miércoles, marzo 31, 2010

Viage ilustrado (Pág. 465)

nos. La prudencia y política del cónsul Mételo lograron estinguir casi totalmente estas animosidades; pero su sucesor Quinto Pompeyo, habiendo querido exigir de los numantinos que violasen las leyes de la hospitalidad y del parentesco, entregándole unos rebeldes que en su ciudad se habían acogido, volvió á empeñarse una guerra tan desastrosa como dilatada, en la que los romanos fueron varias veces batidos y humillados por los heroicos numantinos, hasta que P. Escipion Emiliano, convirtió en bloqueo el sitio de la ciudad, no atreviéndose á esperar al enemigo á campo abierto, y logró por este medio no triunfar de aquellos gallardos españoles, que prefirieron darse la muerte por no suscribir á una paz vergonzosa, y á ejemplo de los de Sagunto dejaron al vencedor por único despojo de su victoria los escombros de una ciudad asolada y los cadáveres estenuados de sus moradores.
Siguióse á estas conmociones una aparente tranquilidad, turbada á veces por pequeños movimientos que indicaban estar comprimido, pero no apagado, el fuego de la independencia. Suscitada la guerra civil entre Pompeyo y César, volvió España á ser teatro de nuevas calamidades; pero la batalla de Munda que entregó a César la diadema del imperio romano, restituyó la paz á la Iberia, y desde aquella época fueron acostumbrándose sus moradores á sufrir un yugo que no tenian esperanzas de sacudir impunemente. Dividieron á la España sus conquistadores en dos partes, la Citerior, ó mas vecina á la metrópoli del imperio, y la Ulterior ó mas distante, y subdividiéronla en tres provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania; pero siendo estas demasiado estensas fué preciso sub—dividirlas en varias chancillerías. La provincia Tarraconense era la mayor; formaba sus límites el rio Duero desde Oporto hasta donde concluye con el Esla: todo lo comprendido entre el Duero y el mar Cantábrico correspondia á esta provincia. Desde el punto de confluencia espresado, corrían sus límites por Salamanca y por el Oriente de Avila, cortando el Tajo al Occidente de Talavera: de allí seguían hasta el Guadiana y descendiendo por Almadén, atravesaba el Bétis cerca de Cazorla, dirigiéndose hasta Mujacar en la costa del Mediterráneo: todo el terreno dentro de esta línea formaba la provincia Tarraconense.
La Bética abrazaba el país contenido desde las bocas del Guadiana y su corriente hasta cerca del Carcuvium por Occidente y Septentrión. La Lusitania estaba cerrada al O. por el Occéano desde las bocas del Guadiana hasta el Duero. Este rio la limitaba por el N. como el Guadiana por el S. Su línea oriental cortaba el Guadiana en Carcuvium, y atravesando el Tajo por Talavera subia en busca de la confluencia del Esla y del Duero que la separaban de la Tarraconense.
Para el gobierno de estas provincias establecieron los romanos varias chancillerías ó conventos jurídicos; siete en la España Citerior y cuatro en la Ulterior; pero llegaba á pasos agigantados el período de disolución de un imperio que por tantos siglos había dictado leyes al género humano. El último paso que da un Estado hacia su prosperidad es el primero de su decadencia. Las causas destructoras se multiplicaron con la ostensión de sus conquistas, y asi que el tiempo y la corrupción removieron los puntales de las virtudes á que debia el imperio romano su engrandecimiento, cedió aquel estupendo edificio á su propio peso. La invasion de los pueblos del Norte cogió á los romanos desapercibidos, y sin conocer ni la ostensión del peligro ni el número de sus enemigos. Los godos, nación inculta que habitaba á la otra parte del Danubio, arrojados de su pais y perseguidos por pueblos aun mas feroces que ellos mismos, vinieron de improviso á inundar las provincias romanas bajo el imperio de Valente. El célebre Alarico, conduciendo los godos á la victoria, tomó á Roma, y abrió de este modo á los bárbaros el camino del triunfo y del pillage; hordas numerosas de suevos, vándalos y alanos procedemos de las selvas de Germania, vinieron con los godos a invadir á España á principios del siglo V, y arruinaron esta provincia del imperio romano. Atraídos por la fecundidad y riquezas del pais, se esparcieron por lo que hoy llamamos Castilla la Vieja, Asturias, Galicia, Estremadura y Andalucía baja. Todas las calamidades acompañaban la marcha de aquellos hombres feroces; la guerra, el hambre y la peste convirtieron á España en una especie de desierto hasta que los bárbaros cansados de matanza se enlazaron con los habitantes del pais. La mayor parte de Galicia y Asturias cupieron en suerte á Hermenerico rey de los suevos, y los vándalos ocuparon el resto, hacia la parte occidental. Alacio, rey de los alanos, se apoderó de la Lusitania, y los vándalos acaudillados por Gundérico, tomaron después para sí la mayor parte de la Bélica, conocida desde entonces con el nombre de Vandalucía, que ha conservado después suprimida la primera letra. En el año 414 de J. C. entró en España Ataulfo, primer rey godo, y se estableció en Barcelona; pero habiendo sido asesinado el año siguiente por los godos mismos, le sucedió Sigerico, que al sétimo dia de su reinado murió á manos de sus propios electores. En el año 583 se apoderaron los visigodos de casi toda la Península, acaudillados por Leovigildo, cuyas victorias sobre los suevos establecieron su reputación militar, al paso que mancilló su nombre el haber dado muerte a su hijo San Hermenegildo porque profesaba la fé católica. Diez y siete príncipes de la misma raza ocuparon el trono sucesivamente, hasta que en 710 se apoderó de la corona don Rodrigo, arrancándola de las sienes del tirano Witiza; los dos hijos de este huyeron á Ceuta para sustraerse de la cruel venganza del monarca usurpador y comunicaron sus temores y resentimientos á su tio don Opas, arzobispo de Sevilla, y al gobernador de la referida colonia. El hecho de la violacion por Rodrigo de la hija del conde don Julian, que algunos autores ponen en duda, determinó á éste á pasar á Africa, donde imploró el auxilio de los sarracenos para destronar al rey. Aprovechó Muza, que gobernaba aquellos paises en calidad de teniente del califa Ulid, la buena ocasión que se le presentaba para añadir la España á los dominios de su señor; verificóse la invasion, y el rey godo que cometió la imprudencia de arriesgarlo todo en una sola batalla, hizo frente al enemigo en las márgenes del Guadalete; al principio la victoria se decidió por los cristianos, pero la traición de don Opas que mandando una division se pasó con ella á los infieles, dio el triunfo a estos, y Rodrigo fué á ocultar su vergüenza en las aguas del Guadalete, aunque hay autores que suponen que se ocultó en Portugal, fundados en una inscripción que se encontró sobre una lápida en Viseo que decía: «Aquí yace Rodrigo último rey godo.»
Dominada España por los sarracenos, un puñado de valientes, desdeñando el yugo enemigo, huyeron

martes, marzo 23, 2010

Viage ilustrado (Pág. 464)

el carnaval. Los glotones de la clase inferior, y hay muchísimos en ella, dan sobre todo una estraordinaria importancia al divertimiento grosero de una especie de cucaña, combate de destreza también conocido entre nosotros, cuya gloria consiste en arrebatar de un árbol el mayor número posible de salchichones, pollos, jamones, en medio de los aplausos y las silbas de una turba inmensa, y con riesgo de romperse la cabeza. El carnaval es, por lo demás, casi lo mismo que en toda Italia.
La Mnaria es la gran fiesta de los habitantes del campo. El dia de San Pedro acuden en multitud al bosque, y se hacen allí carreras de á pie, de caballo y sobre asnos. Se baila en una espaciosa gruta, y cada familia después, reunida bajo un árbol, come ferozmente. Se oye por todas partes música y gritos agudos, y estos gritos espresan en Malta la alegría. El dia de la ascension de San Lorenzo se celebra con paseos sobre el agua, y el puerto cubierto todo el dia y toda la noche de barcas llenas de músicos, y ornadas de banderolas de todos colores, presenta á la vista un espectáculo encantador.

ESPAÑA.
Llegamos al término de nuestra espedicion; vamos á ocuparnos ahora de nuestro pais, y no seriamos justos, si no diéramos á esta parte de nuestro trabajo, la importancia y la estension que de suyo exige. Por lo tanto daremos comienzo á nuestro trabajo anteponiendo á lo relativo á viages, una reseña histórica, literaria comercial á industrial.
Por mucho que sea el interés que produzca la investigación del origen de los pueblos, el trabajo que para ello se emplea es de todo punto inútil. Las tradiciones fundadas en hechos oscuros y dudosos, solo pueden servir para asuntos de pura invención, pero no para establecer sistemas fijos y dignos de crédito. La infancia de las sociedades políticas está destituida de grandes acontecimientos, como desprovista de recursos para trasladarlos á la posteridad. Las artes de la vida civilizada por cuyo medio tan solamente puede conservarse la memoria verídica de los hechos, son producto de las sociedades arregladas; los historiadores empiezan entonces á escribir, y solo la tradición escrita puede trasmitir con seguridad los públicos acontecimientos. Por eso es tan difícil determinar quienes fueron los primeros pobladores de la Península; lo único que puede asegurarse es que antes de la llegada de los fenicios ya estaba muy poblada España y habia sido visitada por muchos estrangeros. Su existencia política data de antes de la fundación de Cartago. Cuando los fenicios arribaron se encontraron con una nación belicosa, poco dispuesta á dejarse imponer el yugo con las armas que aquellos aprestaron por medio de una astuta política, creándose partido, estableciendo una colonia en Gades, hoy Cádiz, y aprovechándose de las riquezas que eran desconocidas á los naturales del pais. Los fenicios llamaron después en su ayuda á los cartagineses, y unidos sostuvieron sangrientas luchas con los indígenas, posesionándose poco á poco del territorio.
El primer capitán cartaginés de quien se tiene noticia exacta que gobernara España, fué Hamilcar Barca que estuvo encargado de las mas importantes empresas por orden de la república. Sujetó las Baleares que habían sacudido el yugo, y pasando al continente tomó el mando del ejército. Fué vencido por los celtíberos acaudillados por Orison, príncipe español, y en su fuga se ahogó en el Ebro (año 230 antes de J, C.), sucediéndole en el mando Asdrubal, su yerno, que continuando las guerras con los naturales, logró algunas ventajas y fundó la ciudad de Cartagena para que sirviese de cómodo puerto á las armadas de Cartago. Pactó ciertas condiciones con los romanos acerca de la estension de las conquistas de los cartagineses, y después de gobernar ocho años, lo asesinó un esclavo de un príncipe español á quien habia dado muerte el caudillo cartaginés
Annibal fué elegido inmediatamente para suceder á Asdrubal, quien se hizo célebre por haber declarado la guerra á Sagunto, ciudad que no ocupó sino después de haberla entregado sus moradores á las llamas y perecido en ellas. Esta conquista envolvió á los romanos en la segunda guerra púnica, y Annibal después de haber sujetado varios pueblos en su marcha, pasó á Italia dejando á su hermano Asdrubal el mando de la provincia. Este caudillo se mantuvo en la Península haciendo siempre la guerra á los romanos, hasta el año 547 de Roma, en cuya época, habiendo pasado á Italia con un numeroso ejército en socorro de su hermano, fué vencido y muerto en una batalla. Hannon quedó en lugar de Asdrubal, pero fué hecho prisionero por M. Silano, legado de Escipion, sucediéndole Asdrubal, Gisgon y Magon en el principal mando, que solo mantuvieron hasta el año siguiente de 548, en que los obligó Escipion á dejar la provincia, concluyendo con el mando cartaginés en España.
Cn. Escipion, hermano del cónsul P. Cornelio Escipion, fué el primer capitán romano que consta haber venido con el ejército y armada á España, en el año 536 de Roma, siendo cónsules P. Cornelio Escipion y Tito Cornelio Longo, el 218 antes de J. C. Desembarcó en Ampurias y comenzó á reducir unos pueblos á su dominio y otros á su alianza, haciendo declaradamente la guerra á los cartagineses, sobre quienes logró algunas ventajas, llegando poco á poco á hacerse dueño de la provincia y obligándoles á retirarse á la Bélica y la Lusitania. Uniósele su hermano P. Escipion, pero separados los celtíberos de la alianza de Roma, ambos capitanes fueron vencidos por los cartagineses, quienes aseguraron su dominación, y hubieran puesto término á la ambición romana, sin las victorias de L. Marcelo, que unidas á los esfuerzos de los dos Escipiones, decidieron tan obstinada lucha, después de una serie de sucesos prósperos á las armas de Roma, logrando la completa espulsion de los cartagineses, etc.
Los españoles que se habían unido á Roma para sacudir el yugo cartaginés, se encontraron con otro mucho mas pesado; las vejaciones que los pueblos esperimentaban continuamente por la rapacidad de los pretores y demás magistrados romanos, fueron causa de sucesivos disgustos y nuevas revueltas. Los lusitanos y celtíberos volvieron á tomar las armas y avivado mas su encono con la perfidia del pretor Galba, consiguieron muy señaladas victorias acaudillados por el célebre Viriato. Los triunfos de este guerrero llenaron de sobresalto á Roma misma, al paso que los segedanos y algunos otros pueblos, entre ellos los numantinos, abrazaban también la causa de la independencia. Varios sucesos señalaron estas campañas en las cuales triunfaron alternativamente la noble decision de los españoles, y la disciplina y valor de los roma—

domingo, marzo 21, 2010

Viage ilustrado (Pág. 463)

den de San Juan de Jerusalen, y el 13 de noviembre tomaron posesión de la isla los caballeros, que se designaron desde entonces con el nombre de caballeros de Malta, siendo su primer gran maestre en esta ciudad, Villiers de l'Isle—Adam. La orden, en los cinco primeros años, hizo una guerra terrible á los turcos, causándoles tan viva inquietud, que Solimán, irritado, acudió á la cabeza de un ejército formidable á sitiar á Malta. Este fué el sitio que cubrió de gloria á los caballeros de Malta, y particularmente al gran maestre Juan de la Valette. Los turcos se vieron obligados á levantar el sitio, después de haber perdido lo mas escogido de su ejército. La órden de Malta reparó, en breve sus pérdidas y los estragos de la guerra, y los sucesores de la Valette, hasta el gran maestre Hom-pesck, el último, desposeído por los franceses, se han ocupado siempre en aumentar las fortificaciones de la isla, de adornarla de edificios y de engrandecer su comercio.
Hasta hace poco tiempo Malta se había considerado como inespugnable, pero el 11 de junio de 1798 fué tomada por los franceses, á las órdenes del general Bonaparte, aunque algunos meses después, los mismos franceses fueron atacados por las escuadras combinadas de ingleses y portugueses al mando del almirante Nelson. Las hostilidades comenzaron por la insurrección de los malteses, viéndose bien pronto reducidos los franceses á la sola ciudad de Malta. Hicieron salir de ella á la mayor parte de sus habitantes, y sostuvieron un sitio que duró cerca de dos años, y que debe mencionarse entre las operaciones mas memorables de la guerra. El hambre mas horrible pudo reducirlos únicamente á abandonar tan importante conquista. Desde el 23 de setiembre de 1799, según un estracto de un diario de la ciudad, certificado por el general Vaubois, un pollo se vendió á 60 francos, un par de palomos á 24, un conejo a 12, un huevo 80 céntimos, la carne de caballo á dos francos la libra, un ratón al mismo precio, y el pescado á seis francos la libra. El 1.° de julio estaban agotadas todas las provisiones de boca, las cisternas se hallaban secas y se habian declarado infinitas disenterias.
En este estado se hallaban las cosas, cuando la valiente guarnición recibió la octava intimación de rendirse, á la cual todavía respondió con la firmeza que á las anteriores. Solamente en el momento en que no quedaba pan sino para tres dias, fué cuando el general Vaubois se decidió a capitular el 6 de julio de 1800.
La isla de Malta por el tratado de Amiens, debió haberse devuelto á los caballeros, pero en menosprecio de este tratado, los ingleses quisieron conservarla, por lo cual comenzaron nuevamente las hostilidades entre Inglaterra y Francia, de manera que la suerte de esta isla fué incierta hasta 1814, en que se reconoció que pertenecería a la Inglaterra.
La costa meridional de Malta no presenta mas que escollos y rocas inabordables, pero las demás se hallan guarnecidas de radas seguras y cómodas, aparte de los dos grandes puertos Porto—Grande y Porto di Marza Muscetto, entre los cuales está situada la ciudad Valette.
Malta, la capital, está dividida en tres partes que son, la ciudad Valette, nombre del gran maestre que la hizo edificar en 1566, el arrabal Victoriosa, y la isla de San Miguel ó de la Sangle, porque un gran maestre de este nombre la fortificó. La isla de Gozzo está protegida por una ciudadela construida en lo alto de las rocas, y por los fuertes Migiero y Cambray que se hallan situados en la ribera. La pequeña isla del Comino tiene también un fuerte. Al O. de la isla de Malta se encuentra un gran número de casas de campo, y en la parte del E. veinte y dos aldeas ó caseríos. Gozzo tiene seis pueblecitos.
El suelo de Malta se compone de una especie de piedra calcárea, con una doble capa de tierra vegetal, y el agricultor no puede hacerlo fértil, sino esparciendo en él guijarros convertidos en polvo, con lo cual produce abundantemente. Malta produce los mas hermosos melones de Europa, sus naranjas son igualmente las mas ricas, y no hay otro pais que tenga rosas de tan dulce y agradable perfume. La isla está cubierta de naranjos, limoneros, almendros, viñas, olivos é higueras. Las cercas de que estos isleños rodean sus campos para resguardar del viento las plantaciones, impiden á la vista gozar del efecto de aquella estension de verdura, que contrasta singularmente con las altas rocas talladas á pico, y con enormes y vetustas grietas. Los asnos y los perros de esta isla son escelentes, y los romanos apreciaban y buscaban mucho estos últimos.
Los campos de Malta y de Gozzo merecen recorrerse y examinarse por los aficionados á la antigüedad y á los fenómenos de la naturaleza. Las ruinas de la Torre de los Gigantes, que se ve en Gozzo, han atravesado indudablemente muchos siglos, y son, como todos los monumentos que nos quedan de los pueblos primitivos, un conjunto de piedras enormes ensambladas unas con otras, sin ligazon ni cimiento. Al Oeste de Mdina se encuentran los restos de un templo de Proserpina.
Como los malteses han vivido casi siempre con estrangeros, parecen también un conjunto de muchas naciones. Su carácter es una mezcla singular del vigor africano, de la altivez española, de la finura italiana y de la alegría francesa. Su idioma tiene principalmente por base el árabe, pero se encuentran en él voces de otras muchas lenguas. Se alimentan con peces, frutas y legumbres.
El pueblo de Malta y de Gozzo es de los que han conservado mas largo tiempo sus antiguas costumbres. En los funerales los malteses hacen que figuren todavía dos mugeres con manto negro, que llevan en sus cabezas braserillos donde queman aromas y yerbas odoríferas, Cuando nace un niño en el seno de una familia bien acomodada, los padres y los amigos se juntan para lo que llaman cucciha, que consiste en presentar al recien nacido, si es niño, dos cestas, una llena de dulces y de trigo, y la otra de dinero, con un escritorio y una espada; y si es niña, una cesta con cintas, seda y agujas. Los malteses creen de buena fé que la elección casual que aquí se obliga á hacer al niño, determina su carácter, gusto y vocación.
Los malteses son muy amantes de las diversiones, esperan con ansiedad los dias feriados, y tienen muchos en su calendario. Una prueba de lo que gusta el divertirse á las mugeres, es que en la mayor parte de los caseríos hacen á los maridos estipular en los contratos de boda, que las han de llevar á la Mnaria, á Ja fiesta de San Juan y á algunas otras. También se ve por el cuidado que tienen en ingerir esta cláusula, la poca libertad de que disfrutan las mugeres en Malta. Pero la fiesta popular y por escelencia deseada, es

jueves, marzo 18, 2010

Viage ilustrado (Pág. 462)

pareció muy dura y escitó un descontento general.»
Al Noroeste de Girgenti, cerca de Castel—Vetrano, se elevaba un tiempo Selinonte, y antes de ella quizá otra ciudad edificada por una raza mas fuerte ó mas atrevida, á juzgar por los enormes restos que yacen aun en el polvo, y que el siciliano de hoy, asombrado de su inmensidad, llama los Pilares de los Gigantes. Mas al Norte todavía, entre Trápani y Alcano, en un pais estéril donde la vegetación parece haberse ido para dejar brillar sola una de las obras mas hermosas de la mano del hombre, el templo medio destruido de Venus Erycina desierto ya en tiempo de Strabon. Es cuanto subsiste hoy de las ruinas de Segesto.
Por último, en el centro de la costa N. E. de la isla se ostenta, en una llanura fértil y bien delineada, en el fondo de un golfo de ondas de záfiro, Palermo, con un delicioso paseo, la Marina, á lo largo del mar como Villareale en Nápoles. «Aqui, dice un autor, como en otras muchas ciudades del reino, las tiendas de los vendedores de agua de nieve contribuyen al adorno de las calles. Este líquido se vende en tiendecitas donde están apilados á cada lad, limones, naranjas y toda clase de frutas del Mediodía, entre las cuales forman armonías grandes redomas de cristal llenas de peces de colores. Una porción de juegos de agua saltan de las odoríferas flores, y todo este conjunto, en medio de la calle donde el calor abrasa, exhala la mas suave frescura. En el Palacio Real, vasto edificio imponente por su masa, se ofrece á la curiosidad del viagero la capilla, construida por Roger en 1129, y el observatorio donde Piazzi descubrió en 1801 el planeta Ceres.
La catedral es uno de los mas bellos monumentos góticos de Sicilia, y ha habido quien ha dicho que Córdoba, Granada y Sevilla, no tienen nada superior en edificios religiosos. Pero el dia en que conviene verla es el 15 de julio, en el momento en que se celebra en Santa Rosalia, el recuerdo de la salud que concedió á la ciudad devorada por la peste.
Sobre un carro de cerca de 23 metros de longitud, de 9 de anchura y de mas de 26 de altura, soportando una orquesta numerosa, ornado de naranjos, de ramos y guirnaldas, tirado por cincuenta y seis mulas ricamente enjaezadas, se eleva una cúpula que sostienen diez columnas, bajo la cual se halla colocada la estátua gigantesca de Santa Rosalia, de plata maciza. El carro con todo el cortejo y caballería que lo acompañan, se pasea durante el dia y vuelve á entrar por la noche, á la claridad de una brillante iluminación. La fiesta continúa al son de fuegos artificiales, y á media noche, el paseo concurridísimo, y en el cual se ostenta un lujo grande, pasa del Corso á la calle del Cassaro, y concluye á las dos de la madrugada. Al segundo dia hay carreras de caballos montados por elegantes jockeys, y por la noche nuevas iluminaciones. Al tercer dia iguales fiestas, las mismas iluminaciones y hermosos fuegos artificiales. Al cuarto tres carreras de caballos consecutivas, y por la noche, la catedral, alumbrada por veinte ó treinta mil bugías, se llena de devotos y curiosos que acuden á admirar tan magnífico espectáculo. Finalmente, el quinto, ademas de las fiestas ya dichas, hay otra procesión mucho mas brillante y numerosa que la primera, en la cual sale el mismo carro, pero con la particularidad esta vez, de que va escoltado por todos los sacerdotes y religiosos de la ciudad, y de que va en aquella urna de plata que contiene las reliquias de Santa Rosalía. Antes de entrar el cortejo, da la vuelta por la plaza Pretoriana, cuya fuente de improviso en vez de agua, empieza á arrojar fuego. Esta fiesta, que atrae á la capital casi la cuarta parte de la población de la isla, cuesta á la municipalidad unos 60,000 ducados. El interés que tienen en esta fiesta los habitantes de Palermo de toda edad y condiciones, el lujo que á ella preside, y la importancia que cada uno le da, están indicando claramente que corre todavía por las venas de los sicilianos la sangre de los antiguos griegos, tan ansiosos de fiestas religiosas y de ceremonias públicas.
Añadamos á esto que en la época de esta fiesta es cuando el comercio de Palermo se ostenta en toda su actividad. El gusto y el atractivo de las ceremonias públicas inspiran tanto á los pueblos del Mediodía, como la necesidad de bienestar y la energía natural á los pueblos Septentrionales ¿Qué seria del comercio de la Arabia interior sin las peregrinaciones de la Meca?

ISLAS DE MALTA Y DE GOZZO.

Al Sur del cabo Passaro, en Sicilia, están las islas de Malta y de Gozzo, hallándose hoy las dos bajo el dominio de Inglaterra.
La historia de la roca de Malta se remonta á los tiempos mas remotos. No sabemos hasta que punto sea interesante saber que fué habitada con el nombre de Ipecia por unos gigantes que hicieron la guerra á Júpiter, y que cambiando después dicho nombre por el de Ogygia, fué asilo de la diosa Calipso, la cual, recibió tan bien á Ulises, que le hizo casi olvidar su pequeño país de Itaca. La cuna de cada nación se halla envuelta de tantas fábulas, que seria muy raro que Malta no tuviese las suyas. Los griegos dieron después el nombre de Melita á esta isla, y en tiempo de ellos hizo un gran comercio de algodón célebre por su finura. Los pueblos de la Sicilia y de toda Italia le compraban sus telas. Su gobierno era casi republicano; y durante doscientos años los griegos fueron pacíficos poseedores de ella, hasta que una colonia cartaginesa que dejaron establecer se la arrebató. Sus riquezas debian necesariamente ser un incentivo poderoso para los que podían conquistarla. Con efecto, los romanos la tomaron, la perdieron después, y por último la recobraron cuando la ruina de Cartago. Bajo esta dominación floreció mucho, y fué casi libre. En Malta fué donde San Pablo, que iba de Cesárea á Roma para ser juzgado por el emperador, estuvo á punto de naufragar á la entrada del puerto que lleva hoy su nombre, y fué mordido por una serpiente, mordedura que no causó efecto alguno.
Después de la ruina del imperio romano, devastada sucesivamente por los bárbaros y los árabes Malta esperimentó infinitas revoluciones y dominaciones, hasta que en 1516 entró á formar parte de los inmensos dominios de Carlos V. Este monarca conoció la importancia que podia tener por su situación, y concibió el proyecto de restablecer aqui aquella milicia religiosa, aquella orden militar conocida con el nombre de caballeros de San Juan de Jerusalen, que después de un sitio glorioso, acababa de ser espulsada de la isla de Rodas por Solimán, y se encontraba á la sazón errante por las costas de Italia. Carlos V firmó el 23 de marzo de 1530, el diploma de donación á la ór–

martes, marzo 16, 2010

Viage ilustrado (Pág. 461)


Catedral de Palermo

nas de la antigua Siracusa, murmura una abundante fuente que es Aretusa, la que Alpheo, nuevo Leandro, venia á buscar en otro tiempo á través de las olas del mar, si hemos de dar crédito á Teócrito y á los doctores sus hermanos en imaginación. ¡Actualmente la ninfa trasformada no es mas que un lavadero de la ciudad nueva!
La Siracusa moderna, lo mismo que Catana, se halla sujeta por su proximidad al Etna, á frecuentes temblores de tierra que la originan terribles estragos, por lo cual tiene pocos monumentos, como no sea la famosa prisión llamada Oreja de Dionisio, inmensa caverna abierta en la roca, y tan sonora, que la simple rotura de un pedazo de papel produce en ella tanto ruido como cuando se da con un palo en una plancha metálica.
En medio, sobre poco mas ó menos, de la costa que mira á Africa, ocupa Girgenti sobre una alta montaña, no precisamente el lugar de la antigua Agrigento, sino el de su ciudadela. Dos recuerdos han quedado de esta ciudad de los antiguos tiempos; el de uno de sus tiranos, Phalaris, que hacia quemar á sus víctimas en un toro de metal, y el de la molicie de sus voluptuosos habitantes, dignos rivales de 1os sibaritas. «En el tiempo del esplendor de Cartago, dice uno de nuestros mejores geógrafos, fueron amenazados de un ataque por esta potencia ávida de estender sus colonias; los magistrados dispusieron que se pasase la noche en los baluartes, y que para que no estropease mucho este servicio, cada ciudadano en facción llevase consigo una tienda, un cobertor de lana y dos almohadas. Esta disciplina

domingo, marzo 14, 2010

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Vista de Mesina


la tierra donde la huella española no haya quedado gloriosamente impresa.
Junto á Cappaccio, principado de Salerno, están las ruinas de Pestum ó Possidonia. Los edificios que la compusieron, construidos por los sibaritas y destruidos por los sarracenos ó los normandos, consisten en dos templos consagrados á Neptuno y á césar, una basílica y un anfiteatro: las últimas escavaciones han hecho descubrir una calle entera, larga columnata y otro templo.
Tarento, en el golfo del mismo nombre, es célebre por la resistencia que en ella opusieron los romanos á Anibal, y por la pesca que los antiguos hacian del molusco del cual estraian púrpura. Tarento debió su nombre á la tarántula, cuya picadura segun la opinión popular es peligrosa. Una vez picados, dicen, unos rien, otros lloran, estos no cesan de cantar, aquellos se quedan tristes y silenciosos, y otros bailan con furor.
La música cura el mal, y en España es tradición vulgar el que ha de ser con una guitarra, porque en el anverso de aquel animal, añaden, está retarda la figura de este instrumento. Lo seguro y lo en boga hoy es irse á un médico que cura dicha picadura en muy poco tiempo.
Los primeros colonizadores que dieron su nombre á la Sicilia fueron los sicanos, pueblo de raza vasca ó ibera. Griegos, cartagineses, romanos, árabes, españoles y normandos, la conquistaron sucesivamente, porque en realidad era una presa que podia escitar verdaderamente la codicia de las aves de rapiña. Todas las producciones de Egipto, el café, el papiro, el olivo, el naranjo, la caña de azucar, el aloe y otras plantas crecen vigorosamente entre las viñas y cereales de este pais. Los trigos de Sicilia alimentan á Roma. El pórfido, el jaspe, la ágata, la esmeralda, el oro, la plata, el hierro y el cobre yacen sin esplotar en sus montañas. El ámbar se encuentra en la orilla del Garrietta, pero estas y otras muchas riquezas naturales son de todo punto inútiles por la indolencia de sus poseedores.
Mesina, segun parece, diez siglos antes de nuestra era, está casi enfrente de Reggio, en la calabria. Bajo sus muros se agitan las aguas del estrecho donde los antiguos colocaban un tiempo los escollos de Carybdis y Scylla. A 48 kilómetros al Sur-Oeste, sobre el monte Tauro, está asentada Taormina, cuyo antiguo teatro se ve tallado en la roca, dando por su conservación la idea mas exacta de lo que eran entre los antiguos esta clase de edificios. Despues, en la ribera, al pie del etna, se estiende Catana, que fué una ciudad fundada siete siglos antes de Jesucristo, y ciudad opulenta, hasta que Hieronte, tirano de Siracusa, desterró á sus habitantes. Su catedral es magnífica, y el viajero que quiera ahorrase la ascensión al etna, no tiene mas que ir a su sacristía, donde verá entre los frescos que la adornan una pintura que representa la erupcion de 1669. Se ve descender de las cimas del volcan un torrente de lava de mas de cuatro kilómetros de anchura, (ya se entiende que no en el cuadro) amontonándose sobre los muros que tienen 20 metros de altura, traspasarlos, atravesar la ciudad, y concluir con depositar una inmensa mole en el mar, que sin embargo, le ha sido conveniente, pues ha aumentado la seguridad de puerto.
Partiendo de Catana se costea el mar para llegar á Siracusa y aunque se deja ver el aspecto de las risueñas campiñas que rodean aquella ciudad, en cambio se encuentran á cada paso recuerdos de la Grecia y de las dulces ficciones de sus poetas. El compañero que os guia lleva en la cabeza un gorro frigio, el rio cuyas márgenes seguis, se llama para él el Garrietta, pero para vos el Simetho; las flores perfumadas que en sus orillas crecen, son las mismas que Proserpina cogia en el momento en que Pluton la arrebató para partir con ella el trono de los infiernos. Entre las rui–

sábado, marzo 13, 2010

Viage ilustrado (Pág. 459)

trario, y por centenares, y aun por miles, aumenta el número de los prisioneros, hasta que en medio de tantas ruinas se levantan los gritos de victoria. Aquellas hermosas naves españolas, que como bellísimos cisnes resbalan sobre las tranquilas aguas del golfo, nos traen á la memoria una curiosa anécdota, que demuestra el sosegado y el agudo ingenio de que solia hacer alarde el Gran Capitan, aun en los mas críticos momentos. Concluida la jornada que acabamos de citar, los españoles repararon en una barquilla qua velozmente se acercaba hacia la arena: dentro de ella, distinguiase á Cervellon, caballero catalán, vestido de todas armas. Al verlo Diego Mendoza, preguntó quién era aquel que tan á deshora y cubierto de acero desde las uñas hasta los dientes venia hacia la orilla. Riendo el Gran Capitan por la tardanza de Cervellon y queriéndola, sin embargo, reproducir con un epigrama inolvidable, contestó, aludiendo á las lucecillas que suelen ver los marineros entre la arboladura de los buques, después de pasada la tormenta: «Como sois corto de vista, no habéis podido distinguir, mi buen Mendoza, que aquella aparición es, ni mas ni menos, que San Telmo, que se presenta en las gavias.»
Estrechadas asi, y derrotadas y confundidas las armas francesas, bajo las garras del valeroso león de Castilla, no les quedaba ya mas amparo que decidirse á rendir la ciudad, si las reliquias de aquel ejército no habían de sepultarse entre el polvo de una tierra, tan venturosa siempre para los españoles. El laurel de la conquista se alzaba lozano sobre la tostada frente del Gran Capitán, y la última hora de la Francia había sonado desde la encrespada cumbre de los Abruzaos hasta las tranquilas y deliciosas riberas de la Sicilia. Todos los cuidados de los enemigos se dirigieron desde entonces á disponerse para el rendimiento de la ciudad, y solo este pensamiento, comunicado por el general en gefe y acogido como única aurora de salvación entre los soldados, fué lo que pudo reanimar algún tanto á aquellos infelices
A otro día fueron al campo español, con el fin de estipular las condiciones del rendimiento de la ciudad, tres capitanes en representación de las tres nacionalidades que figuraban en el ejército sitiado, franceses, suizos é italianos. En brevísimas palabras acordaron que entregarían á Gaeta con la artillería y las vituallas, y que ellos tomarían la vuelta de Francia por mar ó por tierra, con la única condición de que los caballeros llevasen sus caballos, y los peones conservasen sus espadas y sus picas; estas sin aceros. Asi desalojaron pobre y miserablemente á Gaeta los que tuvieron la osadía de medir sus armas con las del Gran Capitán, dejando en manos de este, como una preciosísima perla con que ornar la brillante corona de Castilla, enriquecida ya á la sazón con el Nuevo Mundo que le había conquistado el célebre almirante genovés, nada menos que la hermosísima tierra que acarician á porfía las aguas del Mediterráneo y del Adriático.
Dolorido Gonzalo Fernandez de Córdoba de la mala estrella de los vencidos, capitán, que sea dicho de paso, tuvo por sistema en toda su vida ahorrar el derramamiento de sangre, y ser liberal y compasivo con todos, los mandó proveer de cuantos medios les fuesen indispensables para su humilde retirada, y especialmente de caballos. Con tan hidalgo proceder contrastó extraordinariamente la ingratitud del general Daubeni, quien con tono sarcástico y con el ánimo de un hombre que quiere venir de nuevo á las manos, le dijo: «Os ruego que nos proveáis de buenos caballos, que no solamente puedan llevarnos á Francia, sino traernos otra vez á Italia.» El Gran Capitán le contestó con habla arrogante y corazón levantado: «Los mismos vestidos y caballos y salvo–conducto que os doy para retiraros á Francia, os ofrezco para tornar á Italia, el día que queráis probar nuevamente los botes de mi lanza.»
La desnudez, el frió, el hambre, la miseria, y por último, hasta la degradación, acompañaron á los vencidos, que tomaron por tierra la vuelta, de la Francia, y no fueron pocos los que habiendo tenido la fortuna de escapar de los mosquetes españoles, no pudieron resistir las calamidades que los persiguieron, sucumbiendo á la muerte. Mas desdichados aun los capitanes que los soldados, se vieron espuestos á las mismas desgracias de estos, viendo aumentar sus dolores hasta llevarlos al sepulcro, á unos el remordimiento, á otros el ver empañado el brillo de pasadas glorias y a todos la vergüenza y el oprobio que sufrieron allí donde esperaban encontrar un dilatado palenque para sus triunfos.
Volvamos ya la vista hacia Gaeta, hacia esa rejuvenecida ninfa del Mediterráneo, hacia esa ciudad que es mas antigua que Roma, puesto que fué fundada por Eneas, que la consagró á su nodriza Cajeta. En otro tiempo estuvo esclusivamente bajo la dominación de sus duques, siendo luego incorporada al reino de Nápoles, por lo que recibieron sus príncipes en cambio otras tierras del interior. En la actualidad tiene una población de 10,000 almas. Aquella torre, vulgarmente llamada de Orlando, que se eleva sobre el monte Corvo, es la tumba de Lucio Manuzio Planeo, erigida diez y seis años antes de Jesucristo: aquella otra que lleva el nombre de Latratina, pasa por ser el palpable recuerdo de un antiguo templo de Mercurio. Esas notables fortificaciones que hicieron inexpugnable á la ciudad por la parte de tierra, hasta que la tomó Massena, fueron sacadas de cimientos por Antonino Pio, levantadas por Alfonso de Aragón en 1440, y restauradas posteriormente por el emperador Carlos V. Al lado de unas miserables ruinas está el Formianum, lugar de retiro de Cicerón. Aqui murió el célebre orador latino, bajo el puñal homicida de un miserable á quien en otro tiempo había favorecido. Aquel importante castillo sirve de tumba al condestable de Borbon, muerto en 1328 en el cerco de Roma. En una palabra, cada uno de esos parapetos recuerda un acontecimiento notable, ó un nombre digno de conmemoración honrosa. No debemos pasar en silencio el grande hecho de armas que tanto se distingue entre los muchos que han dado celebridad á Gaeta: aludimos al asedio de ingleses y austriacos en 1815. La catedral, dedicada á San Erasmo, encierra entre otras cosas notables, un grandioso monumento antiguo, algunos bajos relieves de mucho mérito, una de las columnas del templo de Salomon, un bello cuadro de Paolo Veronés, y el magnífico estandarte regalado á don Juan de Austria por el pontífice Pio V, en premio del glorioso lauro alcanzado en la batalla naval de Lepanto.
Nos hemos detenido en estos recuerdos históricos por lo mucho que interesan á España, y también porque los estrangeros en sus impertinentes descripciones afectan haber olvidado, que apenas hay un pais en

miércoles, marzo 10, 2010

Viage ilustrado (Pág. 458)

tomado las formas del esqueleto como un molde, y aun puede ver el viagero impreso el busto de una muger joven y fresca: era la infeliz Julia. Parece al observador que el aire debió irse cambiando gradualmente en un vapor sulfuroso, que se precipitarían hacia la puerta los habitantes de los subterráneos, mas la hallarían bloqueada esteriormente por las escorias, y en sus esfuerzos para abrirla, debieron de quedar ahogados por la atmósfera que los rodeaba.
«En el jardín se halló un esqueleto con una llave en su descarnada mano, y á su lado un talego de dinero. Se cree que era el amo de casa, el desgraciado Diomedes, que probablemente trató de huir por el jardín, y murió con los vapores ó con alguna pedrada. Al lado de algunos vasos de plata habia otro esqueleto, probablemente de un esclavo.
»Las casas de Saluslio y de Pansa, el templo de Isis con los nichos detrás de las estatuas desde donde se pronunciaban los oráculos, están espuestos en la actualidad á las miradas de los curiosos. En uno de los cuartos de ese templo se ha descubierto un enorme esqueleto con una hacha á su lado: habia echado abajo dos paredes, pero no pudo avanzar mas. En medio de la ciudad se encuentra también otro esqueleto cargado de monedas y de varios ornamentos místicos del templo de Isis. Sorprendióle la muerte en su avaricia, y Caleño pereció al mismo tiempo que Burbo. En el curso de las escavaciones se vio un esqueleto de hombre, partido por medio por una columna. Era el cráneo de tan notable conformación y sus desarrollos intelectuales y físicos presentaban tal osadía, que no ha cesado de ser la admiración de todos los adeptos de Spurzheim, que han podido contemplar aquel arruinado palacio de la inteligencia. Después de diez y ocho siglos puede contemplar el viagero aquella sala llena de galerías curiosas y de cuartos singularmente dispuestos, en medio de los que en otro tiempo pensaba, discurría y soñaba el alma criminal de Arbaus el egipcio.» (1)
Terminado el cuadro de Pompeya, vamos á dar noticia ahora de otros puntos notables, principalmente para nosotros, por los recuerdos de España que atesoran.
Fondi, Itri y Mola fueron el teatro donde se representó la última escena del sangriento drama de Cirignola y del Garigliano; la arena donde se celebraron los últimos juegos olímpicos en loor del mas valiente soldado español, del héroe andaluz del siglo XV, del Gran Capitán Gonzalo Fernandez de Córdoba.
Ya la primavera vestia de flores la campaña, y los panes crescian, y el mayo se mostraba, como dice elegantemente un cronista contemporáneo, cuando el horroroso incendio de los depósitos de la pólvora española, bastante por sí solo para desanimar al ejército quiso el cielo que fuese la antorcha de la victoria alcanzanda sobre los franceses en Cirignola, como inspiradamente dijo el bizarro general de nuestras armas. La derrota de los contrarios fué tal, que tuvieron hasta cuatro mil muertos sobre el campo, contándose entre ellos el general en gefe del ejército, sin que llegase á un ciento el número de víctimas de los españoles. Tan precipitada fué la fuga que emprendieron los franceses, que sin orden ni concierto se vió á unos tomar la vuelta de la Venosa, seguidos del intrépido Diego García de Paredes, y á otros 1a de Capúa, llevando al alcance á sus vencedores, hasta coger el camino de Gaeta. Al tratar de la célebre batalla de Cirignola, refieren las crónicas una anécdota curiosísima. Próspero Colonna, siendo uno de los que con mas ardimiento cargaron á los franceses, logró apoderarse de la tienda del general en gefe, que como hemos dicho, murió de la bala de un arcabuz, y alli partió con los suyos la suntuosa y opípara cena que en un riquísimo aparador de plata dorada habian preparado los contrarios para celebrar el triunfo. Despues del banquete, se arrojó en una magnífica cama que encontró á propósito para descansar de las fatiga de la jornada. Esta tardanza puso en gran conflicto por la suerte de Próspero á su hermano Fabricio y al Gran Capitán, hasta que con el nuevo sol se presentó aquel ufano y contento en el campo español, disipando las angustias en que estos habían pasado la noche.
A poco de la segunda derrota que los franceses sufrieron en las memorables márgenes del Garigliano, donde ya alcanzó finalmente Gonzalo Fernandez de Córdoba la completa conquista del rico y floreciente reino de Nápoles, volvemos á ver á aquellos en ese pintoresco camino que ya iban animando los primeros respiros del alba; pero otra vez los hallamos desalentados, después de haber embarcado su artillería; corriendo en busca de un punto algo favorable para hacer el último esfuerzo y dejar mas honrado el nombre de la Francia. Pero los heroicos golpes que constantemente les iba dando la caballería española, y aun la infantería del valentísimo conde Pedro Navarro, los pusieron en la mas vergonzosa dispersion, siendo aun mayor el destrozo que sufrían de sus mismos caballos, entre los que en confuso remolino corrian mezclados los infantes, sin atender á las leyes de la disciplina ni á los preceptos de sus gefes, que en vano se esforzaban por apartar siquiera el estrago que hacia entre ellos tan desordenada huida, que no ha podido menos de dejar un triste renombre en los fastos de nuestras conquistas en Italia.
Por fin consiguieron reponerse algún tanto en Mola di Gaeta, y aquí lidiaron con ventaja unos momentos. El Gran Capitán, viendo la osadía del enemigo, que no era mas que la última llamarada de una luz que va á estinguirse, la postrera convulsion del moribundo, habló á los suyos con voz de trueno, y cargando con la velocidad del rayo, causó una completísima derrota en los franceses, les mató uno de sus mas escogidos capitanes, y los obligó á acogerse con las últimas reliquias de su ejercito dentro de los muros de Gaeta.
Continuemos nuestro camino, y sigamos al mismo tiempo con la imaginación el postrer lauro por nuestras armas al coronar por completo su gloriosa y señalada conquista. La consternación y el espanto reina en las tropas francesas que huyen despavoridas hacia esta última ciudad. Por alli, Gonzalo Fernandez de Córdoba lleva la desolación y la muerte al corazón de las huestes enemigas; por el otro lado Pedro de Paz y el conde Pedro Navarro les han cortado la retirada, y la sangre francesa corre á torrentes por entre las sinuosidades de los montes Fornianos; más allá, García de Paredes y Diego de Mendoza, cansados de la horrorosa carnicería, intiman la rendicion á su con—


(1) Ya hemos indicado que el lector debe prescindir aquí de los nombres propios; y atender solo á los objetos á quienes se aplican, encontrados todos en la ciudad de Pompeya.

viernes, marzo 05, 2010

Viage ilustrado (Pág. 457)

Bulwer, infatigable y enérgico escritor que no ha perdonado medio alguno de investigación acerca de la desgraciada ciudad de Pompeya, ha hecho el cuadro mas aterrador y sublime de la gran catástrofe que borró á aquella del catálogo de las ciudades vivientes. Nosotros, que como habrá conocido el lector, no hemos perdonado medio alguno de hacer interesante este artículo, trasladamos á continuación la animada pintura del célebre novelista inglés. Colocando la acción en el día mismo de la funesta erupción del Vesubio, dice de esta manera:
«La nube que cubrió el dia de tan espeso velo, se habia cambiado poco á poco en una masa sólida ó impenetrable; menos se parecía á las tinieblas de la noche que á las de un cuarto pequeño y cerrado; mas á medida queso ennegrecían, aumentaban la vivacidad y el resplandor de los relámpagos que despedia el Vesubio. No se limitaba su horrible hermosura á las tintas comunes que presenta la llama; nunca ofreció arco—iris alguno, colores mas variados y brillantes. Unas veces eran de un azul oscuro, como el mas hermoso cielo del Mediodía, otras de un verde lívido, cual la piel de una serpiente, é imitaban las sinuosas roscas de un enorme reptil; otras, de un rojo naranjado, que apenas podían sufrir los ojos, pero que petrando las columnas de humo alumbraba toda la ciudad, y debilitándose luego por grados, se volvía de una palidez mortal, no dejando ver ya mas que el fantasma de su propia existencia.
»En el intervalo de los chaparrones, se oia el ruido que agitaba las entrañas de la tierra, ó los gemidoras olas de la atormentada mar; ó bien mas bajo todavía el agudo murmullo, perceptible solo, por un vivísimo gemido, de los gases que exalaban las quiebras de la montaña. A veces parecia que se rasgaba la masa sólida de la nube, y á la luz de los relámpagos presentaba formas estravagantes de hombres ó de monstruos persiguiéndose en las tinieblas, empujándose unos á otros, y disipándose todos juntos en el turbulento abismo de la sombra; de suerte, que á los ojos de la imaginación de los consternados transeúntes, aquellos vapores sin sustancia, parecían verdaderos gigantes enemigos, ministros de terror y de muerte. «Ya en muchos parages llegaban las cenizas á la rodilla, y la hirviente lluvia que salía del volcan penetraba en las casas, impregnándolas de una atmósfera que ahogaba. En algunas partes, inmensos pedazos de piedra, lanzados sobre el techo de las casas, llevaban á las calles confusas masas de ruinas, que aumentaban los obstáculos de que se veian sembrados los caminos: conforme adelantaba el dia, y se notaba mas claramente el movimiento de la tierra, parecia huir el suelo debajo de los pies, y ni carro ni litera podian conservar su equilibrio, aun en la tierra mas firme.
»A veces chocando entre sí, al caer las piedras mas enormes, se rompían en mil pedazos, saltando de ellas chispas que incendiaban todos los combustibles que había al paso. Entonces se disipó la oscuridad fuera del pueblo, las llamas se habían apoderado de muchas casas y viñedos, y se alzaban amenazadoras, en medio de las espesas tinieblas. A fin de aumentar esta claridad parcial habían puesto los ciudadanos de Pompeya de trecho en trecho hileras de antorchas en las encrucijadas, en los pórticos de los templos y en las avenidas del foro; pero no solian arder mucho tiempo. La lluvia y el viento las apagaban, y la doble oscuridad que seguia á su luz, era tanto mas terrible, cuanto demostraba la impotencia de los esfuerzos del hombre y le enseñaba á desesperar.
»Muchas veces se encontraban grupos de fugitivos al pasagero resplandor de aquellas antorchas, los unos corriendo hacia la mar, y los otros volviendo del mar hacia el interior, pues el Océano habia cejado de sus riberas, profundas tinieblas cubrían su seno; sobre sus agitadas y mugrientas olas, caian las cenizas y las piedras, sin que se pudiera hallar en él el abrigó que proporcionaban las casas en tierra. Atolondrados, perdidos, espantados, se encontraban aquellos grupos, mas sin tener tiempo de hablar, de consultarse, de discurrir, porque los turbiones que caian con frecuencia, apagaban las antorchas con cuyo auxilio distinguían mutuamente sus descompuestas facciones.
«Por otra parte, era general la prisa de guarecerse en el abrigo mas inmediato. Todos los elementos de la civilización estaban destruidos; se hubiera podido ver al ladrón pasando junto al grave depositario de la ley, cargado con riquezas robadas, y regocijándose con la idea de la imprevista ganancia que acababa de hacer. Si en la oscuridad se separaba la muger de su esposo, el padre de su hijo, inútil era que hubiesen esperado juntarse. "Unos y otros corrían á ciegas y sin orden; de todo el complicado mecanismo de la existencia social, solo quedaba lo que habia tomado de la vida salvage: ¡la ley primitiva de la salvación personal!»
Concluiremos lo relativo á Pompeya, con las siguientes líneas, iguamente emitidas por Bulwer, las cuales, aun que estractadas de su novela ya dicha, en la que están formando uno de sus mejores cuadros, no pueden menos de interesar al lector, porque están hechas con presencia de los descubrimientos hechos en la misma Pompeya, en cuyos alrededores escribía Bulwer su obra.
«Diez y siete siglos habían pasado cuando salió de su silenciosa tumba la ciudad de Pompeya, brillante con los colores que nada habían perdido de su viveza; con sus artesonados, cuyas frescas pinturas parecían de ayer, sin borrarse una tinta de sus pavimentos de mosaico, con las columnas de su foro, inacabadas como las dejó la mano del obrero, con el trípode del sacrificio delante de los árboles de sus jardines, el cofre del tesoro en sus salas, el strigil (estregador) en sus baños, los billetes de entrada en sus teatros, los muebles y lámparas en sus salones, en sus triclinios los restos del último festín, en sus cubículos los perfumes y aceites de sus malhadadas hermosuras; mas por todas partes los huesos ya esqueletos de los que en dicho tiempo hacian mover los resortes de aquella pequeña pero primorosa máquina de lujo y vida.
»En los subterráneos de la casa de Diomedes (1) se descubrieron veinte esqueletos agrupados á una puerta, entre ellos el de un niño de pecho. Estaban cubiertos de un polvo fino, de una ceniza que sin duda habia ido penetrando por las aberturas, hasta que lo llenó todo.
»Alli se encontraron joyas y monedas, candelabros para esparcir una luz inútil y vino cuajado en las ánforas; vanas precauciones para prolongar una lenta agonía. Solidificada la arena por la humedad, habia


(1) El autor aplica á varios esqueletos y casas encontradas los nombres de su novela.

sábado, febrero 27, 2010

Viage ilustrado (Pág. 456)


Fortunata, barrio de Pompeya

Por otro lado, y á cierta hora del dia, se veían algunos sugetos de largas togas, subir rápidamente, y con traza de muy ocupados á un hermoso edificio, donde los magistrados administraban justicia: aquellos eran los abogados, activos, charlatanes y dados á los equívocos como se les ve, en nuestros días en Westminster. En medio del recinto había sobre pedestales diversas estátuas, siendo la mas notable la que representaba la magestuosa figura de Cicerón. En torno del patio estaba una columnata regular y simétrica, de arquitectura dórica, donde varias personas atraídas allí por sus asuntos, tomaban el bocado que constituía el desayuno italiano. Recorrían el espacio descubierto, varios mercaderes de bagatelas, ejerciendo su profesión: uno presentaba lazos á una hermosa señora del campo: otro encarecía á un lugareño la solidez de sus zapatos, un tercero, especie de fondista, al raso, como tantos otros que se ven todavía en las ciudades de Italia, llenaba mas de una boca hambrienta con manjares calientes que sacaba de su horno ambulante; mas allá por un contraste que caracterizaba bien la mezcla de confusion y de inteligencia del siglo, un maestro de escuela esplicaba á sus discípulos los elementos de la lengua latina. En una galeria situada sobre el pórtico, y á la que se subia por una escalerita de madera, había también una multitud de personas, pero como era allí donde se trataba el principal asunto de la localidad, aquel grupo tenia el aire mas tranquilo y grave.
De cuando en cuando, se abrian respetuosamente los que estaban en la parte mas abajo para dejar paso á los senadores que iban al templo de Júpiter; situado en uno de los ángulos del foro y lugar de la reunion del senado. Saludaron aquellos senadores con orgullosa condescendencia á los amigos ó clientes que conocían entre la muchedumbre. En medio de los estudiados trages que llevaban las personas de distinción; se veian los sencillos vestidos de los robustos aldeanos que iban á los graneros públicos.
Desde junto al templo se veia el arco de triunfo y la larga calle que le seguía llena de transeúntes. De uno de los nichos del arco saltaba una fueute y lucían sus aguas a los rayos del sol, al paso que sobre la cornisa se dibujaba sombría, sobre el puro azul de un cielo de verano, la estátua ecuestre de Caligula, bronceada. Detrás de las tiendas de los cambiantes, estaba lo que se llama hoy el Panteón y muchos pompeyanos pobres pasaban por el vestíbulo que conducía al interior, con cestas al brazo, para llegar á una plataforma entre dos columnas, donde se vendían varias provisiones, restos de los objetos sacrificados á los dioses.
Delante de uno de los edificios en que se trataban los asuntos municipales estaban unos jornaleros trabajando columnas; se oía el ruido de sus instrumentos, al través de las conversaciones de la multitud. ¡Aun no se han acabado aquellas columnas!
Bien mirado, nada podía esceder la variedad de trages, de rangos, de modales, de ocupaciones de aquella muchedumbre; nada podia esceder á la confusion, alegría y continuo movimiento que reinaban alrededor. Había allí mil indicios de una civilización ardiente y exaltada, en que el placer y el comercio, la ociosidad y el trabajo, la avaricia y la ambición confundían en un solo abismo sus variadas olas, pero cuya impetuosidad no obstaba á la armonía.

martes, febrero 16, 2010

Viage ilustrado (Pág. 455)

peya de esta manera: «Daremos al lector, dice, una idea general de la forma en que estaban distribuidas las casas de Pompeya, y verá que su construcción era según los planos de Vitrubio; pero con toda esa variedad de pormenores, caprichos y gustos, naturales al hombre y que siempre han dado que hacer á los anticuarios. Se entra comunmente por un sitio llamado vestibulum (atrio) en una sala adornada á veces de columnas, pero la mayor parte no las tiene. En tres de los lados hay puertas que dan á las diversas alcobas, entre las que está la del portero, y de las cuales las mejores por lo regular, se destinan á los huéspedes estraños. Al estremo de la sala y á los lados derecho é izquierdo, si la casa es grande, hay dos cuartitos, ó mas bien dos nichos para las señoras de la casa; y en medio del embaldosado se ve siempre un estanque cuadrangular y poco profundo, para recibir el agua llovida que cae allí por una abertura hecha en el techo, abertura que se cierra cuando se quiere, por medio de una cubierta de madera. Esto es lo que se llama el impluvium, sagrado particularmente á los ojos de los antiguos. Alli se colocaban, muchas veces en Roma y pocas en Pompeya, las imágenes de los dioses lares. Ese hogar hospitalario de que tanto hablan los poetas romanos, y que estaba especialmente consagrado á estos dioses, consistía en un brasero móvil.
En el rincón mas distante habia una gran arca de madera, adornada y guarnecida con aros de bronce ó hierro, y fija por medio de clavos sobre un pedestal de piedra, con bastante firmeza para resistir todos los esfuerzos que hiciera un ladrón al robarla. Esta arca se tenia por el depósito del tesoro del amo de la casa: no obstante, como no se ha visto dinero en ninguna dé las encontradas en Pompeya, se supone que servian mas bien para adorno que para otra cosa.
En aquella sala ó atrium, hablando el lenguaje clásico, era donde se recibía á los clientes y personas de baja esfera En las casas de los vecinos mas distinguidos, habia un esclavo llamado atriensis, destinado en particular al servicio de dicha sala; su categoría era alta é importante entre sus compañeros. El estanque del centro debe de haber sido un adorno algo peligroso; pero como sucede con los prados de césped de los colegios universitarios de Inglaterra, estaba prohibido á los transeúntes pasar por enmedio de la sala, puesto que tenían suficiente espacio para hacerlo por los lados. Frente de la entrada y al otro estremo, habia un aposento (tablinum) cuyo piso solia estar adornado de ricos mosaicos, y sus paredes cubiertas de soberbias pinturas. Alli se conservaban los archivos de la familia ó los del empleo público que pudiera tener el dueño de la casa. En uno de los lados de este salon, si puede dársele tal nombre, estaba regularmente el comedor (triclinium), y en el otro, un gabinete que contenia una multitud de objetos raros y curiosos: mas siempre habia un pasadizo escusado para los esclavos, a fin de que pudiesen acudir á las diversas partes de la casa, sin pasar por las habitaciones de que hemos hablado. Todas estas piezas daban á una columnata cuadrada y oblonga, cuyo nombre, en términos técnicos, era perystilum. Si la casa era pequeña, concluía en esta columnata; entonces su centro, por reducido que fuese, formaba siempre un jardin lleno de vasos de flores puestos en pedestales, y debajo de la columnata, á derecha é izquierda, varias puertas conducían á sus respectivas alcobas y a otro triclinium ó comedor; porque los antiguos tenian en general dos piezas destinadas para este uso, una para verano y otra para invierno; ó bien una para todos los dias, y otra para los de convite y recibo. Por ultimo, si el amo de la casa era amante de la literatura, se veia también hacia aquella parte un gabinete, honrado con el nombre de biblioteca; porque bien poco trecho se necesitaba para encerrar los escasos rollos de papyro, que entre los antiguos constituían una colección de libros considerable.
La cocina solia estar al estremo del perystilo. Si la casa era grande no concluía en este, y entonces el centro no era un jardin; en su lugar, se veía á veces una fuente y otras un estanque para conservar el pescado: en la estremidad opuesta al tablinum estaba el segundo comedor, y á los dos lados alcobas o una galería de pinturas (Pinacotheca). Estas habitaciones daban á un parage cuadrado y oblongo, que tenia sobre tres de sus lados una columnata semejante a la del perystilo, al que se parecía mucho, solo que era mas largo. Alli estaba propiamente el viridarium o jardin, en que solia haber una fuente, estátuas, y muchas y vistosas flores. Al otro estremo, el cuarto del jardinero, y en ambos lados de la columnata había ademas cuartos, si la familia era tanta que los necesitara.
El primero y segundo piso casi nunca tenian importancia en Pompeya, como quiera que no estaban construidos sino sobre una parte del edificio y no contenían mas que los cuartos de los esclavos. No sucedía asi en las hermosas casas de Roma, donde el comedor principal (cœnaculum), estaba por lo regular en el primer piso. Las piezas eran pequeñas, porque en aquel delicioso clima, siempre que los huespedes eran muchos, se les recibía en el perystilo o portico, en el recibimiento ó en el jardin. Las salas del banquete también tenian cortas dimensiones, porque los antiguos que cuidaban menos del número que de la elección dé los convidados, rara vez reunían a su mesa mas de nueve personas juntas, y en las grandes casas se servia la comida en la sala de entrada. La serie de piezas que se dejaban ver al entrar, debía producir un efecto muy imponente. Se veía la sala llena de varios adornos y pinturas, el tablinum, el gracioso perystilo, y si se estendia mas la casa, la sala de los banquetes y el jardin, que terminaba el punto de vista con un surtidor ó con una estátua de mármol.
Lo mismo que hoy en París, continua Bulwer, los habitantes de las ciudades de Italia en aquella época, pasaban casi toda su vida en la calle. Los edificios públicos, el foro, los pórticos, hasta los templos podian mirarse como las verdaderas moradas. No es por lo tanto estraño adornasen con tanta magnificencia aquellos puntos de reunion, á que eran afectos por cariño doméstico, por vanidad publica; fuerza es convenir en que el foro de Pompeya ofrecía entonces un aspecto animado. A lo largo de su ancho suelo, compuesto de grandes baldosas de mármol, había de ordinario varios grupos hablando á un tiempo, con aquella enérgica pantomima que adapta un gesto a cada palabra, y que caracteriza hoy mismo a los pueblos del Mediodía.
A uno de los lados de la columnata se veían los cambiantes de moneda; sentados en siete tiendas, rodeadas de mercaderes y marinos de vistosos trages.

viernes, febrero 12, 2010

Viage ilustrado (Pág. 454))

alto parage abierto en la roca, y pavimentado de lava el viagero amigo de las artes sube al monte, y se detiene un instante junto á un sepulcro que se asegura ser de Virgilio y entre las zarzas que acaban de destruirlo, ve elevarse un laurel, del cual coge una rama respetuosamente y va en seguida, si le parece conveniente, a visitar el sepulcro de otro poeta el de Sannazar, que se halla en una iglesia próxima. Al salir de la gruta se camina entre campos cubiertos de altos álamos blancos unidos entre sí por viñas suspendidas de sus troncos, bajo las cuales crecen y pasan en un mismo año cuatro cosechas diferentes.
De repente abre sus flancos una enorme montaña, y en medio de negros castañares y de árboles sombríos se encuentra un valle encantador. Aquí están las estufas sulfurosas de San German; allí las ruinas de antiguos castillos, mas lejos, la célebre gruta del Perro, por todas partes alamedas de gigantescos árboles, y por fin, en medio del valle, en la boca de un bolcan apagado, un lago, cuya mitad está coronada de hileras de álamos. Se llama de Aguano, y contiene las ondas purísimas, que pueblan y animan sin cesar infinitas aves acuáticas.
Las estufas de San German son pequeñas celdas abovedadas, en las cuales desde que se entra, se siente correr el sudor por todo el cuerpo. Apenas puede respirarse en medio de los vapores de azufre que circulan; el suelo quema las plantas de los pies y las paredes están impregnadas de materias sulfurosas.
A algunos pasos de estas estufas se encuentra la gruta del Perro, que es una escavacion en la roca; donde caben tres personas.
Los guias tienen cuidado de llevar consigo un perro para hacer delante de los viageros una esperiencia singular. Lo colocan junto á la cueva, y el vapor que exhala la tierra en este sitio obra tan poderosa y rápidamente sobre el pobre animal, que lo hincha, le produce convulsiones, le quita el movimiento y le pone en el trance de espirar. Los guias lo agarran entonces y lo llevan al aire, y un instante después come y corre como de ordinario. A dos pulgadas del suelo de esta puta se dispara también una pistola, cuyo tiro no sale, y si se baja á tierra una hacha encendida se apaga inmediatamente.
La montaña y el vallecito que forma descansan en una gran hoguera de azufre, y la cumbre exhala continuamente humo y espesos vapores. El valle se llama la Solfatara o la Azufrera, y los naturales sacan de aquí mucho azufre. Cuando se anda por aqui, la tierra resuena bajo los pies, como si se caminase sobre una bóveda, y se siente hervir el agua y se ve salir humo por muchos agujeros. Si uno de estos agujeros se tapa con una piedra grande, la fuerza del vapor no tarda en despedirla á larga distancia. Se ven en rededor de este valle mas de dos mil agujeros semejantes por donde salen sin cesar humaredas de azufre, sal amoniaco, y otros minerales, que los médicos estiman como muy convenientes para la curación de las enfermedades reumáticas y cutáneas.
Puzzoles se halla agradablemente situado sobre la ribera del mar. Junto á él, en las aguas, hay una especie de puente que puede considerarse como la obra mas atrevida de Italia; consiste en catorce pilares de 20 metros de anchura cada uno, y 32 de distancia entre si: en otro tiempo hubo veinte y cinco juntos por arcos, de mas de 16 metros de altura, pero las olas los han roto. Frente por frente de Puzzoles están las ruinas de Baïa, mansion de delicias de los antiguos romanos, á donde acudian para olvidarse de la ambición, y entregarse á toda especie de voluptuosidades. Junto está el lago Averno; sobre el cual pasan hoy impunemente las aves, y que por su cima con el lago Luesino, y su comunicación con el mar, practicada por Agrippa, formaba un tiempo el puerto Julio, cuya estensión y situación ofrecían una retirada segura á un gran número de buques que podían aqui ejercitar cómodamente sus maniobras. Nada mas queda desde el temblor de tierra de 1538, que cambió súbitamenle el aspecto de estos sitios. Cerca de este antiguo puerto están Acheronte, los campos Elíseos y Cumas, de que solo restan ruinas.
Hablemos ya de Pompeya, de la ciudad célebre por su opulencia y por su desgracia que redujo á escombros una de esas terribles erupciones del Vesubio que acabamos de visitar. Para hablar de esta ciudad, hay que citar á Bulwer, el gran novelista inglés, autor de los últimos dias de Pompeya, que tanto revelan el estudio, la perseverancia y el talento empleado por este escritor en averiguar lo que hace tanto tiempo ya se halla reducido á cenizas. Advertimos de antemano que seremos prolijos aqui, y nos estenderemos en las citas de dicho escritor, en gracia de lo interesante del asunto:
«Al visitar esos exhumados restos de una ciudad antigua, dice Bulwer al principiar la obra, que quizá atraen mas al viagero a las cercanías de Nápoles, que las deliciosas brisas, el cielo sin nubes, y los valles alfombrados de violetas ó los bosques de naranjos: al contemplar aun toda su frescura, las casas, las calles, los templos, los teatros de un lugar que existia en el siglo mas orgulloso del imperio romano, bastante natural era que un escritor esperimentado ya en el arte, de resucitar y de fingir, aunque imperfectamente, sintiese un profundo deseo de repoblar aquellas calles desiertas, componer aquellas graciosas ruinas, restituir la vida á aquellos esqueletos que ha podido ver: en una palabra, de salvar el abismo de diez y ocho siglos y dar otra existencia á la ciudad de los muertos.
»La ciudad cuya suerte me suministraba tan hermosa y terrible catástrofe, me suministró también los caracteres mas á propósito con solo mirar á sus ruinas, para el asunto de la escena. La colonia de Hércules, semi–griega, mezclando á las costumbres de Italia tantos usos tomados de los helenos, me ofreció naturalmente los caracteres de Glauco y de Yone. El culto de Isis, su templo en pie, sus falsos oráculos descubiertas, el comercio de Pompeya con Alejandría, las relaciones del Sarno con el Nilo me dieron la idea del egipcio Arbaces, del vil Caleño y del entusiasta Apécides. Las primeras luchas del cristianismo con las supersticiones paganas me sugirieron la creación de Olintho, y los abrasados campos de la Campania, célebres, tanto ha, por los encantos de las hechiceras produjeron sin dificultad la saga del Vesubio. Debo la existencia de la joven ciega á una conversación que tuve por casualidad en Nápoles con una persona muy autorizada. Al hablar de la profunda oscuridad que acompañó á la primera erupción del Vesubio, cuya historia conocemos, y del nuevo obstáculo que debió presentar á la salvación de los habitantes, me hizo observar que en semejantes ocasiones debian estar mejor los ciegos, y huir con mas facilidad.»
Mas adelante describe Bulwer las casas de Pom–

miércoles, febrero 10, 2010

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Ermita del Vesubio



Vesubio: vista del interior del cráter


manga de fuego, que viene á ser millones de centellas, millones de piedras cuyo color negro las distingue entre la llama, y que silban, caen, vuelven á caer, ruedan, y de las cuales una cayó á cien pasos de mí. El abismo se cierra de repente, vuelve á abrirse instantáneamente, vomita otro nuevo incendio. La lava mientras tanto sube á las márgenes del cráter, hierve, corre y se dilata en largos arroyuelos de fuego que se destacan 'en los negros desfiladeros de la montaña.
»Yo me encontraba en un verdadero y profundo éxtasis, y hubiera cedido al vivo deseo que me animaba de pasar toda la noche junto á aquel incendio, para ver como lo apagaba el sol á su salida con sus refulgentes rayos, si el viento que soplaba fuertemente y que me helaba, no me hubiera hecho volver á la ciudad.»
Las erupciones del Vesubio, su humo y el fuego que vomita constantemente; el espanto que ha sembrado en torno suyo en distintas épocas; las ciudades y los pueblos que ha hecho desaparecer, no han hecho con todo á los hombres mas prudentes. Portici se ha edificado casi sobre el mismo lugar en que fuéron sepultadas Pompeya y Herculano. Pero antes que visitemos estas célebres ruinas con el detenimiento que se merecen, pero que es compatible al mismo tiempo con una obra como la nuestra, vamos, siguiendo nuestro paseo por los alrededores de Nápoles, á visitar á Puzzoles.
Antes de atravesar la gruta de Posílipo, ancho, y

lunes, febrero 01, 2010

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Vista del Vesubio
ravilla tan ponderada, que por muy admirable que sea como nuestra imaginación la figura desde que por primera vez oimos hablar de ella, admira mucho mas todavía cuando se tiene la fortuna de visitarla. Un viagero á quien vamos á acompañar junto á su cráter mismo, el autor de las Cartas sobre Italia, nos dejará completamente satisfechos sobre este punto.
«Habiendo llegado á las seis de la tarde á Reuna, pequeño pueblecito mas allá de Pórtici, dice este viagero, dejé el carruage que me condujo, y monté en una mula. Tres hombres robustos me acompañaron con una profusion de hachas encendidas. Comencé por atravesar una senda á cuyos lados había moreras e higueras entrelazadas con viñas vigorosas, que ya se apoyan en estos árboles, ya se levantan independientes sosteniéndose por sí mismas. Me llamaron la atención al paso, hacia la casa, donde Pergolesa acudió para endulzar aquella melancolía feliz y fatal á la vez, que debia hacerle producir á los veinte y siete años su Stabat inmortal, y proporcionarle al propio tiempo la muerte. Después de haber atravesado por espacio de una hora praderas hermosas, llegué á una inmensa lava, que vomitó el Vesubio en una erupción hace ya cerca de sesenta años, y que hizo temblar á toda la ciudad de Nápoles, hasta que después de haberla amenazado un momento, se detuvo donde está ahora. Pero aunque pacifica y apagada, amenaza todavía. Las orillas de esta lava se hallan tapizadas, como las del Sena, de musgo y flores, y sombreadas por todas partes de tiernos arbustos, que una ceniza fecunda baña, por decirlo asi, y alimenta constantemente. Después de haber atravesado un sendero difícil, me encontré sobre rocas espantosas, en medio de la ceniza movediza. Anduvimos penosamente sobre montones de escoria, que rodaban á nuestros pies, hasta que me detuve un momento para contemplar.
«Delante de mí las sombras de la noche y las tinieblas se confundían y hacían mas espesas con el humo del volcan, y flotaban en derredor del monte; detrás de mí el sol, que se acababa de precipitar por las montañas, Cubría con sus moribundos rayos la costa de Posilipo, Nápoles y la mar, mientras que en la isla Caprea aparecía la luna en el horizonte, de manera que en este instante veía relucir las olas de la mar á un mismo tiempo con la claridad del sol, de la luna y del Vesubio. Cuando hube contemplado tanta oscuridad y tanto esplandor, una naturaleza árida, estéril y abandonada por un lado, y risueña, animada y fecunda por otro, el imperio de la muerte y el de la vida, me arrogé en medio de las tinieblas, y continué mi camino, hasta que por fin llegué al cráter.
»Alli encontré, pues, el formidable volcan que arde hace tantos siglos, que ha destruido tantas ciudades, que ha consumido tantos pueblos, y que amenaza constantemente este vasto país, Nápoles, donde en aquel momento se reía, cantaba y bailaba, sin cuidarse ni por asomo de semejante peligro. ¡Qué resplandor alrededor del cráter! ¡Qué atmósfera tan ardiente! primeramente se agita el abrasado abismo, después vomita el aire con un espantoso estruendo, á través de una espesa lluvia de cenizas, una inmensa

domingo, enero 31, 2010

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mayor parte sigue introduciéndose de Inglaterra, por su cómodo precio. El hierro que se saca de la Calabria, aunque de escelente calidad, muy maleable y dulce, y tirado en láminas de las mejores condiciones, no es suficiente para la demanda, y su precio no puede rivalizar con el inglés; pero siempre inspira gran confianza al gobierno el poseer en Sicilia para todo trance estremo los medios de fabricación y los primeros elementos en todos los ramos que tengan relación con industrias tan indispensables como las del vapor, y que tanta influencia tiene en la independencia y defensa de los estados. Todos los trabajos se ejecutan al impulso de dos máquinas de vapor. Las operaciones mas difíciles se ejecutan con facilidad sorprendente, y el taladrar, formar las tuercas y alisar y cepillar superficies de hierro y otras de la misma especie, son obras de un instante, ejecutadas por uno ó dos trabajadores vulgares.
»La fundición de las piezas se encuentra en otra estancia cercana y muy espaciosa, y adyacentes á ellas las oficinas de los cohetes á la Congreve, mistos que en su elaboración han alcanzado aquí modificaciones y mejoras debidas al estudio y á las observaciones de oficiales facultativos napolitanos. Los hornos de fundición son cuatro, y que no habrá inconveniente alguno en aumentar á mayor número si la necesidad lo exijiese, pues, la disposición del terreno permite cualquier ensanche. Una escalera anchurosa y cómoda conduce á la parte del edificio que tiene segundo piso. Se ve, pues, un elegante salon, sostenido por elegantes pilastras de mampostería, y en cuyo ámbito se custodian con el orden de un museo perfecto, los modelos que han servido para los variados hechos, y á donde se irán colocando los sucesivos. Este almacén es ya muy rico, y según el orden y colocación en que se ven dispuestos los artículos, el mas pequeño é insignificante podrá encontrarse con la mayor facilidad cuando se quiera repetir la fundición. Según se dice, el desembolso ha sido de 1.000,000 de ducados; ó sean poco mas de 5.000,000 de ducados, sacrificio no grande para los beneficios que ya se recogen, y que gradualmente se han de reportar, sin tomar en cuenta lo que vale haber emancipado al pais del tributo que en esta parte pagaba al estrangero. La máquina de vapor construida, de trescientos caballos, habrá costado 800,000 ducados; pero ya en las otras de igual fuerza que se están construyendo se nota una economía cuantiosa, y según los cálculos de estos oficiales, los artefactos de la fábrica no saldrán en adelante para el Estado de mayor coste que los importados del estrangero. Ya he indicado que este vasto local linda con el mar, puesto que gran parte de su area ha sido una conquista hecha sobre las aguas Esto permite que se haya practicado por la espalda una dársena que sirve de muelle á donde entran esquifes ó buques de poco calado, á desembarcar los lingotes de hierro ó el carbon, ó bien á tomar las máquinas, útiles ó piezas elaboradas. Sin grande esfuerzo pudieran establecerse verdaderos diques; pero el previsor recelo británico, de que tantas veces ha sido víctima este pais, impedirá absolutamente, ó al menos por ahora, el desarrollo de estas obras. Hasta aqui se ha hecho solo uso del carbon vegetal para la fábrica, puesto que todavía no se ha encontrado el fósil en el reino; pero la abundancia de leñas y arbolado es tal, que se ha de pasar mucho tiempo antes que se deje ver su escasez.»
De esta misma relación oficial vamos á copiar los siguientes pormenores militares de aquel pais: «Las circunstancias en que hace muchos años se encuentra este pais, añade dicha memoria, han obligado al gobierno á convertir en un punto militar y político cierto edificio notable, fuerte y muy espacioso que se deja ver en la llanura arenosa que media entre Portici y Nápoles. Este edificio llámase los Granili. En tiempo de Cárlos III se dejó por muchos años sentir grande escasez de granos, lo cual para una ciudad tan populosa como Nápoles y llena de gente sin ocupación ni arraigo, era un síntoma peligroso que podria trocarse en revolución espantosa, si las comunicaciones por mar se entorpecían, cosa muy fácil entonces por las desavenencias con los ingleses. Para poner remedio mandó levantar este vasto edificio, en donde se encerraban por cuenta del gobierno en la estación conveniente los repuestos del trigo que se espendian luego en los meses de mayor precio al pueblo sin el recargo de los ingresos y de la usura. Fué obra de Fernando VI en 1778. Tiene de largo 2,000 palmos, consta de cuatro pisos su fábrica toda es de bóveda, á un lado y otro de anchos corredores y galerías se abren espantosas estancias que en un tiempo fueron vastos almacenes y hoy sirven para cuarteles.
«Habiendo desaparecido las causas que determinaron la construcción de este edificio, y las circunstancias producido otras necesidades, hoy dia tiene un uso enteramente militar, y puede considerarse como un campo atrincherado que tiene en respeto á la población con los demás fuertes y castillos que guarnenecen á Nápoles. En este inmenso local pueden alojarse hasta 11,000 infantes con 2,400 caballos y dos baterías, habiendo asimismo disposición para que accidentalmente encuentren allí alojamiento los gefes y oficiales de las tropas.
»A lo largo de la ribera, y como guarneciendo la ciudad por uno y otro lado se encuentran los dos castillos el Nuovo y el del'Uovo, que tantos recuerdos tienen en la historia, teatros de las hazañas de españoles y de los inventos militares de Pedro Navarro. Entre estos dos castillejos se encuentra la dársena, lugar también fuerte y murado. Asi el castillo Nuovo como el del'Uovo, que se encuentran aislados, entrándose en ellos por puentes levadizos, se ven guarnecidos por numerosa artillería y custodiados por suficiente número de soldados que hacen el servicio con la mayor exactitud y vigilancia. En ninguno de estos puntos puede entrarse sin una comunicación espresa del ministro de la Guerra. El Caslel dell'Uovo se comunica con el continente por el sitio en que se estrecha mas el mar con el alto monte, donde en parle tiene su asiento en Nápoles. La estrechura es tal que apenas puede pasar un coche, y se cree fuese separado el Uovo de la tierra antiguamente por algún sacudimiento de la naturaleza, y después, subiéndose por unas empinadas ramblas hacia el monte, se encuentran, primero las casernas de Pizzo Falcone, y luego en la cúspide el castillo formidable de San Telmo. Este castillo, que es la llave de toda la posición, tiene una situación admirable y sus obras desde su fundación en tiempo de Cárlos V, se fueron sucesivamente mejorando por los vireyes españoles, y puede considerarse casi por inespugnable. El espectáculo que ofrece Nápoles contemplado desde los torreones de este castillo no puede encarecerse cumplidamente.
Tiempo es ya de hablar del Vesubio, de esa ma–

martes, enero 26, 2010

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centro y los de los estremos dan entrada á las magníficas escaleras, y los otros dos corresponden á los nichos de las estatuas de Apolo y de Minerva. Sobre el pórtico hay preciosos bajo–relieves alegóricos al objeto de la obra. Una preciosa balaustrada se levanta con catorce columnas jónicas de mármol blanco que sostienen la cornisa, en la cual se apoya un fronton triangular que remata en una bella Parthenope coronando á los genios de la comedia y la tragedia. A los lados de las columnas se ven grabados en grandes letras los dos eminentes triunviratos de aquella escena: al uno, Alfieri, Metastasio y Goldoni; y al otro, Pergolessi, Yommeli y Piccini.
La sala es espaciosa, y tiene seis líneas de á treinta y dos palcos, capaz cada uno de estos de contener una docena de personas. Sobre la puerta de entrada se alza el palco real, ocupando el espacio de los dos del centro de cada piso: todo él está ricamente vestido de grandes paños de púrpura, sembrados de lirios de oro, que cogidos por una corona, caen en largos y gruesos pliegues hacia los lados, sostenidos por dos Victorias. El escenario es grandísimo, y en él han entrado hasta cuarenta y ocho caballos al galope. Es muy agradable el efecto que produce la primera visita, especialmente si es en una noche de gran concurrencia, por algún solemne acontecimiento. Figurémonos ese salon inmenso, cuyo fondo hace resaltar mas el oro y los bajo–relieves simbólicos de sus palcos que llegan á doscientos; lleno de una concurrencia brillantísima, dos grandes torrentes de luz que se multiplican en las perlas de las damas y en los uniformes de los cortesanos; henchido de la melodiosa armonía de una sorprendente orquesta y de los delicados acentos de los primeros cantantes del mundo, que ordinariamente ocupan su escena, y aquella impresión no podrá borrarse nunca, ni aun dentro del mejor coliseo de Europa, del gran teatro de Scala de Milan.
El real teatro del Fondo, construido en 1778 á costa del rey en la plaza de Castelt–Nuovo, tiene un elegante vestíbulo de orden dórico; la sala consta de cinco pisos, y cada uno tiene diez y siete palcos, ademas de los dos grandes del proscenio. Generalmente trabajan en él las mismas compañías líricas y coreográficas del de San Cárlos, y alguna vez sirve para la representación de la antigua comedia napolitana con su música y sus bufones.
El teatro de Fiorentini, vecino á San Giovanni, se fundó en la primera mitad del siglo XVI, para representación esclusivamente de la comedia española. Después se amplió y restauró notablemente hasta darle cinco líneas de á diez y siete palcos cada una, escluyendo los del proscenio. Antes servia para la ópera bufa, pero hoy, queriendo el gobierno renovar las glorias del teatro italiano, ha promovido un concurso á que concurren, todos los poetas napolitanos con sus obras dramáticas, habiéndose establecido para estímulo un premio de 260 ducados de Nápoles á las seis producciones que alcanzan mas aplausos del público, y los sufragios de tres ancianos, célebres autores retirados de la literatura dramática, con lo cual se ha conseguido crear un teatro verdaderamente nacional. El teatro de San Fernando, edificado en 1791, junto á Ponte Nuovo, llama la atención por sus dimensiones y por un hermoso vestíbulo de cinco grandes arcos. El teatro Nuovo, obra hecha en 1724, tiene cinco pisos, y se distingue por su sencillez y buen gusto. Primeramente se dedicó á la ópera bufa, pero hoy da entrada á la semi–seria para agradar al público que lo favorece. Se halla situado en uno de los puntos mas céntricos, inmediato á la magnífica calle de Toledo. El teatro de San Carlino, situado en el Largo del Castello, data de 1770; tiene dos órdenes de paltos y una larga platea: está destinado á comedias de costumbres en dialecto napolitano, que se representan por tarde y noche. El teatro della Fenice, levantado también en el Largo Castello en 1806, consta de tres lineas de palcos, y acostumbra á celebrar dos represenciones por semana de muy chistosas óperas en dialecto napolitano. El teatro Parthenope, está en el Largo della Pigna, y en sus tres órdenes de palcos, en su cómoda platea, en sus adornos y decoraciones quiere imitar al principal. El teatro Sabeto, por último, pareciendo en la forma al de San Carlino, aunque de mas pequeñas dimensiones, sirve de encanto al pueblo por las alegres bufonadas de sus piezas napolitanas. Nos hemos detenido en estos detalles, porque el viagero que desee estudiar las costumbres de este pais, tiene en los teatros realmente ancho campo para sus observaciones.
Habiendo ya hablado detenidamente de la parte interior de Nápoles, enumerando y describiendo cuanto encierra de notable esta ciudad, vamos á hablar ahora de sus alrededores. En primer lugar hablaremos de la fundación de Pietressa, trascribiendo á continuación una relación oficial de un general español que la visitó no hace mucho tiempo. «Se encuentra en la ribera del mar, formando parte de la población de Portici. Es de construcción moderna, pues se principió en 1842, ganándose terreno sobre el mar para mayor regularidad de la planta y mas holgura en las oficinas que se siguen aumentándose conforme se desenvuelve el pensamiento. La fábrica está dividida en grandes departamentos, para fundir, elaborar y ajustar las máquinas, y para conservar utensilios y modelos. Todos estos departamentos reúnen las cualidades de sólida y elegante construcción, de grande ventilación y luces, y de una disposición tan bien coordinada, que las operaciones se pueden ejecutar sucesimente, por su orden natural sin perder tiempo y sin encontrar embarazo.
»La realización de este útil proyecto es debida á la buena voluntad del gobierno de S. M. Habiendo introducido en sus estados la aplicación del vapor á la navegación, en las fábricas y en los caminos de hierro, conoció la importancia de tener un establecimiento donde desde luego pudieran repararse los máquinas averiadas, y después aspirar á la construcción de otras nuevas.
»En este establecimiento trabajan seiscientos jornaleros, de los cuales doscientos son soldados sacados de los cuerpos, que toman sobre su sueldo una pequeña gratificación de quince granos al dia. Se ha construido ya una máquina de vapor de la fuerza de trescientos caballos, que será colocada en una fragata de guerra que está ya muy adelantada en el arsenal de Castellammase, y dentro de poco se concluirán otras máquinas de igual poder. Una parte principal de las locomotoras que corren en los ferrocarriles del reino, que ya son cuatro, son obras de este establecimiento, que en sus oficinas no cuenta empleado, ni mecánico, ni trabajador que no sea napolitano, si se esceptúa un ingeniero inglés y un modelista francés.
»En lo que se muestra todavía escasez es en la primera materia, quiero decir, en el hierro, que en su

viernes, enero 22, 2010

Viage ilustrado (Pág. 449)

ligioso celo con que los españoles llevaron á aquellas tierras el culto y la devoción hacia la milagrosa Virgen cesaraugustana.
Todas las mañanas cuando las primeras luces de la aurora venían á disipar las tinieblas de nuestra habitación, la primera que distinguíamos desde nuestro lecho á través de una gran ventana eran los parduscos torreones de San Telmo, arrancando en atrevidas líneas sobre el pintoresco follage de su frondosa colina. Algunos momentos después, asi que el sol asomado al horizonte le enviaba sus primeros rayos de color de fuego, la vista del castillo se convertía en una de las mas alegres y risueñas perspectivas; hasta que el sol bajando como un hábito talar que se vistiera por la cabeza, descendía de los muros del fuerte á las faldas de la colina, desde esta á las torres de la ciudad, desde las torres á las azoteas, y desde las azoteas al golfo, dando animación y movimiento á Nápoles.
Castel–Nuovo fué construido en 1283 sobre las ruinas de un monasterio á la orilla del mar por Carlos I de Anjou, á semejanza de la Bastilla de París. Robustecido con cinco altísimas y magestuosas torres que correspondían á los antiguos métodos de fortificación, quedó constituido en una poderosa defensa de la ciudad. En el siglo se le agregaron las obras de su recinto, y al principio de la dominación española se multiplicaron los medios de fortaleza; pero el 16 de marzo de 1546, le sucedió lo que á Castel San Telmo, que incendiados los depósitos de la pólvora por descuido de la guarnicion esperimentó un gran destrozo ocasionando muchas víctimas. Posteriormente se repararon aquellas ruinas, y en la época de Cárlos III se le hicieron las últimas obras de fortificacion, las cuales le han dado una resistencia admirable.
Castel–Nuovo tiene un monumento artístico de magestuosa proporción y extraordinario mérito en el soberbio y gigantesco arco triunfal de Alfonso I de Aragón. Su elegante arquitectura, sus bellas estátuas y sus lindos relieves, le han dado fama de una de las obras mas estimables que pueden verse en este género. Una descripción de las bellezas que contiene seria larguísima, y no revelaria el valor de aquella erguida mole trabajada por el cincel de unos cuantos artistas célebres.
Las magníficas puertas de bronce, tan celebradas por todos los viageros, son verdaderas maravillas del arte, por el primor y el lujo de sus numerosos y gran des trabajos de talla. En escelentes cuadros de rica composicion, ha revelado el buril preciosos asuntos históricos con una precision y maestría, dignas de la ilustrada época á que pertenecen. El período de la casa de Aragon, fué el de mas prosperidades y mayores adelantamientos para el reino de Nápoles. Aquella pelota de artillería que aun permanece clavada en el bronce, nos recuerda nada menos que el glorioso dia en que con heróico ardimiento se apoderó de esta fortaleza el bizarro conde Pedro Navarro, poniendo á los franceses en vergonzosa confusion, merced al nutrido fuego de los arcabuces y falconetes españoles. Como esto, son tantos los recuerdos que de nosotros conserva este castillo entre sus oscuros torreones, que no había noche, que al verle avanzando dentro del mar en aquella oscuridad inmensa, denotando sus ventanas por las luces que ardían en el interior, que mas bien parecían otras tantas pupilas de la fortaleza, no oyésemos en sus muros algún eco memorable, fingido por las olas del golfo, ó alguna sombra en sus almenas que nos recordarse al pagecillo del Gran Capitán, el atrevido Pelaez, que á costa de perder una mano ganó la corona mural el dia de la esplosion de la mina y del asalto de Pedro Navarro.
Castel del'Uovo, llamado asi por su semejanza a un huevo, está situado sobre una gran roca que en forma de isla se levanta en medio del golfo de Nápoles, unida hoy á la ciudad por una hermosa calzada de 120 pasos de longitud. La historia de este enorme peñasco se confunde en su antigüedad con los recuerdos de Lúculo en la romántica isla de Nisida. Guglielmo I en 1154, comenzó la obra de fortaleza, que después no se continuó hasta Federico II, que la llevó á cabo en 1221, bajo la dirección de Fuccio, según testimonio de Vasari. Cárlos I de Anjou lo adornó interiormente, dando en ella alojamiento, durante su permanencia en la Toscana, á Margherita y á Cárlos Martello, primogénito del príncipe de Salerno. Cuando la conquista del Gran Capitán sufrió mucho el fuerte de Castel del'Uovo, especialmente después de haberlo volado en parte con una mina y asaltado heroicamente el conde Pedro Navarro, ni mas ni menos que como hizo con Castell–Nuovo. Mas tarde fué reedificado por los vireyes, particularmente por Felipe II en 1585 y por Carlos II en 1693, como acreditan dos inscripciones, una á la entrada del castillo, y otra bajo un pequeño pórtico.
Castel Capuano, edificado en 1234 por Guglielmo I, y concluido por Federico II, sirvió de palacio real como los anteriores, hasta que don Pedro de Toledo estableció en él los tribunales de justicia y el encierro de prisioneros de Estado. En el ingreso se ven las armas del emperador Cárlos V, y un epígrafe alusivo al mismo monarca.
En el piso bajo hay un león antiguo sobre un pedestal de mármol, y en el principal, ocupado por aquellas oficinas, se ven algunas pinturas de Francesco Ruviales, llamado el Polidorino, y de Cacciapuoti.
Forte del Carmine. Esta fortaleza, situada á la parte meridional del puerto, fué proyectada por Ferrante I, en 1484, continuada por el conde de Peñaranda en 1662, y concluida por el cardenal don Pascual de Aragon poco despues. La insurreccion de Massaniello hizo ver la necesidad de dar importancia a este castillo en que no hemos admirado otra cosa que su actitud guerrera y su escelente posicion en uno de los mejores sitios de la ciudad.
Pizzo Falcone es la última de las fortalezas de Nápoles. Establecido frente del Palacio Real, comunica con la altísima colina de San Telmo, por medio de un puente llamado de Chiafa.
Cuando recorrimos todos estos fuertes, nos asombraba su aspecto militar, asomando sus cien bocas de fuego en dirección de las calles principales, dando esto mucha severidad á las peregrinas historias y curiosas tradiciones que revisten esos elevadisimos y antiguos torreones de piedra.
Los teatros: he aqui los verdaderos templos de los italianos, para valernos de la espresiva frase de un distinguido escritor, con tal que asi no lastimemos la fé religiosa, tan característica del pais que visitamos.
El Real Teatro di San Carlo, levantado junto al Palazzo Reale, es una de las grandes obras que mas recuerdan en Nápoles el gloriosísimo reinado de Carlos III. La fachada principal del edificio está formada en parle por cinco grandes arcos, de los cuales el del