunedo y Cuevillas, hombre benéfico, ilustrado y de especiales conocimientos en la arqueología, no le hubiera restaurado á su costa, teniendo la acertada precaución de numerar los sillares para volverlos á colocar en igual orden y alineación, con lo que el templo quedó en su mismo estado y forma primitiva. El citado arcipreste no exigió otra recompensa por el interesantísimo y costoso servicio que prestó á las artes conservando esta bellísima é histórica iglesia, mas que el que se escribiese su nombre en uno de los sillares de la referida capilla mayor, con la fecha de la restau–

lunes, febrero 14, 2011

Viage ilustrado (Pág. 545)

uno y otro fueron fundados por Alfonso III, el Magno, con el titulo de Santa María de Cultrocies y era, como Gauzon, castillo y palacio. El mismo monarca lo donó á los obispos de Oviedo, que solian pasar en él la temporada de verano, y cuya posesión conservaron hasta 1841. Esta fortaleza fué una de las que se apoderaron los turbulentos hijos de Alfonso el Magno cuando se rebelaron contra él. La iglesia, que aun permanece abierta al culto, consta de una sola nave y dos capillas á los lados, y forma un agradable aspecto de buena arquitectura. Sin duda para conservar el recuerdo de su antiguo origen de castillo, está el pintoresco santuario rodeado de una muralla almenada que le embellece y reviste de un carácter muy romántico. El camino de Contrueces á Gijon, cubierto de árboles por ambos lados, es uno de los paseos mas concurridos.
El origen de la villa de que hablamos se pierde en la oscuridad de los tiempos, puesto que con el nombre de Gijia hemos visto la nombran los antiguos geógrafos é historiadores entre las veinte y dos antiguas ciudades de los asturos. También es de presumir conservara importancia esta población durante el dominio romano, pues como ya dijimos, la península que está á su frente y muy próxima, fué el punto elegido por Lucio Sexto Apuleyo para erigir las famosas Aras que llevaron su nombre. En 713 fué conquistada por los sarracenos, que pusieron en ella por gobernador á uno de los capitanes que mas se distinguieran en la conquista, llamado por los cristianos Munuza, y por los árabes Osman–Abu–Nesa, aquel en cuya boca pone Quintana en su hermosa tragedia del Pelayo aquellos robustos versos:


...«¡Aun soy Munuza!!
Pendiente de mis hombros todavía
El formidable alfange centellea
Que huérfanas dejó tantas familias.
Tiemblan de mí velando, aun se estremecen
Si su atemorizada fantasía
Mi aterradora faz les pinta en sueños.


Sabido es lo que se refiere de los amores de Munuza y Hormesinda hermana de Pelayo, y de su casamiento; del resentimiento y huida del ofendido príncipe, etc., ctc. Mas estos hechos, aunque adornados y descritos por la elegantísima pluma de Quintana, no están suficientemente revestidos de verdad histórica: lo que sí consta por los cronistas contemporáneos, es que Munuza, aborrecido por los gijoneses y noticioso del gran triunfo alcanzado por Pelayo en Covadonga, huyó con los suyos de Gijon, pero alcanzado por los cristianos en una aldea cercana llamada Olali, fué muerto con todos los que le seguian. Gijon fué, pues, rescatada en 722 por el mismo Pelayo. Los piratas normandos quisieron acometer esta villa en 842, mas desistieron de su pensamiento al reparar en las formidables fortalezas que la circuian. En 1112 la reina doña Urraca donó la villa de Gijon á la catedral de Oviedo. En el reinado de Alfonso XI era conde de Gijon, Noreñá y Trastamara, don Rodrigo Alvarez de las Asturias, el que habiendo adoptado por hijo á don Enrique, (que era el primogénito de los bastardos del rey, y que después reinó), le dejó á su muerte estos estados, lo que fué ocasión de que éste se hiciera fuerte en Gijon en 1352, declarándose rebelde de su hermano don Pedro el Cruel. El mismo don Enrique cuando ya reinaba y era el segundo de su nombre, dejó el condado de Gijon á su hijo bastardo don Alfonso Enriquez, habido en doña Elvira Iñiguez de la Vega. Suponiendo á este don Alfonso, de acuerdo con el rey de Portugal, dispuso Juan el I, en 1382, que fuesen sus estados confiscados y derruidos los muros de Gijon, lo que por entonces no se verificó, pues vemos que don Alonso Enriquez se rebeló en 1394 contra don Enrique III, y se abrigó en los fuertes muros de Gijon. El rey intentó recobrar la villa, pero la condesa de Gijon, esposa de don Alonso, la defendió con el mayor valor por largo tiempo, hasta que hubo de ceder á numerosas fuerzas y huir á Portugal con sus partidarios. Entonces fué, y no antes, cuando se arrasaron los muros y fortalezas de Gijon. En 1446, el conde de Valencia, don Juan de Acuña, intentó apoderarse de esta villa, aunque no pudo conseguirlo. En 1797 fué desterrado á Gijon su ilustre natural, Jovellanos, y finalmente, en 1808 los gijoneses apedrearon la casa del cónsul francés, lo que fué el principio del pronunciamiento contra aquellos invasores.
Villaviciosa, dista de Gijon cuatro leguas. Siguiendo el camino de la marina, hay á la media legua la bonita aldea de Somió, cubierta de casas de campo de los particulares gijoneses. Nada hay que observar hasta el alto monte que domina al valle de Villaviciosa. Nada es comparable á la bellísima campiña, que desde la cima se descubre, por sus frondosas arboledas, sus variadísimos prados y terrenos de labor de mil verdes distintos, salpicados de multitud de aldeas y caseríos, por entre los que serpentean como una cinta de plata el rio Amandi, el Linares y la ría de Villaviciosa, que separaba el territorio de los asturos de la célebre Cantabria, y que desprendiéndose del ancho Océano viene á morir muy cerca de la villa.
Este territorio fué en los tiempos antiguos conocido con el nombre de Malayo ó Malcayo, y parece que la fundación de la villa no data sino del reinado de Alfonso el Sabio, que reunió en ella la población dispersa en casas de campo y aldeas, y la dio fueros ó carta–puebla. De la misma época son los muros que la circuyen aun por algunas partes.
Hay en Villaviciosa una parroquia, cuyo edificio es de arquitectura bizantina, dos conventos, uno de monjas y otro que fué de franciscanos, y un hospital. Ostenta Villaviciosa, muchas casas de buena apariencia y comodidad, pertenecientes á hacendados comerciantes, y es pueblo civilizado y de fino trato. Desde luego se visita la casa llamada de Vaqueros, en que se alojó Carlos I el 19 de setiembre de 1317, cuando por primera vez aportó á España desde Alemania. Refiérese que apenas tocó con el pie la ribera se arrodilló y besó esta tierra clásica de honor y caballería, de valentía y nobleza, á la que habia debido él ser (1); los navios de la armada que escollaban el en que venia el rey, eran ochenta, en su mayor parte españoles, y enviados al efecto por el cardenal Jimenez de Cisneros, á la sazón regente del reino. Acompañaban á Carlos, su hermana la infanta doña Leonor, Xesbrés, primer ministro y otros muchos cortesanos. Se habia la armada hecho á la

(1) Sabido es que Carlos V nació en Gante, pero sus padres, Felipe el Hermoso y Juana la Loca, acababan de llegar de España.

sábado, febrero 12, 2011

Viage ilustrado (Pág. 544)

Al otro dia la gran campana del castillo convocaba con sus repetidos golpes á los vasallos de Gauzon, mas no era de fiesta su fúnebre clamoreo. La vieja capilla de Alfonso el Magno, estaba enlutada, mas las flores con que se engalanara pocas horas antes aun no estaban marchitas. Ante el altar se veian tres féretros, circundados de gruesos cirios amarillos los ocupaban los cadáveres de Alfonso, Elvira y el padre Mauro. Este había envenenado la hostia con que dijera misa, y las dos formas que sirvieran para la comunion de Alfonso y Elvira.
Aqui termina la leyenda. Después se atraviesa casi todo el concejo de Parreño, dejando á la derecha el antiguo torreón de Coyanca, y otro á él cercano cuyo nombre no recuerdo, y á la izquierda la ensenada de Peran, la punta de Socampos, el pequeño puerto de Antrellusa, donde se encuentran restos de población, y de algunas obras en el puerto que sirve con frecuencia de abrigo á las lanchas pescadoras que no pueden arribar á Candas, y finalmente la punta de Abiado, en el que hay vestigios de castillo ó atalaya. Al llegar al rio Aboño, que divide el concejo de Carreño del de Gijon, se pasa por el lugar de Carrio, donde se ve una casa de campo del conde de Peñalba, fundada sobre el antiguo solar de la familia de Carrio, que procede de un caballero del rey don Alonso II, el Casto, en señal de lo que conserva en sus armas la cruz llamada de los Angeles, insignia particular de aquel rey; una particularidad tiene la casa de Carrio, y es estar formado el altar de su capilla con restos de las famosas Aras Sextinas (Arœ Sexliœ) erigidas por Sexto Apuleyo, en honor de Augusto en el cabo Torres, que es una especie de península enfrente de Gijon formada por el rio Abaño y el mar.
Pomponio Mela dice hablando de estos célebres monumentos. «En la costa délos asturos está el pueblo de Noega, y las tres Aras Sextinas, sagradas y dignas de veneración, por el nombre de Augusto, que honran á sitios antes tan abandonados.» Ptolomeo las menciona también, y tuvieron por objeto perpetuar la memoria de la conquista del pais de los asturos, por la que el senado concedió á Augusto los honores del triunfo. Eran, pues, tres las Aras Sextinas, tenían forma de pirámides y una escalera interior de caracol, para subir á la cúspide. En el cabo Torres se ven aun sus cimientos.
El rio Abono, que cria escelentes anguilas y truchas, y que cuando crece la marea es bastante caudaloso, se pasa en este punto por medio de una barca, y después de subir un monte que se alza en la opuesta orilla, y cuyo estremo que se sepulta en el mar forma el Cabo Torres, de que hemos hablado, se presenta á la vista la hermosa villa y puerto de Gijon, circundada por una parte de una grande y amena llanura del mas agradable aspecto, y de la otra el mar. Toda la campiña de Gijon, llena de árboles y sembrados, está perfectamente cultivada y ostenta numerosas pumaradas ó bosques de manzanos.
La villa de Gijon, cuyo puerto habilitado es el mejor de la costa asturiana, por si buen fondeadero, es también la mas bonita, rica y aseada de toda la provincia. Se compone de mil veinte y dos casas, casi todas de bello aspecto y de buena construcción, que forman calles rectas, anchas, limpias y bien empedradas. Hace algunos años comenzaron á construirse sólidas fortificaciones que rodean la villa y la dan consideración de plaza fuerte. Entre los edificios públicos sobresalen el Instituto asturiano, primer establecimiento de este género en España y fundación del célebre don Gaspar Melchor de Jovellanos, que le enriqueció con una escogida y numerosa biblioteca, y en el que hay enseñanzas públicas de matemáticas, náutica, dibujo y lengua francesa. Tiene tambien un pequeño gabinete de máquinas. La parroquia dedicada a San Pedro, aunque es grande, nada presenta mas que algunos sepulcros antiguos, y el del ilustre Jovellanos que se vé al lado del altar mayor. Tambien hay una colegiata de patronato del marqués de San Esteban del Mar; cuyo grandioso palacio en forma de castillo feudal y flanqueado por dos corpulentos torreones coronados de almenas, domina el puerto artificial formado por magníficos muelles, y en el que se ven flotar las banderas de todas las naciones comerciantes de Europa. Otro palacio, también en forma de castillo, llamado de Valdés por pertenecer á esta familia, está situado á la inmediación de la parroquia; tiene á su frente un bonito jardín público, y hoy es posesión del citado marqués de San Esteban. Hay en la villa varias ermitas ó capillas de particulares, un convento de agustinas recoletas, un hospital, excelente; paseos, dos grandes fábricas, una de cristal, y otra de cigarros, dos teatros, uno público muy reducido y otro particular. Al estremo de la calle principal y salida para Oviedo, se eleva el monumento mas moderno y también el mas suntuoso de los que en Asturias se encuentran dedicados al rey don Pelayo. Consiste en un bello arco de triunfo de arquitectura dórica y de decoración sencilla pero elegante. Es de piedra de sillería y tiene tres entradas, la del centro en forma de arco, y las colaterales cuadradas. La primera que hemos nombrado está adornada con cuatro pilastras, y sobre su cornisa se eleva un ático con las armas de la villa, que consisten en la imagen del rey Pelayo con la espada desnuda en una mano y la cruz de la Victoria en la otra. A ambos lados de este escudo está escrita en una gran lápida la siguiente inscripción:


Infans Pelagius
E. Gothorum sanguine regum,
Hispanæ libertatis, religionis que restauratis
Senatus populus que Gigionensis.
Regali civili donnum dedere
Anuo Dm. Ntri. J. C. MDCCLXXXV.


En la fachada opuesta que es la que da frente al camino, se ven las armas de Castilla y Leon, y á los lados se lee:


Ánmienti Carolo III patre patriæ
Principatus asturicensis comercio é utilitate
Incolarum consulens, viam hane
A mari obetum usque apervit.
Anno humanæ reparatæ MDCCLXXXV.


La ereccion de es arco fué pensamiento de Jovellanos, cuando por mediacion suya se construyó el camino de Gijon á Oviedo y Madrid.
A un cuarto de legua escaso de Gijon está el renombrado santuario de Nuestra Señora de Contrueces, edificado sobre una pequeña colina, que domina toda la hermosa campiña, que con la villa y el mar forma la mas interesante perspectiva. Este santuario y el palacio á el contiguo tienen recuerdos históricos, pues

miércoles, febrero 09, 2011

Viage ilustrado (Pág. 543)

Era una bella noche de otoño cuando el noble don Gonzalo Pelaez, rico–hombre del emperador don Alfonso VII y señor del castillo de Gauzon sentado en un ancho sillón gótico en cuyo respaldo se veia su antiguo escudo con la P coronada (1) daba sus últimas instrucciones á su fiel maestresala sobre un negocio de la mayor importancia que á la sazón le ocupaba... Que este ricamente ornado el gran salon de los banquetes..., que el mejor vino andaluz llene las copas... que se vistan de gala mis escuderos, pages y vasallos... que mis hombres de armas pulimenten sus lanzones y sus espadas... que venga cuantos trovadores puedan encontrarse á entonar cantos de amor... mañana es el gran dia de Gauzon... es aquel en que debe reinar por do quiera el júbilo y placer... En efecto, al dia siguiente el antiguo alcázar de Alfonso el Magno, parecía olvidarse de la gravedad propia de un anciano, pues se engalanaba cual una joven coqueta. Por do quiera se veian flotar en las pardas almenas de los viejos torreones rojas banderas que ostentaban la temida insignia de los castellanos de Gauzon. Multitud de blandones de blanca cera estaban ya colocados en las ventanas bizantinas para las luminarias de aquella noche memorable; encinas enteras habíanse arrancado del centenario bosque, para formar la inmensa hoguera que lucia en el gran palio del castillo, y en torno de la que giraba la antigua y belicosa danza de los asturos. Los ecos de la bocina y de la trompa de caza entretenian á los convidados durante el festin: esta música guerrera hacia latir de gozo el corazón de aquellos bravos paladines... ¿Por qué tanto regocijo?... ¿por qué tanta alegría?... Porque aquel, dia van dos amantes á enlazarse en dulce nudo para siempre. La tierna Elvira, la virgen de la rubia cabellera, la mas bella de las hijas, del pais de Pelayo, va á llamar esposo al mas galán de los guerreros, al esforzado Alfonso Alvarez de las Asturias, caballero el mas cumplido que calzara espuela y enristrara lanza. ¡Cuántas veces la del moro se rompiera contra su glorioso pavés!... ¡Cuánto temían su encuentro amigos y contrarios en los torneos y las batallas! —Aquel dia: suspirado va á coronar el amor mas puro y mas constante que ardiera jamás en dos corazones tiernos. Seis camareras jóvenes, bajo la dirección de la anciana aya de Elvira, ataviaban á esta con todo el lujo y elegancia posible; mas las rosas que entrelazaban á sus dorados cabellos, hubieran envidiado á las bellas megillas de la joven desposada. Todo está ya pronto. Los ecos repiten las alegres canciones que llenan el aire, y los nobles de las cercanías reunidos en el gran salon feudal, felicitan al venturoso desposado; solo se aguarda á que termine el tocador de Elvira para dar principio á lo augusta ceremonia.
...Moraba desde luengos años en Gauzon un monge; sus severas costumbres, su rara erudición y su melancolía habitual, que le hacian huir del trato de los hombres, habían conquistado al padre Mauro la reputación de santo. Su frente era pálida y pensativa, su cabeza estaba circundada de escasos y plateados cabellos, y su mirada era fascinadora cual la de la serpiente. Era el capellán del castillo, y á él estaban unidos de algún modo los principales recuerdos de la noble familia que le habitaba: él celebrara la misa y bendijera la espada cuando fué armado caballero el señor de Gauzon; él santificó su enlace con su amada esposa, y él la depositó un año después en la tumba, cuando al dar la vida á Elvira perdió la suva; él derramara sobre esta el agua santa del bautismo, y él iba á consagrar su amor en el altar; él la viera crecer á la par de las pintadas flores que cultivaba en su jardin; pero Elvira era la mas bella de todas.
Una pasión terrible ardía en el corazón de aquel hombre consagrado al claustro. Las vigilias empleadas en lecturas piadosas, los ayunos, todo el rigor de la mas austera penitencia, no eran bastantes á arrancar de su pecho la hechicera imagen que á pesar suyo se apoderara de su albedrío. ¿Por qué, decia el desgraciado, me ha condenado el cielo á este horrible suplicio? A otros hombres les está reservada la felicidad, pueden amar y ser amados, tienen un corazón que responde á los latidos del suyo, visten brillante armadura, calzan espuela de oro, ciñen una espada que les es dado enrojecer con la sangre de su rival, y yo, ¡miserable de mi! ¡solo en el mundo, despreciado, mirado con horror por aquella por quien diera yo mil y mil veces toda la sangre de mis venas!... ¡Oh desesperación!... ¡Oh, rabia!... ¡Verdadero remedo, del infierno!... Y el infeliz golpeaba furioso su surcada frente, sobre la fría piedra donde estaba postrado, y que ablandaba con sus lágrimas ardientes.
Se sucedieran muchos dias desde que el padre Mauro, no siéndole dable resistir el volcan que abrasaba su alma, osara confiar sus penas á Elvira, inocente causa de sus delirios, atreviéndose á pedir correspondencia de su amor sacrilego, y forjar proyectos insensatos. Sus palabras fueron escuchadas con él horror que merecian, y el desventurado amante solo pudo conseguir quedara sepultado en silencio eterno el fatal secreto de su odiosa pasión. Elvira, pura cual el rayo del sol de primavera, la había ya olvidado; ella diera su corazón á Alfonso Alvarez de las Asturias, su próximo pariente, y el anciano señor de Gauzon habia sonreído con orgullo á la idea de unir su única heredera á tan celebrado paladin. Un año señalara de plazo al impaciente mancebo, el cual, como presente de boda ofreciera á su dama seis banderas y doscientos esclavos sarracenos, gloriosos trofeos que adquiriera para entretener su impaciencia en aquel largo espacio de tiempo, tan penoso para un amante.
Llegó por fin el ansiado momento; lujosos y antiquísimos tapices cubren las viejas paredes de la gótica capilla; cien cirios arden ya en el altar, su trémula llama va á reflejar en los pintados vidrios de las angostas ventanas, el pavimento se ve cubierto de odoríferas flores. El ancho recinto de la suntuosa capilla del Salvador no es bastante á contener la multitud de asistentes que deben presenciar el solemne desposorio. Alfonso y Elvira están de rodillas sobre un rico cogin de brocado; el padre Mauro revestido de los ornamentos sagrados, diera ya la bendición nupcial á los amantes; empero faltaba aun para completar la ceremonia, la misa y la comunión que debían recibir los desposados. En este instante solemne la mano de Mauro estaba algún tanto trémula, su mirada era serena, mas la ligera sonrisa que animó por un instante su tétrico semblante tenia un no se qué de infernal. Elvira que en aquel momento alzara á él sus bellos ojos, no pudo soportarla diabólica espresion que animaba el macilento rostro del monge, y los bajó repentinamente.


(1) Algunas familias que llevan el apellido de Pelaez usan de las armas de la P coronada, aludiendo á su orígen que hacian remontar al rey don Pelayo.

viernes, febrero 04, 2011

Viage ilustrado (Pág. 542)

los primeros tiempos de la restauración, atribuyéndolo muchos al rey Pelayo, pero es mas probable sea una: de las muchas fortalezas que como dijimos edificó en este concejo Ordoño I para resistir á las correrías de los normandos. Desde muy lejanos tiempos perteneció á la ilustre y poderosa familia de Valdés, y constituyó uno de sus solares. En tiempo de los Reyes Católicos estaba casi arruinada, y su poseedor el noble Menendo de Valdés, dice una crónica «la restauró por su mucho valor y hacienda» —Perteneció después a la familia de Valdés–Coalla, y ahora á la de Larriba Valdés–Coalla, pues es cláusula del mayorazgo de Manzaneda conservar siempre el apellido de Valdés–Coalla y «firmarse de él».
La aldea de San Jorge tiene una pequeña iglesia del mismo nombre cuya capilla mayor es bizantina y data al menos del siglo X. A muy corta distancia hay otra parroquia que también conserva una capilla de la misma época y del mismo gusto, titulada de Santa Eulalia de Nembro, nombre que tiene memoria de una antiquisima ciudad asi llamada, y de la que ya solo restaban ruinas en el siglo XII.
Se llega á Luanco, cuya población se presenta á la vista del viagero como saliendo del mar, que bate en la mayor parte de sus casas, y aparenta ser mayor de lo que es en realidad, pues solo cuenta 340 vecinos. El origen de esta villa no sube mas allá del siglo XV, en que esta costa era muy concurrida por embarcaciones gallegas, vascongadas, francesas é inglesas, que se dedicaban á la pesca de la ballena en un gran banco de arena que estaba al frente del llamado hoy puerto de Luanco. Los pescadores atraídos por la comodidad que les ofrecía la concha ó bahía cercana para el resguardo de sus naves, edificaron en la ribera algunas chozas con objeto de verificar en ellas las operaciones que su importante industria exigía. A esta pequeña aldea dieron los gallegos, sus fundadores, en su dialecto particular el nombre de O banco, aludiendo al de arena en que pescaban, y de aqui con muy corta adulteración procedió Lo–vanco, Loanco y Luanco. Esta es la etimología vulgar; pero es mas probable provenga el actual nombre de este pueblo, del antiguo castillo de Buango que estaba edificado en estas inmediaciones, según consta de varias crónicas. La villa tomó en breve el mayor incremento por la continua concurrencia de buques españoles y estrangeros, y muchos comerciantes acudieron á avecindarse en la nueva población que ya encontraron may notable en el siglo XVI, pues era el pueblo de mas tráfico que en aquella época había en Asturias, y sus habitantes los mas intrépidos y entendidos navegantes de toda la costa. La iglesia parroquial llamada Santa María de la Pola, que es espaciosa y aseada, fué construida en los primeros años del siglo pasado. De poco tiempo después data un fuerte artillado con cuatro piezas de grueso calibre, que defendía la boca del puerto y que hoy está abandonado. El muelle, que data de mediados del siglo XVII, es regular y en estos momentos se está reedificando por cuenta del gobierno.
El camino de Luanco á Gijon, aunque va siempre al lado del mar y atravesando un bonito país, está en bastante mal estado. Muy cerca aun de Luanca y á la izquierda está la pintoresca isleta del Carmen, en la que hay una ermita dedicada á la Virgen de este titulo, fundada por un hijo del país que hubo de naufragar al volver de América. En seguida se llega al linde que divide el concejo de Gonon del de Carreño, que es mas fértil y rico que el primero. Comprende doce feligresías y tiene por capital á Candas, que dista de Luanco tres cuartos de legua en el mismo camino que se sigue. Esta villa, situada en las faldas de dos montañas contiguas cuyos estremos se esconden en el mar, tiene 191 vecinos, aduana de cuarta clase, una parroquia, tres ermitas y un buen muelle reedificado últimamente por disposición del gobierno, capaz solo de lanchas. Es Candas, pueblo muy antiguo, pues se supone existia ya en tiempo de los romanos, y las espaciosas casas que conserva, adornadas en su mayor parte de escudos de armas de familias respetables, muestran la importancia que tuvo en otros tiempos, la que cesó cuando el tráfico que se hacia en ballena y grasa, presentando hoy el aspecto de un pueblo pobre, decaído y casi en ruinas. Los candasinos son, con esclusion de otra ocupación cualquiera, pescadores, y poseen cuatro fábricas de salazón de sardina. La iglesia parroquial de San Felix, aunque nada ofrece de notable, respecto al punto de vista artístico, es una de las mas famosas de Asturias, por hallarse en ella el santuario del Santo Cristo, imagen que está en la mayor veneración en el pais y en cuyo honor se celebra una lucidísima romería el 14 de setiembre, que es de las mas concurridas del pais. La efigie del crucifijo es del tamaño natural, está toscamente escultada y parece ser obra del siglo XI ó XII, en que las artes habían decaído tanto; fué cogida en la red de unos pescadores que iban al besugo en el siglo XVI, por lo que se cree era una de las muchas que los ingleses católicos arrojaron al mar en tiempo de las persecuciones de Enrique VIII, y de las que vinieron varias á parar á esta costa.

De Candas el Cristo y no mas,

dice un proverbio asturiano aludiendo á lo poco que ofrece el pueblo, de que tratamos, pero es en cierto modo justo, pues es también notable por sus mugeres, que son bien parecidas y visten con gracia. Entre las elegantes de las aldeas el pañuelo atado á la candasina es de rigor.
Al cuarto de legua en dirección de Gijon se encuentra la feligresía de Perlora, en la que, en el parage llamado Perán, y sobre unas rocas que se avanzan en el mar, se ven las ruinas de un gran castillo ó palacio, con una capilla inmediata dedicada á San Pedro, y muchos vestigios de antiguos edificios á su alrededor. Estas ruinas son las que con muchas probabilidades se suponen ser los restos del castillo de Gauzon. Las crónicas antiguas solo dicen estaba situada esta histórica fortaleza sobre peñas, á orillas del mar y entre Oviedo y Gijón, sin determinar otra cosa, lo que ha dado origen á multitud de conjeturas. Muchos opinan por este sitio de Peran, fundados en la situación á la orilla del mar y sobre peñas, en estar dedicada al Salvador la inmediata parroquia de Perlora en que están enclavadas esas ruinas, como lo está la iglesia del castillo, ven pertenecer aun las tierras inmediatas á la catedral de Oviedo, á la que fué donado como hemos visto, el castillo con todos sus términos. La tradición vulgar dice que estas ruinas de Peran fueron un soberbio castillo de moros, y que tienen una larga mina ó camino subterráneo que conduce á Oviedo.
Estas ruinas tienen su leyenda, como casi todas las de su especie, héla aqui.

martes, febrero 01, 2011

Viage ilustrado (Pág. 541)

cía, que aun se bailaba preso en Gauzon, y abdicó solemnemente en él la corona de Leon; en Ordoño el condado de Galicia, y en Fruela el de Ovido. Al castillo de Gauzon se refugió en tiempo de Alfonso VIl un rico–hombre, muy poderoso llamado Gonzalo Pelaez, declarándose en rebeldía contra el emperador, hasta que fué cercado y rendido por el mismo. En el reinado de don Pedro el Cruel, suena por última vez en la historia el nombre del castillo de Gauzon; pues fué donado por don Rodrigo Alvarez de Asturias, padre adoptivo de don Enrique de Trastamara, su poseedor, al monasterio de Aviles De este famoso castillo nada resta en el dia, y aun es dudosa su situación precisa; pues unos quieren que haya estado situado en el Cabo de Peñas, otros cerca de Aviles. En 1133 era merino de esta comarca de Gauzon Munio García, que confirma las cartas y privilegios reales de aquel tiempo. En 1373 cuando la tierra de Gauzon, fué denominada como alfoz ó agregado á la villa de Aviles, se dispuso que los moradores de Gauzon se rigiesen y juzgasen por los fueros de Aviles, y acudiesen á sus llamamientos.
Preséntase por fin á la vista del viagero la inmensa mole del Cabo de Peñas, cual un corpulento gigante que avanza con osadía en el mar Océano, desafiando impávido su terrible cólera. Este cabo era conocido en la antigüedad con el nombre de Promontorio Scitico, como nos dice Pomponio Mela, lo que también es un argumento para probar la antigua opinion de que este pais fué poblado en remotísimos tiempos por los escitas, como dijimos en otro lugar. Es también muy nombrado el cabo de que hablamos por ser el punto mas septentrional de España, y por donde se mide la longitud (desde aqui á la punta de Tarifa). Su aspecto es magnífico. A la derecha se ven en lontananza los altísimos y siempre nevados Picos de Europa que separan á Asturias de la Liébana. Por la izquierda se descubren las riberas de Galicia, y el cabo Ortegal, y al frente el inmenso piélago en que marchando en línea recta no se encuentra tierra hasta Inglaterra. El Cabo de Peñas que tiene á su lado el islote de la Gabiera, presenta al Norte un fronton de casi una milla, escarpado, blanquizco y de terreno horizontal. Su altura sobro el nivel del mar es de 330 pies. Hasta ahora con mengua de la civilización del siglo, este importantísimo punto de la costa cantábrica estaba de todo punto abandonado, sin un faro que sirviese de guia á los navegantes, siendo causa esta incuria de numerosos naufragios: por fin el gobierno decretó últimamente la construcción de una torre que sustente un fanal, y en el momento que trazamos estas líneas están llevándose á cabo las obras necesarias con recomendable actividad. Después se pasa por el Ferrero, que es el primer lugar que se encuentra y contiene un arruinado palacio y una ermita cercana dedicada á la Virgen de la O. Uno y otra pertenecieron á la antigua y preclara familia de Valdés, y hoy á los condes de Marcel de Peñalva. Nada ofrecen de notable: el palacio parece por su gusto arquitectónico datar del siglo XVI, y la capilla del XVII.
Del Ferrero se baja á un bonito valle en que está situada la parroquia á que pertenece, llamada San Cristóbal de Verdicio. No lejos de esta iglesia se alzaba hace pocos años, la gigantesca y fuerte torre de Fiame, hoy covertida en una buena casa ó palacio de aldea. Perteneció esta casa en el siglo XVI á un denodado capitán de Cárlos V, llamado Juan de las Alas de la Vega y Luera, que fué gobernador de una plaza en Flandes, y acompañó al emperador en las guerras de Alemania, Italia, Flandes, Fuenterrabía, Perpiñan, Argel y Túnez. Después marchó con Pizarro á la conquista del Perú, y allí fundó mayorazgo de todos sus bienes, con la cláusula de que el poseedor hubiera de ser militar, sin llevar sueldo, antes al contrario, sostener á su costa una compañía de hombres de armas, lo que observaron largo tiempo sus descendientes. La casa conserva aun la lanza, la mesa y silla del noble capitán de Cárlos V, y su grande escudo de armas, en que figura el cuartel del antiguo apellido de la Vega, que ostenta las letras del Ave–Maria. Diré algo de este escudo. En la famosa batalla del Salado (28 de octubre de 1340), se distinguieron particularmente García Laso de la Vega, mayordomo mayor de don Fadrique, hijo del rey y merino mayor de Castilla, que mandaba la vanguardia, y su hermano Gonzalo Ruiz de la Vega, mayordomo mayor del infante don Fernando, hijo del rey. Ambos hermanos, descendientes de Dia Gomez, fueron los primeros que con los pendones de sus señores, seguidos solos de 800 caballeros, atravesaron el rio Salado y acometieron bravamente á 2,500 moros , que defendían por aquella parte la orilla opuesta, dando muerte por su mano á muchos; y decidiendo aquel memorable triunfo. El cronista de Alfonso XI que refiere este suceso, añade que los dos hermanos y sus caballos llevaban sobrevestas amarillas con unas letras que decian Ave–María, «é el rey don Pedro por galardón de tan gran fecho, hízole matar en Burgos por los ballesteros de maza». Entre los muchos hombres célebres que produjo esta nobilísima, familia, ademas de los ya nombrados, distinguióse otro, Garci–Laso de la Vega, en tiempo de los reyes Católicos, y en el sitio de Granada, venciendo al moro Tarfe.
Habiendo Hernán Perez del Pulgar llamado el de las Hazañas, penetrado en Granada seguide otros seis caballeros, la noche del 9 de diciembre de 1491, dejó clavado con su daga en la puerta de la gran mezquita, un pergamino que llevaba preparado en el que estaba escrita la oración del Ave–María, en señal de tomar posesión de aquella mezquita y de consagrarla en iglesia dedicada á la Virgen. Al dia siguiente de este arrojo, el moro Tarfe, uno de los mas arrogantes defensores de Granada, se dejó ver delante del campamento cristiano, arrojando una manopla en señal de desafio, y llevando por escarnio atado á la cola de su caballo el pergamino de Pulgar. Garci–Laso, page de los reyes á la sazón y que llevaba por armas, como hemos visto, las letras del Ave-María, creyóse obligado por esta razón á rescatar con las armas el pergamino que el moro arrastraba. Trabóse un combate porfiado en el que el joven Garci–Laso dio muerte al soberbio Tarfe y le cortó la cabeza, que ató por los cabellos á la cola de su corcel, elevando en la punta de su lanza el disputado pergamino que fuera causa de aquel memorable y reñido combate. Para perpetuar su memoria se colocó la cabeza de Tarfe ejecutada en piedra como pedestal de la cruz que coronaba la portada de la iglesia de Santa Fé, que á la sazón se estaba edificando. Descúbrese en seguida el antiguo palacio de Manzaneda, defendido por un viejísimo y robusto torreón feudal que es nombrado con frecuencia en las crónicas y nobiliarios de Asturias. Su fundación se remonta á