sábado, septiembre 26, 2009

Viage ilustrado (Pág. 431)

cios modernos, sufrieron gran detrimento cuando el terremoto de 1767. También se ven preciosos recuerdos de los antiguos y soberbios edificios de Spoleto en las iglesias de Santa María de la Stella y de San Gregorio Maggiose; en la casa de la familia Luparini se descubren trozos de la basílica; junto al arco de Druso Cesare Germánico, se admiran las ruinas del templo de Marte; en los subterráneos de la iglesia de San Anzano; en la puerta Ciclópea ó Umbra, cerca del palacio Mausi; al principio de la calle Mont'Atrone, y en el palacio Martorelli, junto á la plaza del mercado, también se encuentran grandes vestigios de fábricas antiguas. Los restos del palacio ducal y del de los Orsinis se hallan en los subterráneos del arzobispal, y en las casas de Casori y Cimarelli. Finalmente en el huerto de la casa de Falconi se distinguen los muros cíclopes, sobre los cuales se alzan los de bellísima construcción romana. La catedral que está al Septentrión del monte de San Elia, sobre el cual se ve la Rocca, edificio grande é importante de que hablaremos después, es la mas notable que hoy existe en dicha ciudad. En este sitio había antes una iglesia fundada por Teodelapie, tercer duque de Spoleto, sobre el palacio de Teodorico, que éste fabricó á costa de los muros de una iglesia cristiana del siglo IV. Asi a lo menos lo cuenta la tradición sin que tengamos datos para afirmarlo ni para negarlo. Pero puede establecerse que esta catedral fué construida en el siglo XIII, sobre el palacio ducal, incendiado y destruido el 27 de julio de 1155 por el emperador Federico I Barbaroja, cuya memoria es tan infausta para Spoleto. En la fachada de la catedral se ve un grande y precioso mosaico, que representa al Eterno Padre, con acompañamiento, en el momento de bendecir. A la derecha está la Virgen, y á la izquierda San Juan el Evangelista. Solamente en la mano derecha del Padre Eterno, cuyos dedos pulgar y anular están unidos en el acto de la bendición, según el rito de la iglesia griega, existe un dato para presumir que no es romano este mosaico. Entre los objetos mas estimables que hay en el interior del templo, se deben contar las admirables pinturas del célebre Filippo Lippi. Pero es indudable que, si no en mérito, en efecto aventaja á todas una de Cavallucci de Sermoneta, pintor boloñes del siglo pasado, de la cual puede decirse, como el poeta Angelo María Ricci decia de una Virgen de mármol que tenia en su gabinete: Esta es la enamorada de los españoles. Efectivamente la pintura de Cavallucci, como la Virgen del escritor rietino, arranca lágrimas de sentimientos á los corazones mas endurecidos. El pintor boloñes espresa la presentación en el templo de la Virgen María. La figura de esta tierna doncella está concebida de una manera poética, sublime; es una belleza sorprendente, pero una belleza que el artista no puede haber visto, como no la haya estudiado en los coros celestiales entre los ángeles y las vírgenes. ¿Podría espresarse, como dice un escritor italiano entusiasta por este cuadro, con mas verdad la modestia, la sencillez, el candor de la tierna Virgen? Seguramente que no seria posible describir mejor la aspiración de su alma purísima, ni con mas humilde ni respetuoso aspecto su amor ardentísimo hacia su criador, y la ansiedad de su corazón al subir las gradas del templo para consagrarse á su servicio. Al contemplar tan hermosa y angelical criatura, se comprende que solamente de tan celestial doncella pudo nacer el Hombre Dios, el Redentor del mundo. Todas las demás figuras del cuadro, las de San Joaquin, Santa Ana, el sacerdote y los ángeles, corresponden por su nobleza á la figura principal. En este templo están las cenizas del célebre pintor Filippo Sippi, á pesar del gran protector de las artes, Lorenzo de Medicis, que a su paso por Spoleto, pretendió trasladarlas á Florencia. Es digna de recordarse la causa de la muerte de aquel ilustre pintor. Después de una vida aventurera se recogió en el claustro, de donde se fugó para caer esclavo en Berbería. Habiendo robado una hermosa joven, de la que tuvo un hijo, célebre también en la pintura, fué envenenado por los padres de ella, habiendo muerto en Spoleto, su patria, por los años de 1469. La memoria de su talento honra tanto á los hijos de esta ciudad, como les aterra el recuerdo de sus punibles escesos y de su extraordinario libertinage.
»La Rocca, ese soberbio edificio que hemos citado, está construido en la altura del monte de San Elia, sobre un antiguo anfiteatro, según unos, ó sobre un templo de Apolo, según otros. A su inmediación se eleva el monte Luco, cuyos bosques parece que fueron dedicados á aquella divinidad. La Rocca fué edificada por Teodorico el Grande, y según atestiguan documentos que existen en el archivo público, sufrió notables reformas en el siglo XIV, por el cardenal Egidio Albernotz, rector del ducado de Spoleto, cuando la silla pontificia estaba establecida en Aviñon. Esta Rocca ha desempeñado un gran papel en la historia, ora por los asedios que ha sufrido, ora por haber sido habitada por muy ilustres personages, como García y Bloso, sobrinos del citado cardenal, y rectores del ducado; por Pedro Tomacelli, hermano de Bonifacio IX, rector también de Spoleto; Giovanni Orsini y Niccolo Sforza de Catignola, célebres capitanes; Alfonso Cardonio, primo del rey de Nápoles, de estirpe aragonesa y prefecto de la Umbría; Andreola de Sarzana, madre de Nicolás V, y por último, Lucrecia Borgia, que estableció aqui su residencia cuando Alejandro VI le confió el gobierno de la ciudad. Spoleto tiene ademas la gloria de haber salvado verdaderamente á Roma, cuando sus valientes hijos destrozaron entre sus montañas á las aguerridas huestes de Cartago, á cuyo frente iba Aníbal, ceñida la frente con los laureles de la célebre batalla de Trasimeno.
»Muy pocos habrá de los 6,000 habitantes que hoy cuenta esta ciudad que no repitan cien veces al viagero ese cúmulo de glorias y de grandes recuerdos que pesa sobre Spoleto, marcando patentemente el contraste de la nada presente con la grandeza pasada. El interior de la ciudad es alegre, pero el suelo de sus calles no puede ser mas desigual, puesto que por algunos sitios es hasta montuoso. Sus cercanías son deliciosísimas y las mas fértiles y pintorescas quizá de toda Italia. El vino que produce es esquisíto y y digno de la fama que tiene.»
Narni, ciudad antiquísima, y contra cuyos monumentos parecen haberse desatado las guerras, los incendios y hasta los fenómenos naturales, está hoy como estaba antes, en medio de aquella deliciosa floresta donde tenia sus poéticas quintas y encantadoras moradas los romanos; pero ni en sus montes se alzan los templos de Venus y de Baco, númenes tutelares de aquellos sitios; ni en sus pedestales existen las magníficas estátuas con que honraba á sus grandes hombres; ni la Via Flaminia corre entre sus suntuosos

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