domingo, mayo 16, 2010

Viage ilustrado (Pág. 478)

por la facilidad admirable, para pintar situaciones y caracteres, y por la propiedad de la elocución dramática.
Lo que es indisculpable en Tirso es la demasiada licencia y falta de docoro con que empleó frecuentemente los chistes, arrastrado por la manía de dar gracia y amenidad á los diálogos. No nos es dado en un trabajo de tan reducidas proporciones como el presente, enumerar ni menos analizar las comedias de Tirso. Pasemos á hablar de Moreto.
Tenemos escasas noticias de la vida de don Agustín Moreto, si bien se cree que nació á principios del siglo XVII, y solo se sabe que fué eclesiástico y murió en 1669, siendo rector del Refugio de Toledo. Moreto fué un escritor de conciencia, que supo dominarse, que trabajó prolijamente sus composiciones, y en suma acertó á dirigir y templar su inspiración, haciendo que sus obras se distingan por la regularidad del plan y por la corrección del estilo, sin que esto dañe á su vigor y lozanía. Escribió mas de cincuenta comedias, en las cuales descuellan por la elevación y grandeza El rico hombre de Alcalá: por el acertado juego de la pasión, El desden con el desden: por la gracia cómica, El lindo don Diego, etc.
Don Juan Ruiz de Alarcon no alcanzó la reputación y el crédito que indudablemente merecían sus talentos. Alarcon, que debió nacer en el último tercio del siglo XVI «en Nueva España, pasó á Europa y murió en Madrid en 1639.» Pero á pesar de ser original, profundo y correcto, tuvo la desgracia de ser mal mirado por sus contemporáneos, ya fuese por sus cualidades de carácter, ya porque á e lo contribuyese su imperfección física. Fué Alarcon autor de las comedias tituladas Las paredes oyen, La verdad sospechosa, Ganar amigos, Pruebas de las promesas, Exámen de maridos, y otras varias, todas ó casi todas de mérito, y notables por su profundidad filosófica y por su delicada moral en el fondo, aparte de ser bellas en su forma literaria. Queremos trascribir parte de un diálogo entre don Beltran y su hijo don García, á quien reprende aquel del vicio de mentir. Está tomado de La verdad sospechosa, y dice asi:

D. Beltran. ¿Sois caballero, García?
D. Garcia. Téngome por hijo vuestro.
D. Beltran. Y ¿basta ser hijo mío
Para ser vos caballero?
D. Garcia. Yo pienso, señor, que sí
D. Beltran. ¡Qué engañado pensamiento!
Solo consiste en obrar
Como caballero, el serlo.
¿Quién dió principio á las casas
Nobles? Los ilustres hechos
De sus primeros autores
Sin mirar sus nacimientos:
Luego en obrar mal ó bien
Está el ser malo ó ser bueno
..........................................

D. Garcia. Es verdad.
D. Beltran. Luego si vos
Obráis afrentosos hechos
Aunque seáis hijo mío
Dejais de ser caballero
..........................................
¡Qué caballero y qué nada!
Si afrenta al noble y plebeyo
Solo el decirle que miente,
Decid ¿qué será el hacerlo?
..........................................

Todos los vicios al fin
O dan gusto ó dan provecho;
Mas de mentir ¿qué se saca
Sino infamia y menosprecio?

El precedente diálogo es una muestra de los que distinguen á Alarcon, y en los cuales suele dar lecciones de moral, espresadas sin faltar á la forma y naturalidad dramáticas.
Don Francisco de Rojas fué uno de los que principiaron á malear el teatro, falseando los conceptos, usando un estilo ampuloso y retumbante, y en suma, introduciendo en él el culteranismo. Mas á pesar de esto, Rojas merece ocupar un alto puesto entre nuestros poetas dramáticos. Se distingue por la robustez de sus pensamientos y por la energía de sus pinceladas. Cultivó el género jocoso con mucho éxito, á pesar de haberse consagrado con predilección al serio. Es punzante y picaresco á veces. Sirva de ejemplo la siguiente redondilla que pone en boca del gracioso en la comedia titulada El mas impropio verdugo. Al pedir perdón á sus compañeros, a quienes debía matar, les dice:

Yo os prometo degollaros
Tan sutil y tan ligero
Que parezca que el cuchillo
Ha nacido en el pescuezo.

Entre las piezas compuestas por Rojas se cuentan el García del Castañar, No hay amigo para amigo, Entre bobos anda el juego, Lo que son mugeres, y otras, que pasan de veinte.
Llegamos á Calderón, el poeta dramático por escelencia, el que puso la cúpula al edificio levantado por Lope de Vega. Don Pedro Calderón de la Barca nació en Madrid el año 1600. Cuéntase que á la edad de trece años compuso su primera comedia, titulada El carro del cielo. Militó por espacio de diez años en las guerras de Italia y Flandes, y aprovechaba los ocios del campamento para entregarse al cultivo de las musas. Retirado después á la vida privada, se hizo clérigo á la edad de cincuenta y un años, en cuyo estado continuó escribiendo, habiendo publicado su última comedia titulada Hado y Divina, á la edad de ochenta y uno, á cuya publicación sobrevivió solo algunas semanas. Asi se ve, que nacido Calderón con el siglo XVII, lo ocupó casi todo con su gloriosa carrera.
Calderón ha sido el mas elevado y el mas completo de nuestros autores dramáticos. Los escritores que le precedieron reunían dotes parciales, pero ninguno poseyó su conjunto. Calderón representó con absoluta exactitud la sociedad en que vivía, sociedad que asi en el orden político como en el moral principiaba á descender de su apogeo, y en que las mas brillantes cualidades se resentían de degeneración: por eso los defectos que se notan en el teatro de Calderón son casi siempre defectos del original que retrataba. Pero aun por eso mismo todas las obras de Calderón respiran españolismo y son eminentemente nacionales. Calderón fué menos fecundo que Lope, á quien nadie ha aventajado en esta cualidad, pero fué mas concienzudo. El número de comedias que se conocen recopiladas asciende á ciento y nueve, aunque

viernes, mayo 07, 2010

Viage ilustrado (Pág. 477)

nimo Bermudez publicó dos tragedias tituladas: Nise lastimosa y Nise laureada, á cuyo frente puso el nombre supuesto de autor de Antonio de Silva. Bermudez escribió sus obras en verso suelto; pero desigual, poético á veces, flojo y prosaico otras. Argensola (Lupercio) escribió tres tragedias tituladas: la Isabela, la Alejandra y la Filis. Son obras que abundan en bellezas poéticas, y cuyos defectos de estructura y de plan merecen disculpa, si se atiende á que en la época en que se compusieron el arte se hallaba en su infancia. Virues intentó escribir piezas dramáticas con arreglo á los preceptos clásicos, y con este objeto compuso la tragedia Elisa Dido, sin embargo de que ni por el argumento ni por la forma merecía el nombre de tragedia. Los esfuerzos de Virues son muy recomendables, y no fueron del todo estériles. De él dijo Lope aquellos versos:


El capitán Virues, insigne ingenio,
Puso en tres actos la comedia que antes
Andaba en cuatro como en pies de niño.

Bartolomé de Torres Naharro escribió varias comedias, de las cuales se conocen ocho, entre ellas la Serafina, la Soldadesca, y la Trofea, y en ellas encontramos los gérmenes verdaderos de nuestro futuro teatro. Pero estos gérmenes permanecieron muchos años infecundos, hasta que Lope de Rueda vino á fomentar su desarrollo. Coadyuvaron también á fijar el teatro español Cristóbal de Castillejo, Pedro de Altamira, autor de varios autos sacramentales, Gil Vicente, Jaime de Huete, y otros. Finalmente, después de Lope de Rueda, que tanto contribuyó al perfeccionamiento del teatro en su parte material y escénica, se señalaron varios escritores dramáticos, entre ellos Avendaño, Miranda, Timoneda, Cueva, Artieda, Romero de Cepeda, Juan de la Cueva, etc. Tales fueron los pasos dados en el arte escénico antes de que apareciese Lope de Vega Carpio, el cual, hallando preparado el terreno por los autores citados, imprimió carácter fijo á nuestro teatro.
Lope pasa con razón por el escritor mas fecundo de cuantos se han conocido. El mismo asegura en el prefacio de un libro impreso en 1604, que á la fecha y á la edad de 39 años (nació en 25 de noviembre de 1565) llevaba escritas 23,000 hojas en verso. En 1620 dice que sus comedias ascendían á 900, y Montalvan y Nicolás Antonio aseguran que en 1635, año de la muerte de Lope, se conocieron 1,800 comedias suyas, sin contar 400 autos sacramentales. Su facilidad para componer fué prodigiosa, pues escribió muchas en solo un día. El mismo nos la revela cuando dice (aun suponiendo que haya alguna parle de exageración en el número:)

Y mas de ciento en horas veinte y cuatro,
Pasaron de las musas al teatro.

Solo un genio tan fecundo y estraordinario pudo fijar definitivamente nuestro teatro, rectificar el mal gusto que en él dominaba, mejorar la parte de invencion ó de fábula, dándote mas vida, mas movimiento y situaciones que sus antecesores, crear los caracteres y determinarlos distintamente, y manejar el diálogo con gracia y naturalidad. Todo esto hizo Lope. Al lado de esto, es cierto que tuvo estravíos y defectos, como son entre los de mas bulto, el de que sus argumentos aflojasen casi siempre al final del drama, efecto del cansancio de la inspiración y de la precipitación con que escribía; el de prodigar sus riquezas poéticas con desigualdad y falta de tino, y finalmente, el de plegarse demasiado servilmente al gusto del público. Por lo demás, Lope cultivó todos los géneros de poesía dramática, y entre sus composiciones se hallan la comedía de costumbres, la de intriga y amor, o sea de capa y espada, la pastoril, la heroica, la mitológica, la de santos, la filosófica y la tragedia. En la imposibilidad de escoger como muestra ninguna composición, creemos deber abstenernos de todo análisis y de toda cita.
Lope arrastró, como era natural, á los escritores de segundo orden, que como en tropel fueron siguiendo sus huellas é imitando su escuela. Citaremos algunos de ellos ya contemporáneos de Lope, ya posteriores. Entre los primeros debemos mencionar al licenciado Miguel Sanchez, autor de La guarda cuidadosa, y de quien dijo Agustín de Rojas:

El divino Miguel Sanchez
¿Quién no sabe lo que inventa?
Las coplas tan milagrosas,
Sentenciosas y discretas
Que compone de continuo.
La propiedad grande de ellas,
Y el decir bien de ellas todos
Que aquesta es mayor grandeza, etc.

También debemos citar al canónigo Tárraga, autor de vanas comedias y entre ellas de La enemiga favorable, obra de bastante mérito: á don Gaspar Aguilar, autor de El mercader amante, y de otras varias piezas: á don Antonio Mira de Amescua, de quien se conocen mas de cincuenta comedias, muchas de ellas de mérito incuestionable, y que justifican la fama que gozó Amescua en su tiempo: á Guillen de Castro, á quien Corneille imitó tomando por modelo para su famosa tragedia Las Mocedades del Cid: y á Luis Velez de Guevara, escritor fecundísimo, imitador estricto de Lope, poeta de mucho crédito en su tiempo y autor de mas de cuatrocientas comedias. Finalmente, haremos mérito entre los contemporáneos de Lope del doctor don Juan Perez de Montalvan, amigo y apasionado secuaz de aquel, á quien imitó igualándole en algunas de sus composiciones, si bien con frecuencia se aparta de la sencillez de su maestro y degenera en hiperbólico y gongorino. El número de sus comedias asciende á treinta y seis, ademas de doce autos sacramentales.
Todos los escritores contemporáneos de Lope que hemos enumerado, siguieron fielmente los pasos de aquel ingenio, que llegó á avasallar el teatro con su estraordinaria capacidad. Pero los sucesores de Lope sin dejar de incitarle en el fondo, dieron mas variedad al drama, llevaron nuevos progresos á la escena en cuanto á la fuerza cómica, á la corrección de estilo, á la espresion de los sentimientos etc., en suma, perfeccionaron la obra levantada por Lope. Esta gloria debe tributarse á Tirso de Molina, á Moreto, Alarcon, Rojas, y sobre todo á Calderón, todos los cuales concurrieron á dar un nuevo esplendor á nuestro teatro. Tirso de Molina, cuyo verdadero nombre fué el de Gabriel Tellez, nació en Madrid en 1585; vistió el hábito de fraile mercenario, y murió en 1648. Tirso, escritor fecundísimo, se distinguió por su vis cómica,

lunes, mayo 03, 2010

Viage ilustrado (Pág. 476)

como el poeta distinguido, á pesar de ser solo un mediano versificador. Por lo demás, el mal gusto continuaba, y débese á don Ignacio de Luzan, cuya poética apareció en 1737, el que se emprendiesen mejores caminos. En la segunda mitad del siglo pasado florecieron don Nicolás Moratin, don José Cadalso, don Vicente García de la Huerta, don Tomás Iriarte, don Felix María Samaniego, don Juan Melendez Valdés, don Melchor de Jovellanos, don Nicasio Alvarez Cienfuegos y otros menos notables.
Moratin fué el primer poeta de erudición, talento y gusto en aquél siglo. Cadalso fué poeta de naturalidad, y cultivó con buen éxito la anacreóntica, que yacia abandonada desde Villegas. Iriarte se distinguió principalmente por sus Fábulas literarias, publicadas la primera vez en 1782. Fué Iriarte hombre de grandes conocimientos; pero como poeta careció de inspiración verdadera, y sus versos tienen el defecto de ser demasiado prosaicos. Samaniego público una colección de fábulas superiores en mérito á las de Iriarte y á cuantas se conocieron antes y después de él. El nombre de Samaniego es popular en España, gracias á dicha colección. Melendez publicó sus dos primeros tomos de poesías en Madrid en 1785. Mereció el nombre de restaurador del Parnaso, y no puede negarse que purificó el lenguaje poético del mal gusto de que se resentía. Melendez fué un poeta hecho mas bien para la poesía dulce y suave que, para la elevada y fuerte. Por eso no tiene rival en los idilios y anacreónticas. Juzgúese por la siguiente muestra:

Siendo yo niño tierno,
Con la niña Dorila
Me andaba por las selvas
Cogiendos florecillas,
De que alegres guirnaldas
Con gracia peregrina
Para ambos coronarnos
Su mano disponía;
Asi en niñeces tales
De juegos y delicias
Pasábamos felices
Las horas y los días, etc.

Cienfuegos fué la antítesis de Melendez en cuanto al género á que se consagró. Poeta fogoso, apasionado de asuntos fuertes, enemigo ardiente del vicio, hizo poesías de mucho nervio y vigor, pero fué con harta frecuencia afectado y duro en el lenguaje.
Al entrar en el siglo XIX, no podemos menos de sentirnos embarazados para continuar nuestra reseña, tanto porque casi todos los poetas que han florecido en él viven aun, como porque no puede un siglo juzgarse á sí propio; y no es fácil adivinar qué es lo que sobrevivirá depurado por el tiempo entre lo mucho que se ha escrito en nuestros dias. Nos limitaremos, pues, á citar algunos nombres cuya fama ha sido sancionada por el tiempo, debiendo por lo demás decir que en estos últimos veinte años ha habido un sacudimiento en orden al cultivo de las letras, que contrasta con la apatía del siglo pasado. Desde luego debemos mencionar á don Manuel José Quintana, decano y patriarca de los poetas españoles contemporáneos y cuya robusta inspiración y elevado lenguaje poético al mismo tiempo que depurado gusto, le coloca en primer término entre los vates de este siglo. Debemos nombrar igualmente a don Juan Nicasio Gallego, don Alberto Lista, don Francisco Martinez de la Rosa y don José Joaquín de Mora, poetas todos conocidos en la república literaria en el primer tercio del presente siglo. En cuanto á los que se han dado á conocer despues, solo nos permitiremos citar como poeta lírico, y aunque no fuese sino por su prodigiosa fecundidad, á don José Zorrilla, joven todavía, y que sin embargo ha hecho lo bastante para su gloria póstuma. Respecto á los demás, á pesar de que los hay de mérito relevante y quizás superior á los citados, creemos deber abstenernos de apreciar sus dotes, porque estamos demasiado cerca para que á nuestro juicio presida la imparciadad y el aplomo necesarios. Por otra parte, ¿quién sabe si lo que hoy goza de la aceptación y del favor público, no caerá en el mas profundo olvido á vueltas de algunos años?
Poesía dramática. Después de haber presentado el precedente cuadro histórico de nuestra poesía lírica, haremos una rápida reseña de la dramática, á fin, de que pueda formarse una completa idea de nuestra literatura en verso. El drama, en su acepción mas genérica, es un género de literatura que ha menester ser popular, ser la verdadera espresion del sentimiento y de las ideas de la sociedad para que pueda tener vida y aceptación; supuesto lo cual, en ninguna otra producción hallaremos mejor reflejado el carácter español que en el género dramático. Aun por eso, y porque la poesía dramática tuvo necesidad de nutrirse de la fecunda savia del pueblo, y dejó de ser imitación como la poesía lírica, aun por eso, repetimos, en nada han descollado nuestros ingenios de un modo mas original y brillante que en la literatura dramática.
El origen del drama data desde los primeros tiempos de la sociedad. El drama en el sentido mas lato, es decir, la representación ó imitación de acciones y sucesos, es un fenómeno que se produce espontánea y necesariamente en los pueblos, porque tiene su origen en la naturaleza moral del hombre. Pero nuestras primeras representaciones eran naturalmente informes y toscas como el estado social. Las primeras representaciones antes del siglo XIV se conocieron con los nombres de misterios y entremeses; pero todas las composiciones de aquellos tiempos nos son desconocidas. En el siglo XIV encontramos alguna composición como la Danza de la muerte. Y en el siglo XV hallamos varias todavía de ruda forma de Juan de la Encina y del marqués de Santillana, asi como algunos diálogos destituidos de verdadero carácter dramático. Sin embargo de esto, el drama fué progresando lentamente, hasta que Lope de Vega vino á determinar y fijar sus formas, siendo de notar que Lope tuvo el arrojo suficiente para desentenderse de la imitación de los antiguos, y logró crear un drama de todo punto original, venciendo los esfuerzos que se hacian en contrario. Pero digamos algo de los que le precedieron y prepararon el teatro á la trasformacion hecha por Lope.
Entre los autores dramáticos de principios del siglo XVI, uno de los mas conocidos fué el Maestro Fernan Perez de Oliva. Se conocen dos tragedias de este autor, escritas ambas en prosa, y tituladas La venganza de Agamenón y Hecuba triste. Oliva en estas obras no fué imitador servil, y ademas las escribió en elegantísimo lenguaje. Quisiéramos que los límites de ese trabajo nos permitiesen trascribir alguno de los bellos trozos en que abundan. El padre Geró–

jueves, abril 29, 2010

Viage ilustrado (Pág. 475)

Don Bernardo de Balbuena, de quien hemos hecho mérito como poeta lírico, compuso el Bernardo. En él, como en todas sus composiciones, ostentó las altas facultades de que estaba dotado, pero que empleó casi siempre con mal gusto, con poca sobriedad y tino. El Bernardo es grande por el asunto: en él los caracteres están bien dibujados, las descripciones, sobre todo de objetos esteriores, son bellas y animadas; la dicción poética es atrevida y nueva; pero es difuso y prolijo en estremo, hasta el punto de hacer que se pierda la unidad del poema entre la multitud de episodios de que está sembrado; después hay escesiva profusion en galas poéticas sin oportunidad ni buen juicio. En suma, el autor poseia como hemos dicho grandes dotes, pero poco juicio, y esto se revela en su obra. Citaremos alguna octava únicamente como muestra de estilo. En la descripción del combate entre Bernardo y Roldan dice asi:

Cual generoso león que entre el rebaño
De algún collado de Getulia estrecho
Cansado de malar y de hacer daño
Las garras lame y el sangriento pecho,
Si un dragon ve venir de bulto estraño
La oveja que á matar iba derecho Deja,
y encrespa clin y aire brioso
Se arroja al enemigo poderoso.
Asi el bravo español viendo de lejos
Lucir las armas del señor de Anglante
Tras sus nuevos vislumbres y reflejos
Feroz sale á ponérsele delante
Herida el alma de los tristes dejos
Del malogrado primo y tierno amante;
Bien que el Marte francés al desafío
No salió con menor alíenlo y brio, etc.

Lope de Vega cultivó el poema, porque cultivó todos los géneros de literatura. Entre los poemas que compuso merecen citarse la Circe, la Andrómeda y la Filomena. También escribió la Corona trágica, cuyo héroe es María Estuardo, La Hermosura de Angélica, y la Jerusulen conquistada, obra de mucho valor á los ojos del autor, pero sumamente defectuosa. Creemos escusado mencionar otros varios poemas de diferentes autores, cuyo catálogo seria sobrado numeroso, pero que carecen de belleza y mérito real en su conjunto, por mas que en todos ellos huya buenos trozos de poesía. Solo haremos mérito, en conclusion, de dos poemas festivos que tuvieron y conservan mucha aceptación, á saber: La Gatomaquia, que se atribuyó á Burguillos, aunque hoy se considera de Lope de Vega, y La Mosquea, obra de don José de Villaviciosa. La primera es en su género una de las mas bellas obras de nuestra literatura. La segunda no tiene tanta gracia y soltura como La Gatomaquia, pero hay en ella mas caudal poético y mas ingenio y novedad de invención.
Para poner término al cuadro de la poesía lírica antes del siglo XVIII, debemos decir dos palabras de los romances. Los romances han sido la verdadera poesía popular de España en contraposición á la erudita, que solo era leida y gustada del mundo sabio ó ilustrado. El nombre de romance, que es el que se dio en su origen á nuestra lengua, se aplicó después á las relaciones hechas en rima, de sucesos que habían afectado la imaginación del pueblo, y que se recitaban generalmente con música en las reuniones del vulgo; pero nótese que la palabra misma demuestra la antigüedad de este género de poesía popular, conocida también con el nombre de fablas y con el de cantares, como hoy con el de coplas. El género de romances no se contaba al principio en los de literatura, y era mirado con desden por los hombres eruditos: por eso el arcipreste de Hita se avergonzaba de contarlos entre sus producciones, como se deduce de los siguientes versos:

Cantares fis algunos de los que disen ciegos
Et para escolares que andan nocherniegos
E para muchos otros por puertas andariegos,
Cazurroz et de burlas, non cabrían en diez pliegos.

Pero andando el tiempo y mejorada la lengua, se dedicaron ya buenos poetas á cultivar el romance, el cual llegó al mayor grado de perfección en el siglo XVI. Los asuntos de los romances fueron siempre hechos estraordinarios; ya una batalla famosa, ya la vida de un santo, ya los crímenes de un facineroso, ya la lucha entre dos caudillos enemigos. Generalmente quedaban ignorados, como sucede hoy, los nombres de los autores de estas poesías populares que aparecian en ocasiones dadas, y por lo mismo nos son desconocidos la mayor parte de sus autores. Por lo demás, poseemos admirables composiciones de este género. El verso empleado
comunmente es el octosílabo con asonantes. Como muestra, copiaremos algunos del titulado El rey don Pedro. Dice asi:

A los pies de don Enrique
Yace muerto el rey don Pedro,
Mas que por su valentía,
Por voluntad de los cielos.
Al envainar el puñal
El pie le puso en el cuello,
Que aun allí no está seguro
De aquel invencible cuerpo.
Riñeron los dos hermanos,
Y de tal suerte riñeron,
Que fuera Caín el vivo
A no haberlo sido el muerto.
Los ejércitos movidos
A compasión y contento
Mezclados unos con otros
Corren á ver el suceso.
Y los de Enrique
Cantan, repican y gritan.
Y los de Pedro
Clamorean, doblan, lloran
Su rey muerto.

Entrando en el siglo XVIII, digamos dos palabras acerca de la marcha seguida por la poesía hasta esta época. Hemos dicho su origen y su andar embarazoso por la rudeza de la lengua hasta Garcilaso. Vimos después á este poeta formar el verdadero lenguaje poético, sencillo y popular: le vimos tomar todavía mayor vuelo y revestirse de mas pomposos aparato bajo de Herrera, hasta que exagerados estos caracteres vino á caer en la afectación y estravagancia con Góngora, degenerando en lo que se llamó culteranismo, escollo en que se estrellaron nuestros mejores ingenios. En la primera mitad del siglo XVIII, apenas se nota vida ni movimiento en la poesía; baste decir, que á falta de otros nombres se cita el de Gerardo Lobo,

lunes, abril 26, 2010

Viage ilustrado (Pág. 474)

el cuadro que hemos trazado, debemos ocuparnos brevemente y por via de episodio de un género de poesía que se cultivó en el tiempo recorrido precisamente con mas aceptación popular que otra alguna, por ser la que estaba en el espíritu de la sociedad; hablamos de la poesía religiosa. Decimos que fué la mas popular y por lo mismo la mas originalmente española, puesto que la poesía profana fué en diferentes épocas la imitación ya de los clásicos latinos, ya de los escritores italianos de los siglos XV y XVI, según hemos indicado en el curso de este bosquejo histórico. La poesía religiosa, pues, fué cultivada por varios escritores, aunque por lo general con un gusto tan pervertido, que apenas hallamos escasas producciones que, consideradas literariamente, no merezcan la censura del desden. Entre los que en este género escribieron con mas acierto, citaremos únicamente á don Alonso de Proaza, á Fr. Luis de Leon, de quien nos hemos ya ocupado en otro concepto, á San Juan de la Cruz, á Fr. Pedro Malon de Chaide, á Fr. José de Sigüenza, y sobre todo á Santa Teresa de Jesús. Proaza escribió con mal gusto, y creemos poder dipensarnos de citar composición alguna de este poeta. Fr. Lorenzo de Zamora escribió entre otras cosas una composición titulada Monarquía mística de la Iglesia, que tampoco merece en nuestro juicio un análisis detenido. Fr. Luis de Leon si que supo encontrar acentos dignos y elevados para espresar los asuntos religiosos. ¿Quién no conoce su magnífica y sublime Oda á la Ascension del Señor? En el mismo caso se hallan su composición titulada Vida del cielo, y la Noche serena, que ya hemos mencionado en otro lugar. San Juan de la Cruz, religioso carmelita que nació en 1542 y vivió hasta fines del siglo XVII fué un poeta sagrado de verdadera inspiración y gusto. Hay en sus composiciones mucho que las asemeja á las de Fr. Luis de Leon, sobre lodo sencillez, verdad y elevación. En su Diálogo entre el alma y Cristo su esposo, se encuentran estrofas bellísimas por la delicadeza y tierna sublimidad con que siente, tal es por ejemplo esta:
Esposa. ¿A dónde le escondiste
Amado, y me dejaste con gemido?
Como ciervo huiste
Habiéndome herido,
Salí tras tí clamando y eras ido

Fr. Pedro Malón, navarro, y religioso agustino, merece una mención distinguida por haberse aproximado mucho al estilo de los dos anteriores. En su Tratado de la Magdalena dejó versos muy buenos, en los cuales se observa lozanía de imaginación y giros atrevidos y muy poéticos. Sirvan de ejemplo estas estrofas sobre el Cordero divino.

Hablo de aquel Cordero
En celestiales prados repastado
Que al lobo horrendo y fiero
De duro diente armado
De la garganta le quitó el bocado.
De aquel que abrió los sellos
Que aunque fué muerto, vive eterna vida
Y los misterios de ellos
Con su luz sin medida
Mostró su cerradura mas rompida.

El padre Sigüenza se señaló por muy buenas paráfrasis de los Salmos. Santa Teresa de Jesús mostró en la poesía la misma originalidad espontánea y apasionada que en la prosa. Su composición al amor de Dios, es muy conocida para que la analicemos, y revela como se elevaba su espíritu en éxtasis místico cuando dice:

Vivo sin vivir en mí,
Y tan alta vida espero,
Que muero porque no muero.

Omitimos de propósito otros nombres de algunos escritores religiosos, cuyas obras se encuentran por razón de su mérito en inferior escala.
De propósito hemos reservado para este lugar el hablar especialmente de la poesía épica durante el tiempo que hemos recorrido, aunque deberemos hacerlo muy rápidamente, atendidas las proporciones del cuadro que vamos trazando. Después de los poemas El Cid y Fernán Gonzalez, primeros ensayos de nuestra lengua, y como tales rudos y toscos, se escribieron en los siglos siguientes otros varios, si bien son muy pocos los que merecen mención especial. Preciso es confesar que no es en la epopeya donde han descollado los ingenios españoles. Digamos algo, sin embargo, de los mas notables autores de poemas.
Don Alonso de Ercilla ocupa el primer lugar por su Araucana. Ercilla nació en Madrid de padres vizcaínos en 1533. Habiendo militado en la guerra de Arauco, la cantó después en su poema, que publicó en tres partes desde el año 1569 hasta el 1589. El poema de Ercilla no se ajustó á la regla de los antiguos: es mas bien una crónica en octavas (hablamos bajo el punto de vista del plan) que una composición hecha según los preceptos del arte. Por eso carece de trabazón y de unidad; y su mérito, que es grande, se encuentra únicamente en los detalles, en la ejecución, pero no en el conjunto. Tiene ademas una desventaja, y es lo reducido del teatro que escogió, como es la guerra de un valle, y por consiguiente lo humilde del asunto. Por lo demás, Ercilla admira en la pintura de los caracteres, y sobre todo de las víctimas, en la descripción animada y calurosa de las batallas y en la enérgica elocuencia que da á los discursos de sus héroes. Como versificador, si bien fácil y suelto, no es elevado ni elegante en la locución. Como ejemplo de descripciones de combates escojemos al azar las siguientes octavas:

Cual el cerdoso jabalí herido
Al cenagoso estrecho retirado
De animosos sabuesos perseguido
Y de diestros monteros rodeado
Ronca, bufa y rebufa embravecido,
Vuelve y revuelve de uno y otro lado,
Rompe, encuentra, atropella, hiere y mata
Y los espesos tiros desbarata.
...............................................
Como el fiero Tifeo presumiendo
Lanzar de sí el gran monte y pesadumbre
Cuando el terrible cuerpo estremeciendo
Sacude los peñascos de la cumbre
Que vienen con gran ímpetu y estruendo
Hechos piezas abajo en muchedumbre,
Asi la triste gente mal guiada
Rodando al llano va despedazada.

viernes, abril 23, 2010

Viage ilustrado (Pág. 473)

Mas siempre una paz buena en clara lumbre
Contentamiento cierto le acompaña,
No tanta pesadumbre
Como acá va por esta tierra entraña.

También don Francisco Melo, portugués, escribió en español y como poeta aventajado, ademas de haber sido escelente prosista. Gil Polo es conocido por su Diana enamorada, y compuso ademas aquella bella poesía tan conocida de los aficionados, que empieza asi:

En el campo venturoso
Donde con clara corriente
Guadalaviar hermoso,
Dejando el suelo abundoso
Da tributo al mar potente.
Galatea desdeñosa
Del dolor que á Licio daña
Iba alegre y bulliciosa
Por la ribera arenosa
Que el mar con sus ondas baña.

Luis Barahona de Soto, fué autor de un poema titulado las Lágrimus de Angélica, y también de algunas églogas muy dulces y suaves de colorido. Fernando de Acuña cultivó también con buen éxito la égloga y la elegía. Vicente Espinel tradujo el Arte poética de Horacio, y compuso ademas algunas obras, entre ellas la Vida del escudero Marcos de Obregon, el incendio y rebato de Granada, y fué inventor de la décima, que por su nombre se llamó espinela. Don Juan de Arguijo, fué un poeta notablemente distinguido, imitador del género de Herrera, profundo en la inspiración, y fluido y armonioso en el verso. Don Baltasar de Alcázar, sevillano, vivió también en el siglo XVI: cultivó con aceptación el género jocoso, y en sus composiciones, aunque la mayor parte se han perdido, brilla la soltura y el chiste. Suya es aquella que se conoce con el nombre de la Cena jocosa, de la cual citamos las siguientes redondillas:

En Jaén, donde resido,
Vive don Lope de Sosa
Y direte, Inés, la cosa
Mas brava de él que has oido.
Tenia este caballero
Un criado portugués... Pero cenemos, Inés
Si te parece, primero.
......................................
Comience el vinillo nuevo
Y échale la bendición,
Yo tengo por devoción
De santiguar lo que bebo...
¿De qué taberna se trajo?
Mas ya, de la del Castillo,
Diez y seis vale el cuartillo,
No tiene vino mas bajo.
...............................................
Si es ó no invención moderna,
Vive Dios que no lo sé, Pero delicada fué
La invención de la taberna.
Porque allí llego sediento,
Pido vino de lo nuevo,
Mídenlo, dánmelo, bebo,

Págolo y voime contento.
Esto, Inés, ello se alaba,
No es menester alaballo,
Solo una falla le hallo
Que con la prisa se acaba.
........................................
Alegre estoy, vive Dios,
Mas oye un punto sutil
¿No pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?
Pero son preguntas viles:
Ya sé lo que puede ser,
Con ese negro beber
Se acrecientan los candiles.
.........................................
Ya, Inés, que habernos cenado
Tan bien y con tanto gusto,
Parece que será justo
Volver al cuento pasado.
Pues sabrás, Inés hermana,
Que el portugués cayó enfermo...
Las once dan, yo me duermo,
Quédese para mañana.

Séanos dispensado si en obsequio al chiste y donaire de la precedente composición, hemos copiado mas que nos permitían las proporciones de esta reseña histórica. Por lo demás, Alcázar se distinguió especialmente en los sonetos, tanto jocosos como serios.
Gutierre de Cetina, poeta también Sevillano del siglo XVI, escribió poesías de un gusto muy delicado. Es conocido en la república literaria, principalmente por aquel bello madrigal que principia:

Ojos claros, serenos.

Don Antonio María de Amescua, el príncipe de Esquilache, y Baltasar Gracian, escribieron en el período de que nos ocupamos con notable ingenio y aceptación. Pero el último de estos, Gracian, llevó el gongorismo hasta la exageración mas estremada. Citaremos de sus Selvas del año un trozo, únicamente para que se vea hasta qué punto puede estraviarse el gusto público; y decimos el gusto público, porque nadie puede negar que la moda hacia que se leyesen con admiración versos como los siguientes:

Después que en el celeste anfiteatro
El ginete del día
Sobre Flegonte toreó valiente
Al luminoso toro
Vibrando por rejones rayo de oro;
Aplaudiendo sus suertes
El hermoso espectáculo de estrellas,
Turba de damas bellas,
Que á gozar de tu talle alegre, mora
Encima los balcones de la aurora;
Después que en singular metamorfosi
Con talones de pluma
Y con cresta de fuego,
A la gran multitud de astros lucientes
Gallinas de los campos celestiales
Presidió gallo el boquirubio Febo,
Entre los pollos del tindario huevo, etc.

Hemos llegado hasta el siglo XVIII en el examen y apreciación de la poesía lírica. Mas para completar

domingo, abril 18, 2010

Viage ilustrado (Pág. 472)

Con el favor en popa
Saliendo desdichadas
Volvieron venturosas!
No mires los ejemplos
De las que van y tornan
Que á muchas ha perdido
La dicha de las oirás , etc.

Aqui. como se ve, hay sentimiento, naturalidad é intención filosófica, pero hay defectos hijos de la precipitación, del descuido, y á veces del mal gusto.
Góngora marca ya la época en que el género introducido por Herrera, y moderado algún tiempo por los Argensolas, degeneró completamente desde la pompa y sonoridad hasta el artificio en el uso de metáforas raras y monstruosas, de giros violentos y conceptos alambicados. A esta escuela fundada por Góngora, se le llamó con el nombre de culteranismo. Y las poesías cultas llegaron á ser verdaderos logogrifos ininteligibles por su oscuridad metafísica hasta el punto de haberse escrito á este propósito aquellos sabidos versos.

Está hecho un Góngora el cielo
Mas oscuro que su libro.

Don Luis de Góngora poseía las mas altas dotes de poeta, imaginación brillante, pensamiento vigoroso, instinto de armonía y grande fecundidad; pero el deseo de singularizarse entre los poetas célebres de su tiempo le arrastró á abusar lastimosamente de su genio, habiendo logrado legar á nuestra lengua la palabra gongorino como equivalente á embrollado, oscuro y altisonante. Citaremos como ejemplo de su estilo los siguientes versos de las Soledades, en los cuales emplea una algarabía ininteligible de frases para espresar qué «era la primavera.» Dice asi:

Era del año la estación florida
En que el mentido robador de Europa
(Media luna las armas de su frente
Y el sol todos los rayos de su pelo)
Luciente honor del cielo,
En campos de záfiro pace estrellas;
Cuando el que ministrar podia la copa
A Júpiter mejor que el garzón de Ida
Naufragó, y desdeñado sobre ausente
Lagrimosas de amor dulces querellas
Da al mar, que condolido
Fué á las ondas... etc., etc.

Sin embargo, seriamos injustos si no dijésemos que Góngora supo á veces apartarse del género oscuro, y escribió buenas composiciones. El soneto que principia asi:

«La dulce boca que á gustar convida
Un licor entre perlas destilado,»

su canción á la Tórtola, sus letrillas sobre todo, pueden servir de modelo.
Don Francisco de Quevedo y Villegas fué, como lo es hoy, uno de los poetas españoles de mayor nombradía; y á la verdad nadie como él ha tenido los dotes de capacidad, intruccion y carácter. Nació en Madrid en 1580, y compartió su vida varia y azarosa entre los cargos públicos y el cultivo de las letras. En este punto se dedicó tanto al género serio como al festivo, por mas que se le conozca vulgarmente tan solo como poeta jocoso. Emitiendo nuestra opinion acerca de Quevedo como poeta, diremos que si bien profundo en sus juicios, gracioso en el decir, y de ingenio facundo y singular, adoleció de pésimo gusto en la mayor parte de sus composiciones, de alambicado y raro en sus conceptos y analogías, y de poco respetuoso por la moral y la decencia. Sin ser Quevedo secuaz, antes diciéndose adversario del estilo de Góngora, incurrió sin embargo en iguales ó parecidos estravíos en punto á conceptos y lenguaje. Amigo de dar tormento á las palabras, del uso de los retruécanos forzados, llega á ser ininteligible en muchas de sus obras. En suma, fué un grande ingenio, pero ingenio estraviado y pervertido en el gusto. Véanse algunos tercetos que tomamos al azar de su sátira contra el matrimonio:

Dime ¿por qué con modo tan estraño
Procuras mi deshonra y desventura
Tratando fiero de casarme ogaño?
.......................................................

Solo se casa ya algún zapatero
Porque á la obra ayudan las mugeres,
Y ellas ganan con carnes si él con cuero.
Los siempre condenados mercaderes
Mugeres toman ya por grangería
Como toman agujas y alfileres.
Dicen que es la mejor mercadería
Porque la venden y se queda en casa
Y lo demás vendido se desvía.
.................................................

Ofrécesme un soberbio casamiento
Sin ver que el ser soberbio es gran pecado
Y que es humilde mi cristiano intento.

No queremos continuar. Bastan los versos copiados, y no sin repugnancia por nuestra parte, para que pueda juzgarse del estilo y género de Quevedo, conceptuoso, amigo de retruécanos y despreciador de la decencia. Hemos dicho que Quevedo era un gran tálenlo, pero talento de gusto corrompido: por eso solo en ciertas obras profundas es donde puede leérsele, y muchas veces admirársele.
A los tres grandes poetas de que acabamos de ocuparnos, debemos añadir una mención de otros que aunque en inferior esfera, se han distinguido en los siglos XVI y XVII. Haremos mérito, pues, de Francisco de Figueroa, poeta lírico, notable por la dulzura y fluidez de sus versos. Una de sus mas bellas poesías, hecha precisamente en versos sueltos, es su égloga de Tirsi. Jorge de Montemayor, portugués de nación, fué contemporáneo de Figueroa y fomentó la afición á las novelas pastoriles por medio de su Diana. Francisco Saa de Miranda, también portugués, y escritor en su patria, publicó ademas en lengua castellana varias composiciones del género campestre, composiciones que si bien adolecen de cierta dureza en la versificación, interesan por su melacolía y sensibilidad. Apostrofando á un amigo suyo que había muerto, se espresa asi:

Lo que ahora satisface
A tus ya claros ojos
No son vanos antojos
De que hay por estos cetros muchedumbre;

martes, abril 13, 2010

Viage ilustrado (Pág. 471)

tiempo don Diego Hurtado de Mendoza, quien sin embargo, fué mejor prosista que versificador, sin que esto quiera decir que no hubiese hecho escelentes versos. Harto conocida es por su sencillez y gracia aquella letrilla que principia asi:

Esta es la justicia
Que mandan hacer
Al que por amores
Se quiso prender.

Pero su mejor obra es la fábula de Adonis, escrita en octavas reales.
Tocamos ya un período de progreso muy señalado en nuestra poesía, siempre dentro del carril abierto por Garcilaso. El iniciador de esto, adelanto fué Fernando de Herrera, en el cual la poesía principió á ostentar mas pompa mas armonía y magnificencia: siquiera sea forzoso confesar que perdió mucho de la sencillez y naturalidad en que la habian sabido mantener Boscan y Garcilaso. Herrera, pues, invento nuevos giros, locuciones pomposas, imágenes atrevidas y procuró dar á la forma poética mas sonoridad y ostentación, en lo cual, quizás solo ganó el lenguaje. La oda á don Juan de Austria, es una de las mejores composiciones de Herrera, y puede servir de modelo del nuevo género que se esforzó en popularizar. He aquí la primera estrofa:

Cuando con resonante
Hayo y furor del brazo impetuoso
A Encéfalo arrogante
Júpiter poderoso
Despeñó airado en Etna cavernoso...

Es también muy notable la canción á la batalla de Lepanto, é igualmente la que compuso a la muerte del rey don Sebastian. Herrera se distinguió sobremanera por sus elegías.
Francisco de Rioja, que nació en el año 1600, pertenece á la escuela de Herrera. Su mas célebre composición es la canción á las Ruinas de Itálica, que todas las personas que han leido saben de memoria, y que principia con aquellos versos:

Estos Fábio, ¡ay dolor! que ves ahora
Campos de soledad, mustio collado,
Fueron un tiempo Itálica famosa:

Rioja se distingue por su dulzura y melancolía y por la filosofía y nobleza de sus pensamientos, y es menos afectado y mas correcto que Herrera. No debemos dejar de hacer mención de su Epístola moral composición la mas bella en su género de cuantas se han escrito, y cuya lectura causa tanto placer como admiración.
Estamos ya en pleno siglo XVII, y nos encontramos en el orden cronológico con los hermanos Argensolas (Lupercio y Bartolomé). Ambos unidos en la suerte, desde su nacimiento, dieron un mismo giro á sus composiciones como poetas. Fueron buenos versificadores, puros y correctos en el lenguaje, pero les faltó robustez de estro y de inspiración. Hay que agradecerles el haber contenido los estrados del mal gusto que por entonces principiaba ya á sentirse en nuestra literatura, exagerada la ostentación, y el aparato de sonoridad y pompa que le comunicó Herrera. Cítase como uno de los mejores sonetos de la lengua castellana el que compuso Lupercio Argensola, y principia asi:

Imagen espantosa de la muerte.

Igualmente famoso es aquel otro que dice:

Yo os quiero confesar don Juan primero
Que aquel blanco y carmín de doña Elvira, etc.

Viene después de los Argensolas, Bernardo de Balbuena, que nació en 1568 y falleció en Puerto Rico, siendo obispo, en 1627. Balbuena se distinguió por su poema titulado Bernardo y por la Grandeza mejicana y el Siglo de oro, Balbuena fué un poeta dotado de grandes facultades, pero abusó casi constantemente de ellas. Debemos mencionar tras de este poeta a Esteban de Villegas, que nació en Nájera en 1595; A Villegas le faltó buen juicio, pero aun asi y todo, gracias á sus facultades poéticas, llegó á rivalizar con Teócrito y Anacreonte. Sus Eróticas, compuestas á la edad de veinte años, se distinguen por la ligereza y travesura que en ellas domina. En este género descolló sobre todos y quizás no ha tenido rivales que lo eclipsen. Suya es aquella cantinela tan conocida por su gracia y sencillez.

Yo ví sobre un tomillo
Quejarse un pajarillo
Viendo su nido amado
De quien era caudillo,
De un labrador robado, etc.

También se señaló en esta época don Juan de Jáuregui, cuyo nombre ha pasado hasta nosotros por su escelente traducción del Aminta de Tasso, asi como también por su Farsalia; pero los mas distinguidos entre los poetas de aquel siglo, son Lope de Vega, Góngora y Quevedo. Lope de Vega fué denominado por sus contemporáneos el Fénix de los ingenios; nombre que mereció efectivamente por su prodigiosa fecundidad, por su imaginación rica y flexible, y por su laboriosidad incansable. Uno de sus principales méritos es el de haber creado una poesía popular, animada y ennoblecida con la erudición, haciendo que gustase á la vez al pueblo y á la gente docta. Al tratar de los escritores dramáticos, nos ocuparemos como merece de Lope de Vega; pero como poeta lírico exige que se le coloque en uno de los puestos mas señalados, pues aunque descuidado é incorrecto á veces, supo dar á sus composiciones una novedad especial. Suelen citarse entre sus composiciones sus odas á La barquilla, de una de las cuales (la primera) tomamos los siguientes versos para que puedan juzgar nuestros lectores.

Pobre barquilla mia
Entre peñascos rota
Sin velas desveladas
Y entre las olas sola
¿A dónde vas perdida?
¿A dónde, dí, te engolfas?
Que no hay deseos cuerdos
Con esperanzas locas.
...................................
¡Dirás que muchas barcas

domingo, abril 11, 2010

Viage ilustrado (Pág. 470)

cilmente a la espresion variada de los afectos. Aunque se habia abandonado el verso alejandrino por las coplas de arte mayor, no se habia hallado un metro que tuviese la necesaria flexibilidad para acomodarse á los varios tonos del sentimiento; pero el endecasílabo tomado de la poesía italiana vino felizmente á satisfacer esta necesidad. Esto en cuanto á la forma. En cuanto al fondo, necesitaba la poesía salir del estrecho campo de los epigramas y agudezas, y ambas cosas se verificaron en el siglo de que vamos á hablar. El poeta que se nos presenta en esta época es Juan Boscan, cuya gloria principal consiste en haber inaugurado una favorable revolución en la poesía española, imitador de los italianos, y sobre todos ellos de Petrarca, fácil le fué emprender un nuevo rumbo, libre como se halló de apego alguno á nuestra poesía. Pero su novedad halló opositores, señalándose entre estos Cristóbal del Castillejo, poeta de ingenio sutil y epigramático, pero de escasa elevación. Véase cómo Castillejo atacaba á Boscan y en él á los petrarquistas, como los llamaba, ó sea á los que introdujeron el verso endecasílabo.

Juan de Mena como oyó
La nueva trova pulida
Contentamiento mostró,
Caso que se sonrió
Como de cosa sabida.
Y dixo: según la prueba
¡Once silabas por pie!
No hallo causa por qué
Se tenga por cosa nueva,
Pues yo también las usé.
Don Jorge dixo: no veo
Necesidad ni razón
De vestir nuestro deseo
De coplas que por rodeo
Van diciendo la intención, etc.


Pero á pesar de la oposición de Castillejo y otros, el nuevo género de versificación se adoptó por genios distinguidos, entre los cuales debemos contar el primero a Garcilaso de la Vega, desde el cual puede decirse que principia la verdadera poesía castellana. Garcilaso de la Vega escribió poco, pero lo bastante para inmortalizar su nombre y para crear nuestro lenguaje poético. ¡Qué gusto, qué corrección, y sobre todo, qué naturalidad y qué sentimiento en sus poesías! ¡Qué ternura, qué fluidez y qué verdad en sus églogas y en la pintura de las escenas y de los amores del campo! Como sus versos tienen el privilegio de ser recitados de memoria por toda clase de personas, nos creemos dispensados de citar trozo alguno como modelo. Séanos lícito, sin embargo, trascribir por ejemplo aquella estrofa que pone en boca del pastor abandonado, tan notable por su ternura.
¿Quién me dijera, Elisa, vida mia,
Cuando en aqueste valle al fresco viento
Andábamos cogiendo tiernas flores,
Que habia de ver con largo apartamiento
Venir el triste y solitario día
iQue diese amargo fin á mis amores?
El cielo en mis dolores
Cargó la mano tanto!
Que á sempiterno llanto
Y á triste soledad me ha condenado.
Y lo que siento mas es verme alado
A la pesada vida y enojosa:
Solo, desamparado,
Ciego sin lumbre, en cárcel tenebrosa.


Garcilaso no fué tan feliz como en sus églogas, en sus canciones, en las cuales es á veces sutil y conceptuoso. Por lo demás, Garcilaso, imitador á un tiempo de la antigüedad y de los poetas italianos, supo por lo general aprovechar lo bueno de todos; y los defectos que alguna vez se notan en sus producciones, son tomados de los últimos.
No puede menos de concederse á Garcilaso, ademas de la gloria como poeta, la de haber abierto el camino por donde habían de marchar genios tan privilegiados, como los que dieron altísimo esplendor á nuestra poesía en el siglo XVI. Entre ellos citaremos á Fray Luis de Leon, que nació en 1527, y profesó en 1544 en el convento de Agustinos de Salamanca, habiendo llegado á ser nombrado provincial de la orden. Fray Luis de Leon es uno de aquellos poetas, que sin aspirar á la pompa en el lenguaje, ni al oropel de las formas, sino por el contrario, sencillo y natural siempre, sabe, sin embargo, producir las mas profundas emociones en el alma. Rebosando su espíritu en pensamientos elevados y en ideas sublimes, le basta espresar lo que siente y piensa, para hacer el mayor efecto. Sus odas están impregnadas de la filosofía cristiana, y revelan el desden por lo deleznable de las cosas de la tierra y la aspiración á otra vida imperecedera. Sirvan de ejemplo las siguientes estrofas:

Cuando contemplo el cielo
De innumerables luces adornado
Y miro hacia el suelo
De noche rodeado
Y en sueño y en olvido sepultado,
El dolor y la pena
Despiertan en mi pecho una ansia ardiente,
Despiden larga vena
Mis ojos hechos fuente,
Oloarte, y digo al fin con voz doliente.
¡Morada de grandeza!
¡Templo de claridad y de hermosura!
¡El alma que á tu alteza
Nació! ¿qué desventura
La tiene en esta cárcel baja, oscura?


Véase que sencillez en la forma y que sublime elevación en el pensamiento. A primera vista parecería que estas estrofas nada dicen, y sin embargo, por poca atención que se ponga, admira la grandeza de la idea del poeta. Debemos observar que Fray Luis de Leon empleó con predilección especial el género de versificación de las estrofas que preceden, es decir, la estrofa de cinco versos, llamada lira, en cuyo uso se apartó del método italiano y de las canciones de largas estancias.
Francisco de la Torre, que vivió en esta época, fué un poeta dulce y sencillo, y aficionado á tratar asuntos campestres, en que supo siempre salir airoso. En punto á la versificación, ensayó la Torre el empleo de versos sueltos á la manera de los antiguos, pero a pesar de haberlo hecho con felicidad, no tuvo imitadores.
Merece también citarse entre los poetas de aquel

jueves, abril 08, 2010

Viage ilustrado (Pág. 469)

no á todas las reglas del poema épico. Hay, sin embargo, rasgos poéticos á cada paso y bellas imágenes, espresadas según lo permitía la rudeza de la lengua. Júzguese por estos versos:

El mes era de mayo, un tiempo glorioso
Quando lacea las aves un solaz deleytoso
Son vestidos los prados de vestido fermoso
Da sospiro» la duenna la que non ha esposo, etc.

El mismo Alfonso el Sabio, cuyas obras en prosa dejamos mencionadas, compuso un libro de cántigas, y según la opinion de varios eruditos, otro titulado Tesoro, en el cual trata de la manera de formar la piedra filosofal. He aquí el principio de dicho libro:

Llegó pues la fama á los mis oidos
Quen tierra d' Egipto un sabio vivía
E con su saber oí que facia
Notos los casos que non son venidos.
Los astros juzgaba, é apuestos movidos
Por disposición del ciello fallaba
Los casos que el tiempo futuro ocultaba,
Bien fuesen antes por este entendidos.
Cobdicia del sabio movió mi afición, etc.

Es cosa reconocida que Alfonso comunicó un notable impulso á la lengua y á la poesía castellana, asi como lo es que á su muerte lejos de continuar adelantando, retrocedió nuestra literatura por efecto, entre otras causas, de las disensiones, revueltas y guerras que sobrevinieron á Castilla; hasta tal punto, que el siglo XIV se presenta en orden á las letras con todos los caracteres de un siglo bárbaro y rudo. A pesar de todo, no podríamos dejar de mencionar al infante don Juan Manuel y a don Pedro Lopes de Ayala, los cuales se distinguen muy señaladamente en esta época. El primero uniendo la pericia y el valor de la profesion del guerrero al buen gusto y escogido ingenio en el cultivo de las letras, compuso varias obras, de las cuales solo se conserva una titulada El Conde Lucanor, obra en la cual bajo la forma de una fábula enseña máximas morales las mas acertadas y escogidas. No podemos como quisiéramos, detenernos á analizar esta producción tan notable por la sana razón que en ella domina como por su amenidad, é igualmente recomendable por el fondo y por la forma. En cuanto á Lopez de Ayala, también guerrero distinguido, canciller de Castilla y señor de Salvatierra, fué autor de las crónicas de cuatro reyes, desde don Pedro basta don Enrique III, y su estilo, si bien desafinado y árido, es natural y fácil. También escribió un libro de poesías todavía inédito, titulado El Rimado de Palacio, en el cual se propuso como asunto adoctrinar á los príncipes en el gobierno de sus pueblos. Sirvan de muestra de su versificación los siguientes versos, en que trata de los malos consejeros y aduladores de los palacios.

Los privados del rey é los sus allegados
Assaz tienen de quejas é de grandes cuidados
Ca, mal pecado, muchos consejos son errados
Por querer tener ellos los reyes lisonjados.
El rey dellos se fia, por ende quien lo daña
A muy mala ventura quien con lisonja lo engaña
Dígale su servicio, ca si un ora se ensaña
El rey no le echara por ende su compaña, etc.

Obsérvese cómo estos versos se resienten del retroceso de la literatura que, según hemos apuntado, se sintió después de Alfonso el Sabio, y cuan inferiores son en armonía y estilo aun á los del mismo Berceo.
Por lo dicho puede juzgarse de los primeros arranques de nuestra literatura en la poesía lírica, de la cual hemos creido conveniente presentar breves ejemplos para que se pueda conocer su origen y apreciar mejor los adelantos que hizo después.
Llegamos al siglo XV, en el cual volvió nuevamente á reanimarse el cultivo de las letras. Durante nuestro retroceso del siglo anterior, habían florecido en Italia Dante y Petrarca, y el brillo de sus obras, irradiando sobre España, produjo nueva vida en nuestra literatura y le comunicó un impulso prodigioso. Mucho contribuyó á esto el marqués de Villena, creador del Consistorio de la ciencia gaya, que inauguró la nueva época literaria. La corte de don Juan II parecía una academia, pues desde el rey hasta el último cortesano, estaban todos consagrados al culto de las musas. El mas notable de los poetas de aquel tiempo fué Juan de Mena, hombre de aventajadas dotes, de elevación en las ideas y fuerza de pensamiento, aunque duro en el lenguaje é inarmónico en la versificación. Otro de los poetas distinguidos del tiempo de don Juan II, fué el Marqués de Santillana, poeta inferior á Juan de Mena en elevación yen ingenio, pero superior en corrección, pureza y armonía de forma. Debemos mencionar especialmente á Jorge Manrique, hijo del conde de Paredes, y cuyo nombre ha pasado hasta nosotros en aquellas célebres coplas que compuso á la muerte de su padre, y principian asi:

Recuerde el alma adormida
Avive el seso y despierte
Contemplando
Como se pasa la vida
Como se viene la muerte
Tan callando.
Cuan presto se va el placer,
Como después de acordado
Da dolor; etc.

Nótese que estos versos se diferencian tan poco del lenguaje actual, que casi pudieran haber sido escritos en nuestros dias.
Florecieron también en este siglo Alonso de Cartagena, arzobispo de Burgos; el Bachiller de la Torre; Juan de Padilla (a) el Cartujano; Fernán Gomez de Cibdad Real, autor del Centón epistolario; el Bachiller Alfonso de la Torre que vivia en la corte de Navarra y compuso para la instrucción del príncipe de Viana una obra titulada La vision delectable; Fernán Peres de Guzman, célebre en su época por sus Setecientas coplas de bien vivir y autor de la Crónica de don Juan II y de las Generaciones y semblanzas, obra de relevante mérito, en la que pinta con admirable verdad y colorido á los personages ilustres de su tiempo; Fernando del Pulgar, autor de los Claros varones de Castilla y de las Letras á la reina: y finalmente, otros escritores menos notables, aunque dignos de alabanza.
Examinemos ahora la literatura en el siguiente siglo XVI. A principios de este siglo todavía la versificación era pesada y embarazosa y no se prestaba fá—

martes, abril 06, 2010

Viage ilustrado (Pág. 468)

dad de su pronunciación y en la armonía y cadencia.
Hechas estas breves indicaciones acerca de la formación de la lengua castellana, pasemos á examinar cómo fué manifestándose en las diversas producciones del ingenio, ó sea en la literatura. La literatura, en el sentido mas lato de esta palabra, comprende todas las producciones del ingenio humano, manifestadas por medio de la escritura. Si tratásemos de considerar filosóficamente la literatura, nos seria fácil demostrar que es la espresion de la vida moral ó intelectual de un pueblo, es decir, de las necesidades mas elevadas del alma. Hay, en efecto, en el alma humana necesidades de la imaginación que concibe y realiza lo bello en la espresion artística: hay necesidades de la inteligencia que busca lo verdadero en la conciencia humana por medio de la filosofía, y en el mundo esterior por medio de las ciencias físicas; hay necesidades de la voluntad, de nuestro ser moral que propende á practicar lo bueno y á simbolizar el infinito en la religion, y encarnar la idea de la justicia en las leyes y costumbres. El hombre siente una necesidad de emociones que nada puede satisfacer. El presente no nos basta. Lo real no puede llenar nuestro espíritu: de aqui la aspiración que nos arrastra á enseñorearnos en un campo mas vasto que el que limitan el tiempo y el espacio. Y este esceso de actividad que nos atormenta y demanda su empleo aun después de satisfechas las necesidades del cuerpo, este esceso del cual se sirve la Providencia para conducirnos por las vias de la perfectibilidad, es el que se revela en las varias producciones de la literatura. En este sentido, repetimos, la literatura espresa el carácter, las ideas y las costumbres, en suma, la vida moral de un pueblo. Y si bajo este punto de vista considerásemos la literatura española, fácilmente podriamos descubrir en su fondo y elementos constitutivos, el carácter del pueblo que representa. La religion, el honor y la galantería, han sido los rasgos mas marcados de su fisonomía, por que eran los tres principales elementos de la sociedad española. Añádase á esto una cualidad de carácter propia de un pueblo meridional y fomentada ademas con el contacto de los árabes, á saber, cierto colorido oriental, y grande propensión á las imágenes y metáforas atrevidas, cualidad que si no pudo revelarse en nuestras producciones literarias mientras la lengua era ruda y trabajosa, se ostentó con esceso tan pronto como esta adquirió flexibilidad y cultura.
Absteniéndonos de entrar en mas prolijas consideraciones sobre este punto, vamos á apreciar la literatura española tal cual se nos presenta en la historia, juzgándola principalmente con relación á su mérito y valor propio.
Para proceder con orden principiaremos estableciendo una division de la literatura en estética y científica, comprendiendo bajo la primera denominación á la literatura que tiene por objeto lo bello según dejarnos atrás indicado, y en la cual tiene la mayor parte la imaginación, como facultad del alma; y bajo la segunda la literatura, cuyo objeto es lo verdadero ó lo justo, y en que tiene mas parte el entendimiento y la razón humana. Nos ocuparemos, pues, en primer tugar de la literatura estética y en segundo de la científica.
La literatura estética puede distinguirse bajo el punto de vista de su forma en verso y prosa: por lo cual trataremos, primero de los escritos y escritores en verso, distinguiendo el lírico del dramático, y después de los escritores en prosa.
El mas antiguo monumento de la poesía castellana es el poema El Cid Campeador. Se cree que este poema fué escrito á fines del siglo XII ó á principios del siglo XIII: como quiera, solo es un conato, un primer esfuerzo de nuestra literatura, y mas que el nombre de poema merece el de crónica, siquiera se hubiese empleado el uso de la rima. El arte métrica estaba entonces en su infancia, según se ve por dicho poema, cuyos versos carecen de medida regular: ademas la obra carece de inspiración poética, por cuyo doble motivo no escita grande interés su lectura aun cuando á trozos se descubra talento en su
autor. Para que pueda juzgarse de lo que decimos, citaremos algunos versos: v. gr., los siguientes:

Tu eres rey de los reyes é de tod' el mundo padre,
A ti adoro é creo de toda volunta
E ruego à San Peydro que me ayude à rogar
Por mio Cid el Campeador que Dios le curie de mal.

Por lo demás la lengua castellana hizo en poco tiempo rápidos progresos, como se ve en la traducción del Fuero Juzgo mandada hacer por Fernando el Santo en el siglo XIII, é igualmente en las obras de Alfonso el Sabio, las cuales se distinguen tanto por la belleza de la espresion, que parecen escritas uno ó dos siglos después. Entre las obras de Alfonso el Sabio deben citarse con elogio especial bajo este punto de vista: El Fuero Real, Las Partidas, la Paráfrasis castellana de la historia bíblica y sagrada, y la Crónica general de España. Juzgúese de la soltura y fluidez de la lengua ya en aquella época por el siguiente trozo que tomamos de las Partidas:
«Ira luenga no debe el rey haber, pues que ha poder vedar luego las cosas mal fechas... é porque la ira del rey es mas fuerte é mas dañosa que la de los otros homes, porque la puede mas aina complir, por ende debe ser mas apersibido, cuando la oviere, en saberla sofrir.»
En cuanto al verso en la época de que nos ocupamos, es decir, en el siglo XIII, llegó á alcanzar grandes y considerables mejoras, asi en su cadencia como en su rima. Distínguense en este tiempo Gonzalo Berceo, que tomó generalmente por asunto de sus composiciones las vidas de los santos. Asi es que la de Santo Domingo de Silos da principio con aquellos versos tan conocidos que dicen:

En el nome del Padre Sennor de toda cosa
E de Don Jesucristo fijo de la gloriosa,
E del Spiritu Santo que á par de ellos posa
De un confesor santo quiero fer una prosa.
Quiero fer una prosa en roman paladino
En el cual suele el pueblo fablar á su vecino
Ca non so tan letrado por fer otro latino
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

Berceo fué un poeta erudito aunque demasiado popular y á veces bajo en su lenguaje. En el mismo tiempo floreció Juan Lorenzo Segura de Astorga, autor del Poema de Alejandro, en el cual empleó versos de catorce sílabas, por cuyo motivo se cree que los de esta medida se llamaron posteriormente versos alejandrinos. Este poema es una crónica fabulosa de las hazañas de aquel conquistador de la antigüedad; pero no solo falta á las condiciones de la verdad histórica, si—

sábado, abril 03, 2010

Viage ilustrado (Pág. 467)

temente á la Península de mas de 900,000 individuos los mas útiles é industriosos de la población. Fellipe IV que reinó desde 1621 hasta 1665, subyugado, por la influencia de un favorito, acometió guerras imprudentes, de cuyas resultas perdimos el Rosellon, el Portugal, los Países Bajos, la Isla Barbada y la Jamáica. Su sucesor Carlos II, llamado el Hechizado, tenia cuatro años cuando murió su padre, y su reinado acabó de poner el solio á los desastres sufridos en los dos anteriores. Murió en 1700 sin sucesión, dejando por heredero del trono al duque de Anjou, nieto de Luis XIV, rey de Francia, quien vino á tornar posesión de la corona en 1703; pero Leopoldo, emperador de Alemania, que la pretendía también para su hijo el archiduque Carlos, declaró la guerra á Felipe y principió la terrible lucha conocida en nuestra historia con el nombre de guerras de sucesión, lucha que no terminó sino trece años después con la paz de Utrecht, y en la que también perdimos algo de nuestros dominios, pues tuvimos que ceder á los ingleses el Gibraltar.
En 1724 renunció Felipe la corona en favor de su primogénito Luis; pero murió este príncipe á los siete meses, y volvió Felipe á tomar las riendas del gobierno que conservó hasta su fallecimiento acaecido en 1746. Sucedióle su hijo Fernando VI, principe pacífico y bondadoso, el cual reformó muchos abusos y promovió el comercio y prosperidad de la nación. Murió en 1739, recayendo la corona en su hermano Carlos, rey de Nápoles. El reinado de Cárlos III es una de las páginas mas brillantes de la historia de España. Asistido por ministros ilustrados fomentó las artes y las ciencias, afianzó la tranquilidad en sus dominios, se hizo respetar por los estrangeros, construyó numerosas escuadras que se enseñorearon de los mares y mantuvo ejércitos brillantes y disciplinados; su muerte acaecida en 1788 fué de todos llorada y sentida. Mas desgraciado su hijo Carlos IV sufrió continuos reveses en la guerra con Francia, y se vio perecer nuestra escuadra en la desgraciada batalla de Trafalgar sostenida contra los ingleses.
Bien conocidos son los sucesos de la famosa guerra de la independencia sostenida contra Bonaparte, y su glorioso resultado, y no lo son menos todos los acontecimientos del reinado de Fernando VII, tan hábilmente trazado por un escritor célebre, que hace figurar en primer término entre los calamitosos la pérdida total de las Americas. Muerto este último monarca en 1833, y ocupado el trono por su augusta hija doña Isabel II, encendióse una nueva guerra civil cuyo motivo y término en los campos de Vergara sabemos todos. Las revueltas políticas acaecidas en los doce años trascurridos desde la muerte de Fernando, están demasiado recientes para que necesitemos enumerarlas aqui. Su resultado ha sido cambiar el sistema de gobierno de absoluto en representativo, y asegurar la corona de España en las sienes de su hija, declarada mayor de edad por las Cortes en noviembre de 1843, desde cuya época rige los destinos de la nación.
Fácilmente se comprenderá al leer esta reseña, que no ha sido nuestro ánimo escribir la historia de España, sino señalar los sucesos históricos que mas han contribuido á la formación, engrandecimiento y decadencia de la monarquía, porque esto y no otra cosa era lo que cumplía al objeto de la presente obra. Vamos ahora á considerar la España bajo el punto de vista literario.
La naturaleza de esta obra de Viages nos obligará á ser mas lacónicos que quisiéramos al ocuparnos de un asunto de tanta importancia, como es la literatura que descuella tanto entre la de los demás paises: sin embargo, procuraremos caracterizar a la España literaria, presentando un resumen histórico—crítico de la marcha que ha seguido la literatura entre nosotros, desde los primeros tiempos hasta nuestros días, y mencionando á los autores que mas señaladamente se han distinguido por su ingenio.
Para proceder con orden principiaremos diciendo algo acerca de la formación de la lengua. Los habitantes primitivos, ó sea los iberos, debieron emplea un idioma rudo é inculto, como era su estado social. Después, sabido es que la dominación de los romanos aclimató en España la lengua latina, al mismo tiempo que sus leyes, administración y costumbres: si bien se conservaron algunos dialectos particulares de idioma primitivo en varios rincones de España como refiere Luitprando, según el cual todavía en el siglo VIII se hablaba en algunos puntos de España el hebreo, el cántabro y el celtíbero ademas del latin y del árabe, sin embargo, es lo cierto que á la venida de los godos el latin era la lengua dominante y mas generalmente usada. Naturalmente la lengua latina sufrió muchas alteraciones y corrupciones a causa del roce en que estaban con los demás dialectos y que, asi sucediese se comprueba leyendo a San Isidoro, arzobispo de Sevilla, en la época de que hablamos; pero en honor de la verdad el latin en España no llegó a corromperse tanto como en los demás paises conquistados por los bárbaros, habiendo contribuido á esto, entro otras causas, la influencia que adquirieron los obispos en el gobierno tan pronto como se hubo consolidado el régimen godo. Como quiera, la verdad es que al verificar se la invasion sarracena, el 1atin siquiera se hallase algo adulterado, era la lengua mas usada y oficial en España.
Destruido el imperio godo y estendidos los árabes por el territorio español, sucedió que los pocos españoles que se refugiaron en las montañas del Norte pudieron conservar largo tiempo en ellas el idioma latino, habiendo llegado á alterarse y perderse tan pronto, que en el siglo IX no era comprendido por los legos del latin de los libros. Resultó de aquí, que el lenguaje de los españoles refugiados vino á ser un dialecto informe, mitad latín y mitad godo, que se ha llamado romano—rústico. Al mismo tiempo, los pueblos dominados por los árabes, veían descomponerse su lengua propia con el contacto de la estraña, y cuando los pueblos del Norte, a medida que avanzaba en la reconquista se mezclaron con los del Mediodía, adoptaban palabras árabes y a su vez empleaban otras góticas, resultando de esta mezcla de elementos la formación de lo que entonces fué el romance vulgar, y hoy es la lengua castellana. A pesar de esto se veia formar en los diferentes ángulos de España, dialectos particulares que llevaban el carácter y el sello de cada localidad: en Cataluña, por ejemplo, prevaleció la lengua limosina: en la parte de Galicia, el gallego, dialecto común á las poblaciones fronterizas á Portugal; pero el romance, que era el idioma de la corte, preponderó sobre todos estos dialectos locales. El romance, después lengua castellana, conservó mas que ninguna otra de Europa, a escepcion de la italiana, el sello y carácter de la latina, señaladamente en la rotundidad de sus terminaciones, en la clari–

jueves, abril 01, 2010

Viage ilustrado (Pág. 466)

á las montañas de Asturias y eligieron por caudillo á don Pelayo, vastago de la real familia de los godos. Los cántabros se unieron á su estandarte y mantuvieron á los moros en continua alarma haciendo frecuentes correrías en los territorios de que se habían apoderado. Asi el valiente Pelayo estendió los limites de su pequeño estado, se adelantó hacia las montañas de Leon y se apoderó de varias plazas, echando los primeros cimientos de la monarquía española, cuyos guerreros debían á su vez arrojar á los invasores hasta los lejanos peñascos del Atlas.
Imposible seria en los pequeños límites á que estamos reducidos, dar una idea ni aproximada siquiera, de las continuas guerras sostenidas por espacio de mas de siete siglos entre los españoles y los musulmanes; guerras en que mil capitanes valientes, cuyo nombre y fama ha llegado hasta nosotros, se inmortalizaron. Por fortuna las guerras civiles empezaron á devorar á los sarracenos debilitando sus fuerzas, al paso que crecían las de los cristianos, que aunque también divididos, adquirieron vigor con la reunion de las coronas de Castilla y de Leon en San Fernando, que logró apoderarse de Jaén, Córdova, Murcia y Sevilla, haciendo tributario al rey de Granada (año 1252,) último atrincheramiento de los musulmanes. Don Jaime de Aragón conquistó á Valencia y las Baleares, y reuniendo por último don Fernando, hijo de don Juan II de Aragón, esta corona y la de Castilla por su casamiento con doña Isabel llamada después la Católica, se apoderó de Granada el 2 de enero de 1492, terminando con este glorioso acontecimiento la dominación sarracena en España. El año de la conquista de Granada se hizo mas célebre también por los grandes descubrimientos de Cristóbal Colon en la América, los cuales condujeron á una nueva serie de triunfos y de conquistas. A estos sucesos siguieron otros que llevaron la monarquía á su mayor engrandecimiento. La reina Isabel murió en 1504 llorada por sus vasallos, y quedó gobernando el reino su esposo, como tutor de su hija doña Juana hasta su muerte, ocasionada en 1516. Entonces empuñó el cetro Carlos I de España y V de Alemania; los principios de su reinado fueron combatidos por varias revoluciones civiles, entre otras la célebre conocida con el nombre de Comunidades de Castilla, que terminó con la batalla de Villalar y muerte de su caudillo Juan de Padilla. Siguió la guerra con los franceses, y su rey Francisco I que turbaba la paz del continente, quedó prisionero en Pavía, recobrando la libertad bajo las condiciones que quiso imponerle el vencedor. Llamó en seguida la atención del emperador una nueva guerra promovida por los estados berberiscos; atacó la ciudad de Túnez, derrotó á Barbaroja que había usurpado la soberanía de aquel país, y después de repelidos triunfos cedió aquella ciudad á un rey tributario. Renovóse en 1536 la guerra con la Francia, pero en las campañas que sucedieron no acompañó la misma favorable suerte á las armas españolas. En 1545 emprendió Carlos una espedicion contra los argelinos, cuyo éxito fué también desastroso, al paso que en la guerra que declaró á los protestantes, la victoria coronó sus empresas con la derrota y prisión de Federico elector de Sajonia. Por este tiempo, hallándose el emperador sumamente achacoso de la gota, y conociendo que no bastaban ya sus fuerzas para sostener el peso de tan vasta monarquía, abdicó la corona de España en su hijo Felipe en 1556, y murió dos años después en el monasterio de YusTe en la Vera de Plasencia.
El príncipe sucesor se halló envuelto al subir al trono en varias guerras que aumentaron el lustre de su monarquía. Las tropas del papa y sus aliados los franceses sufrieron algunas repulsas en Nápoles por la pericia y valor del duque de Alba, y en las fronteras de Flandes y de Picardía fueron vencedoras las tropas españolas al mando del duque de Saboya. Alli el día de San Lorenzo de 1557, se libró la célebre batalla de San Quintín, en la que quedó derrotado el ejercito francés, y en cuya memoria Felipe II mandó erigir el magnífico monasterio del Escorial. El celo por la religion católica tuvo á Felipe ocupado en continuas guerras contra los infieles y los rebeldes de Flandes. A pesar de algunos descalabros sufridos por las armas católicas, sirvieron de gloriosa recompensa las muchísimas victorias decisivas, y entre otras la que en el golfo de Lepanto ganaron á la liga, anonadando en una sola acción el poder naval de los turcos, y los triunfos conseguidos sobre los moriscos de Granada por don Juan de Austria, hermano natural del rey, que también mandó como generalísimo la armada de la liga en Lepanto, y finalmente los descubrimientos y conquistas cada vez mayores del Nuevo Mundo.
No podemos resistir á la tentación de dar aqui una lijera noticia de los vastos dominios que por entonces poseía España, acaso sin igual en nación alguna ni antigua ni moderna. En la segunda mitad del siglo XVI y primera del XVII, nuestro gobierno abarcaba tantos paises y regiones, que apenas se concibe como podían manejarse, cuando tanta dificultad cuesta solo enumerarlos. En Europa era nuestra toda la península Ibérica incluso el Portugal y las posesiones de ambos reinos; Nápoles y Sicilia, Cerdeña, Malta, el Rosellon y el Bearnés, con la Baja Navarra, Parma, Plasencia y Milanesado, y todos los Paises Bajos. En Africa, ademas de las Canarias, Azores, Cabo Verde y Madera, presidios actuales, y todas las pertenencias portuguesas de Angola, Congo y Mozambique, poseíamos á Oran, Mazalquivir, Mostagán, Tánger, Túnez y la Goleta. En Asia eran nuestras las costas y factorías de Malabar, Coromandel y de la China con Goa y Macao, y los Santos Lugares de Palestina y sus accesorios. En la Occeanía, ademas de las Filipinas, Bisayas, Carolinas, Marianas y Palaos, teníamos gran parte de las de Sonda, Timor, las Molucas y multitud de archipiélagos y grupos é islas sueltas del mar Pacífico, por nosotros antes que por nadie reconocido. Y en América gozábamos aquel inmenso continente casi entero, pues era nuestra toda la meridional con el Brasil y toda la parte septentrional de Méjico, Californias, las Floridas, Nuevo Méjico, etc., sin mas escepcion que el Canadá y demás posesiones inglesas, a lo que añadiamos las grandes y pequeñas Antillas que después han provisto de colonias á toda la Europa marítima. Señorío tan colosal escedía de 60.000,000 de habitantes, y ocupaba una superficie de mas de 800,000 leguas cuadradas, que es cerca de la octava parte del mundo que conocemos. Todo ha desaparecido en el trascurso de dos siglos. El primer contratiempo impórtame que sufrimos en el mismo reinado de Felipe II, fué la destrucción por una borrasca de la invencible armada, con que quiso aquel monarca atacar la Inglaterra en 1588. Diez años después le sucedió en el trono Pelipe III, que señaló su reinado con la espulsion de los moriscos, privando impruden—

miércoles, marzo 31, 2010

Viage ilustrado (Pág. 465)

nos. La prudencia y política del cónsul Mételo lograron estinguir casi totalmente estas animosidades; pero su sucesor Quinto Pompeyo, habiendo querido exigir de los numantinos que violasen las leyes de la hospitalidad y del parentesco, entregándole unos rebeldes que en su ciudad se habían acogido, volvió á empeñarse una guerra tan desastrosa como dilatada, en la que los romanos fueron varias veces batidos y humillados por los heroicos numantinos, hasta que P. Escipion Emiliano, convirtió en bloqueo el sitio de la ciudad, no atreviéndose á esperar al enemigo á campo abierto, y logró por este medio no triunfar de aquellos gallardos españoles, que prefirieron darse la muerte por no suscribir á una paz vergonzosa, y á ejemplo de los de Sagunto dejaron al vencedor por único despojo de su victoria los escombros de una ciudad asolada y los cadáveres estenuados de sus moradores.
Siguióse á estas conmociones una aparente tranquilidad, turbada á veces por pequeños movimientos que indicaban estar comprimido, pero no apagado, el fuego de la independencia. Suscitada la guerra civil entre Pompeyo y César, volvió España á ser teatro de nuevas calamidades; pero la batalla de Munda que entregó a César la diadema del imperio romano, restituyó la paz á la Iberia, y desde aquella época fueron acostumbrándose sus moradores á sufrir un yugo que no tenian esperanzas de sacudir impunemente. Dividieron á la España sus conquistadores en dos partes, la Citerior, ó mas vecina á la metrópoli del imperio, y la Ulterior ó mas distante, y subdividiéronla en tres provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania; pero siendo estas demasiado estensas fué preciso sub—dividirlas en varias chancillerías. La provincia Tarraconense era la mayor; formaba sus límites el rio Duero desde Oporto hasta donde concluye con el Esla: todo lo comprendido entre el Duero y el mar Cantábrico correspondia á esta provincia. Desde el punto de confluencia espresado, corrían sus límites por Salamanca y por el Oriente de Avila, cortando el Tajo al Occidente de Talavera: de allí seguían hasta el Guadiana y descendiendo por Almadén, atravesaba el Bétis cerca de Cazorla, dirigiéndose hasta Mujacar en la costa del Mediterráneo: todo el terreno dentro de esta línea formaba la provincia Tarraconense.
La Bética abrazaba el país contenido desde las bocas del Guadiana y su corriente hasta cerca del Carcuvium por Occidente y Septentrión. La Lusitania estaba cerrada al O. por el Occéano desde las bocas del Guadiana hasta el Duero. Este rio la limitaba por el N. como el Guadiana por el S. Su línea oriental cortaba el Guadiana en Carcuvium, y atravesando el Tajo por Talavera subia en busca de la confluencia del Esla y del Duero que la separaban de la Tarraconense.
Para el gobierno de estas provincias establecieron los romanos varias chancillerías ó conventos jurídicos; siete en la España Citerior y cuatro en la Ulterior; pero llegaba á pasos agigantados el período de disolución de un imperio que por tantos siglos había dictado leyes al género humano. El último paso que da un Estado hacia su prosperidad es el primero de su decadencia. Las causas destructoras se multiplicaron con la ostensión de sus conquistas, y asi que el tiempo y la corrupción removieron los puntales de las virtudes á que debia el imperio romano su engrandecimiento, cedió aquel estupendo edificio á su propio peso. La invasion de los pueblos del Norte cogió á los romanos desapercibidos, y sin conocer ni la ostensión del peligro ni el número de sus enemigos. Los godos, nación inculta que habitaba á la otra parte del Danubio, arrojados de su pais y perseguidos por pueblos aun mas feroces que ellos mismos, vinieron de improviso á inundar las provincias romanas bajo el imperio de Valente. El célebre Alarico, conduciendo los godos á la victoria, tomó á Roma, y abrió de este modo á los bárbaros el camino del triunfo y del pillage; hordas numerosas de suevos, vándalos y alanos procedemos de las selvas de Germania, vinieron con los godos a invadir á España á principios del siglo V, y arruinaron esta provincia del imperio romano. Atraídos por la fecundidad y riquezas del pais, se esparcieron por lo que hoy llamamos Castilla la Vieja, Asturias, Galicia, Estremadura y Andalucía baja. Todas las calamidades acompañaban la marcha de aquellos hombres feroces; la guerra, el hambre y la peste convirtieron á España en una especie de desierto hasta que los bárbaros cansados de matanza se enlazaron con los habitantes del pais. La mayor parte de Galicia y Asturias cupieron en suerte á Hermenerico rey de los suevos, y los vándalos ocuparon el resto, hacia la parte occidental. Alacio, rey de los alanos, se apoderó de la Lusitania, y los vándalos acaudillados por Gundérico, tomaron después para sí la mayor parte de la Bélica, conocida desde entonces con el nombre de Vandalucía, que ha conservado después suprimida la primera letra. En el año 414 de J. C. entró en España Ataulfo, primer rey godo, y se estableció en Barcelona; pero habiendo sido asesinado el año siguiente por los godos mismos, le sucedió Sigerico, que al sétimo dia de su reinado murió á manos de sus propios electores. En el año 583 se apoderaron los visigodos de casi toda la Península, acaudillados por Leovigildo, cuyas victorias sobre los suevos establecieron su reputación militar, al paso que mancilló su nombre el haber dado muerte a su hijo San Hermenegildo porque profesaba la fé católica. Diez y siete príncipes de la misma raza ocuparon el trono sucesivamente, hasta que en 710 se apoderó de la corona don Rodrigo, arrancándola de las sienes del tirano Witiza; los dos hijos de este huyeron á Ceuta para sustraerse de la cruel venganza del monarca usurpador y comunicaron sus temores y resentimientos á su tio don Opas, arzobispo de Sevilla, y al gobernador de la referida colonia. El hecho de la violacion por Rodrigo de la hija del conde don Julian, que algunos autores ponen en duda, determinó á éste á pasar á Africa, donde imploró el auxilio de los sarracenos para destronar al rey. Aprovechó Muza, que gobernaba aquellos paises en calidad de teniente del califa Ulid, la buena ocasión que se le presentaba para añadir la España á los dominios de su señor; verificóse la invasion, y el rey godo que cometió la imprudencia de arriesgarlo todo en una sola batalla, hizo frente al enemigo en las márgenes del Guadalete; al principio la victoria se decidió por los cristianos, pero la traición de don Opas que mandando una division se pasó con ella á los infieles, dio el triunfo a estos, y Rodrigo fué á ocultar su vergüenza en las aguas del Guadalete, aunque hay autores que suponen que se ocultó en Portugal, fundados en una inscripción que se encontró sobre una lápida en Viseo que decía: «Aquí yace Rodrigo último rey godo.»
Dominada España por los sarracenos, un puñado de valientes, desdeñando el yugo enemigo, huyeron

martes, marzo 23, 2010

Viage ilustrado (Pág. 464)

el carnaval. Los glotones de la clase inferior, y hay muchísimos en ella, dan sobre todo una estraordinaria importancia al divertimiento grosero de una especie de cucaña, combate de destreza también conocido entre nosotros, cuya gloria consiste en arrebatar de un árbol el mayor número posible de salchichones, pollos, jamones, en medio de los aplausos y las silbas de una turba inmensa, y con riesgo de romperse la cabeza. El carnaval es, por lo demás, casi lo mismo que en toda Italia.
La Mnaria es la gran fiesta de los habitantes del campo. El dia de San Pedro acuden en multitud al bosque, y se hacen allí carreras de á pie, de caballo y sobre asnos. Se baila en una espaciosa gruta, y cada familia después, reunida bajo un árbol, come ferozmente. Se oye por todas partes música y gritos agudos, y estos gritos espresan en Malta la alegría. El dia de la ascension de San Lorenzo se celebra con paseos sobre el agua, y el puerto cubierto todo el dia y toda la noche de barcas llenas de músicos, y ornadas de banderolas de todos colores, presenta á la vista un espectáculo encantador.

ESPAÑA.
Llegamos al término de nuestra espedicion; vamos á ocuparnos ahora de nuestro pais, y no seriamos justos, si no diéramos á esta parte de nuestro trabajo, la importancia y la estension que de suyo exige. Por lo tanto daremos comienzo á nuestro trabajo anteponiendo á lo relativo á viages, una reseña histórica, literaria comercial á industrial.
Por mucho que sea el interés que produzca la investigación del origen de los pueblos, el trabajo que para ello se emplea es de todo punto inútil. Las tradiciones fundadas en hechos oscuros y dudosos, solo pueden servir para asuntos de pura invención, pero no para establecer sistemas fijos y dignos de crédito. La infancia de las sociedades políticas está destituida de grandes acontecimientos, como desprovista de recursos para trasladarlos á la posteridad. Las artes de la vida civilizada por cuyo medio tan solamente puede conservarse la memoria verídica de los hechos, son producto de las sociedades arregladas; los historiadores empiezan entonces á escribir, y solo la tradición escrita puede trasmitir con seguridad los públicos acontecimientos. Por eso es tan difícil determinar quienes fueron los primeros pobladores de la Península; lo único que puede asegurarse es que antes de la llegada de los fenicios ya estaba muy poblada España y habia sido visitada por muchos estrangeros. Su existencia política data de antes de la fundación de Cartago. Cuando los fenicios arribaron se encontraron con una nación belicosa, poco dispuesta á dejarse imponer el yugo con las armas que aquellos aprestaron por medio de una astuta política, creándose partido, estableciendo una colonia en Gades, hoy Cádiz, y aprovechándose de las riquezas que eran desconocidas á los naturales del pais. Los fenicios llamaron después en su ayuda á los cartagineses, y unidos sostuvieron sangrientas luchas con los indígenas, posesionándose poco á poco del territorio.
El primer capitán cartaginés de quien se tiene noticia exacta que gobernara España, fué Hamilcar Barca que estuvo encargado de las mas importantes empresas por orden de la república. Sujetó las Baleares que habían sacudido el yugo, y pasando al continente tomó el mando del ejército. Fué vencido por los celtíberos acaudillados por Orison, príncipe español, y en su fuga se ahogó en el Ebro (año 230 antes de J, C.), sucediéndole en el mando Asdrubal, su yerno, que continuando las guerras con los naturales, logró algunas ventajas y fundó la ciudad de Cartagena para que sirviese de cómodo puerto á las armadas de Cartago. Pactó ciertas condiciones con los romanos acerca de la estension de las conquistas de los cartagineses, y después de gobernar ocho años, lo asesinó un esclavo de un príncipe español á quien habia dado muerte el caudillo cartaginés
Annibal fué elegido inmediatamente para suceder á Asdrubal, quien se hizo célebre por haber declarado la guerra á Sagunto, ciudad que no ocupó sino después de haberla entregado sus moradores á las llamas y perecido en ellas. Esta conquista envolvió á los romanos en la segunda guerra púnica, y Annibal después de haber sujetado varios pueblos en su marcha, pasó á Italia dejando á su hermano Asdrubal el mando de la provincia. Este caudillo se mantuvo en la Península haciendo siempre la guerra á los romanos, hasta el año 547 de Roma, en cuya época, habiendo pasado á Italia con un numeroso ejército en socorro de su hermano, fué vencido y muerto en una batalla. Hannon quedó en lugar de Asdrubal, pero fué hecho prisionero por M. Silano, legado de Escipion, sucediéndole Asdrubal, Gisgon y Magon en el principal mando, que solo mantuvieron hasta el año siguiente de 548, en que los obligó Escipion á dejar la provincia, concluyendo con el mando cartaginés en España.
Cn. Escipion, hermano del cónsul P. Cornelio Escipion, fué el primer capitán romano que consta haber venido con el ejército y armada á España, en el año 536 de Roma, siendo cónsules P. Cornelio Escipion y Tito Cornelio Longo, el 218 antes de J. C. Desembarcó en Ampurias y comenzó á reducir unos pueblos á su dominio y otros á su alianza, haciendo declaradamente la guerra á los cartagineses, sobre quienes logró algunas ventajas, llegando poco á poco á hacerse dueño de la provincia y obligándoles á retirarse á la Bélica y la Lusitania. Uniósele su hermano P. Escipion, pero separados los celtíberos de la alianza de Roma, ambos capitanes fueron vencidos por los cartagineses, quienes aseguraron su dominación, y hubieran puesto término á la ambición romana, sin las victorias de L. Marcelo, que unidas á los esfuerzos de los dos Escipiones, decidieron tan obstinada lucha, después de una serie de sucesos prósperos á las armas de Roma, logrando la completa espulsion de los cartagineses, etc.
Los españoles que se habían unido á Roma para sacudir el yugo cartaginés, se encontraron con otro mucho mas pesado; las vejaciones que los pueblos esperimentaban continuamente por la rapacidad de los pretores y demás magistrados romanos, fueron causa de sucesivos disgustos y nuevas revueltas. Los lusitanos y celtíberos volvieron á tomar las armas y avivado mas su encono con la perfidia del pretor Galba, consiguieron muy señaladas victorias acaudillados por el célebre Viriato. Los triunfos de este guerrero llenaron de sobresalto á Roma misma, al paso que los segedanos y algunos otros pueblos, entre ellos los numantinos, abrazaban también la causa de la independencia. Varios sucesos señalaron estas campañas en las cuales triunfaron alternativamente la noble decision de los españoles, y la disciplina y valor de los roma—

domingo, marzo 21, 2010

Viage ilustrado (Pág. 463)

den de San Juan de Jerusalen, y el 13 de noviembre tomaron posesión de la isla los caballeros, que se designaron desde entonces con el nombre de caballeros de Malta, siendo su primer gran maestre en esta ciudad, Villiers de l'Isle—Adam. La orden, en los cinco primeros años, hizo una guerra terrible á los turcos, causándoles tan viva inquietud, que Solimán, irritado, acudió á la cabeza de un ejército formidable á sitiar á Malta. Este fué el sitio que cubrió de gloria á los caballeros de Malta, y particularmente al gran maestre Juan de la Valette. Los turcos se vieron obligados á levantar el sitio, después de haber perdido lo mas escogido de su ejército. La órden de Malta reparó, en breve sus pérdidas y los estragos de la guerra, y los sucesores de la Valette, hasta el gran maestre Hom-pesck, el último, desposeído por los franceses, se han ocupado siempre en aumentar las fortificaciones de la isla, de adornarla de edificios y de engrandecer su comercio.
Hasta hace poco tiempo Malta se había considerado como inespugnable, pero el 11 de junio de 1798 fué tomada por los franceses, á las órdenes del general Bonaparte, aunque algunos meses después, los mismos franceses fueron atacados por las escuadras combinadas de ingleses y portugueses al mando del almirante Nelson. Las hostilidades comenzaron por la insurrección de los malteses, viéndose bien pronto reducidos los franceses á la sola ciudad de Malta. Hicieron salir de ella á la mayor parte de sus habitantes, y sostuvieron un sitio que duró cerca de dos años, y que debe mencionarse entre las operaciones mas memorables de la guerra. El hambre mas horrible pudo reducirlos únicamente á abandonar tan importante conquista. Desde el 23 de setiembre de 1799, según un estracto de un diario de la ciudad, certificado por el general Vaubois, un pollo se vendió á 60 francos, un par de palomos á 24, un conejo a 12, un huevo 80 céntimos, la carne de caballo á dos francos la libra, un ratón al mismo precio, y el pescado á seis francos la libra. El 1.° de julio estaban agotadas todas las provisiones de boca, las cisternas se hallaban secas y se habian declarado infinitas disenterias.
En este estado se hallaban las cosas, cuando la valiente guarnición recibió la octava intimación de rendirse, á la cual todavía respondió con la firmeza que á las anteriores. Solamente en el momento en que no quedaba pan sino para tres dias, fué cuando el general Vaubois se decidió a capitular el 6 de julio de 1800.
La isla de Malta por el tratado de Amiens, debió haberse devuelto á los caballeros, pero en menosprecio de este tratado, los ingleses quisieron conservarla, por lo cual comenzaron nuevamente las hostilidades entre Inglaterra y Francia, de manera que la suerte de esta isla fué incierta hasta 1814, en que se reconoció que pertenecería a la Inglaterra.
La costa meridional de Malta no presenta mas que escollos y rocas inabordables, pero las demás se hallan guarnecidas de radas seguras y cómodas, aparte de los dos grandes puertos Porto—Grande y Porto di Marza Muscetto, entre los cuales está situada la ciudad Valette.
Malta, la capital, está dividida en tres partes que son, la ciudad Valette, nombre del gran maestre que la hizo edificar en 1566, el arrabal Victoriosa, y la isla de San Miguel ó de la Sangle, porque un gran maestre de este nombre la fortificó. La isla de Gozzo está protegida por una ciudadela construida en lo alto de las rocas, y por los fuertes Migiero y Cambray que se hallan situados en la ribera. La pequeña isla del Comino tiene también un fuerte. Al O. de la isla de Malta se encuentra un gran número de casas de campo, y en la parte del E. veinte y dos aldeas ó caseríos. Gozzo tiene seis pueblecitos.
El suelo de Malta se compone de una especie de piedra calcárea, con una doble capa de tierra vegetal, y el agricultor no puede hacerlo fértil, sino esparciendo en él guijarros convertidos en polvo, con lo cual produce abundantemente. Malta produce los mas hermosos melones de Europa, sus naranjas son igualmente las mas ricas, y no hay otro pais que tenga rosas de tan dulce y agradable perfume. La isla está cubierta de naranjos, limoneros, almendros, viñas, olivos é higueras. Las cercas de que estos isleños rodean sus campos para resguardar del viento las plantaciones, impiden á la vista gozar del efecto de aquella estension de verdura, que contrasta singularmente con las altas rocas talladas á pico, y con enormes y vetustas grietas. Los asnos y los perros de esta isla son escelentes, y los romanos apreciaban y buscaban mucho estos últimos.
Los campos de Malta y de Gozzo merecen recorrerse y examinarse por los aficionados á la antigüedad y á los fenómenos de la naturaleza. Las ruinas de la Torre de los Gigantes, que se ve en Gozzo, han atravesado indudablemente muchos siglos, y son, como todos los monumentos que nos quedan de los pueblos primitivos, un conjunto de piedras enormes ensambladas unas con otras, sin ligazon ni cimiento. Al Oeste de Mdina se encuentran los restos de un templo de Proserpina.
Como los malteses han vivido casi siempre con estrangeros, parecen también un conjunto de muchas naciones. Su carácter es una mezcla singular del vigor africano, de la altivez española, de la finura italiana y de la alegría francesa. Su idioma tiene principalmente por base el árabe, pero se encuentran en él voces de otras muchas lenguas. Se alimentan con peces, frutas y legumbres.
El pueblo de Malta y de Gozzo es de los que han conservado mas largo tiempo sus antiguas costumbres. En los funerales los malteses hacen que figuren todavía dos mugeres con manto negro, que llevan en sus cabezas braserillos donde queman aromas y yerbas odoríferas, Cuando nace un niño en el seno de una familia bien acomodada, los padres y los amigos se juntan para lo que llaman cucciha, que consiste en presentar al recien nacido, si es niño, dos cestas, una llena de dulces y de trigo, y la otra de dinero, con un escritorio y una espada; y si es niña, una cesta con cintas, seda y agujas. Los malteses creen de buena fé que la elección casual que aquí se obliga á hacer al niño, determina su carácter, gusto y vocación.
Los malteses son muy amantes de las diversiones, esperan con ansiedad los dias feriados, y tienen muchos en su calendario. Una prueba de lo que gusta el divertirse á las mugeres, es que en la mayor parte de los caseríos hacen á los maridos estipular en los contratos de boda, que las han de llevar á la Mnaria, á Ja fiesta de San Juan y á algunas otras. También se ve por el cuidado que tienen en ingerir esta cláusula, la poca libertad de que disfrutan las mugeres en Malta. Pero la fiesta popular y por escelencia deseada, es