lunes, julio 23, 2012

Viage ilustrado (Pág. 666)

de Aragón Alfonso V. Durante la guerra de sucesión Peñíscola se decidió por Felipe V, y fué por lo mismo sitiada por los parciales de la casa de Austria cerca de dos años. En este tiempo se distinguieron por su valor los sitiados, que fueron recompensados con varias mercedes por el vencedor. También fué sitiada y tomada por capitulación por dos veces en la guerra de la independencia, una por los españoles y otra por los franceses, y la misma suerte tuvo en 1823. Poco ofrece de notable esta ciudad, si se esceptuan los recuerdes históricos que acabamos de mencionar. El castillo que ocupa la cúspide del peñasco, y que sirvió de morada al papa Luna, es un edificio de sillería de 700 pies de circuito y 70 de elevación; está en el dia destinado á cuartel, y en él se aloja la guarnición de Peñíscola, que suele constar de dos compañías. Atribuyese su construcción á los templarios y en la guerra de la independencia sufrió bastante su fábrica. Las calles son angostas y tortuosas, y las casas, que son en general de pobre construcción, se resienten aun de los proyectiles franceses de la guerra de la independencia. Se distinguen la consistorial y la que sirve de habitación á los gobernadores, que está también bastante maltratada. En la iglesia parroquial, que tiene la advocación de la Natividad de la Virgen, nada hay que merezca mencionarse mas que la capilla de la Comunión. Hay en la ciudad dos ermitas, una de las que titulada la Virgen de la Ermitaña, es bastante regular, y un paseo llamado del Ruiseñor que rodea una hermosa huerta. Las fortificaciones visten el gran peñasco que sirve de cimiento á la ciudad (1), y dan á ésta la consideración de plaza fuerte de segundo orden, que es gobernada por un brigadier con un mayor de plaza y tres ayudantes. Como tal plaza, tiene varios almacenes de víveres, proyectiles y pólvora, y también dos algibes en el castillo. La población de Peñíscola consta de 1.891 almas, y su puerto ó fondeadero no es concurrido por el poco abrigo que en él encuentran las embarcaciones.
Alcalá de Chisvert se compone de novecientas diez y seis casas, y tiene 4,954 habitantes. Sus notabilidades artísticas son la parroquia, que tiene el título de San Juan Bautista, de buena arquitectura, de gusto moderno, con hermoso frontispicio y torre (2), un convento que fué de franciscanos descalzos, el antiguo palacio de la Encomienda y el del marqués de Villorés. También hay un hospital y dos buenas posadas ó paradores. En el mismo solar de esta población existió en los tiempos antiguos una ciudad llamada Hilactes. Los moros la llamaron Gilvert, y le añadieron el nombre genérico de Alcalá, que en árabe significa la fortaleza ó castillo. La conquistó por disposición del rey don Jaime I, el maestre de la orden del Temple Hugo de Folcarquer, en cuyo dominio quedó, hasta que estinguida aquella, pasó al de la de Montesa.
Torre–Blanca, es una villa de 1,791 almas: por la villa de Cabanés (la Ildum de otro tiempo), pasaba una calzada de los romanos, en cuyas cercanías existe un arco de triunfo, erigido sin duda para eternizar la memoria de alguna célebre batalla (3) ú otro suceso notable. El Desierto de las Palmas, es un territorio que merece una ligera memoria; tiene de estension como media legua en todas direcciones, y está compuesto todo él de picos mas ó menos elevados, en los que se ven muchos hundimientos y escavaciones naturales por la poca solidez del terreno, surcado también con varios manantiales. Este terreno fué desde largó tiempo habitado por los religiosos carmelitas, cuyo convento estuvo situado en dos distintos parages. Eran muy austeros y queridos en el pais por los beneficios que hacían, y por esto las autoridades de Castellón, solicitaron del gobierno se conservase cuando la supresión de las órdenes monásticas. Accedió aquel, aunque con la condición de que los religiosos vistiesen la ropa clerical, y asi se verificó, subsistiendo aun la comunidad, aunque reducida. En todo el ámbito del desierto se ven varias ermitas, á las que se retiraban aquellos buenos religiosos en ciertas épocas. En el fertilísimo y bello territorio regado por el Mijares, se encuentra lodo género de producciones. En él se alza la ciudad de Castellón.
Esta población, que es de bastante antigüedad, y que estuvo edificada en otro tiempo en la bajada del monte inmediato, fué conquistada á los moros por Jaime I, en 1233. El nombre que la distingue viene de un gran castillo que la defendía. El año 1244 fué donada al monasterio de San Vicente de Valencia, el de 1357 por el rey Pedro IV á Enrique, conde de Trastamara, y el de 1368 al infante don Martin, que llevaba el título de conde de la Plana. Los habitantes se opusieron á esta merced exigiendo el cumplimiento de la promesa que les hiciera el mismo rey Pedro IV, de no enagenar nunca esta población de los estados de la corona. Pronunciada Castellón por los que defendían el privilegio de la Union, y sosteniéndose aun después de sojuzgada Valencia, envió el rey contra ella á don Pedro Boit con 10,000 hombres y 600 caballos. Aunque los castellonenses se defendieron vigorosamente, la villa fué tomada por asalto, y los vencedores usaron bárbaramente de su triunfo, degollando á unos y ahorcando á otros. En este último género de suplicio murió también en Castellón el año 1520 uno de los gefes de la Germania llamado Estellés, que habia sido apresado en Oropesa. En la última guerra civil figuró mucho también esta población. Han nacido en Castellón varios hombres ilustres, entre ellos el distinguido pintor Ribalta. El escudo de armas consiste en los cuatro palos de Aragón, y encima un castillo con tres torres. El aspecto de esta ciudad es bastante agradable; pues sus calles son generalmente anchas, largas y rectas. También las plazas son espaciosas. Los edificios públicos no son de grande importancia. Sin embargo, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, y cuya fabrica data del siglo XIV, es bastante regular. Tiene una nave, siete capillas, algunas con buenas pinturas, y en parte pertenece al género gótico. La torre está algo separada de la iglesia, y su elevación es de 163 pies. El culto

(1) Una parte de las antiguas murallas, y que aun está en uso, fué edificada por Pedro de Luna; en ella se conservan restos de una torre que fué casi arrasada en la guerra de la independencia, y que lleva el nombre de Torre del papa Luna.
(2) Pertenece á la orden de Montesa v está servida por un rector, siete beneficiados y otros clérigos.
(3) Está formado de sillares de marmol pardo. Tiene de luz diez y ocho pies, de altura veinte y cuatro y tres y medio de espesor. El estado de conservación en que subsiste es verdaderamente admirable al cabo de veinte siglos que habrán corrido desde que se edificó. No tiene inscripción alguna, pero ostenta un escudo de armas del reino de Valencia, puesto allí de poco tiempo á esta parte.