miércoles, agosto 29, 2007

Viage ilustrado (Pág. 52)


gorros tártatos guarnecidos con la cebelina, condu­cen estos coches con una gravedad y una destreza es­tremadas. Un jóven postillon, vestido como los cocheros, niño de diez y ocho años, monta uno de los primeros caballos, con su caftan ceñido en derredor de sus piernas, semejante á un pantalon turco.
La perspectiva de Newsky es un escelente observatorio para examinar los tipos y las costumbres de Rusia; popes (sacerdotes), campesinos de todas las provincias, mercaderes tártaros, judíos, etc., uniformes militares, circasianos de la guardia imperial, etc.
Al través de todo esto, las angostas narrias pasan y se deslizan tiradas por cuadrúpedos de una maravillosa velocidad. Muchas veces suele distinguirse en­tre estos carruages un coche elegante de dos ruedas, con adornos azules, tirado por cuatro caballos, con dos lacayos en la trasera puestos de pie en trage de cosacos. Este coche, que lleva las armas de Rusia, pertenece á la emperatriz. Detrás camina una narria de una construccion muy sencilla, que vuela sobre la nieve, tirada por un vigoroso caballo negro; un mili­tar de elevada estatura va sentado en el centro de este vehículo; á pesar de la modesta capa en que va envuelto, por su actitud grave y magestuosa, revela al punto que es el emperador. Lo mismo que la em­peratriz, sale de el palacio Annitshkoff para trasladarse al palacio de invierno. Algunas veces detiene su narria y se confunde con los demas paseantes de la calle. Al verle, los oficiales y todos los grandes se paran para saludarle militarmente, á cuyo saludo cor­responde el emperador con política y grave benevo­lencia.
El emperador Nicolás se complace en pasearse so­lo y á pie en las calles de su capital. La perspectiva Newsky y el malecon Inglés son sus dos paseos favoritos; pero está prohibido á los transeuntes pararle ó presentarle memoriales con peticiones de ninguna clase; la medida es general, y añadiremos que es muy necesaria, pues de otro modo el emperador no podria dar un paso sin ser detenido á cada instante con este género de peticiones. Diremos en seguida lo que su­cedió sobre el partícular hace algunos años; la relacion nos fué trasmitida por el héroe mismo de la anécdota.
El emperador frecuenta con gusto el Teatro Fran­cés, y puede decirse que el de San Petersburgo jus­tifica bajo todas consideraciones esta preferencia. En­tre los actores, habia uno á quien el czar miraba con

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