jueves, enero 06, 2011

Viage ilustrado (Pág. 531)

ciudad, en el que aquellos pueblos se reunían en dias determinados para celebrar los misteriosos ritos de una religion desconocida, que algunos creen fuese la de los druidas. El célebre poeta épico español Silio Itálico, que también era historiador y geógrafo, presenta el origen del nombre y nación de los asturos, trayendo de Troya, después de la destrucción de esta famosa ciudad, al griego Astir, armigero de Memnon, conducido por las lágrimas de la Aurora á este pais tan remoto del suyo, y estableciéndose con sus compañeros á orillas de un rio que de su nombre se llamó Astura, y que actualmente se llama Ezla.


Venit el Aurorœ lacrimis perfusus in orbem
Diversum, patrias fugit cum devius oras
Armijer Eoi non felix Memnonis Astiyr.


Pero aunque se adopte este poético origen griego del nombre de Asturias, no puede dudarse que Memnon y sus aventureros encontraron ya en aquel pais habitadores, que como dijimos procedían de la raza scítica. Lucio Floro y San Isidoro nos dicen que la region astura era estremadamente montuosa, y se hallaba dividida en diferentes naciones ó repúblicas, como los brigecios, los bedunenses, los orniacos, los los sœlinos, los lungones, superarios, los amacos, los tiburos, los gigurros, los pœsicos, y los zoelas, con lo que convienen también Plinio y Tolomeo. Estrabon dice se dispensa de nombrar estos pueblos, pues su pronunciacion era difícil por ser vocablos bárbaros, y Plinio cita solamente aquellos cuyos nombres tenian alguna semejanza con palabras latinas.
Los asturos eran guerreros hasta el delirio, dice Josefo, y tenian por insulsa y semejante á la muerte la vida sin la guerra; tan enemigos del nombre romano, que al unirse muchas veces á los cartagineses para combatir contra las águilas de la república, miraban como enemigos á los países vecinos que obedecían á Roma. Por esta causa los asturos, reunidos á sus hermanos los cántabros, hacían frecuentes escursiones al país de los vaceos, lo que dio ocasión á la sangrienta guerra que Augusto dispuso hacer contra estas naciones independientes y feroces, que hostilizaban á sus nuevos subditos. Con tal objeto vino personalmente, acaudillando un numeroso ejército, pero habiendo enfermado encomendó la prosecución de la guerra á C. Antistio, que derrotó á los asturos en la ribera del rio de donde su país tomaba nombre. Rehiciéronse pronto de este descalabro, pero sufrieron otros nuevos causados por Carisio y C. Parmio, mas volviendo los asturos á embestir de nuevo unidos siempre á los cántabros, Augusto se vio precisado á enviar contra ellos á su yerno Marco Vespasiano Agripa, que los atacó con fuerzas numerosas y en situación ventajosa. Dos dias enteros duró la batalla, y los romanos alcanzaron por fin el triunfo, aunque con muchísima pérdida. Los asturos que pudieron escapar de la matanza se acogieron á la ciudad de Lancia, no lejos de donde se fundó después Oviedo, y allí se hicieron fuertes. Prolongóse el cerco largo tiempo, hasta que los romanos tomaron la plaza. Los mas de las vencidos se dieron muerte unos á otros. Varios se envenenaron con la ponzoña que para tales casos siempre llevaban prevenida. De los que restaron con vida fueron vendidos unos por esclavos, y muy pocos quedaron en el pais para cultivar las tierras. Augusto, terminada la guerra de Asturias, cerró el templo de Jano solemnemente. La guerra de Asturias fué, como dice el señor Cortés, el último gemido de la libertad española, y quedó en tal concepto el valor de los asturos, que Silio Itálico, queriendo pintar exactamente el continente marcial y aire fiero con que Annibal marchaba al frente de sus soldados, creyó espresarlo todo diciendo «ser capaz en aquel estado de inpirar terror á un ejército asturiano.» Desde la conclusion de esta famosa guerra quedaron los asturos divididos en augustanos y trasmontanos, pero unos y otros sujetos al convento jurídico de Astúrica Augusta, donde acudían á ventilar sus pleitos. Entonces fué cuando se dedicaron con ahinco los asturos á la esplotacion de sus abundantísimas minas de oro, y dulcificada su primitiva rudeza por la paz y la civilización, fueron mas humanos y accesibles, aunque no menos valerosos que sus pasados. Los limites de Astura, que antes hemos detallado, quedaron los mismos al acabar la guerra, y no se alteraron hasta la irrupción de las naciones bárbaras del Norte, en el siglo V, que se redujeron á la estrechez que hoy tienen, conservando con ligera corrupción su antiguo nombre. No es de este lugar hacer una relación histórica circunstanciada de todos los sucesos notables ocurridos en este célebre pais, solo diremos que el antiguo valor de sus habitadores no degeneró con el trascurso de los siglos, como se manifestó en la época de la invasion agarena, de que hablaremos adelante, en las reñidas contiendas del rey don Pedro el Cruel y su hermano el de Trastamara, y en la muy cercana de 1808, en que Asturias, recordando sus antiguas glorias, fué la primera provincia de España que se alzó contra los franceses, improvisando ejércitos considerables y prodigando profusamente la sangre de sus hijos, á todos los que declaró soldados. Para memoria de este noble alzamiento se instituyó una significativa condecoración, que brilla aun en los pechos de todos los que formaron parte del ejército asturiano, y consiste en la figura de la cruz de la victoria ó de don Pelayo, blasón del principado, con esta leyenda: «Asturias nunca vencida.» En el dia las Asturias están comprendidas en la provincia de Oviedo; que se divide en quince partidos judiciales y setenta y dos concejos, nombre que se da á una reunion de lugares, aldeas y parroquias que nombran entre sí un ayuntamiento.
El carácter, costumbres y trage de los asturos en los antiguos tiempos lo encontramos descrito con estremada prolijidad en Estrabon, cuyas palabras reproduciremos aqui, pues nada podria añadirse á lo que nos dice el célebre y antiquísimo geógrafo griego.
«Es pasmosa su destreza en disponer emboscadas y en adivinar y eludir los lazos que se les tienden. Son robustos, ágiles y sueltos, y ejecutan sus evoluciones guerreras con rapidez y órden»... «Son muy dados á los sacrificios; observan las entrañas palpitantes de las víctimas sin arrancarlas del cuerpo, y tocan con ahinco las venas del pecho para sacar agüeros y vaticinios»... «Con el mismo objeto acuden á las entrañas de sus esclavos á los que suelen cubrir con un manto antes de inmolarlos»... «No bien la victima recibe el golpe mortal de manos del agorero, saca éste sus predicciones del modo con que cae. Cortan la diestra á los cautivos hechos en la guerra, y los consagran á los dioses»... «Viven frugalmente; su bebida es el agua y su lecho el suelo ó haces de heno»... «Prefieren la carne del macho de cabrio á cualquiera otra vianda. Las ofrendas que hacen al dios de la

No hay comentarios: