miércoles, agosto 01, 2012

Viage ilustrado (Pág. 670)

El camino real que conduce desde Murviedro á Valencia es vistoso en estremo, pues atraviesa un bellisimo pais cubierto de lindos pueblos y variedad de producciones, como trigo, maiz, seda, algarrobas, alubias, alfalfa, babas y aceite. La primera población que se encuentra es Rafel–Buñol, que dista legua y media de Murviedro y muy cerca de la que pasa la carretera, luego Masamagrell, lugar de 1,207 habitantes, con una parroquia y un hospital, y que ya pertenece á la hermosa huerta de Valencia. Este territorio, que es propiamente un delicioso vergel, comprende una estension de tres leguas de longitud y un cuarto de latitud, limitado por el Mediterráneo y por una serie de altos montes, y ocupada por sesenta y dos pueblos, multitud de alquerías y barracas y 72,209 habitantes. El clima es en estremo dulce y benigno en todo el año, y la continua aplicación de los industriosos labradores, le hacen ser de los paises mas risueños y fértiles de Europa, asombrando al viagero que en tan corto espacio pueda subsistir población tan crecida. Sobre todo es pasmosa la economía y distribución de las aguas de riego, que provienen de las grandes acequias, que en número de ocho construyeron los moros en el siglo X. Para entender en los negocios relativos al riego existe un tribunal llamado de Aguas, compuesto de síndicos que nombran los pueblos, y que se reúnen por una antigua costumbre, todos los jueves á la puerta de la catedral. En estos juicios patriarcales no pueden mezclarse ni escribanos ni abogados, y las sentencias se ejecutan desde luego sin apelación. Las referidas ocho acequias toman el agua del rio Turia ó Guadalabiar, y de ellas se derivan una porción de canales ó acequias mas pequeñas. Déjase a la izquierda, y muy inmediato, el lugar de Emperador, y se pasa luego por el de Albalat dels Sorells, fundado por los moros, y cabeza de un condado que poseen los descendientes de mosen Tomás Sorells, que lo obtuvo en 1481, por Bon–repos (Buen reposo), á la derecha del barranco de Carraixet, por Tabernes Blanques, y Campanar, lugar compuesto de trescientas casas con una parroquia, donde se venera en una suntuosa capilla, la devota imagen de Nuestra Señora, que se dice hallada debajo de tierra en el siglo XVI, y en honor de la que se celebra una concurrida romería, dos ermitas y l614 habitantes. Después se pasa por el suntuosísimo monasterio de gerónimos, de San Miguel de los Reyes, que próximo á su ruina por el abandono en que se halla, y habitado solamente por algunas familias pobres, merece aqui un recuerdo. Fué edificado en 1538 (1) por el infante de Aragón, don Fernando, duque de Calabria y virey de Valencia, y su esposa doña Germana de Foix. Los arquitectos fueron primero Alfonso de Cobarrubias y Vidaña, y luego Juan Barreda y otros, que dieron á esta fábrica un aspecto tan suntuoso y magnífico, que fue digna del nombre que se le dio de Escorial valenciano. El frontispicio principal de la iglesia, que tiene 70 pies de altura, se compone de tres cuerpos y está flanqueado de dos torres, y el interior está adornado con pilastras de orden compuesto. Debajo del altar mayor, que es de muy buenos jaspes, están en panteón subterráneo los restos de los fundadores. El cimborio, la escalera principal y el claustro son dignos de la atención del artista, y este último es muy semejante al llamado de los Evangelistas en el Escorial. Poseia bellas pinturas y una selecta biblioteca. En seguida recorriendo de uno á otro estremo la estensa calle de Murviedro, penetremos en la hermosa ciudad del Cid por la antigua y suntuosa puerta de Serranos (2).
Es tanto lo que hay que decir de esta célebre y grandiosa población bajo todos aspectos, que era necesario consagrarle numerosas páginas; mas conformándonos con las dimensiones de esta obra, solo haremos una breve reseña de lo que encierra de mas notable, dando principio por su interesante historia.
Remóntase el origen de Valencia á los tiempos primitivos, y siempre se la conoció con el mismo nombre. Fué visitada por los fenicios y griegos que comerciaban en estas costas, y el grande Amilcar la subyugó con lo restante de este pais, denominado entonces Edetania. Pasó después al dominio de los romanos, y el cónsul Décimo Junio Bruto, que gobernaba á España, la donó con los campos cercanos, el año 13 antes de Cristo, á los soldados que habían hecho la guerra á las órdenes del famoso Viriato. En las guerras de Sertorio los valentinos, asi como los demas edetanos, se decidieron por aquel bizarro caudillo y en contra de los romanos, pero estos quedaron vencedores en una batalla que se dio á la orilla del Turia. Poco después fué esta ciudad elevada á la gerarquia de colonia con los privilegios de Lacio, con motivo de establecerse en ella muchos veteranos del ejército romano y tomó el nombre de Colonia Julia Valentia. Fué sin duda una de las primeras poblaciones que abrazaron el cristianismo, y de las ennoblecidas con silla episcopal. A mediados del siglo VI se celebró aqui un concilio, y en el siguiente fué desterrado á esta ciudad el príncipe San Hermenegildo por orden de su padre Leovigildo. A la entrada de los moros, Valencia (estos la llamaban Valentolat) formó parte del pequeño reino independiente que obedecía al godo Teudimero; pero luego quedó bajo el poder de los invasores, y fué uno de los mas principales waliatos ó gobiernos. En 822 fué sitiada por haber tomado el partido de Abdacá el Balendi (el Valenciano) contra el emir de Córdoba, su tio, luego formó parte de los estados de Hafsum, y después volvió á pertenecer al califato de Córdoba. En 1021 se erigió el wali de Valencia en emir ó soberano independiente, y su sucesor Abdel–Melek fué desposeído por el emir de Toledo, que se hizo dueño de Valencia en 1065. Los emires de Albarracin, Murviedro, Denia y Játiva, formaron una liga contra los Almorávides, que poseían á Valencia, y organizando un ejército compuesto de moros y españoles, lo confiaron al célebre Cid Campeador. Este valiente caudillo puso sitio á Valencia en 1094, y la conquistó, quedando en ella como gobernador ó wali hasta su muerte, ocurrida en 1101. Los cristianos condujeron, su cadáver a Cardeña. El año 1144 volvió esta ciudad á ser capital de un reino, que conservó su independencia hasta 1238, en que fué cercada por el valeroso don Jaime I el Conquistador, rey de Aragón. Cuatro meses duro el asedio, y el 28 de setiembre del

(1) Antes había en este sitió un pequeño monasterio de bernardos.

(2) Había aquí antiguamente una puerta denominada de Sagunto, y en 1365 se reedificó con la magnificencia y fortaleza que hoy tiene, con objeto de aumentar las defensas de la ciudad en la guerra que á la sazón se sostenia contra Pedro el Cruel, rey de Castilla.