domingo, julio 31, 2011

Viage ilustrado (Pág. 583)

El conde de Altamira tenia en la fortaleza hacia tiempo, prisionero un hermano suyo, cuya prisión para todo el mundo era un secreto, menos para el doncel á quien un hombre se la hizo saber de una manera misteriosa. Un dia, cuando se hallaba en la guerra, se le presentó un peregrino, y después de informarse de algunas particularidades de su vida, le entregó un pergamino, en el que con letra borrosa y apenas inteligible, habían escrito estas palabras: «Sois joven y valiente; acudid al socorro de una victima de la ambición y del odio. En las torres de Altamira hay un prisionero que es...» El resto del escrito no se podia leer; pero el peregrino le dijo que el prisionero era hermano del conde, y que le aguardaba eran recompensa si conseguía libertarle. No necesitaba de este estímulo el joven para acometer una empresa que le ofrecía el aliciente de acercarse á la bella Constanza. Partió para las torres, y enterado de los designios del rey, le hizo la propuesta de ayudarle, á cuyo efecto se avistó con el conde, y exagerando los medios de ataque con que contaba el monarca castellano, le dijo que todo el pais le era contrario, porque habiéndose divulgado la prisión de su hermano, este proceder había indignado hasta a sus mismos vasallos que en masa se reunían á las huestes reales, y que el único modo de conjurar la tormenta, porque Alfonso había jurado quitarle la vida, y arrear sus estados, era dar libertad al prisionero y repudiar á Constanza, con lo que quitaba al rey todo motivo de enojo. El conde de Altamira, que encerrado en su castillo ignoraba la verdad de los hechos, por evitar mayores males, y atemorizado con el descubrimiento de su secreto, consintió en lo que el mancebo le propuso, y las puertas de la torre se abrieron para Alfonso; pero Constanza, ingrata siempre con el doncel, reveló al rey el amor de éste para que no atribuyese á otra causa el auxilio que le había prestado en la empresa de penetrar en las torres, y también le notició la prisión del hermano de su marido. Mandó el rey al punto que el conde y el doncel fuesen presos y conducidos á Leon; pero intercedió Constanza y la orden quedó sin efecto. Entonces el mancebo despechado, valiéndose de la sorpresa y confusion que estos sucesos produjeron en la servidumbre del conde, puso fuego a las torres resuelto á tomar una cruel venganza: mas no pudo conseguirlo, porque la misma disposición del edificio permitió que todos los que en él se hallaban al presentarse el incendio, pudieran salvarse sin esfuerzo. Solo un desgraciado, desde el fondo de una sala subterránea daba gritos inútiles pidiendo socarro: era el hermano del conde, de quien nadie se habia acordado... Por fin, su voz bronca y casi estenuada por el esfuerzo, llegó á oidos de un hombre, que oculto en un ángulo de las torres parecía verlas arder con cierta complacencia: corrió al lugar de los lamentos, y no sin gran esfuerzo y trabajo logró penetrar en la estancia, pero ya era tarde: el prisionero había sucumbido sofocado por el humo. Un papel que tenia en la mano reveló al hombre que iba á libertarlo, en quien sin duda habrá ya reconocido el lector al autor del incendio, un terrible secreto; el doncel amante de Constanza era hijo del hermano del conde de Altamira.
Padrón ocupa el lugar de la antigua ciudad de Iria, que sea un el geógrafo Tolomeo, era capital de los pueblos Caparós, que formaban una de las divisiones de los galaicos ó gallegos en la España primitiva.
El itinerario de Antonino asegura que Iria servia de punto de residencia á los cónsules y pretores cuando visitaban esta provincia. En honor del emperador Flavio Vespasiano, y tal vez por agradecimiento á alguna merced que de él recibiría, tomó esta ciudad el nombre de Iria–Flavia, con que es conocida en nuestras antiguas historias. Una muy recibida tradición, que data de los primeros siglos del cristianismo, refiere que martirizado en Jerusalen el apóstol Santiago, fué su cuerpo encerrado por sus discípulos en una barca que abandonaron á las olas, y que vino á parar á esta ciudad, que durante su vida había honrado con sus predicaciones. La barca fué atada á un pilar ó padron, que aun se conserva en la iglesia de Santiago, y de este dicen se deriva el actual nombre de esta Villa, cuyas armas aluden á la misma tradición, pues consisten en una barca atada aun pilar en la que está el cuerpo del Apóstol; dos discípulos, uno á la proa y otro á la popa, en medio una cruz y encima una estrella con tres conchas ó veneras de peregrino.
Significación de las conchas de los peregrinos: Estas conchas, llamadas en el pais vieiras, son producto exclusivo de las costas de Galicia, y los peregrinos que venían de países lejanos, las solían llevar á su tierra como una muestra irrecusable de haber llegado á Compostela; esto fué causa de que se generalizara el uso. Después, cuando se inventaron los escudos de armas, se arregló el del apóstol Santiago con una espada en forma de cruz, que es la que llevan los caballeros de su orden, y dos conchas ó veneras; desde entonces han entrado á formar parte de los blasones de algunos pueblos y familias en virlud de hechos mas ó menos verosímiles, pero que corren acreditados como historias verdaderas. Tal es, por ejemplo, la que se refiere de un devoto caballero portugués, que viniendo en seguimiento del cuerpo del Apóstol, cuando sus discípulos lo traían á Galicia, no hallando pasage para atravesar él caudaloso rio Miño, al frente de la villa de Camiña, se arrojó al agua con su caballo, y pasó felizmente á la otra orilla; pero una multitud de conchas se habían pegado á su vestido y al cuerpo del corcel. Este buen cristiano fué progenitor de la familia de Pimentel, que lleva conchas en su escudo. También las llevan los Rivadeneiras, que dicen proceden de un infante gallego, hermano de la reina Loba ó Lupa (1), quien tenia presos á dos discípulos de Santiago que predicaban la fé; protegidos por una doncella, fué esta á decir al infante, que era ciego, que si queria ver luz con sus ojos, bajase al calabozo de los prisioneros. Irritado el infante mandé martirizar á la doncella con los discípulos del Apóstol, mas al tiempo de llevarlos al suplicio, el incrédulo recobró la vista, y se le apareció en el cielo una cruz colorada con cinco conchas. Entonces se convirtió á la fé católica y se casó con la doncella. Esto fue á la orilla del rio Neira y de aquí toman el nombre los Ribadeneira, y traen por armas aquella cruz con sus cinco veneras y una doncella.
Volviendo á la villa de Padron, desde muy remotos tiempos tuvo silla episcopal, y en la época de los

(1) La reina Lupa ó Luparia, muy nombrada en las crónicas de Galicia, era una señora que poseía entre sus dominios el solar donde al presente se alza la ciudad de Santiago. En un principio persiguió encarnizadamente á los discípulos del Apóstol, mas convertida por estos á la fé de Jesucristo, los protegió y concedió un lugar para el sepulcro de su maestro.

viernes, julio 29, 2011

Viage ilustrado (Pág. 582)

cubre en ella ninguna inscripción, sino un escudo con las armas del solar, que son dos cabezas de lobo, como las que hay en la iglesia de Santo Domingo de Santiago, sobre aquellos bien concluidos sepulcros góticos, únicos de su género en esta ciudad monumental. Fácilmente se colige que debió existir otro castillo de mas antigüedad que la que prueban estas torres; pero una oscura tradición que lo coloca en el vecino monte de Morovello (Moro viejo), viene á deshacerse entre las duras peñas que en todas partes son los alcázares de los duendes y los incubos. Molina cita esta fortaleza como una de las principales de Galicia, y Medina en sus Grandezas de España, hace también mérito de ella, dando á entender que era muy conocida de los pesados historiadores de su tiempo.
Esta fortaleza se halla dividida en dos cuerpos, destinado el mayor al servicio de sus señores, grande y espacioso; y el otro mas reducido y bajo para lo que llamaba don Alonso X gente menuda, es decir, la servidumbre de los condes en tiempo de paz, y para los flecheros y mas gente armada en tiempo de guerra. En esta parte de las torres estaba la cocina, y cerca de ella la bóveda prisión donde se ocultaron mas personas de alta categoría que los subditos de la respetable fortaleza. Desde el cuerpo principal y sólido que arranca del suelo, seguia en la torre de la derecha hasta la otra esquina que toca con la puerta, un balcón corrido, que seria colosal si se atiende á los soberbios canzorros que se conservan cubiertos de yedra. En la otra esquina se reconoce un vistoso mirador á lo árabe, que termina desvanecido á bastante altura del suelo. En la torre principal solo se conservan paredes con las ventanas de asiento, y un arco que sostendría alguna muralla interior, sirviendo de galería para los flecheros ó los peones. La otra es mas reducida, pero mejor conservada: en ella hay una bóveda sana á la que se puede subir con alguna comodidad, y desde la que se disfruta por una ventana que cae al puente, de una vista deliciosa. Des le ella se recorre gran parte de la antigua Amaea, de que tanto hablan las historias del apóstol Santiago. La puerta principal está colocada en la torre mayor á O, y aunque derruida se conserva, sin embargo, bastante sólida, presentando claras señales de fortaleza y antigüedad. En la distancia que hay entre las dos partes de esta fortaleza, se forma una espaciosa sala de armas, y por algunos restos que se conservan puede deducirse que estaba defendida por una robusta barbacana, Hacia la puerta principal se observa el algibe atascado de piedras hasta la boca, y muchos dicen que era la entrada al subterráneo que tenian toda las fortalezas de su tiempo; pero lo mas natural es que si existió, como parece probable, desembocaría en el obstruido sótano de la torre pequeña. Alrededor se distingue aun el foso, que si no era de grandes dimensiones, estaba resguardado por un segundo muro de tierra que seguia á la montaña hasta perderse en la antigua aldea de San Felix de Brion. El género de arquitectura de las torres parece romano, ó mas bien de ese género peculiar de las fortalezas–palacios, romano en medidas y gótico en su distribución; prueba inequívoca de que este monumento data quizás del siglo IX. La bóveda, prisión en los tiempos normales de la fortaleza, habrá sido oscura y lóbrega; asi como la garita del vigía, donde se llega por una escalera de caracol, cuyos peldaños aun se conservan como los dientes de una calavera, parecía espiar el cielo por su altura y ligereza.
Las torres de Altamira dan claras señales de la pasada magnificencia, respetable por su antigüedad, acatada por los recuerdos históricos y las tradiciones populares, y distinguida por los blasones que figuraban en sus puertas y ventanas. Hoy quedan de ellas las ruinas, que son un vivo testimonio de su grandeza perdida, y apreciables tradiciones que relatan al chispeante fuego del hogar, en las crudas noches de invierno, los ancianos que han visto desplomarse de día en dia las piedras de esta fortaleza al compás de sus años y al golpe del inflexible tiempo que todo lo destruye. He aquí una de estas tradiciones:
Hace ya muchos años, cuando este castillo estaba habitado por sus señores, el conde de Monforte dispuso un dia de caza, con el objeto de distraer á su hija Constanza, cuya tristeza habitual empezaba á darle cuidado. Constanza era bella, y el conde cortés y generoso; asi, pues, con tales estímulos no es de estrañar que concurriese á la invitación que el de Monforte hizo para la partida, lodo lo mas florido de la juventud de los contornos. Largo tiempo hacia que el sonido de las trompas atronaba los bosques, y grande era el número de fieras que habian sucumbido á manos de sus perseguidores, cuando un oso tremendo, acosado por los perros, fué á dar con la hija del conde, á quien sin duda ninguna hubiera despedazado, á no interponerse un doncel que arriesgando su vida por salvarla logró dar muerte á la fiera. Era este doncel amante apasionado de la doncella, de quien nunca había podido obtener correspondencia, ya fuese porque su origen oscuro y nacimiento ignorado impulsasen á la hija del conde á no fijar sus ojos en un hombre que no la igualaba en clase, ó ya, según mas probable parece, porque Constanza estuviese enamorada, como decían, del rey de Castilla que lo era entonces Alfonso VI. Terminó la cacería felizmente, y el enamorado mancebo no pudo obtener en cambio del servicio que acababa de prestar á su querida, mas que algunas palabras de gratitud por parte de esta, y las consiguientes felicitaciones de los demás cazadores, incluso el conde que le regaló el corcel árabe que montaba y tenia en grande estima. Convencido de la inutilidad de sus pretensiones, el doncel partió á la guerra con la esperanza de que una muerte gloriosa pusiese término á sus padecimientos, y mientras él peleaba contra los infieles, Constanza, de grado ó por fuerza, dio la mano de esposa á Payo Ataulfo de Moscoso, señor de Altamira.
Habia el rey galanteado á Constanza algún tiempo, lo cual dio origen al amor de esta; mas separado de su lado la tenia ya olvidada, cuando supo la nueva de su matrimonio, y renovándose entonces el afecto que creía estinguido, lleno de cólera, juró buscarla y apoderarse de ella, aunque fuera en las mismas torres del conde. Alfonso perseguía al arzobispo de Santiago por motivos políticos, y valiéndose del pretesto de que el de Altamira era partidario suyo, se dirigió á la fortaleza del marido de Constanza con ánimo de tomarla; pero la empresa era muy difícil, y el empleo de la fuerza completamente inútil; bien lo conocia el rey, y hubiera abandonado tal vez el campo, sino se le presentara un desconocido que le propuso facilitarle la entrada en las torres, cuya proposición fue al punto aceptada. El desconocido no era otro que el doncel antiguo enamorado de Constanza.

martes, julio 26, 2011

Viage ilustrado (Pág. 581)

una sencilla maquina, y que merced á la gran cantidad de incienso con que se alimenta, perfuma en el momento toda la basílica. Muy cerca de la puerta del Mediodía se ve un antiguo y renombrado bajo relieve que los canónigos compostelanos quisieron presentar en el sido pasado como un monumento incontestable la fabulosa batalla de Clavijo, del no menos fabuloso feudo de las cien doncellas, y del célebre voto de Santiago abolido en 1834. El alcalde mayor de la ciudad, con un escribano y cuatro arquitectos pasó a reconocer este bajo relieve el 10 de junio de 1771 y estos dieron la curiosa declaración siguiente:
«En la nave nombrada del Vestuario, y en una medalla de grano primo, figura de semicírculo, está hecha de relieve la imagen del Apóstol el Mayor a caballo, y túnica larga. En la mano derecha tiene la espada, y en la izquierda una bandera en que está esculpida una cruz, y en caracteres antiguos y góticos Sanctus Jacobus Apostolus Cristi. El cinturon del santo, pretal del caballo, correas del estribo y cabezada, todo estaba guarnecido de conchas. Delante del santo, é inmediato á la cabeza del caballo, están esculpidas tres figuras, que son doncellas, puestas de rodillas, y con las manos adorando al santo. Tienen trenzas largas, mangas con los vuelos hasta los pies, uno y otro con guarnición de relieve. Detras del santo y junto las ancas del caballo, otras tres con las manos alzadas, y una puesta de rodillas: el ropage son túnicas ceñidas al cuerpo con mangas ajustadas: trage que denota pertenecer á un estado mas llano. El arco que le rodea y las columnas, son de gusto gótico. En él están colocados diez ángeles con sus túnicas, y sobre ellos unas fajas en figura de palios.» Antes de salir de este magnífico templo, en que hay tanto y tanto que admirar, debe verse la suntuosa custodia de cinco pies y medio de altura, toda de plata y oro (1), el copioso archivo, rico en preciosos códices y documentos, y la sala capitular cubierta de bellos tapices regalados por el ministro Acuña.
Santiago es pueblo esencialmente levítico, y asi hay muchos y suntuosos templos. Después de la catedral, debe visitarse el gran monasterio de San Martin Pinario, fundado por el obispo Sisnando en 900, consagrado y dotado por el arzobispo Gelmirez en 1115, que era famoso en Galicia por sus enormes rentas. El monasterio de Ante–Altares ó de San Pelayo (2), erigido por Alfonso el Casto en 877, renovado por Alfonso el Magno en 877, dependencia de la catedral hasta 1077, reunido á San Martin en 1487, y destinado á religiosas benedictinas en 1499; el convento de San Francisco fundado en 1214, en vida del patriarca, por un carbonero llamado Cotolay, y con el auxilio y en terreno de los monges de San Martin; la parroquia de San Miguel; la capilla de las Ánimas; el convento de monjas de las Madres; las ermitas del Pilar y Santa Susana (fundada por Gelmirez en el campó de la Estrella) ; la parroquia de la Angustia del Monte; la colegiata de Sar, edificada por Diego Gelmirez, para señalar el sitio donde se depositó por sus discípulos el cuerpo del Apóstol, antes de ser encerrado en el sepulcro; San Felix de Solovio, vulgo San Fiz, obra del obispo Sisnando, para hospicio de sacerdotes ancianos y pobres, hoy parroquia; el convento de la Enseñanza, de monjas jesuitas ; San Benito y Santa María del Camino, parroquias; el convento de San Agustin; la colegiata de Sancti–Spiritus; la antiquísima parroquia de Santa Maria Salomé; el convento de monjas de Santa Clara, fundado en 1260 por la reina doña Violante, esposa de Alfonso el Sabio; Santa María de Conjo (estramuros), convento de mercenarios, fundado en 1129; el del Carmen, el de Santo Domingo, el de Belbis, el de San Lorenzo, etc., etc. Después de estos edificios religiosos, debe verse el hospital real, grandioso establecimiento en que se da á los enfermos la mas esmerada asistencia, debido á la munificencia de Isabel la Católica, cuando en 1501 fué á visitar el cuerpo del Apóstol; el magnífico edificio del seminario conciliar, al frente de la catedral, edificado por el arzobispo Rajoy en 1766, tiene alguna semejanza con el palacio real de Madrid, y ostenta en su fachada principal un gran bajo relieve que representa la batalla de Clavijo. El colegio de Fonseca, fundado por el arzobispo del mismo nombre en 1544, y en el que están en el dia las salas de dibujo de la sociedad económica. El de San Clemente, renovado por el arzobispo actual, señor Velez, y finalmente, la universidad, hermoso templo alzado á las ciencias. Fué construida á fines del siglo pasado por el arquitecto don José Machado. Ocupa un espacio de tres mil doscientos cuarenta pies y ciento ochenta cada lado de su claustro, sostenido por veinte arcos. La parte esterior está adornada de bellas columnas jónicas, y sobre la portada se ve la estátua de Minerva. La biblioteca es copiosa y escogida, y en ella se guarda la bandera que el regimiento denominado de Literarios, tremoló con gloria en el campo de batalla, en la guerra de la independencia. Estaba formado por los escolares de esta universidad. El trato social en Santiago, como residencia de la rancia nobleza de Galicia, es en estremo agradable y cortés.
Santiago tiene de población veinte y ocho mil novecientos setenta habitantes; hasta 1834 fué capital de todo el reino de Galicia, y de una provincia que ocupaba doscientas cuarenta y dos leguas de superficie: tenia dos regimientos provinciales, el de su nombre y el de Compostela. Hoy es solo cabeza de su partido judicial de ascenso, que comprende cincuenta y siete parroquias, de las que doce corresponden á la ciudad. Tiene su diócesis otras doce sufragáneas, y el cabildo de su catedral se compone de trece dignidades, treinta y un canónigos y veinte capellanes. El comercio es bastante activo y hay fábricas de curtidos, sombreros, jabón, papel y otras.
Cuando se sale de Santiago se quiere desde luego visitar las famosas torres de Altamira que distan de dicha ciudad dos leguas de muy mal camino, y de la villa de Padrón la cuarta parle, si nos guiamos por los cálculos locales, errados é imperfectos las mas veces. Las torres de Altamira son la cabeza de la jurisdicción de su nombre, puesto que colocadas en una encumbrada loma que domina parte de la Amaya, vienen á ser el vigía de la comarca. Nada podemos añadir á lo que tienen dicho autores acreditados sobre la antigüedad de esta casa, ni revelar el tiempo de la fundación de la fortaleza, cuando no se des–

(1) Consta de cuatro cuerpos, y forma un elegante templete, de gusto plateresco, y cuya base es exágona. Las andas en que se coloca son también de plata. Fué construida en 1564 por Antonio de Arce, leonés.

(2) Según el lenguaje del pais, se llama de San Payo. En él solo se admiten jóvenes que pertenezcan á la alta nobleza y con crecido dote.








miércoles, julio 06, 2011

Viage ilustrado (Pág. 580)

cipales que decoran la principal, hay otras dos, la una denominada de la Trinidad ó del Reloj, y otra mas pequeña la Berenguela, del nombre del arzobispo Berenguer que la erigió en el siglo XIV. De esta misma época data la grandiosa cúpula que se eleva sobre el crucero, y que tiene de altura 116 pies y 94 de circunferencia. El interior de esta grandiosa catedral corresponde por su magnificencia á la idea que se concibe al observar la parte esterna. La arquitectura que en ella predomina pertenece á aquel género de transición entre el bizantino y gótico. Compónese de seis naves, en las que se cuentan cincuenta y ocho grupos de columnas. Las naves que ocupan el centro, tienen 75 pies de elevación y 30 de latitud, y sostienen una galena que recorre toda la catedral. Las de los costados solo se alzan á 30 pies, y tienen 15 de anchura. En ellas están construidas hasta veinte y tres capillas, y multitud de confesonarios muy concurridos de penitentes en todas las épocas, en especial en los años de jubileo. El coro, como en nuestras catedrales, ocupa el centro de la iglesia, y está embellecido con multitud de esculturas y dos grandiosos órganos. Dos verjas paralelas de bronce forman el paso desde el coro á la capilla mayor, cerrada con rejas de la misma materia. El altar del Apostol pertenece á un género casi churrigueresco, y fué construido en 1612. No hay en él otra efigie que la de Santiago, ejecutada en piedra, y de un tamaño colosal Está sentado en un sillón, y con trage de peregrino con una rica esclavina de plata, cubierta de piedras preciosas. Parece esta imagen antiquísima, y fué construida tal vez en tiempo del Casto rey. Dos escalerillas de piedra conducen desde el pavimento á la espalda del santo, y por ella suben los peregrinos para dar á aquel por detrás, y respetuosamente, un abrazo y un ósculo; sencilla ceremonia con que terminan su devoto viage. Muy cerca de este altar y dentro de un escaparate de hierro, se conserva un bordón que dicen ser del Apóstol. Los romeros le tocan con fervor, y ganan con esto un rico caudal de indulgencias. Esta capilla mayor fué teatro de varios sucesos históricos, como de la coronación y proclamación de Alfonso II, el emperador, y de la muerte del arzobispo don Suero de Toledo, y del dean Pedro Alvarez, que hemos referido ya. En este célebre altar no puede decir misa ningún eclesiástico que no sea por lo menos cardenal de Santiago. En 1519 la celebró un obispo caldeo, según la liturgia especial de su iglesia. Debajo del mismo altar, y en la antigua capilla de mármol de que hablan nuestras crónicas, es donde se cree estar el venerando sepulcro del Apóstol, entre los de sus dos discípulos Atanasio y Teodoro. El cuerpo del primero estuvo de manifiesto á los fieles bástalos tiempos de Diego Gelmirez, primer arzobispo, que lo mandó cerrar para mayor reverencia y seguridad. Podia, sin embargo bajarse á la capilla subterránea por una escalera oculta lo menos hasta el siglo XIII, pues según la tradición conservada hasta hoy, todos los días bajaba á postrarse ante el túmulo del Apóstol, el glorioso San Francisco de Asis. Enfrente de la Puerta Santa (1) se ve una gran losa rota, que según las tradiciones compostelanas, cubre la entrada de la misteriosa escalera, y se quebró cierta noche en que algunos jóvenes incrédulos intentaron arrancarla para certificarse de si efectivamente cubria el lugar del sepulcro de Santiago. Despuess de la capilla mayor deberemos mencionar la de Santa María de la Cortizela, fundada por Alfonso el Magno, destinada para parroquia de los estrangero, y que en otros tiempos era servida por los monjes benedictinos del vecino monasterio de San Martin; la de la Soledad en el trascoro, en la que se ve en un medallón bajo un relieve que representa la batalla de Clavijo y la del Pilar, que es sin duda la mas bella, fundada en el siglo XVII por el arzobispo Monroy. Otra de las bellezas de esta basílica es el pórtico llamada de la Gloria, en el que está traducida en piedra la misteriosa descripción que del cielo hace el Apocalipsi. El Salvador en su trono rodeado de los evangelistas con los respectivos misales que los caracterizan, los veinte y cuatro ancianos, los patriarcas, los apóstoles, profetas y santos. A uno y otro lado de la gloria están el purgatorio y el infierno, en los que se ven multitud de monstruos, y otras figuras alegóricas que representan los pecados capitales, las pasiones, etc., etc. Esta prolija y delicada obra fué ejecutada en el reinado de San Fernando, por un artista llamado Mateo, y aquel le concedió en recompensa una pension de 100 maravedises anuales por su vida. La capilla de las Reliquias podria llamarse también panteón real, pues contiene con sus correspondientes bustos é inscripciones los cuerpos siguientes: el de don Raimundo ó Ramon de Borgoña, conde de Galicia, hermano del papa Calixto II, y yerno del rey don Alfonso VI; el de don Fernando II, rey de Leon, nieto del anterior; el de don Alfonso IX, hijo de Fernando II; el de la emperatriz doña Berenguela, primera esposa del emperador don Alfonso VII; y finalmente, el de doña Juana de Castro, reina de Castilla, de Leon y de Galicia, esposa de un dia del rey don Pedro el Cruel, y una de sus muchas víctimas.
El grande altar de esta capilla constituye uno de los mas célebres y copiosos relicarios del mundo. Entre la multitud de reliquias que contiene, no podemos menos de enumerar la cabeza de Santiago el Menor, traída de Jerusalen por un obispo de Coimbra, y donada a la catedral par la reina doña Urraca en 1116, un lignum–crucis dentro de esa cruz de oro, una espina de la corona de Cristo, parte de su túnica y sepulcro, vestiduras y una gata de leche de la Virgen, los cuerpos enteros de Santa Susana, San Fructuoso, San Cucufato, etc., etc. Tambien se conserva en este altar la bonita cruz de oro, regalo del rey don Alfonso el Magno, de que ya hicimos mérito (2).
La sacristía es estensa y lujosamente adornada con pinturas. En ella vimos entre otros ornatos las mitras que llevan los cardenales. A su derecha está el claustro, que forma un cuadrado cuyos lados tienen ciento cuarenta pies. Su arquitectura es gótica. En las grandes solemnidades se cubre la gran nave de la iglesia en toda su estension de ricas colgaduras de terciopelo carmesí, con anchos galones de oro; dádiva del arzobispo actual, y se cuelga de la media naranja un inmenso incensario, que recibe impulso por

(1) Esta puerta solo se abre en el año santo ó de jubileo, y pasado este se cierra y tabica con grandes ceremonias, por mano del arzobispo, asistido de todo el clero.

(2) En esta capilla de las Reliquias estaba la rica joya llamada el Doblón, por la cual preguntamos al canónigo que nos las mostraba, y nos contestó habia desaparecido con otras muchas alhajas á principios de este siglo. Aqui se conferian antes los grados de doctor.

lunes, julio 04, 2011

Viage ilustrado (Pág. 579)



Romeria á Santiago

Católicos, los romeros se hospedaban en él. A las puertas de la basílica estaban de continuo los caballeros–cambiadores «con sus taboas doradas é pintadas con sus arcas é balanzas é moedas... é das ganancias esponian cirios que alomeaban ante o apostolo» como dice dice un libro antiguo. Estos cambiadores formaban una hermandad ó cofradía, que tenia por objeto, como indica su nombre, cambiar las monedas estrangeras que los peregrinos traían, por otras del pais. Otros caballeros se reunieron también en hermandad, con objeto de guardar el camino de Santiago y defender á los romeros de los salteadores que pudiesen acometerlos. Este fué el origen de la célebre caballería de Santiago de la Espada, que aun se conserva hoy como un monumento de nuestras pasadas glorias. Los peregrinos mas célebres que vinieron en romería al sepulcro del patron de las Españss son los siguientes.
San Adelmo, San Guillermo, (que desde Francia llegó hasta aquí descalzo) Santo Domingo de la Calzada, San Gregorio, Santo Domingo de Guzman, San Francisco de Asis, San Vicente Ferrer, San Juan de Dios, San Bernardino de Sena, Santa Isabel, Santa Brígida, el emperador Carlo–Magno (1), Felipe, duque de Borgoña, Breno rey de Jerusalen, el papa Calixto II cuando era arzobispo de Viena, el rey Alfonso el Casto, Ramiro I, Ordoño I. Alfonso III el Magno y su esposa Jimena, Ordoño III. Sancho I, Bermejo II, Fruela II, Ramiro II, Bernardo del Carpió. Alfonso IV el Monge, Alfonso V, Fernando I y su muger doña Sancha, el Cid, Raimundo de Borgoña doña Urraca, su esposa, el emperador Alfonso VII, Fernando II, Alfonso XI, Sancho IV, Alfonso XI, Pedro el Cruel, Isabel la Católica, y su esposo Fernando V, Felipe I y Juana la Loca, Felipe II, Juan II y Manuel I, reyes de Portugal, Eduardo, rey de Inglaterra, Pedro, Jaime II y Alfonso II, reyes de Aragón, el célebre paladin Roldan, el mágico Nicolás Flamel, y Guillermo duque de Poitiers. Este último en espiacion de los males que causara en Normandía, hizo esta romería llegando á Santiago el 17 de abril de 1137. Recibió la comunion ante el sepulcro del apóstol, y murió de repente en el mismo sitio.
La catedral, alza su robusta mole en el centro de la ciudad que la debe su existencia, y que se humilla á sus pies como hija y como vasalla. Sus viejas paredes pintadas por la mano de los siglos, y el velo de niebla en que casi de continuo se envuelve, la prestan un aspecto lúgubre al par que misterioso, cual conviene á un templo cuyo cimiento es una tumba.
Ocupa esta famosa catedral un espacio de 11,830 varas cuadradas formando una cruz latina, cuya longitud es de 270 pies, y 204 de latitud. La fachada principal, llamada del Obradoiro, forma uno de los lados de la grandiosa plaza del hospital; se compone de cuatro cuerpos, y está flanqueada por dos gallardas torres de 240 pies de altura. En una de estas hay doce campanas. Las puertas que dan entrada al suntuoso templo, están en lo alto de una espaciosa escalinata compuesta de dos ramales. El todo de esta fachada es masestuoso y severo, sin carecer de elegancia. Fué construida en 1738 por don Fernando de Casas y Noboa. Por bajo de la escalinata está la catedral vieja, especie de templo subterráneo según la usanza de los siglos VIII y IX en que todas las iglesias eran dobles ó compuestas de dos pisos, de las que se conservan muchas en Asturias y Galicia. Esta de que hablamos es escasa de luces, corresponde en una gran parte debajo del crucero de la catedral nueva ó superior, y sostiere á esta con robustos pilares bizantinos, construidos tal vez en el reinado de Alfonso el I Casto. A un lado de la fachada del Obradoiro, se estiende el claustro y el tesoro, y al otro el palacio arzobispal. La fachada que mira al Septentrión denominada de la Azabachería, tiene 70 pies de alto; consta de tres cuerpos ornados de columnas dóricas, jónicas y de capricho, y termina con una estatua colosal de Santiago en trage de peregrino. Data también del pasado siglo, y fué su constructor don Domingo Montenegro. La fachada del Mediodía ó sea de la Platería, conserva muchas estatuas de santos y bajo relieves del antiguo templo, y su construcción se remonta por lo menos al siglo XII. Lo que mas nos llamó la atención fué un capricho arquitectónico que consiste en una concha que sostiene como en el aire todo el peso de un lado de la fachada. Ademas de las dos torres prin–

(1) - El 6 de julio se hace un aniversario por Carlo–Magno en señal de gratitud por los dones que hizo á la catedral.

jueves, junio 30, 2011

Viage ilustrado (Pág. 578)

de don Bermudo, hijo de Ordoño III, se alzó con el reino de Galicia en 981, fijó su córte en Santiago. En este mismo año los moros cordobeses, acaudillados por El–Mansur, entraron en la ciudad á viva fuerza, y derribaron uno de los muros del templo; era obispo á la sazón Diego Martínez. Reinando Alfonso V, en 1004, entraron otra vez los moros con su general Mahomad: la ciudad fue incendiada, y las puertas y campanas de la catedral conducidas como trofeo a Cordoba en hombros de los cristianos cautivos, en cuya mezquita mayor sirvieron las últimas de lámparas, hasta que conquistada Córdoba en 1235 por el santo rey don Femando, hizo este esclarecido príncipe volviesen á Compostela en hombros de esclavos moros en justa represalia. En 1088 fueron á residir a Santiago doña Urraca y su esposo Raimundo de Borgoña, los que hicieron donación de la ciudad al templo del Apótol, y en 1098, por concesión del papa Urbano, la silla episcopal Iriense se llamó Compostelana y quedó exenta de la jurisdicción del metropolitano de Braga. En las graves discordias entre la citada doña Urraca (condesa que había sido de Galicia) con su segundo esposo Alfonso I, rey de Aragón, tomaron una parte activa los gallegos, y en especial el obispo de Santiago, llamado don Diego Gelmirez. El infante don Alonso, hijo de doña Urraca, fué proclamado rey de Galicia en esta ciudad, y ungido en la catedral por mano de aquel. Todo esto aconteció desde 1110 á 1115, en cuyos años entró en posesión de la corona de Castilla con el nombre de Alfonso VII. A intercesión de este rey, y por breve de su tío paterno el papa Calisto II, fué en 28 de febrero de 1120 declarada metropolitana la iglesia de Santiago, trasladándose, á ella todos los derechos y prerogativas de la de Mérida, que estaba aun en poder de los sarracenos, titulándose por primer arzobispo de la Sede Compostelana el citado don Diego Gelmirez, el que construyó la catedral que hoy existe en 1118. También concedió el papa que Santiago tuviese varios canónigos con título de cardenales, y uso de mitras. El rey de Leon, Fernando II, hijo del ya nombrado don Alfonso VII, concedió entre otros dones á este célebre templo la mitad del dominio del Burgo del Faro, hoy Coruña, y habiendo muerto en Benavente en 1188, dispuso en su testamento fuese sepultado en él, como se verificó. Igualmente lo fué su hijo Alfonso IX, rey de Leon, al cual le sorprendió la muerte en un pueblo de Galicia, llamado Villanueva de Sarria, en ocasión que venia á visitar el sagrado cuerpo del Apóstol. El día 3 de mayo de 1211 el arzobispo Muñiz, consagró por tercera vez la catedral, estando terminadas del todo las obras que para su reedificación emprendiera en 1118 don Diego Gelmirez, como ya dijimos.
En el siglo XV, Luis XI, rey de Francia, regaló á la catedral unas enormes campanas, y poco después en 1489, los reyes católicos Fernando é Isabel, movidos «por los muchos males, muertes, é fuerzas, é robos, é alborotos, é escándalos, é levantamientos de pueblos, é tomas de las nuestras rentas, é pechos, é derechos, é otros daños y escesos (1)» que ocurrían en Galicia, erigieron una audiencia ó tribunal superior, que castigase con rigor á los malhechores, cuya residencia debía ser la ciudad de Santiago. Los mismos reyes fundaron aqui también un grandioso hospital para hospedar á los peregrinos, é hicieron á la catedral una cuantiosa donación en acción de gracias por la toma de Granada. Otra hizo el célebre Francisco Bizarro por la conquista del Perú. Carlos V abrió en esta ciudad las Cortes el 1° de abril de 1520. El presidente era Hernando de Vega, señor de Grajal, y á pocos dias (el 12 del mismo mes), se trasladaron con el emperador á la Coruña, donde ya hemos hablado de sus importantes resultados. En el reinado de Felipe II y año de 1564, la audiencia de Galicia se trasladó á la Coruña. En nuestros dias volvió a Santiago, y se restituyó á la Coruña por secunda vez. Felipe IV regaló á la catedral una joya llamada el Doblon que consistía en un disco de oro, de dos pies de diámetro, y del grueso conveniente, que tenia grabado en el anverso el busto del rey, y en el reverso las armas reales. El mismo monarca dispuso 25 de julio de 1653, que los reinos de Castilla y Leon hiciesen todos los años una ofrenda al santo Apóstol de 500 ducados, por mano del regidor mas antiguo de Santiago, y la de 1,000 escudos por la del presidente de la real audiencia. Otra ofrenda hizo el mismo Felipe IV á esta célebre basílica de 500 ducados todos los años de jubileo (2), la cual aun subsiste y entrega á la catedral un obispo, como legado del rey, reina y príncipe de Asturias.
Las armas de esta ciudad consisten en un sepulcro de plata en campo azul, y encima una estrella de oro. Es cuna de muchas personas ilustres, entre otros, de Bernaldus, célebre calígrafo del siglo XII, tesorero de la catedral; Fr. Isidoro Valcárcel, escritor; Juan Martinez de Vaamonde, idem; don José Gambino, conocido escultor; don Diego Cernadas, cura de Froime, escritor y poeta; don Ramon Pardiñas, general, etc.
Desde que se descubrió el túmulo de Santiago, se miró como una de las obras mas meritorias y piadosas el ir en romería á visitarlo, y desde luego fué inmensa la concurrencia de peregrinos, asi españoles como de las naciones mas lejanas. En la edad media llegó á ser una manía tan generalizada, como entre los cristianos la de ir á conquistar la Tierra Santa, ó como la de los musulmanes por visitar el sepulcro de Mahoma. Una colina muy cercana á la ciudad que hoy se llama de San Marcos, se denominaba antes Monte del gozo, por el que esperimentaban los romeros al llegar á él, pues desde su cumbre descubrían las torres que ornaban la tumba del apóstol, término de su viage. El camino por donde venían, que corrían por los Pirineos y montes de Asturias, se llamaba Camino francés (por ser muchísimos los peregrinos de esta nación) ó Camino de Santiago. Esta última denominación daban también los romeros á la Via–Lactea (3) pues les guiaba durante la noche. En el tejado de la catedral se ve aun hoy un pilar de piedra llamado «á cruz dos farrapos» donde los peregrinos pobres colgaban como piadoso trofeo, sus destrozadas ropas después de trocarlas por otras nuevas que recibían de los canónicos. Desde la fundación del gran hospital real debido á la munificencia de los reyes


(1) Palabras de la real cédula de erección de la real audiencia de Galicia, que tenemos á la vista.


(2) Se verifica este siempre que el dia del descubrimiento del cuerpo de Santiago, ó sea 25 de julio, cae domingo. Inútil es decir, que entonces es la época de los grandes funciones de toda clase que tanta concurrencia atraen á esta ciudad.


(3) Aun se conserva este nombre entre el vulgo, no solo en Galicia, sino en muchas poblaciones de España.

domingo, junio 26, 2011

Viage ilustrado (Pág. 577)

inglesas, cuyo general era sir Juan Moore, que aunque ventajosa para estos últimos, perdieron al intrépido Moore,que recibió una herida mortal de una bala de cañon. Habiéndose después embarcado los ingleses, la Coruñna hubo de capitular el 19, y se posesionó el mariscal Soult, aunque por muy pocos dias, pues la evacuó el 22. El renombrado general Porlier, que por liberal habia sido preso en el castillo de San Anton en 1814, poniéndose al frente de las tropas que guarnecían la plaza, proclamó la Constitución el 18 de setiembre de 1815, pero habiendo salido de la Coruña á la cabeza de aquellas, con objeto de generalizar el movimiento, fué abandonado por sus infieles soldados, entrando preso en la Coruña á los cuatro dias de su salida. Poco después murió en el suplicio. En 1820 la Coruña fué la primera ciudad que secundó el grito dado en la isla de Leon, en favor de la Constitución. Sitiada la Coruña por los franceses el 18 de julio de 1823, se defendió con bizarría, aunque inútilmente, pues se vio precisada á capitular el 10 de agosto.
El escudo de armas de esta antigua ciudad, consiste en la torre de Hércules, en campo azul rodeada de seis conchas ó veneras, en alusión al antiguo señorío que tuvo la iglesia de Santiago sobre ella, y al pie de la torre dos huesos cruzados y una calavera coronada, en significación de la fábula de la muerte de Gerion, de que hemos hablado.
Muchos son los hombres ilustres que tuvieron por patria esta ciudad, entre ellos debemos citar á don Francisco Salgado de Somoza, consejero de Castilla, y escritor fecundo, que murió en 1664; don Francisco de Trillo Figueroa, también escritor, que publicó entre otras obras, la Neapolisea, poema heroico del Gran Capitan, y don José Cornide y Saavedra, conocido erudito académico de la historia y escritor.
Al primer golpe de vista, Santiago desagrada por si cielo siempre encapotado, sus edificios ennegrecidos por la lluvia, y sus áridos alrededores; mas después se rectifica aquella primera impresión al recorrer sus magníficos edificios, y al notar el trato finísimo de sus habitantes, lo que no es de estrañar, pues Santiago es la residencia de la principal nobleza de Galicia, y de una juventud ilustrada á causa de su universidad, que se cuenta entre las mejores de España. La historia de esta noble ciudad, que se alza en torno de un sepulcro, no se esconde como otras en épocas remotas y desconocidas, y puede decirse está incrustada, y es la misma que la de su famosa catedral.
Corría el año de 813, y reinaba en Asturias y Galicia el célebre Alonso II, el Casto, cuando varias personas de autoridad acudieron al obispo de Iria–Flavia llamado Teodomiro, á noticiarle un suceso estraño. Era este, que en un monte no muy lejano de la espresada ciudad, se divisaban por la noche resplandores y luminarias estraordinarias y sobrenaturales. Acudió el santo prelado al indicado sitio, y habiéndose asegurado por sus propios ojos de la verdad del prodigio, hizo escavar en un gran montón de tierra, cubierto de malezas, y se encontró allí, el domingo 25 de julio, una especie de caseta ó capilla, dentro de la que habia tres sepulcros de mármol. El del centro era el del apóstol Santiago, y los otros dos de sus santos discípulos Atanasio y Teodoro. Existia desde mucho tiempo en España la tradición de que Santiago vino a predicar el Evangelio, y de que sus restos fueron por sus discípulos conducidos á Galicia. Por eso en esta provincia, aun antes del hallazgo de su sepulcro, consta que se tenia gran devoción a este santo. Teodomiro participó al rey que se hallaba en Oviedo, su feliz descubrimiento, y este, seguido de sus magnates, se dirigió á Galicia á prestar sus reverentes homenages á las reliquias de Santiago. Con su piedad acostumbrada, dispuso el rey Casto se edificase, aunque pobremente (1), una iglesia en aquel mismo sitio, y le donó para su sostenimiento todo el terreno que habia en derredor del sepulcro hasta la distancia de tres millas. Valiéndose también el monarca de su amistad con Carlo–Magno, le rogó influyese con el papa Leon III para que el obispo Iriense trasladase su residencia á aquel santo lugar, lo que se verificó. Dióse al nuevo templo el sobrenombre de Compostela, derivado según unos de Campus-Stellæ, campo de la Estrella, aludiendo á las milagrosas luces que allí se vieron, y según otros de Campus–Apostolus, y á sus inmediaciones se fueron edificando algunas viviendas, primero para los clérigos y dependientes de la iglesia, y después para otros que no lo eran, con las que se formó la ciudad, que al poco tiempo fué la metrópoli de Galicia. En 863, habiendo sido jurado por rey Alfonso III, llamado el Magno, aunque vivia aun su padre Ordoño I, fué enviado á Galicia, y fijó su residencia en Santiago hasta la muerte de aquel. Desde luego hizo derribar la antigua iglesia del Apóstol, que construyó el rey Casto, con objeto de edificar en su lugar otra mas grandiosa y magnífica: terminadas estas obras á principios de 874, despachó Alfonso el Magno, que ya ocupaba el trono de Asturias, dos presbíteros á Roma para solicitar del papa Juan VIII, el permiso de solemnizar con un concilio la consagración del nuevo templo, lo que aquel concedió, verificándose con este objeto una reunion de catorce obispos el año de 876, un lunes 7 de mayo. Dedicaron el altar mayor al Salvador, y otros tres á él contiguos, á San Pedro, San Pablo y San Juan Evangelista. El rey que se hallaba en Santiago con ocasión de estas sagradas ceremonias, hizo una donación á la catedral, en la que estendia á seis millas en rededor del sepulcro del Apóstol, los dominos de la misma que antes no eran sino de tres, y la ofreció una rica cruz de oro y piedras preciosas, copia aunque en pequeña dimension, de la célebre cruz de los Angeles, que se venera en Oviedo. El 7 de mayo de 899, el obispo Sisnando consagró por segunda vez la basílica y poco después cercó de muralla la ciudad, para defenderla de las correrías de los enemigos, en especial de los normandos, que molestaban de continuo las costas de Galicia. El primer domingo de cuaresma de 968 entraron en Santiago, é hicieron grandes destrozos en la catedral.
En otra entrada de estos piratas en 979, quemaron muchas aldeas y castillos, y el prelado Sisnando II, hijo del conde de Galicia, don Mendo, ayo de Alfonso V, fué muerto de una saeta por ellos mismos el 29 de marzo en el pueblo de Fornellos. Por fin, después de dos años de guerra y desolación, el conde que á la sazón era de Galicia Gonzalo Sanchez, acometió á los normandos cerca del mar, hizo en ellos cruel matanza, rescató los muchos cautivos que llevaban, y por último les quemó todas sus naves. Cuan–

(1) Ereisa de pedra con tapeas de terra, como dice un antiquísimo escrito en gallego.

viernes, junio 17, 2011

Viage ilustrado (Pág. 576)



Castillo de San Anton en la Coruña



navios. En 885 se levantó en esta ciudad contra el rey don Alfonso III, llamado el Magno, un magnate de nombre Hermigildo, ayudado de su muger Iberia; pero ambos fueron presos y castigados. Don Bermudo III dio esta ciudad y su faro a la iglesia de Santiago en 1029 y la nombra en la donación Farum Brecanticum. Por este tiempo, poco mas ó menos, los habitantes de la Coruña, huyendo sin duda de las continuadas correrías de los piratas normandos, se trasladaron al pueblo del Burgo, situado muy en lo interior de la ria, y la dejaron enteramente desierta. Volvió á poblarse á fines del siglo XII, mas fué preciso repetidas cédulas de los reyes, para que los vecinos del Burgo deshiciesen los edificios que allí construyeran, y volviesen á vivir á la Coruña. En 1370 los portugueses se apoderaron de esta plaza, mas hubieron de abandonarla, merced á los esfuerzos de Pedro Manrique, adelantado de Castilla, y Pedro Ruiz de Sarmiento, que lo era de Galicia. En la Coruña se embarcó el rey don Pedro el Cruel, cuando huyendo de su hermano, el de Trastamara, pasó á Bayona de Francia, é pedir auxilios á los ingleses. El duque de Lancaster llegó á la Coruña el 26 de junio de 1386, y se hizo dueño de algunas naves que habia en el puerto, mas no de la ciudad que defendió bizarramente su gobernador Fernán Perez de Andrade. La reina doña Juana la Loca, y su esposo Felipe I el Hermoso, desembarcaron en la Coruña en 28 de abril de 1506. Carlos V celebró Córtes en esta ciudad, en las que manifestó marchaba á Alemania á tomar la corona imperial, y solicitó de las mismas los auxilios pecuniarios para los gastos de su viagé, pero los procuradores de Salamanca se opusieron enérgicamente á esta exigencia, y protestaron que ni aun el juramento de fidelidad acostumbrado prestarían al rey, hasta que éste no accediese á la disminución de los tributos y otras peticiones que se le hicieron, lo cual apoyó también un procurador por Toledo. Carlos V, sin escuchar tan justas quejas, se embarcó en la Coruña el 20 de mayo de 1520, y en seguida estalló la guerra de las comunidades que dieron fin con las libertades de Castilla. Felipe II se embarcó también en este puerto el 12 de julio de 1554 cuando iba á Inglaterra á contraer matrimonio con la reina de aquel pais, María la Sanguinaria. En 1563 dispuso este rey que la real audiencia de Galicia, que residía en Santiago, se trasladase á la Coruña, ciudad á la que da en la cédula de traslación el nombre de «fuerza y guarda del reino de Galicia.» El 4 de mayo de 1589, se dejó ver la escuadra inglesa, que á las órdenes del renombrado Francisco Drack, venia de orden de la reina Isabel de Inglaterra á apoderarse de la ciudad de la Coruña. La memoria del sitio que sufrió entonces esta ciudad, y el singular esfuerzo con que se defendió, rechazando después de muchos dias de combate á los enemigos, forma una de sus grandes glorias. A pesar de la brevedad de una obra de esta especie, debemos mencionar aquí la hazaña de una heroica coruñesa en aquel famoso cerco. Apoderados los ingleses del barrio de la Pescadería ó ciudad Nueva, intentaron un furioso asalto contra la ciudad, después de volar una mina que había abierto la brecha. Un alférez inglés que subía el primero por ella con una bandera en la mano, fué muerto por la referida muger, llamada María Fernandez de la Cámara y Pita, y vulgarmente en la Coruña María Pita, viuda de un valiente que murió poco antes defendiendo la plaza. Arrancó la heroína la bandera de las manos del moribundo alférez, é hizo huir á los que le seguían. Felipe II premió este hecho señalado, concediendo á María Pita el grado y sueldo de alférez, y este trasmisible á sus descendientes, que la disfrutaron largo tiempo. El capitan general ó gobenador de Galicia, que defendió la plaza en aquella ocasión, era el marqués de Cerralvo. En 8 de abril de 1691, desembarcó en la Coruña la reina doña María Ana de Austria, que venía á desposarse con Cárlos II. La Coruña fué de las primeras poblaciones que se levantaron contra los franceses en 1818, y en ella se reunió la antigua diputación del reino de Galicia, compuesta de un representante de cada una de su siete ciudades de voto en Córtes, cuya corporación dirigió con el acierto que todos saben, la terrible guerra que Galicia hizo á las huestes de Napoleon. El 16 de enero de 1809, hubo en las mismas puertas de la Coruña, una reñida acción entre las tropas francesas que mandaba el célebre Soult, y las

domingo, junio 12, 2011

Viage ilustrado (Pág. 575)

torre está grabada en una peña la siguiente inscripción romana:




MARTI.
AYG. SACR.
G. SEVIVS.
LVPVS.
AR……TECTVS.
AT……..SIS
LVSITANVS. EX. V.°




Para conservar esta notable escritura, cuando la reparacion de la torre, se encerró la peña que la contiene en una caseta de sillería. En la parte superior de la referida peña, se ve un plano circular con un taladro en el centro, en que estaba afianzada la grande estatua del dios Marte. La historia de la torre de Hércules se remonta á épocas muy remotas é inciertas. Muchos aseguran fué edificada por los fenicios, y otros, con mejores fundamentos, atribuyen la fabricion de este hermoso faro, pues con este objeto fué construida, al emperador Trajano, fundándose no solo en la inscripción referida, sino que también en que ningún escritor antiguo hace mención de tan curioso monumento hasta Paulo Orosio, que escribió á principios del siglo V, atribuyéndose á los sarracenos la destrucción de la escalera esterior que lo circuía, y de la estatua de Marte que estaba encima de la inscripción En las turbulentas épocas de la edad media, este faro se convirtió en fortaleza ó castillo, y pertenecía á los arzobispos de Santiago; llamábase el castillo del Faro ó el castillo Viejo. Apasadas por fin las discordias en que ardia Galicia, fué la torre abandonada, y se desmoronó, no quedando mas que las cuatro paredes Asi permanecía á mediados del siglo XVI en que la visitó Molina, como él mismo nos asegura en su descripción de Galicia. En 1682, fué reparada por el duque de Uceda, capitán general de Galicia, construyéndose dos torrecillas encima de la torre, en las que se colocaron dos faroles. Duró poco esta mejora, pues en el reinado de Carlos III la torre no era mas que una ruina, hasta que fué de nuevo reparada por la junta de Comercio como ya dijimos.
El principal paseo de la Coruña es el llamado de la Reunion, que consiste en una alameda compuesta de tres calles de árboles, con bancos de piedra. El paseo de San Carlos ocupa el antizuo baluarte del mismo nombre, y consiste en un bonito jardín, en cuyo centro hay un elegante sepulcro que contiene los restos del general inglés Sir Juan Moore. El paseo de la Torre es el camino que dirige á esta, dejando á la derecha el cementerio, que es proporcionado á la población, y á la izquierda el parque de San Amaro. Presenta una hermosa vista, pues desde él se domina el gran seno que forma el Océano con los tres puertos del Ferrol, Betanzos y la Coruña. También es un agradable paseo el llamado de Santa Margarita por sus bellas vistas. Se ve también ademas de lo mencionado, las magníficas fábricas de la Pallora, que es de cigarros, y en cuyo edificio grandioso se ocupan 2.407 personas entre empleados y operarias, y la de vidrios, en la que se emplean 30 operarios estrangeros y 120 del país. La Coruña es cabeza de un partido judicial que comprende siete ayuntamientos y sesenta y una feligresías: capital de la provincia civil de su nombre, que es de primera clase, y contiene cien ayuntamientos, de la audiencia territorial de Galicia, de la capitanía general del mismo reino, de la comandancia general de su provincia, del gobierno civil, de un partido de rentas, del cuarto departamento de artillería y de una provincia y partido marítimo que lleva su nombre.
Después de la ligera descripción de la Coruña que acabamos de hacer, daremos á nuestros lectores algunas noticias de la historia de esta notable ciudad. Como en todas las poblaciones de remoto é ignorado orígen, se han relatado muchas fábulas sobre su fundación. La crónica general de España, escrita por Alfonso el Sabio dice: «Ercoles é Gerion lidiaron tres dias que non podían vencer, é en cabo venció Ercoles é cortol la cabeza, é mandó en aquel logar facer una torre muy grande é fizo meter la cabeza de Gerion en el simiento, é mandó poblar y una grand cibdad, é facie escribir los nombres de los omes é de las mugeres que venien poblar; é una que y vino, fué una muger que abie nombre Cruña, é por eso puso asi nombre á la cibdad.» Mas dejando á un lado las ficciones poéticas, hallamos que el verdadero nombre antiguo de la ciudad de que hablamos, fué Brigantium, ó Flavium Brigantium, y el sitio que ocupa pertenecía al país de los artabros ó arrotrevas, de los que dice Estrabon tenian varias ciudades á la orilla del mar, y en rededor de aquel gran seno, á cuyas inmediaciones se alzaba el promontorio Céltico ó Nerio, llamado hoy cabo de Finisterre. Tolomeo, que vivía el año 140 de Cristo es el primer escritor que nombra á Flavium Brigantium, ciudad de la costa septentrional de los gallegos lucenses, y situada en el Puerto Magno. Paulo Orosio, que vivió en el siglo V, dice que en Brigantia, ciudad de Galicia, hay un «altísimo pharo. obra memorable entre las pocas de su clase, que se alza á tal altura, que pueden descubrirse las costas de Britania.» Este es el primero que nombra la torre, como ya dijimos, y no puede menos de atribuirse su creación al emperador español Trajano con el mismo objeto que hoy tiene de servir de guia á las naves. Las inmensas ventajas que para la navegación y la pesca ofrecía la privilegiada situación de este hermoso puerto, llevó allí sin duda á sus primeros pobladores; pobres pescadores, que ejercían su industria en canoas de mimbres cubiertas de pieles, los que, según nos dice Dion Casio, se llenaron de asombro al ver la magnitud y estraña forma de las naves romanas, mandadas por Julio César, que tomaron tierra en este puerto brigantino, y de que se apoderó sin resistencia aquel guerrero célebre. Es de creer que desde esta época se acrecentó la población por los esfuerzos de los romanos que conocieron todas las ventajas que podía sacar la marina del imperio de tan escelente puerto. En cuanto al nombre moderno de Coruña, que aparece por primera vez en un documento de fines del siglo XII, parece no cabe duda en que se deriva de Columna, con que se conocía el faro ó torre de Hércules, y de aquí con fácil adulteración Columna, Crumna, Cruña y Coruña. Desde el desembarco de Julio César no vuelve á mencionarse esta ciudad en la historia, hasta 884, en que según, los cronicones de Sebastian, obispo de Salamanca, y del monge de Silos, una flota de piratas normandos hizo un desembarco primero en Gijon, y luego en el Farum Brigantium, y talaron el pais. El rey don Ramiro I, que á la sazón ocupaba el trono de Asturias, envió contra los corsarios un ejército que los derrotó y obligó é reembarcarse en este mismo puerto de la Coruña con pérdida de setenta

viernes, junio 10, 2011

Viage ilustrado (Pág. 574)

El camino desde el Burgo á la Coruña es de lo mas delicioso, pues aparte la agradable vista del mar, forman un risueño paisage las graciosas aldeas y casas de campo que se ven esparcidas por una y otra parte. Déjase atrás el estanque de Cidama, el lindísimo aunque pequeño valle de Palavea, el Portazgo, el monte de Iris, la aldea de Monelos y el populoso barrio de Santa Lucía.
La Coruña está situada al estremo N. O. de nuestra península Ibérica, y en el vértice que forman la costa de Cantabria y la de Galicia, ocupando una estrecha lengua de tierra ó sea istmo que une con la tierra firme una península que tendrá como media legua de longitud, y en cuyo estremo se alza el famoso y antiquísimo faro conocido con el nombre de Torre de Hércules. Divídese la Coruña en dos partes, que forman dos poblaciones no solamente separadas, sino que presentan á primera vista un tipo enteramente contrario. La parte antigua llamada la Ciudad, tiene calles tortuosas y angostas, abunda en iglesias y conventos, y sus silenciosos barrios están habitados por las autoridades, el clero y la nobleza, cuyas casas blasonadas remontan su origen á lejanos tiempos. La Ciudad Nueva ó Pescadería, que ocupa el istmo de la península de que antes hablamos, presenta el aspecto de una verdadera población moderna. Sus hermosas calles rectas y anchas formadas por casas de varios pisos con reducidas habitaciones, se ven constantemente cruzadas por cerredores, agentes de comercio, marinos de diversos paises y comerciantes de todas categorías. En este barrio casi todas las casas son tiendas ó almacenes de mercaderías, y en él están situados los teatros, los cafés, los gabinetes de lectura, la aduana, el tribunal de comercio y las habitaciones de los cónsules estrangeros. Inútil es decir que el viagero que guste de reposo y del trato fino de la culta sociedad, debe preferir en la Coruña las casas de «la Ciudad» y huir de la Pescadería, donde no oirá hablar eternamente mas que de facturas, de letras de cambio, del cacao, del azúcar, y de la entrada y salida de buques en el puerto.
Ambas partes de la Coruña tenian sus respectivas fortificaciones que las separaban enteramente una de otra, y que acababan de completar la ilusión de dos ciudades diferentes; mas en 18541 cuando entró en los pueblos la manía de derribar sus ciudadelas y fortalezas, los coruñeses decretaron la demolición de las murallas que separaban la Ciudad de la Pescadería so pretesto de que podian dañar á esta última y empezaron á realizarla; pero suspendida después la operación por mandato del gobierno, presenta hoy aquella parte un aspecto repugnante, cegados los fosos con los escombros, y la muralla llena de brechas. La consideración de la Coruña como plaza fuerte, data al menos del reinado de Enrique III, en que consta se edificaron la mayor parte de las fortalezas de la Ciudad Vieja, que fueron luego reparadas por Carlos V; pero cuando se trató de poner esta plaza y su importante puerto en estado respetable de defensa, fué en 1702, dando principio á las obras un ingeniero francés llamado Reinaud que continuaron después varios españoles. Constan las defensas de la Coruña, de varias cortinas y baluartes según el sistema moderno de fortificación, cubiertos de razonable número de piezas, y de los castillos de San Diego, Santa Cruz y San Anton que defienden la hermosa y concurrida bahía. El último fuerte que hemos nombrado esta pintorescamente situado sobre una roca aislada en el mar, y es capaz de veinte y tres cañones. Habia desde muy antiguos tiempos en esta isleta una pequeña ermita dedicada á San Anton, que se conserva, y sus primeras fortificaciones datan del siglo XVI aunque fué casi del todo reconstruido en el reinado de Cárlos III. Esta fortaleza, ademas de su importancia militar y bella posición, es memorable por haber servido de prisión á varios parsonages, entre otros don Melchor Macanáz, ministro de Felipe V, don Antonio Villaroel, famoso partidario del archiduque Cárlos en las guerras de sucesión, etc., etc. Ademas de los castillos referidos hay otras obras esteriores que aumentan las defensas de la plaza.
Entre la Ciudad y la Pescadería está la plaza o mas bien un gran campo llamado de la Leña o de la Horca, porque era el lugar destinado a las ejecuciones. Aqui murieron en el suplicio por opiniones contrarias víctimas de nuestras discordias civiles el general Porlier en 1815, y el barón de Sant–Joani en 1822. En el citado barrio de la Pescadería esta la plaza de la verdura y la de comestibles, donde se celebran los mercados semanales; en la Ciudad hay otra plaza llamada de la Harina, de bastante estension pero de figura irregular, y en ella esta el palacio de la Audiencia, las oficinas civiles y militares, y la casa de ayuntamiento, hoy demolida para reedificarse: las demás plazas ó plazuelas son insignificantes.
Los templos de la Coruña no corresponden tampoco ni por su mérito arquitectónico ni por su grandeza á la importancia de la población; solo la colegiata de Santa María del Campo y la iglesia parroquial de Santiago, nos parecen dignos de recomendarse por su antigüedad y por sus recuerdos históricos. También se visita el palacio, el hospital, la cárcel, el presidio correccional, el teatro construido de nueva planta, aunque sin concluir la decoración exterior los cuarteles y la célebre torre de Hercules que, por sus recuerdos y nombradía exige que nos detengamos en ella un momento.
Ocupa este antiquísimo monumento, el estremo de la península en que está situada la cuidad, y se alza sobre la cima de una colina. La elevación es de ochenta y dos pies, y su planta es un cuadrado de treinta y un pies en cada lado. El material que la constituye es un compuesto de piedras de un pie en cuadro y otro tanto de grueso, cal, y guijarros menudos. Tiene tres pisos abovedados del mismo material que las paredes, los que en antiguos tiempo, no se comunicaban. Actualmente este vetusto faro carece del aspecto venerable que le prestaría su remota antigüedad, pues en 1788 fué revestido de piedra de sillería para darle mas solidez, por disposición de la junta de Comercio. En otro tiempo estaba rodeada esta torre de una especie de rampa en espiral por la que se subia á lo alto, en donde había una especie de meseta de piedra destinada á encender una hoguera de noche para que sirviese de guia á las embarcaciones. Esta rampa esterior, que era muy ancha y por la que dicen podia subir un carro de bueyes, se había derribado ya en 1549. En lo alto de la torre está el gran farol con eclipses formados por planchas de hierro, á los que da movimiento un reloj colocado en el centro que obscurece sucesivamente los siete reverberos que se encienden por la noche. Al pie de la

lunes, junio 06, 2011

Viage ilustrado (Pág. 573)



Iglesia de San Martin de Tiobre

reo (1) había encontrado en su vientre un anillo. San Rosendo reconoció el suyo, y dio gracias á Dios de haberle perdonado.
La situación de Betanzos en la carretera de Madrid á la Coruña sobre una colina circundada por los rios Masdeu y Mendo, y rodeada de otras colinas vestidas de viñedo y arbolado, no puede ser mas amena y vistosa. Tuvo por nombre Brigantium Flavium, y su orígen se pierde en la noche de los tiempos fabulosos, atribuyéndose su fundación por unos á los primeros pobladores de España, por otros á los celtas, y finalmente, por otros (aunque con menos razón) á los romanos, quienes la dieron el dictado de Flavium en tiempo de Domiciano, ó de Flavio Vespasiano, según varios autores. Lo que parece averiguado es que Brigantium era ciudad de los arrotrevas ó artabros, antiguos pueblos que habitaban esta costa y que formaba una misma población ó república con la llamada Coruña, que era su puerto y tenia el mismo nombre, siendo muy común en aquellos tiempos denominarse de su capital como hoy acontece con los barrios de una población. Con el trascurso de los siglos, Betanzos vino á perder su importancia antigua. El rey Enrique IV le concedió por segunda vez el título de ciudad en 1465, merced que en 1480 confirmaron los reyes Católicos añadiéndole grandes privilegios, entre otros, el de voz y voto en Córtes. En el día solo cuenta unos 4,200 habitantes, y es cabeza de un partido judicial de ascenso que comprende diez ayuntamientos, noventa y seis feligresías y novecientas poblaciones. Entre sus edificios, el llamado el Archivo, que esta en la plaza ó campo de la Feria, nos pareció el mas notable. Se construyó en 1763 para custodiar los papeles de las escribanías de la audiencia territorial de Galicia, pero no tuvo efecto esta disposición, y se destinó á cuartel.
En el partido judicial de Betanzos se halla la antigua torre Do Peyto Burdelo, ó sea del Pecho del Burdel, solar de la familia de los Figueroa y teatro de la renombrad hazaña de donde tuvo origen este ilustre apellido que llevan los duques de Feria. Repetiremos aqui, con este motivo, las palabras de Huerta en sus anales de Galicia.
«A un caballero de esta familia de Figueroa llevaron su dama como comprendida en el tributo de las cien doncellas, y para ello fué conducida á una torre que aun permanece no lejos de la ciudad de Betanzos que se llama la torre Do Peyto Burdelo. Aqui la recibieron los moros con las demás compañeras, y su enamorado, convocando otros cuatro hermanos suyos, los salieron al encuentro una legua de aquella torre en un campo lleno de higueras, y acometiéndolos valerosamente, mataron á unos é hirieron á otros y los hicieron huir librando las cautivas. En memoria tomaron por armas cinco hojas de higuera por haber sido cinco hermanos los de la hazaña, y para trofeo de la victoria edificaron alli su casa solar.» Casi todos los nobiliarios que se ocupan de esta familia, añaden que el adoptar la divisa de las hojas de higuera y el apellido de Figueroa, fué por no haberse valido de otras armas para el combate con los moros que de unas ramas que desgajaron de las higueras que alli había.
Muy cerca de Betanzos hay una antigualla notable. Es esta la iglesia que sirve de parroquia á la aldea de San Martin de Tiobre. Dícese en el pais, que este templo señala el lugar donde estuvo edificada la ciudad antiguamente. Su arquitectura bizantina, los dragones de piedra, con que remata (antigua divisa guerrera de los suevos), y la advocación de San Martin á quien la nación sueva profesaba gran afecto desde que se hizo católica, son argumentos de bastante fuerza para adoptar la general creencia de que San Martin de Tiobre debe su origen á aquellos antiguos conquistadores de Galicia. Por lo demás, esta iglesia, si bien muy digna de observarse por el arqueólogo y el viagero, nada tiene de sorprendente, pues es muy semejante á las de Amundi, Villanueva, Abamia y otras que habíamos visto en Asturias, y tal vez todas pertenezcan á una misma época; es decir, al siglo VIII.
Burgo es una pequeña aldea que dista legua y media de la última ciudad nombrada, y que está situada sobre la carretera y á la orilla izquierda del rio Mero, sobre el que hay un mediano puente de doce arcos.

(1) Especie de peces de bastante magnitud de que abunda el rio Eume.

sábado, junio 04, 2011

jueves, junio 02, 2011

Viage ilustrado (Pág. 570)

Rebervero; tiene cuatro hornos, dos fraguas y un martinete, y está destinado para obrador de las grandes fundiciones. Dejando este campo, y volviendo á entrar en el arsenal, se ve otro edificio de sillería la llamado la Estufa, que sirve para derretir el alquitrán con que se calafatean los buques; hay en él nueve chimeneas. Después la Estufa, y en dirección de la dársena está el gran dique para la carena de los mayores navios, el cual, asi como todas las obras de esté arsenal modelo, está esmeradamente fabricado; contiguo á él hay otro dique menor, y entre los dos la casa de bombas, que contiene dos buenas máquinas de vapor que mueven dos grandes bombas. Estas absorben el agua de los dos diques, en cantidad de ochocientas arrobas por minuto, que arrojan á la dársena, y suelen lardar seis horas en esta operación. En dirigir las máquinas y atizar el fuego se emplean solamente seis hombres, cuando antes eran necesarios para vaciar el agua de los dique seiscientos presidiarios, que tardaban cincuenta horas. El edificio que nos ocupa es uno de los mas notables, pues constando su altura de sesenta y dos pies, tiene treinta y ocho bajo el nivel de la tierra, y estando rodeado del agua del mar por tres partes bástala altura de treinta y cuatro pies, ni una sola gota filtra al interior, tan perfectamente unidos y embetunados están los sillares que componen el pavimento y paredes de esta gran oficina. Detrás de los citados diques está el gran Tinglado, inmenso edificio de mil trescientos cuarenta y ocho pies de longitud, cincuenta y siete de latitud y treinta y seis de altura. Compónese de dos cuerpos; el primero es de silería y consta de quinientos setenta y seis arcos y columnas para sosten de dos azoteas que ocupan todo el frente y la espalda del edificio. El segundo cuerpo es de cal y canto, y está entre las dos azoteas; su objeto es servir de almacén de varios efectos y pertrechos, y el primero lo ocupan los obradores de cureñas, de arboladuras, aserradores y otros objetos. Cercanos al gran tinglado, hay otros algo menores, aunque también bastante estensos, los que sirven para depósitos de efectos de artillería, y el cuartel del presidio, cuyos patios están rodeados de grandes murallas. En el mismo frente que la puerta del dique, por la que entramos para describir las obras referidas, está la nominada del Parque, mediando entre esta y la primera el frondoso y dilatado paseo llamado la Alameda. Después de la citada puerta del Parque, se ven á la izquierda varios cuerpos de guardia, á la derecha un estenso corralón que sirve para obrador de artillería y depósito de municiones, y en el centro una plaza en que hay depositadas muchas anclas, y una cabria, que está á la orilla de la dársena, y sirve para el embarque y desembarque de aquellas. Por un arco que está a la parte del Oeste de la citada plazuela, se pasa á una plaza ocupada en uno de sus frentes por un suntuoso y bello edificio, que tiene su espalda sobre el foso, y al que se da el nombre de Sala de Armas. Es de sillería y de aspecto magnífico y grandioso, de planta rectangular y con dos patios. Consta de dos pisos, y la fachada principal está adornada con columnas dóricas. Al mismo orden arquitectónico pertenecen las pilastras que decoran las dos suntuosas escaleras que dan ingreso á esta hermosa fabrica. El piso bajo, ó sea primer cuerpo, sirve de almacén de depósito para embarcaciones de todos portes. En el segundo cuerpo, ó sea piso principal, está la gran sala de armas, obradores de tejedores y almacenes de cáñamo, y las bohardillas están ocupadas por los talleres para hilar las lonas de que se hacen las velas. En la sala de armas hay espacio para colocar ocho mil cuatrocientos sesenta y cuatro fusiles y pistolas, dos mil novecientos sesenta y cuatro chuzos y lanzas, y once mil novecientas diez y ocho espadas. Esta pieza es muy estensa, y los armeros que la circuyen, están perfectamente dispuestos. A uno y otro lado del edificio de que acabamos de hablar, hay otros dos, que forman con él la plaza, y que tienen pórticos en toda su longitud. Constan igualmente de dos pisos; en el bajo de uno de ellos, hay once almacenes para guardar todos los efectos de un buque cuando se desarma, á excepción de los mástiles y la artillería, y en el piso superior se custodian las velas. El otro edificio, que está al frente de este, contiene en su piso bajo diez y nueve almacenes, cada uno de los que sirve de depósito de todos los enseres de un navio desarmado, y el piso principal servia para rastrillar el cáñamo, para lo que habia ciento diez y nueve rastrillos. A la espalda de este último edificio, hay un tinglado de treinta pies de latitud, que servia para recogerlos aparejos. Aqui acaba por esta parte el arsenal con una magnífica y terrible batería que lo defiende,1a que tiene tres hornillos para bala roja; es capaz de ciento veinte y dos piezas de grueso calibre, y ocupa un frente de dos mil trescientos setenta pies con ochenta varas de espesor. Construida sobre las olas, y á muchas brazas del fondo del mar, no se sabe haya en Europa una obra de este género, que pueda comparársele. Recorriendo esta soberbia batería llamada del Parque, dejamos á la izquierda la Cordelería, que tiene mil trescientos veinte pies de largo y ciento veinte de ancho, y una casa llamada la Estufa (que contiene tres disformes calderas en que se derriten los alquitranes para la jarcia y se fabrica la cuerda–mecha), que está entre la Cordelería, y la gran batería. Bajando desde esta á la dársena, se ve un para–rayos que señala la entrada de un depósito ó almacén de pólvora, construido á prueba de bomba, en el mismo terraplén, y otro mas pequeño para cartuchos. Retrocediendo á la plaza de la sala de Armas, y siguiendo la orilla de la dársena, vimos la magnífica machina, construida en 1825. Es una cabria colosal para arbolar los buques, que tiene de abertura entre sus pies nueve varas, y de elevación cincuenta y una, formando con el plano de la superficie un ángulo de setecientos cincuenta pies. Omitiendo hacer la descripción de otras muchísimas dependencias y edificios de este célebre arsenal, por no prolongar esta narración ya demasiado pesada; diremos solamente, que en él pueden acomodarse escuadras enteras sin dificultud alguna y pueden armarse en todo tiempo un inmenso número de buques sin necesidad de aguardar mareas, para que los mayores navios reciban sus palos, sus anclas, sus cañones y todos sus enseres. Salieron de este magnífico establecimiento (fabricados en él), cuarenta y seis navios, cuarenta fragatas y setenta y cuatro buques de menor porte. En el dia, como recuerdo raquítico de su antiguo esplendor, sostiene trabajosamente setecientos operarios en algunas épocas, y ciento diez y ocho de continuo. Al considerar tan costosas y bellísimas obras, las mas próximas á su ruina, tantos tesoros allí sepultados para crear un establecimiento sin rival en el mundo, y dar como dio á nuestra querida patria el cetro de los mares en épocas no

martes, mayo 31, 2011

Viage ilustrado (Pág. 569)

de tierra, en la que hay una puerta. Dentro de este recinto habia una fuente y varios cuerpos de guardia, y estaba destinado á la fabricación de los palos de los buques, y á la de lanchas y todas las demás embarcaciones menores, lo que hoy se hace en el gran arsenal del Ferrol. Después de este de Carranza, hay una estensa playa en donde hubo siete diques, para contener las maderas que después se empleaban en la construcción. Al estremo opuesto de la citada playa, entre Carranza y el astillero, hay un gran dique destinado también para conservar las maderas bañadas por la marea. Sigue después el astillero, el que se halla ya dentro del recinto de la plaza, ocupando un espacio de ciento quince mil varas cuadradas, y al que da entrada una puerta que está en la estensa plaza llamada Cuadro de Esteiro, de que hemos hablado ya. Hay dentro dos grandes corralones con varios tinglados que sirven para depósitos de maderas, casetas para obradores y cuerpos dé guardia. Desde uno de los corralones se pasa por dos puertas á la parle del astillero mas próxima al mar, y se encuentra un edificio llamado Sala de Galibos, dividido en dos cuerpos. En el primero hay una oficina de cuenta y razón, almacenes y obradores de carpintería. El segundo cuerpo, que no contiene mas que una gran cuadra de cuatrocientos treinta y dos pies de longitud, cincuenta de latitud, con cincuenta y cinco ventanas y dos puertas, está destinado para trazar las plantillas de los buques que se construyen. Inmediatos a la sala de Galibos se ven tres tinglados para depositar las maderas y para trabajar los operarios en tiempos de lluvia. Alli están las doce gradas de primitiva construcción, que son admiradas por los inteligentes, por su solidez y escelente disposición, y miradas como las mejores de Europa. Se han construido en ellas navios de las mayores dimensiones posibles. Cerca de las gradas se encuentran diez y ocho fraguas para todas las obras de hierro que sean necesarias á los buques. Hay también en este astillero tres aserraderos cubiertos, y un pozo de agua dulce muy abundante. Para establecer todas las inmensas dependencias de un establecimiento tan vasto, que es sin duda el primero de Europa en su género, eligió el entendido Alvarez la grande ensenada que forma la ría desde el astillero hasta Ferrol viejo, de escelente fondo y de bastante profundidad para anclar en ella los mayores buques; mas teniendo de ancho la ria en esta parte cerca de milla y media, y soplando en ella con violencia los vientos; con objeto de procurar á los buques el necesario resguardo, concibió Alvarez y llevó á cabo el osado proyecto de elevar fuertes murallas sobre el mar, formando el asombroso arsenal del Ferrol.
Su figura es la de un paralelógramo de mil cuatrocientas veinte varas de longitud, y setecientas de latitud. El lado mas largo es un gran malecón que corre desde la puerta de San Fernando en línea recta sobre las aguas por espacio de novecientas cuarenta varas; en este punto, que tiene de ancho por la parte superior, no menos que cincuenta varas, deja una abertura de trescientas varas para la comunicación necesaria con las aguas de la ria, y luego continua el inmenso malecón por otras ciento ochenta varas, teniendo de ancho setenta. Sus cimientos están á treinta y seis pies de profundidad. Desde esta punta se dirige otro malecón á la parte de Ferrol viejo, formando con el primero un ángulo recto. Al acabar este, parte otro malecón, paralelo al primero, y de igual estension, de mil cuatrocientas veinte varas, el que está en su mayor parte construido sobre un terreno que antes cubrían las aguas del mar, y lo restante sobre la orilla antigua. Dentro de este gran paralelógramo se forma otro también con tres malecones, cuyos lados mayores tienen trescientas varas de largo y cincuenta de espesor, y los menores cien varas de largo y veinte de ancho. Todas estas atrevidas y magníficas fábricas encierran dos grandes dársenas, la mayor tiene quinientas catorce mil varas de superficie, y la menor veinte y seis mil quinientas cincuenta. Los malecones están en su mayor parte fundados sobre cimientos situados á muchas varas bajo el agua, y revestidos de piedra de sillería, y sustentan casi todos soberbios y grandiosos edificios también de sillería; solo el malecón de Oeste, que es el mas combatido por las olas, sostiene una terrible batería no menos que de ciento veinte y dos piezas de grueso calibre. Dos frentes de este arsenal están bañados por la ria, y por la parlé de tierra está también aislado por un gran dique para maderas, y por un largo foso que se cubre de agua con la marea. Dos puertas dan entrada á este inmenso edificio, la una se halla en la alameda, y para llegar á ella se atraviesa el foso por un puente. Encima de ésta puerta se alza una torre cuadrada y compuesta de cuatro cuerpos, que remata en un reloj. El segundo cuerpo de la torre es una capilla en la que se celebra misa los días de fiesta, y la que oyen los dependientes del arsenal desde una plazuela que está al frente. Un lado de esta se ve ocupado por las casas del comandante subinspector délos arsenales, y los otros por cuerpos de guardia. Después de la citada plazuela, está la gran dársena , y torciendo á la izquierda, un magnífico edificio de trescientos veinte y siete pies de longitud, ciento de latitud y cuarenta y dos de alto, dividido en cinco estancias distintas. Paralelo á este edificio hay otros de iguales dimensiones, aunque algo mas bajo. Uno y otro son muy sólidos y construidos enteramente de piedra, y sirven de almacenes generales. Otro que se alza cerca de estos y que tiene trescientos cincuenta y dos pies de largo y setenta y ocho de ancho, está destinado á las herrerías. Compónese de dos cuerpos; el bajo, que es donde se fabrican las obras gruesas, tiene en su circunferencia treinta y dos fraguas y otras cuatro mas grandes en el centro: aqui habia en otro tiempo hasta ciento cuarenta y cuatro trabajadores. El piso superior en que se fabrican objetos de cerrajería, contiene veinte y cuatro fraguas, y se ocupaban en él ciento setenta y dos operarios. Una parte de este edificio está destinada para la fundición de obras pequeñas, ocupándose en ellas setenta oficiales. Cerca de estas magnificas herrerías está otro edificio aislado que contiene el obrador de intrumentos náuticos establecido por Baleato, célebre maestro de cerrajería, en 1785. Compónese de grandiosos talletes y un bonito gabinete para guardar las instrumentos ya acabados. Inmediato al laboratorio de Baleato está el gran dique de las maderas, que ocupa un espacio de seiscientas treinta y cinco varas de longitud, y veinte de latitud. Las maderas flotan cuando crece la marea, y están contenidas por unos fuertes murallones, y una puerta de estacas que separan al dique de la ria. Inmediato al dique hay un estenso campo que sirve para depositar el carbon de piedra y los escombros, el cual está cercado por un buen murallon. Al estremo de este campo hay un grande edificio aislado llamado el

viernes, mayo 27, 2011

Viage ilustrado (Pág. 568)

da de un general, 1,200 hombres y algunos caballos muertos, y varias lanchas y botes que olvidaron por la precipitación y desorden. Los españoles perdieron asimismo 230 hombres y tuvieren tambien que lamentar el incendio de algunos montes y casas de campo. El general francés Soult, á la cabeza de 8,000 hombres se apoderó por capitulación del Ferrol el 27 de enero de l.809, después de algunos dias de sitio. Tambien fue asediada esta villa por los franceses y realistas en 1823, y hubo de abrirles las puertas. Las armas del Ferrol consisten en una torre almenada, de la que está suspendido un gran farol, lo que parece aludir al origen que dijimos se suponía tener el nombre de la villa. Divídese esta en tres partes denominadas: Ferrol viejo, Ferrol nuevo ó la Magdalena, y Esteiro. La primera, como indica su nombre, está formada por la primitiva vida, presentando el desagradable aspecto de los pueblos antiguos, calles estrechas y tortuosas, casas pequeñas y desiguales, etc., etc. El Ferrol nuevo es por sí solo una población lindísima; su planta es un paralelógramo de trescientas mil varas cuadradas, cuya longitud atraviesan siete calles, compuestas de hermosas casas, las que son cruzadas por otras nueve. Todas están tiradas á cordel, y tienen diez varas de ancho. En el Ferrol nuevo se hallan también tres hermosas plazas; las dos primeras, la del Carmen y la de los Dolores, formando cada una un rectángulo de ciento veinte varas de longitud y ciento diez de latitud; en la otra está situada la hermosa casa que sirve de cárcel y ayuntamiento, de que hablaremos después. Las manzanas que forman las casas son enteramente iguales en figura de rectángulo, cuyos lados mayores tienen cien varas de estension y los menores cuarenta. El Ferrol nuevo no data mas allá de mediados del siglo pasado, pues se construyó al mismo tiempo que los arsenales. De aquella época es el Esteiro, cuyas calles, aunque no tienen la igualdad de las del Ferrol nuevo, están alineadas. En este barrio hay también una gran plaza, llamada el Cuadro, la que forma un paralelógramo rectángulo. Toda esta hermosa población está rodeada de fortificaciones compuestas de muros aspillerados, baluartes y baterías donde pueden colocarse doscientas nueve piezas de artillería, y que forman un perímetro de ocho mil cuatrocientas varas. Fueron terminadas estas obras de defensa en 1774.y ascendió su coste á 3.000,000 de reales. Las puertas de la villa son en número de seis, de las que tres dan á la marina, y tres á la parte de tierra. Los edificios públicos del Ferrol son muchos y magníficos; daremos de ellos una breve noticia. La parroquia del pueblo, que tiene por advocación San Julian, y cara curato, que es de término, es presentación del conde de Lemos, antiguo señor feudal de toda esta comarca, está situada en el centro del Ferrol nuevo, y fue acabada en 1772. Forma su entrada un elegante vestíbulo de tres arcos de piedra de sillería, que corresponden á otras tantas puertas. La fachada, que es elegante, sencilla y suntuosa, está terminada por un frontispicio con una cruz de hierro dorado y varios remates piramidales, y tiene á sus flancos dos graciosas torres le sillería. La planta de toda la iglesia es cuadrada, y sobre su área se alza un crucero formado por cuatro capillas y una espaciosa media naranja coronada por una elegante linterna. El interior es de muy buen gusto y espacioso; reina en él, asi como en el esterior, el órden compuesto. La parroquia castrense, que hasta 1847 ocupaba la bonita capilla de San Fernando, edificada en Esteiro en 1735, se trasladó á la iglesia del convento de San Francisco, fundada en el Ferrol viejo en el siglo XIII por uno de los compañeros del citado santo, y reedificada con mejoras en 1377 por Fernán Perez de Andrade, progenitor de los actuales duques de Alba como condes de Lemos. Aunque la planta de este edificio es rectangular, la iglesia es en figura de cruz, con cuatro capillas y una media naranja. El interior está decorado con pilastras de orden toscano y la fachada con otras de orden dórico. También tiene dos torres que están sin acabar. Ademas de las dos iglesias referidas hay nueve capillas, unas antiguas y otras de época muy reciente, mereciendo particular mención la de los Dolores y la del Cementerio. La cárcel es un bonito edificio aislado, inmediato á la alameda, de mucha solidez y simetría, y que presenta su principal fachada á la plaza mayor. Es uno de los edificios de su género mejores de España por la comodidad y buen orden de sus encierros. En un elegante y estenso salon del mismo celebra el ayuntamiento sus sesiones y tiene sus oficinas. La casa llamada consistorial ó de la villa, está situada en el Ferrol nuevo, y en sus espaciosas estancias se encuentran la escuela pública y la cátedra de latinidad. El hospital de caridad es un magnífico edificio, moderno también, y situado en la calle de Canido; fué fundado en tiempos antiguos en el Ferrol viejo con los piadosos objetos de hospedar los peregrinos, y curar enfermos pobres; hoy decaído y falto de recursos, como todos los establecimientos de su clase en nuestra desgraciada patria, á causa de la inversion dada á los bienes eclesiásticos de que se sostenía, puede albergar apenas cuarenta enfermos, número insuficiente para las necesidades de la población. Hay en este establecimiento una escuela de niñas pobres y una iglesia muy capaz, dedicada al Espíritu Santo. El hospital militar es un edificio bastante espacioso, situado en Esteiro, construido en 1751. Su fachada presenta una escelente vista, tiene á un lado su capilla, con advocación de la Virgen de los Dolores, y al otro una torre con un reloj. Hay en este hospital una buena botica y cementerio; los enfermos que acoge suelen ascender de ochenta á ciento. También merecen consideración, ademas de los referidos, los edificios del cuartel de guardias marinas; otro, no concluido, dedicado al mismo objeto; el cuartel de la plaza; las casas de la capitanía general del departamento, é intendencia; la contaduría, la aduana, el matadero, y sobre todo los magníficos arsenales que son la admiración de todos, y que exigen una descripción particular, si bien tan sucinta cual conviene á la índole de nuestra obra.
Después del establecimiento del arsenal en la villa de la Grana, como dijimos en la parte histórica, se hicieron en Esteiro doce gradas de construcción, que se terminaron en 1731, y que hoy subsisten. Luego se edificaron la dársena para resguardo y seguridad de los buques, los diques para carenar en seco toda clase de aquellos, y las obras del interior del arsenal y sus accesorios, en el espacio bien corto de 1732 á 1770, bajo la dirección del general de marina, don Cosme Alvarez. No lejos del Ferrol está el arsenal llamado de Carranza que ocupa un área de ciento cuarenta y siete mil varas cuadradas, cercado por la ria, y por una fuerte muralla por la parte

sábado, mayo 21, 2011

Viage ilustrado (Pág. 567)

como en la Palma y San Martin, hizo retroceder y retirarse á los soberbios hijos de Albion.
Próximo al castillo de la Palma, que como ya dijimos quedaba á nuestra derecha, está la punta que forma la embocadura de la ensenada del Baño, y en seguida se halla (á la misma banda) el pueblo y puerto de Mugardos, capital del ayuntamiento de su nombre, que tiene un buen fondeadero, y de población 1,782 habitantes, los que se ocupan, en su mayor parte, en la pesca de sardinas, pulpos, lenguados, acedías, congrios, mielgas, besugos, merluzas y otros muchos peces que profusamente ofrece este mar privilegiado. Hay en Mugardos una parroquia dedicada á San Julian, una ermita, dos molinos harineros, cinco telares de lienzos y seis fábricas de salazón. Los buques que pertenecen á los vecinos de este pueblo, son: veinte y un faluchos, veinte y nueve lanchas, ocho minuetas y noventa y dos botes. San Vicente de Meá es otro puerto distante un cuarto de legua de Mugardos y perteneciente á su ayuntamiento. Comprende esta feligresía 716 almas. Cerca de ella está otro pueblo y puerto llamado San Juan del Seixo. Al frente en la orilla opuesta de la ria, y por consiguiente á nuestra izquierda, vimos el pueblo y feligresía de San Andrés de la Graña; tiene un escelente fondeadero bastante espacioso para contener en seguridad un gran número de buques. Está situada esta villa en una ladera escarpada, y sus casas, que son en número de quinientas, forman una Y griega. Las calles son costaneras; hay una plaza, hornos y almacenes de víveres para la armada, iglesia parroquial dedicada á San Andres, tres ermitas, una con la advocación de San Cristóbal, y otra con la de Santa Rosa de Viterbo, construida en 1743, digna de observación por su buena arquitectura y bellas imágenes, y otra de la Orden tercera, que ocupa el centro de la población. Tiene esta muy buenos y deliciosos paseos, en especial el que por la orilla del mar conduce al castillo de San Felipe, y el que desde el barrio de la Cabana va al Ferrol. En la Cabana hay un dique con sus almacenes y oficinas correspondientes, todo de propiedad particular, para la construcción y carena de los buques mercantes. Hay en la Graña escelentes fuentes, que surten de agua á los buques de guerra y mercantes antes de emprender largas navegaciones, y varios molinos harineros, y sus habitadores son en número de 1,256. Pertenece al ayuntamiento y partido judicial del Ferrol, del que es un arrabal y dista media legua. Cuenta esta villa de la Graña algunos siglos de existencia, pues en 1344 el rey don Alfonso XI concedió á sus moradores privilegio de nobleza notoria, y libertad de tributos en recompensa de los servicios prestados por Nuño Freire de Andrade, conde de Lemos y de Andrade, señor jurisdiccional de todo este territorio, y en especial, por haber acudido con mucha gente del pais á la famosa batalla del Salado, ocurrida el 30 de de octubre de 1340, cuyo privilegio confirmaron después los reyes don Enrique II y don Juan I.
Entre la Graña y el Ferrol está el feraz y frondoso valle de Serantes, que forma una ensenada, la cual da paso al riachuelo del mismo nombre, y á otros que van á verter sus aguas en la ria. Desembarcamos en el muelle del Ferrol, y después de descansar de nuestro viage, recorrimos con mucho detenimiento aquella hermosa población, examinando cuidadosamente cuanto ofrece de curioso y de notable: he aqui el resultado de nuestras observaciones.
Esta villa es indudablemente de remota antigüedad, aunque, como es natural, de origen desconocido. Lo cómodo del puerto atraeria á algunos pescadores y marineros á edificar en este sitio sus chozas que, con el tiempo, se convirtieron en casas. La opinion de Romey, que fija en este lugar la antigua Abobrica, carece de todo fundamento y esta victoriosamente refutada; mas probable es el que el nombre de Ferrol se derive del farol que guiase á su puerto. En 1214 el obispo de Mondoñedo, que se llamaba Pedro, autorizó una escritura, en que un hidalgo que tenia por nombre Hernando Veremundin, empeñaba varias posesiones que tenia en el Ferrol. Alfonso XI en 1344 habla en un privilegio concedido á la Graña, de la villa del Ferrol. En los años de 1348, 1400 y 1403, se vio esta población afligida con el terrible azote de la peste, y en 1368 casi toda fué reducida á pavesas por un incendio casual. Desde aquel tiempo, y reinando Felipe II, data el origen de la importancia marítima del Ferrol, pues habiéndose los ingleses apoderado de Cádiz, se reunieron en Lisboa muchos buques españoles que escaparon de aquel desgraciado combate, y de allí se trasladaron al Ferrol, que les ofrecia mayor seguridad. Desde este puerto salió, por mandado del citado Felipe II, una escuadra contra Inglaterra; pero los buques que la componían fueron dispersados y maltratados por una furiosa tempestad. Preparáronse en el Ferrol otras nuevas embarcaciones para repetir la acometida, cuando el conde de Esex, almirante de la reina Isabel de Inglaterra, vino á atacar al Ferrol con cuarenta buques de guerra, y setenta de trasporte, con tropas de desembarco; pero no se atrevió á realizarlo por lo áspero y escarpado de la costa, y por dos pequeños castillos que entonces la defendían. En 26 de marzo de 1690 desembarcó en el Ferrol la reina María Ana de Neubourg, segunda muger de Carlos II. Este declaró el año siguiente á los vecinos del Ferrol exentos del servicio de levas de soldados y marineros. Habiéndose empezado á formar un arsenal en la villa de la Graña, de orden de Felipe V en 1726, y construídose ya algunos buques en él, se observó que, cerca del Ferrol, y en el sitio llamado Esteiro, habia un lugar mas á propósito; edificáronse allí algunas gradas, y se dio principio en ellas á construir buques. El referido monarca Felipe V, en atención á la extraordinaria miseria que padecía este territorio y villa, la declaró exenta de contribuciones en 1737. Fernando VI, y su ilustrado ministro, el marqués de la Ensenada, se propusieron formar en el Ferrol un establecimiento naval de primer orden, y dieron principio a las suntuosas obras del arsenal, que después continuó y terminó el gran Carlos III, el cual eximió en 1768 al vecindario de esta villa del servicio de milicia provinciales. El 20 de agosto de 1800, recibida en el Ferrol la inesperada nueva de que los ingleses desembarcaron en la playa de Doniños, se reunió de improviso un cuerpo de 1,500 hombres al mando del mariscal de campo conde de Donadío, y salieron en busca de los enemigos, los que, á pesar del ardimiento y esfuerzo de los españoles, les obligaron á cejar por la enorme desigualdad del número, y hubieron de retirarse al Ferrol y defenderse tras sus murallas. Rechazados los ingleses, como dijimos en otro lugar, del castillo de San Felipe, y temiendo la mudanza del temporal, se reembarcaron precipitadamente y abandonaron esta costa con la perdí–