domingo, julio 26, 2009

Viage ilustrado (Pág. 410)

cio, que hizo arrojar un puente sobre el Tiber, Pons Sublicius; sobre esta colina, que es la más elevada de Roma, Jano, rey de los alobroges, construyó una ciudad llamada Antipoli, en la que reinó después Saturno; el Pincio, situado al Norte del monte Quirinal y conocido por la historia antigua de Roma bajo el nombre de Collis hortulanum; el monte Citorio, que propiamente no es una colina formada por la naturaleza sino una grande eminencia producida por las ruinas de un teatro llamado de Atilio Tauro; el monte Testaccio, situado á la estremidad de Roma en la parte izquierda en que el Tiber sale de la ciudad, formado también según dicen, de una multitud de fragmentos de vasos y otros utensilios de tierra alli depositados; y la colina vaticano, que se alza sobre la ribera derecha del Tiber. El nombre de vaticano es una corrupción de la palabra vaticio, oráculo, porque alli se daban en efecto los oráculos en la época en que aquella colina perteneció á los etruscos veyos, á los que se la arrebató Rómulo. Sobre esta colina reposaban en otro tiempo las cenizas de Rómulo, fundador del poderío romano; hoy se venera en ella la tumba de San Pedro, primer gefe de la iglesia católica; en otro tiempo se veia el circo del bárbaro Neron, hoy se admira el palacio del gefe visible del catolicismo; Leon IV reunió esta colina al castillo de Santo Angelo y al monte Janículo por medio de una muralla, á fin de asegurar la basílica de San Pedro de las invasiones de los sarracenos, y esto es tambien uno de los puntos que han fortificado contra la invasión de los franceses los revolucionarios romanos.
»Fuera de la ciudad, al salir por la puerta Salara, se ve el monte Sacro; y fuera de la puerta de San Pedro, el monte Mario. Nosotros vamos á conducir á nuestros lectores breve, clara y metódicamente por todos los cuarteles, por todas las calles de la ciudad, que dividimos en ocho grandes secciones: la 1ª del puente Molle al capitolio; la 2ª del capitolio á San Juan de Letran; la 3ª de San Juan de Letran al Quirinal; la 4ª del Quirinal al mausoleo de Augusto; la 5ª del mausoleo de Augusto al Velabro; la 6ª del Valebro al puente Fabricio; la 7ª del puente Fabricio al puente Elio; y la 8ª del puente Elio al monte Mario.
»Cuando nosotros hayamos recorrido estas grandes secciones, es seguro que no habremos dejado de nombrar ninguno de los monumentos que encierra la ciudad eterna, por el órden mismo que en ella ocupan.
»DEL PUENTE MOLLE AL CAPITOLIO. A dos leguas de la ciudad se halla el Puente Molle, en otro tiempo, puente de Mulvius; existia según Tito Livio, cuando la batalla de matauro, ganada por los romanos sobre Asdrúbal, y es célebre por la victoria de Constantino contra Magencio, la que afirmó el triunfo del cristianismo. Los revolucionarios romanos, han fortificado este puente, cortando uno de sus arcos, empero ha sido tomado por los franceses después de un obstinado combate, el dia 3 de junio del año 1848. Del puente Molle á la ciudad se va por la antigua via Flaminia; se ve el palacio de Julio III, y el arco oscuro, entrándose en Roma por la puerta del Popolo (pueblo); Pio IV la hizo reedificar por Vignola en 1561 sobre los dibujos de Miguel Angel. Las estátuas de San Pedro y San Pablo, del célebre Mocchi, están alli como guardadores de la ciudad santa.
»Pasada la puerta se encuentra uno en la plaza del Popolo, magnífica, con inmensos hemiciclos adornados de fuentes y estatuas, en el centro hay un gran obelisco egipcio. Sobre el hemiciclo de la izquierda están los jardines del Pincio; la estatua colosal de Roma, entre el Anio y el Tiber; en el fondo de la plaza hay dos iglesias iguales consagradas á la Virgen; y entre las dos, se abren las tres grandes calles, que van como un triple radio, á recorrer la ciudad, la via Babuino, el Corso y la Strada Pipeta.
»La iglesia de Santa María del Popolo, fundada según la tradición en 1099 para alejar las fantasmas nocturnas atribuidas al cuerpo de Neron, que según Suetonio, habia enterrado en el monte de los Jardines Collis hortorum hoy Pincio.
»Desde esta altura se ve como un magnífico panorama toda Roma, esa capital de Italia y del mundo, esa ciudad en que Dios ha destronado á los Césares, esa metrópoli de los artistas, y en otro tiempo de los héroes y de los mártires. ¡Con cuanto placer desde esta altura se ve la tierra prometida ó no prometida! Este es uno de los puntos importantes, y de que mas pugnan por apoderarse los franceses; Moisés veia desde lo alto del monte Nevó los campos de la Palestina. El monte Pincio es uno de los paseos mas hermosos de Roma.
»La plaza del Popolo era el punto en donde se han reunido durante el pontificado de Pio IX las masas populares que en tropel acudian al Quirinal para felicitarle por la amnistia, por el establecimiento de la milicia nacional, por el de la Consulta de estado, por la Constitución, y donde tambien se reunieron las turbas al dia siguiente del asesinato de su ministro Rossi para ir á atacar al Quirinal, y asentar los cañones que habian saludado la amnistía, contra el palacio del que perdonó. En esta misma plaza, después de la fuga de Roma del pontífice, se proclamó el establecimiento de la república, coronando el magnífico granito de Ramses que se levanta majestuosamente en su centro desde el tiempo de Sisto V, el papa de las grandes empresas, con el gorro frigio, emblema de la libertad. En esta plaza han sido tambien quemados recientemente todos los confesonarios de las iglesias de Roma, muchos de los cuales eran una obra maestra de talla y de escultura.
»Dejemos detrás de nosotros la puerta del Popolo, que adornaron las artes para recibir á Cristina de Suecia, las fuentes de mármol, y el obelisco egipcio que adornan la plaza, y entremos por la calle del Corso.
»Esta calle trazada sobre la antigua via Flaminia, toma su nombre de las carreras de caballos que se tienen en ella desde el reinado de Paulo II; es la mas hermosa, y la mas frecuentada de Roma. Los premios de estas carreras, que se celebran todos los años por el carnaval, son ricas telas de oro, plata y terciopelo, pagadas por los judíos, á quienes Pio IX ha librado de este tributo. Los caballos corren enteramente solos. En aquellos dias en que la sangre del pueblo hierve como lava, se ha visto muchas veces á los romanos hundir la aguzada hoja de sus puñales en sus caballos vencidos.
»En la calle del Corso se encuentran las iglesias de Santa María de Monte-Santo, la de Santa María de los Milagros, la de Jesús y María, la de Santiago de los incurables, la magnífica de San Cárlos, suntuoso edificio construido en 1612 por los lombardos, compuesto de tres naves que dividen pilastras corintias,

viernes, julio 24, 2009

Viage ilustrado (Pág. 409)

Vista del palacio de los Césares.- Templo de Venus.- Ruinas de la basilica de Constantino

Vista compuesta de varios monumentos de Roma.- Monte Mario

te colinas sobre que estaba fundada la antigua ciudad, y la de otros cinco montecillos ó alturas que se encuentran hoy comprendidas dentro de su recinto. Por medio del conocimiento de estas colinas se orienta uno fácilmente para recorrer los catorce cuarteles en que se halla dividida Roma, la cual según los últimos cuadros estadísticos tiene actualmente una población de 154, 235 almas, comprendiéndose en este número 10,000 judíos, relegados á una parte de la ciudad muy poblada y miserable, situada sobre la ribera izquierda del Tiber y conocida bajo el nombre de Jheto. Este barrio se cerraba todos los dias al anochecer hasta que Pio IX hizo desaparecer para siempre las puertas de hierro que encerraban á los infelices descendientes de Israel.
»Las colinas de la antigua Roma son el monte Palatino, el Capitolino, el Quirinal, el Celio, el Aventino, el Esquilino y el Viminal. Ademas de estas siete colinas de la antigua Roma fueron sucesivamente unidas á la ciudad, el Janículo, en tiempo de Anco Mar–

miércoles, julio 22, 2009

Viage ilustrado (Pág. 408)

dos, pero son ancianos y nos preceden en el camino del sepulcro.»
Aqui concluimos las palabras de Mad. Staël, que nuestros lectores habrán recordado con placer, por la pintura viva y exacta que hacen de Roma.
El pueblo de Roma es generalmente atento, aunque digno, y orgulloso, serio, grave, impresionable y vengativo; una cuchillada escapa de la mano de aquel á quien se ofende con mas prontitud que una injuria de su boca: las mugeres de baja condición tienen una gracia y una dignidad admirables, pero lo que es muy notable en un pueblo que ha esperinientado por largo tiempo toda clase de pasiones, es que conocemos un viagero que ha vivido en Roma por espacio de dos ó tres meses, recorriendo todos sus barrios, sin haber visto nunca una imagen obscena en las paredes, y sin haber oido una palabra impura.
La facilidad con que se puede vivir en Roma disminuye mucho el número de los crímenes y especialmente el de los robos. La tierra y la industria enriquecen poco á los romanos, pero alimentados y vestidos á poca costa, apenas tienen necesidad de la tierra ni de la industria. La mendicidad, esta generación de la pobreza, cuyo estado precario en todas parles es el origen ordinario de los robos, no presenta aqui este inconveniente; en esta ciudad tienen los mendigos un modo de vivir seguro, pues todos encuentran en las calles de Roma, gimiendo ó fingiéndose enfermos, gente que les socorra.
Los romanos, y los italianos en general, son muy sobrios, lo cual en ellos es un efecto del clima. La carne les gusta poco; prefieren las yerbas, las frutas, el pescado, y no hacen con verdadero deseo mas que una comida al dia. Después de comer se entregan al sueño, duermen hasta las seis de la tarde, y después no hacen nada, ó si algo hacen, es cosa que equivale á lo mismo. Llega la noche y todos los trabajos se interrumpen, todos los talleres se cierran, hombres, mugeres, niños, todos empiezan en seguida á pasear hasta las tres de la mañana: el paseo mas concurrido es en la calle del Corso, en cuyas aceras hay una conversación muy animada, y á esta ocupación se entregan aun las personas mas graves, basta que llega la hora de dormir. Cada noche es una fiesta pública.
Un escritor contemporáneo ha dado á luz apuntes muy curiosos relativos á la parte monumental de Roma, los cuales no queremos dejar de consignar en la presente obra. El referido escritor y viagero se espresa del siguiente modo:
«Hemos depositado las observaciones que en dos distintas épocas hemos hecho sobre esta ciudad, la cual considerada como el foco de los recuerdos de la historia, y como el centro de todos los radios de lo pasado, exigiría muchísimo tiempo, un gran volumen y la vida entera de un sabio y de un filósofo, mirada solo bajo el aspecto material, es decir, como la reunion de ruinas, de monumentos antiguos y modernos, de templos, de palacios, de villas, de museos, en fin, como una inmensa galería donde se encuentran reunidas en gran número, las obras maestras de la paleta y del cincel. Vamos á pasar rápidamente en revista las riquezas de Roma, y su esposicion bastará á nuestros lectores para formar una idea, que no seria por cierto mas completa aun cuando leyeran cien volúmenes en que detalladamente se esplicasen los restos de esas antiguas ruinas, todos los palacios, lodos los templos paganos, todas las iglesias católicas, todos los foros, todas las columnas, todos los teatros de la ciudad eterna, en que la historia y la religion han aglomerado sus monumentos. Apenas conocerían entonces, como conocerán ahora, la verdadera fisonomía de Roma, apenas estarían iniciados en esta íntima poesía que se respira en ella, y que no se comprende por completo, sino hollando aquel suelo lleno de tantos recuerdos. Solo en Roma es donde pueden descubrirse los misteriosos goces que encierra, cuando marchando á la casualidad, tan pronto por medio de sus anchas calles pobladas de nobles palacios, de sombrías y solemnes fachadas, tan pronto por estrechas callejuelas de que están atravesados los cuarteles indigentes de la ciudad se mezcla uno entre esa población romana, tan variada en su tipo y costumbres; en donde se ven religiosos de todas las órdenes, de todos los colores, soldados de todas armas; altivos y morenos trastiverinos, adornados con el sombrero cónico, y envueltos soberbiamente en su capa en forma de toga; mugeres de todas condiciones, nobles las unas con sus sombreros á la francesa, las otras pintorescas hijas del pueblo, morenas y esbeltas como las Julias y las Cornelias, marcando sus anchas y flexibles caderas que oprimen un corsé de terciopelo encarnado, con las negras trenzas de sus lúbricos cabellos sujetas con grandes alfileres en forma de puñal, y que en mas de una circunstancia en vez de adorno de su hermosura, se ha convertido en instrumento de muerte con su larga y acerada punta.
»En medio del torbellino de esa multitud tan diversa en sus modales, y tan varía en sus vestidos para conocer la poesía vulgar y local de la ciudad, es preciso examinar las largas calles de los cuarteles solitarios y silenciosos, donde se encuentra por intervalos algún mongo blanco ó negro, que se retira á su convento; algunos mendigos vestidos de harapos, hechos para el pincel, y precisamente acurrucados en los escalones del atrio de una iglesia aislada, alguna rústica carreta conducida por un hermoso paisano, de pie sobre el timón, en una actitud sencillamente grandiosa, y que recuerdan naturalmente aquellos heroicos labradores de la joven Roma, arrancados de sus cabañas para ir á batir los volseos y samnitas, triunfar en el Capitolio, y volver á trazar los surcos con su arado!
«Andando por las calles no puede menos de soñarse poéticamente al sonido de mil fuentes que llenan las plazas con los ruidos eternos de sus cascadas. A la estremidad de estas calles desiertas, entre blancas piedras ha crecido abundantemente el césped; se detiene uno delante de una hermosa perspectiva de una casa campestre; ve desarrollarse delante de él una inmensa llanura, en donde se prolongan las eternas líneas de un acueducto, ó se levantan los gigantescos restos de un arco triunfal, ó se ocultan entre la yerba las ruinas de un circo, los vestigios de un campo, las últimas piedras de un túmulo, deteniéndose delante de ellas, interrogando su fecha, y no pudiendo uno responderse á sí mismo; ó bien subido en una de las siete colinas sobre que está fundada Roma y que dominan su recinto, tiende su vista al ponerse el sol, y contempla absorto en medio del concierto de mil campanas, bajo la aureola de occidente, la mas noble de las ciudades que decoran el planeta de los hombres!
»Antes de emprender nuestra escursion por Roma vamos á indicar la posición y forma actual de las sie–

domingo, julio 19, 2009

Viage ilustrado (Pág. 407)

cícios corporales están abandonados á la plebe.»
Ya que nos hemos válido de Mad. Stael, como era justo al hablar de Roma, para concluir nuestra visita al Vaticano, tomaremos aun de ella su descripción de la Semana Santa, tan notable, como todo el mundo sabe, en la capital del orbe cristiano.
«Muchas veces se ha hablado, dice, de las ceremonias de la Semana Santa en Roma: todos los estrangeros acuden espresamente durante la cuaresma para disfrutar de este espectáculo; y como la música de la capilla Sixtina y la iluminación de San Pedro son bellezas singulares en su clase, es natural que esciten vivamente la curiosidad; pero las ceremonias propiamente no dejan satisfecha del mismo modo la esperanza. La comida de los doce apóstoles, servida por el papa, sus pies lavados por sus manos, en fin, las diversas prácticas de aquella época solemne, recuerdan las ideas mas tiernas; pero mil circunstancias inevitables perjudican frecuentemente al interés y la dignidad del espectáculo. No todos los que concurren á él guardan igual recogimiento, ni se entregan con igual seriedad á ideas piadosas; ademas que aquellas ceremonias tan repetidas, han llegado á ser una especie de ejercicio maquinal para la mayor parte de los que las ejecutan, y les sacerdotes jóvenes despachan el oficio de las fiestas solemnes con una prontitud y una destreza poco decorosas. Lo vago, lo desconocido, lo misterioso que tanto conviene á la religion, se desvanece absolutamente con la especie de atención que no se puede dejar de poner en el modo con que cada uno desempeña su ministerio. El afan de casi todos por los manjares que se les presentan, y la indiferencia de los otros en las genuflexiones que multiplican, ó en las oraciones que recitan, hacen á veces poco magestuoso el acto.
»Los trages antiguos que todavía usan los eclesiásticos, no vienen bien con el tocado moderno: el obispo griego con su larga barba es el que parece mas respetable. También los usos antiguos, como el de hacer la cortesía al modo de las mugeres, en lugar de saludar conforme lo hacen los hombres ahora, producen una impresión poco grave; por último, el conjunto carece de armonía, y lo antiguo y lo nuevo se mezclan sin cuidado alguno de atraer la imaginación, ni aun de evitar lo que puede distraerla. Ciertamente un culto magestuoso y brillante en las formas esteriores es muy oportuno para llenar el alma de sentimientos elevados; mas es preciso atender á que las ceremonias no se conviertan en espectáculos, en que represente cada cual su papel enfrente del otro, aprendiendo lo que ha de hacerse, en que instante se ha de ejecutar, cuando se ha de orar, acabar de orar, arrodillarse y ponerse en pie; porque la regularidad de las ceremonias de una corte, introducida en un templo, reprime el movimiento libre del corazón, que da únicamente al hombre esperanza de aproximarse á la divinidad.
«Estas observaciones son en lo general bastante conocidas de los estrangeros, pero los romanos por la mayor parte no se cansan de aquellas ceremonias, y cada año encuentran en ellas nuevos placeres. Es un rasgo particular del carácter de los italianos, que su movilidad á ser inconstantes, ni su viveza les precisa á buscar la variedad: en todo son sufridos y perseverantes; su imaginación hermosea cuanto poseen; ocupa su vida, en lugar de hacerla inquieta, lodo lo encuentran mas magnífico, mas noble, mas bello que es en realidad , y asi como en otras partes la vanidad consiste en manifestarse cansado, la de los italianos, ó por mejor decir, el fuego y la viveza que tienen en sí mismos, les hace complacerse en el sentimiento de la admiración.
»El Viernes santo es mucho mas espléndido. En este dia fué Osvaldo, continúa la célebre autora de Corina, á la capilla Sixtina para oir el famoso Miserere alabado en toda Europa; llegó de dia y vió aquellas célebres pinturas de Miguel Angel, que representan el juicio final, con toda la tremenda energía del asunto y del ingenio que le trató. Miguel Ángel se había penetrado de la lectura del Dante, y el pintor como el poeta representa seres mitológicos delante de Jesucristo, pero casi siempre hace que el paganismo sea el mal principio, caracterizando las fábulas paganas con figuras de demonios. Encima de la bóveda de la capilla se ven los profetas y las sibilas llamadas en testimonio por los cristianos; rodéanlas muchos angeles, y toda aquella bóveda por su pintura parece que acerca á nosotros el cielo; empero aquel cielo es opaco y terrible, la luz pasa apenas por entre los vidrios, que derraman en los cuadros mas bien sombras que claridad; las figuras ya tan magestuosas según las pintó Miguel Ángel, se hacen mayores con la oscuridad en que están, y el incienso, cuyo olor es algo funeral, llena el aire de aquel recinto y todas las sensaciones preparan para la mas profunda, la que la música va á producir.
»El Miserere (tened piedad de nosotros) es un salmo compuesto de versos que se cantan alternadamente de muy diversa manera; óyese una música celestial y en seguida el otro verso, recitado, hace un murmullo sordo y casi ronco, como si fuese respuesta de los caracteres duros á los corazones sensibles, ó la realidad de la vida que rechaza, y deshace los deseos de las almas generosas; cuando vuelve aquel coro dulcísimo, se torna á la esperanza; mas al empezar de nuevo el verso, sobrecoge otra vez una sensación de frio, no nacida del terror, sino del desaliento del entusiasmo. Por fin, el último trozo mas noble y mas espresivo todavía, deja en el alma una impresión suave y pura.
»Apáganse las antorchas, y crece la noche; y las figuras de los profetas y de las sibilas se aparecen á manera de fantasmas envueltas en el crepúsculo: reina un silencio profundo: el habla haria un daño insoportable en aquella situación del alma en que todo es íntimo é interior; y al desvanecerse el postrer sonido, se va cada cual paso á paso y callado; todos parece que temen volver á los intereses vulgares del mundo.
»Corina fué detrás de la procesión que caminaba al templo de San Pedro, alumbrado entonces únicamente por una cruz iluminada, aquel signo de dolor resplandeciendo solo en la augusta oscuridad de un edificio inmenso, es la imagen mas hermosa del cristianismo en medio de las tinieblas de la vida. Derramábase sobre las estatuas que adornan las sepulturas, una luz pálida y lejana; y los vivos que se ven en tropel debajo de las bóvedas, parecen pigmeos en comparación de las imágenes de los muertos. Alrededor de la cruz hay un espacio alumbrado por ella donde se postran el papa, vestido de blanco y todos los cardenales, detras de él enfila. Permanecen allí cerca de media hora en el mayor silencio y es imposible que no cause emoción semejante espectáculo; ignórase lo que piden, no se oyen sus secretos gemi–

miércoles, julio 08, 2009

Viage ilustrado (Pág. 406)

una impresión nueva, hermoseaba las facciones de su héroe con sus memorias y con sus cariños; y asi sabia poner en los ojos todos los sentimientos de su corazón.
»El dolor de nuestros templos modernos, en medio de nuestro estado social tan helado y opresivo, es lo mas noble que hay en el hombre, y quien en nuestros dias no hubiese padecido, jamás habría sentido ni pensado. Pero la antigüedad tenia otra cosa mas noble que el valor, el sosiego heroico, el sentimiento del vigor que podía desarrollarse en medio de instituciones generosas. Las estatuas mas bellas de los griegos casi nunca han indicado mas que el reposo; el Laoconte y la Niobe son las únicas que pintan dolores violentos; pero ambas recuerdan la venganza del cielo, y no las pasiones nacidas en el pecho humano. El ser moral tenia una organización tan sana entre los antiguos, el aire circulaba tan libremente en su ancho seno, y el orden político estaba tan acorde con las facultades, que casi no existían, como ahora, almas descontentas; y esta situación, si bien hace descubrir muchas ideas delicadas, no suministra á las artes, y en especial á la escultura, los afectos sencillos, los elementos primitivos de los sentimientos que solo pueden espresarse con el eterno mármol.
«Apenas se hallaba en sus estatuas señal alguna de melancolía: las únicas en que se ven muestras de un alma pensativa y doliente son una cabeza de Apolo en el palacio Justiniani, y otra de Alejandro moribundo; pero ambas pertenecen verosímilmente al tiempo en que estaba sojuzgada la Grecia; por tanto, ya no había aquella valentía, aquella tranquilidad de alma que produgeron entre los antiguos las obras maestras de la escultura y de la poesía compuestas con la misma idea.
»E1 pensamiento, que no encuentra en lo esterior con que alimentarse, se replega sobre sí propio, analiza, trabaja y profundiza los sentimientos interiores; mas carece de aquella fuerza creadora, que supone la felicidad y la plenitud de fuerzas que solo la felicidad puede dar. Hasta los sarcófagos entre los antiguos presentan solo ideas guerreras y risueñas; y en la muchedumbre de los que se hallan en el museo del Vaticano, se ven batallas y juegos representados en los sepulcros con bajos relieves: la memoria de la actividad de la vida era el obsequio mas agradable que en concepto suyo podía hacerse á los muertos; nada disminuía, nada debilitaba las fuerzas, el aliento, la emulación eran el principio de las bellas artes, como lo eran de la política; había lugar para todas las virtudes y para todos los talentos; el vulgo se envanecía de saber admirar y concurrir al culto del genio, aun los mismos á quienes no era dado conquistar sus coronas.
«La religion griega, no era como el cristianismo el consuelo de los desgraciados, la riqueza de los pobres, el porvenir de los moribundos; quería gloria y triunfos, y por decirlo asi, hacía al hombre Dios. En aquel culto perecedero, la misma belleza era un dogma religioso; si los artistas tenían precision de pintar pasiones bajas ó feroces, salvaban á la figura humana de semejante afrenta, agregando á ella, como en los Faunos y en los Centauros, algunas facciones de brutos; y para dar a la belleza su carácter mas elevado, unían alternadamente en las estatuas hombres y mugeres en la Minerva guerrera y en el Apolo Musageto, los hechizos de ambos sexos, la fuerza y la dulzura; la dulzura y la fuerza; mezcla feliz de dos calidades opuestas, sin la cual no fuera perfecta ninguna
«Siguiendo Corina sus reflexiones, detuvo un rato á Osvaldo delante de las estatuas dormidas que están colocadas sobre los sepulcros, mostrando el arte de la escultura en su aspecto mas agradable; hízole advertir que siempre que las estatuas se suponen representando una acción, el movimiento detenido causa una especie de asombro incómodo; pero las estatuas en el sueño, ó solamente en la actitud de un completo descanso, ofrecen una imagen de la tranquilidad cierna, que conviene maravillosamente con el efecto del Mediodía en el hombre. Parece que las bellas artes son allí espectadores pacíficos de la naturaleza, y que el mismo genio que agita el alma en el Norte, es bajo tan hermoso cielo una nueva armonía.
«Osvaldo y Corina pasaron á la sala donde están reunidas las imágenes esculpidas de los animales y reptiles; y la estatua de Tiberio se halla casualmente en medio de aquella corte: esta reunion se ha verificado sin intención, y aquellos mármoles se han formado por sí mismo alrededor de su dueño. Otra sala encierra los monumentos tristes y severos de los egipcios, de aquel pueblo cuyas estatuas son mas parecidas á momias que á hombres, y que con sus instituciones silenciosas, duras y serviles, ha asemejado cuanto podia la vida á la muerte. Los egipcios eran mas diestros en el arte de imitar á los animales que á los hombres; el imperio del alma parece inaccesible para ellos.
«Luego vienen los pórticos del Museo, donde á cada paso se ve una nueva obra maestra: el Apolo, el Laoconte y las Musas están rodeadas de vasos, de aras, y adornos de todas clases; allí se aprende á sentir á Homero y á Sófocles, alli se manifiesta al alma un conocimiento de la antigüedad que jamas en otra parte puede adquirirse: en vano es fiarse de la lectura de la historia para comprender la índole de los pueblos; lo que se ve escita en nosotros muchas mas ideas que lo que se lee, y los objetos esteriores producen una conmoción enérgica, que da al estudio de lo pasado el interés y la vida, que se hallan en la observación de los hombres y de los hechos de nuestros dias.
«En medio de los magníficos pórticos, asilo de lantos prodigios, hay fuentes que jamás cesan de correr, y advierten suavemente las horas que pasaban de la misma manera hace dos mil años, cuando aun existían los autores de aquellas obras perfectas Pero la impresión mas melancólica que se siente en el Museo del Vaticano, es al contemplar las reliquias de las estatuas reunidas en él; el torso de Hércules, cabezas separadas del tronco, un pie de Júpiter que supone una estatua mayor y mas acabada que cuantas conocemos; parece que se ve un campo de batalla, donde el tiempo ha luchado con el genio; y aquellos mármoles mutilados dan fé de sus victorias y de nuestras pérdidas.
«Saliendo del Vaticano, prosigue la ilustre escritora, cuyas palabras tomamos, llevó Corina á Osvaldo delante de los colosos de Monte–Caballo; estas dos estatuas representan, según dicen , á Castor y Polux, cada héroe sujeta con una sola mano un caballo fogoso que se desboca; y aquellas formas colosales, aquella lucha del hombre con los brutos, da, como todas las obras de los antiguos, una idea portentosa del poder físico de la naturaleza humana: pero aquel poder tiene cierta nobleza que ya no se encuentra en nuestro orden social, en que la mayor parte de los ejer–

martes, junio 30, 2009

Viage ilustrado (Pág. 405)

Iglesia de San Pedro en Roma

bóveda del Panteon, y producen el efecto mas admirable. Lo mismo puede decirse de otra gran composición de Bernin, llamada la cátedra de San Pedro, que termina la iglesia de una manera felicísima. Los cuatro doctores que sostienen esta cátedra son de un gran estilo, y tiene cada uno cinco metros de dimensión. A ambos lados de esta máquina colosal hay dos mausoleos hermosísimos de dos papas, Pablo y Urbano VIII. El magnífico pabellón de bronce, de que acabamos de hablar, puede en cierto modo, servir de medida para juzgar de la grandeza del edificio en que está colocado, considerando que desde el pavimento de la iglesia hasta lo mas alto de la cruz que le termina, hay 41 metros de altura; pero como nada es grande sino por comparación, este pabellón, que seria colosal en cualquiera otra parte, no es mas que proporcionado bajo una cúpula cuya altura interior es de 113 metros con un diámetro de 44 (1)
El palacio del Vaticano, donde reside el papa, está junto á la iglesia de San Pedro, y mas que un edificio regular, es un conjunto de hermosos pedazos mal unidos. Cuéntanse en el doce mil quinientas cámaras, salas y gabinetes, y brilla por todas partes la mas estraordinaria magnificencia. La biblioteca que hay en él es muy grande y posee infinitos manuscritos, aunque el tesoro inagotable del Vaticano son los frescos de Rafael.
Las breves líneas en que Mad. Staël describe la visita al Vaticano de Osvaldo y Corina en su célebre novela que lleva el último nombre, nos parecen tan bien escritas y tan dignas del asunto que las inspiraron, que no podemos menos de reproduciarlas en este lugar y en una obra como la presente.
«Fueron primeramente, dice, al Museo del Vaticano, aquel palacio de las estatuas donde se vé la figura humana divinizada por el paganismo, como ahora por el cristianismo los sentimientos del alma. Corina hizo repasará Osvaldo aquellas salas silenciosas, donde están reunidas las imágenes de los dioses y de los héroes, donde la mas perfecta belleza, en eterno descanso, goza al parecer de sí misma al contemplar aquellas facciones y aquellas formas admirables, se penetra no sé de qué designio de la Divinidad con el hombre, espresada en la noble figura con que le dotó; y el alma se eleva en tal meditación á esperanzas llenas de entusiasmo y de virtud; porque en el universo no hay sino una belleza, y con cualquier forma que se presente, escita siempre un movimiento religioso en el corazón del hombre. ¡Qué poseía para aquellos semblantes donde está siempre fija la espresion mas sublime, donde los mas grandiosos pensamientos se vén revestidos de tan digna imagen!
»A veces un escultor antiguo no hacia en su vida mas que una estatua, y aquella era toda su historia, que diariamente perfeccionaba; si amaba, si era amado, si recibía de la naturaleza ó de las bellas artes


(1) Domico Fontana, uno de los artistas mas grandes que empleó Sisto V, en este edificio, calculó que el gasto hecho en su tiempo y hasta entonces, subia á 45.000,000 de escudos romanos, lo cual hace una cantidad aproximada de 245.230,000 de francos. Considérese después el número de mármoles preciosos, pórfido y granito que adornan su interior, añádanse las pinturas en mosaico; estímense los bronces del pabellón y de la cátedra, y lo que han debido costar la plaza y el peristilo, y se verá que no basta con doblar dicha suma; por lo cual debe decirse que un edificio de esta clase no podía en los tiempos modernos haberse hecho sino en Roma, y por soberanos como los papas, que tienen el derecho de obtener estas enormes sumas para el culto de un Dios al cual lo deben todo, y del que son los primeros ministros.

jueves, junio 25, 2009

Viage ilustrado (Pág. 404)

gusto, no fué después sino una de las ideas de Miguel Ángel, el remate de su iglesia de San Pedro. «Vosotros admiráis, dijo él á las naciones, la masa del Panteon, y os espantáis de que la tierra lo sostenga; pues yo lo pondré en el aire.» El genio de Miguel Ángel pronunció estas atrevidas palabras, y su mano lo ejecutó. Dejemos á otros el cuidado de contar todos los mármoles, todo el pórfido, todo el granito que enriquecen el interior de este edificio, que posee ademas el precioso tesoro de las cenizas de Rafael.
Si el Panteón es el mas bello monumento del genio romano, el Coliseo es, sin contradicion», el testimonio mas admirable de su poderío. En el recinto que lo abraza, en la multitud de piedras que lo componen, en la reunion de columnas de todos los órdenes que se elevan circularmente unas sobre otras para sostener tres hileras de pórticos, en todas las dimensiones, en una palabra, de este edificio inmenso, reconocéis inmediamente la obra de un pueblo soberano del universo, y esclavo de un emperador. Vespasiano fué quien hizo levantar este prodigioso anfiteatro, al cual dio el nombre de Flaviano, del nombre de la familia de este emperador, y Colosseum, porque se veía cerca del sitio en que se construyó una estatua colosal de Nerón. Dos mil esclavos judíos, que Vespasiano habia traído de su espedicion á Judea, fueron empleados en su construcción, que quedó terminada en menos de dos años. Su solidez es tal, que habría triunfado completamente del tiempo, si los romanos modernos no hubiesen precipitado su ruina, demoliéndolo para emplear sus materiales en sus construcciones modernas. El palacio Farnesio, la Chancillería, y el palacio de Venecia en Roma fueron edificados con sus restos. La parte izquierda del Coliseo se encuentra felizmente bastante conservada todavía; mas todo lo demás, y casi todo el interior se halla destruido. Los pórticos del piso bajo y los del principal subsisten aun en el lado que mas se conserva, y se ven ademas porciones considerables de bóvedas donde estaban las gradas ó asientos en que se colocaban los espectadores, pero de los cuales no queda ya vestigio alguno. Desde lo alto del plano inclinado que estas bóvedas forman, es desde donde se disfruta todavía del espectáculo de obra tan admirable en toda su estension, y del efecto figurado que debian producir cien mil espectadores reunidos, aplaudiendo unánimemente el triunfo de algún gladiador.
Después de estos principales monumentos, lo que mas recuerda y caracteriza en Roma la grandeza de los antiguos, en sus edificios públicos, es la vista de las agujas ú obeliscos egipcios que se encuentran todavía en algunas de esta ciudad. Los romanos, ilustres bandidos que despojaron á las naciones vencidas de todos los objetos de lujo que en ellas encontraron, cogieron de Egipto, hallando medio de trasportarlas á su pais, aquellas masas enormes, las cuales emplearon después en adornar sus circos y sepulcros. Augusto fué el primero que las dio á conocer en Italia, haciendo colocar en medio del gran circo y consagrando al sol, el obelisco que todavía se ve en la actualidad cuando se llega á Roma por la puerta del Pueblo. En Aurelio Victor, se lee que habia en esta ciudad cuarenta obeliscos semejantes aunque de tamaños distintos. El mas elevado que se ve aun, es el que Sisto V hizo poner delante de la iglesia de San Juan de Letran, y que tiene, comprendiendo el pedestal, 47 metros de altura. Pero el mas hermoso y mejor conservado es el que ocupa el centro de la columnata de San Pedro, y que fué igualmente puesto por orden de Sisto V; es de un pedazo de granito de 24 metros de longitud, y su altura, con el pedestal y la cruz que lo termina, tiene 41 metros. La columna Antonina, que fué levantada en memoria de las victorias de Marco Aurelio es del género de la columna Trajana, y casi tan alta como ella, pero de gusto menos delicado, y adornada con bajos relieves de menor estimación.
El Foro, esta plaza tan célebre en otro tiempo, cubierta de templos, palacios y arcos triunfales, que era el centro de Roma, y por consiguiente del mundo conocido, y el teatro de tantas revoluciones, el Foro, actualmente un montón de ruinas, está reducido al campo de las vacas, Il Campo vaccino.
La moderna Roma no tiene la grandeza de la antigua, pero los edificios que la adornan, la hacen quizá llevar ventaja sobre la de otros tiempos. Esta ciudad, cuando era reina del mundo, no tenia nada que pudiese compararse á la iglesia de San Pedro, al palacio del Vaticano, y tal vez, otras muchas iglesias modernas oscurecen á los templos antiguos por la belleza de la arquitectura, y la riqueza de los materiales y ornamentos. Pero detengámonos enfrente de la iglesia de San Pedro que hemos visto al paso; una plaza magnífica se abre en círculo delante de este soberbio templo; en medio de este inmenso recinto, coronado circularmente de un vasto pórtico que sostiene sobre cuatrocientas columnas magestuosas, doscientas estatuas colosales, se eleva atrevidamente al aire, el magnífico obelisco de granito de que hace poco hemos hablado. No es cosa sorprendente que la iglesia de San Pedro haya venido á convertirse en un edificio tan prodigioso: fué proyectada por Julio II, emprendida por el genio de Leon X que ambicionaba obras maestras, y en fin, al cabo de muchos siglos, acabada por un hombre como Sisto V, que todo lo quería dejar concluido. Este monumento es uno de los mas estensos que se conocen. Divide en dos partes el monte Vaticano, cubre el circo de Nerón sobre el cual se halla fundado, y acaba de formar, entre Roma y el universo, la célebre via Triunfal. Podria amontonarse á mayor altura, sobre una superficie mas grande, mayor cantidad de piedras; pero de tantas porciones colosales, hacer un conjunto que solo respira grandeza, de tantas y tan brillantes riquezas construir un monumento que solo parece magnífico, y por último, de tantas partes hacer un todo, he aqui la obra maestra del arte, y la obra que se debe en parte á Miguel Ángel. Bramante, fué quien hizo el primer plano de esta iglesia, y quien empezó á ejecutarla: él llegó á concebir una cúpula mas atrevida y soberbia que la que tiene, pero pareció imposible el construirla. Miguel Ángel corrigió á su predecesor, é imaginó solamente lo que los hombres podian ejecutar mas grande y magnífico en arquitectura, en una palabra, el último grado de la posibilidad, que es donde el verdadero genio debe detenerse. Se halla edificada en forma de cruz latina, y del centro de esta cruz es desde donde se eleva magestuosamente la cúpula, cuya idea fué concebida por la vista del Panteón. Bajo esta cúpula está el altar mayor. El soberbio pabellón que le cubre y corona es lo que mas llama la atención cuando se entra en el templo; se halla sostenido por cuatro grandes columnas compuestas, las cuales fueron hechas por entonces, lo mismo que la cátedra de San Pedro, con el bronce que se saco de la

martes, junio 23, 2009

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su monarca dicta leyes como el mas poderoso rey, pone constituciones representativas cuando le parece, las quita asi que se cansa de ellas, y en fin, se entretiene en jugar á la magestad, si nos es permitido espresarnos asi.

ESTADOS ROMANOS.

Los Estados romanos tienen por límites, al N. la Toscana; y la Lombardía y al Mediodía de Nápoles; al 0. E. los baños Mediterráneo, á donde desemboca el Tiber de gloriosa memoria, y al E. el Adriático, sabinos, veyos, samnitas, hérulos, volscos, albunos y otros pueblos famosos por sus luchas contra el imperio naciente de Rómulo, y mas aun por sus derrotas, han formado parte de estas comarcas, que después han venido á ser la herencia de San Pedro. Muchos pueblos bárbaros han pisado sucesivamente el suelo donde se elevaban sus antiguas ciudades, de las que no queda mas que ruinas. Pero por todas partes, gloriosos recuerdos desde Eneas hasta Napoleon, admirables bellezas naturales, cascadas, lagos deliciosos, y soberbios palacios, se presentan al viagero á cada paso que da, y escitan vivamente su atención; pero sobre todo, lo que reasume para él toda la Italia, tanto la de los antiguos tiempos, como la de nuestros días, es la ciudad de las siete colinas, Roma.
Ferrara tiene sus palacios desiertos, las estatuas del Áriosto y la prisión del Tasso; Bolonia su antigua y célebre universidad, sus torres inclinadas y su galería de pinturas; Faenza sus famosos vidriados; Perusa, la gloria de Perugino; Asis, los restos de San Francisco; Ancona la anchura de su puerto y su proximidad á Loreto; Tívoli, sus cascadas, su villa de Este, su villa Adriana y sus deliciosas arboledas que sucesivamente vieron reverdecer Virgilio, Horacio, Catulo y posteriormente Zenobio: Fracati, sus dulces campiñas; Ostia, el último adiós de San Agustin á su madre; Viterbo es la ciudad de las fuentes hermosas, Orvieto, la de los escelentes vinos; Espoleto, recuerda los pelasgos; Rávena, á Teodorico, Narsés y Belisario; Sinigalia , tiene su célebre feria; Benevento, su arco triunfal; Terracina, sus lagunas Pontinas y sus leyendas siniestras de bandidos; Terni, su inmensa cascada, y en fin, Subiano muestra al viagero en el convento de San Benito, sus enramadas de rosales donde circulan blancas serpentinas. Pero todas estas curiosas ciudades, á pesar de su belleza y de los tesoros de historias y de artes que encierran, desaparecen y se eclipsan delante de Roma, como desaparecen las estrellas al venir la aurora. Cuando el viagero desembarca en Civita–Vechia y sube y baja sucesivamente las colinas fluctuantes que rodean las marismas por este lado, atraviesa con emoción la campiña desierta que se presenta ante él; mas bien pronto no mira mas que con ojos distraidos los campos de lirios que bordan el camino, los grandes bueyes que pacen y las cabras encaramadas en la punta de las rocas, y su vista, abarcando el horizonte, quiere devorar la distancia, desea adivinar un punto en el espacio, un punto que ignora, pero que presiente; este punto es la cúpula de San Pedro, Roma.
Apenas ha atravesado los jardines cubiertos de rosales y ha penetrado por la puerta Cavaligiera, comienzan á desarrollarse ante su vista las maravillas de la ciudad eterna. A su izquierda se levantan San Pedro, el Vaticano y su columnata, y á su derecha se ostenta á su vista el castillo de Sant–Angelo; atraviesa el Tiber por un puente adornado de estatuas colosales, sigue la via de los Contadinos, llega á la plaza de España y se halla al pie de la Scalinata; delante de él está el Monte Pimio con la academia francesa, la Trinidad del Monte, y formando ángulo con la via Festocalenda, la casa que habitó Poussin. Después atraviesa el Corso, que por un lado termina en la villa Borghese y por el otro en el palacio de Venecia; el corso, teatro de las carreras de caballos barberinos y de las mil locuras del carnaval.
Es imposible dar un paso en Roma sin encontrar ruinas en mejor ó peor estado que recuerdan toda la serie del pasado, desde las prisiones Mamertinas basta la casa de Rienzi. Entre las que están mejor conservadas se distinguen los arcos de triunfo de los emperadores Tito y Constantino. El primero no tiene mas que una arcada, adornada por dentro de bajos relieves que representan por un lado á Tito, en una carroza tirada por cuatro caballos después de la toma de Jerusalen, y por el otro, el candelero de los siete brazos, la mesa de oro y los demás despojos del templo. El segundo tiene tres arcadas, y fué erigido por el senado y el pueblo romano en honor de Constantino, después de la victoria que alcanzó sobre Maxencio. El arco de Tito esta al pie del monte Palatino. Sobre este monte está el Capitolio, que dio la ley á todo el mundo, y del cual no queda mas que el nombre, pues fué reemplazado por un moderno edificio, que es un museo donde se conservan muchas esculturas antiguas. La roca Tarpeya está enterrada en mas de sus tres cuartas partes. El monte Palatino contiene muchas iglesias, el jardín de Montalto, que es uno de los mas bellos de Roma, y sobre todo la columna Trajana, que está de pie, intacta como si acabara de ser colocada. Esta columna es admirable por sus proporciones, por su forma y por su escultura. Toda la vida militar de Trajano esta esculpida en ella en triunfos, llegando quizá á mil los personages que se ven, entre los cuales el buril y el pincel acuden á buscar todos los dias espresiones, actitudes y formas. Su base es magnífica y se halla revestida de cascos, corazas y de una multitud de instrumentos de guerra.
Pero junto á la plaza Nabona es donde hay que admirar el monumento mas magnífico de la antigüedad, el Panteón, que no se llama sino la Rotonda.
Consagrólo Agripa á todos los dioses, y después los papas á todos los santos, dedicatoria que le preservó de la destrucción que cupo á la mayor parte de los otros templos. Fué despojado, no obstante, de todo lo que constituía su riqueza; perdió sus mármoles, su pórfido, su alabastro y sus bronces, aunque conservó la bóveda, su peristilo y sus columnas corintias, sobre las cuales reposa el fronton de este monumento inmortal. Las columnas tienen la belleza armónica de las proporciones mas perfectas, del mas esquisito trabajo, y el mérito de una duración de veinte siglos. La puerta de la Rotonda es verdaderamente la puerta de un templo, la puerta del Panteón, la puerta por la cual debían pasar las oleadas de las naciones, que todas las creencias del universo arrojaban allí... El diseño de este edificio es sencillo y grande; una vasta cúpula lo corona magestuosamente.
He aqui, pues, el Panteón que espantó la imaginación romana, y que no sorprendió á Miguel Ángel. El Panteón, que fué un pensamiento del siglo de Au–

sábado, junio 20, 2009

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de Niolo y las agradables y fértiles cercanías de Dalagna. Sus poblaciones mas notables, son: San Florencio, cuya admirable catedral, de estilo gótico, llama la atención de todos los inteligentes; Calvi, plaza fuerte de 1,000 habitantes, arruinada en parte desde el asalto que sostuvo contra los ingleses en 1791; Corte, Olmeto, Sartone, teatro de escenas sangrientas en 1830; Bonifacio y Morosaglia, cuna y frecuente morada del célebre Paolí. Las playas corsas están rodeadas de pequeñas islas, entre las cuales se distinguen la de Rossa, que tiene una pequeña ciudad de 1,400 almas, las poblaciones de Calacucia y Dartelica, y los baños de Guagno, de Pietrapala y otros. Los habitantes de esta isla son en general de un carácter fuerte y vigoroso, al paso que muy dados á la venganza. Entre las gentes notables que aquí han visto la luz primera, pueden contarse la familia de Bonaparte, el célebre guerrero y político Pascuale Paolí, el conde Pozzo di Borgo, Salicetti, Sebastiani y otros, que, asi con sus libros como con sus espadas, han logrado causar la admiración del mundo.
GRAN DUCADO DE TOSCANA.

El Gran Ducado de Toscaza está comprendido entre los territorios de Luca y de Módena, los estados romanos y el Mediterráneo. Esta es la antigua Etruria, donde los pelasgos, los meonios de Lydia, los ligurios y otros antiguos pueblos vinieron sucesivamente á plantar sus tiendas y á traer sus artes y sus creencias. Vencida Roma, los godos, los lombardos, y los francos de Carlo–Magno se apoderaron sucesivamente de esta parte de su herencia. Después, la Roma de los Papas estableció aqui repúblicas, cuyas libertades y riquezas absorbieron en provecho suyo los Médicis. Tal es la suerte de todo lo que es bueno, escitar la envidia y ser objeto de la ambición, porque la Toscana, sobre todo después de la desaparición de las marismas, es un magnífico pais, fértil en todos los productos meridionales, poblado de hombres activos, inteligentes é industriosos, y Florencia, su capital merece su nombre de ciudad de las flores; flores de rosa que caen en festones sobre sus muros, y flores del genio y de las artes, porque es la patria de Miguel Ángel, de Maquiavelo, de Galileo y del Dante, que soñó el infierno cuando fué desterrado de su ciudad natal.
Florencia, situada á orillas del Arno, en medio de una llanura esmaltada de flores, ve elevarse en segundo término y en torno de ella una corona de colinas cubiertas de olivares, de viñedos y de deliciosas aldeas. Sus monumentos son dignos de la ciudad que los contiene. La catedral y la Campanila son de una arquitectura admirable. El palacio Pitti, que hoy habita el gran duque, y cuya base esterior está compuesta de grandes rocas cortadas, admira por de fuera por su sólida construcción , y por dentro por el lujo de sus adornos y por la maravilla que encierra. La plaza del Gran Duque, con su torre de la edad media y su Loggia dú Lanzí, magnífico pórtico adornado de estatuas, obras maestras del cincel italiano, es de un efecto imposible de describir. Si se entra en la iglesia de Santa Cruz, se siente una emoción inesplicable á la vista de los sepulcros de Galileo, de Miguel Ángel, de Alfieri, de Maquiavelo y de Leonardo Bruni, el Aretino. El palacio Strozzi que compone solo una manzana rodeada por cuatro calles, con sus ventanas estrechas, y sus troneras en el piso bajo, que parecen preparadas siempre para las sediciones interiores y las guerras civiles, es un verdadero monumento de arquitectura florentina. No enumeraremos las bibliotecas, los museos, las preciosas colecciones que encierra la ciudad de los Médicis; pero no podemos abandonar sus muros sin hacer mención de la Rotonda, de este tabernáculo del arte, donde la Venus de Medicis se eleva sobre su atrio de mármol, junio á la Niove, enfrente de la Venus del Ticiano, de la Sacra familia, de Andrés del Sarto, y de otras obras maestras escogidas, cuyo grupo está tan felizmente combinado, que nada hay en el mundo con que compararlo.
Añadiremos para que nuestro cuadro sea lo mas completo posible, que Florencia es nombrada por sus mosaicos incrustados de piedras preciosas, sus sederías, sus sombreros de paja y sus porcelanas.
Pisa, la antigua rival de Florencia, y poderosa república comercial en el siglo XIII, es ahora una ciudad llena de encanto y de interés. Su torre inclinada, que se levanta oblicua sobre una vasta plaza invadida por la yerba, cerca de su magnífica catedral de mármol, de su Baptisterio y de su Campo Santo, es uno de esos espectáculos que es necesario ver para apreciarlos. El Campo Santo es un cementerio, pero es lo mas poético que se puede soñar; mas de seiscientas tumbas de mármol de Páros pueblan este religioso recinto, al que decoran frescos de Orcagna; y la tierra misma que lo compone fué traída de Jerusalem por los piadosos guerreros de la tercera cruzada.
Siena es rica, industriosa y muy poblada; apenas se ve en esta ciudad un mendigo. Liorna es el puerto franco de la Toscana, lo que da á su comercio una gran estension. Liorna que no era mas que un pueblo pequeño cuando Pisa florecía orgullosa con sus 120,000 almas, cuenta hoy cerca de 80,000, mientras que esta apenas tiene actualmente 20,000.
A causa de los tratados, el Ducado de Luca ha venido á ser una dependencia del Gran Ducado de Toscana. Durante cerca de cuatrocientos años los lucanos se rigieron por un gobierno democrático, y si se ha de juzgar por su población, comparada á la estension de su suelo, fué un pueblo dichoso y próspero. Los lucanos son industriosos y amantes del trabajo; de su territorio han hecho un vasto jardín que produce granos, viñas, olivares, castaños y moreras, y hay valles tan bien cultivados y fértiles, que dan quince y veinte por uno. Los lucanos tienen también un aire resuelto y modales desembarazados.
Luca es una hermosa ciudad; sus calles son anchas, bien empedradas y adornadas de casas bien construidas. Su fortificación es regular y se compone de once bastiones. El palacio ducal es un vasto edificio, y contiene un arsenal con lo necesario para armar 20,000 hombres. Hay en Luca muchas manufacturas, de seda, y se hace un gran comercio en aceite, mercería, vinos, frutas, y especialmente en aceitunas. Via–Reggio es un pueblo bastante fuerte y el solo puerto de este pequeño estado. Nada diremos del estado de Monaco, cuya capital tiene 1,200 almas, y cuyo principe apenas puede vivir como una persona decente en Madrid.
Con añadir que, segun la atrevida frase de un viagero, toda la estension de Monaco se atraviesa en el espacio en que se fuma ordinariamente un cigarro, creemos que está dicho todo. Pues á pesar de esto,

jueves, junio 18, 2009

Viage ilustrado (Pág. 401)

blicas han hecho marcadísimos progresos en su enseñanza. Como estos, han adquirido también bastante desarrollo algunos otros medios de civilización.
Las costumbres de los sardos no dejan de ofrecer cosas dignas de notarse, como que son consecuencia de su carácter especial y de la ausencia del trato de una delicada sociedad. Su valor y su amor á la independencia se han manifestado en todas las épocas, como por ejemplo, en 1789, cuando por espacio de cuatro años defendieron contra los franceses el paso de los Alpes, y en 1772, cuando la espedicion del almirante Truquet. Por su espíritu independiente, con justísima razón les aplicó Tácito las siguientes honrosas palabras: Jam domiti ut pareant, nondum ut serviant.
En la población de la Cerdeña se han operado dos movimientos opuestos desde el período último del pasado siglo uno que comprende la época que corrió desde la muerte del rey Carlos Manuel en 1775 hasta 1816, y otro desde este año en adelante: tiempo en que se han establecido las nuevas comunicaciones al esterior: el primero ha sido retrógrado, y el segundo progresivo.
Los sardos conservan como por herencia las ideas del odio y de la venganza: son como los habitantes de su vecina isla, la Córcega; el puñal asesino hace muchas víctimas en manos de estos hombres. Parecen nacidos para diezmar el género humano, sin ningún linage de consideraciones, de filantropía y de fraternidad. Son tan horribles las relaciones que hacen de sus crímenes los viageros, que se cuenta de un sardo que estuvo siete años colocado sobre un árbol muchas horas cada día, sin perder uno siquiera, con el solo objeto de vengarse de un enemigo. Al cabo de este tiempo se realizó la terrible venganza. Dícese aun mas todavía: que las mugeres sardas enseñaban á sus hijos diariamente, desde que empezaban á hablar, la camisa ensangrentada de su padre asesinado, con el fin de desarrollar en sus niños desde la primera edad la idea de la venganza, y de que, corriendo el tiempo, el asesino de aquel fuese también asesinado. Asi estos no dudarían del mal de que habían de morir, si los herederos de su víctima habían también de sacrificarlos. ¡Magnífica cadena es esta con que se establece la vida de relación entre los sardos! Es asombros leer que en una población de 490,000 almas se verifiquen mil asesinatos al año!
Estos hombres son comunmente de mediana estatura, de formas bellas y de gran desarrollo muscular, por lo que tienen unas fuerzas hercúleas. Sin embargo de las malas inclinaciones de que hemos hablado, son amigos de conceder hospitalidad, y laboriosos por naturaleza, aunque por educación no practiquen estos actos. Son grandes sus facultades intelectuales, y mucho su gusto, y notable su disposición para la literatura y la poesía. No saben atesorar el oro, porque prefieren gastarlo en objetos de lujo, en ricos manjares para la mesa y en sus diversiones favoritas, la caza y la danza. El equilibrio interior de la familia saben mantenerlo perfectamente para no ver nunca turbada la paz; pero la idea de la venganza que los domina, es capaz de dar en tierra á cada momento con esa tendencia á la armonía del orden.
En sus bailes observan con rigor una costumbre, que, ¡ay! del que ose alterarla. Los casados enlazan las manos tocando palma con palma y cruzando los dedos. ¡Desgraciado el soltero que haga esto con la muger agena ó con la joven con quien no haya de desposarse! Castigo digno de los celibatos.

ISLA DE CÓRCEGA

Siguiendo al viagero ya citado, vamos á ocuparnos aqui brevemente de otra isla notable de Italia, de la Córcega, que cuenta entre sus timbres el haber sido patria de la familia del gran conquistador moderno, del emperador Napoleon Bonaparte.
La Córcega, llamada por los antiguos Kirnos, fué sucesivamente ocupada por todos los pueblos que estendieron su poder hasta esa parle del Mediterráneo.
Habiéndose, hecho independiente en la edad media, fué sojuzgada mas tarde por los písanos y genoveses, contra quienes sostuvo las mas sangrientas y encarnizadas guerras, hasta que estos la entregaron á la Francia en 1786. Esta isla esta atravesada en toda su longitud de S. á N. por una cadena de montañas, cuyas ramificaciones se estienden por toda ella. Sus eminencias mas notables son el monte de Oro y el Rotondo. En las partes montañosas reinan constantemente el frio y la nieve, mientras que en sus valles se desarrolla una admirable y frondosa vegetación, particularmente de viñedos.
Una ancha carretera divide la isla y abre comunicacion entre sus ciudades principales, Bastia y Ajaccio la cual fué comenzada en 1770. Otro camino notable conduce desde Bastia á San Fiorenzo.
Bastia, antigua capital de la Córcega, fué construida en forma de antiteatro, y circundada de apretadísimos bosques. Tiene un puerto pequeño y poco seguro, y su población asciende á 9,500 habitantes, mientras la de su circunferencia llega á 58,000. En ella residen el gobernador militar, el subprefecto y los tribunales superiores. Sus principales iglesias son, la grandiosa y rica catedral, no acabada aun, la Concepcion, y el antiguo convento de San Francisco, convertido hoy en un vasto hospital militar. La biblioteca, existente en el convento de jesuitas, es riquísima por la multitud de legados que se le han hecho.
Ajaccio es la capital actualmente, y residencia del obispo y del prefecto. Está situada en una agradable posición, y tiene un bellísimo puerto. Consta de 9,000 almas.
En la catedral, fábrica del siglo XIV, llama la atención su admirable cúpula y su riquísimo altar mayor. En ella fué bautizado Napoleon en 1771. La casa paterna de este grande hombre se encuentra en una pequeña plaza llamada de Santa Letizia. La ha bitacion donde el bizarro emperador vio la luz primera es objeto de una especie de culto por todos los viageros, á pesar de su miserable aspecto, pues solamente tiene una ventana. Cerca hay un hermoso retrato de Napoleon, debido al pincel de Gerard. El palacio municipal, el teatro, la casa de la familia de Pozzo di Borgo, y la del cardenal Fesch son los edificios particulares mas notables. Este cardenal ha dejado una suma de 400,000 reales para la adquisición de las antiguas propiedades de que gozaba la familia de Bonaparte, y una inmensa riqueza en pinturas que había adquirido en Roma, para establecer en Ajaccio un magnífico museo. La última cosa digna de esta población, es la ciudadela que edificó Enrique II hacia la mitad del siglo XVI.
La provincia principal de la Córcega ofrece vistas tan deliciosas y pintorescas como el amenísimo valle

lunes, junio 15, 2009

Viage ilustrado (Pág. 400)

to, monte muy considerable, que conserva nieve en el verano, y el Limbara, otro monte de notable altura.
Entre todas estas montañas hay numerosas y estensas llanuras, distinguiéndose mucho la nominada Campidano, vega grande y fértilísima, regada por cuatro rios, de los cuales el mas caudaloso es el Tirso, que atravesando la isla, desemboca en el golfo de Oristano. En esta deliciosa tierra, han existido hasta sesenta volcanes, según las tradiciones que en ella se conservan, y el testimonio de la historia.
Las poblaciones principales de la Cerdeña son: Cagliari, cabeza de distrito de la parte meridional de la isla, que consta de 30,000 almas, Sassari, cabeza de distrito de la parte septentrional, muy rica en manantiales de agua, que contiene 21,000 habitantes; y otras, como Oristano, arzobispado de 6,000 almas.
Uno de los edificios mas antiguos, entre los magníficos y numerosos que han ornado esta isla, es el palacio de Medusa, de rara construcion, situado cerca de Laconi y de Sorgano. Lleva el nombre de la maga que pintaban los poetas como la mas hermosa de las princesas de su tiempo, porque parece que nació y reinó en la antigua Sardinia, hoy Cerdeña. Tiene esta, dos universidades, una en Cagliari y otra en Sassari, y una sociedad agraria y económica. El mínimun de sus fuerzas militares de todas armas es de 16,000 hombres; pero en caso necesario pueden ascender hasta cerca de 100,000. La marina sarda es escelente, como acreditó la espedicion de Trípoli.
Entre sus fortificaciones distínguense como las mas notables las que construyeron los españoles en el siglo XVI. Merecen particular mención el pintoresco castillo de Sassari, en cuyo campanario aun lucen las armas aragonesas. Esta fortaleza es de época anterior: fué edificada en 1330, cuando los sardos se rebelaron contra el rey don Alfonso de Aragón.
El número de habitantes que hoy tiene la Cerdeña, es de 400,000. Su idioma es una verdadera mezcla de los de algunos de sus conquistadores, principalmente del griego, del árabe y del español, y tiene la particularidad de carecer de futuro. Por esto se ha dicho que los sardos no pensaban en el porvenir. Ademas de su lengua, usan varios dialectos: el catalán, el genovés y el patuescorso.
Si el comercio de la India, dice un viagero, vuelve algún dia á tomar el camino de Suez y del mar Rojo, la Cerdeña será sin duda, una hermosa y cómoda escala, debida á la buena posición del golfo de Cagliari, el cual es muy á menudo surcado por todos los buques procedentes de Levante que se dirigen al Oeste y al Norte del Mediterráneo. El coral que producen las costas de estas islas es famoso por su hermosura, y constituye uno de los principales géneros de su riqueza, asi como su escelente trigo, el atún que en ella se pesca, que siendo á razón de 100,000 por año, da una renta de 8.000,000 de reales, y la gran cantidad y buena calidad de su queso, que proporciona á los lazzaroni de Nápoles un manjar delicioso unido á sus esquisitos macarrones.
Mucho mas adelantados pudieran encontrarse cntre los sardos la industria, la artes y el comercio, si desde antes de haber empezado á gozar de los beneficios de la paz hubiesen tenido gobiernos protectores y que se hubieran cuidado mas de los adelantamientos de su conquista que de su propio engrandecimiento. Su buena posición para el comercio con el esterior, la proverbial fertilidad de sus tierras y las brillantes cualidades con que la naturaleza ha dotado á los naturales de la Cerdeña, son circunstancias todas muy apreciables, y que favorecidas por una administración protectora, hubiera sido muy fecunda en felices resultados. Pero la aproximación de la isla al continente latino la ha obligado á estar siempre sometida al yugo de los diferentes estados de Italia, habiendo sido muy breves y fugaces los días de su independencia.
De muy poco, pues, lo han valido su ventajosa posición, que abre sus puertos y sus radas al comercio, y atrae la industria nacional y estrangera, y el talento, el valor, la agreste originalidad de los sardos, y otras prendas no menos dignas con que la ha favorecido el cielo, sin duda para que jamás ocupase el miserable lugar que ha ocupado en el cuadro de los pueblos de la culta y civilizada Europa. Asi es que nada han podido las circunstancias favorables que hemos indicado, contra los elementos de ruina que siempre ha abrigado en su seno, los cuales han hecho viciosas sus instituciones, difíciles, sino imposibles, sus obras de comunicación interior, estraña la armonía y el equilibrio social, y frecuentes y familiares solamente el vicio, el pillage, el robo y el asesinato. Si á todo esto se añade la indolencia, hija de la temperatura del clima, que domina á los sardos, tendremos el conjunto de causas que han neutralizado sus facultades y paralizado los progresos de la industria y de las letras entre los moradores de esa isla tan codiciada por los estrangcros.
Por mas que el estado de su civilización sea nada envidiable, no es posible convenir con la Bruyere en el juicio que ha formado de los hijos de la Cerdeña, cuando dice: «Hay en esta isla ciertos animales feroces, machos y hembras, esparcidos por los campos, negros, lívidos, tostados por el sol, pegados a la tierra, que están cavando con una tenacidad invencible, los cuales tienen una voz articulada, y cuando se levantan sobre sus pies presentan un rostro humano, y se ve que con efecto son hombres, se retiran de noche á sus pajares, donde se alimentan de pan negro, de agua y de raices. Esas criaturas ahorran á las demás el trabajo de sembrar, de trabajar y de recoger para vivir, y merecerían ciertamente comer de ese pan que sembraron.» Este juicio, en nuestro concepto, solamente puede ser aplicable á la parte de la población que aun se encuentra en estado semisalvage, y aun asi parece deducirse de sus mismas palabras. A la demás no la consideramos merecedora del lamentable descuido á que ha estado reducida.
La Cerdeña rinde al erario 3.000,000 reales por contribuciones indirectas, y muy cómodamente podría rendir mucho mas, si sus intereses agrícolas no estuviesen heridos de muerto por los muchos feudos que absorben el numerario, sin servir de nada para el cultivo de la tierra. Existen setenla y seis feudos, cuya influencia ya ha sido muy modificada por la autoridad real. Si el gobierno piamontés sigue mirando por los intereses de la isla, nada tiene de estraño que comience á ser otra su suerte. Las reformas introducidas por la última administración ya han empezado á hacerse perceptibles. Un camino real y otras varias comunicaciones han estrechado los vínculos de amistad entre los hijos de Cagliari y de Sassari, acérrimos enemigos antes de las relaciones nuevamente establecidas. Se ha levantado un cuerpo de ingenieros, con destino á los puentes y calzadas, y las escuelas pú–

viernes, junio 12, 2009

Viage ilustrado (Pág. 399)

nova era una de las repúblicas mas antiguas de Europa; su gobierno era aristocrático, y su gefe llevaba el título de Dux, siendo necesario para obtener esta dignidad tener cincuenta años por lo menos. Cada dos años se renovaba el dux y no podia volver á ser reelegido antes de cinco años. Durante muchos siglos, Génova enriquecida por su inmenso comercio cubrió con sus ilotas el Mediterráneo y el Ponto Euxino, y todavía se ven los restos de muchas de sus colonias en las costas del Asia Menor. El ducado de Génova es en general montuoso y poco fértil, y tiene que llevarse casi siempre de Africa, de la Sicilia y de otros países el trigo necesario para su consumo. Génova está situada casi en medio de su territorio, y construida en forma de anfiteatro en la pendiente de una colina y á la orilla del mar. Su población pasa de 100,000 almas.
«Si se quiere ver la calle mas hermosa que hay en todo el mundo, dice un viagero, es menester ir en Génova á la calle Novissima. Sobre dos líneas muy prolongadas y un pavimento de lavas, una multitud de palacios rivalizando en riqueza, en magnificencia y en elevación, ostentan sus pórticos, sus fachadas, sus peristilos brillantes de estuco negro, blanco y de mil colores. Las casas de Génova son muy altas y las calles muy estrechas; el sol no baja á ellas nunca, y parece que Génova está edificada solamente para una estación, parece una ciudad de verano.
«Nada produce un efecto mas singular que las azoteas cubiertas de jardines y remplazando al tejado de los palacios y de las casas, sobre todo, cuando se ve de lejos. No se limitan á cultivar alli pequeños arbustos y enredaderas, las azoteas están construidas de modo que pueden soportar una espesa capa de tierra, de donde descuellan naranjos de mas de seis metros de altura.
En Génova se admira el aseo y el aire resuelto de las gentes del pueblo; las mugeres son muy elegantes y llevan con mucha gracia un gran velo blanco, llamado mazzaro, con el que cubren la mitad de la espalda y los brazos. Los genoveses poseen cultura, talento, libertad en las ideas y una afición marcada al comercio.»
La Cerdeña, al S. de la Córcega, de quien no está separada mas que por un brazo de mar, de 16 á 20 kilómetros, es una de las grandes islas del Mediterráneo. Los griegos la llamaron Ichnusa ó Sardon, y los romanos Sardinia. Algunos pretenden que la piedra preciosa llamada sardónica ha tomado el nombre de este país, y que la risa sardónica era una enfermedad mortal, producida por la raiz de un ranúnculo que se cría en la isla; lo que sí es mas cierto es, que las sardinas que se pescan en sus costas han recibido realmente de ellas su denominación. La población de la isla asciende á cerca de 500,000 habitantes.
Su fértil suelo producía en otro tiempo tanta abundancia de trigo, que Roma miraba la Cerdeña como uno de los graneros de la república, hoy produciría lo mismo, si no fuera por el terreno que se pierde en bosques inútiles, y en lagunas de aguas estancadas que infestan el aire. El ganado vacuno se multiplica maravillosamente, y produce mucho queso y cueros. Los caballos que se crian en la isla son también muy estimados. Las montañas y colinas abundan en caza de toda especie; por todas partes se ven bosques de olivares, de naranjos y limoneros, y todas las frutas son escelentes en este pais. La tierra está cubierta de flores todo el año; en las montañas hay minas de plomo, de hierro, de alumbre y de azufre, y en las costas se pesca el atún y la sardina. Añadamos á estas ventajas la de tener la Cerdeña muy buenos puertos para el comercio capaces de recibir toda clase de buques, y que aqui como en la India se cria el algodón y el añil.
La principal ciudad es Cagliari, situada á orillas de un gran golfo que lleva su nombre. Su puerto, que es muy seguro, puede contener un gran número de embarcaciones. Las otras ciudades son: Sassari, Oristano, Alghero y Terranova. En tiempo de los romanos, que la conquistaron después de los pelasgos, los fenicios, los etrusos y los cartagineses tenia esta isla cuarenta y dos ciudades.
De esta isla interesante por mas de un concepto, y que ha dado nombre á los estados sardos, ha hecho una descripción muy exacta un viagero va citado por nosotros en esta obra, el señor Gutiérrez de la Vega, de cuyo viage hemos tomado los siguientes apuntes, que no vacilamos en añadir, porque en un libro de esta especie no pueden de modo alguno ser prolijos.
Esta isla fué ocupada en sus primitivos tiempos por los griegos, y después sucesivamente por los iberos, tespienses, troyanos, libios, cartagineses, pueblo del bajo imperio, Carlo–Magno, moros, genoveses y písanos, hasta que los españoles se apoderaron de ella en el reinado de don Jaime II de Aragón, los cuales, después del tratado de 1720, la entregaron a la casa de Saboya.
Sus primeros habitadores le dieron el nombre de Ichnusa, ó planta del pie, en vista de su rara configuración, asi como compararon a una galena la Mesopotamia, y el Peloponeso á una hoja de plátano. Después cambió aquel nombre por el de Sardan, caudillo de los libios. De este se deriva el de sardina, pescado que se cria en abundancia en las playas de la Cerdeña.
Durante los ocho siglos en que esta isla estuvo sometida al poder de los romanos, corrió una época de completa prosperidad por lo mucho que se multiplicaron sus habitantes, las grandes obras, eternos monumentos de las artes, que hicieron sus conquistadores, y las ricas producciones que ofrecían sus fértiles campiñas. No obstante esta circunstancia, el clima de la Cerdeña es tan desagradable, que los romanos constituyeron la isla en destierro de los criminales, sin tener en cuenta, que tal castigo puede muy bien tolerarse en medio de una frondosa y pintoresca vegetación como la que tiene, ofreciendo los mas poéticos y risueños paisages. Para que nada fallase en esta época tan brillante para la antigua Ichnusa, entonces fué cuando el apóstol San Pablo esparció sobre ella la fecunda semilla de la religion cristiana, al hacer su viage desde el Africa á España.
Esta isla está atravesada en distintas direcciones por cinco cadenas de montañas, una que corre desde las rocas de Bonifacio hasta el cabo de Carbonera, que es la mas considerable; otra que desde el cabo de la Frasca, cerca del golfo de Oristano, pasa al cabo de Tenlada; la tercera, continuación de esta, que ocupa el Norte Occidental de la Cerdeña, y otras dos que constituyen los montes de Ales y de Santa Lisurgia, que se pierden en el mar de la Córcega. En la primera, cadena de montañas se levanta el Genargen

martes, junio 09, 2009

Viage ilustrado (Pág. 398)

ofrece á primera vista al viagero todas las bellezas salvages de la naturaleza alpestre, y despliega en seguida á sus ojos todas la rica fecundidad de la Italia. Su suelo es tan vario en aspecto como en sus producciones. Se coge en general buen trigo, centeno, cebada, maiz, vinos de mediana calidad, trufas muy estimadas, y arroz en abundancia, que forma un ramo de comercio considerable. Sus abundantes pastos alimentan numerosos rebaños: la seda se recoge en gran cantidad, y es la mejor de Italia, especialmente para torcer.
La principal ciudad del Piamonte es Turin, capital del reino de Cerdeña, y es la residencia ordinaria del soberano Turin forma un cuadro casi perfecto de cerca de cuatro kilómetros. Las fortificaciones consisten en quince bastiones muy regulares y tres fuertes, en los que se ha desplegado todo el lujo de que es susceptible la severidad de la arquitectura militar. Una de estas obras, que cada una por sí sola forma una fortaleza, es llamada, el Bastion Verde, á causa del bonito paseo que se ha construida en su plataforma. Los ángulos de todos estos bastiones están adornados de una garita de piedra labrada, y para guardar simetría se ha construido una en el bastion Verde, mucho mas elegante, que es una especie de pabellón donde en otro tiempo habia un sofá y todos los adornos de un retrete.
Hay cuatro hermosas puertas; la puerta Nueva, la del Pó, la de Suze y la del Palomo, que miran exactamente á los cuatro puntos cardinales, y están adornadas de fachadas de mármol, de columnas, de bronces y de inscripciones. La del Pó particularmente es de un estillo sencillo, pero noble y elegante.
El Pó y el Doire confunden sus aguas á poca distancia de la ciudad. Este último sirve para llenar los fosos, y para limpiar y regar las calles por la noche, para lo cual dan dirección á las aguas. La ciudad esta dividida, por calles cuya mayor parte se cortan en ángulos rectos, en ciento cuarenta ó ciento cincuenta manzanas, siendo la parte nueva la mejor alineada; la calle del Pó, la calle Nueva y la de Dora–Grossa ó de Mont–Cenis, son las mas notables por la belleza de sus edificios, cuyos pisos bajos ostentan soberbios pórticos. La última, construida en tiempo de uno de los últimos reyes, tiene mas de 170 metros de anchura.
La mayor parte de las casas son de ladrillo, lo que les da solidez, y es al mismo tiempo económico, sin que destruya el buen efecto. Algunas casas están rebocadas de estuco; pero este mármol ungido admite fácilmente el polvo, y las lluvias lo destruyen; de suerte, que observando detenidamente, el amante de las artes encontraria una porción de objetos dignos de crítica, pero mirando el conjunto no se puede menos de admirar.
El palacio real presenta por un lado una fachada gótica y por otro es de una arquitectura griega, lo cual le da un aspecto raro; su principal mérito consiste en el lujo de sus adornos y en su hermosa colección de pinturas, fruto de un siglo de trabajo y de cuidados. La Plaza Real, que está frente al palacio, es de un efecto agradable.
El antiguo palacio del duque de Saboya es notable por una columnata que recuerda la del Louvre; la fachada tiene solamente la falta de estar demasiado sobrecargada de adornos.
El teatro es grande y hermoso, y esta cerca del Palacio Real. La platea es de figura oval, como casi todos los grandes teatros de Italia. La embocadura es ancha, y está sostenida por dos grandes columnas corintias coronadas de una cornisa, y otros adornos sostenidos por dos cariátides. El palco del rey tiene diez metros de ancho; los demás tienen dos metros á lo mas, pero mucho fondo, y pueden contener con comodidad ocho personas.
La duración de los espectáculos en Italia hace que los teatros sean mas bien salones donde se va por el único placer de reunirse. Durante casi toda la representación, se toman helados, se juega á los naipes, ó se hacen visitas, y muy poco se ocupan del espectáculo, escepto cuando llaman la atencion algunos trozos escogidos.
Turin es rico en todo lo que puede animar y facilitar el cultivo de las ciencias y de la literatura. El monetario que los reyes de Cerdeña han reunido es uno de los mas completos de Europa; y el museo egipcio es también, en su género la mas bella colección que existe.
La Academia de Turin ha publicado muchos volúmenes de memorias interesantes. De su seno salió el célebre matemático Lagrange, que fué miembro del Cenado conservador en Francia.
Muchas iglesias llaman también la atención de los viageros. Entre ellas, las mejores son: la de San Lorenzo, la de San Felipe Neri y la de Saint–Suaire.
Los alrededores de la ciudad son encantadores. La cordillera de alturas, que se llama, la Colina, está sembrada de soberbias quintas. El convento de capuchinos ocupa también una situación la mas agradable.
Las otras ciudades principales del Piamonte son Alejandría, edificada en honor de Alejandro III. Asti, la antigua Hasta Pompeya y Verceil (Verulla) fundada, según dicen, por Belloveso. En las cercanías de esta última ciudad fué donde los cimbrios fueron derrotados por Mario.
Los piamonteses son italianos por los usos, las costumbres y el idioma, que es un dialecto toscano; sin embargo, no tienen la escesiva viveza de los demas italianos, ni en su rostro se pintan las pasiones con tanta rapidez y energía. Dotados de una estrcmada sutileza, ó por mejor decir, astucia, son desconfiados y taciturnos. Ellos recelan naturalmente de los demás los lazos que ellos mismos están dispuestos á tenderles; por esto es por lo que siempre procuran rodearse de precauciones, como si les amenazasen muchos peligros.
Nada se da en este pais sino por interés; los menores servicios que prestan en las posadas, la menor atención de un mozo de fonda son interesados; si se le pregunta á un hombre del pueblo las señas de alguna parte, no es estraño verle antes alargar la mano, y responder después con una exactitud proporcionada al dinero que ha recibido.
Naturalmente pensativos y melancólicos, parecen hacer poco caso de la poesía. Esceptuando á Alfieri, apenas se cuenta un poeta de genio entre los hijos del Piamonte; pero son mas felices en las obras que necesitan lógica y estudio, y han dado escelentes tratados de filosofía, de jurisprudencia, de medicina y de matemáticas.
El territorio de Genova, confina con el del Piamonte, y se estiende al Mediodía á lo largo del Mediterráneo, en una escala de cerca de 180 kilómetros.
Los latinos llamaban á este pais, Liguria litoral. Gé–

jueves, junio 04, 2009

Viage ilustrado (Pág. 397)

Puente de Carigno en Génova

»Sueltas las colas de las sotanas, revestidos con unas albas cortas y con mucetas grana, entraron los seis canónigos en el coro y á los acordes del órgano empezaron los cánticos de acción de gracias. Cediendo á un movimiento maquinal caímos de hinojos y clavando la vista en el suelo; en todo el tiempo que duró la oración ni nos atrevimos á respirar una emoción profunda nos dominaba, emoción indescriptible, que jamás habíamos esperimentado, una emoción mezclada de respeto y de terror; si, alli, á 8,000 pies de elevación, alli, colocados entre el cielo y la tierra; segregados enteramente de ésta, envueltos en una niebla que no nos permitía ver á diez pasos; rodeados de la muerte y de la destrucción, donde solo viven los que habitan el Hospicio, se ve patente el dedo de la Providencia, el poder inmenso de Dios, la bondad infinita del Creador, que sostiene la fé de aquellos monges para bien de la humanidad; de aquellos monges, que sin el incentivo del lucro, porque no le tienen, sin el de la fama, porque sus nombres quedarán sepultados en la nieve; corren á una muerte cierta y solo de desolación y muerte se hallan rodeados y que, sin embargo, con voz entrecortada, porque tienen una y otra vez que suspender el canto para respirar, alaban y glorifican al Dios que estos trabajos les ofrece; el mas insensible corazón se doma y la mas fuerte organización se clava de rodillas y el descreído el mas ateo reza y teme.
»No, jamás olvidaremos el 7 de setiembre, jamás á aquellos varones evangélicos.
«De vuelta al comedor trajeron un perro, al cual una señorita inglesa cortó un mechón de pelo para colocarlo en un alfiler con cerco de brillantes, que llevaba al pecho; son los perros de gran tamaño y de un olfato prodigioso, tanto, que el camino que una vez recorren, recorren siempre sin desviarse una sola linea, aunque se halle cubierto por diez varas de nieve, y evitan asi que los monges den en despeñaderos, si bien no los libran de las avalanchas, que diezman la comunidad.
»E1 organista acompañó al piano á la inglesa, y tocaron y cantaron varias piezas escogidas de óperas italianas con bastante afinación y gusto: á las diez nos retiramos á nuestra habitación y nos preparamos con un sueño reparador á abandonar el hospicio al dia siguiente. ¡Plegué á Dios que vuelva á pisar las ruinas del templo de Júpiter Penino!»
La Saboya fué habitada antiguamente por los nantuatos, que ocupaban las orillas del lago Léman, los centrones y los allobroges. Los centrones estaban al pie de los Apeninos, y es la que hoy se llamaba la Tarentesia. Por aquí fué por donde pasó César cuando fué á las Galias con aquellas cinco legiones que tan notables llegaron á hacerse. Los allobroges, pueblo estraordinariamente temido de los mismos invencibles romanos, se estendieron por todo el país que está entre el Ródano, al salir del lago Léman, y el Isére. Este pais se divide en seis partes: la Saboya propiamente llamada, el Genovesado, el Chablais, el Faucigni, la Tarentesia, y la Moriena. Hasta el quinto siglo no principió á aparecer en la historia el nombre Sapandia.
La capital de la intendencia general de la Saboya es Chambery, ciudad situada en un hermoso valle pero poco notable por sus edificios, aunque tiene algunas calles anchas y bien alineadas, especialmente una con arcos, debida á la munificencia del general de Boigne. Aix, á 12 kilómetros al Norte de Chambery, es célebre por sus baños. Annecy, sobre el camino de Genova, es la segunda ciudad de la Saboya; situada á la orilla de un lago en un pintoresco valle es igualmente notable por el antiguo castillo de los condes de Genova, como por lo recuerdos de San Francisco de Sales, que está enterrado en su catedral, y Santa Chantal, que instituyó por sus consejos la congregación religiosa de la Visitación, célebre pollos servicios que ha prestado en la educación de las niñas.
Al otro lado de los Alpes y al pie de estos montes, como su nombre indica, está el Piamonte, que

martes, junio 02, 2009

Viage ilustrado (Pág. 396)

Vista del puerto de Génova
un ventisquero ó depósito eterno de hielos, y al llegar á ella la voz sonora y grave del abad nos dijo: «aqui murieron hace algunos años cuatro de mis hermanos» parecía que estas palabras habían surtido en nosotros un efecto prodigioso, caímos de rodillas al pie de la cruz y oramos en silencio; yo hablo de mí, yo tenia miedo; la campana del convento nos sacó de nuestro arrobamiento; precedidos del abad nos dirigimos á la iglesia á oír las vísperas. Tuve la desgracia de perder la senda que el canónigo nos mostraba, y me enterré en una nevera; después de algunos esfuerzos conseguí salir de aquella sima.
»La iglesia es en extremo sencilla, de una sola nave dividida en su mitad por un enverjado; que separa el altar mayor y coro del resto donde se coloca el pueblo, á la izquierda de la puerta se halla el sepulcro de Deux: sobre un alto relieve de mármol blanco, que representa la muerte de este general, se lee esta sencilla inscripción A Deux, mort á la batalla de Marengo.

miércoles, mayo 27, 2009

Viage ilustrado (Pág. 395)

las rocas que los alimentan y hacerlas rodar con estruendo sobre el camino, á poco la negra montaña despareciendo bajo una capa de blanca y eterna nieve, se asemejaba á un cadáver medio envuelto en su sudario y pronto á dar la mano y servir de guia al osado viagero, que se atrevía á turbar el reposo de aquel lugar de muerte y destrucción; ya por el opuesto lado un precipicio sin fondo estrechaba el camino hasta dejarlo con media vara escasa de anchura. Nada turbaba el silencio aterrador de estas comarcas sino el estruendo mas aterrador aun de una y otra cascada que despeñándose formaba riachuelos, que era preciso vadear con el agua á las rodillas. Atravesamos sin detenernos por San Pedro, último pueblo de Suiza, compuesto de veinte ó treinta casas de madera sin mas abertura, que la puerta colocada muy alta para que las nieves no la obstruyan y en donde se halla una piedra miliaria al parecer del tiempo de Constantino, como para servir de límite entre el mundo y el reino de la muerte. En efecto, aquí ya desaparece la vida, se pierde la vegetación, uno que otro manchase de negro y miserable musgo, uno que otro árbol de un verde oscuro y de ramas caídas hacia la tierra, son los únicos vivientes que se descubren; ni aun el cuervo funerario cruza aquellos aires helados. Eran las once cuando llegamos á la cantina, choza miserable que sostiene el gobierno para auxiliar á los viageros, que llegan á ella yertos de frío, y almorzamos un pedazo de pan de maíz, duro como las rocas que nos sustentaban, y un vaso de aguardiente. A las once y cuarto, precedidos de cuatro guias y cuatro mulos portadores de nuestro bagage, y armados de largos bastones de fuerte y acarada punta, envueltos en nuestros albornoces, con botas hasta la rodilla, forradas de pieles y con forradas suelas, sufriendo una nevada espesísima que se cristalizaba en cuanto llegaba al suelo, cayendo en una parte, atravesando en otra charcos y arroyos mas helados aun, cuyos cristales rotos á nuestro peso nos hacían caer en el agua, que helaba nuestros huesos, mirándonos de vez en cuando y aunque silenciosos y aterrados, descubrimos el hospicio á cosa de la una y media; diez minutos después el guia en gefe heria la puerta con un bastón de viage. Dos canónigos jóvenes, envueltos en levitas de piel y con bonetes cónicos, salieron á recibirnos y nos condugeron á un comedor donde después de secar nuestra ropa y reanimar nuestros ateridos miembros junto al fuego, se nos sirvió la comida. Reunidos nos hallábamos en el comedor del convento unas treinta personas, entre las que se contaban los siete canónigos agustinos que forman la altamente benéfica comunidad. Todos siete son jóvenes, el abad cuenta solos cuarenta años y hace muchos que está en el convento. Vestían largas sotanas con cola y sobre ellas levitas de piel, usaban en el convento bonetes cónicos; pero para salir los reemplazan por sombreros de anchas alas y cubren la cara con un antifaz de doble piel. Pronto la conversación se hizo general, y escuchamos de su boca cuales eran sus deberes y cual su método de vida; una vez decididos á entrar en la orden, se trasladan al hospicio, de donde solo salen cuando las reumas contraídas por las humedades y las nieves los obligan á pasar al Monte–Ccnis ó á los curatos de Martegni, Lideo ó San Pedro; durante su permanencia en el convento, tienen la obligación de cruzar el monte dos veces al dia para recoger y dirigir á los estraviados peregrinos; pero á estas escursiones salen siempre dos canónigos por lo menos, cuatro criados y un perro; raro es el año que no perecen algunos victimas de su caridad evangélica; en el convento se recibe á todo viagero sea cualquiera la hora en que llegue, jamás se le demanda su nombre, ni su patria, ni su religion, se le mantiene tres dias según su clase, y al tercero, si no está enfermo, se le despide. La comida terminada, nos dieron el registro por si queríamos inscribirnos en él: muchos años han pasado, muchos nombres hay inscritos alli sin que se lea el de un solo español; al pie de algún trozo de Herrera ó de Rioja, pusimos nuestras firmas, y acompañados del abad, salimos á recorrer la cúspide del gran San Bernardo, y á ver el convento: eran las tres de la tarde, el termómetro marcaba cuatro grados bajo cero.
«Forma el monte en su cúspide un pequeño valle, y alli está edificado el hospicio; es cuadrado, de tres cuerpos y se sube á la puerta por dos escaleras laterales, de unos diez escalones; pasada esta, se halla uno en un pequeño recinto, que alumbra una ventana, debajo de la cual, sobre mármol negro y con letras de oro, se halla una inscripción dedicada por los valesanos á Napoleon; frente á ella, una puerta comunica con un oscuro corredor que conduce á las habitaciones de los criados y á las destinadas para los viageros del pueblo; á la izquierda de la ventana se halla la puerta del comedor; este es cuadrado, le ocupa una larga mesa, y un piano, donación de una señora inglesa; al lado del comedor se encuentra el museo de antigüedades compuesto de varios ex–votos romanos, hallados en el monte y muy bien conservados; en la planta superior se halla la biblioteca, de unos dos mil volúmenes, el gabinete de física é historia natural, el observatorio metereológico, porque los monges llevan un diario exacto de observaciones, y las habitaciones de los viageros distinguidos; en el tercer piso las celdas de los canónigos, nada cómodas por cierto: frente al hospicio se halla otro edificio, destinado hoy á dormitorio de las mugeres del pueblo y á asilo de monges y viageros, en el caso de que un incendio destruya el convento, cosa que se ha repetido mas de una vez. Al lado del hospicio y á su izquierda se encuentra la Morgue, llámase asi á un cabo de piedra de unas 6 varas cuadradas sin mas abertura que una ventana de 5 pies de altura por 6 de ancho, cerrada con una reja y que sirve de depósito á los cadáveres que se hallan entre la nieve; nos asomamos, ni fuerzas teniamos para retroceder, el terror clavaba nuestros pies en el nevado pavimento, nuestros ojos en el fúnebre recinto; hacinados se hallaban en el suelo sobre una alfombra de blancos huesos, unos cuantos cadáveres medio desnudos, que contaban ya algunos años de depósito, porque el aire glacial evita la putrefacción, cuyos ojos entreabiertos y cuya pupila fija parecía observar con avidez nuestro pálido rostro. Alli, al lado de un anciano de blancos cabellos y luenga barba, se hallaba tendido y cubierto por una tosca tela atada á los pies, una joven mas blanca que la nieve que había cortado el hilo de su vida... Había sido bella, y su boca entreabierta parecía sonreírse aun, para aumentar nuestro terror. Abandonamos por fin la Morgue y seguimos subiendo un poco; á la derecha se ve el lago, que ocupa unas diez varas, y cuyas aguas, aguas muertas, se hallaban cubiertas por media pulgada de hielo, le costeamos para dirigimos á una cruz tallada en piedra, que se halla al pie de

lunes, mayo 25, 2009

Viage ilustrado (Pág. 394)

combate mas terrible entre los elementos mas opuestos. Apenas se empieza á ver un poco, cuando se encuentra uno otra vez envuelto en estas espesas nubes y se corre peligro de perderse en lo escabroso de las rocas, bastando estar un momento en medio de estas nubes para verse cubierto de un rocío tan fino que bien pronto moja hasta la piel. Este mal tiempo duró tres días y fué acompañado de un viento muy frio. Aunque el termómetro no bajó mas que á cuatro grados sobre cero, el frio parecia mucho mas vivo y penetrante que el que se siente en las llanuras al mismo grado, lo cual impedia dejar el fuego. El mismo efecto que en nosotros parecia causar en los religiosos, á pesar de estar mas acostumbrados; porque venían con frecuencia á quemarse mas bien que á calentarse, en una gran hoguera de madera de pino que chisporroteaba y esparcía su llama por todas partes. Tales son en general los meteoros de las regiones superiores de los Alpes, y los presentamos por el mismo orden con que los hemos visto. Al fin se descubrió el cielo, la temperatura cambió, y según me dijeron los religiosos, este era el tercer día bueno y sereno que había hecho en todo el año, añadiendo, que había dos en los cuales no se había contado un dia entero sereno.
»En el hospicio no hay nunca mas que diez ó doce religiosos. Es verdaderamente interesante verlos en los dias de gran concurrencia ocupados en recibir los viageros, reanimarlos y asistir y cuidar á los que vienen enfermos ó estenuados por la fatiga y el frio. Ellos sirven con igual esmero á los estrangeros que á los compatriotas, sin distinción de edad, de sexo ni de religion, sin informarse de la patria, ni de las creencias de los que necesitan de sus cuidados; la necesidad ó el sufrimiento, estos son los principales títulos para tener derecho á sus desvelos. Pero cuando su celo es mas meritorio es principalmente en la primavera y en el invierno, porque sufren los mas grandes trabajos y están espuestos á inminentes peligros. Desde el mes de noviembre hasta mayo, un criado de confianza, que se llama maronnier, va hasta la mitad de la pendiente delante de los viageros, acompañado de uno ó de dos grandes perros que están enseñados á reconocer el camino cuando hay nieblas, en las tempestades y en las grandes nevadas y á descubrir los pasageros que se han estraviado. Frecuentemente cumplen los religiosos por sí mismos esta misión, para dar á los viageros socorros espirituales y materiales; siempre que el maronnier no basta á salvar á los que están en peligro, ellos vuelan en su socorro, los conducen, los sostienen y aun muchas veces los cargan sobre sus espaldas y los llevan hasta el convento, teniendo que hacer á veces también violencia á los viageros, que helados se empeñan en que los dejen dormir un poco sobre la nieve, y es necesario arrancarlos por fuerza de este pérfido sueño, que insensiblemente los conduciría á la muerte. Solo un continuo movimiento puede dar al cuerpo el suficiente calor para resistir al estremado rigor del frio; por eso cuando los religiosos se ven obligados á caminar despacio por la mucha nieve que se lo impide, golpean frecuentemente sus manos y pies con los bastones herraque llevan siempre, sin lo cual se les helarían las estremidades sin sentirlo.
»A pesar de todos sus cuidados no pasa invierno en que no muera algún viagero ó llegue al convento con los miembros helados. El celo y la actividad de estos buenos religiosos brilla también en las pesquisas que hacen para buscar á los desgraciados que han sido arrastrados por las avalanchas ó enterrados en la nieve. Cuando las víctimas de estos accidentes no han sido sumergidas profundamente en la nieve, son descubiertos por los perros del convento; pero el instinto y el objeto de estos animales no puede penetrar á una gran profundidad. Cuando se hecha de menos algún viagero, y los perros no pueden encontrarlo, van los religiosos con grandes palos á sondear el terreno, y cuando encuentran resistencia, conocen por ella si es alguna roca ó un cuerpo humano; en este último caso, apartan prontamente la nieve, y muchas veces tienen el consuelo de salvar á hombres que sin su auxilio no hubieran vuelto á ver la luz: á los que encuentran heridos ó mutilados por el hielo, los tienen en el hospicio hasta su completa curación, sin exigirles retribución alguna por ello.»
Según las observaciones hechas por Mr. Pietet, el convento del gran San Bernardo esta á 2,492 metros sobre el nivel del mar, y dura alli el invierno ocho meses. Su posición está muy cerca del término de las nieves eternas, pues está dominada por cimas, que estando á mucha mas elevación que este término, permanecen eternamente cubiertas de nieve y hacen estremadamente frío todo cuanto les rodea. Por esto se comprenderá fácilmente que los alrededores del convento no produzcan nada. Los religiosos tienen solamente un pequeño jardín, abrigado y bien calentado por estiércol, donde con mucho trabajo cogen á fines de agosto algunas coles y lechugas de la especie mas pequeña, no cultivando este jardín mas que por el placer de ver alguna vegetación.
Precisamente al llegar aquí un amigo nuestro, el ilustrado joven don Clemente Fernandez, que acaba de hacer un escelente viage por Europa, nos ha facilitado la siguiente relación de su visita al famoso San Bernardo. Como según todas las probabilidades, no se habrá publicado todavía ninguna relación tan reciente, daremos nuestros lectores del referido establecimiento las noticias que mas se desean generalmente en estas ocasiones.
«Amaneció el 7 de setiembre de 18522, dice el señor Fernandez; habíamos pasado la noche en un meson, semejante á los nuestros de la Mancha; á las ocho de la mañana debíamos abandonar á Lideo. Colocóse el equipage en nuestro charaban, montamos en él y partimos; muchos dias hacia que no veíamos el sol pero ninguno se habia presentado á nuestros ojos el cielo con un aparato mas triste y amenazador, densas nubes de color de ceniza reemplazaba al diáfano azul, una niebla espesa y glacial nos envolvía, y limitaba el horizonte á veinte varas de nosotros. Apenas habíamos andado un cuarto de hora, notamos que el camino se dividía y que el charaban se hallaba suspendido en la punta de un enorme peñasco, unido por toscas tablas con otro semejante y entre los que mediaba gran distancia, y un abismo sin fondo era su base; temimos que el débil puente se hundiese con el peso del carro que nos conducía, y nos apeamos para no montar mas en él.
»A cada momento se hacia mas y mas áspera la subida, mas y mas salvage la naturaleza que nos rodeaba, mas negro el cielo, mas espesa la niebla, mas raro el aire, mas pobre la vegetación; si levantábamos los ojos, descubríamos por un lado una masa inmensa de rocas, en cuya ostensión inconmensurable solo se veían uno ó dos árboles, destinados á separar con sus raices