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jueves, abril 10, 2008

Viage ilustrado (Pág. 213)

Vista de la ciudad de Brujas


su embocadura 10 kilómetros de anchura. El Escalda horizontal (Hondton—Wester—Schalde) forma por nuevos canales, las islas de Assel y de Cassand, que sirven de limite entre la Bélgica y la Holanda, y se pierde en el mar entre Flesinga y la Esclusa. La corriente total del rio es de 340 kilómetros, y es navegable desde Cambray, donde quedó establecida la navegación de 1750 á 1789 por medio de diez y ocho esclusas hasta Condé. La posesión del Escalda es de una gran importancia, y con mucha razón lo llamaban una pistola cargada y apuntada al corazón de Inglaterra, porque sus dos embocaduras, situadas en frente del Támesis, no tienen rivales en seguridad y profundidad. El Escalda ha sido la fuente principal de la riqueza comercial de Amberes, por lo cual, cuando las Provincias Unidas sacudían la dominacion de España, resolvieron cerrar este rio por medio de un puente armado de baterías, contra el cual llegaron á estrellarse todos esfuerzos de los habitantes de Amberes. La toma de esta ciudad en 1580, aseguró á los insurgentes la posesión del rio. Sin embargo, los comisarios holandeses manifestaron sus pretensiones acerca de cerrar el Escalda en 1633, alegando que de tiempo inmemorial, el derecho de puerto pertenecía á la provincia de Zelandia, pero estas pretensiones fueron enérgicamente rechazadas por los comisarios de la Bélgica. Pero como no obstante, era preciso desligar á la Holanda de su alianza con la Francia, en el artículo 14 del tratado concluido en Munster en 1647 se dijo: «El Escalda, los canales de San—Zroin, y otros brazos de mar estarán cerrados para los Estados.» Los holandeses, por el ascendiente de su política, hicieron que esta redacción se interpretase en favor suyo, y tuvieron desde entonces para los frutos coloniales el monopolio de los almacenes de Amberes, y de todos los paises que se encuentran en su radio. En 1784, el emperador José II, que poseyó la Bélgica, pidió á la Holanda la libre circulación del Escalda; pero ésta se negó, y espantada por algunos regimientos alemanes que aparecieron en sus fronteras, tuvo que ceder por el pronto. El tratado de Fontainebleau, concluido al año siguiente, puso fin á las hostilidades y decidió que el Escalda se cerrase. En 1792 fué declarada libre por los franceses la navegación de este rio; el capitán Multton, procedente de Dunkerque, forzó la consigna holandesa y fué recibido en Amberes con el mayor entusiasmo. Por último, después de la revolución de 1830, que separó á la Bélgica de la Holanda, ésta última potencia se resistió por mucho tiempo á consentir en la libre navegación del Escalda y hasta el 1.° de noviembre de 1840, no fué cuando el gobierno belga tomó posesión de este rio, de sus obras y dependencias, como también del derecho de navegación, cuyo producto es considerable.










SUIZA.







La Suiza, enclavada entre la Francia, la Alemania y la Italia, y situada casi toda entre las altas cima de los Alpes, es semejante á una copa, de donde se derraman cuatro rios que riegan los paises mas bellos de Europa. Hacia el Norte corre el Rhin, cuyas aguas fertilizan la Baviera y la Alsacia, la Prusia Meridional, después la Holanda, y desemboca en el mar de Alemania; al Este, el Danubio que atraviesa toda el Austria y se abre paso hacia el Mar Negro; al Sur

miércoles, abril 09, 2008

Viage ilustrado (Pág. 212)

Vista de Bruselas


relativamente considerada. La geografía de Balbí, dice, que se pueden dividir todos sus habitantes en dos ramas distintas: la rama germánica, á la cual pertenecen los belgas ó neerlandeses, que hablan el flamenco, dialecto de la lengua neerlandesa, y el pequeñísimo numero de alemanes que hablan el alemán; y la rama greco—latina, á la cual pertenecen todos los walones ó belgas que hablan el galo—flamenco y el walon, dos dialectos de la lengua francesa.
Pero el gobierno de Bélgica hace ya algún tiempo que adoptó por lengua oficial del pais la francesa, y ésta es la de su literatura, enseñanza pública y buena sociedad, lo cual, si es una gloria para los franceses, no dejan éstos de pagarla bien cara en cierto sentido. Sabido es que los belgas reimprimen cuanta obra notable se publica en París, dejando con esto burladas las esperanzas de los libreros de esta ciudad, puesto que es mas barata en Bruselas la mano de obra, y mas en la imprenta que tanto han perfeccionado, y no teniendo por otra parte que satisfacer ningún derecho de propiedad, las ediciones francesas no pueden competir de modo alguno en precio con las belgas, de las cuales se hace un estraordinario consumo en la misma Francia. Este sistema cómodo de especulación lo han llevado los belgas á tan alto grado, que muchas veces hasta se publican las obras en Bruselas antes que en París. La cosa es sencilla. Se pone de acuerdo un impresor belga, con un cajista francés, y éste le remite las pruebas de la obra en cuestión, con lo cual ha sucedido venderse en París, cuando en esta ciudad estalla á la sazón imprimiéndose. Entre otras obras notables, recordamos que con la Historia del Consulado y del Imperio de Mr. Thiers, sucedió lo que hemos contado. Los franceses no han podido menos de tomar en serio un asunto tan grave, y se ocupan hace tiempo en un convenio literario y de propiedad con la Bélgica, que es cabalmente el mismo que nosotros debiéramos realizar con la América española, puesto que en el Perú, Méjico, Venezuela, etc., nos tratan como estrangeros, y reimprimense nuestras obras, quedando ya consideradas como traducciones.
Hemos mencionado el Escalda, rio notable de la Bélgica, y vamos antes de concluir este artículo, á dar sobre él algunos detalles históricos curiosos. Este rio, llamado por César Scaldis, y por Tolomeo Tabuda, es uno de los mas importantes de la Bélgica. Su curso no fué bien conocido de los romanos, porque los dos autores que acabamos de citar dicen que desembocaba en el Meusa: ad flumen Scaldim influit in Mosam. Plinio salvó este error, y diciendo que desembocaba en el Mediterráneo. Según este geógrafo, el Scalda era una frontera común entre la Bélgica gala y aquella en que los germanos se establecieron. Este rio tiene su nacimiento en Beaurevoir, en el departamento del Aisne, y baña á Cambray, Bonchain (dos ciudades que defienden la margen derecha) Denain, Valenciennes, Faniais y Condé. Entra en seguida en Bélgica, á la izquierda de Peruwelz y riega á Tournais, Oudenarde, Gante, Deudermonda y Amberes, donde tiene 500 metros de anchura; los Fuertes del Norte, San Felipe, la Cruz y Liko. Penetra en Holanda y se divide en dos ramas grandes que forman el Archipiélago Zelandés. El Scalda Oriental pasa por delante de Berg—op—Zoorn, corre entre las islas del Sur—Beveland y de Choten, y cae en el mar por debajo de Zeriksée en la isla de Schonvren, teniendo

martes, abril 08, 2008

Viage ilustrado (Pág. 211)

19 por 100; con la Francia de 18 por 100; con los Estados Unidos de 10 por 100; con la Prusia de un 6 por 100; con la Rusia de 4 por 100, y con el Brasil de 3 y 1/2 por 100.
En el comercio de esportacion, la parte proporciocional de la Francia ha sido de 43 por 100; la de los Paises Bajos de 20 por 100; la de la Prusia de 14 por 100; la de la Inglaterra de 7 por 100; la de los Estados Unidos de 1 por 100, y por último, la del Brasil de 1/2 por 100.
Los principales artículos de importación son: el café, el azúcar, las lanas, algodón, tejidos, telas de lana y de seda, cueros, cereales, vinos, arroz, madera, tabaco, aceite y granos oleaginosos.
Los principales artículos de esportacion son: las telas de cáñamo, de hilo y de estopas; el carbón de piedra, los paños y casimires; las telas de algodón, vidrio, zinc, caballos, clavos, hilo, máquinas, armas blancas, encages, tules y hierro fundido.
El comercio de tránsito ha adquirido en Bélgica un desarrollo inmenso de algunos años á esta parte: Amberes y Ostende han llegado á ser los puertos de arribada de las mercaderías de Alemania. La facilidad de los medios de trasporte, la exección de derechos que disfrutan las mercancías depositadas en los almacenes de aquellas ciudades, han favorecido considerablemente este comercio.
Durante el año 1843 entraron en los puertos de la Bélgica 1,936 buques, 451 belgas y 1,503 estrangeros, que componían 233,893 toneladas. El puerto de Amberes recibió en 1812 1,384 buques, 283 belgas y 1,101 estrangeros; y en 1843 1.339,239 belgas y 1,300 estrangeros. Sin embargo, el año 1843 hubo una disminución en los buques nacionales empleados en navegaciones largas. La marina mercante del puerto de Amberes se componia en 1844 de 52 barcos de vela que navegaban con pabellon estrangero y que formaban 1,336 toneladas; y por último, de 2 barcos de vapor.
Al separarse la Bélgica de la Holanda, se encontró sin colonias: un pensamiento humanitario, religioso y comercial decidió en 184l á un gran número de personas de todas clases á formar una compañía de colonización, que adquirió legalmente y para siempre en Guatemala, el puerto y distrito de Santo Tomas, de una ostensión de 1.308,090 fanegas. Este establecimiento, situado en el centro de una comarca fértil, parece destinado á un brillante porvenir. Ya la compañía ha esportado á los nuevos colonos mas de 400,000 francos ó sea 1.600,000 reales próximamente de productos belgas, tanto de sus almacenes como de consignación para la venta. ¡Ojalá las grandes naciones imiten el ejemplo de esta pacífica colonización, y aprendan que también pueden fundarse colonias útiles á la madre patria, sin derramar sangre!
Digamos algunas palabras de las principales ciudades. Bruselas, ciudad comerciante ó industriosa, es la residencia ordinaria del rey y del gobierno. El paseo del Parque es magnífico y está ornado de palacios y hermosas casas. Bruselas es patria del pintor Felipe de Champagne. No lejos de sus muros tuvo lugar la célebre batalla de Waterloo, que Napoleón perdió con su trono en 1815. En la misma provincia se ve á Lobayna, ciudad famosa en otro tiempo por sus fábricas de paño, y que no es conocida hoy mas que por su universidad y su cerveza. Su ayuntamiento es un admirable edificio.
La ciudad de Amberes, sobre el Escalda, es grande y hermosa, tiene un vasto puerto que puede contener mil buques y un inmenso astillero de marina. La patria de Rubens, Van Dyk, Teniers y de otros pintores eminentes. Su catedral es la maravilla de Bélgica; en ella se ve el famoso Descendimiento de la cruz de Rubens.
Gante, en la confluencia del Escalda, del Lys y de otros muchos rios y canales, que la dividen en veinte y seis islas, reunidas por trescientos puentes, tiene el honor de ser patria del gran emperador Carlos V. Es una ciudad fuerte, populosa y comercial.
Brujas, en la Flandes Occidental, fué desde el siglo XIII al XV una de las ciudades mas comerciales de Europa. En su catedral se ven los sepulcros de Carlos el Temerario, duque de Borgoña, y de su hija María. En la misma provincia se encuentra Ostende, ciudad fuerte y puerto de mar, cuyas ostras gozan de gran favor entre los inteligentes.
Antes de abandonar esta parte de la antigua Flandes holandesa, justo es mencionar todavía la villa de Bliet, actualmente plaza fuerte, situada en la ribera del mar, y que vio nacer á Wilhem Beukels, el inventor de poner y, apretar los arenques en banastas.
Cuando en 1536 el emperador Carlos V fué á visitar su reino de los Países Bajos, dijo acerca de esto á su hermana la reina de Hungría. «Margarita, Wilhem Beukels ha hecho mas por la ventura y prosperidad de los Países Bajos, que yo mismo á pesar de ser el emperador. Sin esse hombre mis vasallos de Flandes carecerían de una infinidad de talegos de oro que tienen encerrados en sus gavetas, y que les sirven perfectamente para los proyectos de rebelión contra su soberano. Con efecto, en Holanda se llamaba y se llama todavía el arte de embanastar los arenques el tesoro del Estado.
El Henao encierra á Mons, que fué tomada por Louis XIV en 1691, y que posee ricas ulleras en sus cercanías. No lejos de aquí está Jemmapes, donde Doumuriez derrotó á los prusianos en 1792. El suelo de esta provincia, señalado mucho antes, como todos los Paises Bajos, por ínclitas hazañas españolas, lo está también por brillantes victorias de generales franceses: la de Fontenoy por el mariscal Mauricio de Sajonia, las de Lens y de Steinkerque por el mariscal de Luxemburgo, la de Senef por el gran Condé, y por último las de Fleurus por Luxemburgo en 1790, por Jourdan en 1794 y por Napoleón en 1815.
Namur es una ciudad fuerte en la confluencia del Sambra y del Meusa, que fué tomada por Luis XIV en persona. En esta provincia se ven otras dos ciudades fuertes, Filipeville y Mariemburgo.
La provincia de Lieja posee una ciudad célebre del mismo nombre sobre el Meusa, que es grande y comercial, y donde se ven una fundición de cañones y una fábrica de armas de fuego. Es patria del compositor Grétry, á quien tan justamente puede considerarse como la gloria de la ópera cómica francesa. El viagero encuentra igualmente en estas provincias otras ciudades que conservan buenos recuerdos de las armas francesas: Rocoux, teatro de una victoria ganada en 1746 por el mariscal de Sajonia, y Laudano, donde él mariscal de Luxemburgo derrotó á los aliados en 1693. Spa posee un manantial de aguas minerales muy célebres.
La Bélgica tiene un gran número de canales y caminos de hierro que concurren maravillosamente á su prosperidad. En cuanto á su población es numerosa

lunes, abril 07, 2008

Viage ilustrado (Pág. 210)

blecimientos dedicados al hilado del lino por medios mecánicos. Para proteger el hilado del lino á mano, y conservar las ventajas del antiguo método de tejido, el gobierno ha establecido en Ath un taller modelo.
La Bélgica dedica sesenta y tres mil fanegas de su territorio al cultivo del lino, que está muy floreciente en las dos Flandes, y produce muchos millones de varas de lienzo, cuyo valor asciende á unos 140.000,000 de reales. La producción del lino ha ido aumentándose constantemente hasta 1,838: entonces disminuyó una décima parte, y en 1810, era de 104.000,000 de reales. La cordelería y las lanas, son un objeto importante de industria en Termonde, Amberes y el Hainaut. En Bruselas, Malinas, Brujas, é Ipres se fabrican encages cuya fama es europea.
La industria del algodón existe hace largo tiempo en Bélgica, y aun ha habido períodos en que ha infundido serios temores á la industria linera. La introducción en el continente de los métodos ingleses para la fabricación del algodón, data de 1797 á 1799. Se debe á Lieven Bauweus de Gante, que compró secretamente máquinas en Inglaterra, ajustó obreros muy hábiles, y aun se casó con la hija de uno de ellos; mas al tiempo de embarcarse para Gante, fué delatado y entregado al gobierno inglés: quedaron confiscadas la mayor parte de sus máquinas, y fué condenado al pago de 600 libras esterlinas, y á la deportación. Sin embargo, logró volver á Gante, y formó un establecimiento en donde se cardaba é hilaba el algodon. La república francesa y Napoleón le suministraron capitales, pero los acontecimientos de 1814 le arruinaron: murió pobre y olvidado, y su hijo estaba preso por deudas hace pocos años.
Las principales fábricas de hilados de algodón están situadas en Gante y en sus inmediaciones. Cuéntanse allí cincuenta y cuatro grandes establecimientos de esta clase: cinco para el estampado, y diez y nueve para el tejido. Hay también fábricas importantes en la Flandes Occidental, de las cuales salen anualmente ochenta mil piezas de percal. Bruselas, Courtray, Brujas y muchos pueblos del Hainaut, poseen igualmente telares en que se teje el algadon á mano.
La fabricación de paños, se hace especialmente en Verviers y en Lieja. El número total de fábricas asciende á ciento noventa y cinco, de las que setenta y cuatro poseen máquinas de vapor, que representan una fuerza de mil quínentos sesenta y dos caballos. Esta industria ocupa cuarenta mil obreros, que confeccionan anualmente cien mil piezas de paño que representan un valor de 120.000,000 de reales. El tejido de las telas llamadas merinos, y la fabricación de flanelas, han adquirido en Bélgica un grande desarrollo. En Bruselas, Lieja, Malinas, Verviers y Tirlemont, la confección de las telas y medias de lana, ha recibido un fuerte impulso. El valor comercial de la industria lanera en Bélgica, puede calcularse de 40 á 56.000,000.
La fabricación de los tapices ó alfombras, está concentrada en Tournay: su producto asciende á unos 560,000 reales.
La Bélgica no cuenta mas que algunas fábricas de sederia en Amberes y Lierre: su producto es de 24 á 28.000,000 de reales.
Las fábricas de cristales se encuentran en una situación bastante satisfactoria. Los derechos de introduccion con que se hallan cargados los cristales en Francia, Prusia y en los estados de la unión aduanera, han escluido casi enteramente estos artículos de los mercados de aquellos estados. Pero el tratado de alianza de la Bélgica con el Zollverin, ha abierto una nueva puerta á la industria del vidrio. Charleroi es el punto principal de la fabricación del vidrio y de las botellas. Val—Saint—Lambert, cerca de Lieja, y Namur, lo son de la fabricación de cristales; en Oiguies se hacen lunas de espejos. En 1839 se contaban en Bélgica cincuenta hornos, veinte y cuatro de ellos en actividad, que empleaban mil trabajadores, y producían por valor de 8.000,000 de reales. En 1841 la esportacion de vidrios ascendió á 2.524,000 reales, y la importación no escedió de 2.000,000. Los productos de esta industria pueden calcularse en 21.000,000 de reales.
La fabricación de papel por medios mecánicos va adquiriendo cada día mayor estensión. La Bélgica posee cincuenta fábricas de papel, cuyo producto es considerable. La de Maschin en el Mosa es la mas importante. La imitación de encuadernación de los libros franceses ha dado gran impulso al comercio de librería, y por consiguiente al del papel. En Alemania, Inglaterra é Italia es en donde tienen mas salida esas encuadernaciones; á pesar de su incorrección, su módico precio las hace preferibles. Sin embargo, hace ya algunos años que este ramo de comercio va en decadencia.
Las tenerías, este importante ramo comercial, se encuentra en un estado muy próspero, á pesar de los derechos con que se hallan gravadas las materias necesarias para la fabricación. Los despachos de cortezas para Inglaterra y Alemania son muy activos. Los productos de los cueros y curtidos ascienden á 14.000,000 de reales.
El refino de azúcar está concentrado en Amberes y en Gante. Cuéntense alli cincuenta y ocho refinos de azúcar exótica y ocho de indígena. Como la cerveza es la principal bebida del pais, su fabricación se halla en un estado muy floreciente. Las primas que la Holanda concede á la esportacion de los productos destilados, paralizan en Bélgica este ramo de industria.
El cultivo del tabaco ha tomado en Bélgica cierta estension: sus productos penetran cada vez mas por medio del contrabando en Alemania, Suiza y Francia.
La situación del comercio de la Bélgica con los estados estrangeros es de las mas halagüeñas. En 1843 las importaciones y esportaciones llegaron á la suma de 490.058,251 francos: es decir, 58.000,000 3/4 mas que en 1818. Esta suma se distribuyó del modo siguiente:
Importación (comun gen......... 288.087,665 fr.
Esportacion (id) …………............. 201.970,588
Esportaciones de productos
belgas …………………................ 142.069,162
Comercio especial (comprendido en la evaluación anterior) 376.316,443 francos. Importación en consumo 231.247,281 francos.
La Bélgica hace mas negocios con la Francia que los demás estados. Si se representa por 100 el comercio general, la Francia entrará por 28 y 1/2 en esta suma; la Inglaterra, por 15; los Paises Bajos por 20; la Prusia por 11; los Estados Unidos por 6, y el Brasil por 2 y 1/2.
En el comercio de importación, la proporción de los negocios hechos por la Bélgica ha sido: con la Inglaterra de 21 y 1/2 por 100; con los Paises Bajos de

domingo, abril 06, 2008

Viage ilustrado (Pág. 209)

das las ciudades importantes de la Bélgica están unidas á otras por vías navegables, y todos los centros de industria encuentran un trasporte fácil para sus productos.
Sin embargo, como si la Bélgica no tuviese todavía bastantes vías de comunicación, el primer acto de la asamblea nacional después de la revolución de 1831 fué la creación de muchos caminos de hierro. Desde aquella época los belgas trataban de enlazar el puerto de Amberes con el Mosa y el Rhin, con intención de sacar gran ventaja de este último rio. El camino de hierro que debía llegar hasta él, realizaba la idea de Napoleón que quería que Amberes fuese el principal puerto del Rhin. Ademas, la red de caminos de hierro que creó la Bélgica, debía consolidar la independencia del nuevo reino: fueron, pues, simultáneamente dos objetos, uno comercial y otro político, los que impulsaron á este pais á cubrir su territorio de caminos de hierro. En 1833, en el ministerio de Mr. Roger, las cámaras acordaron la creación de otros ferro—carriles, que se dirigiesen desde Malinas hacia la Prusia, por Lobayna, Lieja y Verviers: hácia Amberes, por Ostende, Termonde, Gante y Brujas, y hácia la frontera de Francia, atravesando á Bruselas y el Hainaut. Esta grande empresa nacional se acometió con tanta actividad, que en 1843 se inauguró la última sección de aquellos caminos de hierro que van desde Verviers á la frontera de Prusia. Asi es, que en nueve años se realizó el pensamiento de las cámaras. El número de las locomotoras, ascendía ya en 1844, á ciento cincuenta y nueve, que presentaban una fuerza total de siete mil novecientos cincuenta caballos. El movimiento general de los viageros en todo el conjunto de las vias de hierro, fué en el mismo año de tres millones trescientos ochenta y un mil quinientos veinte y nueve.
La Bélgica es después de la Inglaterra el pais mas favorecido en combustible mineral: la atraviesa una ancha zona de mineral de carbón, que sale á flor de tierra en Aquisgran, en Lieja, en Charleroi, y pasa por debajo de la ciudad de Mons. La estensión de esta especie de banda es de ciento once mil seiscientas veinte y cuatro fanegas. Cuéntanse en Bélgica trescientas veinte minas de carbón de piedra, en que se emplean treinta y siete mil ciento setenta y un obreros, y doscientas noventa y cuatro máquinas de vapor, y producen anualmente cuarenta millones ochocientas mil toneladas de carbón. Las dos terceras partes de esta masa de combustible, se consume en el mismo territorio y la tercera parte restante se esporta á Francia y Holanda. La Francia recibe anualmente cerca de seis millones de toneladas.
La Bélgica posee igualmente un gran número de minas de hierro, cuya abundancia no es la que menos ha contribuido á colocar á aquel pais entre los mas industriosos del mundo. El mineral se presenta con mucha riqueza en el Hainaut, en las provincias de Namur y de Lieja y en las orillas del Mosa. Los sitios ferruginosos presentan frecuentemente en la provincia de Namur diez y siete mil novecientos cincuenta y cinco varas de ancho, y otras cincuenta y nueve mil ochocientas cincuenta de largo. El mineral de la provincia de Luxemburgo suministra la calidad de hierro conocido con el nombre de hierro blando de las Ardenas. La producción de este metal puede calcularse para toda Bélgica cu trescientas cincuenta y cinco mil ochocientas cincuenta y ocho toneladas. Las provincias de Namur y de Luxemburgo entran en esta suma
por doscientas cincuenta y un mil seiscientas sesenta y cinco: mil seiscientos ochenta y siete trabajadores se emplean en las herrerías de las mismas provincias.
En 1838 se contaban doscientas veinte y una fábricas para la preparación del hierro. La industria particular había construido ciento treinta altos hornos de fundición, de los que solo noventa y ocho se hallaban en actividad. El escesivo desarrollo del trabajo metalúrgico habia producido el estancamiento de un gran número de establecimientos y detenido los progresos de aquella industria. Asi es, que en 1839 no existían ya mas que ciento diez y siete herrerías, de las que solamente había en actividad sesenta y nueve. Estas suministraron aquel mismo año, 88,000 toneladas de hierro, que representaban un valor de mas de 44,000,000 de reales. La actividad que se ha desplegado en la construcción de los caminos de hierro, parece que debe fomentar esta industria en Bélgica. En Lieja y en Huys, es en donde se prepara la hoja de lata. Se fabrican máquinas en Gante, Lieja, Bruselas, Verviers, Charleroy, Boussu y Tirlemont. La importación de máquinas asciende á 5.000,000, y la esportacion á 6.000,000. Hay fábricas de armas en Lieja, y de cuchillería en la provincia de Namur: en Lieja y Bruselas, se hacen instrumentos de cirugía. Las agujas se fabrican en San Nicolás, y los clavos en las provincias de Lieja y de Hainaut.
En 1839, se contaban en toda la Bélgica, mil cuarenta y cuatro máquinas de vapor, cuya fuerza total era de veinte y cinco mil quinientos doce caballos, seiscientas ochenta y nueva eran de alta presión, y trescientas cincuenta y cinco de baja. La provincia de Luxemburgo no poseia ni una sola hasta aquella época. Las cuatro quintas partes de estas máquinas estaban establecidas en el Hainaut, la Flandes Oriental y la provincia de Lieja. Catorce barcos de vapor navegaban ademas por las aguas de la Bélgica. El establecimiento de Seraing, cerca de Lieja, es el mas célebre en cuanto á la construcción de locomotoras. Jhon Cockrell, antiguo propietario de aquel establecimiento, ocupó hasta dos mil quinientos obreros y veinte y seis máquinas de vapor de la fuerza de mil caballos.
Las minas mas importantes de zinc que posee la Bélgica, son las de Altenberg, entre Lieja y Aquisgran, á legua y media de esta última ciudad. La principal mina de esta esplotacion, está situada en Angleur, junto á Lieja. Los terrenos que contienen la calamina, se estienden parte por Prusia, y parle por Bélgica: están considerados como territorio neutral por los dos gobiernos, y sometidos á un derecho común. El consumo anual de la calamina es de unos veinte mil pies cúbicos. Esta mina produjo en 1837, mas de tres millones de libras de zinc; en 1840, mas de siete millones, y en 1813 mas de once millones. En la esplotacion se ocupan mas de ochocientos individuos.
La industria linera, una de las mas antiguas de la Bélgica, está muy distante de encontrarse en condiciones prósperas : solo se sostiene por la Francia. Este estado de decadencia debe atribuirse á la lucha que existe entre el trabajo manual y el mecánico. En 1840 se contaban en Bélgica cerca de doscientas treinta mil trescientas noventa y seis hilanderías sumidas en su mayor parte, en la mas espantosa miseria, pues que los jornales eran sumamente mezquinos. En el mismo año, el número de tejedores ascendía á setenta y cuatro mil setecientos, y el de las piezas de lienzo que se fabricaban á cuatrocientas mil. Cuéntanse once esta—

sábado, abril 05, 2008

Viage ilustrado (Pág. 208)

normandos, los belgas principiaron á dedicarse a la agricultura: en seguida establecieron manufacturas. En el siglo X, ya eran muy numerosas, particularmente en Flandes. El conde Balduino el Jóven, estableció en aquella provincia muchos mercados, señaladamente en Brujas, Courtray, y Calais: en fin, llevó á Gante tejedores y bataneros, y aquella ciudad llegó á ser la mas comerciante y rica de Flandes.
Desde aquella época, la cria del ganado lanar y el cultivo del lino, se contaban en el número de los primeros ramos de la industria de la Bélgica, y las principales fuentes de su riqueza. Asi es que el comercio de paños y lienzos llegó á estar alli muy floreciente. A los flamencos es deudora la Inglaterra del arte de tejer los paños, y aun del de teñirlos.
El decreto espedido en 1199, por el conde Balduino de Constantinopla, para establecer en Flandes la uniformidad de pesos y medidas, puede dar una idea del grado de civilización á que ya habia llegado aquel pais á fines del siglo XII.
Las cruzadas detuvieron el vuelo de la industria belga; sin embargo, el arte de fabricar los tapices, practicado y perfeccionado por los belgas desde su regreso de aquellas espediciones, adquirió un grande desarrollo en Brujas y en Bruselas. En el siglo XIII, merced á las relaciones de las naciones del Norte con los italianos ó lombardos, volvió á florecer el comercio, formóse la liga anseática, y Brujas llegó á ser el almacén de depósito y el lugar de cambio de las mercaderías de Europa.
Eduardo III, rey de Inglaterra, vicario del emperador en Amberes, aseguró en 1339 por un privilegio, la salvaguardia de los negociantes flamencos que importaban á Bélgica las lanas de la Gran Bretaña. Los paños de Bruselas y de Lobayna alimentaban en 1349 á la Francia entera.
Gracias á la protección de los condes de Flandes, Gante sostenia también ya hacia tres siglos, el honor de sus manufacturas, cuando en 1391, la rebelión de sus habitantes destruyó su comercio: los obreros de sus fábricas emigraron á Lobayna. Esta última ciudad contaba en 1380, cuatro mil fábricas de paños, y mas de cincuenta mil obreros. Nivelles estableció en el siglo XIII las primeras fábricas de lienzos finos, conocidos con el nombre de batistas, cambrais y linones. Una sedición de los obreros en 1457, dió, como en Gante, un golpe mortal á la industria de Lobayna, y aquella industria se trasladó á Valenciennes, Cambrai, y Douai.
En el siglo XIV, Guillelmo Buckelz descubrió el medio de salar los arenques: desde entonces la pesca llegó á ser para la Bélgica un manantial inagotable de riquezas. Huys y Brujas fueron las ciudades que tuvieron mayor número de pesquerías. Mas tarde, Amsterdam se atrajo toda aquella industria. En el gobierno de la casa de Borgoña, fué cuando las artes y manufacturas llegaron entre los belgas al mas alto grado de prosperidad. La producción de las lanas habia sido, sobre todo, objeto de la atención de los flamencos. Felipe el Bueno, para honrar al comercio que enriquecía sus provincias, estableció en 1430 la orden del Toisón de oro.
Después de la rebelión de 1488, Brujas perdió simultáneamente sus privilegios y su comercio. Amberes los heredó y llegó bien pronto á una alta importancia comercial. Sus naves surcaban el Escalda, y trasportaban á lo lejos sus tejidos, damascos y terciopelos.
Las persecuciones que en otras partes sufrían los protestantes, condujeron á sus muros obreros industriosos: pero las guerras civiles y religiosas que asolaron á la Bélgica en tiempo de Felipe II, y las campañas de Luis XIV, arruinaron por fin su comercio, que fué á enriquecer á Amsterdam. Ademas, el tratado de Westfalia habia cerrado á los buques la entrada del Escalda, y dado de este modo á Amberes el último golpe que resonó en toda la Bélgica.
A principios del siglo XVIII, las principales ciudades comerciales de este pais, hicieron vanos esfuerzos para reconquistar la posición que la política europea se obstinaba en quitarlas. Las poblaciones de Brabante y de la Flandes, fijaron entonces su atención en la agricultura y la industria, y en esta época fué cuando se conquistaron á orillas del mar el pais de Waés y otros puntos.
Napoleón quiso fomentar el comercio y la industria de la Bélgica, protegiendo las manufacturas y abriendo el puerto de Amberes. Pero los destinos comerciales de esta ciudad infundieron recelos á los comerciantes de Londres, y la reunión de la Bélgica con la Holanda anonadó el porvenir que el emperador reservaba al primero de aquellos países. Bajo la dominación holandesa, Amberes fué levantándose parcialmente de su postración comercial, sin que por eso recobrase la Bélgica la elevada posición que habia perdido. Por último, este pais llegó á ser un reino independiente, pero antes de dar á conocer el impulso que la industria y el comercio recibieron con este acontecimiento, debemos manifestar los elementos de prosperidad con que la naturaleza habia dotado á la Bélgica, y que la inteligente actividad de sus habitantes ha sabido desarrollar.
La prosperidad comercial, industrial y agrícola de un pais, depende particularmente del estado de viabilidad de su territorio. Bajo este aspecto, la Bélgica lleva mucha ventaja á la Inglaterra, la Francia, y las demás naciones de Europa. Los belgas se han ocupado hace mucho tiempo en mejorar sus vias de comunicación. Ademas de los numerosos caminos vecinales, del Estado, y provinciales, presentan una longitud de mas de 16,000,000 de pies.
La Bélgica presenta una disposición hidrográfica de las mas favorables para la navegación natural y artificial. Su territorio está dividido por tres cauces ó álveos, el del Escalda, el del Mosa, y el del Issel, que ofrecen ventajas y condiciones notables para abrir líneas de navegación profunda. Asi es que las ciudades de Gante y de Brujas, poseían ya en los siglos XII y XIII los únicos grandes canales que entonces se veían conducir al mar barcos de vela. La navegación del Escalda Superior fué mejorada en el siglo XV. Durante el XVI, época en que Amberes adquirió la supremacía comercial, el Denle, el Selle y el Dyle, se hicieron navegables para los barcos del Escalda En 1550, Bruselas emprendió su célebre canal, cuya longitud es de 26,334 varas castellanas. En tiempo de Luis XIV, Vauban hizo abrir canales, aunque con un objeto puramente estratégico: por último, en el siglo XVIII, en tiempo de la dominación francesa y holandesa, se abrieron otros muchos.
La navegación natural de los rios, se estiende á 2.174,617 y 1/2 pies, cuya mayor parte está alimentada por la marea. Los canales están tan desarrollados como los rios: su estensión es de 2.553,416 y 1/2 pies. Merced á este sistema admirable de navegación, lo—

viernes, abril 04, 2008

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Sin embargo, la conferencia de Londres continuaba sus trabajos, y habia publicado ya un acta conocida con el nombre de Tratado de los veinte y cuatro artículos, á que Leopoldo se habia adherido antes de subir al trono. La Holanda conservaba los límites señalados en otro tiempo a las Provincias Unidas: el Luxemburgo continuaba formando parte de la Confederación germánica: la Bélgica formaba un estado libre bajo la garantía de las cinco grandes potencias: se hacia cargo de las deudas que antes de la formación del reino de los Paises Bajos pesaban sobre su territorio, y por último quedaba libre la navegación de los ríos y canales. Pero Guillelmo negó su adhesión á aquel tratado, y el 2 de agosto atacó á la Bélgica.
Esta guerra no fué de larga duración; pero fué suficiente para manifestar á los holandeses su poder. Sin un pronto socorro enviado por la Francia á las órdenes del mariscal Gerard la hubiera sido á la Bélgica muy difícil resistir, aunque el nuevo monarca habia dado reiteradas pruebas de sabiduría y de valor. La Holanda no podia hacer frente á las fuerzas reunidas de dos naciones; al punto se concluyó un armisticio, y el 9 de agosto de 1831 se firmó una tregua de seis semanas.
El 6 de agosto del año siguiente Leopoldo casó con María Luisa, hija primogénita del rey de los franceses, y de este modo unió á su partido á los belgas, que deseaban ver en el trono á un príncipe de la familia de Orleans. Poco tiempo después (11 de octubre) la conferencia de Londres reconoció la necesidad de emplear medidas coercitivas para compeler á la Bélgica y á la Holanda á que recíprocamente evacuaran territorios que no las correspondían según el Tratado de los veinte y cuatro artículos; y el 22 del mismo mes, vista la negativa de las cortes del Norte, la Francia y la Inglaterra firmaron un tratado con aquel objeto: declararon á la Holanda que en caso de oponerse procederían al embargo de sus buques, y que ademas un ejército francés pasaría la frontera para apoderarse de la ciudadela de Amberes. El gabinete de la Haya no hizo caso de aquellas amenazas, y las potencias aliadas las pusieron en ejecución. La ciudadela de Amberes era fuerte, y lluvias abundantes habían descompuesto y ablandado el terreno: la ciudad debía ser neutral y las operaciones militares se encontraban muy circunscritas. Mas no por eso dejó el mariscal Gerard de principiar el sitio y de proseguirle con estremado vigor. Después de veinte y cuatro dias de trinchera abierta, el general Chassé capituló y se entregó prisionero con las tropas que tenia á sus órdenes. El general Gerard se comprometió á ponerle en libertad, cuando fuesen devueltos á la Bélgica los fuertes de Lillo y de Liefkenshoek, situados á orillas del Escalda. Pero el rey Guillelmo se negó á ratificar esta última condición: contaba con el apoyo de las potencias del Norte, y pensaba que un cuerpo de ejército prusiano que habia de observación en la frontera, pasaría el Rhin y acudiría en su auxilio. Cuando vio que se habia engañado, que la ciudadela de Amberes estaba tomada, y que los buques franceses é ingleses causaban mucho daño á su comercio, pensó en negociaciones. El 16 de mayo de 1833 se trato de común acuerdo de un armisticio indefinido, y el 21 se firmó un convenio provisional que establecía la libertad del Escalda, sometía el pontazgo del Mosa á la tarifa de Maguncia, mantenía el statu quo territorial, comprendiendo en él al Luxemburgo, alzaba el embargo de los buques holandeses, y devolvía la libertad á lodos los prisioneros de aquella nación, que se hallaban en Francia desde la toma de Amberes.
Sin embargo, la casa de Orange contaba todavía numerosos partidarios, y cuando el gobierno secuestró los bienes que poseía en Bélgica, estallaron murmullos en muchas ciudades, particularmente en Gante, Lieja, Amberes y Bruselas. Entonces el pueblo se irritó y cometió graves violencias: en Bruselas saqueó las casas de los principales orangistas, (llamaban asi á los partidarios de la familia destronada) y costó mucho tra-bajo restablecer el orden.
El gobierno del rey Leopoldo dedicó toda su atención á hacer que volviese á florecer el comercio belga, que la revolución habia aniquilado casi completamente; en 1838, una crisis afligió al banco, que se vio obligado á suspender sus pagos; el gobierno acudió á su socorro, y bien pronto se disipó la inquietud.
El 14 de marzo de aquel mismo año, la Holanda manifestó á la Bélgica que estaba pronta á aceptar el Tratado de los veinte y cuatro artículos. Aquella notificación produjo en el reino un movimiento estraordinario, porque desde 1830, el Luxemburgo y el Limburgo se habían identificado en la Bélgica, y contaban representantes en las dos cámaras. De todas partes enviaron felicitaciones al gobierno, enarbolaron los colores brabanzones, y el pueblo hizo las mas enérgicas reclamaciones. Leopoldo, sin embargo, se vio obligado á ceder por la retirada de los representantes de Prusia y Austria, y la Bélgica tuvo que contentarse con la parte wallona del gran ducado de Luxemburgo, y abandonó toda la provincia del Limburgo. Un tratado subsiguiente, (19 de octubre de 1842), tuvo por objeto concluir la liquidación de deudas á cargo de la Holanda y de la Bélgica: esta última no tuvo que satisfacer mas que una renta anual de 5.000,000 de florines, en lugar de los 8.400,000 que la habia impuesto el tratado de 15 de noviembre de 1831.
El mismo año se descubrió una conspiración formada para volver á colocar en el trono al príncipe de Orange. Los generales Vandermeer y Vandersmisen se encontraban á la cabeza de aquel movimiento. Entregados á los tribunales, fueron condenados á muerte, pero el rey les conmutó la pena en la de veinte años de presidio, y aun habiéndose fugado Vandersmisen, indultó á Vandermeer, con condición de que se espatriase y marchase á América. De los debates del proceso resultó que los conjurados habían tenido á su disposición inmensos recursos, y casi resultó probado que una potencia estrangera les facilitó el oro para promover disturbios en Bélgica. Aun ahora, este reino no está todavía tranquilo: los dos partidos que se habian amalgamado para derribar del trono á Guillelmo, se han dividido y se hacen una guerra encarnizada. Hasta el dia, el partido religioso lleva la ventaja, pero los republicanos adquieren continuamente nuevas fuerzas, y la lucha llegará bien pronto á equilibrarse.
Después de esta relación histórica, bueno será entrar en algunos pormenores acerca de su industria y de su comercio. La Bélgica puede contarse entre los paises mas industriosos de Europa: sin embargo, hasta el siglo IX, no presentó mas que el cuadro de la ociosidad y de la miseria: cubierta de lagunas y de bosques, estaba asolada por los bandidos, y los piratas que recorrían sus mares, interceptaban todas sus relaciones marítimas. Libres ya de los destrozos de los

miércoles, abril 02, 2008

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naut, Namur y Lieja. El 1.° de febrero de 1814 los prusianos entraron en Bruselas, y se apresuraron á establecer alli un gobierno provisional: atravesaron luego las fronteras de la Francia, y después de heroicos, pero inútiles esfuerzos, Napoleón partió para el destierro.
Los aliados no sabían qué hacer de su conquista: el Austria conocia muy bien que debia renunciar á la Bélgica, y que aquel pais mas bien seria para ella una carga que una ventaja. El congreso de Viena, sordo á las quejas de los belgas, decidió que las antiguas provincias unidas de los Países Bajos y las provincias bélgicas formarían con los límites que ulteriormente se fijasen, y bajo la soberanía del príncipe de Orange—Nassau, el reino de los Países Bajos. Aquella decisión fué confirmada el 31 de mayo de 1815 por un tratado concluido entre los Países Bajos, la Inglaterra, el Austria , la Prusia y la Rusia.
Durante los Cien dias, la Bélgica fué el teatro de la guerra. Podía creerse que después de haber participado largo tiempo de los gloriosos destinos del imperio, aquel pais sostendría á su antiguo soberano y le prestaría el auxilio de sus armas. No sucedió asi: los belgas, sea por cansancio ó por desmoralización, combatieron en las filas de las enemigos de la Francia y se distinguieron en ellas á las órdenes del príncipe de Orange. Vencedor primero en Fleurus y en Ligny, el emperador se estrelló en Waterloo contra el número de sus adversarios y la traición de sus generales. Pero aquellos acontecimientos no ejercieron influencia ninguna sobre la Bélgica, y en nada se alteraron las disposiciones del congreso de Viena.
El rey de Holanda temia á sus nuevos subditos, y el objeto constante de su política fué el quitarlos su nacionalidad. Las injusticias y exigencias de su gobierno indignaron á la Bélgica sometida á disposiciones rentísticas opresoras, y admitida en la representación general en una proporción insignificante. La prensa levantó su voz: Potter especialmente reclamó con energía en nombre de la nacionalidad ultrajada, y fué preso. Pero el impulso estaba ya dado: los periódicos reclamaron con nueva energía; el partido republicano y el clero hicieron causa común y se unieron contra los holandeses: por último, el pueblo se amotinó y por todas partes estallaron sediciones. Cuando la revolución de 1830 espulsó de Francia á la rama primogénita de los Borbones, la Bélgica respondió con entusiasmo al grito de libertad, y el 25 de agosto hubo movimientos de insurrección en Bruselas. Desde la capital se propagó rápidamente la revolución por las provincias, y por todas partes se proclamó la emancipación del pais. Asustado el rey Guillelmo, convocó los Estados en asamblea estraordinaria para el 13 del mes de setiembre, y les anunció que se ocuparían del examen de las quejas por las que la Bélgica habia tomado las armas. Pero al mismo tiempo hacia avanzar un ejército á las órdenes de su hijo segundo Federico. Entonces se formaron cuerpos de voluntarios que corrieron á la defensa de la capital amenazada. Los holandeses entraron en Bruselas el 23 de setiembre: cuatro dias después fueron arrojados de ella por los patriotas mandados por Van—Halem y por el general francés Merlin.
Este triunfo aumentó el entusiasmo y la audacia: establecióse un gobierno provisional, y se adoptaron los tres colores brabanzones. Ath se sublevó y puso en campaña su artillería y un cuerpo de voluntarios: Charleroi abrió sus puertas: Tournay, Mouns, Namur, Dínant, Huy, Philippeville, Marienburgo, Arlon y Gante hicieron otro tanto: por manera que desde principios del mes de octubre la mayor parte de la Bélgica había sacudido el yugo holandés.
El 5 del mismo mes el príncipe de Orange llegó á Amberes con el título de gobernador general de la Bélgica. Este príncipe, dice Mr. Van Hasselt, era muy querido en aquellas provincias por sus modales francos y carácter caballeresco. Se había distinguido en la batalla de Waterloo, en la que había combatido á la cabeza de los belgas: luego, á principios de la insurrección de Bruselas, el 1.º de setiembre se presentó casi solo en medio de la multitud amotinada, y procuró una avenencia. Habia creado una comisión encargada de examinar las medidas que debían tomarse; pero el regreso de una diputación que habia sido enviada á la Haya para hacer presente al rey el estado de las cosas, desvaneció al dia siguiente todas las esperanzas que la llegada del príncipe habían hecho concebir (1).»
Bien pronto se conoció, en efecto, que el rey solo deseaba ganar tiempo, y que para conseguir este objeto procuraba esplotar el nombre popular de su hijo. No habiendo producido ningún resultado el viage de aquel príncipe, Guillelmo revocó el 20 de octubre los poderes que le habia dado, y el bombardeo de Amberes, que comenzó poco después, probó que en adelante era ya imposible todo pacto entre los dos paises. Al mismo tiempo el congreso nacional proclamaba la independencia de la Bélgica, escepto las relaciones del Luxemburgo con la Confederación germánica, declarando que la forma de gobierno seria monárquica, y que la casa de Orange—Nassau quedaba destituida del trono. La nueva constitución quedó concluida el 7 de febrero de 1831.
La Bélgica era libre; pero no sabia qué hacer de su libertad. Tres partidos tenían probabilidades de triunfo: el primero queria desde luego la reunión de aquel pais á la Francia; pero en vista de la oposición de los mas celosos católicos, pidió que se eligiera por rey al duque de Nemours: el segundo, á cuya cabeza se hallaba Potler, proponía el establecimiento de una república católico—democrática: y por último, el tercero pretendía que la regencia pertenecía de derecho al príncipe de Orange. El primer parecer fué el que prevaleció: el congreso por una gran mayoría ofreció la corona al duque de Nemours. Pero Luis Felipe la rehusó, porque temia irritar á las potencias de Europa, que entonces tenian sus plenipotenciarios en Londres para arreglar los asuntos de la Bélgica. El congreso nombró entonces un regente provisional y recayó la elección en Mr. Sarlet de Chockier.
En la reunión siguiente (29 de marzo de 1831) el congreso se ocupó primero del ejército y de la hacienda; luego volvió á tratar de la elección de un rey, y con gusto de la Inglaterra los sufragios recayeron en el príncipe Leopoldo de Sajonia—Coburgo. Aquel príncipe aceptó, prestó juramento á la constitución el 21 de julio de 1831, el regente hizo dimisión de sus funciones y el congreso declaró terminada la legislatura: en fin, el nuevo monarca convocó los colegios electorales para el 29 de agosto, y la apertura del senado y cámara de los representantes para el 8 de setiembre siguiente.

(1) Historia de la Bélgica y de la Holanda, página 492.

martes, abril 01, 2008

Viage ilustrado (Pág. 205)

ner contra las fuerzas austriacas, y envió una diputación á la Asamblea nacional de Francia reclamando su apoyo (febrero de 1790.)
Pero la Francia estaba demasiado ocupada con sus propios asuntos para intervenir en los de Bélgica: la Asamblea se contentó con proponer al Austria su mediación, con condición de que los Países Bajos eligiesen un gefe constitucional en la familia del emperador, y que las provincias belgas tendrían una representación libre y electiva en los tres órdenes, al arbitrio de la nación.
Estas condiciones fueron desechadas por el ambicioso Van—der—Noot, que prohibió hasta que se publicasen: por otra parte, los belgas combatían menos por su libertad que por la conservación de su religión y sus comunidades religiosas, y un acontecimiento importante vino á cambiar entre ellos el estado de los partidos. Murió José II, y su sucesor Leopoldo, apenas fué coronado, (30 de setiembre de 1790) publicó una declaración en que decía que se había concertado con la Prusia, la Holanda y la Inglaterra, y se comprometía solemnemente bajo la garantía de aquellas tres potencias, á mantener las constituciones de las provincias belgas, en el estado que tenían en el reinado de María Teresa: á conceder con respecto á los actos de la revolución, una amnistía completa, sin esceptuar de ella mas que á los que impidiesen que aquella declaración llegase á conocimiento del pueblo, y á introducir en la organización de los Estados, constitucionalmente y de acuerdo con ellos, las modificaciones que reclamase el interés público Los belgas tenian de plazo hasta el 21 de noviembre para adoptar un partido, pasado el cual, si los Estados no habían prestado su sumisión, el ejército austriaco invadiría el pais, y cesaría de ser aplicable la amnistía á los que permaneciesen en la insurrección.
Aunque sin recursos estrangjeros los Estados belgas resolvieron continuar la resistencia; pero la noche misma del dia en que espiraba el plazo, después de muchos pasos infructuosos, convinieron unánimemente en que no podían tomar otro partido que el de elegir gran duque hereditario de la Bélgica al archiduque Carlos, hijo tercero de Leopoldo, con condición de que aquella dignidad, jamas podría confundirse con la de gefe de la casa de Austria, ó cualquiera otro soberano, cuyos demás estados no le permitiesen residir en el pais, ni gobernarle por sí mismo. Pero el feld—mariscal Bender no hizo caso de aquella su misión á medias: pasó el Mosa el 23 de noviembre, y dos días después, una capitulación concluida bajo las bases de la declaración del emperador, le entregaba á Namur. Continuó su marcha, y los Estados de Brabante se decidieron á prestar su sumisión: en poco tiempo toda la Bélgica volvió á la dominación austriaca, y Van—der—Noot se vio precisado á retirarse á Holanda.
Por un convenio firmado en la Haya, las tres potencias garantizaron la soberanía de la Bélgica al emperador, que por su parte confirmó las constituciones, los privilegios y las costumbres de las provincias belgas, y publicó una amnistía casi general. Todas las innovaciones de José II quedaron abolidas: la archiduquesa María Cristina y el duque Alberto de Sajonia Teschen, fueron repuestos en el gobierno, y por último, el conde de Mercy—Argenteau fué nombrado ministro plenipotenciario del emperador.
No reinó largo tiempo la buena inteligencia, porque hacia fines de 1791, el gobierno austriaco llegó otra vez, como en la época de la primera insurrección, á enagenarse la voluntad de todos los partidos. La constitución francesa de 1791, había declarado que la Francia renunciaba á emprender ninguna guerra con la mira de hacer conquistas, y que jamás emplearia sus fuerzas contra la libertad de ningún pueblo: los descontentos belgas apelaron á aquella potencia. La guerra era entonces inminente entre la Europa y la Francia, y aun ya habían comenzado las hostilidades, la Prusia reunida con el Austria habia invadido la frontera francesa, pero la batalla de Valmy las arrojó del territorio, y bien pronto un ejército republicano se abrió entrada en la Bélgica por la batalla de Jemmapes, y conquistó todas las provincias hasta el Mosa. Esta invasión, á la que seguían los emigrados belgas, capitaneados por Van—der—Meersch, fué acogida con el mayor entusiasmo, porque los franceses declararon libre la navegación del Escalda.
Pero aquel entusiasmo no fué de larga duración, habiendo ofendido los franceses á los belgas en sus creencias, se unieron á los austriacos, y vieron con júbilo á sus antiguos aliados rechazados al otro lado de sus fronteras: con todo, el ejército republicano no tardó en tomar la ofensiva: forzó á los austriacos á levantar el sitio de Maubeuge, se estableció en los principados de Chimay y de Beaumont, se apoderó de Messines, Warneton y Commines, y en una palabra, aquella campaña (1794) no fué para la Francia mas que una larga serie no interrumpida de victorias: la batalla de Fleurus la aseguró definitivamente la posesión de la Bélgica. El ejército francés penetró hasta en Holanda, y el 16 de mayo del año siguiente los Estados generales concluyeron con la Francia un tratado que estipulaba las relaciones recíprocas de las dos repúblicas. Las Provincias Unidas fueron reconocidas libres, pero con condiciones muy duras: tenian que ceder á Venloo, el Limburgo holandés, Maestricht y la Flandes zelandesa: abandonar el derecho de ocupar á Flesinga: conceder á los buques franceses la libre navegación del Rhin, del Escalda y del Mosa: comprometerse á pagar 100.000,000 de florines por gastos de guerra: y por último, obligarse á mantener en tiempo de guerra un cuerpo de ejército de 20,000 franceses á las órdenes de un general de la misma nación. Este tratado cimentaba ademas de un modo formal la conquista de la Bélgica: el 1.° de octubre se proclamó solemnemente la incorporación de este pais y del principado de Lieja á la república francesa. Comisarios franceses recorrieron el pais y le dividieron en nueve departamentos: el del Lys, capital Brujas; el del Escalda, capital Gante; el de los Dos Nethes, capital Amberes; el del Dyle, capital Bruselas; el del Mosa Inferior, capital Maestrich; el del Ourthe, capital Lieja; el de Jemmapes, capital Mons; el de Sambre y Mosa, capital Namur, y el de los Vosges, capital Luxemburgo. Desde aquella época las provincias belgas han compartido la suerte de la Francia, y durante el consulado y el imperio su historia se confunde con la de este pais. Ademas, el emperador Francisco II por el tratado de Campo Formio, concluido el 17 de octubre de 1797, renunció todos sus derechos sobre los Paises Bajos.
Pero la victoria, por largo tiempo fiel á los franceses, los abandonó al fin: la Bélgica fué invadida por los ejércitos de la coalición, que bien pronto estuvieron en posesión de la Flandes, el Brabante, Hai—

lunes, marzo 31, 2008

Viage ilustrado (Pág. 204)

la Francia, alianza que deseaba ya hacia veinte y cinco años, y que acababa de estrechar el matrimonio de Luis XVI con la hija de María Teresa, decretó la demolición de la fortalezas belgas, y obligó de ese modo á los holandeses á abandonar el suelo de aquel pais en 1782. Estos se quejaron, mas por el pronto no hubo ningún rompimiento: por último, habiendo sobrevenido otras dificultades, los Estados generales reclamaron el nombramiento de comisarios para terminar las diferencias. Las pretensiones de José II eran muchas; exigía la reposición de los límites de la Flandes al estado que les señaló el convenio de 1664; la demolición de algunas fortalezas, la cesión de diversas localidades disputadas, el pago de cuantiosas sumas que los Estados generales debían por suministros hechos á sus tropas, y por último, la evacuación de Maestricht y del condado de Uroenhoven en el antiguo pais del otro lado del Mosa (mayo de 1784.) Después de largas negociaciones, el emperador hizo entrega á los comisionados holandeses su ultimátum, cuyas principales condiciones eran: la libre navegación del Escalda; libertad de comercio con las Indias, y el derecho de arreglar el arancel de aduanas como le pareciese mas conveniente. A aquel ultimátum siguieron las vias de hecho, y asustados los holandeses con la vista de algunos regimientos alemanes que habían llegado á sus fronteras, inundaron una cantidad considerable de polders belgas. Temiendo entonces la Francia que la Holanda no se echase otra vez en brazos de la Inglaterra, ofreció su mediación. Abriéronse conferencias en Versalles, y un tratado formado en Fontaneibleau el 8 de noviembre de 1785, puso fin á aquellas disensiones. Un artículo de aquel tratado reconoció en las dos potencias el derecho de hacer los reglamentos de comercio que mejor les pareciese, y establecer aduanas y portazgos en sus estados: por otro se declaró que los límites de la Flandes se restablecerían bajo el pie del convenio de 1664; los Estados generales fueron mantenidos en la posesión de tener cerrado el Escalda; y para obtener que José II renunciase todos sus derechos sobre Maestricht, y otras localidades del pais del otro lado del Mosa, se obligaron á pagarle los 10.000,000 de florines convenidos cuando los preliminares, y abandonarle los fuertes Kruyschans, Federico Enrique, Lillo Liefkenhoock.
Las primeras reformas de José II en la administración interior del pais, fueron todas religiosas: citaremos únicamente el decreto de 13 de octubre de 1781 sobre la tolerancia; el de diciembre del mismo año, que prohibía dirigirse á la corte de Roma en solicitud de dispensas, y mandaba a los obispos que las espidiesen; el de 17 de marzo de 1783,que declararaba la intención que tenia el emperador de suprimir ciertos monasterios y destinar sus rentas á un uso mas útil ó interesante, que el que de ellas se habia hecho hasta entonces. Pero la medida que llevó al mas alto punto el descontento del clero, fué el establecimiento del seminario general: el decreto por el cual se creaba, (16 de octubre de 1786) prohibía admitir en lo sucesivo en las órdenes religiosas á los jóvenes que no hubiesen cursado cinco años de teología, en el seminario general de Lobayna, ó en el de Luxemburgo: los seminarios episcopales quedaban suprimidos y convertidos en presbiterios.
Semejantes reformas introducidas bruscamente en un pais que por largo tiempo habia sido teatro de guerras religiosas, debian escitar en él sediciones. Sin embargo, la oposición no llegó á ser realmente formidable, hasta que José II amenazó también al orden civil con un trastorno completo: por un decreto de 1.° de enero de 1787, se sustituyó un solo consejo á los tres colaterales: las provincias, divididas en nueve círculos, debian ser administradas por otros tantos intendentes: las diputaciones permanentes eran suprimidas y reemplazadas por cinco diputados para todo el pais, agregados al consejo de gobierno, que era nombrado, es cierto, por los Estados, pero cuya elección no era válida hasta que fuese ratificada por el mismo gobierno. En cuanto á los Estados, no conservaban mas que el votar los subsidios; la administración de las provincias se les arrancaba para pasarla á manos de los intendentes. La organización judicial, quedaba igualmente, alterada: todos los tribunales existentes, á escepcion de los militares, eran suprimidos y reemplazados por sesenta y cuatro juzgados de primera instancia, dos audiencias de apelación, y un tribunal supremo con residencia en Bruselas, que entendería en los negocios en que hubiese lugar á revisión.
Bien pronto se abrió la Asamblea de los estados de Brabante, que celebraba sus sesiones dos veces al año, en marzo y octubre. Sus primeras sesiones se señalaron por una fuerte oposición, y por su negativa á votar las contribuciones hasta que se derogasen las disposiciones contrarias á la constitución del pais. Un abogado del consejo de Brabante, Enrique Van—der—Noot, que ya se habia dado á conocer por una memoria muy atrevida sobre los derechos del pueblo brabanzon, y los ataques que se les dada en nombre del emperador, contribuyó á organizar en Bruselas compañías de voluntarios, que bien pronto se multiplicaron por toda la Bélgica, y formaron el núcleo de un ejército nacional. En la siguiente legislatura de los Estados de Brabante, el clero y la nobleza no se atrevieron á persistir en su oposición, y concedieron los subsidios, pero el tercer estado los negó, y los Estados de Rainaut siguieron su ejemplo. El emperador quiso emplear la violencia: disolvió los Estados de Hainaut y de Brabante y el consejo de esta última provincia. Entonces llegó á su colmo la exaltación: una multitud de jóvenes empuñaron las armas cerca de Breda, y se pusieron a las órdenes de Van—der—Meersch, coronel belga que se habia distinguido en servicio de la Francia. En un manifiesto publicado el 24 de octubre de 1789, el pueblo brabanzon declaró al emperador José II depuesto de la soberanía del ducado de Brabante, y poco después Van-der-Meersch, consiguió sobre los austriacos una brillante victoria. Entonces los Estados de Flandes decretaron su unión con el Brabante, la destitución del emperador y el levantamiento de un ejército de 20,000 hombres. Los gefes austríacos, poseídos de un terror pánico, huyeron de Bruselas, corrieron á encerrarse en la fortaleza de Namur, y dieron orden á sus tropas para que evacuasen el pais sin disparar un solo tiro. Casi al mismo tiempo los Estados de las provincias que acababan de emanciparse, enviaron representantes á Bruselas para celebrar allí una asamblea general. En ella se decidió que aquellas provincias formarían una confederación con el nombre de Estados Bélgicos Unidos, y que gobernaría el pais un congreso soberano.
Sin embargo, la Bélgica temía no poderle soste—

domingo, marzo 30, 2008

Viage ilustrado (Pág. 203)

dificultad con los stathouders de Holanda, y aun mucho mas ocupados en atacar á la Francia. La índole de esta obra no nos permite indicar las operaciones de todas aquellas guerras: es bien sabido, que cuando Richelieu resolvió destruir el poder de la casa de Austria, dirigió sus principales esfuerzos contra las provincias belgas, y que poco después el Artois y una parte de la Flandes, fueron incorporadas á la monarquía francesa; también son conocidas las rápidas conquistas de Luis XIV, y los tratados que las siguieron. El de los Pirineos, (7 de noviembre de 1659) le adjudicó en el Artois, á Arras, Hesdin, Bapaume, Lila y Lens: en la Flandes, á Gravelinas, Bourbourg y Saint—Venant: en el Hainaut, á Landrecies, Quesnoy, Avesnes, Mariembourg y Fhilippeville: en Luxemburgo; á Thionville, Montmedi y Dampoilliers. La Francia por su parte, devolvió á la España, Iprés, Oudenarde, Dixmude, Furnes, Merville, Menin y Commines. El tratado de Aquisgran, firmado el 2 de mayo de 1668, aseguró á la Francia las conquistas que habia hecho en la Bélgica, es decir, Charleroi, Biuche, Ath, Douai, Tournay, Oudenarde, Lila, Armentieres, Courtray, y Furnes, por la restitución del Franco—Condado. El de Nimega (10 de agosto de 1678) devolvió á la España, Charleroi, Biuche, Ath, Oúdenarde y Courtráy, con sus prebostías, castellanías y
dependencias, pero aseguro á Luis XIV el Franco—Condado, el Cambresis y las ciudades de Valenciennes, Bouchain, Condé, Aire, Saint—Omer y sus dependecias; Iprés con su castellanía, Werwick, Warneton, Poperinga, Bailleul, Cassel, Bavai, Maubenga y sus dependencias. Este estado de cosas fué confirmado con algunas variaciones por el tratado de Ryswik en 1697.
Cuando murió el rey de España Carlos II, (1.° de noviembre de 1700) toda la Europa se coaligó contra Luis XIV, cuyo nieto habia sido instituido heredero universal del monarca difunto. Las sangrientas derrotas de Hochstret, Turin, Ramillies, Oudenarde y Malplaquet, obligaron á la Francia á humillarse, y Luis XIV consintió en una separación definitiva y perpetua de las coronas de Francia y España. Bien pronto la muerte del emperador José I, (1711) que dejó el imperio al archiduque Carlos, pretendiente cuya
causa defendían los aliados, hizo que se escuchasen mas favorablemente las pretensiones de la Francia: por la paz de Utrecht (1713), Luis XIV abandonó algunas
de sus conquistas, y se segregó de la monarquía española á la Bélgica, que fué abandonada al emperador Carlos VI. Este durante un año continuó todavía la guerra contra la Francia, mas por último, fatigado de luchar solo, firmó la paz de Rastadt el 6 de marzo de 1714.
En esta época, á consecuencia de la debilidad y descuidó de los sucesores de Felipe II, la Bélgica se encontraba tan desguarnecida, que la Holanda, para velar por su conservación, ocupaba la mayor parte de sus fortalezas. El emperador se vio obligado á tratar con los Estados generales, estos se proponían dos cosas: asegurar por medio de la Bélgica la defensa dé su territorio, y hacer imposible toda concurrencia comercial por parte de este país. Para conseguir este doble objeto, concluyeron un tratado con el emperador. Consiguieron el derecho de tener guarniciones en Namur, Tournay, Meuin, Furnes, Warneton, Iprés, en el fuerte de Knoqué, y la mitad de la Termonde: el de ocupar é inundar en caso de guerra la parte de la Bélgica, situada entre el Escalda y el Mosa hasta el Demer: el de exigir cada año á título de subsidio, 1.250,000 florines, con hipoteca de las mejores rentas de las provincias; á todo esto es necesario añadir la cesión de una parte de la Gueldres y de la Flandes, la prohibición del paso por el Escalda, y la promesa de no hacer alteraciones en una tarifa recientemente establecida, y muy perjudicial para la Bélgica. Asi es que la publicación de aquel tratado hizo estallar murmullos tan amenazadores, que el emperador y los Estados generales tuvieron que volver á ocuparse de aquella acta: diputados belgas fueron agregados á los plenipotenciarios, pero en último resultado, las únicas modificaciones que pudieron conseguir fué el levantar la hipoteca prometida para seguridad del pago del subsidio, una reducción en la cesión territorial y en el capital de la deuda, (22 de diciembre de 1718.) Continuaron los murmullos, y si no pueden atribuirse esclusivamente al descontento que provocó el tratado de la Barrera las sublevaciones que estallaron, tanto en Malinas como en Bruselas, y que concluyeron con el suplicio del desgraciado Aguesseus, es indudable que contribuyeron mucho á ellas.
A la muerte del emperador Carlos VI, costó mucho trabajo á María Teresa el recoger su herencia; luchó casi sola contra la Francia, la España, la Prusia y la Baviera. Aquella guerra fué la señal de una nueva invasión de la Francia y la Bélgica. Las ciudades de la barrera no opusieron mas que una resistencia muy débil: Luis XV consiguió la victoria de Fontenoy, y continuando sus triunfos el ejército francés se apoderó del Brabante Septentrional y de la Flandes zelandesa. Por fin se firmó la paz en Aquisgran el 18 de octubre de 1748, y la Bélgica quedó reconocida como perteneciente á María Teresa.
La emperatriz dejó á los Estados generales el derecho de poner guarnición en las plazas de la barrera, pero bajo el protesto de que semejantes guarniciones no eran de ninguna utilidad, no tardó en negarse al pago del subsidio convenido, sin embargo, no daba mucha importancia á la conservación de la Bélgica, porque muchas veces consintió en su desmembración; asi es que en 1757, con la esperanza de quitar la Silesia al rey de Prusia, ofreció á la Francia abandonarla, con una legua de territorio á la redonda el fuerte de Knoque, y las ciudades de Chimay, Beaumont, Ostende, Nieuport, Iprés, Furnes, Mons y hasta Tournay. El resto del pais debia darse al infante don Felipe, duque de Parma, con perjuicio del cual, el Austria quería engrandecerse en Italia, asi pues, veinte años mas tarde (1777), con motivo de la sucesión de la Baviera, trató de desarmar la oposición de uno de sus competidores, con la oferta de dos provincias belgas. Sin embargo, el nombre de María Teresa es popular en Bélgica, y la razón es, que su gobierno fué benigno; prudente y favorable al bienestar del pueblo. Fué activamente secundada en sus benéficas miras, por su cuñado el príncipe Carlos de Lorena. Ambos murieron con pocos meses de diferencia en 1780, dejando la Bélgica al emperador José II.
En el año siguiente al de su advenimiento este príncipe visitó aquel pais: resolvió arrancarle del yugo de la Holanda y restituirte su importancia comercial, haciendo libre la navegación del Escalda. Pero aquellos proyectos eran demasiado vastos para el débil emperador, y desgraciadamente, su política llevó impreso el sello de la impaciente impetuosidad y de la ligereza de su carácter: contando con la alianza de

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ciudad de Tournay: Oudenarde y las provincias walonas autorizaban el regreso de los soldados estrageros, con condición de que la defensa de las plazas se confiaría á las milicias del pais, la división volvía á introducirse entre los confederados; por último, el duque de Alenzon, después de procurar inútilmente apoderarse de algunas plazas, se vio obligado á volverse á Francia. Mientras sucedía todo esto, un burguiñon llamado Baltasar Gerard, fanatizado por el espíritu religioso y seducido por el oro prometido al asesino del príncipe de Orange, le mató de un pistoletazo el 9 de julio de 1584. Gante capituló el mismo año, por manera que ya no quedó á los confederados en toda la Flandes mas que l'Ecluse y Ostende. Demasiado débiles para resistir al duque de Parma, que cada día hacía nuevos progresos, enviaron á Francia á pedir auxilios á Enrique III; pero aquel príncipe les contestó que el estado de su reino, desgarrado entonces por las turbulencias de la liga, no le permitía pensar en los negocios agenos. Entonces volvieron su vista á la Inglaterra. Isabel consintió en enviarles auxilio (1585); pero se les dio á muy subido precio, é hizo que la entregasen muchas ciudades en prenda. Entretanto el duque de Parma continuaba sus conquistas: aprovechando la debilidad de sus enemigos, se atrevió á presentarse al frente de Amberes, que entonces era mirada como inespugnable, y se apoderó de ella después de un sitio que duró cerca de un año. Es probable que hubiera reducido á la obediencia de Felipe II los Países Bajos, ó por lo menos toda la Bélgica, si aquel monarca no le hubiese mandado sostener á los coaligados franceses. Murió en Arras el 2 de diciembre de 1592, á la edad de cuarenta y seis años.
Había designado por su sucesor á Pedro Ernesto, conde de Mansfeld; pero Felipe II no ratificó aquella elección mas que en parte: le agregó al conde de Fuentes y don Esteban de Iberna. Desde entonces se apaciguaron las turbulencias en las provincias belgas, que ayudaron francamente á su gobernador contra las provincias holandesas, que Mauricio, hijo segundo del príncipe de Orange, habia atraído á su causa. Sin embargo, obligado Mansfeld á ocuparse de los asuntos de Francia, no pudo, á pesar de su talento, impedir las conquistas de Mauricio, y vio comprometida varias veces su autoridad por las sediciones promovidas en las tropas, con la irregularidad en el pago de su sueldo. Su administración fué de corta duración: en 1594 le sucedió el archiduque, Ernesto de Austria, principe que solo llevó la disolución á donde era necesaria la prudencia de un consumado diplomático, y que al año siguiente murió á consecuencia de sus escesos á la edad de cuarenta y un años. En la misma época, el duque de Arschot se espatrió voluntariamente y se retiró á los estados venecianos para morir alli libre. Por último, Felipe II, con objeto de calmar la agitación de las provincias holandesas, y quizá también con el de atacar á la Francia por la frontera del Norte, confió el gobierno de los Países Bajos al archiduque Alberto de Austria, que habia dado pruebas de talento cuando fué virey de Portugal.
Para conciliarse la opinión pública, el archiduque Alberto llevó consigo á Felipe Guillelmo, conde de Burén, hijo primogénito del príncipe de Orange, que hacia veinte y ocho años estaba prisionero en España. Pero no era ni la sombra del primer defensor de la libertad de los Países Bajos: adicto á la España y convertido al catolicismo, aquel príncipe no podia ejercer ya ninguna influencia: lo comprendió asi, y se resignó á vivir en la oscuridad.
En fin, después de la paz de Vervins y de la dispersión de la invencible armada, cansado Felipe II de aspirar á un objeto que no podia alcanzar, erigió los Países Bajos en principado independiente de España, que no conservaba ya mas que el dominio directo. La infanta Clara Isabel Eugenia, recibió en dote aquellos paises, y fué prometida al archiduque Alberto. La muerte del rey, acaecida al año siguiente no descompuso su enlace, y después de casados fueron á tomar posesión de sus dominios. Su administración fué dulce y paternal, y ejerció en las costumbres y las leyes una saludable influencia: estableciéronse montes de piedad, revisáronse las costumbres locales, se promulgaron muy buenas leyes, y se mejoró la organización judicial. Pero aquellos resultados fueron lentos, porque Mauricio continuaba siempre una guerra sangrienta y desastrosa. En vano le ofrecían la paz; se negaba á deponer las armas hasta que no fuese reconocida la independencia de la Holanda. Por último, la influencia de la Francia, representada por el presidente Jeannin, y las continuas exigencias del rey de Inglaterra, decidieron á los archiduques á reconocer tanto en su nombre como en el del rey de España, á los Estados generales de las Provincias unidas, como pais, provincias y estados libres, sobre los que nada pretendían, y á concluir con ellos una tregua de doce años por mar y tierra: (tratado de Amberes, 9 de abril de 1609.) Podia creerse que aquella tregua era la precursora y mensagera de una paz sólida y duradera, pero no fué asi, porque habiendo enviado los archiduques á la Haya á su canciller, para invitar á las diez provincias á que se reuniesen á las otras diez en un cuerpo y á las órdenes de un mismo gefe, los Estados generales rechazaron con altanería aquella proposicion, como insultante para su nacionalidad, y para los paises que la habian reconocido, y, volvió á comenzar la guerra, sin que pusiese término á ella la muerte del príncipe Alberto, ocurrida el 13 de julio de 1621. No referiremos, sin embargo, los acontecimientos de aquella guerra, porque su historia es la de la Holanda. Nos contentaremos con decir, que el conde Enrique de Berghes, el duque de Bournonville, y otros señores belgas, cansados de la prolongación de aquellas discordias, formaron el proyecto de establecer en las provincias católicas una república semejante á la de las Provincias unidas. Publicaron un manifiesto, enarbolaron el estandarte de rebelión, pero el duque de Arschot reveló el secreto á la infanta Isabel con la única condición de que perdonase á los conspiradores. Entonces el rey de España, temiendo un levantamiento general en los Paises Bajos, convocó en Bruselas los Estados generales de las provincias católicas, y los autorizó para negociar la paz con las provincias unidas, sin intervención de los españoles.
Al erigir en reino á los Paises Bajos, Felipe II habia estipulado que volverían á incorporarse a la monarquía española, en caso de que los archiduques no dejasen hijos. Asi es que á la muerte de la infanta en 1633, aquellas provincias volvieron á poder de Felipe IV, rey de España, que nombró por gobernador de ellas á su hermano el cardenal—infante.
La historia de Bélgica no ofrece ningún acontecimiento importante en el resto del siglo XVII: sucedíanse los gobernadores en aquel pais, luchando con

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Felipe II

la libertad. Por último, el elector Casimiro, sostenido por la Inglaterra y apoyado por los ganteses, habia conseguido el mando. Era creible que don Juan triunfaría fácilmente de enemigos tan divididos; pero cayó enfermo y murió en su campamento de Bougy el l.° de octubre de 1578. Acusaron á Felipe II de haberle hecho envenenar por envidia y recelos pero semejante acusación no se ha probado suficientemente. Antes de exhalar el último suspiro, don Juan dejó, previa la aprobación real, el gobierno general de los Países Bajos y el mando del ejercito á Alejandro Farnesio, príncipe de Parma, su teniente, que había contribuido eficazmente á la victoria de Gembloux.
Ya no quedaban á la España mas qué las provincias de Luxemburgo, Limburgo y Namur; pero el partido católico se reunió al príncipe de Parma, y poco después el Hainaut, el Artois y la Flandes francesa, es decir, Douai, Lila y Orchies, temiendo la ambición del príncipe de Orange y los ataques que podría dirigir contra la religión, volvieron á entrar en la obediencia de Felipe II con las condiciones siguientes: que solo se conservaría la religión católica: que seria confirmada la Pacificación de Gante: que en el término de seis meses saldrían del país los soldados estrangeros , y que se formada un ejército nacional. Por otra parte, las provincias del Norte, la Holanda, Zelanda, Utrecht, una gran parte de la Frisia, etc., se reunieron y firmaron el 23 de enero de 1579 la Union de Utrecht, que llegó á ser la base constitutiva de la república de las Provincias Unidas.
Sin embargo, el emperador trató de conciliar los diferentes partidos que dividían los Países Bajos: abrióse una asamblea en Colonia, pero no produjo ningún resultado. Entonces el príncipe de Orange, queriendo dar un gran golpe, decidió al archiduque á retirarse: luego reunió en Amberes los Estados de las Provincia Unidas, y les propuso declarar que Felipe II quedaba depuesto de la soberanía de los Paises Bajos, y llamar para reemplazarle al duque de Alenzon. Su elocuencia le hizo alcanzar lo que deseaba: Felipe II contestó á aquella declaración poniendo á precio la cabeza del príncipe de Orange, y mandando al duque de Parma que continuase las hostilidades. Aquel señor estaba entonces ocupado en el sitio de Cambrai: vióse obligado á retirarse á vista del ejército que mandaba el duque de Alenzon, que en gran parlé se componía de calvinistas franceses.
La presencia de aquel príncipe reanimó el ardor de los confederados, mas ningún hecho importante señaló su llegada. Engañado por la reina de Inglaterra, cuya mano deseaba obtener, perdió en viages un tiempo precioso: el duque de Parma se apoderó de la

miércoles, marzo 26, 2008

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Don Juan de Austria
sado de los continuos embarazos con que tenia que luchar, murió el 5 de marzo de 1576 sin haber podido cicatrizar las llagas del pais. Dejó el gobierno al conde de Berlaymont, y confirió el mando del ejército al conde de Mansfeld.
El consejo de Estado no hizo caso alguno de las últimas disposiciones del gobernador, y se encargó interinamente del gobierno de la Bélgica. Debíanse á las tropas mas de seis meses de sueldo; la guarnición de Alost se apoderó de aquella población, y declaró que la conservaría hasta que se la pagase lo que se la debia, añadiendo, que si tardaban mucho, marcharia sobre Bruselas. Entonces se supo que Felipe II acababa de nombrar gobernador general de los Países Bajos al infante don Juan de Austria, hijo natural de Carlos V. Aquella noticia no calmó en nada la exaltación del momento, y los confederados reunidos en Gante firmaron el 8 de noviembre el famoso tratado conocido con el nombre de Pacificación de Gante. Aquel tratado comprendía veinte y cinco artículos, de los que los mas importantes eran en los que los confederados prometían defenderse y socorrerse mutuamente, arrojar del pais á los españoles y demás soldados estrangeros, y reunir los Estados generales para arreglar toda la administración.
Entonces llegó don Juan de Austria; los confederados se negaron á admitirle sino suscribia á ciertas condiciones: por último, después de largas discusiones los estados de Brabante, Gueldres y Utrecht concluyeron el acta conocida con la denominación de Union de Bruselas, con arreglo á las bases de la pacificacion de Gante. Felipe II aceptó aquellas condiciones por el Edicto perpétuo (17 ele febrero de 1577): reconocido don Juan como gobernador general por los estados que componían la Union, fué recibido en todas partes con el mayor entusiasmo: en fin, los españoles, italianos y burguiñones del Franco Condado, fueron despedidos como tropas auxiliares ó estrangeras, espeptuando únicamente á los alemanes y walones considerados como ejército nacional.
Sin embargo, los confederados no habían depuesto definitivamente las armas, y diariamente recibía el gobernador los mas siniestros avisos: en su consecuencia se apoderó por sorpresa del castillo de Namur. Al punto se pronunciaron contra él los Estados, hicieron alianza con el príncipe de Orange, y ofrecieron el gobierno de los Paises Bajos al archiduque Matías, hermano del emperador Rodolfo, quien aceptó: apenas tenia veinte años, pero era su lugarteniente el príncipe de Orange. Sin embargo, fué derrotado cerca de Gembloux por don Juan (31 de enero de 1578) y aquel hecho de armas valió al vencedor muchas plazas importantes: ademas se habia introducido la división entre los confederados, y formado un nuevo partido compuesto en su mayor parte de católicos, á cuya cabeza estaban el conde de Lalaing y el duque de Arschot. Por otra parte, el duque de Alenzon, hermano del rey de Francia Carlos IX, á instancia de algunos nobles walones habia ido á ofrecer su espada á los confederados, y obtenido el título de defensor de

martes, marzo 25, 2008

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cenicienta, con una escudilla de madera en la cintura y en el sombrero un plato ó una botellita! llevaban pendiente del cuello una medalla, en que se veia la efigie del monarca con esta divisa: Fiel al rey: y por el reverso dos manos entrelazadas con estas palabras: Hasta la mendicidad. Poco después celebraron en número de mas de 2,000 una asamblea en Saint—Troud. La regente les envió al príncipe de Orange y al conde de Egmont, y los recibieron con el grito de Vivan los pordioseros: se mostraron mas exigentes que nunca. Sin embargo, con la promesa que les hizo la regente de convocar en Bruselas para el mes de agosto al consejo de la orden del Toisón de oro, consintieron en retirarse. Pero el pais no recobró por eso la tranquilidad: de Francia, Inglaterra, Alemania y otras partes había acudido una multitud de gente que profesaba la religión reformada, como luteranos, calvinistas y anabaptistas, y su paso iba acompañado de los mayores desórdenes. Fueron profanadas las cosas mas santas, saqueadas las iglesias, y las pinturas y vasos sagrados quemados ó vendidos al mas vil precio: los religiosos tuvieron que abandonar sus conventos, y los prelados fueron asesinados hasta en el mismo altar. Gante, Valenciennes, Tournay y Amberes no tuvieran mejor suerte que las ciudades del Brabante: los rebeldes publicaron que estenderian sus destrozos á Bruselas y que alli, á presencia de la duquesa, saquearían las iglesias y monasterios. Esta quería huir, y costó mucho trabajo el disuadirla. Por último, los inquisidores fueron enviados á España, revocados los edictos contra los hereges, y se decretó la libertad de la predicación y el olvido de lo pasado.
Sin embargo, Felipe II no podía dar crédito á las alarmantes noticias que continuamente recibía: decidido á castigar á toda costa á los rebeldes, levantó un ejército formidable en Alemania, y mandó á la duquesa que redoblase su severidad. Exigióse á los señores un nuevo juramento de fidelidad: solo se abstuvo de hacerle el príncipe de Orange, y se retiró con su familia á su palacio de Dellenbourg. La duquesa mandó poner sitio á Valenciennes, que era la plaza principal de los confederados, la cual fué tomada. Entonces comenzó á apoderarse el desaliento de los insurgentes. Creció este cuando supieron que el duque de Alba estaba en marcha para los Países Bajos á la cabeza de los antiguos tercios españoles, y que iba revestido de los mas amplios poderes. A los pocos dias de su llegada á Bruselas, el duque de Alba convocó un gran consejo, á consecuencia del cual los condes de Egmont y de Hornes fueron presos y conducidos á la ciudadela de Gante. Este primer acto de violencia difundió el terror en el pais: al punto emigraron mas de 20,000 habitantes. No por eso disminuyó su severidad el duque de Alba: hizo formar una lista de cuantos habían adoptado las nuevas doctrinas, ó firmado el compromiso, y luego con el nombre de Consejo de las turbulencias, estableció un tribunal estraordinario, que debía conocer de los escesos cometidos contra la religión y el Estado: el pueblo, siempre enérgico en sus denominaciones, dio á aquel tribunal el epíteto de Blœdrœd, consejo de sangre. En el mes de abril de 1568 se levantaron cadalsos en todas las ciudades: el edificio de Collembourg en donde los confederados se habian reunido varias veces, fué demolido hasta los cimientos: los estados del príncipe de Orange fueron secuestrados y preso su hijo, el conde de Buren, que estudiaba en la universidad de Lobayna. Entonces por todas partes se organizó la revolución: grupos numerosos de gente armada se ocultaban en los bosques, y solo salían de ellos por la noche para cometer los mayores escesos: otros tripulando algunos buques hacían en las costas desembarcos mortíferos, y el nombre de mendigos de mar que habian adoptado esparcia el terror y la consternación. El príncipe de Orange, de acuerdo con los calvinistas franceses, la reina de Inglaterra y los príncipes alemanes, puso en pie cuatro ejércitos: el primero á las órdenes de su hermano, el conde de Nassau, penetró en la Frisia, y cerca de la abadía de Heiligerlée á cinco leguas de Groninga ganó una batalla, en que destruyó casi completamente un ejército español. Aquella victoria hizo olvidar la derrota menos importante que acababan de sufrir los confederados cerca de la ciudad de Dalhem, y reanimó su confianza. Pero el duque de Alba no era hombre que cedía por el primer revés, y resolvió tomar el mando de su ejército; con todo, antes de salir de Bruselas quiso dejar el terror detrás de él: el 1.° de junio de 1568 diez y ocho nobles fueron ejecutados en la plaza mayor de la ciudad, y al dia siguiente en el mismo sitio los condes de Egmont y de Hornes entregaron sus cabezas al hacha del verdugo.
Persuadido de que ante todo era necesario impedir la reunion de los confederados, el duque de Alba marchó contra el ejército del conde de Nassau, le estrechó entre el rio Ems y el mar, y le deshizo completamente el 21 de julio. El príncipe de Orange se apoderó de las ciudades de Tongres y Saint—Troud, pero no pudo obligar á los españoles á que aceptasen la batalla, y habiendo llegado el invierno, tuvo que licenciar sus tropas.
Sin embargo, el duque de Alba, que en su corte se habia jactado de que sacaría de los Países Bajos mas dinero que producia el Perú, exigió á todos los habitantes la centésima parte en metálico del valor de sus bienes, la vigésima por cada enagenacion de los inmuebles, y la décima por cada venta de los muebles. Aquella vez fueron tan enérgicas las quejas, que la España se creyó en el caso de hacer justicia, y envió á los Paises Bajos al duque de Medinaceli con el título de gobernador; pero cuando aquel señor vio el estado angustioso de las provincias, remitió á Felipe II la dimisión del cargo que le habia confiado, y el duque de Alba continuó gobernando todavía un año: hasta el 17 de noviembre de 1573 no fué definitivamente reemplazado. Durante su administración hizo perecer, á manos del verdugo mas de 18,000 personas.
Los primeros actos del nuevo gobernador don Luis de Zúñiga y Requesens fueron enteramente opuestos á los del duque de Alba, cuya estatua, elevada en la plaza pública y construida con los cañones tomados al conde de Nassau, mandó derribar. Abolió en seguida el Consejo de las turbulencias, castigó á las guarniciones rebeldes, suprimió los impuestos onerosos, y publicó una amnisía general. Pero la agitación había sido demasiado grande para que aquellas prudentes medidas pudieran hacerla calmar instantáneamente, y se vio obligado á tomar las armas. Sin embargo, era de esperar que las buenas intenciones del gobernador produjesen su fruto mas pronto ó mas larde, y que los confederados, viendo que les hacian justicia, cesarían de prestar su apoyo á ambiciones personales. Pero Requesens, contristado con aquellos desórdenes, can—

lunes, marzo 24, 2008

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María de 1477: el emperador entra en la ciudad á la cabeza de 8,000 hombres, hace ahorcar veinte y seis de los principales ciudadanos, proscribe un número mucho mayor, confisca sus bienes, priva á todos los habitantes de sus privilegios, los condena en la multa de 150,000 florines, y obliga al magistrado á que marche en una procesión pública con una cuerda al cuello: por último, mandó construir á espensas de los ganteses una ciudadela que dominase la población.
Cárlos V permaneció poco tiempo en Bélgica: sin embargo, hizo muchos reglamentos y muy sabios para las quiebras y bancarotas, los monopolios, la curia, la jurisdicción eclesiástica y el matrimonio de los nobles sin consentimiento de sus padres. Reunió en Bruselas los Estados del pais para concertarse con ellos acerca de las medidas que con venia tomar contra los hereges, y poco después emprendió el camino de Alemania.
A las turbulencias religiosas que comenzaron a agitar los Paises Bajos, se unió bien pronto una guerra terrible. En 1557 los franceses se apoderaron de Landrecies y de Maubeuge; pero por mas brillante que fuese aquel principio, hasta fines del reinado de Francisco I, la guerra continuó débilmente en la frontera del Norte, sin grandes ventajas por una y otra parte. Deseoso de asegurar á su hijo, Felipe II y la monarquía universal, el emperador le hizo ir á los Paises Bajos: luego reunió los diversos estados, y después de manifestarles que su interés bien entendido estribaba en hallarse siempre reunidos bajo un mismo gefe, les hizo declarar la indivisibilidad perpetua de las provincias: Felipe por su parte juró mantener las franquicias y las libertades del pais: después de lo cual se adoptaron nuevas medidas de rigor contra los protestantes; mas se dejó 1a ejecución á los jueces eclesiásticos, mientras el emperador entablaba negociaciones para el matrimonio de su hijo Felipe con María de Inglaterra.
Los últimos años de Cárlos V fueron marcados por terribles y sangrientas guerras: Hesdin y Therouanne completamente arruinadas, atestiguan la cruel severidad de sus generales. Turbaron también varias revoluciones á los Paises Bajos, y sangre ilustre enrojeció el suelo de aquel pais: en fin, fatigado por la edad, los trabajos y el fastidio, el emperador, en presencia de los Estados generales, entregó en manos de su hijo Felipe II el gobierno de los Paises Bajos el 25 de octubre de 1555.
La abdicación de Cárlos V produjo algunas modificaciones en la administración del pais. Felipe II, que habia heredado la fasta monarquía española al mismo tiempo que las provincias belgas, confió el gobierno de estas últimas al duque Manuel de Saboya, cuyos talentos militares habían brillado estraordinariamente en las guerras anteriores, y que se había distinguido mucho en la batalla de San Quintín (1557). La paz de Cateau Cambresis, firmada el 3 de abril de 1553, dejó indicado el territorio de la Bélgica, y estipuló que por ambas partes se restituyeran las plazas de que se habían apoderado. Felipe II nombró para suceder á Manuel, á Margarita de Parma, hija natural de Cárlos V y muger de Octavio Farnesio, duque de Parma y de Plasencia. La agregó un consejo compuesto de Guillermo de Nassau, el conde de Egmond, el conde de Hornes, Perrenot de Granvelle, Viglius, Zwichem, Aytta y el conde de Berlaymont: luego hizo muchos reglamentos para la administración, y obtuvo del papa autorización para establecer catorce nuevos obispados sufragáneos de Cambray y de Utrecht, que erigió en metropolitanos, y de Malinas, cuyo arzobispo recibió el título de primado de los Paises Bajos: Perrenot de Granvelle, obispo de Arras, fué promovido á esta última dignidad. Estos diferentes reglamentos fueron promulgados durante un viage que Felipe II hizo á los Paises Bajos: este príncipe dejó la Bélgica el 26 de agosto de 1559 para volverse á su reino.
No habia quedado la Bélgica tan tranquila como hubiera deseado verla: entonces la nobleza misma escitaba al pueblo á la rebelión. Sin embargo, al principio no se atrevió á atentar contra el gobierno: acusó á Granvelle, á quien la duquesa acababa de hacer se le confiriese el capelo de cardenal, y que merecía toda su confianza. El Brabante no tenia gobernador particular: los descontentos, con el príncipe de Orange á su cabeza, pidieron que aquella provincia no careciese por mas tiempo de su gefe inmediato: no tenían esperanza de que se proveyese aquel destino en ninguno de los suyos, pero lo que querían era arrancar aquella provincia de la influencia directa del cardenal. Vista la negativa de la duquesa, pidieron que se reuniesen los Estados para deliberar. Contestó que la estaba prohibido convocarlos, y con la esperanza de apaciguarlos reunió el capítulo de los caballeros del Toison de oro: esto era por el contrario fomentar 1a revolución, porque la proporcionaba el medio de organizarse y ponerse de acuerdo. El ataque-comenzó por algunas chanzas que hicieron reir á la regente é incomodaron al cardenal: poco á poco de las burlas pasaron á las acusaciones, y por último, el Cardenal fué llamado de nuevo el 10 de marzo de 1564.
Este era el preludio de acontecimientos mucho mas importantes. Felipe II, en la exaltación de su celo religioso mandó á la duquesa que estableciese en todas partes la Inquisición, y qué publicase las decisiones del concilio de Trento que acababa de celebrarse. Aquella vez los obispos mismos protestaron: sostuvieron que un gran número de aquellas decisiones eran contrarias, no solo á los privilegios del pais, sino á la autoridad real. La duquesa, no atreviéndose á arrostrar el descontento general, escribió á Felipe II, que la mandó continuar. Los murmullos se convirtieron entonces en quejas, y cuando se vio al rey persistir en sus proyectos, cuando la Inquisición atemorizó al pueblo con sus sangrientos horrores, los descontentos, creyendo que era llegado el momento de reclamar con las armas en la mano, se reunieron, primero en número de nueve bajo la presidencia del conde de Brederode, descendiente de los antiguos condes de Holanda, y redactaron el acta conocida con el nombre de Compromiso, que firmaron mas de quinientos señores de los mas poderosos del pais. El 27 de marzo de 1566 se reunieron otra vez en Bruselas, y presentaron en corporación aquel compromiso á Margarita de Parma, que asustada les prometió ocuparse en su pretension. Espidióse inmediatamente la convocatoria para el consejo, y entonces fué cuando el conde de Berlaymont, para reanimar el abatido espíritu de la duquesa, dijo: «¿Cómo, señora, V. A. teme á esos miserables?...» Aquellas imprudentes palabras suministraron á los confederados un grito y una señal para estrechar sus filas: en efecto, bien pronto se los vió recorrer las calles de la ciudad vestidos con una tela

domingo, marzo 23, 2008

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terra de sangre y de desolación. Un hombre del pueblo, Pierkin Warbeck, se suponia hijo segundo de Eduardo IV: demasiado débil para sostener sus pretensiones, concluyó en Malinas, el 24 de febrero de 1495, un contrato por el que cedia á los archiduques Maximiliano y Felipe sus derechos á la corona de Inglaterra, en el caso en que llegase á morir sin hijos. Al momento la Inglaterra rompió los tratados de comercio que la unían á la Bélgica. Mas habiendo abandonado Maximiliano la causa de Warbeck, se firmó un nuevo tratado de comercio el 12 de febrero de 1496. Estipulóse en él, que el archiduque no toleraria á ningún rebelde inglés, ni en los estados que le pertenecían en propiedad, ni en los que componían la viudedad de la duquesa de Borgoña: que los holandeses, flamencos y zelandeses, tendrían libre la entrada de Calais y de los puertos de Inglaterra, y el derecho de pescar en las costas de aquel pais. Por último, la Inglaterra renunciaba á todos sus derechos sobre los buques de los Países Bajos que naufragasen en aquellos parages. Este tratado tan favorable al comercio belga, no era mas que el preludio del nuevo impulso que iba á tomar. En efecto, los Países Bajos vieron aumentarse sus relaciones con la España y las Indias Orientales, por el doble matrimonio del archiduque Felipe y su hermana Margarita, con Juana y Juan, hijos ambos de Fernando el Católico y de Isabel de Castilla (1496, 1497). Él archiduque Felipe, murió el 25 de setiembre de 1506, en España, á donde había ido á recoger la herencia de Isabel, y recibir la corona;
A su muerte, los Países Bajos fueron devueltos al archiduque Carlos de Austria (mas tarde Carlos V), que nació en el mes de febrero de 1501. Maximiliano reclamó la tutela del joven príncipe, y los Estados se la confiaron. En seguida entregó la administración del pais á su hija Margarita, cuyo gobierno dulce y paternal no fué turbado mas que por la guerra con el Gueldres, cuyo gefe, Cárlos de Egmont, no cesaba de rebelarse: pero en cuanto Cárlos llegó á su mayor edad, Margarita se apresuró á entregarle las riendas del gobierno (1515).
Los primeros años del reinado de este príncipe, fueron tranquilos y felices para la Bélgica; el tratado de Noyon, concluido en 1516, aseguraba la frontera francesa, y el duque de Gueldres, antes tan revoltoso, permanecía pacífico; llamado al imperio, Carlos confió nuevamente la administración de los Países Bajos á su tía Margarita. Formó, para que la ayudase con sus consejos, una junta de que hacian parte los obispos de Lieja y de Utrecht. De aquel consejo particular dependían el de Malinas, el tribunal ó cámara de Holanda, el consejo de Brabante, y los grandes colegios y gobernadores de las provincias. Por lo demás, la Bélgica representó un papel harto insignificante en las sangrientas guerras que en aquella época estallaron entre la Francia y la España. Bajo la sabia administración de Margarita, aquellas provincias gozaron de una calma que no turbó ninguna revuelta ni guerra intestina. Margarita gozaba grande reputación de habilidad, y la merecía en verdad, porque es bien sabido que á ella se debió el tratado de Cambray (1529.) Murió en Malinas el 1.° de diciembre de 1530.
Prometida en 1497 al infante de España, que murió al cabo de algunos meses, se volvió á casar con Filiberto el Hermoso, duque de Saboya, á quien perdió cuatro años después. Carlos V nombró para que sucediese á su tia, á María de Austria, viuda de Luis Jagellon, rey de Hungría.
En aquella época agitaba á la Europa una grande fermentación religiosa: las predicaciones de Lutero y de Calvino les habían grangeado un buen número de sectarios, y la nueva religión hacia diariamente rápidos progresos. Temiendo que aquellas doctrinas no escitasen á la rebelión á sus subditos de los Paises Bajos, á los que se hallaban ya demasiado inclinados, Carlos V desplegó en aquel reino estremada severidad contra las nuevas ideas: nombró dos inquisidores, pero su escesivo celo hizo en los progresos de la reforma el efecto del aceite sobre el fuego: en muchos puntos fueron espulsados los frailes, y la regenta se vio obligada á emplear la violencia para restablecerlos en sus conventos. En Amberes especialmente, ciudad siempre llena de estrangeros atraídos por el comercio, fué en donde la nueva religión contó mayor número de sectarios.
Sin embargo, había vuelto á comenzar la guerra con la Francia, y llamaba hacia aquella parte la atención del emperador. Francisco I había invadido el Artois al frente de un numeroso ejército, y sus tropas victoriosas sitiaban á Hesdin: el peligro era inminente y Carlos V carecía de dinero. Desde el mes de octubre anterior (1537), la reina gobernadora le habia pedido inútilmente á los estados del pais: solo los nobles habían consentido en anticiparía el que necesitaba. Con todo, como el peligro era cada vez mas amenazador, acudió nuevamente á los Estados generales. Los brabanzones pagaron, y con su dinero el conde de Buren tomó las ciudades de Saint-Ló y de Montrevil: los flamencos, holandeses y zelandeses opusieron dificultades, y los ganteses se negaron. Él gobierno hizo prender á los que se encontraban en las provincias sometidas á su dominio: por lo que hace al emperador, no sabia que partido tomar: no podia ceder sin comprometer los recursos ulteriores que esperaba sacar de los Paises Bajos, ni tampoco quería tratar con demasiada severidad á una ciudad, cuyo espíritu revoltoso y temible fuerza conocía muy bien. En semejante perplejidad sometió la decisión de sus diferencias á la sabiduría del gran consejo de Malinas. Los ganteses no quisieron aceptar como arbitro á aquel tribunal, y hasta los presos se negaron á comprar á aquel precio su libertad. Convocóse al ayuntamiento, y aquellos altivos habitantes acordaron empuñar las armas. Era el momento dé renovar el magistrado: opusiéronse los oficios, y declararon que ante todo era necesario que se les hiciese justicia. Avanzaron á mas; propusieren á los vecinos de Brujas, Ipres y otras ciudades inmediatas, que formasen con ellos una asociación armada, y enviaron á Francisco I una embajada declarándose sus subditos. Pero el pundonoroso monarca rechazó con desprecio la alianza de aquella canalla, rebelada contra un miembro de la gran familia de los soberanos, y llegó hasta ofrecer á su rival, con quien antes estaba en guerra, el permiso de atravesar la Francia para castigar á sus subditos rebeldes. El emperador se fia en la palabra del rey, gana á sus consejeros mas íntimos, seduce con un rico regalo á la duquesa de Etampes, su querida, y llega á la frontera, en donde olvida bien pronto las promesas que habia hecho. En vano los ganteses, asustados, piden la paz; en vano citan para escusar su rebelión la carta del conde Guido, de 1296, la del conde Luis de Nevers de 1334, y el gran privilegio de la duquesa