lunes, abril 27, 2009

Viage ilustrado (Pág. 387)

la capital de la Gran Bretaña. Los paseos son mucho mas hermosos, pero menos simétricos y cuidados. Las orillas de Liffey son deliciosas, y este rio, aunque pequeño, es navegable hasta la aduana, que está casi en el centro de la ciudad. Dublin tiene muchos edificios notables y calles muy bellas. El lujo es tan grande como en Londres, y las mismas las costumbres; asi es, que no es en Dublin donde se han de estudiar las verdaderas costumbres del pais.
El estrangero observador que recorre la Irlanda, bien pronto se apercibe de que está poblada por tres especies de hombres: 1.ª, los que en el pais se llaman old-frish, antiguos irlandeses: 2.ª los descendientes de los ingleses, á los que se dieron los bienes confiscados á los vencidos en los reinados de Isabel y Jacobo I; y 3.° los emigrados escoceses, que han abandonado su patria por causas de religion.
La primera casta, es decir, la de los antiguos irlandeses, se halla repartida en las provincias de Connaught y en el interior de Irlanda. Esta casta es á la segunda como 8 á 1; y á la tercera, como 15 á 1. Por la mayor parte se compone de hombres ignorantes y groseros, que tienen poca paciencia para sufrir las injusticias y las injurias, implacables en sus odios y estremados en sus afecciones; pero exentos de todo temor, y dotados de la mayor sangre fría en medio de los peligros; pacientes en la adversidad, incansables en sus proyectos, que no abandonan sin haber tentado antes todos los medios de conseguir su objeto, hospitalarios con los estrangeros y prontos á ayudarles cuando necesitan de sus auxilios. La parte mas pobre de esta clase, habita, por la regular, en miserables cabañas de greda y paja, las que están divididas por la mitad por un débil tabique. En la primera de estas piezas habita la familia que duerme toda mezclada sin distinción de sexos, y en medio hay un fogón donde arde la turba, cuyo espeso humo llena la cabaña, pudiendo apenas salir por un agujero practicado en el techo. En la otra pieza están las vacas, las gallinas y algunas provisiones, que son siempre muy poco abundantes Esta clase habla el antiguo irlandés, que se dice ser un dialecto de la lengua fenicia, y tiene mucha analogía con la que se habla en las montañas de Escocia y en las islas Hebrides.
Conservando el idioma de sus abuelos, han conservado también estos pueblos muchos de sus antiguos usos, que principalmente se observan en sus festines, en sus bodas y en sus funerales.

REINO LOMBARDO-VÉNETO.

Al pie de los Alpes, entre la Suiza, el Adriático y el Pó se esíiende una vasta llanura bástante fértil y abundante en seda, arroz y cereales. Esta es la Lombardia, que forma el principal centro del antiguo Ducado de Milan. El Austria, la España y la Francia se la han disputado muchas veces. Desde el siglo XII hasta el XIII el patriotismo de la liga Lombarda le aseguró una efímera independencia; pero al estinguirse la casa Sforza, Carlos V se apoderó del Milanesado. En 1700, habiendo muerto el duque, el Austria sucedió á la España, y fuerte con su incontestable derecho, aprovecho los tratados de 1815 para aumentar su herencia y abrirse un camino hasta el corazón de los estados italianos.
Venecia, esta maravillosa ciudad, fuerte en medio de las olas, creación de los venetos-armoricanos, Mantua, inmortal por el genio de Virgilio y la bondad de los Gonzagas, asilo del Dante, patria de Catulo, de Plinio Veronés; Bérgamo, célebre por sus limones; Cremona, por sus instrumentos músicos; Pádua con su sabia universidad, donde nacieron Tilo Livio y el franciscano San Antonio; Pavía, la de las cien torres, donde Francisco I lo perdió todo, menos el honor; todos los hermosos países, en una palabra, comprendidos cntre el Tessino al Oeste y el Lisonzo al Este, componen el reino Lombardo-Veneto.
Milan está situada en una llanura, y para evitar la violencia del viento, la mayor parte de sus calles son tortuosas; 170,000, habitantes ocupan cerca de cinco mil casas, sobre las que se eleva, como un gigante, la famosa cúpula de la catedral. Comenzado en 1386, por Juan Galeas Visconti, este monumento, digno de rivalizar con los mas bellos de Italia, aun no está concluido. Su bóveda tiene cerca de 80 metros de elevación, y la mas alta de sus torres 120. Debajo del coro hay una bóveda donde está el cuerpo de San Carlos Borromeo, encerrado en un sarcófago de cristal. En ninguna parte, el estilo gótico, tan pródigo de ornatos y labores ha puesto mas adornos que en esta magnífica iglesia. Pero ¿qué significa la masa imponente de un edificio, y para qué el genio ha de tener necesidad de semejantes cuadros? Dos obras maestras son suficientes para atraer á Milan á todos los verdaderos amantes del arte: la una está en el museo, los Desposorios de la Virgen, de Rafael; la otra es la Cena, de Leonardo de Vinci, pintada al fresco en el refectorio del antiguo convento de Dominicos, conocido bajo el nombre de Santa María de las Gracias.
¿Qué diremos de Venecia, de esa fiera república, que luchó contra el poder otomano, y le arrebató la Dalmacia y la Morea; que trató de igual á igual durante nueve siglos con los estados mas poderosos del mundo, y que se estingue hoy tristemente en medio de las olas del Adriático, como una lámpara falla de aceite? Los palacios de mármol yacen hoy silenciosos en los desiertos canales; las negras góndolas llevan al Lido los obrores del arsenal, cuyos cantos van á estrellarse en los dorados muros de San Jorge y de la Dagana; el soldado austríaco toma helados y sorvetes bajo las arcadas de la gran plaza, mientras que delante de la magestuosa portada de San Marcos saludan los magos al niño Jesus, siempre que da el reloj la hora; el viagero pensativo contempla con tristeza la escalera de los Gigantes, el palacio del Dux y las estatuas bizantinas llevadas de Stambul por los vencedores venecianos, y en San Lázaro prepara el estudioso armenio todos los elementos de la ciencia para llevarlos á sus hermanos del Asia. He aqui todo cuanto podemos decir de este poder eclipsado, que se puede llamar la Palmira marítima.
El ducado de Parma, que comprende también los de Plasencia y Guastalla, está sumido en una especie de vasallage igual á todo lo demás del imperio austríaco, pero, sin embargo, tiene una independencia, aunque solo sea en el nombre. Este ducado está limitado por el Pó, los estados sardos, y el de Módena; Parma, su capital, es una bonita ciudad, cuyo teatro, llamado teatro Farnesio, es el mayor de Europa; el Correggio, el Parmesano, los Carachios, y Rafael han llenado sus iglesias de magníficos frescos, y la catedral posee un precioso baptisterio. La Stradom, ó corso de Plasencia es una de las calles mas bellas de Italia.

sábado, abril 25, 2009

Viage ilustrado (Pág. 386)

La población total de la Escocia es de 2.365,807 habitantes.
La Irlanda forma una isla separada, situada al Oeste de Inglaterra; tiene 3,971 leguas geográficas cuadradas, y está poblada por 7.784,536 habitantes. Los antiguos la denominaban Hibernia, los irlandeses la llaman Erin, y los ingleses Ireband. Se divide en cuatro provincias, Leinster, Ulster, Connaught y Munster, y en treinta y dos condados. Su clima es casi igual al de Inglaterra, con la diferencia de ser mas húmedo que éste, á causa de estar casi siempre lloviendo; bajo otro aspecto, es, sin embargo, este clima bastante agradable, porque el Estío es menos caloroso, y el invierno templado. Ni se conocen los hielos penetrantes, ni las grandes nieves, ni los terribles efectos del rayo y las tempestades, que tantos estragos causa en Inglaterra. El suelo, en general es montuoso, sin que esta cualidad impida que sea fértil, en este concepto aventaja al de Inglaterra. Hay fincas y heredades escelentes, tanto en praderas naturales, como en tierras de labor, y en algunos puntos, especialmente al Norte, se coge mucho mas lino y cáñamo, cuyo cultivo es en estremo útil para sostener las fábricas de lienzos. Por lo demás sus producciones son casi las mismas que en Inglaterra. La turba se encuentra en abundancia, y hace un gran servicio para la lumbre en un pais, donde la leña y el carbon de piedra son muy raros. Siendo la humedad del clima, favorable á la abundancia de los pastos, han creido los habitantes deber poner todo su esmero en la cria de ganados, y éstos les producen escelentes lanas. Las enormes cantidades de manteca y carne salada que se embarcan en Cork, son una prueba incontestable de la fertilidad natural del suelo de Irlanda.
Pocos paises hay que tengan tan grandes y tan hermosos rios; y hay que observar, que las tierras contiguas á ellos, son mucho mucho mejores que las que están lejanas; tales son, las orillas del Suire, del Blackwater, del Liffey, del Boyne, del Nor, del Barrow y parte de las del Shannon. Estos rios, sin embargo, no dan todas las ventajas que debían, pues siendo el pais tan pedregoso, innumerables bancos de arena y piedras embarazan su curso y perjudican á la navegación interior.
Las principales montañas de Irlanda, son: Maugerton y Becks, en el condado de Kery; las Galtias, en el de Kork; las alturas de Mourne, en el de Down; y Crowpatrick y Nephin, en el de Mayo.
La Irlanda contiene también un gran número de lagos, especialmente en las provincias de Uhter y de Connaught. El gran lago de Neagh, situado entre Antrim, Down y Armagh, es notable por la cualidad petrificativa de sus aguas. La madera que en ellas se arroja, se petrifica en muy poco tiempo; si se saca al cabo de algunos dias, se ve que el interior no ha sufrido variación alguna, y permanece combustible, pero han penetrado en él partículas minerales, está mas compacto, tiene mucho mas peso, y la corteza está perfectamente petrificada. Al cabo de un mes, deja de ser madera, y no conserva mas que la forma. Algunos lagos de Irlanda, tiene la perspectiva mas magnífica, entre otros, el de Killarney. Este lago, que puede dividirse en tres partes, está rodeado de montañas, de rocas y de precipicios; los puntos mas elevados están cubiertos de bosques, y en otros hay árboles que en todas las estaciones conservan sus hojas verdes. Estos bosques se estiende desde casi las cimas, hasta el pie de las montañas que bañan las aguas del lago. Por todos lados se vé caer torrentes á lo largo de los precipicios, algunos, desde una altura de 100 metros. En la cumbre de una montaña vecina á este lago, hay otro pequeño, de figura redonda, y cuyo diámetro es de poco mas de un cuarto de milla; en el pais le llaman el Bol de ponche del diablo. Entre las orillas del Bol y la superficie del agua, hay una distancia de cerca de 300 metros, y la vista de esta especie de hoya, mirada desde las alturas, es de las mas pintorescas. El lago es muy profundo, pero tiene fondo, por mas que pretendan lo contrario los habitantes de las cercanías. El derrame de las aguas de este lago, que cae por una abertura, forma una de las mas bellas cascadas que hay en el mundo, y tiene 150 metros de longitud. En las montañas que rodean el lago, producen los sonidos, ecos los mas admirables y sorprendentes.
Entre las curiosidades naturales, que son numerosas en Irlanda, no podemos olvidar la Calzada de los gigantes, que está en el condado de Antrim, a orillas del mar y á ocho millas de Coleraina, hacia la parte septentrional de Irlanda. Esta maravillosa calzada forma una mole regular; su longitud es de cerca de 200 metros, su mayor anchura de 80, y de 40 en los puntos en que es mas estrecha. Su cultura es también muy desigual, siendo de 12 metros en su mayor elevación, y de cinco en la parte mas baja. Esta calzada está compuesta de muchos millares de columnas de basalto, especie de cristalización del mas bello negro, y cuyo grano es tan fino como reluciente; esta piedra da fuego como el pedernal, y en vano se ensayaria trabajarla, á causa de su dureza, La mayor parte de las columnas están perpendiculares y contiguas las unas á las otras; pero lo que hace un golpe de vista admirable es, que en un gran trecho, estos pilares prismáticos, son de una altura igual, de suerte que sus cimas forman una superficie plana y completamente unida.
Las principales ciudades de Irlanda, son: Dublín, Cork y Waterford. Cork tiene un comercio considerable; su puerto es grande y resguardado de los vientos, y se le considera como el primer puerto comercial del reino. La ciudad tiene ocho mil quinientas casas, y 110,000 habitantes. Waterford es también puerto pero muy mal situado para el comercio, y cuenta 33,000 habitantes.
Dublin es la capital de Irlanda, y la segunda ciudad del reino unido. Su estension puede compararse á la de Marsella, y su población se valúa en 265,000 almas. Está situada á 12 quilómetros del mar, en el fondo de una gran bahía, y el rio Liffey la divide en dos partes iguales. El rio está rodeado por las dos orillas, en toda la longitud de la ciudad, de muelles muy espaciosos, donde cargan y descargan los buques en la misma puerta de los almacenes. Desde enmedio de la bahía, que tiene cerca de 12 quilómetros de ancho, se disfruta de una magnífica perspectiva mirando hacia tierra; en primer término hay un anfiteatro, en cuya parte menos elevada está la ciudad; mas lejos se desplega magestuosamente una soberbia campiña, y en el fondo, hacia la parte mas elevada, están las campiñas del condado de Wicklow. La ciudad tiene mucha semejanza con Londres; las casas son de ladrillo, y las antiguas calles, estrechas y oscuras; pero los cuarteles nuevos son tan bellos como los de

jueves, abril 23, 2009

Viage ilustrado (Pág. 385)

Isla de Bus en Escocia
subterráneo que se pierde en la noche de los tiempos, tiene un carácter de orden y de regularidad tan admirable, que es difícil que el observador mas frio no quede asombrado á la vista de este palacio natural, que parece prodigioso. El Sudoeste de la isla es el lugar mas notable por sus columnas. Apenas llegamos allí hirió nuestra vista una magnificencia que estábamos bien lejos de esperar. La totalidad de esta parte de la isla tiene filas de columnas, la mayor parte de mas de 16 metros de altura, y están colocadas en un soberbio orden de columnatas naturales, que van describiendo los mismos contornos de las bahías y demás puntos de la isla. Bien pronto llegamos á la boca de la gruta, que ofrece sin contradicción el espectáculo mas magnífico que jamás haya descrito viagero alguno.
»La imaginación trabajaría en vano en pintar una cosa mas admirable que el fondo de esta gruta, cuyos lados están sostenidos por filas de pilares ó de columnas: una materia amarillenta, que sale por los ángulos en forma de stalagmitas, sirve para hacer las junturas mas distintas y para variar el matiz de los colores de la manera mas agradable á la vista. El fondo de la gruta no está alumbrado mas que por la luz que entra por la boca, lo que aumenta mucho su belleza, y por dentro se ve muy claramente. El movimiento que da al aire la marea lo hace seco y sano, y absorbe todos los vapores que ordinariamente llenan esta especie de cavernas.
»La mar penetra hasta la estremidad de la gruta, y agitada sin cesar, sus olas se rompen en espuma, chocando con ruido contra el fondo y las paredes de la caverna. La luz, que llega hasta lo mas profundo, produce accidentes de un efecto maravilloso. El lado derecho de la entrada presenta por la parte esterior un vasto anfiteatro, formado por diversas filas de gruesos prismas truncados, sobre las cuales se puede andar fácilmente. Muchos de estos prismas son cóncavos por un lado, y convexos por el otro, y otros están divididos por cortaduras trasversales. Los prismas de un basalto negro muy puro y de una gran dureza, tienen desde 30 centímetros hasta un metro de diámetro; los hay triangulares, tetraedros, pentágonos y oxágonos, y algunos hay que tienen de siete á ocho palmos.
»Solo se puede entrar en la gruta por el lado derecho, según la plataforma de que ya he hablado; pero el camino se estrecha y se hace muy difícil á medida que se avanza, porque esta especie de galería interior, elevada mas de cinco metros sobre el nivel del agua, está formada de prismas truncados, colocados verticalmente y elevados los unos mas que los otros, entre los cuales es necesario tener la destreza de escoger los mejores sitios para pasar, siendo estos algunas veces tan estrechos y resbaladizos, que yo tomé el prudente partido de marchar con los pies desnudos. Como yo queria penetrar hasta el fondo, llegué al fin, no sin mucho trabajo y peligro. A medida que se avanza, la especie de balcón sobre él cual se ha caminado se ensancha y presenta una plataforma muy vasta, en forma de plano inclinado, y compuesto de millares de columnas verticales truncadas. Por aqui se llega á la estremidad de la gruta, que termina en un muro de columnas de magnitud desigual, y que imita la trompetería de un órgano.
»Un hecho digno de notarse es, que cuando monsieur Troil visitó esta gruta, la mar, por uno de esos casos estraordinarios, que quizás no se verifiqué en diez años, estaba tan serena que le permitió entrar en una barquilla. «En el fondo de la gruta, dice, monsieur Troil, un poco por encima de la superficie del agua, hay una especie de cueva, de donde sale un ruido muy agradable cada vez que esta especie de sumidero absorbe el agua.
«Como la mar no estaba tan tranquila cuando yo visité la gruta, el ruido que yo oí fué de naturaleza bien diferente, cada vez que las olas, sucediéndose con rapidez, iban á estrellarse en el fondo de la caverna. Este ruido era parecido al que produciría un cuerpo duro de grueso volumen al chocar contra otro cuerpo duro en un lugar subterráneo y cavernoso; el choque era tal, que se oia desde lejos, y parecía estremecerse la gruta.»

martes, abril 21, 2009

Viage ilustrado (Pág. 384)

Puente de Rokeby

Mr. Faujas Saint-Fond, que tambien la ha visitado.
»A las cuatro de la mañana dejamos la isla de Mull con un hermoso tiempo, muy raro en estos mares sin cesar agitados. Nuestros remeros eran cuatro jóvenes hebridienses determinados, que parecían hacer este corto viage con gran placer, porque ellos aman todo lo que les recuerda á Ossian, y se prepararon á entonar en coro las canciones de su poeta favorito. Una especie de salmodia llena de dignidad y mezclada de tonos tristes y melancólicos, formaba el principal carácter de estos cantos; los remos, que caian siempre á compás, hacian mas completa la monotonía.
»La forma de Staffa es irregular y oblonga; sus orillas son escarpadas por todas partes y rodeadas de calzadas basálticas y horadadas de diversas grutas, como la de Fingal y de Corvoran. Bellas columnatas de basalto ocupan mas de la mitad de la circunferencia de la isla, y están absolutamente al descubierto á orillas del mar; en general descansan sobre una corriente de lava pedregosa que les sirve de base y de sosten. La cima está cubierta de alguna tierra vegetal y de un césped árido. Tal es, esta gran roca volcánica, Hablemos ahora de la gruta.
»Este soberbio monumento de un gran incendio

jueves, abril 16, 2009

Viage ilustrado (Pág. 383)

Los edificios modernos mas notables de Edimburgo, son: la bolsa, un gran número de hoteles, muchos puentes y algunos hospitales. Se ha observado que los escoceses que han viajado han sacado mas partido que los ingleses de los bellos modelos que ofrece al estudio la Grecia y la antigua Roma.
Ni en esta capital, ni en las otras grandes ciudades del mismo reino, es donde se han de estudiar las costumbres verdaderamente escocesas; pues las de Inglaterra las han reemplazado absolutamente; los nobles y el alto comercio no son, hablando propiamente, escoceses, si no ingleses. En la alta Escocia, y principalmente en las montañas, es á donde es necesario ir á buscar los antiguos habitantes.
»Si los escoceses, dice Chantreau, son notables por sus facultades intelectuales, también lo son por su físico. Pocos hay entre ellos que sean gruesos, y casi todos tienen las formas angulosas y una fisonomía característica en la que se pinta su alma fuerte. Son de pequeña estatura, pero su constitución es robusta y capaz de los mas rudos trabajos. No hay hombre alguno que ame mas que el escocés el país que le ha visto nacer.
»Los que habitan las montañas, y que se llaman highlanders, tienen costumbres mucho mas agrestes que los de la llanura, y tambien su dialecto se diferencia un poco. Pero el aldeano de una y otra comarca, aunque de pocos alcances, sabe mejor que otro alguno conformarse con su condición. Su espíritu está acostumbrado desde la infancia á la mas pasiva obediencia hacia el gefe del clan, que es el nombre que se da á los cantones de las tribus que dividen la Escocia, especialmente en las montañas. Nosotros hemos notado en nuestras diferentes correrías, que estas buenas gentes viven contentas en los límites de la mas rígida economía, y que la naturaleza los recompensa de sus privaciones con una salud robusta é inalterable. Rara vez acometen solos cualquiera empresa atrevida; mas cuando trabajan de consuno muestran en la ejecución de sus negocios, aun los mas desesperados, tanto valor como sagacidad. En estas ocasiones observan religiosamente la fidelidad que recíprocamente se han jurado, y ni amenazas, ni tormentos, ni promesas, pueden hacerles quebrantar sus juramentos.
»Este pueblo ha conservado mas que otro alguno de Europa un santo respeto á la memoria de sus antepasados, al idioma que ellos hablaban y á muchos usos que les eran peculiares. Mas lo que mas admira al estrangero es el trage, especialmente el de los montañeses. Sobre la camisa llevan un plaid de una tela mas ó menos una, que en el pais se llama tartán; esta tela es de una confusa mezcla de colores ó de listas verdes, encarnadas y azules: el plaid tiene algunas veces 12 metros de ancho, pero nunca baja de siete, y se lo cruzan por la espalda como hacían los antiguos romanos con la toga. Otras veces rodean el plaid alrededor del cuerpo, sujetándolo con un cinturon de cuero, de modo que se envuelven de alto á bajo, y la parte inferior del plaid forma una especie de enaguas que les sirve de calzones. Los montañeses, especialmente en el verano no llevan mas que un simple tonelete de tartán que sujetan con el cinturon. Sus medias son también de tartán y los zapatos cuadrados. El pueblo bajo no lleva mas calzado que abarcas, y cubren su cabeza con una gorra de fieltro grosero, pero que siempre es de color azul. Pobres ó ricos, todos los escoceses llevan pendiente de su cintura un cuchillo ó puñal, llamado dirck, y un par de pistolas, que con frecuencia son de un esquisito trabajo. Los gefes de los montañeses llevan siempre también en la cintura una larga bolsa de cuero guarnecida de filigrana de plata, que constituye uno de los principales adornos del trage.
»El de las mugeres en las montañas consiste en una saya y un corpiño: las mugeres del campo y del pueblo llevan una ancha túnica sujeta con una hebilla de forma particular, que es ordinariamente del mejor acero de Inglaterra. El tocado, que es casi siempre de lienzo muy fino, ó de muselina, recibe diferentes formas á cual mas agradables. Los escoceses han llenado en todos tiempos los deberes de la hospitalidad con una especie de culto religioso.»
En las ciudades y en la parte de Escocia mas próxima á Inglaterra, se habla generalmente el inglés, pero en las montañas, especialmente hacia Fochabers y Badenoch se habla un idioma oriundo del antiguo celta. En este idioma hay muchos poemas que se han trasmitido por tradición entre los escoceses, siendo los mas célebres los del bardo Ossian, que vivia, según se cree, en el siglo IV. Estos poemas eran ignorados todavía por el resto de la Europa en el siglo último, hasta que Macpherson los recopiló y publicó en inglés. Se cree que el traductor ha embellecido mucho estas poesías, y ha dado el nombre de Ossian á muchas que son de diferentes bardos. Los aldeanos escoceses de las montañas, y sobre todos los habitantes de las islas Hebrides, cantan comunmente estas poesías como se cantan en nuestros campos los antiguos romances. Estos pueblos, que hacen una vida toda pastoril, han tenido siempre una pasión decidida por la poesía y la música; su instrumento favorito es la gaita. «Los hebridienses especialmente, dice Johnson, han mirado la gaita por largo tiempo como un placer y un alivio á sus penas. Muchas familias principales mantienen todavía un tocador de gaita, cuyo oficio era antiguamente hereditario, y las piezas compuestas para este instrumento se trasmitían por tradición de unos á otros. En la isla de Skge (una de las Hebrides) habia desde tiempo inmemorial establecido un colegio ó sociedad de tocadores de gaita, que aun no se ha abolido de hecho. Las piezas que tocan son aires del pais, y recuerdan grandes acontecimientos á los escoceses; pero son absolutamente ininteligibles y poco agradables para los estrangeros.»
El habitante de las llanuras, como hemos observado, ha perdido sus antiguas costumbres, y el montañés principia á cambiarlas; pero los hebridienses son hoy todavía lo que eran en otro tiempo, y recuerdan siempre á los antiguos caledonios, sus antepasados. Si no tienen famosos bardos, poseen en cambio schanachios ó narradores de cuentos, que son los historiadores, ó mas bien los genealogistas, y también los poetas de la nación y de las familias. El pueblo en general no disfruta de opulencia; pero tiene en abundancia pescado, gallinas, queso, manteca, leche y ganados. El pan de avena es el único de que se hace uso. Entre estas islas hay una muy pequeña que la naturaleza ha hecho digna de la curiosidad de los hombres, aun de los mas instruidos; esta isla se llama Staffa, y no tiene mas que un kilómetro de longitud. Aqui es donde está la famosa gruta natural que los hebridienses llaman la Gruta de Fingal, y que hizo conocer á los europeos el célebre naturalista inglés Mr. Banks. Sigamos por un momento á

lunes, abril 13, 2009

Viage ilustrado (Pág. 382)

suelo no es tan fértil como en Inglaterra; y en muchos cantones es muy poco á propósito para el cultivo; sin embargo, hay algunas llanuras y valles de una fertilidad estraordinaria. El suelo de la Escocia ofrece una gran variedad; su superficie es muy agradable por la mezcla de las producciones naturales: lo quebrado del terreno, sino es favorable á los trabajos del cultivo, agrada por lo menos al viagero, y presenta sitios deliciosos para las casas de campo que la nobleza de Escocia se hace construir con un gusto esquisito.
En algunos puntos la agricultura de Escocia es tan buena y tan bien entendida como en Inglaterra. En los condados que están situados á orillas del rio Forth, y que llevan el nombre de Lothian, es donde principalmente se recogen los frutos del trabajo y de la industria: los colonos, cuya mayor parte pagan de arrendamiento de 7 á 12,000 francos, están bien alimentados, bien vestidos y viven en habitaciones regulares. Pero todo lo contrario se nota en una gran parte de Escocia, muy atrasada todavía, donde los propietarios no conociendo sus verdaderos intereses, rehusan adoptar un medio de arrendamiento que estimularía á sus colonos á perfeccionar la agricultura; asi es, que en estos cantones el labrador puede vivir apenas con la rebusca de una mala cosecha, que rara vez escede de 800 francos de valor. El ganado es pequeño y flaco, las casas pobres, y el aspecto del pais lleva las marcas mas deplorables de la miseria. El suelo produce en general trigo, centeno, cebada, avena, cáñamo, lino, heno y pastos. Las partes incultas de las tierras altas abundan en diferentes especies de pequeñas frutas muy sanas y de un gusto agradable. Las costas producen alga marina, el dulish, yerba nutritiva, y muchas otras yerbas marinas igualmente propias para el alimento del hombre. También se encuentran muy grandes terrenos cubiertos solo de matorrales.
La Escocia tuvo en otro tiempo una gran representación, pero su reunion con Inglaterra, quitándola su nacionalidad, la privó de sus medios de prosperidad. Una vez trasportada á Inglaterra la silla del gobierno, el comercio se entorpeció, se descuidó la agricultura, y la gente de los campos se vio obligada á ir á buscar el pan á otros paises. Desde hace algunos años es cuando su industria ha reaparecido nuevamente, y su marina ha acrecido considerablemente en treinta años; debiéndose la prosperidad de Glasgow y otros puntos cercanos, á las relaciones comerciales de este ciudad con la Virginia y las islas de América, Las pesquerías de Escocia no están reducidas solamente á las costas del reino, pues los escoceses tienen una gran parte en la pesca de la ballena que se hace en la costa de Spitzberg. Los progresos que diariamente hacen estas pesquerías, aseguran á los habitantes nuevas fuentes de riqueza. Las fabricaciones del interior del país, particularmente las de hierro, en Carrón, en el condado de Stirling, dan también grandes provechos. Las manufacturas de lienzos están muy florecientes, aunque rivalizadas por las de Irlanda. El hilo que se fabrica en Escocia, es igual, si no superior, al de otra cualquiera parte, y los encages son admirados y usados hasta por las testas coronadas. Sin poder rivalizar con los ingleses en la fabricación de paños fmos, los escoceses han tenido buen éxito en sus manufacturas de lana, y ya ha comenzado á esportar en gran cantidad gorros, mitones, medias y otros artículos fabricados con sus lanas. Su comercio de carbon de piedra con los ingleses es considerable. La ciudad de Paisley ocupa un increíble número de trabajadores en fabricar una especie particular de linon bordado y listado, de un precio módico y de muy buen uso. Por todas partes se ven fábricas para refinar la azúcar, de cristales de todas especies, de loza y de papel. Los tapices de Escocía son de muy buena calidad y hermosos dibujos; y desde hace algún tiempo se han hecho los mas felices ensayos para dar á este ramo de industria el grado de perfección de que es susceptible, é igualarlo á lo que la Europa tiene de mas superior en este género. Las imprentas de Glasgow son célebres, y merecen verdaderamente esta celebridad. La Sociedad Gallica, compuesta de sabios y hombres de letras, ha contribuido en gran parte á las bellas ediciones que se han dado á luz en esta ciudad. Por último, la Escocia, protegida hoy por el gobierno inglés, va mejorando de dia en dia su comercio, y su industria prospera al nivel de la de las demás comarcas del reino unido.
Edimburgo es la capital de Escocia, y contiene 165,000 almas; está situada en la cima y pendiente de una montaña. Su fundador parece no haber atendido mas que á la ventajosa posición del castillo que está en lo mas elevado; asi es, que á escepcion de la calle principal, es necesario para andar por la ciudad estar continuamente subiendo y bajando. Esta calle tiene una hermosa apariencia y sube con uniformidad por espacio de una milla, desde el palacio de Holyrood al Este, y termina al Oeste en la imponente masa del castillo, construido en la cima de una roca inaccesible por todos lados, escepto por el que viene de la ciudad. Este castillo domina, no solamente la ciudad, sus alrededores, la Ciudad Nueva y la hermosa y rica campiña del contorno, sino que tiene una vista muy estensa por el rio Forth, la costa de Fife, y aun llega á 48 ó 60 kilómetros hasta las montañas que confinan con la alta Escocia. Esta vista es una de las mas magníficas que se pueden disfrutar. En el interior del castillo hay muchos departamentos espaciosos que son mas propios de un palacio que de una fortaleza.
Holyrood era en su origen un monasterio habitado por monges de San Agustín. Es un edificio construido por William Bruce, arquitecto célebre para el siglo en que vivió. La pieza mas notable es una larga galería, donde están colocados por orden cronológico la mayor parte de los retratos de los reyes de Escocia. El hospital fundado por Jorge Herriot, platero en tiempo de Jacobo VI, y que comunmente se llama la obra de Herriot, ocupa una magnífica posición al Sudoeste del castillo: este edificio es uno de los mas hermosos monumentos del género gótico que existen en Inglaterra, y los jardines que le rodean le dan un aspecto delicioso. La plaza del Parlamento, y por otro nombre el Enclos, era en otro tiempo el principal ornato de la ciudad; forma un gran cuadro de noble arquitectura, en medio del cual se eleva una estatua ecuestre de Carlos II. La catedral, llamada Saint Gilles, es un edificio gótico tan vasto, que está dividido en cuatro iglesias; el campanario, que remata en arcos, tiene la figura de una corona imperial y produce un bello efecto. Entre los otros edificios anteriores á la revolución se distingue la universidad, que es una de las mas célebres de Inglaterra, tíene escelentes profesores para las diferentes ciencias, y sus escuelas, donde también se enseña la medicina, rivalizan con los mas nombrados de Europa.

sábado, abril 11, 2009

Viage ilustrado (Pág. 381)


Jóvenes escoceses
ro de sabios suponen originarias de Oriente las melodías escocesas, las cuales, por otra parte, parecen tener un origen común con las de Irlanda. Lo que si es verdad, que en ninguna música nacional y primitiva de Europa se encuentra el mismo carácter. El instrumento nacional del higklander, es la corneta de piston; toda la música nacional está anotada para él, y nada es mas original ni mas salvage, que los conciertos de esta clase que todavía se celebran en Edimburgo, y en los que un centenar de montañeses vestidos con el trage nacional hacen resonar con el áspero cornetín los cantos de una patria, que hace ya muchos siglos no existe mas que en recuerdo.
Pasemos ahora á considerar la Escocia bajo el punto de vista geográfico, sin que por eso omitamos hablar también algo respecto á las costumbres de este pais.
La Escocia, separada de la Inglaterra por el Tweed y los montes Cherviotes, está dividida en treinta y tres condados, cuya superficie tiene 3,830 leguas, comprendiendo á las islas; se la divide mas naturalmente en alta y baja Escocia, ó Highlands y Lowlands, como dicen los escoceses, division fundada en la diferencia de las llanuras y las montañas, y en la de las costumbres de sus habitantes. El aire es aquí mas templado que lo que debia suponerse en un pais tan septentrional. Esta temperatura tiene su residencia en el número de colinas, de valles, de ríos y de lagos; pero principalmente, como en Inglaterra, en la vecindad del mar, de donde vienen vientos calientes, que no solo dulcifican la frialdad del aire, sino que teniéndolo en una perpetua agitación lo vuelven puro y saludable, é impide las epidemias que reinan en otros países. Sin embargo, en las cercanías de las altas montañas, que en general están cubiertas de nieve, el aire es sumamente frio durante nueve meses. El

martes, abril 07, 2009

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téril en verdades aplicables, y que solo puede servir para recrear la imaginación, estraviando el raciocinio, y aspirando temerariamente á penetrar en un misterio, cuyo conocimiento está reservado á la Divinidad. Con una sobriedad prudente, á la que no ha sabido sujetarse ninguno de los filósofos que les han precedido, supieron detener el ejercicio de la investigación en los límites de su capacidad, sin admitir ninguna doctrina á priori, sin suponer nada que no estuviese probado, sin salirse de la línea recta que las sensaciones, por una parte, y por otra, las verdades de conciencia les trazaban.
Reid, como el primero que se presentó al mundo filosófico en hostilidad abierta centra las ideas generalmente recibidas, se vio obligado á empezar por los rudimentos de la nueva doctrina que intentaba establecer. Sin acudir á la ficción de la estatua, como hizo Condillac, su primer trabajo fué anatomizar la sensación, reduciéndola á tan pequeñas dimensiones, que casi nada adelanta mas allá de las nociones vulgares sobre esta operación misteriosa. Despojándole asi de la importancia exagerada que le habia dado el filósofo francés, dio un golpe mortal al materialismo, demostrando la imposibilidad de ligar la sensación, ni como elemento, ni como instrumento, ni como origen, con ninguno de los fenómenos interiores. Su modo de esplicar las doctrinas es decisivo sin arrogancia, pero impregnado de buena fé y de convencimiento. Su sencillez peca algunas veces en sequedad, y su concision, nada común en los escritores de su pais, lo hace en varias ocasiones oscuro. En su estilo no hay adornos ni figuras, ni precauciones oratorias. Camina derechamente á su fin por la línea mas corta, y fija todo su esmero en obligar al lector, por el encadenamiento estrecho y terminante de su argumentación, á sacar las mismas deducciones que él ha inferido.
Dugald Stewart no es tan original ni tan ingenioso como su maestro, pero es mucho mas fecundo y variado. En realidad no ha hecho mas que ensanchar el campo descubierto por Reid, y concluir la tarea que éste empezó, aplicando sus doctrinas á todos los fenómenos de la inteligencia, y á la critica, sobre todo, de las opiniones que habian prevalecido en las mas acreditadas escuelas. En este género de trabajo no tiene rival. Sus censuras de Arislóteles, Hume, Condillac y Berkeley; su esposicion de la disputa entre realistas y nominalistas; su análisis sobre las preocupaciones dominantes acerca de la verdad matemática, son obras maestras de lógica, y no pueden leerse sin admiración. Escribe con el candor de un hombre convencido, que quiere justificarse refiriendo la historia de su convencimiento. Su erudición es tan variada y abundante como oportuna, y sabe emplearla con singular destreza, mas bien para combatir las opiniones agenas que para sostener las suyas.
Brown, mas arrojado que sus dos predecesores, se deja arrebatar por su imaginación vehemente y poética, creyendo á veces ser profundo cuando no es mas que sutil, y descubriendo las mas estrañas analogías donde menos podrían sospecharse. Aunque su estilo suele ser enredoso y confuso, y sus períodos, sobradamente largos y complicados, cuando hace alguna escursion, como frecuentemente le sucede, en el terreno dé la literatura, se remonta á la mas alta elocuencia y escribe con vehemencia y entusiasmo. Muestra parlicular empeño en suavizar la aridez de las teorías por medio de ilustraciones y símiles sacados de las bellas artes, de las obras maestras de la antigüedad, de las maravillas de la naturaleza, y sobre todo, de las ciencias físicas, en que se muestra muy aventajado, y á que tenia gran afición. Su argumentación es mas sutil y aguda que profunda y sólida, en términos que se deja llevar por esta propensión, hasta caer en la paradoja. Su lectura no es solamente instructiva sino divertida y amena, de modo que puede emprenderse aun por el menos adicto á esta clase de estudios, con la seguridad de encontrar en ella una gran variedad de conocimientos.
Tal es la filosofía escocesa, cuya primera aparición en el mundo le acarreó un gran número de prosélitos, especialmente en Francia, donde la dieron á conocer y la enseñaron en las lecciones públicas del Ateneo de París, los ilustres filósofos Royer–Cllard y Jouffroy, y donde se habria quizás apoderado de la enseñanza universitaria, á no haberse atravesado la filosofía ecléctica, sostenida y propagada por el saber y la elocuencia de Cousin. En España apenas es conocida, y no sabemos que la única obra que se ha publicado en castellano, como esposicion de sus principios fundamentales, haya servido de texto en alguna universidad. Considerado el abuso que en este siglo se hace de toda clase de doctrina, y la exageración en que caen todos los sistemas, es sensible que no se propague el que posee la feliz ventaja de no prestarse ni al panteísmo, que es el término final de la filosofía alemana, ni al materialismo, tan estrechamente ligado con todas las hipótesis y deducciones que se han hecho de las teorías de Condillac. En filosofía se peca por querer saber demasiado, y por contentarse con dos ó tres esplicaciones que sirven de respuesta á todas las cuestiones relativas á los fenómenos del alma. Los escoceses se han quedado en un justo medio, y han demostrado la utilidad y la solidez de sus doctrinas, en la multitud de hombres de primer orden que han salido de sus aulas para adquirir gran nombradía en las ciencias, en la literatura y en los mas altos puestos de la política. A esta clase pertenecen lord Brougham, lord Jeffrey, lord Russell, sir James Mackintosh, los profesores Wilson, Jardine, Mac–Gregor, y otros cuyo catálogo es muy numeroso.
Respecto á las bellas artes diremos, que la Escocia estuvo siempre mas atrasada que la Inglaterra en la cultura de las bellas artes, y escepto en la música, no ha tenido nada que pueda considerarse como suyo.
Las catedrales, los conventos y los palacios que ofrece en el dia á la consideración del viagero, ora en un estado de conservación notable, ora en el de la ruina, no sobrepujan en lo mas mínimo á las construcciones de Inglaterra del mismo género. Como todas remontan su origen á la edad media, y en esta época la arquitectura no era nacional en ninguna parte de nuestra Europa Occidental, aparece, propiamente hablando, bajo un carácter feudal y católico. Desde el siglo XV, y acaso desde mucho antes, no hay sobre la tierra de Escocia un solo monumento que se pueda, que se deba considerar como inglés.
La pintura existe menos que la arquitectura. Tal vez no posea una pintura digna de este nombre, y aun puede asegurarse que ni tampoco tiene una de segundo orden.
En cuanto á la música, que merecería un artículo especial y mas estenso que el que nos permiten consagrar los límites que nos hemos impuesto, es verdaderamente nacional y llena de originalidad. Gran núme–

domingo, abril 05, 2009

Viage ilustrado (Pág. 379)

impulsa al guerrero, cuando se lanza á los peligros y cuando parece solamente escitado por el deseo del triunfo? Es indudable, pues, que nuestras emociones puede coexistir con sensaciones, recuerdos y raciocinios, del mismo modo que estos sentimientos pueden coexistir diversamente unos con otros. Vemos y olemos al mismo tiempo una rosa, y al mismo tiempo comparamos estas dos distintas sensaciones, sin dejar por esto de colocar en distintas clases la vision, el olfato y la facultad de comparar.
Hasta ahora hemos avanzado muy poco terreno en la generalización de los fenómenos mentales, aunque en esto poco, hemos hallado una division clara, y que abraza todos los objetos individuales del trabajo que hemos emprendido. El alma es susceptible de ciertas afecciones positivas, de ciertas modificaciones intelectuales que nacen de aquellas, y de ciertas emociones que nacen de ambas: es decir, es capaz de existir en ciertos estados, cuyas variedades corresponden á aquellas designaciones peculiares. Vemos y nos acordamos de lo que hemos visto, y lo comparamos, y esta vision, y este recuerdo, y esta camparacion, pueden escitar aversion ó deseo, y toda nuestra vida sensitiva, intectual y moral, se compone de estas modificaciones ó de otras análogas. Cada minuto de cada hora, no es mas que un trozo de este tejido complicado. Supongámonos en una eminencia, contemplando la perspectiva que tenernos á la vista. Por un lado se nos presenta la imagen de la desolación; la campiña inculta y seca, y en medio de ella, la choza medio derrumbada, asilo del infortunio y del abandono. A otro lado, todo es plenitud y magnificencia; campos cubiertos de mieses abundosas, jardines espléndidos, bosques sombríos y deliciosos circundan un palacio que parece la morada del placer y del lujo. Si no hacemos mas que ver estas dos escenas, no tendremos mas que una serie de afecciones esternas ó sensitivas. Pero es casi imposible verlas sin que se escite en el alma un estado intelectual que constituye la comparación, y pocos habrá que comparen dos aspectos tan contrarios, sin sentir las emociones que constituyen la compasión y deseo, unidas quizás á otras mas complicadas y secundarias.
En el ejemplo precedente, las modificaciones del alma han tenido su origen en cosas realmente existentes en el mundo esterior, pero las afecciones esternas de los sentimientos, aunque mas permanentes, y por lo común, mas vivas que las internas, están muy lejos de ser absolutamente necesarias para la producción de estas. Hay en el alma una sucesión casi constante de afecciones internas, pensamientos y emociones, que, sin necesidad de una sola nueva sensación, y aun dado el caso de suspenderse la vida animal, todavía conservarian en nosotros aquella vida intelectual y moral, que es la única vida digna de este nombre. El conocimiento que tenemos de lo que pasa fuera de nosotros, vive en lo interior de nuestro ser, y en la hipótesis de la supresión completa de la parte animal, la memoria reemplazaría la falta de los sentidos, y la accion constante del universo visible. Si solo pudiéramos amar y aborrecerlas cosas presentes, apenas saldríamos de la imbecilidad de la infancia, ó por mejor decir, seríamos inferiores al niño y al imbécil, en los cuales, á lo menos, hay algunos recuerdos de lo pasado y alguna prevision de lo futuro. Nuestra vida moral é intelectual se ejerce principalmente en lo que ya pasó y en lo que ha de suceder. Los objetos que comprenden las dos grandes divisiones de tiempo, separadas por el momento actual, tienen una existencia permanente y positiva para nuestro espíritu, como aquel misterioso ahora de que hablan los teólogos, en que lo pasado, lo presente y lo futuro, se consideran en cada momento de cada siglo, actualmente visibles por la mirada de la Divinidad. Amamos las virtudes de que nos habla la historia, con la misma emoción que las que se nos presentan en las escenas de nuestra vida. Lo mismo sucede con los hechos puramente imaginarios. La belleza ideal produce en nosotros los mismos sentimientos, y á veces mas puros y exaltados que los de las cosas reales. Síguese de aqui que las emociones, aunque, procedan en su origen de la realidad, pueden existir y agitarnos sin depender en manera alguna de ella. Pueden nacer de la imaginación y de la memoria, como de la percepción; pero cuando nacen de la imaginacion y de la memoria, se distinguen tanto de los objetos imaginados ó recordados, como la percepción esterna de los objetos esternos á que deben su origen.
La parte mas notable de los escritos de Brown es su refutación de la teoría del doctor Reid sobre la percepción. Como esta cuestión ha sido una de las mas ruidosas que se han suscitado en estos últimos tiempo; en el campo de la filosofía, en el artículo percepción la trataremos detenidamente, y vamos á terminar el presente, señalando los caracteres que distinguen la escuela escocesa de todas las otras, y las peculiaridades respectivas de los tres hombres que pueden llamarse, con justa razón, sus fundadores.
Aunque los trabajos de Descartes y Locke habian destruido muchas de las quimeras que habian introducido el escolasticismo en el estudio de la filosofía, todavía ellos mismos hablaban su idioma, y admitían muchas de sus locuciones en el mismo sentido que los escolásticos les habian aplicado. De aqui debía resultar cierta confusion de nociones, que solo podía deshacerse por medio de una gran delicadeza de análisis, para lo cual se necesita una independencia difícil de adquirir cuando el hábito ha establecido asociaciones estrechas entre las voces y sus significados. Este fué el mal á que se propusieron poner término los escoceses, y creyeron que el medio mas seguro de lograrlo, seria abandonar la antigua práctica de estudiar las facultades del alma, y concretarse esclusivamente á la observación de los hechos. A ellos se debe el luminoso descubrimiento que los hechos intelectuales son susceptibles de una observación tan positiva y tan minuciosa como los de la naturaleza visible, y aunque llamaron á este método estudio físico del alma, ninguna escuela antigua ni moderna los ha escedido en celo y elocuencia, cuando se trata de la defensa del espiritualismo. En verdad, todas sus doctrinas propenden al establecimiento y confirmación de este gran principio; esta es la consecuencia forzosa de todas sus doctrinas. Con el mismo calor impugnaron ese género de pirronismo que sacó á luz el obispo Berkley, y que consiste en sostener que el entendimiento no puede hallar pruebas positivas y filosóficas de la existencia del mundo esterior: paradoja que, por absurda que parezca, ha sido apoyada con argumentos ingeniosos por hombres de nota, y que, una vez admitida, destruye en sus fundamentos todas las garantías de la fé humana. Distínguese también la escuela escocesa, por el esmero con que evita la ontologia, como un estudio fuera de los alcances de la humanidad, es–

viernes, abril 03, 2009

Viage ilustrado (Pág. 378)

ser conocidas ni aun por el mismo que las posee. A este propósito ha dicho un poeta:

No menos que el altivo soberano,
Es ambicioso el mísero aldeano.
El esclavo en su seno
También abriga orgullo, y si levanta
Deleznable mansion de paja y cieno,
Las maravillas de su genio canta,
Y esclama con enfática alegría: Admirad mi poder:
esa obra es mia.

La consecuencia de toda esta doctrina es que, aunque el conocimiento que tenemos del alma no es mas que relativo, y procede de la serie de modificaciones de que nos da parte la conciencia, tenemos en aquel conocimiento lo suficiente para subir á la idea del Hacedor, bien que esta idea sea muy imperfecta y débil.
Adoptando fielmente este sistema de estudios psicológicos, Brown lo aplica á la clasificación de los fenómenos del alma, y después de haber desechado la generalmente admitida en las escuelas, se decide por una division fundamental que los separa en dos clases, á saber: los que escitan inmediatamente en virtud de la presencia de los objetos esternos, y los que nacen, no menos inmediatamente de ciertas afecciones internas del alma. Los de la primera clase son evidentemente resultados de las leyes de la materia y del espíritu, porque suponen en los objetos estemos el poder de afectar el alma, y en el alma, el poder de ser afectada. Los fenómenos de la segunda clase resultan de las susceptibilidades del alma misma, que ha sido formada por su divino autor, para existir con ciertas modificaciones y para que estas se sucedan unas á otras. Las primeras se suscitan cuando y porque un objeto estenio está presente: las segundas porque ha habido antes en el espíritu alguna mudanza de estado. Para ilustrar esta distinción por medio de un ejemplo, supongamos que vamos andando por una campiña, y que de repente vemos una encina, al fijar nuestra mirada en cierto punto del horizonte. La presencia del árbol, ó mas bien, la luz reflejada por su superficie, ocasiona cierta modificación del alma, que llamamos vision: afección que pertenece exclusivamente al alma, pero que no recaería en ella sin la acción de la luz. Mas no se reduce á esto solo la modificación del alma después de haber recibido la sensación. Suceden á ella otras alteraciones, sin necesidad de una impresión nueva. Comparamos la encina con otro árbol que hemos visto antes, y notamos su superior elevación y hermosura; imaginamos el efecto que produciría bajo su sombra alguna escena que nos es familiar; pensamos en el número de años que ha trascurrido desde queso plantó; quizás moralizamos sobre los sucesos que han agitado nuestra vida, sobre las revoluciones que han desolado la tierra mientras la encina ha ido desarrollando silenciosamente su follage, y progresando hacia la decrepitud, en medio de los huracanes y de las tormentas. De todos los estados del alma que suponen todas estas transiciones del pensamiento, el único, que puede atribuirse al objeto esterno, es la primitiva percepción de la encina. Todo lo demás ha sido resultado, no inmediatamente de algo esterno, sino de estados precedentes del alma. Aquel estado peculiar que constituye la percepción de la encina, ha dado lugar á otro estado diferente que constituye el recuerdo de otro árbol que hemos visto antes; este ha dado lugar á otro estado, que consiste en la comparación de los dos, y asi sucesivamente se han reemplazado entre sí, como modificaciones del alma, los diversos pensamientos que hemos mencionado. No hay duda que el alma no habría podido existir en el estado que constituye la percepción de la encina, sin la presencia de los rayos de la luz reflejados por ella: pero tampoco habría podido un objeto esterno sin la afección mental, producir ninguna de las modificaciones que siguieron á la percepción. Hay, pues, una distinción manifiesta entre los fenómenos mentales, en cuanto á sus causas primitivas, y sean cuales fueren las subdivisiones que después sea conveniente adoptar, tenemos ya á lo menos un límite fijo y sabemos lo que queremos decir, cuando hablamos de las afecciones esternas é internas del alma. Dado este primer paso, el segundo será la reducción de aquellas clases á otras, en virtud de una nueva generalización de los fenómenos de cada una. La primera es en si misma tan simple, que no admite subdivision. La segunda abraza tanta variedad de fenómenos, que sin el auxilio de muchas subdivisiones, nos seria de poca utilidad en nuestra proyectada clasificación. Nos limitaremos por ahora á una sola, que comprende los estados del alma y las emociones, palabras cuyo sentido es claro, y que abraza todo lo que pasa en la inteligencia sin el auxilio de la sensación. No hay un solo fenómeno de la conciencia que no esté comprendido en una ú otra de las tres divisiones mencionadas. Conocer todas nuestras afecciones sensibles, todos nuestros estados intelectuales y todas nuestras emociones, es conocer todas las modificaciones de que es susceptible el principio espiritual que nos anima.

Unde animus scire incipiat, quibus inchoet orsa
Principiis seriem rerum, tenuemque catenam
Mnemosyne: ratio unde sub pectore tardum
Augeat imperium, et primum mortalibus œgris
Ira dolor, metus el curœ dascentur inanes.

No se crea, sin embargo, que al dividir las afecciones internas del alma en dos órdenes distintos de estados intelectuales y emociones, y al hablar de estas como de modificaciones que necesariamente suceden á otras, se da á entender que los estados intelectuales y las emociones no se combinan nunca instantáneamente, como pueden combinarse las operaciones del espíritu. Al contrario, estas dos clases de fenómenos ocurren frecuentemente al mismo tiempo: pero siempre que esto sucede, es muy fácil distinguirlos por medio del análisis. La emoción que llamamos compasión, puede existir y continuar en el alma, al mismo tiempo que la inteligencia proyecta los medios de socorrer el objeto que la escita: pero aunque la compasión y el raciocinio coexisten, no nos cuesta mucho trabajo dicernir la diferencia que separa una modificación de otra. Lo mismo sucede con todos los deseos vivos, que no solo producen la acción, sino que la acompañan. El sabio que, en el silencio de la noche, fecunda los trabajos mas importantes, no se siente solamente estimulado por la esperanza de conseguir el éxito inmediato de sus tareas. El placer que ha sentido en otros descubrimientos, es una antorcha que lo alumbra y lo calienta, y mientras calcula y medita, quizás hay otros principios de su naturaleza, tan vivamente empleadas como sus cálculos, estudios y meditaciones. ¿Quién sabe cuál es la pasión secreta que

jueves, abril 02, 2009

Viage ilustrado (Pág. 377)

chos; que se sentia descontento de una investigación incompleta cuando se limitaba á los meros hechos, y que parecia buscar una especie de alivio en la averiguacion de una tercera circunstancia, introducida entre un hecho y otro, para servirles de vínculo. El investigador no podrá quedar satisfecho con la simple observación y clasificación de los fenómenos, sino cuando esté convencido de que todas las sustancias que existen en el universo, son todo lo que realmente existe; que en los hechos naturales no hay sino hechos que preceden y hechos que siguen, y que ellos son las únicas causas y los únicos efectos y que puede aplicar su estudio. Tal es la investigación física, ya considerada en sus objetos, ya en su modo de proceder particularmente con respecto al mundo esterior. Las leyes que determinan la investigación en el mundo interior del pensamiento, son en todo punto iguales á las que guian al investigador de la materia. Los mismos grandes objetos deben tenerse á la vista en uno y otro caso: á saber, el análisis de lo compuesto y la observación de los fenómenos sucesivos. En este punto, la filosofía del alma y de la materia concuerdan perfectamente. ¿A qué damos el nombre de materia? A la causa desconocida de las varias sensaciones, que, por la constitución de nuestra naturaleza, no podemos menos de referir á algo esterno, como á su propia causa. No sabemos lo que es la materia, si la consideramos independiente de la percepción; mas, como origen ó sugeto de esta operación del alma, la consideramos como algo que es estendido, y por consiguiente, divisible, impenetrable y móvil. Estas propiedades y cualesquiera otras que nos parezca necesario incluir para espresar las diferentes modificaciones que afectan nuestros sentidos, constituyen la única definicion que podemos dar de la materia, porque constituyen en realidad todo el conocimiento que de ella tenemos. Suponer que conocemos la materia en sí misma, con absoluta independencia de nuestras percepciones, seria un absurdo manifiesto, porque solo la percepción es la que nos la hace conocer, y esta percepción, que afecta nuestro entendimiento, necesariamente ha de depender tanto del entendimiento afectado, como del agente que lo afectó. Infiérese de aquí, que todo el conocimiento que tenemos de la materia, es y debe ser relativo en todas circunstancias, y lo mismo podemos decir del que tenemos del alma. Solo conocemos en ella la capacidad de recibir impresiones como las que ha recibido antes; pero en cuanto á las que es capaz de recibir en lo futuro, nos son tan desconocidas como los colores al ciego, y los sonidos al sordo, ó como nos son á nosotros mismos con los sentidos que poseemos, las propiedades que podríamos descubrir en la materia, si nuestra organización fuera mas perfecta de lo que es. Asi, pues, nada sabemos de la esencia del alma, sino con relación á las modificaciones que nos testifica la conciencia. Nuestro conocimiento del alma, no es, pues absoluto, sino relatitivo: aunque es preciso confesar que la aplicación de la voz relativo, se separa algún tanto del uso común, cuando significa lo mismo que correlativo, como sucede en el caso presente. La misma alma individual, es la que en su investigación intelectual desempeña las funciones de objeto observado y agente observador. Pero la memoria, con que nos ha favorecido la Providencia, resuelve esta singular paradoja. Con el auxilio de esta sola facultad, el alma, siendo simple é indivisible, parece que se multiplica y se estiende, abrazando largas series de sensaciones y pensamientos. Sin la memoria, no podríamos jamás percibir la relación entre un pensamiento y otro, ni podríamos adquirir conocimientos intelectuales, morales, físicos ni metafísicas. A esta maravillosa facultad, debemos, pues, el poder de comparar lo presente con lo pasado. Con ella, un mismo ser indivisible reúne el doble carácter de observador y objeto observado, pudiendo renovar á su vista, lo que está mas distante de ella; comparada emoción con emoción, pensamiento con pensamiento; aprobando sus propias acciones morales, con las que han escitado su admiración ó su respeto, ejecutadas por otros hombres, ó condenándose á sí mismo, como á un reo, que oprimido por el testimonio de su conciencia tiembla ante un juez severo y perspicaz. Los sentimientos pasados del alma se convierten en objetos presentes, y adquieren una existencia relativa, que nos hace capaces de clasificar los fenómenos de nuestro ser espiritual, como clasificamos los del universo físico, Asi, pues, cuando definimos el alma, no hacemos mas que enumerar sus diferentes susceptibilidades, concretando el fruto de nuestra experiencia, y teniendo presentes las modificaciones por las que ha pasado, y las operaciones que en ella ha ejercido. No se crea que al trazar estos límites, encerramos el estudio del alma en un círculo demasiado estrecho. El conocimiento relativo de las capacidades de una sustancia, es un campo de inagotables maravillas, abierto constantemente á nuestras indagaciones. En él se comprenden todas las cosas que percibibimos, que imaginamos, y de que nos acordamos; todos los procedimientos misteriosos del pensamiento, que producen los mas felices aciertos del poeta y del filósofo. Cuando analizamos y clasificamos los fenómenos mentales, consideramos fenómenos diversos en los individuos; pero comunes á todos los de la especie, porque no hay facultad que resida en el genio mas sobresaliente de que no participe en debida proporción del hombre mas imbécil y rudo. Todos los hombres perciben, se acuerdan y raciocinan; todos, al menos hasta cierto punto, forman teorías mas ó menos estensas y profundas; todos procuran hermosear su trato social y sus horas desocupadas con invenciones de su fantasía, con ficciones agradables, que, á la verdad, no duran mas que un momento, pero que provienen de misma clase de energía mental que dio origen á esas producciones inmortales destinadas á ser las delicias de todas las generaciones. Esta universal difusión de aptitudes y procedimientos mentales, que pueden ser diversamente escitados, según la diversidad de circunstancias, comprende no solo las operaciones de la inteligencia, sino tambien los efectos, las pasiones, todos los movimientos interiores que los filósofos llaman poderes activos. En uno y otro ramo hallamos sugetos distinguidos por la superioridad y escelencia de alguna de estas dotes: pero todas ellas residen en toda la especie. El animal bípedo que come frutas y raices cuando se lo exige el apetito; que propaga su especie cuando sus impulsos naturales lo demandan; que sabe tomar alternativamente el reposo y la fatiga, es como el árbol del bosque, cuya vida no ha sido modificada sino por la naturaleza.
Pero este salvage tiene dentro de sí las semillas del lógico, del hombre de gusto, del orador, del estadista, del héroe y del santo: semillas que aunque plantadas por la naturaleza, careciendo de cultivo y de fomento, quedarán para siempre infructíferas, sin

lunes, marzo 30, 2009

Viage ilustrado (Pág. 376)

existentes en el espacio, ó como existentes en el tiempo. En el primer caso, lo que se investiga es la composición de la sustancia: en el segundo, las alteraciones ó mudanzas que presenta. El primero de estos dos puntos de vista, es muy sencillo, porque su objeto no es mas que descubrir lo que está realmente á nuestra vista en el momento de observación. Esta indagación se dirige á los elementos ó cuerpos separados que existen juntos en las sustancias que consideramos, ó que mas bien las constituyen ocupando el espacio que asignamos á cada agregación imaginaria. Miramos como una sustancia individual aquellos elementos, no porque tengan en la naturaleza una unidad absoluta, puesto que los átomos elementales, por continuos ó próximos que estén entre si, tienen una existencia tan verdaderamente independiente ó separada, como si hubieran sido creados á inmensas distancias unos de otros; sino en virtud de una unidad, relativa á nuestra incapacidad de observarlos en su separación. Este primer ramo de la investigación científica, debe su origen á la imperfección de nuestros órganos, y lo mas que podemos obtener de ella, es un conocimiento mas ó menos perfecto de lo que ha estado á nuestra vista durante el tiempo de la observación. La segunda clase de investigación, que es la que se refiere á la investigación, que es la que se refiere á la sucesión de los fenómenos, tiene diferente origen, puesto que la mas alta perfección de nuestros sentidos, no podría descubrirnos sino lo que es en el momento de la percepción, pero no lo que ha sido antes ni lo que será después, y no hay nada en las propiedades de los cuerpos, que pueda, sin el socorro de la esperiencia, hacernos capaces de preveer las alteraciones que en ellos han de ocurrir. El fundamento de toda investigacion relativa á la sucesión de los fenómenos, es aquella ley importantísima, ó mas bien aquella propension general de nuestra naturaleza, en virtud de la cual, no solo percibimos las alteraciones que se presentan á nuestros sentidos en un momento dado, sino que de esta percepción pasamos irresistiblemente á creer que las mismas alteraciones se han presentado constantemente, y seguirán verificándose siempre que las circunstancias futuras sean iguales á las actuales. De aqui viene que consideremos los sucesos, no como antecedentes y consiguientes casuales, sino como antecedentes y consiguiente invariables, ó en otras palabras, como causas y efectos, dando el nombre de poder á esta relación invariable que observamos entre uno y otro hecho: el que precede y el que sigue. El poder de una sustancia no es mas que otro nombre dado á la sustancia misma, cuando se la considera en relación con otra. El poder no es una cosa distinta de la sustancia, del mismo modo que la forma de un cuerpo no es una cosa distinta del cuerpo á pesar del predominio que ha ejercido la opinion contraria durante tantos siglos, sino el cuerpo mismo considerado en la posición relativa ó en la relación local de sus elementos. Forma es la relación déla proximidad inmediata de los cuerpos entre sí considerados en el espacio: poder es la relación de proximidad inmediata y uniforme en los sucesos entre sí, considerados en el tiempo. Esta relación, lejos de ser diferente, como generalmente se supone, cuando se aplica á la materia y cuando se aplica al espíritu, es exactamente del mismo género, cuando se trata de objetos materiales y de objetos inmateriales. En uno y en otro caso no hablamos sino de la precedencia y ele la sucesión invariables. Cuando decimos que el iman tiene el poder de atraer el hierro, no queremos decir sino que el iman no puede acercarse al hierro sin atraerlo. Cuando tratando de la voluntad decimos, que el hombre dotado de salud y exento de toda restricción, tiene el poder de mover la mano, no queremos decir sino que en aquellas circunstancias no puede querer mover la mano sin moverla. Esta noción sencilla del poder, considerado como una sustancia que antecede á sus invariables é inmediatas consecuencias, sin ningún vínculo misterioso, ya que en la naturaleza no hay mas que sustancias, exigia una larga y menuda esplicacion en virtud de las falsas ideas que universalmente predominan en este punto, y sobre todo del gran error que se comete creyendo que existe en lo que llamamos causa, una agencia oculta, ininteligible é impalpable, como cosa distinta de la sustancia misma. Esta equivocada opinion ha retardado considerablemente los progresos de la filosofía, no solo acostumbrando al entendimiento á fijar un sentido en palabras que no tienen ninguno, lo cual por sí mismo ya es un mal gravísimo, sino estraviando sus investigaciones, apartándolo de la sencillez de la naturaleza, alucinándolo con los enigmas de las escuelas, donde jamás se recrean los ojos con el espectáculo de la verdad, fatigados de vagar continuamente de sombra en sombra, y donde se encuentra toda la fatiga del esfuerzo sin la ventaja de una sola verdad positiva. Aun aquellos filósofos que han tenido la sensatez de percibir que el hombre no puede descubrir en los fenómenos de la naturaleza sino una serie de hechos que se suceden unos á otros con regularidad; esos mismos filósofos que nos recomienda la observación y la clasificación de los hechos antecedentes y consiguientes, como los únicos objetos asequibles de la filosofía, esos mismos apoyan este consejo en lo que ellos llaman causas eficientes, distinguiéndolas de las causas físicas, ó simples antecedentes, solo en las cuales quieren que fijemos la atención. Hay ciertas causas secretas, dicen ellos, que están continuamente obrando en la producción de todas las alteraciones que observamos, y estas causas son las que merecen el nombre de eficientes; pero al mismo tiempo no dicen que aunque estas causas están continuamente obrando y son las únicas que obran, no podemos jamás esperar descubrir una sola de ellas. Y, en efecto, todas sus reglas de investigación filosófica estriban en esta prohibición de indagar las causas eficientes de los fenómenos, como si en el hecho de prohibirnos lo que es mucho mas importante que lo que se nos permite, no escitara mas nuestra curiosidad, y no se nos invitase á infringir la prohibición.
Felix qui potuit rerum cognoscere causas.

Esa será la divisa del investigador, siempre que crea que existen otras causas ademas de las que han investigado y descubierto. Aun el mismo Newton, el mas sabio de los investigadores, que podia decir con toda la sencillez de una filosofía pura y verdadera hypothesis non fingo, ese mismo genio sobresaliente dio á entender en una de sus mas hipotéticas cuestiones, que no estaba exento del error que procuraba aniquilar; que pagaba tributo á esa desordenada afición á lo desconocido, á lo que ceden todos los que creen que existe realmente algo intermedio y no conocido entre los he–

sábado, marzo 28, 2009

Viage ilustrado (Pág. 375)

como han obrado hasta ahora, y de que el universo material tiene una existencia independiente de nuestras percepciones. También concuerdan las verdades de estas dos categorías en estar reconocidas por todos los hombres sabios ó ignorantes, sin ninguna espresiones esterna, y aun sin fijar en ellas la atención. Únicamente llegan á ser objetos del pensamiento, cuando la filosofía las toma por asuntos de sus observaciones. En virtud de estas analogías ó coincidencias, me inclinaría á comprender bajo el título general de axiomas todas las verdades que acabamos de analizar, si el uso común del idioma no lo hubiese apropiado á las matemáticas, y si en realidad no hubiese una gran diferencia entre los ramos de conocimientos humanos á que se aplican.»
Terminaremos el cuadro del sistema filosófico de Dugald Stewart con su doctrina sobre dos operaciones mentales que han dado origen á una gran innovación en la filosofía moderna, y cuya significación, sin embargo, no está quizás perfectamente determinada; queremos hablar de los métodos sintético y analítico. En el estudio de las matemáticas se hace uso de cierta clase de análisis para investigar la demostración de los teoremas. Todo geómetra se halla frecuentemente en el caso de emplear este instrumento mental, sea cuando procura descubrir una demostración delicada y elegante de proposiciones establecidas antes, sea cuando indaga la verdad de un teorema dudoso, el cual, por analogía ó por otra circunstancia accidental, posee bastantes grados de verosimilitud para escitar la curiosidad. Los que están familiarizados, con el modo de raciocinar de Euclides, saben que toda proposición matemática consta de dos partes: en primer lugar se hace una suposición, y en segundo se espresan las consecuencias que de ella se deducen. Esto es lo que se llama demostración sintética. Supongamos el arreglo contrario: que se fija hipotéticamente la verdad de la proposición demostrable, y que se procede á deducir de ella todas las consecuencias á que da lugar. Si en esta deducción llegamos á una consecuencia de cuya verdad estamos seguros, podemos afirmar que la hipótesis es una verdad. Si llegamos á una conclusion falsa, tenemos por falsa la hipótesis. Esta demostración, en el idioma matemático, se llama analítica. Según estas definiciones, las demostraciones de Euclides, que prueban una proposición manifestando que la contraria da lugar á una consecuencia absurda, pertenecen propiamente al análisis, y en todo caso la demostracion estriba en esta máxima general: que la verdad es siempre consecuente consigo misma; que una suposición de la cual se saca una inferencia verdadera, por un encadenamiento de deducciones, debe ser verdadera, y vice versa. Es evidente, que si demostramos una proposición con el ánimo de convencer á otro de su verdad, la forma sintética es la mas agradable y cómoda, porque conduce al entendimiento directamente de lo conocido á lo desconocido. Pero cuando la proposición es dudosa y deseamos conocer si es verdadera ó falsa, no hay duda que la forma analítica es la mas ventajosa. Aunque estamos tratando de filosofía, ha sido preciso fijar la significación de las dos palabras en el sentido matemático, porque de este la han sacado los filósofos, pero dándole significaciones muy diferentes. En toda ciencia de observacion, el análisis se funda en hechos conocidos, y después que por la observación de estos hechos ha llegado á una verdad general, la síntesis consiste en la aplicación de esta verdad á una serie de hechos diferentes de los comprendidos en el análisis original. De modo que, en algunas cosas, el filósofo emplea la palabra análisis del modo que un geómetra griego habría empleado la palabra síntesis. Asi, en astronomía, cuando de los fenómenos conocido queremos deducir la verdad del sistema copernicano, decimos que procedemos analíticamente; pero el geómetra antiguo habría aplicado la misma voz á un procedimiento enteramente contrario, el cual, suponiendo cierto el sistema, habría descendido de esta hipótesis al examen de los hechos. En la filosofía moderna ha predominado una estraña confusion en el uso de estas palabras. Newton ha dicho que, en matemáticas como en filosofía, la investigación de las cosas difíciles por el método analítico, debe preceder al método de composición. La opinion del doctor Hooke es que el análisis procede de las causas á los efectos, y la síntesis de los efectos á las causas. El mismo Condillac, que fué el primero que proclamó en Francia las ventajas del método analítico, dice que el análisis lógico es el mismo que el metafísico y el matemático. En otro pasage, se hace cargo de este de la lógica de Port Royal: «el análisis y la síntesis se diferencian entre sí como el camino que seguimos al subir del valle á la montaña se diferencia del que seguimos de la montaña al valle:» y Condillac añade: «de esta comparación, todo lo que deduzco es, que los dos métodos son contrarios uno á otro, y por consiguiente, que si el uno es bueno el otro debe ser forzosamente malo. Es cierto que no podemos proceder de otro modo que de lo conocido á lo desconocido. Pues bien: si la cosa desconocida está sobre la montaña, nunca la encontraré bajando al valle, y si está en el valle no podré descubrirla subiendo á la montaña.» No puede darse una crítica mas absurda. La metáfora de Port Rayal es clara y análoga á la naturaleza de los hechos. La montaña simboliza las ideas generales y las verdades sintéticas; el valle representa las ideas concretas y los hechos observados. El método sintético empieza por los primeros y acaba por los segundos; el método analítico obra en sentido contrario. Es claro, pues, que la doctrina de la lógica de Port Royal, traducida en sentido directo, no quiere decir otra cosa sino que subimos á la sintesis, cuando de los hechos individuales deducimos principios generales, y bajamos al análisis cuando descomponemos estos en aquellos.
Las copiosas citas que hemos hecho de las opiniones de nuestro autor, bastan para tener una idea de la cautela y moderación con que procede en la resolución de los árduos problemas envueltos en la ciencia del alma. Su gran propósito es encerrarse en los límites de lo asequible por medio de las facultades humanas, deteniéndose con cierta veneración religiosa delante de aquellos misterios que están fuera de nuestros alcances, y reservados á la sabiduría divina. Su método consiste en el estudio de los hechos; pero ni él ni su maestro y predecesor Reid, descubrieron, ó á lo menos no esplicaron, la analogía que existe entre el estudio de los hechos visibles y el de los intelectuales. Quien resolvió satisfactoriamente este problema, fué el doctor Tomás Brown, que es el tercer filósofo escocés de quien nos hemos propuesto hablar en este artículo. He aquí en resumen su doctrina sobre esta delicada materia.
Toda indagación con respecto á las diferentes sustancias de la naturaleza, debe considerarlas, ó como

jueves, marzo 26, 2009

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grandemente á mejorar la memoria de las palabras, y en vano se censura esta práctica bajo el pretesto de que es inútil aprender lo que no se entiende. En la niñez se entiende poco, pero se retienen con increíble facilidad las palabras, y no deja de ser una gran ventaja en la edad madura encontrarse con una gran provision ya hecha de voces que casi no se entendieron al principio y que después suministran asunto de meditación y de recreo literario.
La parte mas importante del sistema filosófico de Dugald Stewart, es la que trata de la razón y de sus varios usos y aplicaciones, en cuyo examen incluye la verdadera significación de las palabras razón, raciocinio, juicio y entendimiento: el análisis de las leyes fundamentales de la fé humana y de la evidencia deductiva; la crítica de la lógica de Aristóteles, y las reglas del método de investigación adaptable á la lógica esperimental: asuntos que le dan lugar á tratar otros de no menor importancia y que se ligan estrechamente con aquellos, como son los axiomas matemáticos, la opinion de Locke sobre la intuición y el raciocinio, el lenguaje considerado como instrumento del pensamiento, las verdades contingentes y las probables, y los diferentes usos á que han aplicado los filósofos la síntesis y el análisis. En la discusión de todas estas materias, el autor procura apartarse de las escuelas estremas y abstenerse de toda hipótesis aventurada, limitándose á las observaciones que puedan conducir al descubrimiento de la verdad. Éste sensato propósito lo conduce á hacer las siguientes observaciones que nos parecen enteramente originales, sobre las leyes de la fé humana, inseparablemente ligadas con el ejercicio de la conciencia, de la memoria, de la percepción y del raciocinio: «la acción inmediata de la conciencia es la que nos asegura la existencia presente de nuestras sensaciones, de nuestros afectos, pasiones, temores y esperanzas; de las manifestaciones de nuestra voluntad; la que nos convence de la realidad de nuestros pensamientos y de los efectos que producen en todas las facultades de la inteligencia. Según la doctrina de algunos escelentes filósofos, también debamos á la conciencia la persuasion de la existencia de que gozamos: proposición que, espresada asi en toda su desnudez filosófica, no nos parece rigurosamente exacta, considerada en sí misma, no puede ser objeto de la conciencia, por la sencillísima razón que nos seria imposible saber que existimos, sino recibieran impresión alguna los órganos de la sensación. En el momento en que la sensación se verifica, aprendemos al mismo tiempo dos hechos: la existencia de la sensación y la del ser que la recibe. De estos hechos, el primero es el que únicamente conocemos de un modo directo: el segundó es una consecuencia que inferimos. Es verdad que son inseparables, y que el uno necesariamente ha de provocar el otro: pero el uno es eminentemente simple en su esencia, y el otro es producto de una operación mental. Lo mismo puede decirse de la idea de la identidad personal, porque esta idea envuelve la de tiempo, y supone, por consiguiente, el ejercicio de la memoria. El convencimiento de la identidad está inseparablemente unido con todo pensamiento, y puede considerarse como una de las mas indispensables condiciones del ejercicio de nuestras facultades, tanto que sin él no puede concebirse un ser activo é inteligente. Es digno de observarse, con respecto á esta persuasion de nuestra identidad que solo á los metafísicos se ha ocurrido espresarla con palabras ó formar una proposición de la verdad que contiene. Para la generalidad de la especie humana, no es un objeto en que la inteligencia pueda ocuparse, y siendo, como es una parte de nuestra constitución, uno de aquellos elementos primordiales que huyen del análisis, ninguna luz puede arrojar en su examen la discusión filosófica. La misma doctrina se aplica á la certeza que tenemos de la existencia del mundo material y á la de la continuación uniforme de las leyes de la naturaleza, porque tan ciertos estamos de que el sol ha salido hoy, como de que saldrá mañana. Estas verdades son de un orden tan diferente de lo que en el lenguaje común se llama verdad, que quizás seria conveniente distinguirlas con un epíteto especial, como verdades metafísicas ó trascendentales. No son principios de los cuales se puedan deducir consecuencias: sino que forman parte de los elementos originales de la razón humana, tan necesarios á los trabajos científicos como á las ocupaciones ordinarias de la vida. Los ejemplos precedentes ilustran suficientemente la naturaleza de las verdades á que he dado el nombre de leyes fundamentales de la fé humana ó elementos primarios de la razón. Otras muchas podrían añadirse á esta lista, y no me detengo á enumerarlas, porque mi principal objeto al hablar de ellas, ha sido esplicar la relación que tienen con la evidencia deductiva. Bajo este punto de vista, se presentan dos analogías ó coincidencias entre estas verdades y los axiomas matemáticos. En primer lugar, ni de unas ni de otras puede inferirse nada que aumente el caudal de nuestros conocimientos. De proposiciones como estas: yo existo; soy el mismo que existía ayer; el mundo material tiene una existencia separada de la mía, ninguna consecuencia puede sacarse, y lo mismo decimos de las verdades intuitivas que preceden á los elementos de Euclides. En sí mismas, estas proposiciones son perfectamente desnudas y aisladas, ni pueden jamás combinarse de tal manera que puedan prestarnos el menor auxilio en el ejercicio de la inteligencia y de la razón. Si ha dicho que si no hubiera primeros principios, esto es, si se pudieran dar razones de toda clase de verdades, nunca llegaría el caso de poner término á una deducción. Esta doctrina no admite disputa: pero lo que únicamente prueba es que en las matemáticas no podría demostrarse un solo teorema, sino se hubiesen fijado antes las definiciones; que el filósofo no podría esplicar un solo fenómeno, sino admitiera como hechos reconocidos, ciertas leyes generales de la naturaleza. ¿Qué se saca de aqui en favor de esa clase particular de verdades de que hemos estado tratando y contra las cuales ha batallado tanto el pirronismo moderno? Estas verdades están mas íntimamente enlazadas con las operaciones de la razón, que lo que generalmente se cree: no como principios de los cuales emana y depende el raciocinio, sino como condiciones necesarias en que se apoya cada paso que damos en el acto de raciocinar, ó mas bien, como elementos esenciales que entran en la composición de la razón misma. La segunda coincidencia ó analogía que se encuentra entre los principios fundamentales de la fé humana y los axiomas matemáticos, consiste en que, como la verdad de los axiomas está virtualmente supuesta ó implicada en cada paso que da la demostración, asi en cada paso que da el raciocinio en el estudio del orden de la naturaleza, está supuesta ó implicada la persuasion de que las leyes naturales continuarán obrando

martes, marzo 24, 2009

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ademas de adquirir bastante conocimiento de las leyes de la naluraleza, y del curso ordinario de los negocios humanos para dirigir su conducta en la vida y en sus relaciones con los demás hombres, inferiremos que las disparidades de este género no son tan desmesuradas como á primera vista parecen, y que en gran parte pueden atribuirse á los diferentes hábitos de atención, y á la elección entre los diferentes objetos é ideas que se presentan á su curiosidad. Como el gran uso de esta facultad consiste en hacernos capaces de recoger y retener, para el arreglo futuro de nuestras acciones, los resultados de nuestra pasada esperiencia, es claro que el grado de perfección á que llega en diferentes personas debe de variar, primero, según la facilidad de hacer la primera adquisición: segundo, según la mayor ó menor permanencia de la adquisición hecha; tercero, según la presteza ó lentitud con que el individuo es capaz de aplicarla á usos prácticos. Las cualidades, pues, de una buena memoria son: ª la susceptibilidad; 2ª la retentiva, y 3.ª la prontitud. Raras veces sucede que estas tres cualidades se reúnan con el mismo grado de energía en la misma persona. Frecuentemente hallamos hombres con memoria susceptible y pronta; pero es dudoso que esta clase de memoria sea muy retentiva, porque la susceptibilidad y la prontitud se ligan con la facilidad de asociar ideas, según sus relaciones mas aparentes y obvias, en lugar de que la retentiva ó la tenacidad de la memoria depende principalmente de lo que raras veces va unido con aquella facilidad, es decir, de la aptitud al sistema y al arreglo filosófico de las ideas. En la masa común de la humanidad, poco acostumbrada á la generalización, las asociaciones de ideas se hacen comunmente por medio de sus cualidades mas inteligibles y aparentes, y sobre todo, por las que se refieren á la contigüidad de tiempo y de espacio, en lugar que, en el entendimiento del filósofo, las asociaciones son productos de los esfuerzos de la atención y como las relaciones de causa y efecto, de premios y consecuencias. Esta diferencia de los modos de hacer uso de la asociación, produce grandes desigualdades entre los hombres, con respecto á su carácter intelectual. El filósofo, por ejemplo, necesita de tiempo y de reflexion para asociar las ideas que le han suministrado la observación y la esperiencia. El hombre superficial, al contrario, encuentra hechas y prontas á serle útiles, las asociaciones que ha hecho anteriormente en virtud de las relaciones fáciles y esternas. Asi es mucho mas fácil á un oficinista hacer el estracto de un espediente, que á un sabio resolver un problema complicado y profundo. Por la misma razón hay hombres de muy medianas capacidades mentales, que sobresalen en el ajedrez y en otros juegos difíciles. Otra consecuencia de esta teoría es, que los defectos intelectuales del filósofo son mucho mas corregibles que los de los hombres puramente prácticos: y en efecto, las asociaciones de ideas triviales, por lo mismo que son tan fáciles, tienen mas tenacidad que las que se fundan en raciocinios y en sistemas. El eminente sir Roberto Peel estuvo muchos años de su vida asociando la idea de la prohibición del trigo estrangero con la de la prosperidad de la agricultura inglesa. Le bastó fijarse en los principios de la buena economía política, para desbaratar aquella asociación errada, y declararse por el principio opuesto. Pero el labrador que asoció la idea de la prohibición con el alto precio á que vendía sus cosechas, se mantuvo firme en su creencia. Fundado en esta doctrina, el autor opina que hay un medio muy eficaz de fijar las nociones particulares en la memoria, y es referirlas á principios generales. Las ideas que se asocian por medio de relaciones casuales, se presentan con prontitud al espíritu, en tanto que los hábitos ordinarios de la vida nos compelen á hacer uso de ellas; pero cuando cambian las circunstancias y la atención varia de objetos, aquellas ideas van desapareciendo gradualmente de nuestros recuerdos. Es muy difente el caso del hombre que ha clasificado filosóficamente sus adquisiciones. Cuando desea recordarlas, necesita de algún tiempo y de alguna reflexion: pero siempre las encuentra depositadas en su entendimiento. Algo de esto se observa en el estudio de los idiomas. El que aprende un idioma estrangero meramente al oido y por la rutina, suele poseerlo con la mayor perfección y hablarlo con la mayor facilidad: pero si le faltan ocasiones de practicarlo, pocos años le bastan para olvidarlo enteramente. Un idioma aprendido por reglas y teorías, es una ciencia en toda la ostensión de la palabra, y las ciencias no se olvidan porque no tienen un principio que no se asocie con todos, y esta asociación no se ha hecho en el alma sino á fuerza de atención y de estudio.
Es observación frecuentemente hecha por los filósofos modernos, que las ideas se asocian en virtud de las asociaciones que se forman entre sus signos arbitrarios, y es innegable que sin el uso de los signos no podríamos hacer clases ni géneros, ni fijarlos como objetos de nuestra atención. Estos signos se dirigen á la vista ó al oido, y las impresiones que hacen en los órganos, contribuyen á arraigar en la mente las ideas que les corresponden. Los objetos visibles se recuerdan mas fácilmente que los que se perciben por los otros sentidos.
Segnius irritant animos demissa per aures,
Quam quæ sunt oculis subjecta fidelibus.

Todos los que han estudiado geometría, saben cuanto ayuda al recuerdo de los teoremas la vista de la figura trazada en la pizarra, y se ha observado que la dificultad que encuentran los alumnos en acordarse de las proposiciones del libro quinto de Euclides, proviene de que las magnitudes á que se refieren están representadas por líneas rectas, las cuales, no hacen tanta impresión en los sentidos y en la memoria, como los diagramas mas complicados de los libros anteriores. Esta ventaja de los objetos de la vista, con respecto á los del oído, por la claridad y permanencia de la impresión que hacen en la memoria, aumenta con los años en la mayor parte de los hombres, porque sus entendimientos, poco adictos á generalizar y abstraer, se ocupan habitualmente, ó en la inmediata percepción de aquellos objetos, ó en pensamientos de que ellos forman parte, y en este trabajo mental, poco ó ningún uso necesita hacerse del idioma. Pero el filósofo no maneja sino abstracciones é ideas generales, y estas no pueden ser representadas por otros signos que por palabras. Estos hábitos, unidos á la poca atención que presta á los objetos esternos, propenden á debilitar la facultad de percibir y recordar los objetos visibles, y á fortificar la de retener proposiciones y raciocinios espresados por palabras. El sistema común de enseñanza, obligando al alumno á encomendar á la memoria las reglas gramaticales y los pasages de las obras clásicas, contribuye

domingo, marzo 22, 2009

Viage ilustrado (Pág. 372)

hace percibir al instante la incongruencia de la espresion.»
Otro de los asuntos filosóficos en que Dugald Stewart profesa opiniones esclusivamente suyas, y que han sido recibidas con aplauso por la mayor parte de los filósofos modernos, es la memoria. Las operaciones de esta facultad se refieren á cosas, á relaciones y á sucesos. En los primeros casos, los pensamientos que han estado previamente en el alma, pueden resucitar en ella sin sugerir la idea de lo pasado, ni ninguna modificación de tiempo, como cuando repito los versos de un poema que he aprendido de memoria, ó cuando se presentan á ella las facciones de un amigo ausente. En este último caso, los filósofos distinguen el acto de la mente con el nombre de concepción; pero en el lenguaje familiar, y muy frecuentemente en los escritos filosóficos, se considera simplemente como ejercicio de la memoria. El caso es diferente cuando se trata de hechos, porque entonces no solamente se piensa en el hecho mismo, sino en un período de tiempo mas ó menos determinado y fijo, de modo que la idea del tiempo es un ingrediente necesario de esta clase de recuerdos. Es evidente de todos modos que cuando pienso en un hecho en que ha intervenido percepción de objetos estemos, el recuerdo envuelve en sí una concepción en el sentido que hemos dado á esta palabra en su artículo correspondiente. Si recuerdo una representación dramática á que asistí hace años, concibo y me represento las facciones y los gestos, el trage de los actores que tomaron parte en ella. Pero ya hemos dicho que todo recuerdo de hechos incluye la idea de una existencia pasada. ¿Cómo conciliaremos esta doctrina con la generalmente recibida acerca de la concepción, mediante la cual todo ejercicio de esta facultad va acompañado con la creencia de que su objeto existe delante de nosotros en el momento de concebirlo? El autor resuelve esta dificultad suponiendo que el recuerdo de un suceso pasado no es un acto simple del alma, sino que ésta forma primeramente una concepción del suceso, y después juzga por las circunstancias el período de tiempo a que debe referirse. En tanto que nos ocupa la concepción, de un objeto ligado con el suceso, creemos en la presencia de aquel objeto. Pero esta creencia es momentánea, y se corrige inmediatamente por los hábitos que la esperiencia nos suministra, y por ellos podemos colocar el hecho en el período en que ocurrió. La instantaneidad de este procedimiento no es un obstáculo para admitir su posibilidad, porque la incalculable rapidez de las operaciones mentales escede todo lo que puede exagerar la imaginación.
Otra cuestión de mas importancia sobre este mismo asunto es la que se refiere á las circunstancias que determinan la retención de ciertas ideas en la memoria, con preferencia y esclusion de otras que pasan por ella, sin dejar el menor vestigio de su tránsito. Entre los objetos que sucesivamente ocupan nuestra inteligencia, los que forman la mayor parte pertenecen á esta segunda clase, mientras otros llegan á ser en cierto modo una parte de nosotros mismos, y por su acumulación echan los cimientos de un constante progreso en nuestras adquisiciones mentales. No es muy difícil esplicar esta diferencia si se tiene presente que la memoria es una facultad que necesita inevitablemente el auxilio de otras dos, la atención y la asociacion. Sin un acto de la voluntad que fije el objeto del pensamiento, absorbiendo en él toda la acción intelectual, no puede hacer la impresión necesaria para que produzca después un recuerdo; pero esta impresión será mucho mas profunda, si se asocia con otra anteriormente recibida y arraigada, especialmente si esta interesa alguna de los afectos que abriga el corazón humano, porque al hablar de asociaciones es forzoso no perder de vista que las mas tenaces, las mas vivas, las mas enérgicas son las que se ligan con la parte afectiva de nuestro ser interior. Bien lo conoció Virgilio cuando representa tan vivamente gravada en el alma de una diosa el agravio hecho á su hermosura, ofensa tan sensible al corazón de una muger.

. . . Manet alta mente repostum
Judicium Paridis et spretæ injuria formæ.

Asi, pues, la atención es un requisito indispensable para la conservación de las ideas en la memoria, y la asociación es un auxiliar eficacísimo que ayuda poderosamente el ejercicio de esta facultad. Si, por ejemplo, no hubiera sílabas radicales en la conjugación de los verbos, y cada tiempo, y cada persona se espresaran con palabras tan inconexas entre sí como los sustantivos lo son generalmente; como lo son, por ejemplo, templo, mar y acero, la adquisición de un idioma seria obra de muchos años de un trabajo improbo. La asociación que se verifica por medio de las sílabas radicales, evita esta dificultad y hace que una vez conocida la estructura de un verbo, se conoce la de todos los de la misma conjugación. ¡Cuántos españoles habrá que jamás han pronunciado las palabras correspondientes á los tiempos de verbos cuyo uso no es muy frecuente, como asenderear, entrepelar, desalforjar, haldear, y otros muchos! y sin embargo, llegado el caso de usarlos, los conjugarán con la mayor corrección como los de uso mas frecuente y ordinario.
Esta conexión entre la asociación y la memoria es tan notable, que algunos escritores esplican con ella sola todos los fenómenos de la segunda; pero nuestro autor no adopta esta opinion. La asociación liga nuestros pensamientos unos con otros, de modo que los presenta al alma con cierta sucesión yen cierto orden; mas presupone la existencia anterior de aquellos pensamientos en el alma, ó de otro modo, presupone una facultad que retiene los conocimientos que adquirimos. También envuelve el poder de reconocer como objetos anteriores de la atención, los pensamientos que de tiempo en tiempo nos ocurren, poder muy distinto del que no hace mas que ligar entre sí las ideas. Por otro lado, es evidente que sin el principio de asociación, la facultad de retener nuestros pensamientos y de reconocerlos como ya admitidos cuando se nos ocurren, seria de muy poca utilidad. En consecuencia de esta ley de nuestra naturaleza, no solo todas nuestras ideas adquiridas pueden volver á presentarse á nuestra mente cuando necesitamos hacer uso de ellas, sino que ellas mismas sugieren otras, con las que tienen analogía ó semejanza, y de este modo utilizamos el fruto de nuestra esperiencia.
Las observaciones del autor sobre la diferencia de la memoria en los diferentes individuos, son ingeniosas y originales. De todas nuestras facultades, esta es la que la naturaleza ha repartido con mas desigualdad. Si consideramos, sin embargo, que apenas hay un hombre que no tenga bastante memoria para aprender el uso del idioma y para determinar con sus nombres respectivos un sin número de objetos sensibles,