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martes, noviembre 13, 2007

Viage ilustrado (Pags. 107-110)

Viage ilustrado

Faltan las páginas 107, 108, 109 y 110 del libro correspondientes a Grecia. Una lástima dado su interesante texto sobre la situación de este país tras su incipiente independencia. Intuyo que estas páginas que faltan contenían unos excelentes grabados reproduciendo monumentos de la Grecia más monumental.

domingo, noviembre 11, 2007

Viage ilustrado (Pág. 106)

midad de la calle que habia seguido Tournefort. Alli encontramos una gran sala adornada de cifras que de­notaban la época en que otros viageros habian penetrado alli, remontándose las mas antiguas al siglo XIV. A la derecha hay otra sala casi igual á esta, y cada una de ellas tendrá de 8 á 11 metros en cuadro. Para llegar alli habíamos desliado casi todo nuestro bramante, es decir, que habíamos recorrido cerca de 800 metros. No hablaré de las diversas escursiones que hicimos; en las tres horas que permanecimos den­tro del laberinto no cesamos de caminar, y no podemos lisonjearnos de haberlo visto todo. Yo creo que seria imposible á un hombre salir de alli sin hilo ni antorchas; estraviado en las mil revueltas de este laberinto, lo horrible del lugar y lo espeso de las tinie­blas llevarian el terror á su alma, y pereceria indudablemente.
»A nuestro regreso encontramos un recodo que no conociamos, el cual nos condujo á una bella gruta elevada en forma de cúpula y tallada por mano de la naturaleza. Alli no hay estalactitas, ni se encuentra una sola en todo el subterráneo, porque el agua no filtra por ninguna parte; todo está seco, y como el aire no se renueva, hay un olor muy desagradable. Millares de murciélagos, cuyo escremento forma gran­des montones, habitan estos tenebrosos lugares, y estos son los únicos mónstruos que descubrimos alli.»
»Despues de Candia, las ciudades mas considera­bles son Rhéthimo y la Cannea. Réthimo, antiguamen­te Rethymna, es muy fuerte y populosa, y su puerto está defendido por una ciudadela. Su situacion en una hermosa campiña es muy agradable. Los frutos y demas productos son aquí mejores que en todo lo demas de la isla, y son tambien mas buscados su seda, su miel y su aceite. El agua de que se surte la ciudad, sale á gruesos borbotones del fondo de un pozo que hay en un estrecho valle á un cuarto de legua de dis­tancia. Al Oeste de la ciudad no se ven mas que ro­cas; pero al Este y al Sur, la campiña es muy bella y está toda cubierta de jardines.
La Cannea recuerda la antigua Cydon, á quien ha reemplazado. Su puerto, mucho mejor que el de Can­dia, ha atraido todo el comercio, que consiste en aceite, seda, trigo, cera etc. Esta ciudad es muy fuerte y hermosa: su población, compuesta de grie­gos, turcos y judíos, asciende á 5 ó 6,000 habitan­tes. Sus alrededores son admirables; por donde quiera que se mire no se ve mas que bosques de olivos, alternando con viñedos, y cruzados por jardines y ar­royos á cuyas orillas crece el mirto y la adelfa.
»De todos los paises que he habitado, dice Saya­ry, ninguno tiene la temperatura mas sana y agradable que la isla de Creta. Los calores jamás son escesivos, y los frios violentos nunca se sienten en la lla­nura.
»Los montes y las laderas están cubiertas de dife­rentes especies de tomillo, de agedrea, de serpol, de jaras adoríferas, y de una multitud de plantas balsámicas. Los mirtos y las adelfas cubren las orillas de los arroyos que corren por los valles; las campiñas presentan por todas partes bosques de naranjos, de li­moneros y de almendros; el jazmin de Arabia prodiga sus perfumados ramos en los jardines, que en prima­vera están tapizados de violetas; el azafran cubre vastos campos; el díctaneo, cuyo olor es tan suave, crece en las grietas de las rocas; en una palabra, las montañas, los valles y las llanuras exhalan por todas partes vapores aromáticos que embalsaman deliciosa­mente el aire.»
La isla de Santorino, ó San Erini, antiguamente Thera, ha sido siempre el teatro de los mas interesan­tes fenómenos. Los antiguos creian que esta isla habia salido del seno del mar ; esta opinion proviene, sin duda, de que las cinco islas pequeñas que la rodean han salido realmente del mar por efecto de fuegos subterráneos. Plinio hace mencion de la primera revolucion que sufrió la isla de Thera, cuando dice que Therasia fué separada cuatro años antes de la olimpiada 135, que viene a ser 237 años antes de nuestra era. El año 197 antes de Jesucristo apareció otra nue­va isla entre las dos precedentes, y se la dió el nombre de Hiera ó Sagrada; pero hoy ha cambiado este nombre por el de Caïmeni, ó Isla quemada. El año 46 bajo el imperio de Claudio, surgió otra isla que re­cibió el nombre de Theïa ó Divina; despues fué su­mergida ó unida á la de Caïmeni, porque no se la ha encontrado mas. En 713 y 1417 reaparecieron todos los fenómenos inseparables de esta especie de erup­ciones; pero á pesar de repetirse con gran furor, las materias que vomitaba el fondo del mar no formaron nuevas islas, sino que se unieron á la de Caïmeni. En 1573 apareció despues de una violentísima erupcion, la isla que hoy se llama la pequeña Caïmeni, habiendo sido vomitadas las materias que la formaron por seis cráteres que todavía existen.
Por último, en 1707 una terrible erupcion, que duró mas de un año, produjo una nueva isla entre la Grande y la Pequeña Caïmeni. El 23 de marzo de 1851, se apercibió desde Scaro y desde toda la costa de Santorino el principio de esta isla nueva. Los que primero la vieron la tuvieron al pronto por los despo­jos de un naufragio; ¡pero cual fué su admiracion al encontrar una masa de rocas que salian del fondo de las aguas y se estendian por su superficie! Algunos griegos tuvieron la osadía de desembarcar en esta nueva tierra, y la encontraron cubierta de una piedra muy blanca y muy blanda, y de una tan grande can­tidad de ostras frescas, como casi nunca se habia visto en Santorino. Ocupados estaban en recogerlas cuando sintieron moverse la tierra, elevarse bajo sus pies y llevarlos con ella. Llenos de terror, saltaron á su barco y se alejaron, y en pocos dias se vió crecer la isla en siete metros de altura y casi un doble de lati­tud. Durante dos meses continuó recibiendo nuevos aumentos por unos lados, mientras por otros se disminuia. Enormes rocas, llevadas sobre las aguas, se mostraban, desaparecian, hasta que al fin se fijaban y aumentaban el volúmen de la nueva tierra.
Todas estas islas son desiertas é incultas, y á escepcion de Therasia, que ofrece á la vista algunas ha­bitaciones y un poco de verdor, las demas no presen­sentan mas que una masa de rocas y de piedra pomez. La de Santorino, por el contrario, es muy fértil y populosa, y proporcionalmente á su estension, que no es mas que de 12 quilómetros de longitud y 8 ó 12 de latitud, se puede decir que su poblacion es la mas considerable de las islas del Archipiélago. Contiene cerca de 12,000 griegos, de los que una tercera par­te profesan la religion católica. Los habitantes son to­dos muy industriosos, y sacan un gran partido de la fertilidad de su isla. Hay en ella cinco pequeñas ciu­dades y hasta una veintena de aldeas.
Naxos recuerda aun la presencia y los beneficios de Baco. Los dones que la naturaleza ha prodigado á

jueves, noviembre 08, 2007

Viage ilustrado (Pág. 105)

mo, se toma la lira, y algunos convidados se levantan para bailar; en medio de la alegría y bullicio del festin se coronan de flores y esparcen muchos ramos tam­bien sobre la mesa.
La lira y la guitarra son los instrumentos favoritos de los griegos, y los pastores tocan ademas de estos instrumentos la gaita.
Los griegos tienen al baile tanta aficion como á la música, y como sus antepasados, tienen danzas que recuerdan algunos acontecimientos, donde espresan los sentimientos de que están animados. Sé ve todavía en la Grecia cuadrillas de bailarines cogidos de las manos y corriendo por las calles y los campos, que recuerdan las antiguas danzas que formaban parte del culto público. «Yo he visto, dice un viagero, en la isla de los Príncipes, donde tienen los griegos un pozo comun, reunirse las muchachas para sacar agua y for­mar alrededor de él danzas que acompañaban con el canto; al principio el aire es tierno y pausado, y poco á poco se vuelve vivo y animado; la que dirige la danza, designa el número de figuras y vueltas, cuya variedad es sumamente agradable.»
En las ciudades se observan todavía las fiestas de Céres. Cuando se aproxima el tiempo de la cosecha, van á visitar los campos bailando al son de la lira, y vuelven con la cabeza adornada de algunas espigas que entrelazan en los cabellos. El dia destinado para la cosecha vuelven al campo, tambien bailando y con la hoz colgada á la espalda. El que toca la lira, ento­na un canto, al que responden en coro, y hasta el ruido que produce la hoz cortando el trigo favorece á la armonía de esta música.
Las danzas en honor de Flora se repiten tambien todos los años en la isla de los Príncipes y en otras partes: las mugeres van el día primero de mayo á danzar á la pradera y á coger flores, con las que se adornan de la cabeza á los pies. La que dirige la dan­za, que es siempre mas bonita que las demas, repre­senta á Flora y á la primavera, cuya vuelta anuncia el himno que cantan. Una de las muchachas entona estas palabras: ¡Seais bien venida, ninfa, diosa del mes de mayo! y el coro repite á cada copla: ¡Diosa del mes de mayo! ¡diosa del mes de mayo! La música de este himno es tierna, llena de espresion y de sentimiento, y todo en esta danza pinta los encantos de Flora y las dulzuras de la primavera.
Para aprender estos bailes no se necesita maestro; las madres en el seno de su familia enseñan á sus ni­ños la misma danza que á ellas las enseñaron; ellas bailan con sus hijos, y al mismo tiempo les cantan la historia de que el baile es objeto.
Las islas de la Grecia, ó como decian los antiguos, del Archipielago, ofrecen costumbres no menos inte­resantes que las de la Livadia ó la Morea. Estas islas son numerosas, y los antiguos las dividian en Cycladas y Sporadas; las islas Cycladas ó Circulares son las que forman una especie de círculo alrededor de la isla de Delos, y las Sporadas ó Esparcidas las que están diseminadas lejos de Delos en el Archipiélago. Muchas de ellas no son mas que rocas inhabitadas, y las que tienen habitantes pueden considerarse como desiertas, si se compara su poblacion actual con la del tiempo en que la Grecia gozaba de todo su esplendor.
Las principales son cerca de cuarenta. La mas grande y al mismo tiempo la primera que se presenta por el lado de Europa es Candía, célebre mil trescien­tos años antes de la era cristiana, bajo el nombre de Creta. Esta isla tiene cerca de 60 leguas de longitud y 20 de latitud. En los tiempos de su gloria, cuando las leyes de Minos estaban aun en todo su vigor, contenia hasta cien ciudades. Su posicion parece asegu­rarla el imperio y el comercio del Mediterráneo, es­tando á igual distancia de la Europa, del Asia y del Africa. Algunos de sus puertos son seguros y espaciosos, y sería fácil alli preparar espediciones para estas tres partes del mundo.
El monte Ida, famoso por, el nacimiento de Júpi­ter, no es mas que una cordillera de rocas esteriles, cubiertas de nieve la mayor parte del año Candía, capital de la isla, está en el mismo sitio donde se elevaba en otro tiempo la antigua Heraclea. La muralla que la rodea tiene una legua de circuito, y esta en muy buen estado y defendida por anchos fosos. Esta ciudad, cuando pertenecía á los venecianos era rica, populosa y muy comercial.
Gortyna, ciudad antiquísima, está como á jornada media de Candía, hácia el lado opuesto de la isla y a cinco leguas del mar. Homero habla de ella como de una ciudad poderosa, rodeada de murallas; pero hoy no se puede formar una idea de su pasado esplendor mas que por los montones de ruinas que la cubren. Cerca de ella corre un pequeño rio llamado el Letheo, y en sus alrededores puede visitarse aun el famoso la­berinto, donde Teseo mató al Minotauro. Sigamos á Savary, que penetró en las revueltas de este laberin­to en 1779.
«El camino que conduce desde Gortyna á este liugar memorable, dice, es áspero y escarpado, y nos obligó á subir por espacio de una hora. Nosotros ha­bíamos llevado el hilo de Ariadna, es decir, un bra­mante de 800 metros de longitud, el cual atamos á la puerta, en la que tambien colocamos dos genízaros con órden de no dejar entrar á nadie. Para penetrar en esta tenebrosa mansion, cada uno de nosotros llevaba una gran antorcha. Dos griegos llevaban el ovi­llo de bramante, que desliaban ó recogían segun las circunstancias. Al momento nos estraviamos en dife­rentes calles sin salida, y fué necesario volver otra vez al punto de partida, y al fin encontramos el ca­mino verdadero que está entrando á la derecha. Des­de aquí se sube por un sendero estrecho, teniendo que ir arrastrándose con pies y manos por espacio de unos 100 pasos, á causa de lo bajo de la bóveda. Al cabo de este estrecho conducto el techo se elevó de pronto y pudimos seguir marchando de pie. En medio de las espesas tinieblas que nos rodeaban, de las nu­merosas sendas que por todas partes atraviesan y se cruzan en diferentes sentidos, los dos griegos que ha­bíamos alquilado temblaban de terror, el sudor corría por sus frentes, y no querían avanzar á menos que no fuéramos nosotros delante.
»Las calles que recorrimos tienen ordinariamente de 2 á 3 metros de altura y lo mismo de ancho. Todas son talladas á cincel en la roca, cuyas piedras, de un pardo oscuro, están colocadas en capas horizontales. En algunos sitios enormes pedazos de estas piedras, medio desprendidos de la bóveda, parecen próximos á caerse, y era necesario arrastrarse para pasar por debajo, con peligro de ser aplastados por su caida. Los terremotos, tan frecuentes en la isla de Creta, son sin duda los que han ocasionado estos es­tragos.
»Después de habernos paseado largo tiempo en la espantosa cueva del Minotauro, llegamos á la estre—

miércoles, noviembre 07, 2007

Viage ilustrado (Pág. 104)

y los animan con sus palabrasy con sus cuidados en los combates. Por lo demas, las costumbres son las mis­mas que las de los otros griegos, é iguales tambien la religion y las supersticiones. Los griegos de Atenas y del Atica, son todavía notables por su sagacidad y penetracion; todos los habitantes de las islas son ale­gres, vivos, apasionados por la música, y de buena índole; de todos los griegos, estos son en general los mejores. El carácter nacional de los griegos ha con­servado casi todas sus antiguas formas; tienen siempre esa viveza que los hacia uno de los pueblos mas amables de la antigüedad; hablando entre ellos mis­mos, parece, por sus gestos, sus movimientos y su to­no animado, que están disputando con mucho calor; pero esto no es mas que el efecto de su viveza natural, que los hace actores del hecho que están contan­do. Las niñas especialmente, exageran todo lo que ven; las figuras, las imágenes, las comparaciones les son familiares, y siempre apoyan con juramentos lo que refieren.
Apenas un pequeño número de hombres privilegiados conserva aun en su pureza el precioso depósi­to de la lengua de sus padres. La que habla el pueblo, ó el griego vulgar, se asemeja mucho, sin embargo, a aquel antiguo y bello idioma, y aunque desfigurado por palabras estrangeras, conserva todavía la riqueza, la energía y la dulzura. «No se puede aprender el griego vulgar, dice un viagero, sin aprender fábulas y proverbios en verso; los griegos son siempre sentenciosos y aficionados á cuentos; en sus canciones eróti­cas y demas poesías han adoptado la rima de los ita­lianos. »
La misma sensibilidad y viveza de imaginacion se encuentran en la religion, lo que unido á la ignoran­cia., hace al pueblo supersticioso y escesivamente cré­dulo en prodigios, en augurios y en ensueños. Tambien practican el ayuno con la exactitud mas escru­pulosa.
La gerarquía de la iglesia griega se compone de algunos patriarcas, que reconocen por gefe al de Cons­tantinopla, de arzobispos, de obispos, de proto-papas, y de monges. El alto clero se compone ordinariamen­te de personas que han recibido una educacion esmerada; no sucede lo mismo con los papas, pues salidos de la clase baja del pueblo, son en estremo ignoran­tes. Estos solo tienen él derecho de casarse, pero una vez solamente; asi es que tienen buen cuidado de es­coger una muger robusta y que prometa una larga vi­da. Los que aspiran á las dignidades superiores deben guardar el celibato y abrazar el estado monástico. Los caloyeres ó monges griegos viven reunidos en los monasterios como los católicos romanos.
Un pueblo siempre ávido de fiestas, de novedades y de espectáculos, unido á la religion por la. pompa del culto esterior, debe dar a las ceremonias del ma­trimonio toda la brillantez de que pueden ser susceptibles. La mayor parte de estas ceremonias, conocidas entre los antiguos griegos, están todavía en uso entre los modernos.
El duelo se manifiesta de una manera, particular: cuando una madre pierde uno de sus hijos ó esposo prorrumpe en grandes gritos, se arranca los cabellos, y quiere precipitarse en su tumba; durante muchos dias permanece con sus amigas, y todas juntas cantan las alabanzas del difunto y el sentimiento que las ha causado su pérdida. «Tratamos de locura esta furia del dolor, dice Savary, porque la naturaleza, abandonada á su energía, ofende á nuestro decoro facticio y á nuestra civilizacion artificial; ved aquí, añade, lo que yo he visto y oido entre los griegos del siglo XVIII. Madama Tingonini, la mas bella de las griegas mo­dernas, amaba tiernamente á su hermano y tuvo la desgracia de perderlo; segun la costumbre del pais, ella acompañó el cortejo fúnebre; todo anunciaba el abatimiento de su alma sensible; el desórden de su velo y de sus vestidos, la negligencia de su peinado añadian nuevos rasgos á las marcadas señales de su dolor. El cuerpo fué recibido por el patriarca á la puerta de la iglesia, y despues de las preces de costumbre, hizo la ceremonia que los griegos han conservado, y á la que han dado el nombre de último adios. Despues que el patriarca hubo abrazado el cuerpo, los parientes y demas que componian el cortejo hicieron lo mismo. Esta escena, que hace muy tierna la idea de un eterno adios, vino á ser aun mas tierna y dolorosa al verá aquella hermana desolada anegada en llanto, sin escuchar mas que á su dolor, desgarrar sus vestidos y arrancar sus cabellos para cubrir el féretro de un hermano querido que veía aun, pero que bien pronto dejaría de ver para siempre; se hicieron esfuerzos para abreviar esta lúgubre escena, y conducir á su casa á la afligida hermana.»
Los sepulcros de los griegos están, como los de los turcos y otros pueblos de Oriente, situados al lado de los caminos de las ciudades y aldeas. Una piedra y una columna indican cada sepulcro, que está cubierto con la triste sombra de los pinos y de los ci­preses.
En todas las casas la habitacion de los hombres está separada de la de las mugeres. Como entre los turcos, son aqui desconocidas las camas, se ponen solamente colchones sobre los sofás para estar acosta­do con mas comodidad. Una lámpara brilla ordinariamente toda la noche delante de la imágen de algun santo ó santa. El bordado es la ocupacion de las mugeres griegas; ellas salen poco, y las que tienen necesidad de trabajar para mantener a sus familias bor­dan sin descanso desde por la mañana hasta la noche. El cortejo de esclavos y de sirvientes que acompaña por las calles á una muger griega, es en aquel pais lo que entre nosotros un brillante tren, con la diferencia de que entre los griegos no puede salir una muger honrada sin una persona por lo menos que la acompañe, y las que son ricas ó de un rango superior se hacen seguir por muchos esclavos.
Los griegos son muy aficionados á fiestas; las mas grandes solemnidades de su religion son siempre para ellos regocijos públicos, fiestas brillantes que celebran con tanta alegría como fausto; pero á lo que mas presurosos se muestran á asistir es á las romerías; el pueblo inunda el vasto campo donde se celebra la reunion; los juegos, los festines y las danzas animan la pública alegría, y las mugeres se muestran allí con mas libertad. La costumbre de cantar en la mesa es muy antigua entre los griegos. Cada uno bebe á su turno á la salud de su querida, y frecuentemente lo hace tantas veces como letras tiene su nombre. El principal manjar de sus comidas consiste en corderos rellenos cubiertos con su misma piel y cocidos en el horno; cuando va están condimentados, se llevan cántaras llenas de vino, se bebe sin medida, y entonces se permite entrar á los juglares ó bufones. Las canciones, que comienzan por palabras graves, van poco á poco haciéndose mas libres y alegres; por últi-

domingo, noviembre 04, 2007

Viage ilustrado (Pág.103)

te por la mano del hombre, pues que la naturaleza continúa cubriéndolos de olivos y naranjos como antes.
La Beocia, al Norte del Ática, conserva todavía algunos restos de la antigua Tebas, con el nombre moderno de Thiva. En la Beocia es donde están la famosa Helicona, y la fuente de Hipocrene, consagra­das á las Musas, y Orchemena, nombrada por su tem­plo de las Gracias y su fuente Accidalia, dedicada á Venus. Tambien es en Beocia donde se ve el puerto Elide, en el cual se reunieron los capitanes griegos para el sitio de Troya, y donde tuvo lugar el sacrificio de Ifigenia. Su mayor ciudad es ahora Livadia, que se llamó en otro tiempo Lebedaa.
Al Norte de la Beocia estaba la Fhócida, actual­mente casi desierta. En esta provincia es donde estaban Delfos y su famoso templo, y donde se ve todavía el Parnaso, en el cual colocaron los poetas á Apolo y las Musas. La Locrida, la Dórida, y la Etolia donde corre el Acheloo, conservan igualmente grandes re­cuerdos. Hoy dia únicamente se encuentran por aqui infelices monges griegos que viven de las limosnas, ó de lo que produce la tierra que cultivan, y de los re­baños que crian en los desiertos.
La Morea, que los turcos llaman Morah, á causa de la abundancia de sus moreras, es la antigua Pelo­poneso. El golfo de Lepanto y el istmo de Corinto la limitan al Norte, y por los demas lados la rodea la Mar Jonia.
Corinto se hallaba ventajosamente situada en el istmo que une á la Morea con la Grecia, y podrá te­ner unas cinco millas de anchura. Esta posicion, que Filipo de Macedonia llamaba la llave y los hierros de la Grecia, daba por tierra y mar una gran fuerza á la república de Corinto, pero la magnificencia de su ciudad le atraia aun mas renombre. Tal esplendor lo debia en parte á la estraordinaria afluencia de grie­gos que acudian á ella de todos lados para asistir á los juegos istmicos que acostumbraba á celebrar. En estos juegos, como igualmente en los olímpicos era donde los diversos estados de la Grecia y los particu­lares recibian, por el aplauso general de toda la nacion, la recompensa de las mas grandes acciones. Co­rinto, que hoy conserva el mismo nombre, ó segun los turcos Ghénéme, no es ya otra cosa que un pueblecillo, cuyas casas están fabricadas entre jardines y pe­dazos de tierra cultivados, sin que de su antigua magnificencia se encuentren otros vestigios que las ruinas de un templo.
Argos, Sicyona y Mecenas, que se alzaban tambien con orgullo en el Peloponeso, no son tampoco mas que aldeas miserables que nadie se dignaria mi­rar si los antiguos recuerdos que encierran no atrajesen las miradas del viagero. La Arcadia no tiene ya tampoco aquellos felices pastores que los poetas colocaban en ella, ni aun sus ciudades, que eran mas po­sitivas. Junto está la Laconia, donde debemos de­tenernos un instante en memoria de Esparta.
Esta ciudad, tan célebre por las leyes que Licurgo le dió y por el valor de sus habitantes, ha perdido ya hasta su nombre. Misitra no ha sido edificada sobre su mismo terreno, sino dos millas mas allá. Abandonando esta ciudad, y despues de atravesar un arroyuelo, se encuentra un pueblecito: desde aqui empiezan las ruinas de Esparta, ruinas poco numero­sas, y que consisten únicamente en columnas rotas, cornisas chapiteles esparcidos por el campo; distínguese todavía la forma del teatro, que tema 250 pasos en su mayor obertura. Enfrente del teatro hay muchos restos de columnas y de paredes de ladrillos, que se dice ser los restos del sepulcro de Pausanias; aqui estaba la columna en que se grabaron los nombres de los 300 espartanos que perdieron su vida en defensa de Temístocles, y segun se asegura, se ve to­davía esta columna en una iglesia de Misitra á donde fue trasportada. El dromos, de que hay asimismo indicios, era un circo donde la juventud se ejercitaba en la carrera de caballos. Una parte de Esparta se hallaba situada sobre pequeñas alturas, al pie de una montaña de la Messenia, que formando una especie de curva viene en disminucion á terminar en una punta que mira al Sur, cuarto al Este. La llanura, re­ducida por esta montaña que la divide, comienza á prolongarse en Esparta, donde llegará á tener 6 quilometros de anchura, y 24 ó 28 de estension por la parte del mar. Por esta llanura es por donde corre el Eurotas. El principal adorno de este rio, tan célebre en la mitología, consistia en bosques de mirtos y de laureles que lo ornaban naturalmente, y en una can­tidad prodigiosa de cisnes. Apenas se podian contener estas aguas con los diques mas sólidos en el tiem­po de derretirse las nieves; mientras que en el estío venia á ser el Eurotas innavegable, aun para los bu­ques mas pequeños.
Atravesando los bosques que se hallan al Oriente de la ciudad, se descubren en lontananza las cumbres de dos rocas escarpadas, que los antiguos habitantes llamaban Thiridas, y que tienen la forma de un in­menso obelisco sobre e promontorio de Ténaro (hoy cabo Matapan) cuya base ha ido escavando la accion de los fuegos subterráneos. A la entrada do estas ca­vernas ennegrecidas por el humo de los antiguos vol­canes, donde los mitólogos colocaban no solo las puer­tas del infierno, sino tambien el trono de los vientos, el camino de las tempestades y el establo de los caballos de Neptuno, tenia este dios un templo abierto en la roca, en forma de gruta, y rodeado de una selva de abetos, cuya oscuridad aumentaba el horror de aquellos lugares. En estos paises habitan los maïnotas, descendientes de los sparciatas, ó, como pretenden otros, de los habitantes de la Laconia. Son dignos de su ilustre origen por su amor á la libertad, y por su heróica resistencia que han opuesto á los esfuerzos que los turcos han hecho para esclavizarlos; y si la Grecia ha recobrado su libertad se la debe en parte á estos valientes.
Maïna, siguiendo la tradicion de los habitantes de este pais, trae su origen de la palabra griega maïna (furor), para espresar el ardor con que aquel pueblo peleaba contra los que querian oprimirle. Este pais, aunque erizado de rocas y montañas, contiene una poblacion de cerca de 45,000 almas, y cuenta 360 aldeas, entre las cuales Vítulo es la mas considerable. Sus producciones principales son trigo, cebada y al­tramuces, todo lo cual siembran cada año alternativa­mente, de manera que la tierra no está nunca inculta. El aceite de oliva y la seda constituyen el principal ramo de comercio con los estrangeros que van á bus­car estos artículos á los puertos de Coron y de Modon. Los maïnotas no conocen ni la estrema pobreza, ni las grandes riquezas; la naturaleza les ha dado casi todo lo que puede satisfacer sus deseos, y tienen ademas bastante virtud para ayudarse mútuamente en sus ne­cesidades.
Las mugeres tienen el mismo valor que los hombres,

viernes, noviembre 02, 2007

Viage ilustrado (Pág. 102)

pastos y ricas lanas; Atica una miel trasparente y per­fumada; Misitra, junto las ruinas de Esparta y Tripo­litza cerca de la de Tegeo, se sacuden rápidamente de las mortíferas invasiones musulmanas que han sufrido.
Pero las ciudades principales de la Grecia moder­na son Atenas y Nauplia. Esta última tiene diez mil almas, y Atenas cuarenta mil, sin contar el Pireo, que en 1838, no tenia mas que una barraca para la aduana, y donde actualmente se encuentran ya trescientas casas.
El nombre antiguo de Atenas se halla todavía en el de Áthina ó Setines, que le dan los griegos moder­nos y los turcos. Esta es sin duda alguna una de las ciudades mas antiguas del mundo su fundador fue Cecrops. Su hermosura, sus riquezas, y mas que nada los grandes hombres que en todos los géneros ha pro­ducido, le han asegurado una gloria inmortal. Pericles es quien la adornó con monumentos bellísimos, muchos de los cuales subsisten todavia despues de tantos siglos, sirviendo las ruinas magestuosas de otros, de protesta elocuente contra el mal gusto de los edificios públicos que enfrente de ellas ha levantado el gobierno. Los monumentos que mas han resistido al trascurso del tiempo son: el teatro de Baco, la Torre de los Vientos, el Estadio, el templo de Minerva, el Parthenon, el templo de Teseo, y la Linterna de Dió­genes.
El teatro de Baco está al pie de la montaña que mira al SO. Y enteramente construido con grandes piedras talladas. La mayor parte de las gradas están abiertas en la roca, y la escena tiene cerca de 25 me­tros, siendo la longitud del edificio entero de 82.
La Torre de los Vientos es de mármol y tiene ocho puertas, sobre cada una de las cuales se ha es­culpido la imágen de un viento que está representado en la actitud de un genio alado, con su nombre por debajo, y un emblema relativo á la estacion del año en que acostumbra á hacer sentir mas su influencia. La mole termina por una pirámide de mármol, que sirve de base á un triton de metal armado con una baqueta. El mecanismo de la obra es tal que los vien­tos hacen girar al triton, el cual se encuentra siempre enfrente del viento que reina sucesivamente en la atmósfera. Este monumento está situado entre dos calles.
El Estadio ha sido destruido y reparado muchas veces. El que subsiste hoy fué edificado á espensas de un tal Herodes, uno de los mas ricos particulares del mundo romano. Adriano dió en él en un solo dia un combate de mil fieras.
El templo de Minerva Suniada es el último monu­mento de la Atenas de Pericles. Fue levantado sobre el promontorio Sinio, donde va á terminar el Atica, y no quedan de él mas que diez y siete columnas, que se ven desde tan lejos cuando se navega en el Archi­piélago, que el promontorio ha tomado el nombre de Cabo-Columna.
El Parthenon, ó el templo de Minerva, se elevaba todavia casi entero hace poco mas de un siglo, pero en la guerra que los turcos sostuvieron contra los venecianos en 1677, este pueblo enemigo de las artes, convirtió monumento tan hermoso en un almacen de pólvora, y una bomba dirigida por los gefes de la ar­tillería de Morosini, cayó precisamente sobre este arsenal, haciendo volar por el aire el templo, á escepcion de la estremidad occidental y de un corto número de columnas. El gobierno musulman, no menos destructor que la bomba Morisini, ha hecho erigir una mezquita de gusto bárbaro, en medio de las ruinas de uno de los mas bellos monumentos del siglo de Ale­jandro.
Al N. O. de la ciudadela se ven las ruinas del templo de Teseo, que tiene mucha semejanza con el de Minerva. Los bajo—relieves que subsisten todavía, llaman la atencion de los inteligentes.
Los Propyleos son uno de los mejores monumentos erigidos por Pericles. Principian por el lado de la ciu­dad con dos pórticos paralelos, terminados cada uno por una masa que sirve de base á una estátua ecuestre. El cuerpo principal del edificio es un peristilo del gus­to de los de los templos griegos, y conduce á las cin­co puertas por donde se entra en la ciudadela. Cuan­do los turcos se vieron dueños pacíficos de Atenas, hicieron de los Propyleos un almacen de pólvora. En 1657 cayó un rayo y destruyó todos los techos del edificio.
Uno de los monumentos mejor conservados es la Linterna de Demósthenes, situada en la estremidad Sudeste de la roca de la ciudadela. Es una pequeñaa torre de mármol, cuyo entablamento está sostenido por seis columnas de órden corintio, estriadas y de una sola pieza; los seis intercolumnios, unos están abiertos, y otros cerrados por grandes tablas de már­mol, encima de las cuales hay trípodes en bajo relie­ve, y todo el edificio termina en una especie de capi­tel corintio. Este elegante monumento ha escitado siempre la adminacion de los artistas. Muchos han visto, á principios de 1802, durante la esposicion de los productos de la industria francesa, una copia en barro, que se colocó en medio del patio del palacio del Louvre en Paris.
Muchos ilustrados observadores, admirados de la completa conservacion de los monumentos que han escapado á la barbarie de los hombres, han pretendido indagar por que habían podido resistir tanto tiempo á las intemperies del clima, dejando por último consig­nado que dicha conservacion no podia atribuirse á otra causa que á la sequedad y pureza del aire.
No es únicamente la rica herencia de hermosas ruinas que el tiempo le ha legado, lo que lleva á Atenas gran multitud de viageros; sino tambien la ciudad moderna, que anuncia ya una capital destinada á una poblacion rica. Tiene grandes calles muy bien fabricadas, por donde circulan los oninibus como en París y Lóndres, un camino que la une al Pireo, edificios grandes, escuelas, y un comercio importante que profetiza á la antigua patria de las artes un porvenir digno de su pasado.
Atenas pertenece á la Livadia. Este pais, en otro tiempo la Acaya, que era lo que se llamaba la Grecia pura ó la helladia, encerraba muchas rgiones. Las principales eran el Ática, la Beocia, la Phócida, la Dórida, la Etolia y otros paises todos que contenian ciudades igualmente celebres, las cuales, ó han desaparecido ya de la haz de la tierra, ó yacen convertidas en polvo y ruinas donde apenas puede leerse un resto de la gloria que alcanzaron.
Todos los lugares de la Ática son célebres; el tenmplo de Ceres Eleusina en Lessina; Megara, al Ponien­te de Eleusis, entre Atenas y Corinto; el monte Citéreo, que separa el Ática de la Beocia; Maraton, que no es mas que un miserable despoblado y otros muchos sitios, en fin, que pudiéramos citar, degradados solamen-

jueves, noviembre 01, 2007

Viage ilustrado (Pág. 101)

Diógenes
do de modelo admirable para el talento y el corazon.
Por espacio de cuatro siglos, esclava lánguida y despreciada de los hijos de Osman, La Grecia no dio señales de vida, pero levantándose despues sobre sus ruinas, y merced al valeroso martirio de sus klephtos y de sus corsarios, llegó por fin á conquistar su independencia, habiendo sido erigida en 1830 en monarquía hereditaria á favor de un príncipe de Baviera.
La Grecia actualmente forma un reino cuyas divisiones principales son la antigua Hellade, hoy Livadia, el Peloponeso, y el Archipiélago, sirviéndole las Termópilás y el Aspro—Potamos, de frontera, la cual termina en la embocadura de Sperchio.
El Hemo y el Parnaso han tomado de nuevo sus dulces nombres; Corintio, erguida sobre su roca, ofrece sus racimos tan conocidos; Argos tiene hermosos