sábado, mayo 21, 2011

Viage ilustrado (Pág. 567)

como en la Palma y San Martin, hizo retroceder y retirarse á los soberbios hijos de Albion.
Próximo al castillo de la Palma, que como ya dijimos quedaba á nuestra derecha, está la punta que forma la embocadura de la ensenada del Baño, y en seguida se halla (á la misma banda) el pueblo y puerto de Mugardos, capital del ayuntamiento de su nombre, que tiene un buen fondeadero, y de población 1,782 habitantes, los que se ocupan, en su mayor parte, en la pesca de sardinas, pulpos, lenguados, acedías, congrios, mielgas, besugos, merluzas y otros muchos peces que profusamente ofrece este mar privilegiado. Hay en Mugardos una parroquia dedicada á San Julian, una ermita, dos molinos harineros, cinco telares de lienzos y seis fábricas de salazón. Los buques que pertenecen á los vecinos de este pueblo, son: veinte y un faluchos, veinte y nueve lanchas, ocho minuetas y noventa y dos botes. San Vicente de Meá es otro puerto distante un cuarto de legua de Mugardos y perteneciente á su ayuntamiento. Comprende esta feligresía 716 almas. Cerca de ella está otro pueblo y puerto llamado San Juan del Seixo. Al frente en la orilla opuesta de la ria, y por consiguiente á nuestra izquierda, vimos el pueblo y feligresía de San Andrés de la Graña; tiene un escelente fondeadero bastante espacioso para contener en seguridad un gran número de buques. Está situada esta villa en una ladera escarpada, y sus casas, que son en número de quinientas, forman una Y griega. Las calles son costaneras; hay una plaza, hornos y almacenes de víveres para la armada, iglesia parroquial dedicada á San Andres, tres ermitas, una con la advocación de San Cristóbal, y otra con la de Santa Rosa de Viterbo, construida en 1743, digna de observación por su buena arquitectura y bellas imágenes, y otra de la Orden tercera, que ocupa el centro de la población. Tiene esta muy buenos y deliciosos paseos, en especial el que por la orilla del mar conduce al castillo de San Felipe, y el que desde el barrio de la Cabana va al Ferrol. En la Cabana hay un dique con sus almacenes y oficinas correspondientes, todo de propiedad particular, para la construcción y carena de los buques mercantes. Hay en la Graña escelentes fuentes, que surten de agua á los buques de guerra y mercantes antes de emprender largas navegaciones, y varios molinos harineros, y sus habitadores son en número de 1,256. Pertenece al ayuntamiento y partido judicial del Ferrol, del que es un arrabal y dista media legua. Cuenta esta villa de la Graña algunos siglos de existencia, pues en 1344 el rey don Alfonso XI concedió á sus moradores privilegio de nobleza notoria, y libertad de tributos en recompensa de los servicios prestados por Nuño Freire de Andrade, conde de Lemos y de Andrade, señor jurisdiccional de todo este territorio, y en especial, por haber acudido con mucha gente del pais á la famosa batalla del Salado, ocurrida el 30 de de octubre de 1340, cuyo privilegio confirmaron después los reyes don Enrique II y don Juan I.
Entre la Graña y el Ferrol está el feraz y frondoso valle de Serantes, que forma una ensenada, la cual da paso al riachuelo del mismo nombre, y á otros que van á verter sus aguas en la ria. Desembarcamos en el muelle del Ferrol, y después de descansar de nuestro viage, recorrimos con mucho detenimiento aquella hermosa población, examinando cuidadosamente cuanto ofrece de curioso y de notable: he aqui el resultado de nuestras observaciones.
Esta villa es indudablemente de remota antigüedad, aunque, como es natural, de origen desconocido. Lo cómodo del puerto atraeria á algunos pescadores y marineros á edificar en este sitio sus chozas que, con el tiempo, se convirtieron en casas. La opinion de Romey, que fija en este lugar la antigua Abobrica, carece de todo fundamento y esta victoriosamente refutada; mas probable es el que el nombre de Ferrol se derive del farol que guiase á su puerto. En 1214 el obispo de Mondoñedo, que se llamaba Pedro, autorizó una escritura, en que un hidalgo que tenia por nombre Hernando Veremundin, empeñaba varias posesiones que tenia en el Ferrol. Alfonso XI en 1344 habla en un privilegio concedido á la Graña, de la villa del Ferrol. En los años de 1348, 1400 y 1403, se vio esta población afligida con el terrible azote de la peste, y en 1368 casi toda fué reducida á pavesas por un incendio casual. Desde aquel tiempo, y reinando Felipe II, data el origen de la importancia marítima del Ferrol, pues habiéndose los ingleses apoderado de Cádiz, se reunieron en Lisboa muchos buques españoles que escaparon de aquel desgraciado combate, y de allí se trasladaron al Ferrol, que les ofrecia mayor seguridad. Desde este puerto salió, por mandado del citado Felipe II, una escuadra contra Inglaterra; pero los buques que la componían fueron dispersados y maltratados por una furiosa tempestad. Preparáronse en el Ferrol otras nuevas embarcaciones para repetir la acometida, cuando el conde de Esex, almirante de la reina Isabel de Inglaterra, vino á atacar al Ferrol con cuarenta buques de guerra, y setenta de trasporte, con tropas de desembarco; pero no se atrevió á realizarlo por lo áspero y escarpado de la costa, y por dos pequeños castillos que entonces la defendían. En 26 de marzo de 1690 desembarcó en el Ferrol la reina María Ana de Neubourg, segunda muger de Carlos II. Este declaró el año siguiente á los vecinos del Ferrol exentos del servicio de levas de soldados y marineros. Habiéndose empezado á formar un arsenal en la villa de la Graña, de orden de Felipe V en 1726, y construídose ya algunos buques en él, se observó que, cerca del Ferrol, y en el sitio llamado Esteiro, habia un lugar mas á propósito; edificáronse allí algunas gradas, y se dio principio en ellas á construir buques. El referido monarca Felipe V, en atención á la extraordinaria miseria que padecía este territorio y villa, la declaró exenta de contribuciones en 1737. Fernando VI, y su ilustrado ministro, el marqués de la Ensenada, se propusieron formar en el Ferrol un establecimiento naval de primer orden, y dieron principio a las suntuosas obras del arsenal, que después continuó y terminó el gran Carlos III, el cual eximió en 1768 al vecindario de esta villa del servicio de milicia provinciales. El 20 de agosto de 1800, recibida en el Ferrol la inesperada nueva de que los ingleses desembarcaron en la playa de Doniños, se reunió de improviso un cuerpo de 1,500 hombres al mando del mariscal de campo conde de Donadío, y salieron en busca de los enemigos, los que, á pesar del ardimiento y esfuerzo de los españoles, les obligaron á cejar por la enorme desigualdad del número, y hubieron de retirarse al Ferrol y defenderse tras sus murallas. Rechazados los ingleses, como dijimos en otro lugar, del castillo de San Felipe, y temiendo la mudanza del temporal, se reembarcaron precipitadamente y abandonaron esta costa con la perdí–

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