miércoles, octubre 31, 2007

Viage ilustrado (Pág. 100)

ge de los hombres tiene muchos puntos de semejanza con el de los albaneses; lo mismo que los albane­ses llevan bigotes, pero barba jamás; solamente los sacerdotes y los que se dedican al estado eclesiástico están esceptuados de esta última regla. Los montene­grinos tienen una estatura elevada; nada mas comun entre ellos que los hombres de seis pies y bastantes pulgadas. Son ágiles, vigorosos; su voz es clara y de tal manera fuerte, que pueden conversar á un cuarto de legua de distancia. No invitamos el he­cho que certifican Vialla de Sommieres, Wilkinson y otros autores, de los cuales uno de ellos dice, que atravesando un riachuelo en una barca fué apostrofa­do por un habitante de una de las aldeas de la ribe­ra, situado á dos millas de alli. Dotados de una salud escelente, consiguen llegar á una edad muy avanza­da. Vialla de Sommieres habla de una familia, en el seno de la cual fué recibido, en la aldea de Schie— chilch, cerca de Negosh, que contaba seis generacio­nes. El gefe de esta familia tenía 117 años, el hijo 100, el nieto 82, el segundo nieto 60; el hijo de este, de edad de 43 años, tenia un hijo de 21, el cual era padre de un niño de 2 años.
»La capital de Montenegro se encuentra en la nahia de Katumks ó Catturi y Cettique, de seguro la mas pobre y la mas pequeña de las capitales de Europa, puesto que no contiene mas que unas veinte casas. Mr. Wilkinson duda entre la cifra de diez y nueve ó veinte, aunque á nuestro entender no le hubiera sido muy difícil saber el número exacto. Las cercanías de esta ciudad, son áridas, desnudas y de­soladas. Cettique es la residencia del vladika. Despues del palacio de este último, la palabra palacio creo que es demasiado ambiciosa, puede llamarse una barraca, se eleva un convento, fundado en 1485 por Ivan Izernviewch, y muchas veces saqueado, destrui­do y quemado por los turcos. Alli se conservan los te­soros, las ropas pontificales, las mitras adornadas de piedras preciosas, las cruces enriquecidas de diaman­tes, los cálices y otros objetos de valor, debidos á la liberalidad de los emperadores de Rusia, que ejer­cen una especie de patrocinio religioso sobre el Mon­tenegro, donde se practica, como se sabe, el rito grie­go. La Rusia paga al vladika, una pension anual de 47,000 florines. Frente al convento de Cettique, que contiene la tumba de este vladika , célebre por la resistencia que opuso á los diversos bajaes enviados contra él, se levanta la hedionda torre de que ya hemos hecho mencion.
»El gobierno está confiado á un vladika, pala­bra que significa príncepe ó comandante. Esta dig­nidad se trasmite hereditariamente en la familia de los Petrowecht. En otro tiempo el vladika dividia su autoridad con un gobernador, pero en 1832, las fun­ciones de este último fueron abolidas, y el poder pasó enteramente á las manos del príncipe—obispo, de suer­te, que hasta 1851, el vladika une al encargo de gran sacerdote, los de comandante civil, general en gefe del ejército, de juez, etc. Cuando se dirigen á él, es costumbre darle el titulo de sveti vladika (sveti quiere decir santo), pero en la conversacion se le designa bajo el nombre de gospodar (señor). En los documentos oficiales se le llama algunas veces metropolitano de Scunderia ó Scutari. El vladika sigue para el arreglo de su mesa las costumbres europeas, pero cierto viagero quedó muy admirado de encontrar alli un desayuno servido exáctamcnte á la in­glesa. El lenguaje preferido por el vladika para hablar á las estrangeros es el francés, aun cuando en­tiende el italiano y el aleman. El vladika á que nos referimos, y del cual hacen muchos elogios por sus maneras afables y políticas y por su grande hospitalidad hàcia los estrangeros, era tio del obispo actual. Murió el 31 de octubre de 1851. Era un hombre de los mas notables por la vivacidad de su ingenio, y por la estension de sus conocimientos. Aunque habia dado en muchas ocasiones pruebas de su valor desdeñó la guerra, é hizo los mayores esfuerzos para dirigir hácia otra parte el espíritu de actividad de los montene­grinos. Ninguno sabe mejor que él hacer la puntería con un cañon; nadie era mas diestro que él en hacer que diera en el blanco la bola de la pistola ó del fusil, de tal modo que casi nunca dejaba de atravesar un limon que uno de sus criados tiraba por alto para este efecto.
»El personage de mas consideracion despues del vladika es el archimandrita, que reside en Ostrok, en la frontera del Herzegovine.
»La pesca es un gran recurso para los montenegrinos, tanto como la conservacion de los rebaños de carneros y la agricultura. Por lo demos carecen de in­dustria, y no hacen otro comercio que el de la venta de sus carneros en Cattaro y en Ragusa. Podrian sacar un gran partido de la madera de sus bosques, si tuvieran un gusto decidido por las especulaciones. Lo mismo que los árabes, son pastores, y saben batirse… y nada mas.»

GRECIA.


¿Conoces lector una tierra á que presta la imaginacion todas las bellezas posibles, una tierra cuyo nombre no vive en la memoria de los hombres sino acompañada de todos los nombres mas gloriosos en las artes, la poesía, la elocuencia, y el valor guerrero? Pues esta es la patria de Homero, Píndaro, Sófocles y Eurípides, de Pendes y Demóstenes, de Milcíades, Temístocles, Leonidas, Epaminondas y Alcibíades, de Platon, Aristóteles y Sócrates, de Fidias y de Apeles, esta es la Grecia, la patria de cuanto sirve en el mun­-


Homero

martes, octubre 30, 2007

Viage ilustrado (Pág. 99)

el Montenegro. Su estension tiene unas 50 millas de Norte á Sudoeste y 30 del Este al Oeste. Se divide en ocho departamentos ó nahias, gobernados por sirda­res y wiades, dignidades hereditarias en ciertas fami­lias y puramente honoríficas. Por lo demas, ninguna funcion es retribuida en este pais. ¡Dichoso pais! Los nahias se dividen en comunes ó plemenas, regidas por knés, es decir, condes y berahdares ó porta­estandartes. He aqui el nombre de ocho nahias con el número de sus comunes y la cifra de su poblacion:— 1.ª Tchernitza, siete comunes, 12,000 habitantes.— 2.ª Katuuska ó Cattuni, nueve comunes, 34,000 habitantes.— 3.ª Rieska, cinco comunes, 11,300 ha­bitantes. — 4.ª Liessauska, tres comunes, 4,000 habitantes.—5.ª Belopawlichi, tres comunes, 14,000 ha­bitantes. — 6.ª Piperi, tres comunes, 8,500 habitantes. — 7.ª Moraca, tres comunes, 9,100 habitantes.— 8.ª Kutska, cinco comunes, 16,300 habitantes, lo cual constituye una poblacion de cerca de 100,000 almas. El número de los habitantes se ha aumentado consi­derablemente desde 1692, época en la cual el pais no contaba mas que 13,498, segun la estadística hecha por Geromo Delfin en la república de Venecia. ¿A qué deberá atribuirse este prodigioso acrecentamiento de poblacion? A la tiranía de los turcos, que han obligado á comunes enteros á buscar un asilo detrás de las montañas inatacables del Montenegro, en medio de un pueblo enemigo natural de los otomanos.
»El estrangero que atraviesa el Montenegro queda asombrado al recibir en casa de estos rudos montañe­ses una hospitalidad tan franca y tan cordial. Se le prodigan señales de ternura; los hombres le abrazan de la manera mas familiar, lo cual dejó estupefacto á Wilkinson, porque los montenegrinos no solamente besan en las megillas sino hasta en los labios. «Distri­buyen, nos dice el viagero, estos signos de afeccion con una pródiga generosidad. Cuando me encontraba á punto de sufrir estos actos de amistad, y no veia ningun medio de escaparme, entonces giraba mi ca­beza hácia otro lado para evitar el beso de este amigo improvisado, yo debería decir mas bien de este ene­migo, y solo permanecia impasible cuando aquel era mas moderado en sus demostraciones amistosas; pero tenia que entablar sobre la marcha alguna conversacion para no darle tiempo de que se admirase de mi es­traño comportamiento.» Las mugeres, al contrario, se limitan á besaros la mano, lo cual hace esclamar á nuestro autor «Mejor seria que los papeles se cam­biaran,» Pero yo pregunto á Mr. Wilkinson si ganaria realmente en el cambio, porque la naturaleza se ha mostrado muy avara en sus dones para las mugeres del Montenegro. «Son feas, dice el general de Vaudoncourt (Historia y descripcion del Montenegro), y su tez tiene cierta cosa repugnante. Solamente en las costas es donde se encuentran, en Dalmacia y en la Alta Albania, mugeres bastante bellas que conservan rasgos visibles de su origen griego ó italiano.» Por lo demas, los duros trabajos que se las imponen destru­yen bien pronto la belleza de sus facciones, la gracia y la frescura de su rostro. Las mugeres entre los mon­tenegrinos esperimentan una especie de esclavitud, y delante de un estrangero nunca se habla de ellas; pe­ro si por una casualidad el marido se ve obligado á nombrar á su esposa, tiene cuidado de escusarse de ello por medio de estas fórmulas, os pido perdon; sal­vo vuestro respeto, y otras cosas semejantes. Las mugeres se encargan de los trabajos del campo, excepto del cuidado de la labor; ellas trasladan los fardos, y fardos talmente pesados, que un hombre de nuestros paises de Asturias ó Galicia sucumbiria bajo su peso. Durante este tiempo el marido reposa delante de su cabaña, fumando perezosamente en su pipa, the pipe idleuess, como dice Mr. Wilkinson, entonando algu­nas de aquellas canciones donde están pintadas las hazañas de los montenegrinos contra los turcos. Su única ocupacion, el único oficio que cree digno de él es el hacer las incursiones sobre el territorio otomano.
»Es bastante singular, cuando se sabe de que manera tratan los montenegrinos á sus mugeres, y qué penosos trabajos las someten, oir á Mr. Vialla de Sommieres esclamar con entusiasmo: «¡Oh, sexo á quien un corazon bien colocado debe honrar y querer! ¡Cuán digno de estimacion es este pueblo que tan bien sabe apreciar tus virtudes y reconocer tu verda­dero imperio!» Y nuestro viagero parte de aqui para lanzarse en una pomposa tirada: «Sí, sin tí, sexo con­solador, sin tus miradas animosas, etc., etc,,» don­de reina un sentimiento esquisito de galantería, tal como puede esperarse de un gefe militar español, pero que no nos parece exacto, cuando se trata del Montenegro.
«El trage las mugeres en los días festivos con­siste en una ancha bata con corpiño sin mangas, abierta por delante, que desciende casi hasta los to­billos y guarnecida de diferentes adornos, con trenzas de colores, etc.; las guarniciones son de oro por deslante; en derredor del cuello se ponen cadenas, me­dallas de oro, collares; llevan bucles y magníficos pendientes en sus orejas, y el cabello por detrás se lo trenzan de una manera particular. Las jóvenes solte­ras se ponen en la cabeza una especie de cinta encar­nada, adornada por delante con una cantidad de medallas turcas de plata, de pazas escalonadas las unas sobre las otras, de donde desciende sobre los hom­bros un velo bordado. Las mugeres casadas llevan una cinta parecida, escepto las pazas, que se reem­plazan con una cinta de seda negra, ó con una venda con guarniciones doradas. Su camisa aparece bordada sobre el pecho, así como sus anchas mangas; algunas veces estas caen hasta los tobillos. Su calzado es lo mismo que el de los morlacos, es decir, sandalias, llamadas opanche, de cuero de buey. Estos opanches son indispensables para todo el que quiera recorrer los senderos dificiles del Montenegro; cuando uno se acostumbra á este calzado, dice Mr. Wilkinson, se prefiere á cualquiera otro.
«Se concibe que la vida que tienen las mugeres del Montenegro debe hacerlas estraordinariamente ro­bustas. Por eso lo que es para las mugeres de otro paises causa de violentos dolores, no es mas que un juego para ellas. Durante el tiempo de su preñez, no interrumpen para nada sus trabajos habituales, paren en el mismo parage donde se hallan y muy á menudo en medio de los campos, sin socorros de ninguna es­pecie y sin proferir una queja. Cuando han vueltos á tomar el uso de sus sentidos envuelven al recien na­cido y le llevan para lavarle en la fuente mas cerca­na, ó simplemente en el arroyo mas inmediato. En la ceremonia del bautismo, el padre coloca al lado de la criatura, en caso de que esta sea un varon, pistolas, un yatagan, etc., á fin de que sus ojos se acostum­bren á la vista de las armas que algun dia manejará él mismo. Educado de esta manera, el jóven monte­negrino llega á ser digno émulo de su padre. El tra—

domingo, octubre 28, 2007

Viage ilustrado (Pág. 98)

ror. «En la cima se elevaba una torre redonda: alli conté unas veinte cabezas de turcos colgadas en derredor del parapeto; estos eran los trofeos de una vic­toria montenegrina. Al pie se veian dispersos sobre la roca despojos de cráneos y osamentas que el tiempo habia convertido en pedazos. ¡Espectáculo estraño en un pais cristiano, en un pais de Europa y en las inme­diaciones de un convento! Naturalmente no se podian encontrar rasgos bien conservados, no se podia reco­nocer la fisonomía turca sobre aquellas cabezas, de las cuales algunas hacia muchos años que se veian alli espuestas. Pero el rostro de un hombre jóven llamó mi atencion de un modo particular. La contraccion de su labio superior, que dejaba ver una hilera de dientes muy blancos, tenia una espresion de horror singu­lar que indicaba que habia sufrido mucho, bien de miedo, bien de dolor en el momento de la muerte.»Todavía guardan en Cettique en la misma habitacion del vladika, el cráneo del bajá de Albania, Kara—Mahmond Bushathia, que á fines del siglo último fué derrotado á la cabeza de 30,000 hombres, y tuvo la cabeza cortada por los montenegrinos, que jamás han querido restituirla, á pesar de las instancias de la Puerta. Del mismo modo los indios de América conser­van preciosamente las cabelleras que han quitado con la ayuda del escalpelo. Pero los montenegrinos no re­cogieron jamás una cosecha mas abundante de cabe­zas que en la famosa jornada de 22 de setiembre de 1798, cuando Alí, el poderoso y altanero bajá de Ja­nina, abandonando la molicie de su serrallo, se adelantó contra los montenegrinos á la cabeza de un ejér­cito de 70,000 otomanos, con el intento de castigar el orgullo de estos intratables montañeses que habian osado resistir á sus generales, rehusando pagar el tri­buto que arbitrariamente les habian impuesto. Unos cuantos millares de montenegrinos derrotaron esta fuerza considerable.
«Bajo el imperio francés, cuando la Dalmacia fué provincia francesa, los montenegrinos, aliados de los rusos, hicieron sufrir algunas derrotas á las tropas francesas, consiguieron llevar á una emboscada al valiente general Delgorgeses, á quien le cortaron la cabeza segun su costumbre; fué despojado de su trage de general, y que se mostró algunos años despues, como puede verse en la obra de Mr. Vialla de Sommieres, tomo I, pág. 316 (Viage histórico y político al Montenegro, etc., etc.) El autor, que dirigió el estado mayor de la segunda division del ejército de Iliria en Ragusa, desde 1807 á 1813, y llenó las fun­ciones de comandante en Castel—Nuovo, y de gober­nador de la provincia de Cattaro, se indigna de los actos de atrocidad y de barbarie cometidos por los montenegrinos. «Durante el sitio de Castel—Nuovo, dice, algunos montenegrinos, en el delirio de la em­briaguez, se divertian en jugar á las guillas con las cabezas de cuatro franceses, apostrofándolas con ul­trages. ¡Gleda, gleda, (mirad, mirad), decian á cada momento, que bien ruedan las cabezas francesas!.... Ironía cruel, para aludir sin duda á la ligereza que se nos imputa.»
«Estos feroces guerreros hacen á sus hermanos el servicio de cortarles la cabeza cuando ven á estos tendidos en el campo de batalla, vivos, pero heridos é incapaces de resistir al enemigo que se acerca. Ade­mas consideran como irrevocablemente condenados á perecer á los prisioneros. Citemos con este propósito un hecho característico, tomado de la relacion de Bronicnski, oficial de la marina rusa. Esto sucedió durante la guerra que mencionamos, y los montenegrinos obraban de concierto con los rusos. «En el ase­dio de Clobuk, un destacamento de nuestro ejército se vió obligado á declararse en retirada: un oficial que no era ya muy jóven, agobiado por la fatiga, se tiro en tierra por no poder seguir mas adelante. Un montenegrino lo vió y corrió hácia él, y sacando su yatagan: Sois valiente, amigo mio, y en su consecuen­cia debeis desear que yo os corte la cabeza; rezad y haced el signo de la cruz. Aterrorizado con semejante proposicion, el oficial hizo el último esfuerzo, reune sus fuerzas y va á reunirse con sus camaradas, ayu­dado del complaciente montenegrino.» Citemos otra anécdota del mismo género, y será la última. Hace unos doce años, durante una guerra entre los austria­cos y los montenegrinos, dos tiroleses imperiales, vién­dose vivamente oprimidos por un puñado de estos montañeses, colocados en vanguardia, se tiraron boca abajo fingiéndose muertos, ó sirviéndonos de la espre­sion inglesa, que es mas original, pretending to be dead. Al punto los montenegrinos se lanzan sobre uno de ellos, creyendo que estaba muerto y le cortan la cabeza; el otro que conoció que no sacaba ningun provecho fingiéndose muerto, pega un salto y se preci­pita á través de los abismos á riesgo de quebrarse bra­zosy piernas, lo que le llegó á suceder en efecto.
«Hemos dicho mas arriba que los europeos habian procurado hacer renunciar á los montenegrinos á su sangrienta costumbre. Bronieuski refiere que el gene­ral en gefe del ejército ruso lo consiguió en esta oca­sion dando un ducado por cada prisionero. En la obra de sir Garner Wilkinson encontramos una carta de este viagero dirigida á un vladika del Montenegro y rela­tiva al mismo asunto. Con efecto, habian encargado á Mr. Wilkinson, que despues de haber visitado el ter­ritorio de los montenegrinos habia pasado a Turquía á negociar con el bajá de una provincia vecina, el Her­zegovine, para que por su parte los turcos renuncia­sen á un uso que reprueba la civilizacion actual. Esta carta, escrita en francés ó mas bien en anglo-francés y la respuesta del vladika en lengua italiana son muy curiosas. Las citariamos con mucho gusto, si no fuera por su escesiva estension.
«Montenegro es un territorio erizado de sombrías rocas, enclavado por tres partes, al Norte, al Este y al Sur, en el imperio turco, en tanto que la Dalmacia y la provincia de Cattaro le confinan con el Oeste, y situado entre los 42 grados 10 minutos y 42 grados 56 minutos de latitud Norte, y los 18 grados 41 mi­nutos y 20 grados y 22 minutos de longitud Este. Los turcos le designan bajo el nombre de Karadagh, y los montenegrinos bajo el de Izernagora ó Cervagora; estas diferentes denominaciones significan todas Mon­tañas negras. El Montenegro formaba en otro tiempo la parte Sudoeste del imperio de Serbia, destruido por los turcos en 1839, despues de la sangrienta batalla de Kossovo, donde pereció el rey Lázaro. El pais con sus montes, atravesado por estrechos desfiladeros con sus rocas á pico sembradas de precipicios, da una idea de lo que debia ser el mundo en la época del caos, y mientras mas se avanza en el interior, mas nos convencemos de la verdad de aquella leyenda montenegrina, segun la cual Dios, cuando creó el mundo, tenia las rocas revueltas en un saco, y las echó una á una sobre la superficie del globo; pero de pronto se rompió el saco, y la masa cayó toda sobre

sábado, octubre 27, 2007

Viage ilustrado (Pág. 97)

Barbero armenio
»Esta bárbara costumbre de cortar la cabeza á sus enemigos costumbre que disculparíamos si se tratara de los pueblos salvages de las islas de la Polinesia, o de las tribus feroces que habitan los bosques de Amé­rica, existe entre los montenegrinos desde tiempo inmemorial y no parece que cesará tan pronto, á pesar de los generosos esfuerzos de algunos europeos para poner un término á estas atrocidades. Mientras que los montenegrinos sean vecinos de los turcos, se renovarán estas escenas de barbarie. Reina entre ambos pueblos un odio encarnizado, implacable hace ya muchos siglos: á cada momento aparecen incursiones sobre el territorio enemigo y los saqueos y las devastaciones mas inusitadas. En Montenegro, en el acto de nacer un niño, todos forman votos sobre su cuna, entre los cuales figura invariablemente el de: De cualquier modo que sea, para siempre, odio irreconciliable con los turcos, y otros deseos que concuerdan mal con el primero. «¡Que su alma sea dulce como la claridad de la luna! ¡Que la miel corra por su corazon, y que siempre esté sano como la mejor encina de nuestros bosques!» Subamos á una de las rocas que forman la línea de la demarcacion entre los dos paises, y dirijamos la vista hácia las campiñas de acá y allá, y veremos á un lado labradores montenegrinos, y al otro lado el mismo espectáculo. A la primera señal, as primer alerta, nuestros labradores ponen sus bueyel en completa seguridad, y corren al punto amenaza­do se emprende un combate encarnizado, y luego todos regresan á sus casas con las cabezas de sus ene­migos en las puntas de sus picas. Un viagero inglés, sir Gadner Wilkinson, que en estos últimos tiempos ha visitado la Dalmacia y el Montenegro, y cuya relacion de viage (Dalmatia and Montenegro with a journe - to Mostar in Herzegobina, and remarks on the slay voni nations), nos ha servido de guia para este tra­bajo, refiere que al llegar á Cettique, la capital del pais distinguió una roca cuya vista le llenó de hor—

jueves, octubre 25, 2007

Viage ilustrado (Pág. 96)

Mugeres turcas en un cementerio

dejasen penetrar á los estrangeros con mucha facilidad entre ellos, presto lo pagarian bien caro. Al esparcir el terror y el espanto sobre todo cuanto les rodea, no hacen sino obrar muy políticamente.
Para complemento de las observaciones que hace­mos de la Turquía, vamos á insertar á continuacion lo que no hace mucho tiempo publicó La Ilustracion de París en una de sus columnas respecto al Montenegro y los montenegrinos, lectura de tanto mas interés, cuanto que la Europa entera tiene hoy fija su mirada sobre este pais.
«Los montenegrinos, en la victoria recientemente conseguida por ellos contra Osman, bajá de Scutari, han quitado al enemigo diez y siete banderas, y cor­tado trescientas diez y siete cabezas á los turcos. Tal era la noticia contenida en uno de los últimos boleti­nes que hemos recibido del teatro de la guerra entre los montenegrinos y los turcos. ¡Cómo! ¿Existen to­davía en Europa, á algunos pasos de la frontera de las posesiones austriacas, un pueblo que se entregue á tales escesos de inhumanidad y crueldad! ¡Un pue­blo!... para ser mas exactos deberiamos decir, una horda de bandidos desalmados. ¿Cómo pueden con­ciliar los montenegrinos estos actos de venganza san­guinaria, con el horror que esperimentan por la pena de muerte? Jamás hay ejecuciones en Montenegro; cuando un individuo se hace culpable de un crimen, jamás se le impone otro castigo que el destierro; el gobierno no se cree con el derecho de poder privar á un hombre de la vida. Un viagero que habló de esta materia con el gobernador de Montenegro: ¡Ah! dijo el último con acento enternecido, seria digno de las naciones mas sabias y mas ilustradas que borrasen en­teramente de su código criminal la pena de muerte; se condena al homicida y se le consagra jurídicamen­te. Sed, pues, consecuentes: es cosa legitima arran­car al hombre por las leyes lo que ellas no pueden devolverle? Los publicistas filántropos y los moralistas que predican la abolicion de la pena de muerte no han dado otros argumentos en favor de su opinion.

miércoles, octubre 24, 2007

Viage ilustrado (Pág. 95)

la necesidad de pronunciarse por alguno, el cordon al mas débil, y las colas al mas poderoso.
En la misma provincia se encuentra tambien Filipa, pueblo situado sobre las ruinas de Filipo, ciudad tan célebre por la derrota de los dos últimos romanos Casio y Bruto.
La Tesalia, que los turcos llaman Janniah ó Janina, ofrece igualmente al viagero grandes recuerdos, encantándole sin cesar por la belleza de sus sitios, y la frondosidad de su suelo. Por tres lados se halla li­mitada por montañas célebres en la poesía; el Olimpo al Norte, el Pindo al Poniente y el Ossa al Mediodía. El rio del Peneo, de tan límpida corriente, la cruza de Occidente á Oriente, sepultándose en un brazo del Mar Egeo, despues de haber regado el famosísimo valle de Tempé.
Este pais, erizado de montañas, no contó nunca en su seno muchas ciudades grandes; Larissa fué una de las mas distinguidas; porque era el centro de la pequeña soberanía de Aquiles. Los turcos la llaman actualmente Jenhi-Chehir, y podrá tener unos 20,000 habitantes. Despues de dejar á Larissa en su márgen derecha, es cuando el Peneo se encierra en una garganta entre el Olimpo y el Ossa no lejos de Tempé. El viagero que haya leido las magnificas descripcio­nes que se han hecho de este valle tan célebre, casi perdido en el mundo, no puede menos de encontrarse cruelmente engañado cuando llega á dicha garganta. El va buscando un valle delicioso, al abrigo de los vientos, sombreado de laureles, mirtos, y cubierto de un tapiz de verdura y flores, y al avanzar algunos pa­sos no halla mas que una especie de precipicio terrible. «El Tempé, dice Pococke, ha sido siempre y es todavía una garganta muy estrecha y profunda, entre dos montañas tan elevadas que apenas puede mirarse de arriba á abajo sin llenarse de terror y sin esperimentar algun vértigo al aspecto de un precipicio tan espantoso, por donde el rio Peneo corre de Occidente á Oriente, dejando tan corto espacio en sus márgenes, que difícilmente pueden pasar por ellas diez hombres de frente siguiendo el camino que conduce de Larissa á Salónica. En el momento en que el Peneo se desparrama con mucho estruendo por aqui, recibe un arroyo envenenado, nacido en la Macedonia, el cual se llama Titareso, que agosta la verdura á su paso, y quema las fibras de las plantas por la actitud de sus aguas, cargadas de un principio bituminoso cáustico que se ve sobrenadar lo mismo que una materia olea­ginosa. Los bosques que se hallan por una parte en el desfiladero del monte Olimpo, y por otra en el de Ossa, impiden la evaporacion del aire húmedo que reina siempre en el fondo del precipicio bajo la forma de un gas. Los griegos modernos llaman al Tempé el Licostomo ó la Boca del Lobo, porque presenta un as­pecto análogo, mirado del lado del mar hácia la em­bocadura del Peneo. Tal es este sitio salvage, mas propio para inspirar una profunda melancolía que pa­ra imprimir en el alma la dulce alegría que esperimenta á la vista de un hermoso pais habitado por mortales libres y felices.»
Una ciudad pequeña, llamada Pharsala, recuerda á Farsalia, tan célebre por la victoria de César y la estincion de la república romana.
Jania ó Janina es la ciudad capital de la provincia y la residencia del pachá.
La Albania contiene la antigua Iliria griega y el Epiro, y se halla dividida en dos partes, una de las cuales, limítrofe de la Dalmacia, está habitada por turcos y cristianos católicos. Estos últimos componen la fuerza del pachá de Scutari. Los habitantes de las bocas de Cattaro llegan al número de 10,000 en es­tado de tomar las armas. Entre los que habitan el Montenegro se cuentan 25,000 hombres, indepen­dientes todos y enemigos mortales del nombre turco; unos y otros siguen el rito griego. Estas tribus aguerridas ocupan la frontera de la Dalmacia dedes el mar, hasta la montaña.
La otra parte de la Albania comienza en Vollona, distante 100 millas de la frontera de Dalmacia, y se estiende hasta el istmo de la Morea.
Toda la Albania en general se halla sumamente poblada. Los albanos son altos, robustos, animosos, escelentes ginetes, y sobre todo grandes ladrones. Los turcos les debieron importantes servicios contra los griegos revueltos durante la guerra que tuvieron que sostener contra la Rusia y que no terminó hasta 1774. En los cinco años subsiguientes mataron y saquearon igualmente á griegos y mahometanos, y fué preciso enviar un ejército para contener sus estragos en este desdichado pais. Cinco pachaes hacen pesar sobre este pueblo un cetro de hierro, pachaes que por lo demas se hacen continuamente la guerra entre sí, ó que la hacen al gran señor, por cuya razon aqui siempre es­tá la gente con las armas en la mano.
Entre los albanos, preciso es distinguir á los de Paramathia, cuya valentía y amor á la libertad hacen temblar á los turcos. Su ciudad está situada á 36 ki­lómetros de Janina; poseen un territorio de igual número de kilómetros de circunferencia, y pueden po­ner en campaña 20,000 hombres. Retirados en mon­tañas inaccesibles á todo enemigo, desprecian á los turcos y los griegos que los rodean, y disfrutan de paz y de libertad. Su gobierno no es nada regular; pero conviene á hombres tan cercanos aun de la naturaleza: cada familia ó reunion de aliados, que pue­de llamarse un clan, administra justicia en su seno, y los clanes mas numerosos son los que tienen mayor influencia en el pais para todo cuanto concierne á los negocios públicos; tienen mucho cuidado en no matar á ningun individuo en otro clan, porque sus parientes vengan su muerte, y cuando una vez se ha derramada sangre, la matanza continúa hasta la estincion total de uno ú otro clan. Su costumbre al salir de sus casas es llevar el fusil, y ni aun dentro de ellas permanecen sin tener en la cintura un par de pistolas, y el fusil junto á la cama. La mayor parte de los albanos de Paramathia son mahometanos, aunque poco afectos á su religion; toleran entre ellos á los cristianos griegos y los tratan como hermanos, celebrando enlaces con ellos sin dificultad alguna. El vino les gusta demasiado para que se priven de él, asi es que en este concepto el mandato del Profeta les es perfectamente desconocido. De lo único que se abstienen es de la carne de puerco; pero si el marido y la muger son de religiones diferen­tes, no tienen escrúpulo ninguno en que se guise en el mismo puchero un pedazo de carne de puerco y otro de carnero. Son muy hospitalarios; pero respecto del estrangero que se encuentra bajo la proteccion de uno de Paramathia, pues si por el contrario aparece solo en sus montañas un estrangero cualquiera, griego, turco ó europeo, lo cogen inmediatamente y lo llevan á vender al mercado. No hay que escarnecerlos mucho por esta conducta violenta, porque se apoya en el amor que profesan á la libertad de su pais. Si ellos

martes, octubre 23, 2007

Viage ilustrado (Pág. 94)

to del Cuerno de oro, el cual se abarca desde alli cumplidamente con una sola mirada. Aquel panorama es el mas esplendido que puede imaginarse, á la derecha se admira toda aquella cordillera de colinas ­umbrosas llenas de casas, de kioskos y de palacios, todas aquellas mezquitas de brillantes cúpulas de minaretes elevados, que se destacan de un modo tan pintoresco sobre el hermoso cielo de Oriente, á la izquierda el arsenal, los arrabales judíos, armenios y cristianos, las masas negras de los cipreses del cementerio de Pera; despues enfrente la orilla dorada del Asia y detrás las argentadas cimas de las montañas del Olimpo. Añádase á esto la vida y el movimiento de las naves, aquel hormigueo de kaiks que surcan en todos sentidos la unida superficie de aquel lago para azul y trasparente, y se comprenderá que aquel es un cuadro de una animacion, de un colorido y de una forma sin ejemplo que cambia con frecuencia y cada vez mas hermoso en cualquiera hora del dia ó de la noche.
»Antes de retirarnos detengámonos en un baño, medio escelente de descansar de esta larga. correría, y de observar al mismo tiempo una de las costumbres mas características de la vida otomana.
»Los baños, tan necesarios en Oriente, abundan en Constantinopla. Los pobres, mediante una pequeña retribucion, pueden disfrutar de ellos como los ricos, y es uno de los mas ardientes placeres de los habitantes de aquellos paises. Estos establecimientos son en general muy hermosos, y uno de los mas antiguos y de estilo mas puro es el de Soliman, situado debajo del terrado de la mezquita.
»Constantinopla, esta ciudad tan alabada, tiene el dichoso privilegio, para el que sabe verla bien, de traspasar los límites de lo que esperaba contemplar. ¡Cuántas cosas nos quedarán que admirar aun en la misma ciudad y en sus cercanías.»
Hablemos ahora de las poblaciones mas importantes que circuyen la ciudad de Constantinopla.
Entre los pueblos y nacionalidades que el turco ha absorbido en sus conquistas, hay dos particularmente no deben pasarse en silencio; una es la Macedonia, patria de Alejandro el Grande y de Mehemet-Alí, y otra el Epiro, actualmente la Albania, patria de Pirro y de Seanderbeg.
La Macedonia, llamada Mackdonia por los turcos, linda al Norte con el Nesso ó Nesto, al Sur con la Livadia, al Este con el Archipiélago, y al Oeste con la Albania. Divídese en tres partes: el Yamboli, la Vesia y la Tesalia. El aire es saludable en estos paises, y el suelo tiene una fertilidad extraordinaria, por lo cual, sin duda, es esta una de las provincias menos despobladas de las que han subyugado los turcos.
»Aqui, dice un viagero, la naturaleza combate incesántemente con los vicios del gobierno. El clima de la Grecia, añade, es admirable; influye poderosamente en la especie humana, dándole mas ardor y fecundidad, y obra asimismo en los animales y plantas, haciendo se reproduzca con increible fecundidad. Un error solo de un gobierno basta para que desaparezcan los habitantes de las regiones septentrionales del globo, mientras que la mas insensata de todas las administraciones no puede ahogar la poblacion, sin cesar creciente de los paises meridionales. Las victorias de Càrlos II han hecho de la Suecia un desierto, pero ni las locuras del gobierno del turco, ni los delirios de la supersticion han podido despoblar los risueños valles de la Macedonia. Aqui se está en el pais de Deucalion, donde brotan los hombres lo mismo que los ár­boles en los bosques, y donde las piedras arrojadas se convierten en seres animados. Hablando de las hermosas provincias que componen el imperio otomano, se concluye siempre sacando por consecuencia que la naturaleza lo ha hecho todo en este pais y el gobierno nada.
El Yamboli contiene dos ciudades grandes, Salonica y Seres. Salónica es la antigua Tesalónica que está situada en el fondo de un golfo, y va haciéndose, merced á esta posicion, el centro del comercio de la Turquía. Solamente bajo este aspecto es como se cuenta por una de las ciudades mas importantes de los turcos; pues como plaza de guerra no sirve nada.
Edificada en forma de media luna en la ribera del mar, se alza en anfiteatro y presenta un aspecto magnífico; pero el interior, compuesto de casas mez­quinas y de calles estrechas y tortuosas, no corresponde de modo alguno á las apariencias, y mas que otra cosa, es un gran poblachon. El número de sus habitantes se acerca á 60,000. Hay muchos res­tos preciosos que dan idea de su antiguo esplendor, y fuera de Atenas, es la ciudad de la Grecia en que sobreviven mas antigüedades. Entre otros se distinguen en ella cuatro monumentos: la puerta de Vedar, las Encantadas, la Rotonda y el arco de Triunfo de Constantino. La puerta llamada Yerdar, porque conduce á este rio, está formada por un arco de triunfo, del mejor gusto, que fué levantado á Octavio y Marco Antonio por los habitantes de Tesalónica. El arco de Constantino subsiste tambien entero, aunque no se ven mas que algunos vestigios del mármol de que se hallaba revestido. Cuando fué construido habia pasado ya la época de las bellas artes. Al Norte de este monumento está la Rotonda, edificio hecho por el modelo del panteon de Roma. Lo que los judíos españoles establecidos en Tesalónica llaman Encantadas, figuras encantadas, es un resto de la columnata de órden corintio, edificada en tiempo de Neron. Esta columnata sostenia dos órdenes de estátuas de un gusto esquisito, que son las figuras mas bellas que hayan es­capado de los estragos del tiempo y de la barbarie. Tienen una magnitud regular, y representan los mas voluptuosos objetos de la antigüedad. Existen ocho todavía, las cuales están colocadas en la columnata superior por el estilo de las cariátides.
Seres es una ciudad bastante nombrada en la Tur­quía europea por su rico mercado, y que se halla situada en el centro de una vasta llanura regada y fecundizada por el Stiymon. Todo el valle en que corre este río está cultivado de algodon, y se halla cubierto de mas de trescientos pueblecillos, que vistos desde la cumbre del monte Cercina, parecen juntarse todos y presentan el aspecto de una ciudad inmensa. Los agás que gobiernan y oprimen estos cantones viven siempre en sus palacios custodiados por una guardia de albanos, y haciéndose la guerra unos contra otros como nuestros antiguos señores feudales. El vencedor quema las plantaciones del vencido, roba las mugeres y los animales, y solo interrumpe su destructora tarea á la llegada de ciertas fiestas musulmanas en que las hostilidades se suspenden por una especie de mandato divino. No hace todavía mucho tiempo que la puerta Otomana fomentaba secretamente las divisiones de las agaes, enviando, cuando se veia en

lunes, octubre 22, 2007

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Calle del Cementerio en Eyoub, barrio de Constantinopla

funto, y aparece junto al camino, á fin de que los viageros fatigados puedan encontrar alli agua siempre fresca, cuyo goce tan apreciado en los paises orientales, les recuarde al fundador. Encantador y poético modo de atraer sobre su memoria el reconocimiento y las oraciones de los vivos.
»Subiendo por un camino pintoresco las alturas de aquel campo santo, se llega hasta dar frente al puer-

domingo, octubre 21, 2007

Viage ilustrado (Pág. 92)

Constantinopla: tumba de la sultana Validé

del cual se eleva el templo mas venerado, la mezqui­ta Santa por escelencia, se reconoce perfectamente que aquel lugar es el sitio predilecto de los soberanos de la Gran Puerta. A aquella mezquita de Eyoub, en efecto, acuden los sultanes con gran pompa cinco ó seis dias después de su advenimiento para hacer con­sagrar su derecho á la mencion especial. El schéikg de los mewlewis, ó dervises saltadores, le ciñe el sable de Osman con las ceremonias de costumbres en semejantes circunstancias.
«La mezquita encierra las cenizas de San Cyub (el santo Job) compañero de armas de Osman. Este héroe sucumbió persiguiendo á los turcos: en el primer ataque que los hordas otomanas dirigieron contra Orzancio. Mahomet II, habiendo encontrado su cuer­po, le erigió aquella mezquita é hizo colocar en ella estas preciosas reliquias, que desde entonces han sido el objeto de la veneracion de los fieles creyentes.
»No podria suponerse nada mas hermoso, mas grande y mas pintoresco á la vez que aquel Elíseo colmado de árboles magníficos, de flores, de fuentes, de arroyos y de tumbas de todas formas y de infini­tos colores, se ve un soberbio mausoleo de mármol blanco que sostiene una cúpula descubierta con ver­jas de hierro de la mas elegante arquitectura, á imitacion del de Validé sultan, la madre gloriosa de Se­lim III.
»Hemos tomado la vista esterior de este cementerio lleno de flores y plantas, para dar un ejemplo de lujo y de la risueña poesía con que los musulmanes revestian la muerte, tan lúgubre entre nosotros. Cer­ca de este sitio se ve tambien la tumba de Hussein—Pachá, aquel esclavo georgiano que por su rara ca­pacidad llegó á la dignidad de grande almirante. Una de esas fuentes turcas llamadas zebir está unida á aquel monumento por una piadosa fundacion del di—

viernes, octubre 19, 2007

Viage ilustrado (Pág. 91)

hora el fuego y la luz por temor de los incendios. Por esta razon, los edificios sólidamente construidos, son los únicos que están al abrigo de aquel azote que arra­sa toda la ciudad incesantemente.
»Del bazar llegamos á la puerta de la mezquita de Bajazet II, situada en el ángulo de la gran plaza del Seraskier (gran visir), en donde durante los tres dias del Beyran es el gran paseo de Constantinopla. Nada mas gracioso que el patio de aquella mezquita con sus hermosas columnas de mármol verde y rojo, sus elegantes puertas, su fuente, los árboles que la cubren, y sus nubes de palomas que, segun una fun­dacion del sultan, se alimentan alli con el grano que las mugeres y los niños al pasar sacan de un arca co­locada á propósito en aquel sitio, y arrojan constante­mente. Es hasta dificil abrirse paso entre aquella poblacion alada.
»Todas las mezquitas de Constantinopla y las Tur­bé ó tumbas que las rodean son del mayor. interés, asi por los pormenores del arte como por la sensacion pintoresca que causa. Contentarémonos en este rápido paseo con visitar las tres mas interesantes. Pasando de la mezquita de Bajacet á las de Mohammet, de Chah­-Zadé y del sultan Selin encontramos fuentes notables, cisternas, cafés y calles pintorescas; una de ellas, que conduce desde Mohammed á Selin nos ha parecido el tipo mas exácto de las calles de Stamboul. Atravesan­do el Hipódromo, en donde se eleva el obelisco de Constantino y en donde fueron destruidos los geníza­ros, doblamos la hermosa mezquita de seis minaretes del sultan Ahmed. La vista de una de sus cuatro fachadas hará comprender al lector el estilo elegante de aquellos inmensos edificios, que cercan un vasto patio rodeado de murallas, adornado aun con fuentes y añejos plátanos. Una corta calle nos conduce á la pla­za de Santa Sofía, frente á la gran puerta del Serrallo; una fuente, verdadera joya del arte persa, toda de porcelana y mármol, decora esta plaza; pero Aya-Sophia, la célebre Santa Sofía (sabiduría santa), atrae principalmente nuestras miradas. Su esterior flanqueado de contrafuertes y fuertes, que sostienen los muros y la cúpula, que amenazan desplomarse, es informe y no podria adivinarse debajo de aquel tosco esterior la verdadera ligereza aérea de aquella cúpula. Pero penetrando en lo interior conócese que su reputacion no es usurpada. Fundada por Constan­tino el Grande, Santa Sofía fué edificada completa­mente por los arquitectos Anlhemises é Isidoro de Mileto en el reinado de Justiniano. Apóderase del viagero el respeto y el asombro al descubrir la estension de aquel templo sin igual; la vista, se pierde antes de llegar á aquella cúpula de una elevacion fabulosa que por un artificio admirable, parece mas bien estar suspendida como una lámpara en la bóveda del cielo, que descansar sobre la tierra como los edificios huma­nos. En efecto, apóyase solamente en secciones de cúpulas, una de las cuales corona el santuario, y las otras cubren galerías que comunican entre sí por medio de las que sostienen las dos naves á derecha é izquierda. Ocho gigantescas columnas de pérfido y otras noventa y dos de jaspe, de serpentina y diferentes marmoles preciosos sostienen aquel sistema aéreo de cúpulas. Veinte y cuatro ventanas, abiertas en derredor de la cúpula principal y que la destacan aun del edificio, dejan penetrar la luz y producen mas variados efectos que la abertura única que se ve en la cima de las rotondas de la antigua Roma. Detallar las maravillas de los mosáicos, de los capiteles, de las galerías y de las naves exigiria demasiada extensión, diremos solo para reasumir el efecto que produce, que Santa Sofía es la obra mas grande del pensamiento religioso. Ningun monumento, ni San Pedro de Roma, ni la cúpula de Milan ó de Venecia, ningun templo de la Grecia, ni las mas hermosas catedrales góticas y del renacimiento pueden entrar en competencia. Esté santuario, verdadera casa de Dios, como dice la Escritura, parecia construido asi para una como para otra religion con tal de que esta sea la espresion de la sabiduría. Los hombres de todos cultos, turcos ó cris­tianos, al entrar alli deben sentirse poseidos de la mis­ma impresion de respeto y de temor, porque sus pro­porciones grandiosas no las alcanza la vista del hom­bre, pobre hormiga al lado de aquella montaña, co­noce su inferioridad y piensa involuntariamente en la tan corta duracion de su fragil existencia.
»La mezquita de Soliman el Magnífico, mucho mas hermosa en lo esterior con sus patios, sus terra­dos, sus fuentes y sus corpulentos árboles, es, como todas las mezquitas de Constantinopla, una imitacion de la iglesia de Santa Sofía. Inferior asi por sus pro­porciones como por sus riquezas, difiere aun por la ornamentacion, que es de estilo árabe. Construido en la época de un verdadero renacimiento de las artes, la Solimania merece gran atencion, y despues de la catedral debe colocarse sin titubear sobre todas las demas. Su púlpito, sus vidrieras de piedras preciosas regalo de un shah de Persia, sus esculturas y sus be­llas proporciones la constituyen un monumento no­table.
»Los que, como hemos dicho al principio, solo viajan con el esclusivo objeto de decir: «yo he esta­do en tal punto,» se bailan de acuerdo admirablemente en afirmar que Constantinopla no tiene de her­mosa mas que su posicion, y que debian de guardarse de entrar en la ciudad para no perder sus ilusiones; porque dicen, las calles son horribles, no hay ningun monumento aislado y solo el conjunto es dig­no de atencion. Es cierto que en Galata y en Pera, ese barrio franco, poblado de comerciantes existen pocos objetos de arte; pero en cuanto á Scutari, Tophana y Stamboul no dudamos en asegurar que po­cas ciudades ofrecen tanto interés bajo todos aspectos.
»Pero dejemos esta discusion artística y continue­mos nuestra escursion. Como ahora se trata de echar una ojeada sobre los arrabales distantes, montaremos en los caballos que en todas las esquinas aguardan á los transeuntes cansados ó que tienen prisa y reem­plazan á nuestros coches de alquiler, sustitucion indis­pensable en un pais en que la circulacion de los carruages es casi imposible.
»Las calles que se alejan de la principal direccion del puente son tristes, inanimadas de un aspecto casi igual en todas partes. Salimos de la ciudad por lapuerta de Andrinópolis, y despues de haber lanza­do una mirada sobre las triples murallas derruidas que defendian la ciudad por la parte del llano, y ad­mirando el magnífico bosque de cipreses del gran cementerio otomano, bajamos al arrabal de Eyoub que cierra el puente de Constantinopla; floresta encantada, llena de misterio, de sombra, de frescura, de melan­colía; lugar poético. Por las espaciosas y bien abier­tas calles del arrabal de Eyoub, por los minaretes do­rados y esplendentes cúpulas de sus mezquitas, por la magestuosa sombra del vasto cementerio en medio

lunes, octubre 15, 2007

Viage ilustrado (Pág. 90)

espuesto á los insultos y destrozado por los perros salvages. Horroroso espectáculo, que á pesar de las re­clamaciones de los embajadores franceses, se renueva constantemente.
»Baghtche—Kapoussi, puerta por donde se pasa para entrar en la ciudad, está junto al patio de la mezquita de Yeni ó sultana Validé. Bella á la vez que pintoresca, sus fachadas, sus puertas y su patio inte­rior merecen un sério exámen. Menos el santuario, un cristiano puede visitarlo todo libremente. Aquel patio es un bazar donde acampan á la sombra de los mas hermosos plátanos y al lado de saltadoras fuentes los mercaderes de perfumes y de rosarios. Delicioso lugar lleno de encanto y de poesía á donde se va continua­mente a admirar y á buscar reposo. Pero caminemos aprisa; nos dirigimos al gran bazar, y nos falta hoy el tiempo para descubrir aquellas maravillas que apare­cen á nuestra vista como cambios ópticos de una esce­na fantástica.
»Atravesamos la elevada y curiosa galería de tanta variedad de colores, donde se respira un perfume tan fuerte de clavo, de pimienta, de canela y de mil géneros de la India y del Egipto, que se esperimenta alli cierta especie de embriaguez. La calle, cuya pen­diente subimos, está llena de toda clase de tiendas, confiterías, pastelerías, fondas, adornadas de escultu­ras y hermosos cuadros, con sus cobertizos de hierro para mitigar los ardores del sol. Luego aparecen los quincalleros, los judíos, vendedores como en todas partes de mil cosas indescriptibles, torneros que preparan largos tubos de pipas en maderas de cerezo o jazmin. Venden tambien esas boquillas de ámbar tan buscadas por los turcos, cuyos precios varian esencial­mente segun que el color es oscuro y desigual ó ama­rillo alimonado sin traspariencia ninguna. Si una boquilla de ámbar de la primera especie vale cincuen­ta francos, por ejemplo, una de la segunda de igual tamaño podrá apreciarla en quinientos un inteligente. Todos estos artesanos—mercaderes establecidos en sus tiendas abiertas, trabajan con lentitud distraidos por el movimiento de la calle y sentados muy á sus an­chas unos con las piernas cruzadas y otros en blandos cogines. En este pais donde se disfruta un clima tan hermoso, es muy dulce gozar de la sombra mientras que un sol abrasador prodiga por do quiera la animacion y la fuerza; alli cuestan muy poco los ligeros trages que por necesidad se gastan, apenas los destrozan las intemperies de las estaciones; alli bastan para el alimento los frutos que sin gran trabajo produ­ce la tierra; alli no existen las precauciones del fue­go, de una habitacion cómoda, ni de otras mil nece­sidades de los tristes y frios paises del Norte; alli, en fin, algunas horas empleadas con moderacion proporcionan mas de lo necesario. Aquel es un pais en donde las cuestiones sociales se simplifican sobremanera, y por mejor decir no existen, encargándose la Providen­cia de resolverlas, por ser tarea imposible al hombre, á quien no le es dado hacer bonancible un cielo cru­do, pródiga una tierra avara, é impedir fatales desigualdades, origen de tantos malos pensamientos y de tantas acciones culpables. Pero apartemos de nues­tra imaginacion estas tristes ideas del Occidente para volver á nuestros mercaderes de Constantinopla. Sus tiendas están levantadas cerca de dos pies sobre el nivel de la calle, de modo que el transeunte que se detiene para comprar se sienta negligentemente en el escalon. La calle sigue cuesta arriba siempre desigual y llena de perros, que solo se levantan para morder al ginour, y perseguir el trage europeo, al que tienen un horror profundo. Estos perros que nacen y mueren en la calle, son de todos y de nadie, se man­tienen con las basuras que vierten de las tiendas y sirven para, mantener limpias las calles: son los em­presarios de la limpieza de la ciudad. Tan horrible alimento produce en ellos enfermedades de la piel que les pone asquerosos. El estrangero no debe arriesgarse á salir de noche sin ir provisto de un baston grueso, cuya arma es suficiente, porque, aquellos animales son cobardes á pesar de su numero y de su feroz aspecto. Viviendo en tan vasta sociedad han debido formarse leyes que obedecen escrupulosamente. Cada tribu tie­ne su límite en la calle, el cual no traspasa nunca: si un jóven ignorante infringe la ley es acosado sin pie­dad por los demas, y nosotros hemos presenciado mas de una vez estos castigos que obligan al culpable estraviado de su domicilio legal, á arrojarse al agua, sin que se le permita siquiera volver atrás. Obsérvase, pues, que no han llegado aun á ese grado de civiliza­cion que les permitirá mas tarde sin duda vivir en comun y partir como hermanos los beneficios de la calle.
«Un perfume de rosa, de almizcle y de sándalo nos anuncia la inmediacion del bazar, y no se tarda en penetrar bajo sus sombrías y frescas bóvedas: pa­sando desde la luz y el calor se esperimenta un contraste algo brusco contra el cual es preciso prevenirse. El sitio mas interesante de aquel Dédalo, en el que las galerías se cruzan en todas direcciones es sin disputa el besestin, que es por decirlo asi donde tienen su re­sidencia los comisarios que hacen las ventas judiciales; las armas viejas, los muebles antiguos, y las antigüe­dades de todas clases se venden alli á publica subas­ta; y si el estrangero que permanece poco tiempo quie­re formarse una idea de aquel movimiento pintoresco, todo oriental, necesita detenerse y sentarse en la tien­da de uno de aquellos mercaderes, que ante todo se apresuran á ofrecerle la pipa y el café. El pintor ó el escritor emplearán útilmente un par de horas que pasen alli en observacion. Todas las riquezas del Asia, del Africa y de Europa, todo el lujo y gusto tan peculiar de Oriente se hallan amontonados en aquellos bazares inmensos para incitar á los mas indiferentes.
«Parecia increible, segun las ideas generalmente acreditadas en Europa, hasta qué punto llega el sen­timiento de la moralidad en el pueblo turco. Justo, honrado y caritativo es incapaz de un acto de impro­bidad. Si un mercader del bazar, por ejemplo, se au­senta á fin de ir á la mezquita, al baño ó á sus nego­cios, se contenta con poner delante de su tienda en­teramente abierta, una simple cuerda para indicar que ha salido, y á pesar de esta tan grande confianza los robos son en estremo raros.
»Su conviccion profunda en la superioridad de su religion, aquel sentimiento de respeto hácia la antigua tradicion, que parece el carácter dominante de los orientales, les hace en verdad intolerantes con los cristianos, sobre todo en Constantinopla, en donde los sacerdotes viendo decaer su influencia á causa de las innovaciones que los gobernantes estraviados por el contacto europeo, tratan de introducir en su pais, para su mejora, segun unos, y para su ruina, segun otros, innovaciones, la mayor parte por cierto que redundan en perjuicio del estrangero.
»Al ponerse el sol se cierran todas las puertas de los bazares, estando prohibidos despues de aquella

viernes, octubre 12, 2007

Viage ilustrado (Pág. 89)

Mezquita Ahmed en la plaza del Hipódromo, en Constantinopla

jueves, octubre 11, 2007

Viage ilustrado (Pág. 88)

porque los kaidjis son burlones y los kaiks traidores. Si saltais con fuerza, si no os colocais con ligereza bien en medio, estas lanchas terribles se vuelcan co­mo si fueran una cáscara de nuez y vais á parar al fondo del Bósforo; dichosamente está el agua tan cla­ra y tibia al mismo tiempo que los barqueros os pes­can, por decirlo asi, con suma facilidad y todo se re­duce á haber tomado un baño un tanto ridículo y á tener que mudarse de ropa.

Constantinopla: calle de Mohammed

»Dos minutos bastan para atravesar el puerto, á pesar del gran número de kaiks que se cruzan y tropiezan á cada paso unos con otros. Gran cantidad de gaviotas blancas posadas sobre las lanchas, nadando sobre las aguas, ó revoloteando en los aires, animan con sus alegres chillidos aquel brillante paisage. Al saltar en la orilla opuesta, arrojais por precio de vues­tro pasage, media piastra (unos cuatro cuartos) al fon­do lancha, bien vayais solo ó con mas pasageros. Lo mas frecuente es desembarcar en el muelle de Balik—bazar, el bazar de los pescados y de las frutas, uno de los principales y mejor surtidos mercados de Constantinopla. La muchedumbre circula por alli en todas direcciones, y sin un dragoman os costaria tra­bajo salir de aquel laberinto.
»Cierto dia pasaba yo muy preocupado, mirando mas bien las tiendas y los trages que el terreno por donde transitaba, cuando tropezé con el pie en un cuerpo tendido... Era el cadaver decapitado de un jóven armenio que, de católico, habiéndose hecho ma­hometano, con el objeto interesado de obtener un derecho reservado á los creyentes, habia abjurado de nue­vo este culto por remordimientos de conciencia, para volver á la religion de sus padres. A despecho de los tratados con Francia, los ulemas, jueces y gefes de la religion, le hicieron cortar la cabeza, y su cuerpo, ignominiosamente arrojado en el arroyo vestido aun con el trage francés, la cabeza colocada de una manera ridícula entre sus piernas, permaneció tres días

miércoles, octubre 10, 2007

Viage ilustrado (Pág. 87)

un presente á algun visir ó á algun pachá de cuya conducta estuviere satisfecho, y esto se consideraba como uno de los mayores favores. En cuanto á las mu­geres, tenian el derecho de usar lo que quisieran sin mas regla que su gusto y capricho, pues aunque el bello sexo no es tratado en este pais seguramente con mucha galantería, tiene, sin embargo, varias inmunidades. Actualmente el deseo de asimilarse á las na­ciones europeas, ha decidido á los turcos á abandonar su rico y hermoso trage nacional, por lo cual llevan todos uniformemente el zapato, el pantalon y la levita de paño, conservando únicamente de su antiguo trage una especie de capa de lana encarnada y el clá­sico turbante.
Las mugeres aman el lujo con frenesí, y aunque son raras las ocasiones que tienen para lucir, se cargan de cuantas riquezas pueden, y apenas habrá al­guna que no tenga zarcillos, brazaletes, collares y cin­turones de plata y oro. En las de clases elevadas estos adornos son de perlas finas, diamantes y pedrería, y su lujo es tan exagerado á veces, que llevan cinco ó seis sortijas al mismo tiempo, ostentando en la cabeza adornos de flores de diamantes, de rubíes y de esme­raldas. Las mugeres de la clase media llevan al cue­llo largas cadenas de oro que bajan hasta la mitad del cuerpo, componiéndose algunas de 60 á 80 monedas nuevas, ó de medallas de diferentes hechuras. Tambien es costumbre en las señoras elevadas, llevar en la mano un enorme rosario, cuyas cuentas son ordina­riamente de jaspe, ágata, ámbar blanco ó coral.
Cuando las mugeres salen van envueltas en una larga túnica, con el rostro cubierto con dos velos de muselina, el primero que parte de la nariz y baja has­ta la cintura, tapándole el pecho, y el segundo que tapa la cabeza hasta los párpados, formando todo un conjunto tal que apenas se divisan los ojos.
En los puntos del imperio en que se conserva to­davía el trage antiguo, las leyes que reglamentaban en otro tiempo el uso de los colores subsisten aun, y son, como antes, rigorosamente observadas. El verde es el principal y el mas distinguido, pues viene á ser un color sagrado que no pertenece mas que á los des­cendientes del Profeta; el turbante negro es para los judíos, y el blanco y el encarnado son los que llevan la mayor parte de los musulmanes.
Entre lo mucho que se ha escrito acerca de la Turquía europea, adicionamos las observaciones que ha hecho un viagero francés sobre la gran ciudad de Constantinopla, con lo cual quedará aun mas completa la relacion que hacemos respecto á las costumbres de este pais.
»Si le fuera dable al viagero que solo va una vez á aquellos sitios el disponer á su antojo la época y ho­ra de su llegada á Constantinopla, yo le aconsejaria doblase la punta del Serrallo en los momentos de la salida del sol en un hermoso dia de mayo, ó mejor aun llegar por la noche, á la claridad de la luna, durante las fiestas del Ramazan.
»Este espectáculo; para decirlo de una vez, es tan hermoso, que es preciso verle en todas las horas y épocas del año para gozar completamente del placer que procura una larga permanencia en aquellos encan­tadores parages. Pero hoy solo tratamos de reproducir la viva impresion que causa la primera vista de aquella ciudad que un poeta francés ha caracterizado tan perfectamente diciendo que alli acaba la Europa y empieza el Asia.
»Al desembocar la Propontide ó mar de Mármara, aparece la triple ciudad de Constantinopla: Stamboul, Scutari y Galata. El buque avanza repeliendo con trabajo las corrientes de la costa de Europa. Ya sobre la izquierda entre una neblina morada aparece el cas­tillo de las Siete—Torres, esa bastilla de los sultanes, luego los arrabales y las tan pintorescas murallas que se sumergen en el mar, y sobre todo esto las almenas desde las cuales se distinguen los edificios, los árboles, las cúpulas y los minaretes.
»De alli á poco seguimos al pie de los muros del Seraï, ese palacio misterioso, célebre en la historia y tan dramático de los emperadores turcos; teatro de placeres, de voluptuosidades y de sangrientas intrigas. Desde lo alto de aquellos terrados que la espesa capa de verdura que cubre sus bordes parece disminuir su elevacion. ¡Cuántas víctimas de la política otomana han sido precipitadas en las ondas!
»A la derecha, sobre la costa de Asia, se descubre Scutari, la antigua Chrysópolis, la ciudad de oro, vas­to depósito de las mercaderías que las principales ciu­dades del Asia Menor dirigen á la capital. Un faro co­locado sobre una roca aislada, que los turcos llaman Kiz—Kouleci, Torre de la Hija, se alza sobre las olas. Enfrente, el Bósforo con las risueñas aldeas y graciosos kioskos que pueblan sus orillas huye serpenteando; pero deslicémonos aun algunos momentos sobre aquellas aguas de azul jaspeadas de oro, y entraremos en aquel puerto maravilloso atestado de barcos de todos los paises; verdadero bosque de mástiles sobre cuya izquierda se prolongan, en admirable perspectiva, las onduladas lineas de Stamboul con su profesion de mezquitas y de elegantes minaretes, de jardines y de palacios.
»Apenas se paran las ruedas del vapor, una nube de lanchas trata de tomarla por asalto; son oficiosos encargados que os ofrecen targetas de fondas ó posa­das, y que, sin aguardar contestacion, se disputan ya vuestro equipage y vuestra persona; plaga que empie­za para el viagero desde que ha penetrado en los paí­ses meridionales.
»Para desembarcar, subir la montaña de Pera é instalarse en la fonda se necesita cerca de una hora. Si viajais por diversion solo, esto es, si tratais de permanecer quince días para verlo todo sin comprender nada, y poder hablar luego de la misma manera de los paises recorridos, ireis á habitar cualquier posada; pero si sois artista, es decir, si quereis ver concienzu­damente y reproducir lo mismo que hayais visto, tratad de buscar habitacion en una casa particular, que hallareis fácilmente, y así evitareis el gasto supérfluo y el ruido insoportable de las moradas comunes.
»Lo primero que trata de hacer todo el que llega á Constantinopla es ir al bazar; lo demas se ve al paso; porque si permanece poco tiempo necesita lo primero proveerse de batas, de pantuflas, de pastillas del ser­rallo, de esencias de rosa y de jazmín, cosas todas de un interés de distinto género, como puede conocerse, que el que ofrecen los admirables monumentos de la ciudad. Sigamos pues á la multitud, obedeciendo á aquel impulso general, puesto que solamente tratamos de reproducir las impresiones de la primer ojeada.
»Bajando de Pera, único barrio donde pueden ha­bitar los francos, se embarca en uno de los muelles de Galata para atravesar el puerto. Una multitud de kaiks, apiñados unos contra otros, aguardan á los pasageros; pero es preciso tener cuidado al desembarcar,

martes, octubre 09, 2007

Viage ilustrado (Pág. 86)

novedades que ocurren; aqui es donde los romance­ros, contadores y juglares despliegan sus talentos, es­pecialmente en invierno, contando fábulas é historias con la gracia y energía propias de la lengua nacional. Si á estás narraciones se añaden bufones, gladiadores, bailarines de cuerda, y mas que nada, sombras chi­nescas, se tendrá ya una idea completa de todos los espectáculos de Turquía.
Los orientales, mas sencillos que nosotros en el mueblage, desconocen el lujo de las camas, las cua­les están reducidas á mantas de lana ó de algodon que por la noche estienden en el suelo ó en un sofa. Las mugeres para dormir no se quitan mas que el aderezo, y los hombres cambian de trage, pero tambien se acuestan vestidos. Entre los griegos, armenios y ju­díos pobres, toda la familia duerme en una misma ha­bitacion; pero entre los musulmanes el dormitorio de los hombres está separado del de las mugeres. Como el uso de las sillas es igualmente desconocido en Oriente, los sofás son los principales y casi los únicos muebles de los aposentos.
Las casas ordinariamente no tienen chimenea, y se calientan por medio de un brasero de barro ó de cobre que se llama mangal, el cual se coloca debajo de una mesa redonda ó cuadrada, cubierta de muchos tapices que arrastran hasta el suelo. Alrededor de esta mesa, llamada tandour, hay un banco donde pueden varias personas introducir las piernas por debajo del tapiz para recibir el calor hasta la cintura. Nuestros lectores habrán conocido fácilmente en esta descripcion que el mangal y el tandour componen exactamente nuestra vulgar camilla, y que en este punto los turcos no tienen nada que desearnos.
Antes de las cinco oraciones del dia, antes y despues de la comida, siempre que se haya rozado con algun cuerpo impuro, el musulman debe purificarse con lavados parciales, y en otras circunstancias tiene que sujetarse á baños enteros. Las mugeres tambien tienen igual obligacion, aunque para estas mas que nada viene á constituir un verdadero placer. En los baños es donde ellas se dan citas, y donde se desembarazan por un momento de la esclavitud á que se hallan sometidas. Las ricas ostentan aquí con los de­talles mas minuciosos el valor y gusto de sus adornos, y se hacen servir moka puro, confortantes esquisitos y suntuosas colaciones, prodigándose las esencias y los perfumes, y terminando siempre la fiesta con música y sombras chinescas, en cuyo punto ya se cierra el baño para el público por todo el dia.
Las casas de los musulmanes están de tal moda dispuestas, que el alojamiento de las mugeres se halla siempre apartado del de los hombres, llamándose al primero harem ó lugar sagrado, y al segundo se­lamlik.
Las mugeres de algun rango no se presentan en público sino rara vez; no es de buen tono que salgan de sus casas, á menos que se hallen obligadas á ello por causas indispensables, por cuya razon no se en­cuentran ordinariamente en la calle mas que mugeres vulgares, aunque siempre tapadas, observando la ma­yor circunspeccion., y no dirigiendo casi nunca la pa­labra á nadie. Seria el colmo de la indecencia para los hombres el fijar sus miradas en ellas, y si alguno se abandonara hasta el punto de permitirse una pala­bra equívoca ó alguna licencia de otro género, nada podria libertarle de las persecuciones de la policía, y aun de los mismos ciudadanos, que testigos de su temeridad tienen derecho para detenerlo, y aun abru­marlo á palos en caso de resistencia.
Los turcos profesan sobre poco mas ó menos las ideas respecto de la belleza femenina que los euro­peos, difiriendo solo en que prefieren las blancas y las morenas á las rubias, y la grosura escesiva á la delgadez. Las esclavas mas apreciadas en Oriente proceden de la Georgia y de la Circasia , y son gene­ralmente hermosas y muy bien formadas.
Se tendria una idea bastante falsa de la esclavitud de 1os turcos y de los persas, si se juzgase de ella te­niendo presente la que los europeos han establecido en sus colonias, y especialmente guiándose por el relato de los desdichados cautivos de Berberia, á quienes se trata rudísimamente y se atormenta de mil maneras para obligarlos á abrazar la religion musulmana. En Turquía y en Persia los esclavos de ambas sexos, com­prados ordinariamente en edad muy tierna, se educan en la religion de Mahoma, y son tratados con la misma dulzura y casi con iguales consideraciones que un hijo de la casa. Es muy raro que un turco venda á un esclavo que le tiene descontento; no hace con él por el contrario sino castigarlo como haria con un lujo suyo. Despues de un servicio mas ó menos prolongado, segun que el musulman es mas ó menos observador de los preceptos de Mahoma, que fija la esclavitud en nueve años, le da la libertad y lo casa. A la muerte del señor casi siempre se hacen libres sus esclavos, sea por última voluntad del mismo, sea porque sus herederos consideren como un deber interpretar de este modo sus intenciones. Como las preocupaciones de Europa respecto del nacimiento no son conocidas en Levante, hay muchos turcos que se casan con escla­vas, ó que dejan á sus hijos que se casen con ellas, é igualmente sin repugnancia alguna entregan sus hijas á esclavos, de cuya conducta están satisfechos, y á los cuales dan libertad, colocándolos en seguida en una posicion tan ventajosa como pueden. Hay muchos pachaes y grandes oficiales del imperio que se han elevado del seno mismo de la esclavitud.
Antes de la revolucion que ha tenido lugar en las costumbres y en el trage de los turcos, todas las fa­milias opulentas usaban vestidos de seda y de otras telas muy ricas, siendo infinita su variedad, tanto por el precio, cuanto por la calidad, pues los habia de un color solo, rayados, con flores de todas clases y bordados de seda, oro y plata. Estas dos últimas espe­cies no las llevaban, sin embargo, mas que las mugeres, pues en los hombres nunca se veia plata ni oro. Entre las telas de la India forzoso es que distingamos los chales, que son de una lana estremadamente fina y de un precio subido, con la forma de un cuadrado grande. Los chales mas estensos, que tienen comunmente cuatro metros de longitud sobre uno de anchu­ra, podrían hacerse pasar por una sortija: estos servian de cinturon á los hombres y á las mugeres. En el invierno los hombres fueran á pie o a caballo, se tapaban la cabeza para resguardarse del frio, y la mayor parte llevaban chales comunes fabricados en el país.
Las pieles constituian el lujo mayor en uno y otro sexo. No habia artesano, soldado, hombre cualquiera del pueblo que no llevase en invierno una pellica de cordero, carnero, gato, etc., mejorando las personas opulentas sus abrigos con pieles mas bellas y costosas, La zorra negra, la mas preciosa de todas las pieles, estaba reservada al gran señor, y ningun otro podia llevarla, como no fuera que el sultan hiciese con ella

lunes, octubre 08, 2007

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es agua pura en grandes vasos de cristal. Entre los eu­ropeos, el que bebe, brinda por la salud de los demas; mas entre los otomanos, por una costumbre algo mas razonable, sucede al revés. El Coran prohibe severamente el vino y todo licor fermentado, prohibicion á la cual se ajustan los devotos, pero no los filósofos del pais que violan frecuentemente esta ley, cuidando mu­cho de saborear en secreto el liquido prohibido.

Mercado de esclavas circasianas en Constantinopla

Para reemplazar á la embriaguez del vino, los mu­sulmanes procuran la que proporciona el opio, cuyas diversas clases y combinaciones se llaman madjoun, y cuyos efectos son mas ó menos violentos, segun la calidad de los ingredientes que las componen y la fuerza de los temperamentos. El madjoun ordinario es una mezcla de opio y de diversas especias, á la cual las personas opulentas añaden ámbar gris, cochinilla y esencias preciosas. Esta droga la lleva cada cual consigo, tomándola una ó dos veces al dia con un vaso de agua ó una taza de café, hallándose esto tan en uso como el café, el tabaco y los perfumes. No hay ciudad, ni villa, ni aldea en toda la estension del imperio, en que no se encuentren cafés, los cuales se hallan en todas partes, hasta en los pa­seos públicos. La mayor parte de ellos están construi­dos en forma de kioskos, y alli pasan horas enteras los ociosos, jugando á las damas ú ocupándose de las

viernes, octubre 05, 2007

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de siglo en siglo ha venido perpetuándose entre ellos sin mucha alteracion, asi como tambien la sobriedad de que tanto se glorian. Como dichas leyes se ocupan de los comestibles, determinando la impureza ó pure­za de unos y otros, no hay ningun mahometano que, conforme á los preceptos de su religion, no sea estremadamente circunspecto en todo lo relativo á los ali­mentos. En cuanto á carnes, las de carnero y cordero son casi las únicas de que ellos se nutren, el buey se ve muy rara vez en sus mesas, pero la gallina es muy comun aun en las casas menos acomodadas. Si los mahometanos comen poca caza, más que por el disgusto que hácia ella sienten, es por el temor de alimentarse con la carne de un animal inmundo que podría haber sido muerto contra el espíritu de su religion; ademas de esto, hay algunos que profesan el principio de no maltratar á los animales, por lo cual nunca se ve entre ellos en ningun tiempo un gusto muy decidido por la caza. El pescado no lo buscan tampoco mucho mas, y en cuanto á la carne de puer­co y de jabalí lodos los pueblos musulmanes las miran con terrible aversion. Durante todo el año hacen mu­cho uso de los vegetales, de las legumbres, de la le­che, de los confites y de las frutas, que son deliciosas en todos los paises el Oriente.

Plan de los jardines del sultan en Constantinopla

Los platos de entrada, los entremeses, los mismos asados se sirven en pedacitos muy pequeños, de modo que nunca tienen necesidad de cuchillo ni de trin­chante. La gallina la ponen cocida, por lo cual pue­den fácilmente con los dedos sacar las tajadas. En la mayor parte de las familias los hombres comen sepa­rados de las mugeres; hacen dos comidas al dia, una entre diez y once de la mañana, y otra á la entrada de la noche, media hora antes de la puesta del sol. El padre de familia come casi siempre solo, los niños aparte y las mugeres en el harem, tambien separada­mente para evitar que entre ellas se susciten celos. De cuando en cuando hay convidados á una casa parien­tes ó amigos, pero no deben nunca ser muchos, porque apenas hay mesa para mas de cinco ó seis personas. En el buen tiempo, el comedor suele ser el punto mas alegre de la casa, y es tanto mas fácil ir variando de local, cuanto que el servicio de la mesa exige poco aparato. A la hora de la comida los criados llevan los platos colocados en tablas sobre las cabezas. Las mesas en que se come son pequeñas, redondas y forradas de cobre; las cuales se colocarn sobre una especie de escabel que les sirve de pie. El dueño de la casa con un amigo ó dos se sientan junto á la mesa con las piernas cruzadas ó con un pie estendido bajo aquella, y los demas se colocan alrededor en almohadones que hacen las veces de sillas. Tan luego como la comida se sirve, llevan todos la mano al plato, siendo siempre el anfi­trion el que da el ejemplo, terminando generalmente el banquete con un plato nacional hecho con arroz co­cido y carnero ó gallina, único plato para el cual aparecen las cucharas.
El khoschab, por donde concluyen definitivamente las comidas, es una bebida dulce, hecha con uvas secas, manzanas, peras, cerezas, albaricoques y otras frutas cocidas con azúcar y mucha agua. Esta bebida es casi la única de que hacen uso. Pocas son las per­sonas que piden de beber durante la comida, espe­cialmente en invierno, y lo único que se les presenta

jueves, octubre 04, 2007

Viage ilustrado (Pág. 83)

miento de todos los negocios y procesos que intervie­nen entre las personas que ejercen las diferentes artes y oficios. Tiene la inspeccion general de los granos y otros géneros que llegan para el abastecimiento de la ciudad, para lo cual debe ir de cuando en cuando á los distintos mercados, examinando los comestibles que se venden y verificando los pesos y medidas. Castiga en el acto con palos á los que encuentra con pesos falsos ó con mercancias averiadas, y algunas veces les hace aplastar una oreja contra la puerta de la tienda.
A las mezquitas imperiales están agregados ciertos colegios, á los cuales acuden de todos los puntos del imperio jóvenes para instruirse en las leyes del profe­ta, en la jurisprudencia religiosa y criminal, y para conocer todas las opiniones y sutilezas de los comen­tadores del Coran. Despues de haber sufrido varios examenes, y cuando ya se les juzga suficientemente instruidos, se les da el grado de profesores. Los que no quieren seguir el profesorado y obtener el grado eminente de mollah, solicitan una plaza de kadí ó juez de asuntos contenciosos de una ciudad pequeña. Los destinados á los mas importantes cargos, como á los de mollah, kadilesker y muphtí pasan despues de numerosos exámenes á la mezquita de Suleïmainch ó de Soliman I, y esperan que la antigüedad, el mérito ó el favor les coloquen.
Las dos fiestas del beiram son las únicas religiosas que tienen los musulmanes, la una dura un dia y la otra cuatro. La celebracion de estos dos beirams se hace siempre con el mas pomposo aparato, visítanse los parientes y amigos, aunque no se ve ninguno de esos placeres publicos que caracterizan un dia de fiesta en las demos naciones de Europa. Naturalmente religiosos, y sobre todo muy atentos al cumplimiento de los deberes del culto esterior, los mahometanos se entregan de una manera mas particular todavía á los ejer­cicios piadosos durante la luna del Ramazan, ayunando rigorosamente todo el dia, y consagrando la mayor parte de la noche á la plegaria y á los actos de penitencia.
Si el poder judicial reside al propio tiempo que el religioso en manos de los oulemas, los pachaes por su parte reasumen el poder militar y el administrativo: son gobernadores, comandantes militares, comandan­tes de su provincia, y por un abuso, estremadamente perjudicial á los intereses del pueblo, la mayor parte de ellos tienen facultades absolutas respecto de los im­puestos. El mutselim es un vice-gobernador ó lugar­teniente de pachá, y el waivod es gobernador de una provincia pequeña, ó de una ciudad que no forma parte de ningun pachalato.
Los kodjakianes ó gente de pluma componen un cuerpo numeroso, especialmente en la capital, y vienen a ser la profesion intermedia entre los militares y los hombres civiles, hallándose muy considerada y siendo todo lo instruida que en Turquía pudiera desearse. Casi todos los ministros, todos los empleados en los diversos ramos de la administracion, en las aduanas, en las mezquitas, todos los maestros de es­cuela, todos los escribientes, en fin, desde el simple kiatib que copia los libros y las memorias, y el que se dedica á escribir pura y correctamente la lengua, hasta el reis—effendi, que es el gefe, todos se desig­nan con el nombre de kodja ,y forman parte de esta especie de corporacion.
El arte de trascribir los libros nacionales, y sobre todo el Coran, es la cúspide de la ciencia para gente que acabamos de mencionar. El número de copistas de libros es prodigioso en la capital. Los jóvenes que no tienen fortuna y que quieren abrazar este estado, despues de haber aprendido á escribir y leer en las escuelas, se dedican á vender y copiar libros y á hacer memoriales para los que lo solicitan.
Los musulmanes deben á los kodjas un gran número de obras estimadas entre ellos en persa y árabe, relativas á la filosofía, á la moral, á la historia mahometana y á la geografía de sus provincias; y en su seno se encuentran ordinariamente los hombres de Estado mas instruidos y los mas aptos para adminis­trar. El temor de privar de su ganancia este enorme número de copistas, la oposicion de casi todos los es­cribientes poderosos, la repugnancia de los abogados á dejar que se impriman el Coran y los demas libros de religion, y sin duda tambien la aversion que mues­tran los musulmanes á las artes europeas, son otras tantas causas que concurren paro impedir que la imprenta se establezca entre ellos de una manera sólida.
Cada arte, cada oficio se halla sometido á leyes particulares, y los que lo ejercen constituyen corpora­ciones distintas y separadas. Al alba se abren todas las tiendas, y cuando entra la noche se cierran con la misma regularidad. El trabajo manual y las operacio­nes mercantiles no esperimentan nunca la menor interrupcion, esceptuando el tiempo que duran las dos fiestas del beiram. Todos los súbditos del imperio ha­cen indistintamente el comerció interior, que consiste en cambiar frutos naturales é industriales, ó unas pro­ducciones por otras. Frecuentes y numerosas caravanas recorren en toda su estension el imperio, y una multitud de buques pueblan los mares y los rios navegables. Los griegos, los armenios y los judíos tienen tambien parte en este comercio interior; pero en cuan­to al esterior, se halla casi enteramente en manos de los estrangeros.
Aunque no se encuentre la agricultura en estado próspero entre los otomanos, es sin embargo muy sufi­ciente para que cada provincia libre su subsistencia en el producto mismo de sus tierras, y los paises mas fér­tiles, como la Valaquia, la Moldavia, la baja Anato­lia, la Siria, etc. envian todos los años su sobrante á los cantones mas estériles y montañosos.
Cuando un europeo llega á Turquía, lo que prin­cipalmente le choca en sus habitantes es el contraste casi absoluto de sus costumbres con las nuestras, de tal manera que se diria que las diferencias eran estu­diadas hasta en los detalles mas pequeños. Nótase en los semblantes y en los gestos un esterior religioso, y no se ve por las calles mas que manos armadas de rosarios. Los orientales tienen un aire grave y flemático en todo cuanto dicen y hacen, y en vez de la alegría y franqueza que en nuestros rostros se ven por lo comun pintadas, ellos espresan la calma, la austeridad y la melancolía, y rara vez se les ve reir. Si hablan, es sin animacion, sin pasion, escuchan sin interrum­pir, cualidad que, dicho sea de paso, nos hace bue­na falta á nosotros, y guardan silencio dias enteros; cuando andan, es pausadamente y para desempeñar sus asuntos; desconocen el paseo, y sentados siempre, pasan asi el dia, meditando, con las piernas cruza­das, la pipa en la boca, y casi sin cambiar de pos­tura.
A las leyes canónicas deben los musulmanes este género de vida uniforme, ó mas bien, apática, que

martes, octubre 02, 2007

Viage ilustrado (Pág. 82)

pendiosa, y acerca de ésto puede asegurarse sin vacilar que no hay en Europa soberano alguno que pueda comparar el lujo de su casa al que ostenta el interior del serrallo.
En el centro de la calle de Pera se distingue un palacio inmenso en el cual se hallan alojados, alimentados y educados una porcion de jóvenes á espensas del Estado, los cuales están destinados á ser pages del sultan y á desempeñar los principales cargos de la córte. Los codjas ó preceptores acuden todos los dias á enseñarles el turco, el árabe y el persa, y á instruirlos en la escritura y en los preceptos del Coran. Tambien se les ejercita en lanzar el djerid, en montar á caballo y en el manejo del sable. Los eunucos blancos á cuya custodia se hallan confiados, los tratan con la mayor severidad. Visten de blanco y comen sóbriamente, y son hijos de cristianos cogidos en la guerra ó comprados en Georgia y Circasia: tambien los hay procedentes de distintas fronteras del imperio, y por último, desde que los turcos no están en guerra como antiguamente con los pueblos de la cristiandad, se admiten tambien hijos de musulmanes. Los que muestran mas capacidad son los primeros que salen á pages, ocupando sucesivamente los demas las plazas vacantes y despues los cargos importantes del serrallo.
Entre los jóvenes cogidos en la guerra, comprados o traidos de todas partes, el mayor número que se designan con el nombre de adjem-oglam, está destinado á los empleos pequeños del serrallo, haciéndolos porteros, carpinteros, cocineros, aguadores y aun criados, aunque de estos rara vez se encuentra uno que sea hijo de musulman.
Los bostangis ó jardineros ascienden al número de diez mil; su gefe se llama bostangi-bachi; y su poder es sumamente estenso, pues no solamente tiene el mando absoluto sobre todos los palacios y jardines del rey, sino tambien la policía de los alrededores de la capital y del canal hasta la embocadura del Mar Negro. Los bostangis son todos hijos de musulmanes, están casi todos casados, y reciben un sueldo muy bueno.
Segun las costumbres orientales no hay visitas ni conferencias secretas á que no se hallen presentes los servidores ó esclavos La política exige que se sirva café, que se traiga de cuando en cuando una pipa llena de tabaco y encendida, y con arreglo á la clase y dignidad del estrangero, que se ofrezcan sorbetes, esencias y perfumes. Aun cuando se encuentre solo el musulman necesita de uno qué se halle junto á él para que le dé pipa y café.
Los capidgis ó porteros, cuyo número es bastante considerable, vigilan en las puertas esteriores del palacio; pero no hay que confundirlos con los capidgis-bachis, especie de chambelanes, cuya plaza es honrosa y lucrativa, y que están encargados de ejecutar las órdenes del sultan, como por ejemplo, cortar la cabeza de un rebelde ó de un concusionario, llevar la nueva del nombramiento á un gobierno, ir á recoger las sucesiones de los grandes oficiales del imperio, etc. El gefe de estos, que siempre sale de entre ellos mismos, se llama mir-alem. Los capidgis-bachis ascienden á veces á la dignidad de bajá de dos colas.
Como sucesor de los califas, el sultan reusume en sí todos los poderes; es soberano absoluto, legislador, pontifice y gefe supremo de la religion; puede hacer, cambiar y modificar, segun su capricho, las leyes del Estado; es dueño de las vidas y haciendas de todos sus oficiales y agentes que mantiene, á pesar de todo lo cual, tropezaria con invencibles obstáculos si intentase tocar á las leyes fundamentales depositadas en el libro del Profeta, y aun á otras muchas consagradas ya como aquellas por un uso inmemorial. Al establecer los impuestos, tiene tambien el sultan presente la máxima de no sobrecargar mucho al pueblo, dispuesto siempre a manifestar su indignacion, á sublevarse, a pedir la cabeza del visir, y aun á deponer al sultan, entregándose á toda clase de escesos. La historia de este pueblo presenta una multitud de ejemplos de sultanes y de visires muertos ó depuestos. Hemos dicho que el sultan es árbitro de la vida de todos aquellos que reciben un sueldo del Estado, desde el gran visir hasta el simple soldado, pero no puede legalmente hacer morir á un particular, ni apoderarse de sus bienes, sin un juicio prévio y una sentencia judicial.
El gran visir ó visir-azem es el primer ministro o mas bien el lugar-teniente del sultan, y aunque su poder es inmenso, su responsabilidad le iguala. El chiaga es quien le sigue en facultades, y despues de estos el reis-effendi ó secretario de Estado, y el agá de los genízaros Son los dignatarios mas importantes. Es muy comun, mediante la aplicacion y la asiduidad, subir del mas humilde puesto á estas plazas, como igualmente á las de muphtí ó gran sacerdote, de pachaes ó gobernadores de provincia, de jueces civiles y otros cargos, siendo muchas veces quien los obtienen hijos de esclavos cogidos en la guerra con los tártaros ó con los cristianos. Educados en la escuela de la adversidad, llegando á tan eminentes empleos a traves de dificultades de todo género, se distinguen generalmente por su habilidad y destreza.
En manos de los oulemas se halla el depósito de las leyes, y á estos corresponde el interpretarlas. Tambien son intérpretes de la religion y el Corán es el código universal de donde sacan sus sentencias. Examinemos un instante como está constituido este cuerpo, que es el mas ilustrado del imperio otomano.
El muphutí ó cheik-islam es el gefe supremo de la religion de Mahoma y el oráculo á quien se consulta, llamándose sus decisiones fetfas. El sultan recurre á él en todos los casos difíciles y árduos, y nunca promulga ninguna ley, ni hace declaracion de guerra, ni establece impuesto alguno, sin obtener de antemano un fetfa. Este eminentísimo cargo serviria sin duda alguna de contrapeso á la autoridad casi absoluta del soberano, si éste no tuviese la facultad de nombrar al muphtí, de desterrarlo, de deponerlo, y aun de hacerlo matar despues de destituido, por lo cual acontece muy rara vez que el muphtí se oponga á los designios del sultan y de sus ministros. Fuera de esto goza de una altísima consideracion.
El muphtí presenta anualmente al sultan una lista para el nombramiento de dos kadileskers, del stambol-effendi y de los mollas de las ciudades principales. En Constantinopla hay dos kadileskers, el de la Romelia ó Turquía europea, y el de la Anatolia ó Turquia asiatica. Uno y otro asisten al divan del gran visir, oyen y discuten los asuntos que allí se tratan, despues de lo cual el kadilesker de Romelia pronuncia su sentencia. No ocupan este puesto mas que un año, y ellos son los que nombran todos los kadies del imperio, ventaja muy grande en un pais en que todo se vende.
Despues de estos está el stambol-effendi o juez de la capital, que es el que tiene en particular conoci-