viernes, julio 20, 2012

Viage ilustrado (Pág. 665)

Extremadura. Cuando la invasión de los moros, una gran parte del territorio valenciano, formó el reino ó estado del godo Teudimero, que subsistió poco tiempo para venir á parar bajo la dominación de aquellos, que hicieron de Valencia uno de sus principales gobiernos ó waliatos. El aventurero Hafsum se hizo dueño de este pais en 887, y en 1012 Abd-el-Aziz, nieto del célebre Almanzor, le erigió en reino independiente, que después se reunió al de Toledo. Los emires de Murviedro, Játiva y Denia, coaligados con el rey de Albarracin, formaron un ejército que dieron á mandar al célebre Cid Campeador, para arrojar de Valencia á los Almorávides, lo que tuvo efecto, quedando este famoso adalid cristiano de wali de aquella ciudad en 1094. Volvió á levantarse este estado en reino el año 1144, y asi subsistió hasta 1237 que fué conquistado por Jaime I de Aragón, y se incorporó en la monarquía de este nombre. Pedro el Cruel, rey de Castilla, en sus guerras con Pedro el Ceremonioso, causó bastantes vejaciones al reino de Valencia, donde vino aquel mandando sus tropas. En 1479 se reunió este estado á la corona de Castilla, que desde entonces puso en él un virey que gobernaba según los antiguos fueros y leyes del pais. En tiempo de Carlos I, padeció bastante por la desastrosa guerra llamada de las Germanías, que no era otra cosa que una repetición de las comunidades de Castilla. También se vió Valencia devastada por la violencia que se hizo á los moriscos en tiempo de Felipe III, para que abandonasen su religión, y la espulsion de los mismos redujo casi á un yermo este bello territorio. En la guerra llamada de sucesión, sus habitantes, á ejemplo de Cataluña y Aragón, se decidieron por el archiduque, y asi hubieron de sufrir las consecuencias del vencimiento. La batalla de Almansa decidió aquella porfiada contienda, y todo el reino, escepto Alcira, Alcoy y Játiva, que se resistieron aun bizarramente, cayó en poder de Felipe V. Este despojó á los valencianos de su legislacion particular, y los sujetó á la de Castilla. También en la guerra de la independencia, y en las contiendas políticas y guerra civil, que sucedieron á aquella, tocó una gran parte á este reino; pero estos cercanos sucesos son demasiado conocidos de todos para detenernos á describirlos.
La villa de Vinaroz está situada en terreno llano á la orilla del mar. Sus alrededores producen frutas, legumbres, cáñamos, vino y aceite. También se cria en ellos ganado lanar y cabrio, y caza menor. La iglesia parroquial, titulada de la Asunción, es un bello templo de una nave con una bonita fachada de tres cuerpos, y veinte y tres altares. Pertenece á la orden de Montesa, y sirven en ella el culto un vicario y diez y ocho beneficiados. Están también abiertas las iglesias de los conventos de franciscos y agustinos, en las que no vimos cosa notable, y dos capillas ó ermitas dentro de la población y otras dos en las afueras. Hay también un lindo teatro que puede contener hasta quinientas personas, un paseo adornado con árboles y flores, y dos juegos de pelota. La casa consistorial es de bastante estension, y en su sala de sesiones están escritos los nombres de los hijos de Vinaroz que fueron muertos por los carlistas en la acción de Alcanar el 18 de octubre de 1835. Tiene esta villa un hospital de caridad, y celebra mercado los lunes. Las principales calles son, la del Socorro, la Mayor y la de Valencia. Las casas son en su mayor parte aseadas, cómodas, y de bella apariencia, con buenas azoteas y jardines. Hay fábricas de aguardiente y de toneles, y un buen astillero para la construcción de buques. Vinaroz es cabeza de distrito marítimo y de un partido judicial que comprende una ciudad, dos villas y tres lugares, y cuenta de población 9,341 almas. A poca distancia de Vinaroz, y á un cuarto de legua del mar, se halla la villa de Benicarló, que es de fundación árabe como indica su nombre, y fué conquistada por los valientes aragoneses. El rey don Jaime la concedió carta puebla con grandes franquicias y mercedes el año de 1236. Pasó después al señorío de la orden de Montesa, y en razón á haber rehusado tomar parte en los disturbios de la Germanía, y de servir en aquella ocasión al emperador Carlos V con doscientos hombres, fué favorecida con nuevos privilegios, entre ellos el título de villa. Entonces sufrió también un sitio por los germanats ó agermanados, que no pudieron tomarla. En la última guerra civil estuvo igualmente sitiada por el gefe carlista el Serrador, y en 1838 por Cabrera. Después de una de las defensas mas obstinadas y gloriosas, Benicarló se entregó por capitulación, quedando prisioneros sus válientes nacionales. Tiene esta villa una buena iglesia parroquial de fábrica moderna (San Bartolomé), y con bella torre, cuyo edificio padeció mucho en el sitio de que acabamos de hablar; otra iglesia que perteneció al convento de alcantarinos y que permanece abierta; tres ermitas, un hospital, un juego de pelota, cuatro fábricas de aguardiente y tres tahonas. El número de habitantes es de 6,060. Las armas de la villa consisten en la cruz de Montesa entre dos cardos. La muy antigua ciudad y plaza de armas de Peñíscola se llamó Tyrichcœ, y se cree fundada por los tirios, que la impusieron aquel nombre en memoria de su patria y por su posición particular, pues Tiro quiere decir peñasco. Amilcar Barca aumentó y fortificó esta población, que Diodoro llamó Acra-Leuke (Peña blanca), y Estrabon, Cherronesos (Peña aislada), y en ella estableció su centro de operaciones. Su hijo, el célebre Annibal, juró sobre el ara de Saturno en esta ciudad, un odio eterno á los romanos, cuando solo contaba nueve años. Dejando aqui Amilcar parte de su ejército y los elefantes, fué á sitiar la ciudad de Elice (hoy Belchite); pero fué vencido y muerto por los celtíberos. Sus dos hijos y Asdrubal, con los restos de sus tropas, vinieron á acogerse, á Acra-Leuke, donde aquel fué proclamado por gefe del ejército.
En los primeros años del cristianismo se reunieron aqui algunos discípulos de Santiago en forma de concilio; pero fueron martirizados por Aleto, presidente de este pueblo, nombrado por Nerón. Cuando la entrada de los moros en 718, también sufrieron el martirio la prelada y monjas de un convento de San Agustín. Aquellos dominaron á Peñíscola hasta 1234, en que fueron arrojados por el rey don Jaime el Conquistador, quien dio el señorío de esta ciudad á la orden del Temple. Pasó luego al de la orden de San Juan y después al de la de Montesa. El gran maestre de esta última donó la ciudad de Peñíscola al célebre cardenal aragonés don Pedro de Luna, que se llamaba pontífice con el nombre de Benedicto XIII. Este, acompañado de varios cardenales, obispos y otros dignatarios de la Iglesia, que seguían su partido, se retiró en 1415 al castillo de esta ciudad, en donde fijó su residencia y legislaba como papa hasta que murió en enero de 1423. En su testamento dejó esta ciudad á la silla apostólica, y el papa Martino V la cedió al rey