sábado, noviembre 05, 2011

Viage ilustrado (Pág. 599)

otros privilegios el de acuñar moneda. En el siglo V, dos habitantes, llamados Didcino y Veriniano, parientes de Arcadio, tomaron las armas contra Consantino, usurpador del trono imperial, pero fueron vencidos y muertos. Palencia fué elevada á silla episcopal desde los primeros siglos de la iglesia, y sus obispos son citados honoríficamente en todas las historias. Cuando este territorio, en los tiempos que sirvieron á la invasion de los árabes era el teatro de las reñidas guerras entre aquellos y los cristianos, Palencia vino á reducirse á un montón de ruinas. Su restauración se atribuye al siguiente suceso poético. El célebre rey de Navarra, don Sancho el Mayor, dueño de Castilla á la sazón, cazaba por estos contornos, y se empeñó en seguimiento de un fiero jabalí, que fué á esconderse entre sus ruinas. Alcanzóle el rey, pero al intentar atravesarlo con su venablo, sintío su brazo yerto y sin acción. Entonces observó que la fiera estaba guarecida al pie de un altar en que se veia una estatua de San Antolin, y creyó que el accidente del brazo era un castigo del santo por no haber guardado la veneración debida á un lugar que le estaba consagrado. Pidióle perdón de su falta, é hizo voto de reedificar alli su templo si le volvía el uso del entorpecido miembro; recobrólo en efecto, y no solo construyó la iglesia prometida, sino que restauró la ciudad. Esto fué causa de una guerra que se encendió entre Sancho el Mayor y Bermudo, rey de Leon, que pretendía se le hacia agravio por estar las ruinas de Palencia en territorio suyo. Venció Sancho, pero después de su muerte recobró el leonés lo perdido, y en 17 de febrero de 1035, espidió un privilegio para la restauración de Palencia y de su sede, anulando otro que con el mismo objeto había otorgado su competidor. Renacida la ciudad de sus ruinas, pronto lo volvió á adquirir la importancia que tuviera en lo antiguo. Don Ramon, su obispo, la dio fueros, y el Cid celebró alli su boda. En 1113 se reunió en ella un concilio presidido por el arzobispo de Toledo, y otro en 1129, con asistencia del rey. El año 1208 Alfonso IX de Leon, fundó la primera universidad que se vio en España en esta ciudad, pero á poco fué trasladada á Salamanca. Cuando el infante don Sancho se rebeló contra su padre Alfonso X, reunió en Palencia en 1283 á sus principales partidarios, y desde aqui envió á aquel una embajada con objeto de terminar las escisiones que los dividían. En 1300 don Alonso de la Cerda y don Juan Nuñez de Lara, intentaron apoderarse de Palencia, pero no pudieron lograrlo. Al salir del palacio real de esta ciudad, un caballero llamado Juan Alfonso Benavides, fué asesinado, y atribuyéndose este atentado á dos hermanos llamados los Carvajales, fueron precipitados de órden del rey, que era Fernando IV, de la peña de Martos. Mas un instante antes de morir emplazaron al monarca para dar cuenta de aquella injusticia ante el tribunal divino en el término de treinta dias, lo que se verificó con asombro general, pues el dia que cumplía el plazo, gozando Fernando IV de buena salud, se le encontró muerto en su cama. La reina doña María de Molina juntó cortes en Palencia en 1313 para resolver la importantísima cuestión de la regencia del reino. Otras cortes se reunieron en 1322, y otras en 1388, en las que se creó el principado de Asturias para los inmediatos sucesores de la corona de Castilla. También las celebró en Palencia el emperador Cárlos V, en 1523. Omitimos en obsequio de la brevedad mencionar aqui otra multitud de sucesos que acaecieron en esta insigne ciudad desde la antigüedad á nuestros dias. Está situada Palencia en las riberas del Carrion, en una gran llanura que ofrece una agradable perspectiva por las muchas huertas y hermosas arboledas que la rodean. Sus principales edificios son: la catedral, magnífico y grandioso templo del género gótico, dedicado á San Antolin, y en la que se vé la cueva donde este santo residió muchos años, y donde se dice aconteció la aventura de don Sancho el Mayor; el palacio episcopal, la casa de la ciudad, el palacio de don Sancho, que se supone edificado por aquel rey de Navarra, y el hospital fundado por Isabel la Católica. Hay cinco parroquias, seis conventos de monjas, cinco que fueron de religiosos, un teatro, un seminario conciliar, ana casa de beneficencia y varias ermitas. Como capital de provincia, de obispado y de juzgado, residen en Palencia todas las autoridades y oficinas correspondientes. La industria principal es, como todos saben, la fabricación de mantas y bayetas, de que se súrtela mayor parte de España, y el número de habitantes sube á 11,470.
Aprovechando el frecuente paso de las diligencias, puede el viagero dirigirse de Palencia á Santander á visitar esta última ciudad, verdaderamente notable por su importancia mercantil. El camino es muy pintoresco, y recuerda los de las Provincias Vascongadas; pero casi todos los pueblos que se atraviesan son insignificantes, escepto Reinosa, cabeza de un partido judicial, y cuya situación es notable, en una pequeña llanura rodeada de montes que se consideran los mas elevados de España.
Santander es rica hasta la opulencia; debe su prosperidad á su puerto y al activo comercio de harinas de Castilla para la isla de Cuba. Pretenden los aficionados á antigüedades, que sea la conocida con el nombre de Larebeto ó Larebeso entre los romanos, pero no hay justos fundamentos en que apoyar esta opinion, y todo lo mas puede admitirse que Santander deba su origen á Alfonso el Católico, sino es que fué fundada por don Alonso VIII, como opina Alfonso el Sabio con bastante autoridad, puesto que el referido Alonso VIII, fué quien le dio fueros de población, sometiéndola al señorío de los abades de San Emeterio, que llegaron á obtener gran preponderancia en las cosas de la nación: debe citarse entre ellos el infante don Sancho de Castilla, que lo fué en 1240. Fué hecha Santander fortaleza dotada de atarazanas para construir embarcaciones, y no tardó en florecer por su comercio. Por esta razon se gloría refiriendo las proezas de sus embarcacianes, y entre ellas el rompimiento de un puente de barcas, trabadas con cadenas de hierro sobre el Guadalquivir, en el sitio de Sevilla, por medio del cual la conquistó el rey San Fernando: de aquí tomó por blasón una nave á toda vela, embistiendo una cadena que asegurada por un estremo en una torre de oro y por el otro en un barrio, corta el paso del rio.
El derecho de los abades vino muy á menos después de esta época, luego aparecen documentos donde se cita Santander como pueblo realengo. En 1465 la dio el rey don Enrique IV al marqués de Santillana, contra quien se rebelaron los habitantes, otorgándoles al fin el mismo rey su independencia, y concediendo á la población los títulos de noble y leal. Los Reyes Católicos la declararon inagenable de la corona en 1475. En marzo de 1497 desembarcó en









jueves, noviembre 03, 2011

Viage ilustrado (Pág. 598)

— Vengo a pediros perdón de los males que os he causado. Sois un ángel de bondad y no negareis este consuelo á un hombre arrepentido, que solo anhela besar el suelo que hollais con vuestras plantas.
Diciendo esto se arrojó á los pies de la duquesa.
— Levanta, Martino; yo no guardo ningún resentimiento. Me has hecho mucho mal, es cierto, pero te perdono. Y una lágrima corrió por sus megillas.
— No basta, señora, es preciso que me devolváis vuestro aprecio y amistad, porque sin ella no podré vivir. ¡Ah! ¡si supierais lo que sufro!
— Está bien, déjame, retírate. Ya te he dicho que te perdono.
— No haré tal sin que me deis á besar vuestra mano, sin que conozcáis todo lo que pasa en mi alma, porque os amo como un loco...
— ¡Silencio, malvado! gritó Leonor sorprendida de tanta audacia. Afuera inmediatamente, ó te mando dar de palos. ¿Cómo te atreves miserable escudero, á hablar de amor á tu ama y tu señora?
— ¿Acaso, dijo Martino levantándose bruscamente, tenia mejores títulos que yo Sancho Sanchez, y lo habéis amado y lo amáis con frenesí? En hora buena, me retiraré, pero sabed que vuestro amante está en mi poder, y sufrirá las consecuencias de vuestro desprecio.
— ¡En tu poder!.. ¡Sancho en tu poder!.. ¿Dónde, dónde está mi page?..
— Lo ama todavía, dijo Martino entre dientes, bien me lo sospechaba. Está, prosiguió dirigiéndose á la duquesa, encerrado en uno de los sótanos del castillo bajo mi vigilancia. El duque vuestro esposo, fiel á la promesa que os hizo cuando se casó, no ha querido que se le haga ningún daño; pero como el subterráneo es húmedo é insalubre, y el alimento escaso, el tiempo se encargará en breve de librarlo á él y librarme á mí de tan odioso rival. Un remedio hay sin embargo de salvará Sancho de la muerte que le aguarda; si cedéis á mis deseos yo me comprometo á darle libertad esta misma noche: cuando el duque venga le diré que ha muerto, y de seguro no volverá á acordarse mas de él.
— Salid al punto, dijo con firmeza Leonor, y volviéndola espalda á su atrevido escudero, se entró en un gabinete contiguo, cerrando tras sí la puerta. Aquella misma noche regresó el duque. Unos dicen que Martino para vengarse del desaire sufrido por la duquesa, dijo á su esposo que ésta había descubierto el encierro de Sancho Sanchez, y había hallado medio de penetrar en él, de cuyas resultas el duque mandó asesinar al page y cortar la lengua á su muger; otros suponen que el page fingiéndose enfermo logró engañar á Martino y escapar de la prisión, y no falta quien asegure que el duque de Arévalo tuvo la bárbara crueldad de confesar á Leonor que él había hecho envenenar al conde de Benavente, y de hacerla presenciar el asesinato de su amante, de cuyas resultas le dio un accidente á la duquesa y quedó muda. Lo que de cierto se sabe es, que Leonor pasó los últimos años de su vida sin hablar mas que por señas, lo cual prueba que tenia un impedimento físico, fuese la causa ó el origen el que quisiera, y también se sabe que tomó una venganza cruel.
El castigo fué terrible: hallábase la duquesa en el último trance de su vida á la edad de veinte y tres años, y viendo serena acercarse la muerte con la misma tranquilidad que habia mostrado en todas las circunstancias de su vida, mandó que llamaran á su esposo para despedirse de él, y que la llevaran sus tres hijos con el mismo fin. Cumplidas sus órdenes y todos presentes, abrazó los niños y entregó al marido un pergamino que decia asi.
«Fuistedes un mal home para mí. No quiero salir de este mundo sin faceros tanto danno como vos me habedes fecho. Sabed que de los tres fijos que vos dejo solo es vueso uno, los otros los hube de otros homes en venganza de vuesos ultrages. Non sabredes nunca cal es de los tres el vuestro fijo.» (1)
El duque quedó aterrado con la lectura de este papel.
— ¡Leonor, por Dios, señala el hijo mio! Aquí están los tres, señálalo... ¡Tú no puedes abrigar tan mal corazón!. Es una idea horrible... ¡Leonor!.. ¡Leonor!.. ¿Cuál es mi hijo?
La duquesa por toda respuesta volvió la espalda, y espiró á los pocos minutos. El duque furioso, fuera de sí, tan pronto abrazaba uno tras otro los niños creyendo hallar sucesivamente en cada uno tal ó cual semejanza ó tal ó cual indicio que le aclarara su duda, tan pronto los rechazaba á todos diciendo que no se los pusieran delante, y en esta alternativa pasaba dias y noches hasta que perdió la razón, y atacado de una peligrosa enfermedad, estuvo á punto de sucumbir. Restablecido algún tanto entró en el monasterio de Sahagun, donde acabó brevemente sus dias, pero sin curarse de su manía. De noche particularmente, caia en una especie de delirio, y recorría los.claustros gritando: «¡Mi hijo! ¡Leonor! ¿Cuál es mi hijo?» Los monges rogaban fervorosamente á Dios por su alivio; pero su mal solo tuvo fin con su existencia. Hasta la estíncion de los regulares, todos los años se ha dicho una misa en el monasterio por el alma del duque de Arévalo, y por la de su esposa, doña Leonor Pimentel.
Desde Benavente se sigue por Villalpando, lugaron grande, de aspecto desagradable, y por Medina de Rioseco, ciudad de hermosas iglesias, entre las que sobresale la de Santa María, con la famosa capilla de los Benaventes, á Palencia, donde también hicimos alto. Nuestros lectores no llevarán á mal que nos detengamos aquí un momento.
El origen de Palencia es tan remoto, que los fabulistas atribuyen su fundación á uno de los fingidos reyes de la España primitiva, llamado Palatuo; todos los historiadores confiesan ignorarlo, y Pomponio Mela, dijo que esta ciudad y Numancia, eran las mas esclarecidas de la España Tarraconense. Logró por largo tiempo conservar Palencia su libertad é independencia, merced á diferentes tratados celebrados con la república romana, pero luego fué atacada por el avaro cónsul Lucio Licinio Luculo, atraído por la fama de sus riquezas; mas los palentinos se defendieron con tal esfuerzo, que los vencedores del mundo hubieron de retirarse. Igual suerte sufrió Marco Emilio Lepido, que sitió á Palencia 137 años antes de Jesucristo, y tuvo de pérdida seis mil muertos. Cuando Escipion cercaba á la célebre Numancia, los palentinos hostilizaron á Rutilio Rufo, uno de sus capitanes, que solo pudo librarse por el socorro del mismo Escipion. Al fin vino Palencia á someterse al dominio romano, pero conservó grande importancia, y entre

(1) En el monasterio de Sahagun, se conserva el original de este curioso documento.

sábado, octubre 29, 2011

Viage ilustrado (Pág. 597)

— Luego lo sabréis; por el momento lo que importa es que tengais entendido que la condesa ama aun á Sancho Sanchez.
— Me lo he figurado, replicó el de Arévelo, caprichos de chiquilla que el tiempo curará. Ademas el page está muy distante...
— Os equivocáis; Sancho está en el castillo y habla todas las noches con Leonor
— Mira lo que dices, villano. Necesito pruebas para creerte, ó de lo contrario...
— ¿Os bastará el mismo page?
— Me basta.
— ¿Cómo lo queréis? ¿muerto ó vivo?
— Muerto... no; vivo.
— Mañana lo tendréis.
— ¿Qué recompensa por ese servicio?
— Ninguna.
— ¿Pues que te obliga á prestarlo?
— El deseo de vengarme. Soy Martino Fernandez, el...
— Te comprendo: hasta mañana.
— Hasta mañana.
Serian las seis de la tarde del siguiente dia de la escena que acabamos de referir, cuando Leonor, que se entretenía en coger flores en su jardín, se halló casi sorprendida por el duque de Arévalo, á quien creía en compañía de su abuelo, que habia ido á una de sus heredades contiguas.
— No imaginaba que estuvieseis en el castillo, dijo la joven con naturalidad, y casi me habéis asustado.
— He dejado marchar solo al conde porque deseo hablaros otra vez; ayer me tratasteis cruelmente.
— No tal; os dije lo que siento, porque creo que es mejor ahora un desengaño que un engaño luego.
— Sois discreta en demasía y me haréis perder el juicio de amor.
— Lástima en verdad que esté tan mal empleado.
— Yo espero, sin embargo, que se han de mitigar vuestros rigores, gracias á cierto talisman...
— ¡Creéis en brujerías! .. Por Dios, tio, que no lo hubiera imaginado...
— Os lo voy á enseñar para que no dudéis de su eficacia.
Durante esta conversación, el tio y la sobrina habían seguido una calle de olmos opaca y sombría, á cuyo estremo habia una especie de pabellón del gusto de la época, pero entonces sin uso por hallarse deteriorado. Al concluir la última palabra estaban frente á la puerta del pabellón; el duque hizo una señal, la puerta se abrió, y Leonor dio un grito de espanto. Dentro del pabellón estaba Sancho Sanchez amarrado á un taburete, y Martino con un puñal levantado comenzaba á hundírselo en el pecho. La condesa volvió la vista alrededor de sí y vio que, sin duda por efecto de las disposiciones tomadas por el duque, se hablaba sola con él, su amante y el asesino. Todo esto pasó con la rapidez del relámpago. El de Arévalo cambiando bruscamente de tono y de modales...
— Ya veis, dijo á la condesa, mi talisman. O el consentimiento para la boda ó Sancho muere ahora mismo.
Leonor se quedó inmóvil sin pronunciar una palabra.
— ¡Martino! gritó el duque; ejecuta mis órdenes.
Martino levantó el brazo para herir.
— ¡Piedad! murmuró el page.
—Matadme á mí, esclamó Leonor arrojándose á los pies de su tio.
—A vos no, á aquel villano...
— ¡A ninguno! gritó una voz de trueno á espaldas de Leonor.
Era la del conde, y su nieta corrió á echarse en sus brazos.
— ¿Con qué derecho, prosiguió el de Benavente, os permitís semejantes demasías en mi propio castillo, señor duque de Arévalo?
— Ha sido una chanza, señor, para obligar á vuestra nieta á que consienta en darme la mano. Vos mismo aprobáis este enlace...
— Pero desapruebo los medios que empleáis para realizarlo, y aunque viejo y achacoso no estoy dispuesto á consentir que nadie me ultrage. Salid al punto de mi casa para no volver á ella mas, mientras yo viva.
— Obedezco por que no estáis en edad de que midamos nuestras armas; pero confio en que pronto he de volver al castillo.
El de Arévalo se retiró en efecto, y tres dias después murió el conde de Benavente, según unos, á consecuencia del sofoco, y por efecto de sus muchos años y achaques; según otros en virtud de unas yerbas preparadas de intento por cierto judío. De cualquiera manera que fuese, este acontecimiento puso á Leonor enteramente á merced del duque. El hijo mayor del conde, y heredero de su título, se hallaba ocupado en la guerra, y en tanto que venia, el de Arévalo, como pariente mas cercano, se hizo cargo de los bienes del conde y de la tutela de su nieta, mediante también disposición testamentaria de la madre de Leonor, que, preveyendo, sin duda, que el de Benavente no podía vivir mucho, encargaba que á su muerte, pasase la tutela á su hermano.
Escusado es decir, que dueño del campo, el duque insistiría en sus pretensiones, no ya tanto por amor á la joven, como por satisfacer su orgullo ofendido. Leonor comprendió que toda lucha era inútil, y se resignó al sacrificio, poniendo por única condición que no se hiciese daño alguno á Sancho Sanchez. Cumplido el luto se celebraron las bodas tan tristemente, que no parecia sino que se verificaba un entierro. Durante algunos meses, el duque se mostró obsequioso con su esposa, y esta parecia conforme con su suerte; solo se notaba en ella una palidez mortal y una tristeza reprimida, cuyo origen era sin duda la ignorancia en que estaba de la suerte que había cabido á su amante, de quien nada supo después de la escena del pabellón.
Martino habia entrado al servicio del de Arévalo, y era su criado y confidente favorito, circunstancia que no contribuía poco á mortificar á Leonor, que lo aborrecía de muerte, pero procuraba disimular para no dar motivo de queja á su marido. En una breve ausencia que éste hizo, Martino, que habia quedado como siempre, encargado de su custodia, y que alentado por la protección del duque, se permitía libertades muy agenas á sus obligaciones de criado, entró una tarde sin anunciarse en la estancia de la duquesa. Estaba esta sola sentada en un sillón contemplando las nubes que se apiñaban sobre el horizonte, cargadas de agua, con los ojos preñados de lágrimas, y no pudo menos de indignarse por el atrevimiento de su escudero. Iba á reprenderle agriamente, pero éste la previno diciéndole con tono humilde:


lunes, octubre 24, 2011

Viage ilustrado (Pág. 596)

— Es que yo quisiera que fuese hoy mismo.
— Sea como tú lo quieres Y dio la orden para despedir al criado.
— Sois un ángel, murmuró el muchacho cayendo á sus pies, y besando la punta de la cola de su vestido. Al siguiente dia Sancho Sanchez era el page mas lindo de Castilla, y en el palacio no se hablaba mas que de la súbita trasformacion del chico de la caballeriza. Los demás pages envidiosos de su repentina elevación, dieron en insultarle hasta el estremo de tirarle piedras ó hacerle mal cuando pasaba por su lado; pero todos fueron despedidos sucesivamente, en castigo de estas demasías. La joven condesita lo había tomado bajo su protección, y llegó bien pronto á ser tan respetado como si perteneciera á la ilustre familia de los Pimentel.
En breves dias se habituó Leonor de tal modo á jugar en el jardín con su pobre page, que el conde gozaba al verla tan contenta, cuando antes siempre estaba triste y taciturna. La compasión y la gratitud dicen que son dos virtudes precursoras del amor: si esto no es siempre cierto, en la ocasión actual al menos se cumplió puntualmente. A medida que fueron creciendo en edad, Sancho amó á Leonor, y ésta se enamoró de su page. Pero su amor inocente y puro como sus almas, fué un secreto para todos, y aun para ellos mismos, hasta que una circunstancia imprevista vino á revelárselo.
Habia cumplido Leonor diez y seis años, cuando el duque de Arévalo, hermano de su madre, y por consiguiente tio carnal suyo, pidió al conde su mano, que este le otorgó sin vacilar y sin imaginarse siquiera, que por parte de la joven hubiese la menor resistencia. — Tengo que darte una buena noticia, hija mia, le dijo el anciano El duque de Arévalo se quiere casar contigo, y yo, que apruebo este enlace como útil á la familia y conveniente para tí, he dado mi consentimiento.
Leonor se quedó inmóvil y como herida de un rayo.
— ¿No me contestas? prosiguió el conde todavia sin sospechar la causa del silencio. Tu tio es aun bastante joven, y ocupa en la corte una posición brillante; te llevará en su compañía...
— Padre, eso no puede ser; yo no me puedo casar con el duque.
— ¡Que no puedes casarle con el duque! ¿y por qué causa? preguntó el conde sorprendido.
— Porque á quien amo es á mi page Sancho Sanchez, y no quiero separarme de él, replicó la joven con el mayor candor.
El conde soltó una carcajada.
— ¿De qué os reis, señor, con tantas ganas? preguntó el de Arévalo que entraba al mismo tiempo en la estancia.
— De una ocurrencia donosa de Leonor. Acabo de anunciarle vuestro proyecto de matrimonio, y me dice con toda formalidad que no puede ser vuestra esposa, porque ama á su page Sancho.
— ¿Al que fué criado de los mozos de cuadra?... dijo el duque con aire burlón.
— Al mismo, amigo mio, al que dio de latigazos Martino.
Y ambos á dos, el conde y el duque, se dieron á reir de todas veras. Leonor humillada y herida en lo mas vivo de su corazón, se retiró sin hablar ni una sola palabra, y se encerró en su cuarto.
Al dia siguiente el page Sancho habia sido despedido del castillo, y la condesita sin manifestar ni pena ni estrañeza por este incidente, y como si nada hubiera ocurrido se entregó á sus tareas y diversiones ordinarias. Una semana después nadie se acordaba ya de Sancho Sanchez, inclusos el abuelo y el tio de Leonor, que atendidos los pocos años de esta, supusieron que lo del pase habia sido un capricho infantil tan pronto olvidado como combatido. No era asi sin embargo: Sancho no habia marchado, sino que permanecía oculto en el castillo bajo la protección de una de las criadas de la joven, y de su padre, escudero y servidor antiquísimo de los condes. Todas los noches se hablaban los dos amantes por la ventana de la habitación de Leonor, que daba al jardín; pero como la distancia era mucha, sus coloquios no podían ser demasiado largos. La condesa procuraba en ellos fortalecer el amor de Sancho, asegurándole que no daria su mano al duque, y prometiéndose mucho del cariño que el conde la profesaba. Asi pasaron dos meses; al cabo de este tiempo el de Arévalo, que no habia vuelto á hablar de sus proyectos de boda, desde la escena ocurrida en la estancia del conde que produjo la despedida del page, se acercó una tarde á Leonor y en tono cariñoso la dijo, que habiéndose recibido ya las dispensas, de acuerdo con su abuelo habían fijado el domingo inmediato para celebrar el casamiento.
— Siento, dijo Leonor, con una serenidad y una firmeza increíble en su edad, que os hayáis tomado semejante trabajo sin consultarme, porque os advierto, tio, que ha sido un trabajo inútil.
— ¡Inútil!... ¿Con que rehusáis mi mano?
— La rehuso.
— Es decir que me aborrecéis.
— No tal; os estimo como á un pariente, pero no os amo.
— Me amareis cuando seáis mi esposa; el tiempo, el trato, mi cariño...
— ¡Imposible! eso no puede ser...
— ¿Será que todavía conserváis en la memoria al page?...
— ¿Y qué os importa en último estremo que sea eso ú otra cosa cualquiera? Con saber que no os amo y que no seré vuestra esposa nunca, tenéis bastante.
— ¡ Nunca!... ¡Mirad bien lo que decís!
— Ya está dicho: nunca, primero el convento; antes la muerte.
El duque hizo un movimiento de despecho y se alejó sin hablar una palabra. Al entrar en su cuarto el criado le dijo que un hombre pobremente vestido, y al parecer disfrazado, lo habia ido á buscar dos veces porque tenia mucho interés en hablarle.
— Que venga ese hombre, contestó el duque de mal humor.
El hombre se presentó envuelto en una larga capa y cubierto con un sombrero de alas enormes.
— ¿Qué me queréis decir? preguntó con tono altanero el de Arévalo.
— Necesito hablaros á solas.
— Despejad, dijo el duque.
Los criados se retiraron, y el desconocido entonces se descubrió.
— Vos, señor duque, dijo, queréis casaros con Leonor y ella no quiere ser vuestra esposa... Yo tengo en mi mano el medio de hacerla consentir.
— ¡Tú! ¿Y quién eres?... ¿Qué interés te mueve á tomar parte en este asunto?

miércoles, octubre 19, 2011

Viage ilustrado (Pág. 595)

rescos y salvages paisages del Cebrero, y en fin, la célebre Lucus-Augusta, la Lugo de hoy, que aun ostenta como vivos recuerdos de sus grandezas pasadas, sus fuertes murallas de la época de Augusto, y su bella catedral, en la que, desde el tiempo en que era corte de los reyes suevos, está el Sacramento de manifiesto noche y día. Aun después de la Gudiña se encuentran las aldeas de Cañizo, Pereiro, Villa–Vieja y la Canda, pertenecientes todas á Galicia. Poco después de la salida de esta última, se sube la porcilla ó monte del mismo nombre, en cuya cumbre está el mojón que señala los lindes de los dos antiguos y celebrados reinos, de Galicia y de Leon.
Conforme al plan que nos hemos propuesto de recorrer á España según su antigua division en reinos para dar á nuestro viage cierta unidad histórica, desde la Puebla de Sanabria, plaza de armas fronteriza á Portugal, pasaremos á Benavente, villa antigua y en buena posición, que conserva vestigios de un castillo feudal de sus condes, completamente arruinado por un incendio en la guerra de la independencia.
Un escritor ha dicho que si los sótanos hablaran se podria exhumar una galería de mártires, y asi es la verdad; pero de cuantos sucesos se cuentan mas ó menos ciertos, mas ó menos vecosímiles, ninguno iguala al que vamos á referir. El año 1458, reinando en Castilla Enrique IV, era conde de Benavente don Rodrigo Alonso Pimentel, anciano ya y achacoso, pero tan bueno y afable que por donde quiera que iba todos le saludaban como á su bienhechor, porque el conde, contra la costumbre de aquella época, era mas bien el padre que el señor de sus vasallos.
En una de las mas alegres tardes de primavera del año que queda citado, y pocas horas antes de oscurecer, el conde se hallaba sentado en un primoroso sillón de terciopelo recamado de oro, hablando con una hermosa niña de cabellos y ojos negros que lo escuchaba estática desde el cogin en que yacia á sus pies. Contábale el buen conde las glorias de su familia y las victorias que habían alcanzado contra los moros, con toda la naturalidad de su alma bondadosa, y referíala con cierto orgullo cuándo y de qué modo tomó juramento á don Juan II de Castilla; cómo ajustó la paz entre este rey y el de Portugal, don Alonso V el Africano; cómo trajo de aquel reino á la infanta doña Blanca para casarla con el rey Enrique IV; cuánto tiempo fué embajador de don Juan II en la córte de Carlos VI de Francia, y otras mil cosas por el estilo, que aunque no todas comprensibles para la niña, la tenían de tal modo absorta y distraída, que no oyó como su abuelo, porque el conde era abuelo suyo, los desaforados gritos quedaban en el patio del castillo.
— ¿A dónde vas, dijo la joven á don Rodrigo, viendo que éste se alzaba trabajosamente de su sillón?
— ¿No escuchas esos gritos y esa algazara?... Voy á ver la causa que los produce, la replicó andando apresuradamente.
Leonor le siguió. Al asomarse á la ventana hallaron que toda la bulla provenía de los golpes que daban á un pobre chico á quien rodeaba una turba de palafreneros y mozos de cuadra que se reian de los gestos y lamentos que le arrancaba el dolor producido por los latigazos.
—¿Qué hacéis á ese infeliz, Martino? gritó el conde con voz colérica.
Entonces todos se volvieron á la ventana, se descubrieron con respeto y Martino, que era el que azotaba al joven, respondió humildemente :
—Señor, le estoy dando una felpa por abandonado. Lo mantenemos para que lleve los caballos á beber al rio todos los días á las doce, y el bribonzuelo, después de almorzar bien esta mañana no ha parecido hasta ahora á cumplir con su obligación.
El pobre chico, como de unos trece años de edad, tendido en el suelo por los golpes que le sacudieran y sin dejar de sollozar, alzo sus ojos á la ventana, y con una espresion tan suplicante, que conmovió á la pobre niña.
— Tengo á mi madre enferma, dijo, y el llanto ahogó de nuevo su voz.
— Dejarle, gritó Leonor.
— Dejarle, repitió el conde y cuidado que semejantes escenas se reproduzcan en mi casa.
A este mandato todos se separaron y quedó solo el joven regando el suelo con sus lágrimas.
— Padre, dijo la niña, manda subir á ese infeliz.
— ¿Y para qué, querida mía?
— Porque me da mucha lastima.
— Mejor será que le echemos algunas monedas…
— Eso no basta, padre mio, para consolarlo; yo quiero hacer algo por él… ¡Pobrecillo, castigarlo tan cruelmente por una falta tan leve, y cuando la ha cometido por asistir á su madre!...
— Hágase, pues, tu voluntad, replicó el anciano; yo no quiero tampoco contrariar tus buenas inclinaciones. Y mandó subir al chico.
Cuando éste se presentó en la lujosa cámara, aun iba enjugándose las lágrimas. Era hermoso: cabellos rubios ensortijados naturalmente, cutis blanquísimo, ojos azules y megillas de rosa. A pesar de su pobre trage hecho girones y manchado, y á pesar de sus ojos enrojecidos, y su rostro descompuesto, el joven interesó tanto á Leonor, que se le acercó visiblemente afligida.
— ¿Cómo te llamas? le preguntó.
— Sancho Sanchez, tartamudeó el joven asombrado de verse en una sala tan ricamente adornada y delante del poderoso conde.
Pues bien, Sancho Sanchez, desde hoy eres mi page, dijo la niña.
— ¿Cómo tu pase? repuso el anciano.
— Mi page, padre mio, si tu lo permites.
El anciano que adoraba á su nieta, y que solamente deseaba darla gusto, se encogió de hombres significando con un gesto su asentimiento, y el chico se estremeció al aspecto de tanta dicha.
— Y no es este solo el favor que tengo que pedirte, añadió Leonor, dirigiéndose á su abuelo: quiero que ahora mismo des la orden para que despidan á Martino.
— ¡Muchacha!... ¿estás loca? dijo el anciano con tono bondadoso... Martino es un buen servidor.
— No puede ser bueno quien se complace en hacer daño á los demás. ¿No veías aquella risa infernal con que contestaba á los lamentos de esta pobre criatura?... ¡Oh! Martino tiene por fuerza un corazón de hiena, y no debes conservar ese hombre á tu servicio, ¡tú que eres tan bueno y tan bondadoso!... Si no lo quieres despedir mándalo á alguna de tus tierras donde yo no lo vea, porque su presencia me hace mucho daño.
— Se despedirá á Martino, dijo el conde como convencido y sin manifestar el menor interés en conservar en su casa al palafrenero.

viernes, octubre 14, 2011

Viage ilustrado (Pág. 594)

puesto por los griegos, tiene un recuerdo histórico muy notable, que deberemos consignar. El año 619 de Roma (antes de Cristo 132), Junio Bruto, con objeto de terminar la conquista de Galicia, salió de Braga al frente de sus legiones. Al llegar á la ribera de este rio, sus soldados, que tenían muy presente el rio Lethes que rodeaba los Campos Elíseos, sobrecogidos de un terror pánico, se detuvieron rehusando pasarlo creyendo perder la vida, ó al menos la memoria, si lo verificaban. En este momento, Junio Bruto, qué comprendió la causa de tan repentino desaliento, cogió el águila de una legion, se arrojó al rio, llegó á la opuesta ribera, y desde alli llamó a sus soldados, haciéndoles ver lo pueril de sus temores, pues él no perdiera ni la vida ni la memoria, pues no se olvidaba de sus legiones. Asi logró que estas le siguiesen sin repugnancia. También no muy lejos de este rio está el monte llamado Cabeza de Medo (1), al que se refugiaron los gallegos perseguidos por los generales romanos Cajo Antistio y Publio Firmicio. No podiendo estos arrancarlos de aquellas fragosidades, cercaron el monte con un ancho foso de quince millas de circuito, y los valerosos galaicos prefirieron, antes que rendirse, darse la muerte unos á otros, ya con el hierro, ya con el veneno sacado del tejo.
Guinzo de Limia, capital del valle de este nombre, dista dos leguas de Allariz, y cinco de Orense Se compone de mas de doscientas casas, tiene una parroquia con la advocación de Santa Marina, y dos ermitas. Es cabeza de ayuntamiento y partido judicial, y tiene 1,065 habitantes. Ocupa esta villa el lugar que una antigua ciudad llamada Antioquía, patria que fué de Santa Marina, que nació el año ciento veinte y tres de Cristo. Su padre era Teudio, gobernador, según dicen, de este pais, en tiempo que imperaba en Roma el español Adriano. Sucedió á Teudio un tirano llamado Olibrio, que hizo martirizar á Marina en la fortaleza de Armea, cuyos vestigios aun se descubren en el valle de Rabeda, no lejos de Guinzo. También estaba cercana á esta población la antigua ciudad de Lemis ó de los Limicos, habiéndose descubierto algunas lápidas con inscripciones y otros vestigios. Tan cierto es lo que ya repetimos otras veces, que en Asturias y Galicia no puede darse un paso sin tropezar con un recuerdo histórico ó un monumento de la antigüedad.
Siguiendo la carretera de Castilla se encuentra el valle de Monterey, muy celebrado por su fertilidad y escelentes vinos, y que ocupa la parte meridional de la provincia en el confin con Portugal Está regado por el rio Tamaga, y se divide en dos partes denominadas valle alto y valle bajo. La primera tiene once parroquias, y la segunda doce. Aunque el pueblo de Verin, situado á diez leguas de Orense, capital del partido judicial de su nombre, ofrece mas comodidades á los viajeros que Monterey. El origen de la villa es desconocido y olvidado por su mucha antigüedad. Alfonso VII, llamado el emperador, la repobló en 1150, imponiéndola la denominación que conserva, aludiendo á su situación montuosa. Pedro el Cruel llegó á Monterey en 1365, cuando desairado por el rey de Portugal, á quien fuera á pedir auxilios contra su hermano Enrique, se entró en Galicia. Aqui se le reunieron don Fernando de Castro y otros caballeros poderosos del pais, aconsejándole probase fortuna con las armas, para lo que le ofrecieron quinientos ginetes y dos mil peones: mas don Pedro prefirió trasladarse á Inglaterra, embarcándose en la Coruña. A su paso por Santiago fué cuando hizo justicia á los caballeros Turrichaos, permitiéndoles diesen muerte á su enemigo el arzobispo don Suero, como referimos en otro lugar. En 1391, don Alonso, conde de Gijon, hizo conducir á Monterrey al arzobispo de Toledo, á quien tenia preso, encomendando su custodia al maestre de Santiago. El rey don Enrique IV concedió esta villa y su territorio con título de condado á don Sancho Sanchez de Ulloa, y á su muger doña Teresa de Zúñiga y Viedma, que ya poseian el señorio de la villa. El actual conde de Monterey es el duque de Alba. Compónese la población de cincuenta y seis casas, entre las que se cuenta el antiguo palacio de sus condes, con un alto terreon con almenas y ladroneras, la municipal, la cárcel y un hospital de peregrinos fundado por los condes. La iglesia parroquial esta dedicada á Santa María de Gracia. Hubo también un convento de franciscanos, y hasta hace muy pocos años Monterey estuvo considerada como plaza fuerte, y tenia gobernador de la clase de capitán. Haciia frente á la plaza portuguesa de Chaves. Celebra una feria el 16 de cada mes, y contiene 244 habitantes. Desde Monterey el pais va á cada paso perdiendo en fertilidad y belleza; en el Campo de Becerros, aldea que dista tres leguas de Monterey, ya no se ve sino un terreno escabroso, estéril, despojado de árboles, de rios y de poesía. Gudiña se compone de sesenta y cuatro casas que forman una sola calle, de la que una acera pertenece al obispado de Orense, y la otra al de Astorga, y hay por consiguiente, dos iglesias parroquiales ademas de una ermita, es capital de un ayuntamiento, y tiene, por consiguiente, casa municipal y cárcel. En cuanto á etimología, historia, recuerdos, etc., este pueblo es poco antiguo; su origen habia sido una venta ó taberna, edificada por una muger llamada de sobrenombre la Agudiña (como si dijéramos en castellano perspicaz, ingeniosa y discreta), la que lo comunicó primero á la venta que fundara, y luego á la reunion de casucas que se fueron edificando. Armonizan en la Gudiña su estéril y pedregosa campiña, la fealdad de sus pobres chozas, y lo humilde y plebeyo de sus anales. Ha sido patria de un grande hombre, de un héroe cristiano, de San Sebastián Aparicio, en fin. Nos dirigiremos ahora á los renombrados codos de Lorouco, restos de una via militar trazada en tiempo de Trajano, y que tienen por objeto hacer menos sensible la aspereza del monte del mismo nombre (2) y que aun están en uso; el famoso Monte–Furado, especie de Tunnel ó canal subterráneo (3), obra atrevida del mismo emperador, para dar, como dio, un nuevo cauce al Sil, y descubrir por este medio el criadero del oro que en tanta abundancia arrastran aun sus aguas, como el Pactolo de la fábula; el fértil y riquísimo valle de Valdorras, celebre, no solo por sus esquisitos vinos, sino por sus minas de oro esplotadas por los romanos, que le dieron el nombre de Villa–Aurea; los pinto–

(1) Llamábanle los romanos Medulius–Mons. Su cima está siempre cubierta de nieve.
(2) Llamáse en tiempo de los romanos Ladicus Mons.
(3) Tiene este canal 450 varas de longitud, 18 en su menor latitud, y 12 de altura. El Sil lo recorre silenciosamente. Aun arrastra este célebre rio granos de finísimo oro en abundancia, y es inmenso el valor de los que se encuentran mezclados en la arena. Sobre este monte perforado pasan tres caminos.

martes, octubre 11, 2011

Viage ilustrado (Pág. 593)



Parroquia de la Trinidad de Orense


ocupa parte del antiguo colegio de los jesuítas, y tiene una biblioteca regular y museo de pinturas. El teatro es bastante bonito y de propiedad particular. Los paseos como es de suponer, en una tan deliciosa campiña, son amenos y agradables, pero la mano del hombre nada hizo para completar la obra de la naturaleza y están muy descuidados. La población de la ciudad sube á 4,840 almas. Como capital de su provincia es residencia de todas las autoridades y sus respectivas oficinas. El obispado comprende seiscientas treinta y nueve feligresías, y el partido judicial noventa y tres, distribuidas en once ayuntamientos. La ciudad celebra un mercado los jueves y feria el 7 de cada mes.
Después de andar tres leguas y pasar por las aldeas de Sejalbo, Calvos y Taboadela, en que nada hay de particular, se llega á la villa de Allariz. Es esta una villa notable por todos conceptos. Situada á la orilla del Artoya, ocupa el solar de la antiquísima ciudad de Araduca, y en 1663 se encontró en ella un sepulcro con inscripción muy estraña; que el P. M. Gándara, cronista de Galicia, intenta demostrar es el del renombrado rey Witiza. Perteneció Allariz, desde largo tiempo, al señorío del marqués de Malpica, y conserva un antiguo castillo, pues fué una de las plazas mejor fortificadas de Galicia. También sirvió de residencia esta población á muchos antiguos y esclarecidos linages del pais, conservándose aun los Amociros, Soto–Altamiranos, Gándaras, en cuya casa nació el conocido escritor de que antes hemos hablado, y se educó el célebre P. Feijóo, que nacido en Melias, vino á esta villa en sus primeros años en compañía de algunos de sus parientes. Las armas consisten en una cifra de las letras A. y T. con corona al timbre. Tiene la villa tres parroquias, la de Santiago, que es de fundación inmemorial, y de arquitectura gótica, la le San Esteban, que no le cede en antigüedad, y la de San Pedro; varias otras iglesias y capillas, y un suntuoso convento dedicado á Santa Clara, de religiosas franciscanas. Este edificio estenso y construido de piedra de sillería, y cuya arquitectura pertenece al orden toscazo, fue fundado en el siglo XIII como acredita esta inscripción que se conserva bajo un escudo de las armas reales:


Es de patronazgo real:
Fundólo la reina doña Violante y su hijo
El rey don Sancho, en la era MCCCXXIV.


Corresponde al año de 1286. La primera abadesa fué doña Sancha, hija de la fundadora. La iglesia es bastante regular, y tiene cinco altares. Allariz es cabeza de ayuntamiento y partido judicial, y cuenta de población 1,752 habitantes. Poco después de Allariz se encuentra el estenso y fértil territorrio ó valle de la Limia (cuyo nombre deriva, según algunos, del limo que produce en este terreno la mucha humedad), que tiene cuatro leguas de largo y tres de ancho. A pesar de estar cultivada solo una pequeña parte de él, es tal su feracidad, que se llama comunmente á la Limia el granero de Galicia. Sus producciones son muchas y variadas, abundando mas que otras el trigo, centeno y lino. La parte no cultivada contiene escelenles pastos, y en ella se ven retozar inmensa muchedumbre de ganados de toda clase, en especial del lanar y cabrío que tiene mucha fama en todas partes. La estensa é insalubre laguna llamada Antela, que tiene de diámetro legua y cuarto, y presenta un aspecto desagradable por sus aguas verdosas, espesos jarales y sus vapores fétidos, abunda en aves acuáticas, y produce las mejores sanguijuelas que se conocen en España, de las que hacen los franceses un lucrativo comercio, habiendo establecido alli una especie de factoría para su acopio y esportacion á Francia, con perjuicio de los habitantes. El rio Limia, que atraviesa este gran valle, y del que toma el nombre, nace en la parte occidental, se forma de la reunion de los llamados Antela y Guinzo, y muy luego penetra en Portugal. Hasta 1832 era su cauce muy angosto y tortuoso; pero en el referido año, por dirección del benéfico comisario general de Cruzada don Manuel Fernandez Varela, el corregidor de Guinzo, don Julian Teubes, le dio uno nuevo de doce varas de ancho y dos y media de profundidad. Este rio, cuyo antiguo nombre era Lethes, im–

viernes, octubre 07, 2011

Viage ilustrado (Pág. 592)





Puente de Orense sobre el Miño

Desde luego debemos hablar de las tres referidas maravillas que la dan tanta nombradía, y que seguramente son muy notables. Para ver la primera, esto es, el Santo Cristo, ha de visitarse la catedral, que es donde se encuentra. Ocupa este estenso edificio el centro de la ciudad, y tiene de longitud doscientos ochenta y dos pies, y de latitud ciento cuarenta y siete. Es de arquitectura gótica, pero sus fachadas presentan un todo heterogéneo é irregular, á consecuencia de sus sucesivas ruinas y restauraciones que sufrió en distintas épocas. Hay dos torres desiguales y de escaso mérito, en una de las que está el reloj que tiene cuerda para ocho dias. En el centro de la iglesia está el coro con buena sillería de nogal, bien trabajada, y dos grandes órganos. El altar mayor es un grandioso retablo del género gótico, dedicado á San Martin Furonense, y que fue consagrado en 1194. Al lado del Evangelio, y dentro del recinto de la capilla mayor, está el magnífico túmulo de mármol, que contiene los restos del cardenal don Pedro Quevedo y Quintana, obispo de esta diócesis, que murió en opinion de santidad en el presente siglo: Este monumento suntuoso fué construido en Roma por el escultor español don Antonio Solá, y costeado por el comisario de Cruzada, Varela. En el altar colateral del lado del Evangelio, están los cuerpos de los santos mártires, Facundo y Primitivo, y en el de la Epístola el de Santa Eufemia en una caja de plata. La capilla del Santo Cristo es sin duda la mas notable de la catedral, y tiene un órgano. La efigie, que es de gran veneración en todo Galicia, es de macho mérito artístico: se dice hecha por Nicodemus, y fué traída de Finisterre en el siglo XIV, por el obispo de Orense Vasco Perez Mariño, cuyo sepulcro se ve á pocos pasos del altar del Santo Cristo. Pertenece al conde de Taboada el patronato de esta capilla. Hay ademas en la catedral otras diez y nueve. El cabildo que sirve este antiguo templo se compone del obispo, diez dignidades, ocho canónigos cardenales, y quince llamados díaconales. Hay ademas ocho racioneros, doce capellanes y varios acólitos y otros sirvientes. Unida y dependiente de la catedral está la Iglesia de Santa María la Madre, que algunos creen sirvió en lo anticuo de sede, la cual es de arquitectura elegante. El puente que cruza el Miño, y cuya obra se atribuye á Trajano, es santuoso y uno de los mejores de España; tiene mil trescientos diez y nueve pies de longitud y diez y ocho de latitud. Consta de siete ojos, entre los que es el mas notable el del centro, que tiene ciento cincuenta y seis pies de claro de pilar á pilar, y ciento treinta y cinco de elevación, desde la clave á la superficie del agua, años ostentaba en su entrada por la cidad un torreón que fué demolido. El obispo de Orense, don Lorenzo, restauró esta magnifica fabrica en 1211, y la aumentó con calzadas y arcos á su entrada y salida. Las tres Burgas ó fuentes calientes de Orenses, son conocidas desde las mas antiguas y oscuras épocas. Sus nombre son: Burga de arriba, Burga de abajo y Surtidero, estando encañadas en cantería (según se cree fundadamente, por mano de los romanos), las dos primeras. La Barga de arriba, crece y mengua periódicamente cada diez y seis ó diez y ocho segundos, la de abajo, cae en un gran pilón que sirve de lavadero, y el Surtidero en otro mas pequeño. La temperatura de los manantiales es siempre de cincuenta y cuatro grados de Reaumur, y son muy abundantes. Los vecinos de Orense sacan de estas aguas hirvientes grandes utilidades, pues ademas de sus propiedades medicinales, sirven para multitud de faenas domésticas, como para cocer la comida, colar la ropa, pelar patas de buey, desplumar aves, etc, etc. Para esta última operación basta una sola inmersion. Hay en la ciudad dos parroquias, subdivididas en otras dos, llamadas de Santa Eufemia del Centro, cuya iglesia fué de los jesuítas y, es de bastante mérito, Santa Eufemia del Norte, que ocupa la del convento de dominicos, y la de la Trinidad, denominada de arriba y de abajo. Hubo dos conventos de religiosos franciscos y dominicos. El primero (cuya iglesia está abierta al culto), sirve de cuartel, un seminario conciliar con titulo de San Fernando, un hospital de pobres, palacio episcopal, cárcel cómoda y segura, de nueva planta, y una buena casa consistorial. Esta ocupa uno de los frentes de la plaza Mayor, que es casi cuadrada, y tiene soportales embaldosados. El instituto de segunda enseñanza

martes, octubre 04, 2011

Viage ilustrado (Pág. 591)

se tanto contra mi pobre perro, si nada tuviese que temer. Diciendo estas palabras tiró de la espada, la introdujo con trabajo en la tierra por bajo del arcon, y la sacó cubierta de moho y podredumbre, entonces esclamó: «Aqui hay sin duda un cuerpo muerto, tal vez el del marqués,» (pues recordó entonces las palabras de la tabernera). En tanto se habían llegado á la bodega algunos soldados y vecinos atraídos por el ruido de la disputa. Entre estos últimos se hallaba el alcalde, honrado labrador, á quien ya conocía el sargento por haberle hablado á su entrada en el pueblo, y desde luego fué requerido por éste, para que hiciera reconocer el suelo que cubría la hucha. Resistióse al pronto el agreste funcionario, pues no solo era colono de la marquesa, sino tambien su vasallo, nombrado alcalde por ella, como señora del pueblo y no se atrevía á ejecutar lo que le parecía un gravísimo desacato; mas hubo de ceder á la energía del digno sargento. Apartóse, pues, el arcon de su lugar, y quitando una ligera capa de tierra apareció el cuerpo del marques bastante bien conservado por la frescura del terreno, envuelto en su propia sábana, y con el dogal al cuello con que le arrastraron hasta allí. Todos los circunstantes le reconocieron al punto, y Alonso dio un grito y cayó desmayado. La marquesa aparentó también afligirse y admirarse de que el cuerpo de su amado esposo estuviese en su propia casa, pero fué presa en el momento con su cómplice y todos los criados. Conducida después de orden de las autoridades superiores á la cárcel pública de la Coruña, esta muger infernal manifestó el mayor valor y energía hasta en la terrible prueba del tormento, negando siempre haber tenido parte en la muerte de su marido. No asi el pusilánime Alonso, pues á la primera vuelta (como dice el proceso original) confesó todo el hecho y sus menores circunstancias, y atrajo, como era justo, el rigor de la ley sobre él y su alevosa ama. La audiencia de Galicia condenó a ambos reos á la pena de los parricidas, esto es, á ser arrastrados, ahorcados, descuartizados y encubados, pero solo pudo verificarse en el desdichado Alonso, á quien condujeron casi muerto al patíbulo, pues al entrar el verdugo, los hermanos de la caridad y la escolta, en el cuarto capilla de la marquesa, la encontraron muerta. Después llegó á averiguarse judicialmente, que sus parientes la envenenaron en la última comida, para libertarla de la afrenta de un público suplicio. La habitación que le sirvió de prision, aun es conocida en la cárcel de la Coruña por el cuarto de la marquesa.
La provincia de Orense, es de suelo muy variado, pues en ella se encuentran grandes montañas, frondosos bosques y risueños valles, presentando en sus producciones la misma variedad. En cuanto á árboles los hay de todas las especies indígenas de Europa, asi como las de yerbas. Abunda mucho el ganado vacuno, caballar, mular y de cerda, y la caza mayor y menor. Entre las aves se encuentra una muy rara llamada gayo, que es muy semejante al loro, y que como este, imita la voz humana y otros sonidos. Entre los muchos rios que fertilizan esta hermosa y rica provincia, debemos mencionar el magestuoso Miño, de que ya hemos hablado, y cuyas orillas íbamos recorriendo: el Sil, célebre por sus arenas de oro, y que se reúne al anterior, en el lugar de Lospeares, y que aunque de mayor caudal que el Miño, pierde su nombre y toma el de éste, por lo que dicen en esta provincia:


El Sil lleva el agua
Y el Miño la fama.


El Navea, el Avia, célebre por la belleza y rara fertilidad de sus riberas, y el Limia, nombrado en la historia antigua. Los orensanos son robustos, de buena estatura y muy ágiles. Entre sus cualidades morales, sobresalen la gravedad, la honradez y la modestia. Las mugeres son hermosas, prudentes y laboriosas. Comprende la provincia una ciudad, veinte y cuatro villas y ochocientas ochenta y tres feligresías repartidas en noventa y cinco ayuntamientos y once partidos judiciales, llevando su población á 380.000 almas.
La ciudad de Orense esta situada á la orilla izquierda del Miño, y en la vertiente occidental de Monte-alegre. Como la mayor parte délos pueblos de Galicia, presenta una antigüedad remotísima. Varios eruditos anticuarios dicen se llamó Amphiloguia, del nombre de su fundador Amphilogo, uno de los héroes de la guerra de Troya. Los romanos (de cuyo tiempo se hallan en esta ciudad muchas inscripciones), la llamaron Aobrigense y Aquæ Orígenes en alusión á sus famosas fuentes termales, llamadas las Burgas. Los suevos, que la dominaron, le dieron el nombre germano de Warmsee, que significa lago Caliente, del que ó del de Orígenes, pudo derivarse sin violencia el actual. El origen de su obispado se pierde en la antigüedad, no faltando quien lo atribuyera á los suevos, y en especial á su rey Teodomiro, el cual se convirtió al catolicismo, por haber alcanzado por intercesión de San Martin, la salud de su hijo moribundo, y edificó la catedral con la advocación del mismo santo, la cual conserva hoy. Arrasada Orense por los árabes en 738, fué restaurada en 742 por Alfonso el Católico. Habiéndose rebelado en Mérida el moro Mahamut contra su señor el emir de Cordoba Abdelrahaman, se refugió con muchísimos de sus partidarios á Galicia, y Alfonso II el Casto que reinaba á la sazón, no solo le acogió benignamente, sino que le dio el gobierno de la ciudad de Orense y su territorio; pero pagando aquel traidor las mercedes referidas con la mas negra ingratitud, y deseando reconciliarse con el emir de Córdoba, ofreció á este entregar el pais que gobernaba, si le enviaba los socorros necesarios. Hízolo asi Abdelrahaman, mas la hueste del infame traidor fue derrotada por Alfonso el Casto, no lejos de Lugo, y el pagó con la vida su perfidia. El duque de Alencastre ó Lancaster, cuando pretendía la corona de Castilla, ocupó á Orense con sus tropas, y se hallaba aun en esta ciudad, cuando se entablaron las negociaciones para aquella guerra en 1386. Finalmente, Orense figuró mucho en las turbulencias que tuvieron lugar en Galicia en 1480, pero fué pronto reducida á la obediencia del rey. Es patria de Santa Eufemia, que padeció martirio en ella, del licenciado Fernando Boan, del escultor don Francisco Moure, de don Manuel Ruiz de Medrano, obispo de Tortosa, y de otros muchos personages. Las armas de la ciudad consisten en un puente con castillo, y un león encima de las almenas con espada en mano. Hay en Galicia un proverbio que dice:


Tres cosas hay en Orense
Que no las hay en España,
El Santo-Cristo, la Puente
Y la Burga hirviendo el agua.

viernes, septiembre 30, 2011

Viage ilustrado (Pág. 590)

de V... Era señor en lo temporal y espiritual del mismo pueblo, y estaba apreciado generalmente. Su esposa, muger altiva y colérica, no podia endulzar sus dias, y el marqués mas bien por libertarse de su presencia que por afición, se entregaba con ardor al ejercicio de la caza. En una de sus espediciones conoció á una joven bonita, hija del farmacéutico de una aldea cercana, y agradándole su amable carácter, dio en frecuentar su trato, aunque sin romper los deberes conyugales. La soberbia marquesa supo muy en breve estas inocentes relaciones, y dándoles mas importancia de la que tenian, ardiendo en celos, y herida profundamente en su orgullo al verse reemplazada (según suponía) por una miserable boticaria, concibió el execrable designio de quitar la vida á su esposo. Un día hizo llamar á un su colono llamado Alonso, hombre de grandes fuerzas, pero de cortos alcances. Sin emplear largo tiempo en preámbulos, la marquesa le propuso, ó ser desposeido de la tierra que llevaba en arriendo, privándole de este modo de los únicos medios de subsistencia con que podia contar él y sus hijos, ó adquirir la propiedad de la misma tierra, cuya donación legal tenia ya prevenida, y un bolsillo lleno de oro, si le ayudaba a matar al marqués. Resistióse al pronto el labrador, pero cediendo al fin á las sugestiones de su pérfida ama, acordaron juntos el medio de llevar á cabo el designio de esta. Era ya entrada la noche cuando el marqués, después de pasar casi toda la tarde en compañía de la hija del farmacéutico, llegó á su palacio, y encontrándose algún tanto fatigado é indispuesto, se acostó. Su esposa, fingiendo el mayor interés, le dio por su misma mano una bebida calmante según dijo, pero que contenia un activo narcótico que sepultó en un profundo sueño al desdichado marqués. Pasadas algunas horas, y cuando en el palacio reinaba el mas completo silencio, Alfonso llevando en su mano una soga y un hacha de partir leña, y precedido déla marquesa que le alumbraba, se dirigió al lecho de su amo. Obra fué de un instante el echarle al cuello un estrecho lazo, y descargarle tan terrible golpe en la cabeza, que los sesos de la víctima se derramaron por la cama y el suelo. Sin embargo, al recibir el golpe mortal, despertó por un instante de su letargo, y murmuró el nombre de su muger. Esta y su colono que temblaba horrorizado del asesinato que acababa de cometer, arrastraron el cadáver hasta una bodega en que habia varios arcones para guardar el grano, llamados en Galicia huchas, y bajo uno de estos pesados muebles, y á poca profundidad, lo sepultaron, Después la marquesa, ayudada de su cómplice, hizo desaparecer las manchas de sangre, y las demás muestras que pudieran dar indicio del crimen, é hizo que Alfonso ensillase el caballo favorito del muerto, y que con la levita de este ensangrentada lo pusiera á la orilla del rio que solia atravesar diariamente, para hacer creer que algunos salteadores le dieron muerte, y arrojaron su cadáver al rio. En efecto, al rayar el día siguiente, dos labradores que iban al trabajo, encontraron el caballo pastando tranquilamente, y á pocos pasos la levita sangrienta del ginete, y esparcieron la alarma en el pueblo y en la familia. La marquesa fingió el mas desesperado sentimiento, y Alonso, que desde algún, tiempo vivía en el palacio, aseguró que su amo le habia ordenado al acostarse la noche anterior, que á las doce de la misma le despertase y aparejase el caballo, pues tenia que emprender un largo viage que quería que nadie lo supiese. Quedóse acallado por entonces este suceso, y se pasó mas de un año sin que nadie volviese á recordarlo, cuando la justicia divina que no duerme dispuso que tan execrable crimen no permaneciese impune, y lo descubrió de este modo. Un sargento del regimiento de infantería de Asturias, que iba á una comisión del servicio, con ocho soldados y un cabo, hizo alto en este pueblo con su pequeña partida con objeto de descansar una ó dos horas , y se dirigió á la única taberna que en él habia para tomar un bocado. Desde luego llamó su atención el grandioso palacio que á pocos pasos se descubría, y preguntó á la tabernera quien era su poseedor. La muger que era tan habladora como suelen serlo las de su profesión, no solo le refirió que pertenecía al joven marqués de V... capitán del regimiento de las Ordenes militares, sino también toda la historia de la familia, desde los mas antiguos tiempos, y por último la misteriosa desaparición del último marqués, añadiendo en voz baja que en el pueblo se decía que en en casa estaba, y que en ella le habían asesinado, pues que por mas pesquisas que la justicia hiciera para encontrar el cadáver, y averiguar el nombre del matador, nada habia logrado. El sargento atendía poco á esta historia que nada le importaba, y seguia tranquilamente dando fin á una buena tortilla de magras, que su interlocutora le aderezara, cuando echó de menos á un perro á quien quería mucho. Salió en seguida á buscarlo por el pueblo, y se volvía ya disgustado á la taberna por no haberlo encontrado; mas se le ocurrió de pronto si podia haberse entrado en el palacio del marqués, y se dirigió allí. Estaban abiertas de par en par las puertas de una gran bodega llena de arcones, la misma en que estaba someramente sepultado el marqués y en ella varios labradores midiendo grano, cuya operación presenciaba tranquilamente la señora vestida de rigoroso luto, y sentada en un gran sillón, y su antiguo colono Alonso, envuelto en una luenga levita, como ascendido á la clase de mayordomo y confidente, después del asesinato de su amo. Al entrar el sargento en la bodega vio á su perro que con estraordinario afán socavaba con las patas delanteras la tierra á los pies del arcon que cubría el cadáver, atraído sin duda por el olor á carne podrida. En el mismo momento reparaba la marquesa en el pobre animalejo, y justamente alarmada, dijo con imperio á su complice: «Alonso, mátalo.» Iba este á descargarle un palo, cuando se sintió cogido por detrás (pues estaba vuelto de espalda á la puerta), por el fuerte brazo del sargento que le dijo con voz brusca: «Te guardarás bien de hacerlo, gran picaro.» Volvió la cabeza Alonso, y al verse cogido por un militar con fornituras, signo inequívoco de estar de servicio, creyó iba á prenderle, y alarmado por su conciencia no pudo contenerse de gritar: ¡Ay, ama mia!... estamos descubiertos!... La marquesa logró conservar su serenidad, y altiva como una verdadera señora gallega del siglo pasado, dirigió los mas imperiosos denuestos al sargento, por haberse atrevido á allanar su casa, y poner la mano á uno de sus criados, y le amenazó de hacerle salir á palos, si no despejaba en el momento. El sargento justamente resentido por tan insultante lenguaje, y tomando en cuenta la esclamacion del mayordomo, comenzó á concebir sospechas, y contesto á la marquesa: Si, señora, me iré pero después de aclarar el misterio que hay debajo de ese arcon, pues no era posible que V. S. se enfurecie–

lunes, septiembre 26, 2011

Viage ilustrado (Pág. 589)

maestra del género churrigueresco, debida al obispo Arango, y el suntuoso monumento que solo se usa el Jueves Santo, y que es una copia exacta del famoso de Sevilla, aunque no tiene mas que una fachada. El claustro nada ofrece de notable mas que su mucha estension y algunas inscripciones de los siglos medios. La sillería de coro es de mucho mérito. En él hay dos grandiosos órganos. La catedral está servida por un cabildo compuesto de un obispo, nueve dignidades, veinte y un canónigos, ocho racioneros, y suficiente número de capellanes y otros ministros. La mejor iglesia de la ciudad, después de la catedral, es la de los dominicos. La del convento de franciscos y de monjas de la misma orden, ó sea de la Concepción, son bastante regulares y aseadas. Hay ademas la capilla de la Misericordia, la de San Telmo, en que se enseña el lugar donde falleció el santo (pues esta iglesia se levantó sobre el solar de la casa en que moraba en el siglo XIII) y otras varias en las cercanías. La única parroquia de la ciudad es la catedral. En la plaza está la casa consistorial, que es grande, y el hospital de caridad, de fábrica moderna, y también de bastante estension. Tiene Tuy una casa de espósitos, un teatro, dos cuarteles, varios edicios que estuvieron destinados á cuerpos de guardia y almacenes de pólvora, y fortificaciones que rodean toda la ciudad, aunque enteramente destruidas. Sin embargo, por una de aquellas anomalías tan frecuentes en nuestra patria, Tuy, á pesar de tener en escombros sus murallas, y clavados ó rotos sus antiguos cañones de hierro, está en la categoría de plaza fuerte de segundo orden, y tiene un gobernador de la clase de brigadier, un mayor de plaza, ayudante, etc. Hay también una cátedra de latinidad, aduana de segunda clase y juzgado de primera intancia de ascenso, que contiene cincuenta y una parroquias. El obispado estiende su jurisdicción á doscientas sesenta y dos. Antes era Tuy cabeza de una provincia que llevaba su nombre, y era una de las ciudades de voz y voto en Córtes. Celebra tres ferias al año y mercado los jueves. Su comercio es bastante considerable con Portugal, y consiste principalmente en la esportacion de granos y ganado. La industria mas común son las lencerías y fábricas de sombreros ordinarios, licores y curtidos. Tiene Tuy cuatro mil doscientos doce habitantes.
Al salir de Tuy se atraviesa la hermosa vega llamada del Oro, dicha asi del rio del mismo nombre que va á reunirse al Miño, y que se cruza por un largo puente de piedra. Esta vega tiene una particularidad que la hace ser única en España, y consiste en que á semejanza del Bajo Egipto, es fecundada todos los años por la inundación periódica del Miño, que deposita en ella sedimentos, que la proporcionan estraordinaria fecundidad. Para que la semejanza sea mas completa, la vega de que hablamos forma una delta ó triángulo, cuya base, que es la ribera del Miño, tiene media legua de longitud, y la altura ó sea la distancia desde el rio al vértice, un cuarto de legua. A la derecha y á la orilla del rio, están los baños termales de Caldelas, que quedan también cubiertos por la inundación periódica, y por lo que las habitaciones de los bañistas se forman de chozas ó barracas, que desaparecen con la estación de los baños. Al frente de Caldelas, y en la margen opuesta del Miño está la villa portuguesa de Monzón. Hay una pequeña aldea llamada la Franqueira, que dista de Tuy cuatro leguas, y en la que nada hay de notable mas que el antiguo priorato de monges bernardos y su iglesia, que por ser parroquia permanece abierta al público. En ella se venera una efigie de la Virgen, hecha de piedra, de antigüedad muy remota, y que estuvo antes en una ermita, hoy derruida. Se le da el título de Nuestra Señora de la Franqueira y se celebra en su honor una muy concurrida romería en la Pascua de Pentecostés. Sin detenernos en la Cañiza, aldea cabeza de un partido judicial con cuarenta y una parroquias, ni hablar del suntuoso ex-monasterio de monges bernardos de Melon, notable por su capacidad y buena arquitectura, y que pertenece ya á la provincia de Orense, pasemos á Rivadavia. La muy antigua villa de Rivadavia está situada entre los montes de Santo Domingo y Santa Marta, y á la orilla del Abia (que á corta distancia de la población se reúne al Miño), sobre el cual tiene un puente de piedra de tres arcos, que forma parte de la carretera de Vigo á Castilla. El valle en que se asienta, conocido con et nombre de Rivero de Abia, es muy fértil y delicioso, y notable mas que por otra consideración por los escelentes vinos que produce, muy semejantes á los de Andalucía, en especial el denominado tostado. Hay ademas mucho trigo, centeno, cebada, maiz, frutas delicadísimas, caza menor y pesca de anguilas, truchas, lampreas, sábalos y algunos salmones. Rivadavia es cabeza de un partido judicial y ayuntamiento, tiene cuatro parroquias y dos conventos que fueron de franciscos y dominicos, un palacio de sus condes y trescientas treinta y cuatro casas habitadas por 1.315 almas. El origen de esta población es remotísimo, y por lo mismo desconocido. Llamóse Abobriga, cuyo nombre envuelve la misma idea geográfica que el actual de Rivadavia. Plinio menciona esta ciudad en los galaicos bracarenses, y muy próxima al Minius, como efectivamente está. En otros tiempos tuvo mucha mas importancia que la que conserva hoy. El rey de Galicia don García, hijo de Fernando I de Castilla, tuvo su corte en esta villa, y su palacio estaba donde ahora el convento de Santo Domingo. Las armas de la villa son en campo azul, puente de plata sobre ondas con castillo encima, y en medio el sol y la luna. En Rivadavia nació en el siglo XVI el célebre teólogo dominico Tomás de Lemus. El rey don Fernando el Católico erigió esta villa en condado, concediendo este título á don Bernardino Sarmiento. La familia de este nombre es una de las mas ilustres y antiguas de Galicia, y lleva por armas en escudo rojo trece roeles de oro.
Pásase luego á Orense, después de recorrer algunos pueblos insignificantes, entre ellos Castrelo de Miño, en el que se ven los vestigios de un puente, y una buena iglesia dedicada á Nuestra Señora, que sirve de parroquia, y que pertenece á la orden militar de San Juan, y es por lo mismo de la jurisdicción del vicario de la encomienda de Incio y Osoño. Cuéntase alli la historia siguiente, que encierra la escelente moralidad de que Dios castiga tarde ó temprano los delitos por ocultos que sean, y valiéndose á veces de medios al parecer insignificantes.
Vivia en uno de los pueblos de esta provincia de Orense (1) á mediados del siglo pasado, el marqués

(1) Este hecho es histórico en todas sus partes. Vive y lleva el título del personage de que aqui se habla, su biznieto.

jueves, septiembre 01, 2011

Viage ilustrado (Pág. 588)

ascendientes de este linage, que era conde ó gobernador de una ciudad, cercado de los moros, se defendió por tanto tiempo, que apurados todos los víveres, se vio precisado él y los suyos á alimentarse de correas, puestas á ablandar en agua caliente. Habian llegado los cercados al último estremo cuando un águila atravesó los aires y dejó caer en la plaza sitiada una enorme trucha que en el pico llevaba. Varios hambrientos se arrojaron sobre ella con afán, pero el conde les hizo conocer que una trucha no era suficiente para todos, y que era mejor regalarla al general sitiador. Convinieron, y los moros creyendo que en la plaza sobraban las vituallas, levantaron el cerco. Por eso el escudo de los Correas, consiste en una águila negra con corona condal, una trucha de plata en el pico, y en el pecho un escudete, donde en campo de oro hay trece correas rojas cruzadas, todo ello en campo de plata.»
A tres leguas de Goyan, rio arriba, se halla la antiquísima ciudad de Tuy, tan antigua, que todos nuestros historiadores convienen en que lleva á Roma muchos siglos, pudiéndose reputar por lo mismo, por una de las primeras poblaciones de Europa. Su fundación se atribuye al griego Diomedes, hijo del príncipe Tideo, que en honor de este la impuso el nombre de Tyde. Aquel era uno de los muchos aventureros que aportaron á estas regiones después de la ruina de Troya. Es también conocida en la historia con los nombres de Tude, y Tudem–Graviorum, porque era la capital de los gravios, uno de los pueblos ó confederaciones en que estaba dividida la Galicia primitiva. En la primera época estaba fundada esta ciudad en un delicioso valle distante media legua donde ahora hay una aldea denominada Pazos de Reis; Palacios de reyes. El año de Roma 619 fué Tyde conquistada por Decio Junio Bruto, gobernador de la España Ulterior, y conservó grande importancia durante la dominación romana, siendo una de las estaciones de la via militar, que conducía á Bracara Augusta. Fué una de las primeras poblaciones que se convirtieron al cristianismo, teniéndose por su primer obispo á San Epitacio, discípulo de Santiago, y martirizado en esta ciudad en tiempo de Nerón. También se refiere á aquellos primeros dias de la persecución, el martirio de San Julian y otros compañeros en un monote cercano llamado Alloya. Los obispos de Tuy son muy nombrados en los concilios toledanos del tiempo de los reyes godos. Egica envió en 698 á su hijo Witiza por virey ó gobernador de Galicia, y fijó su córte en Tuy. En tiempo de Mariana permanecían las ruinas de su palacio en la citada aldea de Pazos de Reis, y aun hoy se ven escombros. Durante la residencia en Tuy de Witiza tuvieron lugar los amores de este con la duquesa de Cantabria, á quien llaman Luz, y la muerte de su esposo Favila de mano de aquel y de un bastonazo. En aquel tiempo, según las probabilidades, nació en Tuy de los referidos Favila y Luz el célebre don Pelayo, el restaurador de España en Covadonga. En 738 acometieron los moros esta ciudad, que se resistió denodadamente, y la arrasaron. En 744 la restauró Alfonso I el Católico, pero volvió á caer en poder de aquellos que trasladaron la población en 766 á lo alto del monte Alloya, y en un sitio que se llamó Cabeza de Francos, con una cerca de media legua en contorno, y de tres varas de espesor, con altas torres que aun subsisten en su mayor parte. La catedral se fijó entonces en el monasterio de San Bartolomé, que hoy es una parroquia inmediata á la ciudad. Don Ordoño II, recobró á Tuy por segunda vez en 860, y Fernando II de Leon, en 1170, trasladó la población al sitio que hoy ocupa en una colina á la orilla del Miño, edificando en la cima la catedral y palacio del obispo en forma de fortaleza. La reina doña Urraca, había concedido al obispo y cabildo de Tuy el señorío espiritual y temporal de la ciudad, que conservaron hasta nuestros dias. Por su posición fronteriza á Portugal fué Tuy siempre punto importante, hablando militarmente, y sufrió varias invasiones de los portugueses. Pinta en sus armas una media luna de plata y tres estrellas de oro, en campo azul, timbrado el escudo de una corona real. Dícese que las estrellas aluden á tres batallas ganadas á los moros, pero otros aseguran que representan á los tres reyes, Alfonso I, Ordoño II y Fernando II, conquistadores y repobladores de la ciudad. La corona real es en recuerdo de haber sido la corte de Witiza. Tuy es patria de varios hombres célebres, entre otros del famoso Lucio, poeta lírico, que adquirió en Roma gran nombradla, del inmortal rey don Pelayo, de San Hermogio, su obispo, y de su sobrino San Pelayo, mártir que conducido á Córdoba en rehenes por librar á su tio que estaba cautivo del famoso Almanzor, padeció martirio por conservar ilesa su pureza, por lo que dijo el erudito P. Isla.


«Entonces fué cuando Pelayo niño
Mártir de la pureza ilustró al Miño.


Tuy se hizo célebre también por la erudición de muchos de sus obispos, entre los que debemos citar á los renombrados historiadores don Lucas de Tuy y Fr. Prudencio de Sandoval. El aspecto de la ciudad, por cualquier lado que se la mire, no puede ser mas pintoresco, pues está edificada en anfiteatro, en lo alto la catedral y palacio del obispo en forma de castillo con torreones, almenas, y ladroneras, y á su alrededor tres ríos, entre los que se cuenta el magestuoso Miño, que besa sus antiguas murallas. Añádese á esto un delicioso jardín de algunas leguas, que tal puede llamarse la incomparable campiña que circunda la vieja ciudad de Diomedes, de Witiza y de Pelayo, y podrá formarse el lector una idea del bello panorama que se desplega á la vista. El interior de la ciudad no es tan agradable como el esterior, pues las calles son estrechas, tortuosas, y algunas muy costaneras. El edificio mas notable es como de costumbre en España, la catedral. Ofrece desde luego bastante novedad por su doble consideración de castillo y templo. Su interior ostenta una arquitectura bárbara, propia del siglo XII en que se construyó, pues se compone de gruesas y tosquísimas columnas, cuyos chapiteles están formados por multitud de monstruos, hombres, animales, flores, etc., que sostienen arcos que son ya casi ojivas. Tiene cuatro naves y nueve capillas. Entre eslas sobresalen la del Sacramento, con un grandioso retablo dorado, de gusto moderno; la de Santa Catalina, que tiene seis altares, uno de los que está dedicado al mártir San Pelayo, y la de San Pedro Telmo, patrono de la ciudad y del obispado. El altar mayor de esta sirve de relicario, que es muy rico, y en el que se conservan, entre otros cuerpos, el deleitado San Telmo. En ella está el panteón subterráneo de los obispos. También llama la atención el inmenso retablo de la Espectacion, obra

domingo, agosto 21, 2011

Viage ilustrado (Pág. 587)

los campesinos el Cabo del mundo. Se compone de quinientas casas regulares, una parroquia con advocación de la Asuncion de Nuestra Señora, servida por un cura y un capellán, tres ermitas y un monasterio de monjas benedictinas. Tenia para su defensa un pequeño fuerte con dos piezas, y un buen castillo que domina la villa, pero uno y otro están en ruinas; sin embargo, el castillo aun tiene gobernador ó comandante. La población es de 2.000 habitantes. El puerto de la Guardia es poco cómodo y solo capaz de buques menores. La principal industria consiste en la fabricación de calcetas, á la que se dedican con fervor todas las mugeres, llegando á la enorme cantidad de cien mil docenas de pares las que se fabrican cada año. Al Sur de la villa está el elevado pico de Santa Tecla, donde el Miño desemboca en el mar. Tiene aquel dos puntas en una de las que hay una columna ó mojón que sirve de guia á los navegantes, y en la reducida planicie que queda entre ambas está la ermita de Santa Tecla, que es muy concurrida por los habitantes, asi del pais como del inmediato reino de Portugal. Estos últimos vienen en gran número á la Guardia anualmente para tomar los baños de mar.
El monasterio de San Benito, es el edificio mas notable de la villa por su capacidad y buena fábrica. Antes de despedirnos de la Guardia debemos consignar una particularidad que se nota tanto en este pueblo como en sus alrededores, y es la estraordinaria emigración de los hombres á Castilla, Andalucía y Portugal, de tal modo, que en las aldeas apenas se ven mas que mugeres, y asi son ellas las que labran la tierra, y se ejercitan en toda clase de faenas. Después de llegar á la aldea de Camposancos, distante un cuarto de legua de la Guardia, y situada á la orilla derecha del Miño, se llega á Tuy, que dista cuatro leguas, disfrutando de la amena y soberbia perspectiva que presentan ambas riberas del rio. Llamábase en lo antiguo Minius, en razón del mucho minio que arrastraba su corriente, lo que también conviene al Sil ó Sir, uno de sus tributarios, cuyo nombre se deriba de los orientales Sisir ó Sirid el Minio. Al hablar Estrabon del Miño nos dice era el rio mas caudaloso de la Lusitania, y navegable por mas de ochocientos estadios, y Plinio, que su boca al desaguar en el mar, tenia cuatro millas de anchura, que es poco nías ó menos la que tiene en el dia. Tolomeo nos instruye que era el limite septentrional entre el convento jurídico Lucense y el Bracarense. Según muchos de nuestros cronistas arrastraba arenas de oro en grande abundancia como el Sil, y Ambrosio de Morales nos dice que el obispo de Tuy le mostró un grano de oro cogido en el Miño del tamaño de un garbanzo, y que el conde de Salvatierra arrendaba anualmente un lugar que poseia á la orilla del mismo rio, solo con el objeto de coger oro. Las aguas de este gran rio, aunque no utilizadas cual debiera, dan impulso á un crecido número de molinos y otros artefactos, y producen con grande abundancia salmones, lampreas, sabios, grandes truchas, anguilas y otros muchos peces. Dejamos á nuestra espalda el castillo da Insua, fortaleza portuguesa situada en una isleta, á boca del Miño, y á la derecha la graciosa villa y plaza de Camiña, en Portugal, en la que hay salinas y 2,500 habitantes, y otras varias poblaciones pequeñas; y á nuestra izquierda el risueño valle y aldea del Rosal, y la villa y coto de Goyan. Aqui se ve un castillo moderno, desmantelado y en ruinas desde que en la guerra de la independencia fué sorprendido una noche por los portugueses, que se apoderaron de la artillería, efectos, gobernador y guarnición que en él habia. Vése también en Goyan un antiquísimo torreón feudal ó atalaya, cerca de un palacio, primitivo solar de la ilustre familia de los Correas, que poseia el señorío temporal y espiritual del coto de Goyan, y de una barca que hay en aquel punto para pasar al pueblo portugués Villanova de Cerveyra, que ocupa la orilla opuesta. Aun conserva la familia de Correa el derecho de nombramiento del abad de Goyan. La historia de este nobilísimo linage, representado hoy por el marqués de Mos, grande de España de primera clase, es en estremo romancesca, y por lo mismo diremos algo sobre ella.
El progenitor de los Correas fué, según los mejores nobiliarios, un rico–hombre del rey don Alfonso VI, llamado Payo o Pelayo Ramirez, del que procedió el célebre guerrero don Pelayo Perez Correa, del que hacen tan honrosa mención todas nuestras historias. Fué en 1241 electo gran maestre de la orden de Santiago, y el décimo sesto que obtuvo esta dignidad, á la sazón que era comendador en Portugal. Conquistó el Algarbe, se distinguió y contribuyó particularmente á la toma de Sevilla, y conquistó el reino de Murcia. Uno de los grandes hechos que le hicieron célebre, fué la famosa batalla de Ten–tu–dia, que refieren asi nuestras historias (1). Cabalgando el maestre con sus caballeros en las cercanías de Sierra Morena, encontró un cuerpo considerable de moros al que acometió desde luego poniéndolo en fuga, pero acercándose la noche, no quedaba tiempo de completar la derrota, y el maestre volviéndose al cielo, esclamó dirigiéndose á la Virgen, de quien era muy devoto; Señora, deten el dia. De repente y cual en los tiempos de Josué, el dia se prolongó, y don Pelayo tuvo lugar de acabar con aquellos encarnizados enemigos de la fé de Cristo. En memoria de tan gran prodigio edificó en aquel sitio una iglesia, que aun subsiste, denominada Santa María de Ten–tu–dia, en la que quiso el maestre ser sepultado, como se verificó en 1275. El hacerse mención de este suceso en varios escritos contemporáneos, hace suponer que tuvo lugar en aquel dia una aurora boreal, ó algún otro meteoro luminoso que hizo creer al maestre y sus caballeros que la Virgen daba aquella luz sobrenatural para evitar la huida de los moros. El rey de armas de Felipe IV, Gerónimo de Villa, dice hablando de los Correas.
«Tienen su casa solariega en Galicia, muy antigua. Unos dicen que el primitivo solar está en el lugar de Farelauns Portugal), y otros con mas razón en Galicia, en las márgenes del Miño, en jurisdicción y sitio de que son señores los de este apellido de Correa, y sea cual fuere el solar, uno procede de otro. Uno de sus progenitores fué Pedro Correa, que sirvió al conde don Enrique, que lo fué de los lusitanos. Halláronse en la toma de Sevilla. Don Alonso Correa fué alférez mayor del rey don Alonso I de Portugal. Traen el escudo de oro con águila de sable, las alas desplegadas, y sobre su pecho otro escudo pequeño, también de oro, con trece correas rojas cruzadas.»
En cuanto al origen del apellido, y escudo de armas, se refiere lo siguiente. «Hallándose uno de los

(1) Véase entro otros muchos á Mariana, libro XIII. cap. 22.

jueves, agosto 18, 2011

Viage ilustrado (Pág. 586)

M coronada, porque la doncella se llagaba María


«Los Montenegros aquí son fundados
Que libertaron aquella doncella,
De testimonios, y falsa querella
Que en casa del rey le son levantados»


Puente Sin Payo es una villa situada en el fondo de la ria de Vigo, desde donde se descubre el famoso lazareto de la isla de San Simon. Este pequeño puerto es renombrado por las muchas y escelentes ostras que produce, y por hallarse cerca del monte Ameo, donde se dio una reñida batalla, en que el moro Alahez fué vencido por el rey de Oviedo Alfonso el Casto, el año 821. Aun se encuentran hoy en aquel sitio hierros de lanzas, huesos y fragmentos de armas que atestiguan el combate y confirman la tradición del pais, que dice hubo alli gran mortandad de infieles. El día 7 de junio de 1809, el puente de San Payo fué teatro también de una porfiada acción entre las tropas españolas al mando del conde de Noroña y las francesas que mandaba Ney, quedando estas vencidas después de dos días de combate.
Desde San Payo se pasa á Redondela, donde existe un convento de monjas de la orden de San Lorenzo Justiniano, de cuyo instituto no hay en España mas que este y otro en Cuenca, y en seguida se entra en la muy noble, muy leal y valerosa ciudad de Vigo, que todos estos títulos mereció en la gloriosa guerra de la independencia. Es el primer puerto de Europa, físicamente hablando, pues reúne á una capacidad inmensa, un fondo escelente, seguridad de los temporales y facilidad de aportar á él con toda clase de vientos. Forma como un ángulo agudo en cuyo vértice está Redondela, y en los dos lados otra porción de puertecitos á cual mas risueños y de agradable aspecto. La boca de este gran puerto está cerrada por dos islas desiertas, denominadas islas de Bayona ó Cicias. Vigo en tiempo de los romanos se llamó Vico Spacorum. El año 132 de nuestra era, Decio Junio Bruto, gobernador de la España Citerior, con objeto de estender sus conquistas, se dirigió á la costa occidental de Galicia. Los habitantes de Vico y demás poblaciones de la ribera del mar, se apresuraron á pactar amistad y confederación con los romanos; pero rebelándose al año siguiente, fueron avasallados por el mismo Junio Bruto, y sujetos al yugo romano. Dominada y destruida Vigo por los sarracenos, fué repoblada en 750 por Alfonso I el Católico. El 20 de octubre de 1702 fué batida dentro de la bahía de Vigo por los ingleses y holandeses una flota española compuesta de galeotas cargadas de oro que venian de América, las que por no caer en poder de los enemigos, por disposición de sus comandantes, se barrenaron y echaron á pique. Aun hace pocos años se veían en el fondo del mar los mas de estos buques enteros; pero habiendo unos empresarios ingleses obtenido del gobierno permiso para registrarlos por medio de la campana de Buzo, y utilizarse de lo que pudieran encontrar, los deshicieron. Vigo es pueblo esencialmente comercial, y por lo mismo muy prosaico; en él no hay que buscar leyendas ni recuerdos caballerescos, tampoco se ven en Vigo edificios grandiosos ni establecimientos que llamen la atención del viagero. El teatro es bastante bonito, y el lazareto nuevamente construido en la isleta de San Simon, donde van muchos buques á hacer las cuarentenas. Tiene la ciudad fortificaciones modernas con el competente número de piezas, y tres castillos denominados La–lage, San Sebastian, y el Castro. Este último ocupa la cima de una montaña, y desde él se domina uno de los mas amenos paisages que pueden verse. De una parte el gran puerto, ó mejor dicho, el gulfo con sus mil buques que ostentan la bandera de todas las naciones comerciantes del mundo, y con su muchedumbre de barcos pequeños que sirven para la pesca, y de otra la fertilísima y amena campiña cubierta de viñedos, bosques de árboles frutales, quintas magnificas, aldeas y caserías. Hay en la ciudad una colegiata parroquia, cayo edificio, aunque estenso y de muy moderna construcción, es de escaso mérito artístico, un convento de monjas, otro que fué de religiosos, y varias ermitas. Es cabeza de un juzgado que comprende cuarenta y dos feligresías, y el número de habitantes no pasará de 4,200.
Nigran es una graciosa aldea que ocupa casi el centro del hermoso valle de Miñor, y de aqui á Bayona, que dista tres leguas de Vigo. Es población muy antigua, y su origen se atribuye por algunos nada menos que á los griegos venidos á este pais después de la destrucción de Troya. Alli se ve la colegiata de Santa María, edificio digno de consideración que sirvió de iglesia á los templarios, los conventos de monjas de la Misericordia y Santa Librada, y el Monte-real, o sea el castillo situado en una eminencia que domina el mar, la villa y el valle. En Bayona están las islas Bayonas, de Vigo ó Cies que todos estos nombres tienen. Son dos estas islas, la del Norte, denominada Latia ó Cisaron tiene dos millas y media de longitud, y la del Sur, llamada Faro, una y media. Están situadas á la boca de la ria de Vigo, de cuya ciudad distan nueve millas. Estas islas son famosas desde los antiguos tiempos, pues los fenicios y cartagineses aportaban á ellas en busca de estaño, de que eran muy abundantes, por lo que fueron llamadas Cassiterides (1), como las nombran Plinio, Estrabron y Tolomeo. Después se llamaron Cicæ ó Cicas, nombre derivado de Cicar ó Kicar, que en lengua fenicia significa metal. Estaban habitadas en otro tiempo, pero las correrías de los piratas berberiscos é ingleses ocasionaron su despoblación en el siglo XVII. Estos últimos incendiaron un antiguo monasterio que alli habia. Desde entonces no tienen mas habitadores que una multitud de conejos. Santa María de Oya es un magnífico monasterio de monges cistercienses, que alza su robusta fábrica á las orillas del mar. Es de bella arquitectura y muy capaz. Fué edificado en el siglo XII por el emperador don Alfonso VII, y enriquecido con cuantiosas donaciones por este monarca, y su madre la reina doña Urraca. Afortunadamente la suntuosa iglesia permanece abierta al culto, pues sirve de única parroquia, y en ella existe la muy veneranda imagen de Nuestra Señora del Mar, que según las piadosas tradiciones de los sencillos labradores del pais, se apareció en 1581 sobre un lebrel, en el sitio denominado la Orillada, en la ribera del mar. Daba á este monasterio un aspecto muy romántico y feudal una plaza de armas que tenia á su frente, defendida con nieve cañones, de la que era gobernador el abad. Hoy está del todo abandonada.
Desde aqui se va á la Guardia, último pueblo de Galicia por esta parte, y á la que llaman vulgarmente

(1) Criadoras de estaño; pues Cassiteros significa en griego el estaño.

domingo, agosto 07, 2011

Viage ilustrado (Pág. 585)

tural del pais, y nada tenia que envidiar á las famosas vias romanas. Elegantes pirámides para marcar las leguas, cada una con su correspondiente reloj de sol, bellas fuentes, asientos cómodos, y por último, altos y copudos árboles que ofrecían sombras al fatigado viagero, todo se reunió para formar un conjunto verdaderamente seductor; pero todo ó la mayor parle ha desaparecido por esceso de abandono.
Atraviésase el rio Ulla por el puente de Cesures, cerca de Padron, y se detiene el viagero en Caldas de Reyes para visitar los baños. El terreno que rodea á Caídas es muy frondoso y ameno, y abunda en árboles frutales, dilatados viñedos, buenos pastos, y yerbas medicinales. Entre sus muchas y variadas producciones, debemos citar los limones y naranjas. La situación de la villa es una llanura, y en la confluencia de los rios Humia y Bremaña. Su antigüedad es muy remota. Los romanos, aludiendo á sus excelentes aguas termales, muy frecuentadas en todos tiempos, la llamaron Aquæ–celenæ, y el famoso geógrafo Tolomeo, Aquæ–calidæ. Pertenecía á los galáicos–lucenses, y era capital de los pueblos cilinos ó celenos, griegos de origen. Gozó esta ciudad de los privilegios de municipio, y luego fué silla episcopal, debiendo mencionarse entre sus prelados al célebre Ortigio, gran antagonista de los hereges priscilianistas. El año de 1104 nació en esta villa el rey don Alfonso VII, llamado el Emperador. El historiador arzobispo don Rodrigo, asegura en su crónica, que en razón á este suceso se denominó Caldas de Reyes. En la orilla derecha del rio Bretaña, á la salida de Caldas para Villagarcía, se ve aun un vetusto torreón, el que señála la tradición como lugar del nacimiento de Alfonso VII y en el que pasó sus primeros años bajo la dirección del conde de Trava. Compónese la villa de doscientas setenta casas, algunas muy buenas, una parroquia con advocación de Santo Tomás, una ermita, un estenso palacio ó fortaleza, perteneciente á los marqueses de Bendaña, y dos grandes casas de baños; la una llamada de Acuña, por haber sido construida á costa del ministro de este nombre, está situada á la margen del rio Humia, es un grandioso edificio de sillería que está sin terminar. Tiene dos fuentes, una en lo interior, que surte dos grandes baños, uno destinado para hombres y otro para mugeres. Hay tambien otros tres baños separados para los que padecen males contagiosos. La otra fuente está fuera de la casa, sirve para beber y surtir otros baños pequeños. La segunda casa de baños se llama de Dávila, es también de hermosa construcción, y está en la orilla derecha del citado rio Humia, contiene dos grandes baños generales, (uno para cada sexo) en forma de cuadro, otros dos también generales, pero mas pequeños, y finalmente, otros baños para una sola persona, en cuartos separados. El aguase renueva á cada hora, y las curaciones que á su uso se atribuyen, son numerosísimas, lo que hace ser estos baños de los mas concurridos de Galicia. Caldas tiene bastante comercio, 1,170 habitantes. Es cabeza de un partido judicial que comprende nueve ayuntamientos y cincuenta y tres feligresías. Pertenece á la diócesis de Santiago y á la provincia de Pontevedra.
La ciudad de este nombre es, como la mayor parte de los pueblos de Galicia, de una antigüedad muy lejana, y traspasa los lindes de la historia. Convienen, sin embargo, los historiadores en atribuir su fundación á los griegos que aportaron á estas regiones después de la guerra de Troya, y la impusieron el nombre de Hœllenes, que en su lengua significa congregación ó reunion de gentes. En tiempo de la dominación romana, se llamó Duo–Pontes y Pons–vetus por el gran puente de doce arcos que se construyó entonces, y que, aunque renovado, subsiste aun: de Pons–vetus se deriva el actual nombre de Pontevedra, Su situación en el fondo de la ria de su nombre, cerca de la embocadura del rio Lerez, y la abundancia de jardines, caseríos, bosquecillos y vergeles que la rodean, la hacen ser uno de los pueblos mas agradables y bonito. Su risueña campiña produce toda clase de granos, vinos, legumbres, hortalizas, y toda especie de delicadas frutas, y en el rio se pescan en abundancia los salmones, anguilas, truchas, reos, muples, lampreas, etc., ele. Es Pontevedra puerto habilitado para objetos de construcción naval y víveres. Sus calles son aseadas, bien empedradas y compuestas en general de casas. Tiene cuatro plazas, y en la llamada de la Herrería hay una bonita fuente. Aun conserva Pontevedra sus antiguas murallas con cuatro puertas principales y otras pequeñas. Hay dos parroquias, un convento de monjas, otros dos que fueron de religiosos, un cuartel y un hospital. Como capital de la provincia que lleva su nombre (que es la que antes se denominaba provincia de Tuy), es Pontevedra residencia de un gobernador civil, de un comandante general, diputación provincial, oficinas de rentas, de amortización, etc., etc. También es cabeza de un partido judicial que contiene cuarenta y tres parroquias, y cuenta 4,549 habitantes. Ostenta en sus armas un antiquísimo puente y sobre él un castillo. Muchos son los hombres ilustres que nacieron en Pontevedra, entre los que contaremos á Sorred de Sotomayor, distinguido campeón del rey Pelayo, á Payo Gomez de Chirino, almirante de Castilla, á Bartolomé de Nodal y su hermano Gonzalo, célebres navegantes que descubrieron el cabo de Hornos y el estrecho de San Vicente; al célebre escultor Gregorio Hernandez, y finalmente, al eriudito escritor, historiador y anticuario P. M. Fr. Martin de Sarmiento.
Se ven en Pontevedra las ruinas del antiguo palacio de los Turrichaos, incendiado por los ingleses en 1719, y del que solo se conservan dos altas torres, una de ellas con almenas y ventanas ojivas: también llamó nuestra atención la parroquia de Santa María la Mayor, que es grande y suntuosa, de arquitectura gótica, y su portada de lo mejor que hay en este género. La capilla demuestra Señora de la Peregrina es igualmente buena: la forma una rotonda, y su reconstrucción, que se hizo á fines del siglo pasado, costó cerca de un millon y medio de reales. En ella se celebra una de las mas famosas romerías de Galicia.
En esta ciudad llama la atención un escudo de armas puesto en varias casas principales, cuya enseña consiste en un M coronada; es el de la familia de los Montenegro, cuyo origen esplica Molina de este modo:
«Los Montenegros tienen su suelo y nacimiento en este reino de Galicia, y procedieron de un hidalgo gallego y de una doncella parienta de un rey de Galicia, á la que habiéndole levantado unos traidores una gran traición, fué presa hasta tanto que diese quien la librase, y este hidalgo, movido á compasión, tomó su hecho por propio, y ovo batalla, y cortó la cabeza al capitán de la traición, y vista esta averiguación, el rey la casó luego con este caballero que la libertó, y destos vienen los Montenegros, los cuales traen por armas una

viernes, agosto 05, 2011

Viage ilustrado (Pág. 584)

reyes godos se encuentra siempre la firma de los obispos irienses, que como dijimos al hablar de Santiago, trasladaron allí su residencia cuando se descubrió el cuerpo del apóstol. Posteriormente, en tiempo de don Diego Gelmirez, primer arzobispo de Santiago, se fundó por disposición de éste, y para conservar el recuerdo del antiguo obispado Iriense, una colegiata titulada Santa María de Iriaflavia y segunda silla compostelana, que aun subsiste y estiende su jurisdicción á un razonable territorio.
La situación de Padrón es en estremo agradable y risueña, muy cerca de la confluencia de los ríos Sar yUlla, que se reunen formando una Y griega. Esta villa es cabeza de un ayuntamiento y de un partido judicial que comprende treinta y ocho feligresías, y su población asciende á unas seis mil almas.
El célebre Macías fué natural de esta villa: he aquí la historia de este poeta tal y como la cuenta Argote de Molina en su libro, impreso el siglo XVI, con el título de Nobleza del Andalucía.
«Entre el rigor de las armas, bien se permiten discursos de amor. Florecían en el reino de Jaén, en la frontera del reino de Granada, los hijosdalgos, no tan solamente con esclarecidos y famosos hechos en las armas, mas con notables acaecimientos en amores. Era á esta sazón maestre de Calatrava don Enrique de Villena, famoso por sus curiosas letras, cuyo criado era Macías, ilustre por la constancia de sus amores. El cual, dando al amor la rienda que su edad y lozanía le ofrecían, puso los ojos en una hermosa doncella, que al maestre, su señor, servia. Y siendo estos amores con voluntad de ella, tratados con gran secreto, no sabiendo el maestre cosa alguna, y estando Macías ausente, la casó con un principal hidalgo de Porcuna. No desmayó á Macías este suceso, porque acordándose del amor grande que su señora le tenia, que no era posible en tanta firmeza haber mudanza, sino que forzada de la voluntad del maestre habia aceptado el matrimonio, conociendo por secretas cartas, que vivía su nombre en la memoria de su señora, confiado en que el tiempo le daria ocasión de mejorar su suerte, la siguió y sirvió con la misma confianza y fé que antes que llegara á aquel estado. Como amores tan seguidos el tiempo no los pudiese encubrir, el marido vino á entenderlos. Y no atreviéndose á dar muerte á Macías, (por ser escudero de los mas preciados de su señor), parecióle mejor acuerdo dar cuenta de ello al maestre. El cual, llamando á Macías le reprendió grandemente, que no solo siguiese, mas ni imaginase continuar semejante causa, y le mando se dejase de ello. Tenia el amor tan rendido y sujeto á Macías, que viéndose atajado de todas partes, creció el aficion con que las cosas de mayor resistencia son mas deseadas. Y poniendo sus hechos á todo trance, no quiso perder el continuo ejercicio de requestar y servir á su señora, tanto que el maestre, no hallando otro remedio (porque le considero tan perdido, qué consejo ni otra razón serian con él de alguna consideración) lo mandó llevar preso á Arjonilla, lugar de la orden, á cinco leguas de Jaén, por no hallar otro camino para atajar las quejas que de él se daban. Estaba preso con ásperas cadenas Macías en Arjonilla, donde lamentando sus dolores, no hallando otro reparo para el alivio de ellos, con canciones lastimosas, daba mil quejas de su triste suerte, y enviándolas á su señora se entretenía con algunas vanas esperanzas.
«Llegaron á manos del marido de la dama estas canciones, y las continuas cartas de Macías, y no pudiendo sufrir tanta inquietud, cuantos celos público le daban, acordó de acabar de una vez con esta historia. Y subiendo en un caballo, armado de adarga y lanza, fue a Argonilla, y llegando á la cárcel donde Macías estaba, vióle desde una ventana de ella, lametándose del amor. Y no pudiendo sufrir tan importuno enemigo, le arrojó una lanza, y pasándole con ella el cuerpo, con dolorosos suspiros el leal amador dio el último fin á sus amores; y escapándose el caballero por la ligereza de sus caballos, se pasó al reino de Granada. El cuerpo de Macías fué sepultado en la iglesia de Santa Catalina de Arjonilla, donde llevado en hombros de los caballeros y escuderos mas nobles de la comarca, le dieron honrosa sepultura. Y poniendo la sangrienta lanza encima de ella, quedó alli su lastimosa memoria en una letra que asi decia:


«Aquesta lanza sin falta
¡Ay coytado!
Non me la dieron del muro
Nin la prisé yo en batalla
Mal pecado.
«Mas viniendo á ti seguro,
Amor falso y perjuro
Me firió, é sin tardanza,
Fue tal la mia andanza
E fin venturo.»


Esta triste historia ha dado asunto, no solamente á Larra, para el drama y la novela que se ha citado, sino á otros muchos poetas antiguos y modernos para sus composiciones. Juan Rodriguez del Padrón hace mérito de Macías en sus Gozos de Amor; Juan de Mena en sus Tercietas, y García Sanchez en su Infierno de Amor, con algunos mas que no recuerdo.
Juan Rodríguez del Padron, citado como uno de los que se han ocupado de Macías, fué su contemporáneo y amigo. Pertenecía á una familia noble, y brilló mucho en la corte caballeresca de don Juan II. Enamorado, pero no correspondido, de una dama, que algunos con bastante fundamento suponen era la reina, emprendió, para curarse de su pasión un viage á Jerusalen, y á su vuelta entró religioso en el convento de Herbon, no lejos de esta villa, donde murió. Consérvanse de él algunas poesías, y entre otras los Diez mandamientos de Amor; la que empieza Ham, ham, ham, huir que rabio, y la siguiente que habla de Macías:


Si te place que mis días
Yo fenezca mal logrado
Tan en breve,
Pleyase que un Macías
Ser merezca sepultado,
Y decir debe
Do la sepultura sea:
Una tierra los crió
Una muerte los llevó
Una tierra los posea.


Se sale de Padrón por el camino real que conduce á Pontevedra, que es una de las mejores y mas hermosas carreteras que tiene España, aunque descuidada como tantas otras cosas en nuestra patria. La hizo el ministro de Cárlos IV, don Pedro Acuña, na–