Mostrando entradas con la etiqueta Viage ilustrado (Prusia). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viage ilustrado (Prusia). Mostrar todas las entradas

domingo, febrero 10, 2008

Viage ilustrado (Pág. 168)

Vista de Colonia
acomodados, y otros á la raza eslava que se estableció alli en el siglo XVI. Los antiguos wendos, que forman la poblacion campestre, se cubren todavía hoy con pieles de carnero, y habitan chozas miserables. En invierno viajan en trenes parecidos á los de la Noruega y la Sajonia.
Los habitantes del gran ducado de Posen, que se estiende en semicírculo al Norte de la Silesia, no se encuentran tampoco mas civilizados. Cuando en el primer desmembramiento de la Polonia, la Prusia Occidental y el distrito del Netze cupieron en parte al gran Federico, escribió este á Voltaire que la pobreza de los plebeyos, y la licencia y arrogancia de los señores le habian conmovido el alma. Su sucesor hubiera podido tener sobre poco mas ó menos el mismo lenguaje acerca del ducado de Posen. La cualidad saliente de los habitantes de este pais, sobre todo de la parte mas ilustrada, y lo que en seguida advierte el estrangero, es la fidelidad a la religion y el amor nacional.
Una hermosa catedral y una casa—ayuntamiento notable fijan la atencion del viagero en Posen, antigua capital de la gran Polonia, que en el siglo XVI tuvo 80,000 almas, y que hoy apenas cuenta la mitad.
No abandonaremos esta provincia sin citar por lo menos el nombre de Gnesne, la ciudad mas antigua de Polonia, donde reposan los restos de San Adalberto, uno de sus primeros obispos, que fué martirizado por los prusianos en el siglo X de nuestra era. Todavía cerca de esta antigua ciudad hay una feria que dura ocho semanas, y que segun Bernouilli, mérece la aten—

sábado, febrero 09, 2008

Viage ilustrado (Pág. 167)

tarse para esta ceremonia, desde el fundador del moderno imperio romano Luis el Benigno y Cárlos V! Y cuántas reliquias maravillosas, regalos de Haroum—al—Raschid, se hallan espuestas alli á la veneracion del pueblo! ¡Colonia, sobre todo, Colonia, cuya magnifica catedral, aunque por concluir, es sin embargo uno de los mas bellos monumentos góticos de Europa! Cien columnas, de las que las cuatro principales tienen 10 metros de circunferencia, sostienen la inmensa nave de 133 metros de longitud y 66 de altura. ¿Nos detendremos á hablar de las reliquias de los doce apóstoles y del sarcófago de los tres magos? ¿De las de las once mil vírgenes, cuyas cabezas están simétricamente colocadas en una capilla de la iglesia de Santa Ursula? En Colonia nacieron San Bruno y Rubens en la casa misma en que murió despues María de Médicis. Describiremos tambien el Zulpich, el Tolbincon de Tácito, donde Clovis desafió á los alemanes, juró hacerse cristiano, y aseguró el porvenir de la monarquía francesa conteniendo el torrente de las invasiones germánicas. Cerca de Elberfeld, Salingen, conocida por su escelente fabricacion de armas; Dusseldorf, grande y hermosa ciudad, cuyo palacio adorna todavia la Asuncion de la Virgen pintada por Rubens; Emmerich, apoyada en el Rhin entre ruinas romanas de toda especie; Cléves, por último, con su antigua torre del Cisne, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, y no lejos de ella, el Reichwald, antiguo y sagrado bosque, donde segun Tácito provocó Claudio Civil á los batavos á insurreccion contra los romanos.
La Westfalia, de donde salieron en otro tiempo los bructeros, los marsos y los sicambros, linda al Norte de las provincias rinianas. Está dividida en tres Regencias que tienen por capitales á Mínden, Munster y Anberg, siendo junto á Minden donde está la pequeña ciudad de Luger, en que residió Witikind el Grande, habiendo sido enterrado en la iglesia principal, en la cual se ve todavia su sepulcro y sus copas de festin. Junto á Paderborn, que fundó Carlo—Magno, hay un pueblecillo que lleva todavía el nombre de Romerfeld (campo de los romanos), y es donde Arminió destruyó las legiones de Varo.
Despues de haber atravesado el gran ducado Brunswick, situado al Este de la Wesfalia, volvemos á encontrarnos la Prusia que costea al O. E. el Hannover y el Mecklemburgo y va á prolongarse al S. E. entre los pequeños estados de la Confederacion, como una mar estensa entra en un territorio bajo que no le opone obstáculo. Berlin ocupa aproximadamente el centro de este pais, cuya mayor parte componia en otro tiempo la Marca de Brandeburgo, donde nació la potencia prusiana.
En Berlin, capital del electorado de Brandeburgo, es donde el rey reside ordinariamente. Esta ciudad, situada sobre el Sprée, es grande y hermosa. En 1700 no contaba mas que 20,000 habitantes, y actualmente ya tiene 288,000, no incluyendo en este número los 24,000 hombres de la guarnicion. La parte que fué edificada por Federico el Grande, tiene calles anchas y derechas, y casas soberbias, aunque poco habitadas. La calle de Federico, de cuatro quilómetros de anchura, la alameda de los Tilos, la plaza de Guillermo con las estátuas de cuatro generales prusianos, el puente con la estátua de Guillermo, por sobrenombre el Gran Elector; el palacio real, del cual una gran parte es gotica y contiene numerosas curiosidades, la ópera, algunas iglesias, un arsenal muy provisto que contiene armas para unos 200,000 hombres, el hospital de la Caridad y la casa de Inválidos, he aquí lo que Berlin presenta de mas interés al viagero curioso. Tiene una academia de ciencias, célebre entre todas las de Europa, otra de bellas artes, otra de arquitectura, muchos colegios y establecimientos de educacion muy estimados, una escuela militar, otra de Sordo—mudos, y algunas bibliotecas, entre las cuales tiene gran valor entre los sabios y bibliógrafos la llamada Real. Las fábricas y manufacturas son muy numerosas, y dar trabajo á casi 20,000 obreros. Los objetos mas importantes de comercio que producen son: galones de oro y de plata, sederías, lanas, algodones, tules, sombreros, espejos, tapicerías, porcelana, cueros, azúcar refino y otros muchos. Las ciencias y las letras se cultivan con gloria en Berlín, y se conoce el valor que tienen, lo cual se debe al impulso dado por Federico el Grande, que les premió y estimuló con su ejemplo. Este cultivo ha influido notablemente en has costumbres públicas, pues los hijos de Berlin en lo general dan muestras de ingenio, de conocimientos y de práctica del mundo.
Los antiguos habitantes de Brandeburgo pertenecian á familias lombardas, borgoñonas y semnonas. Sigefroi, conde de Sajonia, fui, en 927, el primer titular del margraviato: uno de sus sucesores, Alberto el Oso, que lo conquistó y embelleció, fundó algunas ciudades corno Berlin, Bérnau, Francfort y Landsberg, que pobló de alemanes. El Brandeburgo cayó despues en manos de Sigismundo de Hungría, que fué electo emperador, y mas tarde fijé vendido por este príncipe á Federico, burgrave de Meremberg por 400,000 florines de oro, y de esta casa fué donde salió luego despues el que elevó su patrimonio y la Prusia entera al estado en que hoy la vemos.
Los prusianos son robustos, laboriosos y buenos soldados, y sus costumbres se asemejan á las de los demas pueblos de Alemania. Casi todos son luteranos ó calvinistas, pero todas las sectas del cristianismo peden adoptarse y seguirse con entera libertad, pues la tolerancia en esta materia es una de las máximas fundamentales del gobierno. Cualquiera que sea el número de hijos que tenga un aldeano, todos pertenecen al servicio de las armas, escepto uno que se queda para ayudar los trabajos de la casa. Los demas llevan desde la infancia una marca que indica que son soldados, y se hallan en el deber de acudir al servicio cuando se les llame. Concíbese fácilmente que con semejante organizacion de quintas, que hace de cada hombre un soldado, sea la Prusia una nacion poderosa y temible en la guerra; pero si la guerra se prolonga, y hay en ella reveses, bien pronto la agricultura y la industria perecerán, y la exhausta poblacion tendrá que rendirse.
Bajando al Sur, y siguiendo la frontera de la Sajonia y la Bohemia, recorramos la Silesia prusiana, que viene á desembocar al S. E. en la Gallitcia y la república de Cracovia. Cuando Federico II comenzó sus guerras de conquista, la Silesia fué la primer provincia que reunió á sus estados hereditarios.
Breslau, su antigua capital, está situada en la confluencia del Ohlen y del Oder, en una llanura ricamente cultivada y sembrada de jardines. Puede valuarse su poblacion en 90,000 almas.
Los habitantes de Silesia pertenecen, unos á la raza alemana, y estos son los mas industriosos y mejor

viernes, febrero 08, 2008

Viage ilustrado (Pág. 166)

ciendo muchas obras del arte é infinidad de objetos úsiles y agradables. Muchos de los aconteciementos que han tenido origen en esta ciudad, han influido grandemente en los destinos de la humanidad; ademas, se han celebrado en Ausburgo muchas dietas importantes del imperio; aqui fué donde en 1530 hicieron los protestantes su profesion de fé delante del emperador y de los estados germánicos, y donde en 1555 se firmó el famoso tratado de paz que concede á la Alemania la libertad de cultos. La mayor parte de las casas de esta ciudad son viejas y de mala arquitectura, pero la parte moderna tiene edificios muy bellos. Ademas de los corredores y agentes de negocios, los grabadores, los escultores y los pintores forman la mayor parte de la clase que vive de su trabajo; sus producciones, como los juguetes de Nuremberg, van á todas partes. Hay entre ellos algunos hombres de genio; mas son tan raros los pedidos que de sus artículos se hacen, que muy á menudo se ven obligados para vivir á fabricar santos, de manera que ellos surten toda la Alemania de pinturas para los devocionarios, y de estampas para las casas de las aldeas.
«Un cuadro de las costumbres y del carácter de los bávaros, hecho por Hogarth dice Riesbeck, será muy interesante. En general los bávaros son fuertes, musculosos y robustos, sus megillas son menos coloradas que las de los suabos, diferencia que proviene sin duda de que los bávaros beben cerveza y los otros vino. Lo que distingue á primera vista á un bávaro es una cabeza muy redonda, una barba puntiaguda, un vientre grueso y un color pálido; sus pies son cortos y abultados, sus espaldas estrechas, su cuello corto y su andar lento y pesado. No sucede lo mismo en las mujeres; en general son muy bellas, un poco gruesas, es verdad, pero esto mismo las hace encantadoras.
» En la capital, tanto los hombres como las mugeres, visten, ó creen vestir, á la francesa; los hombres son muy aficionados á los colgajos y colorines; las gentes del campo se visten con muy mal gusto. Lo principal del trage de los hombres consiste en una casaca ancha y larga, estrañamente bordada, por debajo de la cual asoma un calzon muy ancho. Las mugeres se adornan ó se disfrazan con una especie de corpiño que les cubre el pecho y la espalda y todo el cuello; esta coraza está cubierta de lentejuelas y cadenas de plata. En muchas partes, la dueña de la casa lleva pendientes de su cintura un manojo de llaves y un cuchillo, que casi tocan en el suelo.
»En cuanto á las costumbres y al carácter bávaro, los habitantes de la capital se diferencian mucho de los del campo. El carácter de los habitantes de Munich adolece de indecision.
»Los campesinos son en estremo desaseados. A algunas millas de la capital apenas se puede creer que sus chozas sean habitaciones. Muchas veces hay grandes cenagueros delante de sus puertas, lo que les obliga á entrar por encima de tablas colocadas al efecto. Los techos de retama de nuestros campesinos en muchos puntos de Europa tienen mejor apariencia que las miserables barracas de los bávaros, aunque estas, cubiertas de piedras, están menos espuestas á ser arrancadas por el viento.»

PRUSIA.

Al lado del antiguo imperio de Alemania el genio de un hombre superior ha levantado una potencia rival que podria disputarle la supremacía; Federico el Grande creó la Prusia, que por su asociacion aduanera, destruyendo los limites de todos los pequeños estados de la Alemania, convirtió á este vasto pais en una sola patria para el comercio y la industria, preparando por este medio mas que por la política la gran unidad que tarde ó temprano destruirá las divisiones feudales y formará de todos los hijos de la verdadera raza germánica una sola é inmensa nacion.
Los antiguos pruthos ó prusianos pertenecen á la misma raza que los lituanios. Salidos como ellos de las tribus indo—caucasianas que trajeron al Norte de Europa su lenguaje y sus tradiciones orientales, conservaron hasta el siglo X su independencia y sus supersticiones. En esta época los polacos, cristianos ya, y los caballeros de la órden Teutónica, habiendo émprendido varias piadosas cruzadas contra los prusianos, echaron sobre estos el yugo de hierro de la guerra misionaria, destruyendo los ídolos y alzando la cruz sobre sus pedestales, haciéndose Mariemhurgo el cuartel general y la capital de la órden Teutónica. Pero estos caballeros no introdujeron entre los prusianos mas que la letra del Evangelio y el despotismo que sobre ellos ejercian les obligó por último á buscar un refugio junto á los reyes de Polonia. De aqui las guerras sangrientas que terminaron con la ruina y estincion de dicha órden. En 1525 Alberto de Brandebourg, su gran maestre, se hizo reconocer por un tratado duque hereditario de la Prusia, donde introdujo el luteranismo y fundó la universidad de Koenigsberg. En 1618 el elector Joaquin Federico aseguró á la casa de Brandebourg el mismo ducado de Prusia, del cual Federico I hizo un reino y Federico II una potencia.
Un viagero que saliese de Francia por Sarregueminas y siguiere el Sarra, se encontraria inmediatamente en la parte meridional de los estados prusianos, que podríamos llamar muy bien sus conquistas diplomáticas, y que se designan ordinariamente con el nombre de provincias rinianas. El Mosela y el Rhin las atraviesan efectivamente de S. E. á N. O. Al Este descansan estas provincias en las mas pequeñas divisiones de la Confederacion Germánica, al Oeste costean el ducado de Luxemburgo, la Bélgica y la Holanda, y al Norte terminan en las fronteras de Hannover.
Mucho sentimos que las proporciones que nos hemos impuesto en esta obra no nos permitan pintar con la detencion que merecen estas hermosas provincias, tan notables por su cultura, por sus recuerdos históricos, por sus antiguos castillos llenos todavia de tradiciones, y por las nobles ciudades que esmaltan la ribera de aquel gran rio ó de sus tributarios. Tréveris, donde Constantino residió despues de otros emperadores, y que fué llamada la segunda Roma, y arruinada sucesivamente por los romanos, hunos, godos, vándalos y francos, ha sabido renacer de sus propias cenizas y adquirir de nuevo su brillo; Bacharah (ara Bachi, altar de Baco), célebre por sus vinos, que rivalizan dignamente con los de Johannisberg y Tokai; Coblenza, que sirvió de asilo á los Borbones y á los emigrados franceses durante las terribles convulsiones políticas de Francia; Bonna, donde construyó Druso un puente sobre el Rin; Aquisgran, patria de Carlo—Magno, que fué por largo tiempo asiento de su poderío, y cuyos restos se conservan todavía. ¡Cuántos emperadores ha visto coronar su catedral, sobre la silla de mármol blanco en que acostumbraban á sen—