sábado, febrero 27, 2010

Viage ilustrado (Pág. 456)


Fortunata, barrio de Pompeya

Por otro lado, y á cierta hora del dia, se veían algunos sugetos de largas togas, subir rápidamente, y con traza de muy ocupados á un hermoso edificio, donde los magistrados administraban justicia: aquellos eran los abogados, activos, charlatanes y dados á los equívocos como se les ve, en nuestros días en Westminster. En medio del recinto había sobre pedestales diversas estátuas, siendo la mas notable la que representaba la magestuosa figura de Cicerón. En torno del patio estaba una columnata regular y simétrica, de arquitectura dórica, donde varias personas atraídas allí por sus asuntos, tomaban el bocado que constituía el desayuno italiano. Recorrían el espacio descubierto, varios mercaderes de bagatelas, ejerciendo su profesión: uno presentaba lazos á una hermosa señora del campo: otro encarecía á un lugareño la solidez de sus zapatos, un tercero, especie de fondista, al raso, como tantos otros que se ven todavía en las ciudades de Italia, llenaba mas de una boca hambrienta con manjares calientes que sacaba de su horno ambulante; mas allá por un contraste que caracterizaba bien la mezcla de confusion y de inteligencia del siglo, un maestro de escuela esplicaba á sus discípulos los elementos de la lengua latina. En una galeria situada sobre el pórtico, y á la que se subia por una escalerita de madera, había también una multitud de personas, pero como era allí donde se trataba el principal asunto de la localidad, aquel grupo tenia el aire mas tranquilo y grave.
De cuando en cuando, se abrian respetuosamente los que estaban en la parte mas abajo para dejar paso á los senadores que iban al templo de Júpiter; situado en uno de los ángulos del foro y lugar de la reunion del senado. Saludaron aquellos senadores con orgullosa condescendencia á los amigos ó clientes que conocían entre la muchedumbre. En medio de los estudiados trages que llevaban las personas de distinción; se veian los sencillos vestidos de los robustos aldeanos que iban á los graneros públicos.
Desde junto al templo se veia el arco de triunfo y la larga calle que le seguía llena de transeúntes. De uno de los nichos del arco saltaba una fueute y lucían sus aguas a los rayos del sol, al paso que sobre la cornisa se dibujaba sombría, sobre el puro azul de un cielo de verano, la estátua ecuestre de Caligula, bronceada. Detrás de las tiendas de los cambiantes, estaba lo que se llama hoy el Panteón y muchos pompeyanos pobres pasaban por el vestíbulo que conducía al interior, con cestas al brazo, para llegar á una plataforma entre dos columnas, donde se vendían varias provisiones, restos de los objetos sacrificados á los dioses.
Delante de uno de los edificios en que se trataban los asuntos municipales estaban unos jornaleros trabajando columnas; se oía el ruido de sus instrumentos, al través de las conversaciones de la multitud. ¡Aun no se han acabado aquellas columnas!
Bien mirado, nada podía esceder la variedad de trages, de rangos, de modales, de ocupaciones de aquella muchedumbre; nada podia esceder á la confusion, alegría y continuo movimiento que reinaban alrededor. Había allí mil indicios de una civilización ardiente y exaltada, en que el placer y el comercio, la ociosidad y el trabajo, la avaricia y la ambición confundían en un solo abismo sus variadas olas, pero cuya impetuosidad no obstaba á la armonía.

martes, febrero 16, 2010

Viage ilustrado (Pág. 455)

peya de esta manera: «Daremos al lector, dice, una idea general de la forma en que estaban distribuidas las casas de Pompeya, y verá que su construcción era según los planos de Vitrubio; pero con toda esa variedad de pormenores, caprichos y gustos, naturales al hombre y que siempre han dado que hacer á los anticuarios. Se entra comunmente por un sitio llamado vestibulum (atrio) en una sala adornada á veces de columnas, pero la mayor parte no las tiene. En tres de los lados hay puertas que dan á las diversas alcobas, entre las que está la del portero, y de las cuales las mejores por lo regular, se destinan á los huéspedes estraños. Al estremo de la sala y á los lados derecho é izquierdo, si la casa es grande, hay dos cuartitos, ó mas bien dos nichos para las señoras de la casa; y en medio del embaldosado se ve siempre un estanque cuadrangular y poco profundo, para recibir el agua llovida que cae allí por una abertura hecha en el techo, abertura que se cierra cuando se quiere, por medio de una cubierta de madera. Esto es lo que se llama el impluvium, sagrado particularmente á los ojos de los antiguos. Alli se colocaban, muchas veces en Roma y pocas en Pompeya, las imágenes de los dioses lares. Ese hogar hospitalario de que tanto hablan los poetas romanos, y que estaba especialmente consagrado á estos dioses, consistía en un brasero móvil.
En el rincón mas distante habia una gran arca de madera, adornada y guarnecida con aros de bronce ó hierro, y fija por medio de clavos sobre un pedestal de piedra, con bastante firmeza para resistir todos los esfuerzos que hiciera un ladrón al robarla. Esta arca se tenia por el depósito del tesoro del amo de la casa: no obstante, como no se ha visto dinero en ninguna dé las encontradas en Pompeya, se supone que servian mas bien para adorno que para otra cosa.
En aquella sala ó atrium, hablando el lenguaje clásico, era donde se recibía á los clientes y personas de baja esfera En las casas de los vecinos mas distinguidos, habia un esclavo llamado atriensis, destinado en particular al servicio de dicha sala; su categoría era alta é importante entre sus compañeros. El estanque del centro debe de haber sido un adorno algo peligroso; pero como sucede con los prados de césped de los colegios universitarios de Inglaterra, estaba prohibido á los transeúntes pasar por enmedio de la sala, puesto que tenían suficiente espacio para hacerlo por los lados. Frente de la entrada y al otro estremo, habia un aposento (tablinum) cuyo piso solia estar adornado de ricos mosaicos, y sus paredes cubiertas de soberbias pinturas. Alli se conservaban los archivos de la familia ó los del empleo público que pudiera tener el dueño de la casa. En uno de los lados de este salon, si puede dársele tal nombre, estaba regularmente el comedor (triclinium), y en el otro, un gabinete que contenia una multitud de objetos raros y curiosos: mas siempre habia un pasadizo escusado para los esclavos, a fin de que pudiesen acudir á las diversas partes de la casa, sin pasar por las habitaciones de que hemos hablado. Todas estas piezas daban á una columnata cuadrada y oblonga, cuyo nombre, en términos técnicos, era perystilum. Si la casa era pequeña, concluía en esta columnata; entonces su centro, por reducido que fuese, formaba siempre un jardin lleno de vasos de flores puestos en pedestales, y debajo de la columnata, á derecha é izquierda, varias puertas conducían á sus respectivas alcobas y a otro triclinium ó comedor; porque los antiguos tenian en general dos piezas destinadas para este uso, una para verano y otra para invierno; ó bien una para todos los dias, y otra para los de convite y recibo. Por ultimo, si el amo de la casa era amante de la literatura, se veia también hacia aquella parte un gabinete, honrado con el nombre de biblioteca; porque bien poco trecho se necesitaba para encerrar los escasos rollos de papyro, que entre los antiguos constituían una colección de libros considerable.
La cocina solia estar al estremo del perystilo. Si la casa era grande no concluía en este, y entonces el centro no era un jardin; en su lugar, se veía á veces una fuente y otras un estanque para conservar el pescado: en la estremidad opuesta al tablinum estaba el segundo comedor, y á los dos lados alcobas o una galería de pinturas (Pinacotheca). Estas habitaciones daban á un parage cuadrado y oblongo, que tenia sobre tres de sus lados una columnata semejante a la del perystilo, al que se parecía mucho, solo que era mas largo. Alli estaba propiamente el viridarium o jardin, en que solia haber una fuente, estátuas, y muchas y vistosas flores. Al otro estremo, el cuarto del jardinero, y en ambos lados de la columnata había ademas cuartos, si la familia era tanta que los necesitara.
El primero y segundo piso casi nunca tenian importancia en Pompeya, como quiera que no estaban construidos sino sobre una parte del edificio y no contenían mas que los cuartos de los esclavos. No sucedía asi en las hermosas casas de Roma, donde el comedor principal (cœnaculum), estaba por lo regular en el primer piso. Las piezas eran pequeñas, porque en aquel delicioso clima, siempre que los huespedes eran muchos, se les recibía en el perystilo o portico, en el recibimiento ó en el jardin. Las salas del banquete también tenian cortas dimensiones, porque los antiguos que cuidaban menos del número que de la elección dé los convidados, rara vez reunían a su mesa mas de nueve personas juntas, y en las grandes casas se servia la comida en la sala de entrada. La serie de piezas que se dejaban ver al entrar, debía producir un efecto muy imponente. Se veía la sala llena de varios adornos y pinturas, el tablinum, el gracioso perystilo, y si se estendia mas la casa, la sala de los banquetes y el jardin, que terminaba el punto de vista con un surtidor ó con una estátua de mármol.
Lo mismo que hoy en París, continua Bulwer, los habitantes de las ciudades de Italia en aquella época, pasaban casi toda su vida en la calle. Los edificios públicos, el foro, los pórticos, hasta los templos podian mirarse como las verdaderas moradas. No es por lo tanto estraño adornasen con tanta magnificencia aquellos puntos de reunion, á que eran afectos por cariño doméstico, por vanidad publica; fuerza es convenir en que el foro de Pompeya ofrecía entonces un aspecto animado. A lo largo de su ancho suelo, compuesto de grandes baldosas de mármol, había de ordinario varios grupos hablando á un tiempo, con aquella enérgica pantomima que adapta un gesto a cada palabra, y que caracteriza hoy mismo a los pueblos del Mediodía.
A uno de los lados de la columnata se veían los cambiantes de moneda; sentados en siete tiendas, rodeadas de mercaderes y marinos de vistosos trages.

viernes, febrero 12, 2010

Viage ilustrado (Pág. 454))

alto parage abierto en la roca, y pavimentado de lava el viagero amigo de las artes sube al monte, y se detiene un instante junto á un sepulcro que se asegura ser de Virgilio y entre las zarzas que acaban de destruirlo, ve elevarse un laurel, del cual coge una rama respetuosamente y va en seguida, si le parece conveniente, a visitar el sepulcro de otro poeta el de Sannazar, que se halla en una iglesia próxima. Al salir de la gruta se camina entre campos cubiertos de altos álamos blancos unidos entre sí por viñas suspendidas de sus troncos, bajo las cuales crecen y pasan en un mismo año cuatro cosechas diferentes.
De repente abre sus flancos una enorme montaña, y en medio de negros castañares y de árboles sombríos se encuentra un valle encantador. Aquí están las estufas sulfurosas de San German; allí las ruinas de antiguos castillos, mas lejos, la célebre gruta del Perro, por todas partes alamedas de gigantescos árboles, y por fin, en medio del valle, en la boca de un bolcan apagado, un lago, cuya mitad está coronada de hileras de álamos. Se llama de Aguano, y contiene las ondas purísimas, que pueblan y animan sin cesar infinitas aves acuáticas.
Las estufas de San German son pequeñas celdas abovedadas, en las cuales desde que se entra, se siente correr el sudor por todo el cuerpo. Apenas puede respirarse en medio de los vapores de azufre que circulan; el suelo quema las plantas de los pies y las paredes están impregnadas de materias sulfurosas.
A algunos pasos de estas estufas se encuentra la gruta del Perro, que es una escavacion en la roca; donde caben tres personas.
Los guias tienen cuidado de llevar consigo un perro para hacer delante de los viageros una esperiencia singular. Lo colocan junto á la cueva, y el vapor que exhala la tierra en este sitio obra tan poderosa y rápidamente sobre el pobre animal, que lo hincha, le produce convulsiones, le quita el movimiento y le pone en el trance de espirar. Los guias lo agarran entonces y lo llevan al aire, y un instante después come y corre como de ordinario. A dos pulgadas del suelo de esta puta se dispara también una pistola, cuyo tiro no sale, y si se baja á tierra una hacha encendida se apaga inmediatamente.
La montaña y el vallecito que forma descansan en una gran hoguera de azufre, y la cumbre exhala continuamente humo y espesos vapores. El valle se llama la Solfatara o la Azufrera, y los naturales sacan de aquí mucho azufre. Cuando se anda por aqui, la tierra resuena bajo los pies, como si se caminase sobre una bóveda, y se siente hervir el agua y se ve salir humo por muchos agujeros. Si uno de estos agujeros se tapa con una piedra grande, la fuerza del vapor no tarda en despedirla á larga distancia. Se ven en rededor de este valle mas de dos mil agujeros semejantes por donde salen sin cesar humaredas de azufre, sal amoniaco, y otros minerales, que los médicos estiman como muy convenientes para la curación de las enfermedades reumáticas y cutáneas.
Puzzoles se halla agradablemente situado sobre la ribera del mar. Junto á él, en las aguas, hay una especie de puente que puede considerarse como la obra mas atrevida de Italia; consiste en catorce pilares de 20 metros de anchura cada uno, y 32 de distancia entre si: en otro tiempo hubo veinte y cinco juntos por arcos, de mas de 16 metros de altura, pero las olas los han roto. Frente por frente de Puzzoles están las ruinas de Baïa, mansion de delicias de los antiguos romanos, á donde acudian para olvidarse de la ambición, y entregarse á toda especie de voluptuosidades. Junto está el lago Averno; sobre el cual pasan hoy impunemente las aves, y que por su cima con el lago Luesino, y su comunicación con el mar, practicada por Agrippa, formaba un tiempo el puerto Julio, cuya estensión y situación ofrecían una retirada segura á un gran número de buques que podían aqui ejercitar cómodamente sus maniobras. Nada mas queda desde el temblor de tierra de 1538, que cambió súbitamenle el aspecto de estos sitios. Cerca de este antiguo puerto están Acheronte, los campos Elíseos y Cumas, de que solo restan ruinas.
Hablemos ya de Pompeya, de la ciudad célebre por su opulencia y por su desgracia que redujo á escombros una de esas terribles erupciones del Vesubio que acabamos de visitar. Para hablar de esta ciudad, hay que citar á Bulwer, el gran novelista inglés, autor de los últimos dias de Pompeya, que tanto revelan el estudio, la perseverancia y el talento empleado por este escritor en averiguar lo que hace tanto tiempo ya se halla reducido á cenizas. Advertimos de antemano que seremos prolijos aqui, y nos estenderemos en las citas de dicho escritor, en gracia de lo interesante del asunto:
«Al visitar esos exhumados restos de una ciudad antigua, dice Bulwer al principiar la obra, que quizá atraen mas al viagero a las cercanías de Nápoles, que las deliciosas brisas, el cielo sin nubes, y los valles alfombrados de violetas ó los bosques de naranjos: al contemplar aun toda su frescura, las casas, las calles, los templos, los teatros de un lugar que existia en el siglo mas orgulloso del imperio romano, bastante natural era que un escritor esperimentado ya en el arte, de resucitar y de fingir, aunque imperfectamente, sintiese un profundo deseo de repoblar aquellas calles desiertas, componer aquellas graciosas ruinas, restituir la vida á aquellos esqueletos que ha podido ver: en una palabra, de salvar el abismo de diez y ocho siglos y dar otra existencia á la ciudad de los muertos.
»La ciudad cuya suerte me suministraba tan hermosa y terrible catástrofe, me suministró también los caracteres mas á propósito con solo mirar á sus ruinas, para el asunto de la escena. La colonia de Hércules, semi–griega, mezclando á las costumbres de Italia tantos usos tomados de los helenos, me ofreció naturalmente los caracteres de Glauco y de Yone. El culto de Isis, su templo en pie, sus falsos oráculos descubiertas, el comercio de Pompeya con Alejandría, las relaciones del Sarno con el Nilo me dieron la idea del egipcio Arbaces, del vil Caleño y del entusiasta Apécides. Las primeras luchas del cristianismo con las supersticiones paganas me sugirieron la creación de Olintho, y los abrasados campos de la Campania, célebres, tanto ha, por los encantos de las hechiceras produjeron sin dificultad la saga del Vesubio. Debo la existencia de la joven ciega á una conversación que tuve por casualidad en Nápoles con una persona muy autorizada. Al hablar de la profunda oscuridad que acompañó á la primera erupción del Vesubio, cuya historia conocemos, y del nuevo obstáculo que debió presentar á la salvación de los habitantes, me hizo observar que en semejantes ocasiones debian estar mejor los ciegos, y huir con mas facilidad.»
Mas adelante describe Bulwer las casas de Pom–

miércoles, febrero 10, 2010

Viage ilustrado (Pág. 453)


Ermita del Vesubio



Vesubio: vista del interior del cráter


manga de fuego, que viene á ser millones de centellas, millones de piedras cuyo color negro las distingue entre la llama, y que silban, caen, vuelven á caer, ruedan, y de las cuales una cayó á cien pasos de mí. El abismo se cierra de repente, vuelve á abrirse instantáneamente, vomita otro nuevo incendio. La lava mientras tanto sube á las márgenes del cráter, hierve, corre y se dilata en largos arroyuelos de fuego que se destacan 'en los negros desfiladeros de la montaña.
»Yo me encontraba en un verdadero y profundo éxtasis, y hubiera cedido al vivo deseo que me animaba de pasar toda la noche junto á aquel incendio, para ver como lo apagaba el sol á su salida con sus refulgentes rayos, si el viento que soplaba fuertemente y que me helaba, no me hubiera hecho volver á la ciudad.»
Las erupciones del Vesubio, su humo y el fuego que vomita constantemente; el espanto que ha sembrado en torno suyo en distintas épocas; las ciudades y los pueblos que ha hecho desaparecer, no han hecho con todo á los hombres mas prudentes. Portici se ha edificado casi sobre el mismo lugar en que fuéron sepultadas Pompeya y Herculano. Pero antes que visitemos estas célebres ruinas con el detenimiento que se merecen, pero que es compatible al mismo tiempo con una obra como la nuestra, vamos, siguiendo nuestro paseo por los alrededores de Nápoles, á visitar á Puzzoles.
Antes de atravesar la gruta de Posílipo, ancho, y

lunes, febrero 01, 2010

Viage ilustrado (Pág. 452)


Vista del Vesubio
ravilla tan ponderada, que por muy admirable que sea como nuestra imaginación la figura desde que por primera vez oimos hablar de ella, admira mucho mas todavía cuando se tiene la fortuna de visitarla. Un viagero á quien vamos á acompañar junto á su cráter mismo, el autor de las Cartas sobre Italia, nos dejará completamente satisfechos sobre este punto.
«Habiendo llegado á las seis de la tarde á Reuna, pequeño pueblecito mas allá de Pórtici, dice este viagero, dejé el carruage que me condujo, y monté en una mula. Tres hombres robustos me acompañaron con una profusion de hachas encendidas. Comencé por atravesar una senda á cuyos lados había moreras e higueras entrelazadas con viñas vigorosas, que ya se apoyan en estos árboles, ya se levantan independientes sosteniéndose por sí mismas. Me llamaron la atención al paso, hacia la casa, donde Pergolesa acudió para endulzar aquella melancolía feliz y fatal á la vez, que debia hacerle producir á los veinte y siete años su Stabat inmortal, y proporcionarle al propio tiempo la muerte. Después de haber atravesado por espacio de una hora praderas hermosas, llegué á una inmensa lava, que vomitó el Vesubio en una erupción hace ya cerca de sesenta años, y que hizo temblar á toda la ciudad de Nápoles, hasta que después de haberla amenazado un momento, se detuvo donde está ahora. Pero aunque pacifica y apagada, amenaza todavía. Las orillas de esta lava se hallan tapizadas, como las del Sena, de musgo y flores, y sombreadas por todas partes de tiernos arbustos, que una ceniza fecunda baña, por decirlo asi, y alimenta constantemente. Después de haber atravesado un sendero difícil, me encontré sobre rocas espantosas, en medio de la ceniza movediza. Anduvimos penosamente sobre montones de escoria, que rodaban á nuestros pies, hasta que me detuve un momento para contemplar.
«Delante de mí las sombras de la noche y las tinieblas se confundían y hacían mas espesas con el humo del volcan, y flotaban en derredor del monte; detrás de mí el sol, que se acababa de precipitar por las montañas, Cubría con sus moribundos rayos la costa de Posilipo, Nápoles y la mar, mientras que en la isla Caprea aparecía la luna en el horizonte, de manera que en este instante veía relucir las olas de la mar á un mismo tiempo con la claridad del sol, de la luna y del Vesubio. Cuando hube contemplado tanta oscuridad y tanto esplandor, una naturaleza árida, estéril y abandonada por un lado, y risueña, animada y fecunda por otro, el imperio de la muerte y el de la vida, me arrogé en medio de las tinieblas, y continué mi camino, hasta que por fin llegué al cráter.
»Alli encontré, pues, el formidable volcan que arde hace tantos siglos, que ha destruido tantas ciudades, que ha consumido tantos pueblos, y que amenaza constantemente este vasto país, Nápoles, donde en aquel momento se reía, cantaba y bailaba, sin cuidarse ni por asomo de semejante peligro. ¡Qué resplandor alrededor del cráter! ¡Qué atmósfera tan ardiente! primeramente se agita el abrasado abismo, después vomita el aire con un espantoso estruendo, á través de una espesa lluvia de cenizas, una inmensa

domingo, enero 31, 2010

Viage ilustrado (Pág. 451)

mayor parte sigue introduciéndose de Inglaterra, por su cómodo precio. El hierro que se saca de la Calabria, aunque de escelente calidad, muy maleable y dulce, y tirado en láminas de las mejores condiciones, no es suficiente para la demanda, y su precio no puede rivalizar con el inglés; pero siempre inspira gran confianza al gobierno el poseer en Sicilia para todo trance estremo los medios de fabricación y los primeros elementos en todos los ramos que tengan relación con industrias tan indispensables como las del vapor, y que tanta influencia tiene en la independencia y defensa de los estados. Todos los trabajos se ejecutan al impulso de dos máquinas de vapor. Las operaciones mas difíciles se ejecutan con facilidad sorprendente, y el taladrar, formar las tuercas y alisar y cepillar superficies de hierro y otras de la misma especie, son obras de un instante, ejecutadas por uno ó dos trabajadores vulgares.
»La fundición de las piezas se encuentra en otra estancia cercana y muy espaciosa, y adyacentes á ellas las oficinas de los cohetes á la Congreve, mistos que en su elaboración han alcanzado aquí modificaciones y mejoras debidas al estudio y á las observaciones de oficiales facultativos napolitanos. Los hornos de fundición son cuatro, y que no habrá inconveniente alguno en aumentar á mayor número si la necesidad lo exijiese, pues, la disposición del terreno permite cualquier ensanche. Una escalera anchurosa y cómoda conduce á la parte del edificio que tiene segundo piso. Se ve, pues, un elegante salon, sostenido por elegantes pilastras de mampostería, y en cuyo ámbito se custodian con el orden de un museo perfecto, los modelos que han servido para los variados hechos, y á donde se irán colocando los sucesivos. Este almacén es ya muy rico, y según el orden y colocación en que se ven dispuestos los artículos, el mas pequeño é insignificante podrá encontrarse con la mayor facilidad cuando se quiera repetir la fundición. Según se dice, el desembolso ha sido de 1.000,000 de ducados; ó sean poco mas de 5.000,000 de ducados, sacrificio no grande para los beneficios que ya se recogen, y que gradualmente se han de reportar, sin tomar en cuenta lo que vale haber emancipado al pais del tributo que en esta parte pagaba al estrangero. La máquina de vapor construida, de trescientos caballos, habrá costado 800,000 ducados; pero ya en las otras de igual fuerza que se están construyendo se nota una economía cuantiosa, y según los cálculos de estos oficiales, los artefactos de la fábrica no saldrán en adelante para el Estado de mayor coste que los importados del estrangero. Ya he indicado que este vasto local linda con el mar, puesto que gran parte de su area ha sido una conquista hecha sobre las aguas Esto permite que se haya practicado por la espalda una dársena que sirve de muelle á donde entran esquifes ó buques de poco calado, á desembarcar los lingotes de hierro ó el carbon, ó bien á tomar las máquinas, útiles ó piezas elaboradas. Sin grande esfuerzo pudieran establecerse verdaderos diques; pero el previsor recelo británico, de que tantas veces ha sido víctima este pais, impedirá absolutamente, ó al menos por ahora, el desarrollo de estas obras. Hasta aqui se ha hecho solo uso del carbon vegetal para la fábrica, puesto que todavía no se ha encontrado el fósil en el reino; pero la abundancia de leñas y arbolado es tal, que se ha de pasar mucho tiempo antes que se deje ver su escasez.»
De esta misma relación oficial vamos á copiar los siguientes pormenores militares de aquel pais: «Las circunstancias en que hace muchos años se encuentra este pais, añade dicha memoria, han obligado al gobierno á convertir en un punto militar y político cierto edificio notable, fuerte y muy espacioso que se deja ver en la llanura arenosa que media entre Portici y Nápoles. Este edificio llámase los Granili. En tiempo de Cárlos III se dejó por muchos años sentir grande escasez de granos, lo cual para una ciudad tan populosa como Nápoles y llena de gente sin ocupación ni arraigo, era un síntoma peligroso que podria trocarse en revolución espantosa, si las comunicaciones por mar se entorpecían, cosa muy fácil entonces por las desavenencias con los ingleses. Para poner remedio mandó levantar este vasto edificio, en donde se encerraban por cuenta del gobierno en la estación conveniente los repuestos del trigo que se espendian luego en los meses de mayor precio al pueblo sin el recargo de los ingresos y de la usura. Fué obra de Fernando VI en 1778. Tiene de largo 2,000 palmos, consta de cuatro pisos su fábrica toda es de bóveda, á un lado y otro de anchos corredores y galerías se abren espantosas estancias que en un tiempo fueron vastos almacenes y hoy sirven para cuarteles.
«Habiendo desaparecido las causas que determinaron la construcción de este edificio, y las circunstancias producido otras necesidades, hoy dia tiene un uso enteramente militar, y puede considerarse como un campo atrincherado que tiene en respeto á la población con los demás fuertes y castillos que guarnenecen á Nápoles. En este inmenso local pueden alojarse hasta 11,000 infantes con 2,400 caballos y dos baterías, habiendo asimismo disposición para que accidentalmente encuentren allí alojamiento los gefes y oficiales de las tropas.
»A lo largo de la ribera, y como guarneciendo la ciudad por uno y otro lado se encuentran los dos castillos el Nuovo y el del'Uovo, que tantos recuerdos tienen en la historia, teatros de las hazañas de españoles y de los inventos militares de Pedro Navarro. Entre estos dos castillejos se encuentra la dársena, lugar también fuerte y murado. Asi el castillo Nuovo como el del'Uovo, que se encuentran aislados, entrándose en ellos por puentes levadizos, se ven guarnecidos por numerosa artillería y custodiados por suficiente número de soldados que hacen el servicio con la mayor exactitud y vigilancia. En ninguno de estos puntos puede entrarse sin una comunicación espresa del ministro de la Guerra. El Caslel dell'Uovo se comunica con el continente por el sitio en que se estrecha mas el mar con el alto monte, donde en parle tiene su asiento en Nápoles. La estrechura es tal que apenas puede pasar un coche, y se cree fuese separado el Uovo de la tierra antiguamente por algún sacudimiento de la naturaleza, y después, subiéndose por unas empinadas ramblas hacia el monte, se encuentran, primero las casernas de Pizzo Falcone, y luego en la cúspide el castillo formidable de San Telmo. Este castillo, que es la llave de toda la posición, tiene una situación admirable y sus obras desde su fundación en tiempo de Cárlos V, se fueron sucesivamente mejorando por los vireyes españoles, y puede considerarse casi por inespugnable. El espectáculo que ofrece Nápoles contemplado desde los torreones de este castillo no puede encarecerse cumplidamente.
Tiempo es ya de hablar del Vesubio, de esa ma–

martes, enero 26, 2010

Viage ilustrado (Pág. 450)

centro y los de los estremos dan entrada á las magníficas escaleras, y los otros dos corresponden á los nichos de las estatuas de Apolo y de Minerva. Sobre el pórtico hay preciosos bajo–relieves alegóricos al objeto de la obra. Una preciosa balaustrada se levanta con catorce columnas jónicas de mármol blanco que sostienen la cornisa, en la cual se apoya un fronton triangular que remata en una bella Parthenope coronando á los genios de la comedia y la tragedia. A los lados de las columnas se ven grabados en grandes letras los dos eminentes triunviratos de aquella escena: al uno, Alfieri, Metastasio y Goldoni; y al otro, Pergolessi, Yommeli y Piccini.
La sala es espaciosa, y tiene seis líneas de á treinta y dos palcos, capaz cada uno de estos de contener una docena de personas. Sobre la puerta de entrada se alza el palco real, ocupando el espacio de los dos del centro de cada piso: todo él está ricamente vestido de grandes paños de púrpura, sembrados de lirios de oro, que cogidos por una corona, caen en largos y gruesos pliegues hacia los lados, sostenidos por dos Victorias. El escenario es grandísimo, y en él han entrado hasta cuarenta y ocho caballos al galope. Es muy agradable el efecto que produce la primera visita, especialmente si es en una noche de gran concurrencia, por algún solemne acontecimiento. Figurémonos ese salon inmenso, cuyo fondo hace resaltar mas el oro y los bajo–relieves simbólicos de sus palcos que llegan á doscientos; lleno de una concurrencia brillantísima, dos grandes torrentes de luz que se multiplican en las perlas de las damas y en los uniformes de los cortesanos; henchido de la melodiosa armonía de una sorprendente orquesta y de los delicados acentos de los primeros cantantes del mundo, que ordinariamente ocupan su escena, y aquella impresión no podrá borrarse nunca, ni aun dentro del mejor coliseo de Europa, del gran teatro de Scala de Milan.
El real teatro del Fondo, construido en 1778 á costa del rey en la plaza de Castelt–Nuovo, tiene un elegante vestíbulo de orden dórico; la sala consta de cinco pisos, y cada uno tiene diez y siete palcos, ademas de los dos grandes del proscenio. Generalmente trabajan en él las mismas compañías líricas y coreográficas del de San Cárlos, y alguna vez sirve para la representación de la antigua comedia napolitana con su música y sus bufones.
El teatro de Fiorentini, vecino á San Giovanni, se fundó en la primera mitad del siglo XVI, para representación esclusivamente de la comedia española. Después se amplió y restauró notablemente hasta darle cinco líneas de á diez y siete palcos cada una, escluyendo los del proscenio. Antes servia para la ópera bufa, pero hoy, queriendo el gobierno renovar las glorias del teatro italiano, ha promovido un concurso á que concurren, todos los poetas napolitanos con sus obras dramáticas, habiéndose establecido para estímulo un premio de 260 ducados de Nápoles á las seis producciones que alcanzan mas aplausos del público, y los sufragios de tres ancianos, célebres autores retirados de la literatura dramática, con lo cual se ha conseguido crear un teatro verdaderamente nacional. El teatro de San Fernando, edificado en 1791, junto á Ponte Nuovo, llama la atención por sus dimensiones y por un hermoso vestíbulo de cinco grandes arcos. El teatro Nuovo, obra hecha en 1724, tiene cinco pisos, y se distingue por su sencillez y buen gusto. Primeramente se dedicó á la ópera bufa, pero hoy da entrada á la semi–seria para agradar al público que lo favorece. Se halla situado en uno de los puntos mas céntricos, inmediato á la magnífica calle de Toledo. El teatro de San Carlino, situado en el Largo del Castello, data de 1770; tiene dos órdenes de paltos y una larga platea: está destinado á comedias de costumbres en dialecto napolitano, que se representan por tarde y noche. El teatro della Fenice, levantado también en el Largo Castello en 1806, consta de tres lineas de palcos, y acostumbra á celebrar dos represenciones por semana de muy chistosas óperas en dialecto napolitano. El teatro Parthenope, está en el Largo della Pigna, y en sus tres órdenes de palcos, en su cómoda platea, en sus adornos y decoraciones quiere imitar al principal. El teatro Sabeto, por último, pareciendo en la forma al de San Carlino, aunque de mas pequeñas dimensiones, sirve de encanto al pueblo por las alegres bufonadas de sus piezas napolitanas. Nos hemos detenido en estos detalles, porque el viagero que desee estudiar las costumbres de este pais, tiene en los teatros realmente ancho campo para sus observaciones.
Habiendo ya hablado detenidamente de la parte interior de Nápoles, enumerando y describiendo cuanto encierra de notable esta ciudad, vamos á hablar ahora de sus alrededores. En primer lugar hablaremos de la fundación de Pietressa, trascribiendo á continuación una relación oficial de un general español que la visitó no hace mucho tiempo. «Se encuentra en la ribera del mar, formando parte de la población de Portici. Es de construcción moderna, pues se principió en 1842, ganándose terreno sobre el mar para mayor regularidad de la planta y mas holgura en las oficinas que se siguen aumentándose conforme se desenvuelve el pensamiento. La fábrica está dividida en grandes departamentos, para fundir, elaborar y ajustar las máquinas, y para conservar utensilios y modelos. Todos estos departamentos reúnen las cualidades de sólida y elegante construcción, de grande ventilación y luces, y de una disposición tan bien coordinada, que las operaciones se pueden ejecutar sucesimente, por su orden natural sin perder tiempo y sin encontrar embarazo.
»La realización de este útil proyecto es debida á la buena voluntad del gobierno de S. M. Habiendo introducido en sus estados la aplicación del vapor á la navegación, en las fábricas y en los caminos de hierro, conoció la importancia de tener un establecimiento donde desde luego pudieran repararse los máquinas averiadas, y después aspirar á la construcción de otras nuevas.
»En este establecimiento trabajan seiscientos jornaleros, de los cuales doscientos son soldados sacados de los cuerpos, que toman sobre su sueldo una pequeña gratificación de quince granos al dia. Se ha construido ya una máquina de vapor de la fuerza de trescientos caballos, que será colocada en una fragata de guerra que está ya muy adelantada en el arsenal de Castellammase, y dentro de poco se concluirán otras máquinas de igual poder. Una parte principal de las locomotoras que corren en los ferrocarriles del reino, que ya son cuatro, son obras de este establecimiento, que en sus oficinas no cuenta empleado, ni mecánico, ni trabajador que no sea napolitano, si se esceptúa un ingeniero inglés y un modelista francés.
»En lo que se muestra todavía escasez es en la primera materia, quiero decir, en el hierro, que en su

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ligioso celo con que los españoles llevaron á aquellas tierras el culto y la devoción hacia la milagrosa Virgen cesaraugustana.
Todas las mañanas cuando las primeras luces de la aurora venían á disipar las tinieblas de nuestra habitación, la primera que distinguíamos desde nuestro lecho á través de una gran ventana eran los parduscos torreones de San Telmo, arrancando en atrevidas líneas sobre el pintoresco follage de su frondosa colina. Algunos momentos después, asi que el sol asomado al horizonte le enviaba sus primeros rayos de color de fuego, la vista del castillo se convertía en una de las mas alegres y risueñas perspectivas; hasta que el sol bajando como un hábito talar que se vistiera por la cabeza, descendía de los muros del fuerte á las faldas de la colina, desde esta á las torres de la ciudad, desde las torres á las azoteas, y desde las azoteas al golfo, dando animación y movimiento á Nápoles.
Castel–Nuovo fué construido en 1283 sobre las ruinas de un monasterio á la orilla del mar por Carlos I de Anjou, á semejanza de la Bastilla de París. Robustecido con cinco altísimas y magestuosas torres que correspondían á los antiguos métodos de fortificación, quedó constituido en una poderosa defensa de la ciudad. En el siglo se le agregaron las obras de su recinto, y al principio de la dominación española se multiplicaron los medios de fortaleza; pero el 16 de marzo de 1546, le sucedió lo que á Castel San Telmo, que incendiados los depósitos de la pólvora por descuido de la guarnicion esperimentó un gran destrozo ocasionando muchas víctimas. Posteriormente se repararon aquellas ruinas, y en la época de Cárlos III se le hicieron las últimas obras de fortificacion, las cuales le han dado una resistencia admirable.
Castel–Nuovo tiene un monumento artístico de magestuosa proporción y extraordinario mérito en el soberbio y gigantesco arco triunfal de Alfonso I de Aragón. Su elegante arquitectura, sus bellas estátuas y sus lindos relieves, le han dado fama de una de las obras mas estimables que pueden verse en este género. Una descripción de las bellezas que contiene seria larguísima, y no revelaria el valor de aquella erguida mole trabajada por el cincel de unos cuantos artistas célebres.
Las magníficas puertas de bronce, tan celebradas por todos los viageros, son verdaderas maravillas del arte, por el primor y el lujo de sus numerosos y gran des trabajos de talla. En escelentes cuadros de rica composicion, ha revelado el buril preciosos asuntos históricos con una precision y maestría, dignas de la ilustrada época á que pertenecen. El período de la casa de Aragon, fué el de mas prosperidades y mayores adelantamientos para el reino de Nápoles. Aquella pelota de artillería que aun permanece clavada en el bronce, nos recuerda nada menos que el glorioso dia en que con heróico ardimiento se apoderó de esta fortaleza el bizarro conde Pedro Navarro, poniendo á los franceses en vergonzosa confusion, merced al nutrido fuego de los arcabuces y falconetes españoles. Como esto, son tantos los recuerdos que de nosotros conserva este castillo entre sus oscuros torreones, que no había noche, que al verle avanzando dentro del mar en aquella oscuridad inmensa, denotando sus ventanas por las luces que ardían en el interior, que mas bien parecían otras tantas pupilas de la fortaleza, no oyésemos en sus muros algún eco memorable, fingido por las olas del golfo, ó alguna sombra en sus almenas que nos recordarse al pagecillo del Gran Capitán, el atrevido Pelaez, que á costa de perder una mano ganó la corona mural el dia de la esplosion de la mina y del asalto de Pedro Navarro.
Castel del'Uovo, llamado asi por su semejanza a un huevo, está situado sobre una gran roca que en forma de isla se levanta en medio del golfo de Nápoles, unida hoy á la ciudad por una hermosa calzada de 120 pasos de longitud. La historia de este enorme peñasco se confunde en su antigüedad con los recuerdos de Lúculo en la romántica isla de Nisida. Guglielmo I en 1154, comenzó la obra de fortaleza, que después no se continuó hasta Federico II, que la llevó á cabo en 1221, bajo la dirección de Fuccio, según testimonio de Vasari. Cárlos I de Anjou lo adornó interiormente, dando en ella alojamiento, durante su permanencia en la Toscana, á Margherita y á Cárlos Martello, primogénito del príncipe de Salerno. Cuando la conquista del Gran Capitán sufrió mucho el fuerte de Castel del'Uovo, especialmente después de haberlo volado en parte con una mina y asaltado heroicamente el conde Pedro Navarro, ni mas ni menos que como hizo con Castell–Nuovo. Mas tarde fué reedificado por los vireyes, particularmente por Felipe II en 1585 y por Carlos II en 1693, como acreditan dos inscripciones, una á la entrada del castillo, y otra bajo un pequeño pórtico.
Castel Capuano, edificado en 1234 por Guglielmo I, y concluido por Federico II, sirvió de palacio real como los anteriores, hasta que don Pedro de Toledo estableció en él los tribunales de justicia y el encierro de prisioneros de Estado. En el ingreso se ven las armas del emperador Cárlos V, y un epígrafe alusivo al mismo monarca.
En el piso bajo hay un león antiguo sobre un pedestal de mármol, y en el principal, ocupado por aquellas oficinas, se ven algunas pinturas de Francesco Ruviales, llamado el Polidorino, y de Cacciapuoti.
Forte del Carmine. Esta fortaleza, situada á la parte meridional del puerto, fué proyectada por Ferrante I, en 1484, continuada por el conde de Peñaranda en 1662, y concluida por el cardenal don Pascual de Aragon poco despues. La insurreccion de Massaniello hizo ver la necesidad de dar importancia a este castillo en que no hemos admirado otra cosa que su actitud guerrera y su escelente posicion en uno de los mejores sitios de la ciudad.
Pizzo Falcone es la última de las fortalezas de Nápoles. Establecido frente del Palacio Real, comunica con la altísima colina de San Telmo, por medio de un puente llamado de Chiafa.
Cuando recorrimos todos estos fuertes, nos asombraba su aspecto militar, asomando sus cien bocas de fuego en dirección de las calles principales, dando esto mucha severidad á las peregrinas historias y curiosas tradiciones que revisten esos elevadisimos y antiguos torreones de piedra.
Los teatros: he aqui los verdaderos templos de los italianos, para valernos de la espresiva frase de un distinguido escritor, con tal que asi no lastimemos la fé religiosa, tan característica del pais que visitamos.
El Real Teatro di San Carlo, levantado junto al Palazzo Reale, es una de las grandes obras que mas recuerdan en Nápoles el gloriosísimo reinado de Carlos III. La fachada principal del edificio está formada en parle por cinco grandes arcos, de los cuales el del

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Castillo de San Telmo, en Nápoles


pantoso estruendo produjo casi el efecto de un terremoto. Una inscripción atestigua que luego, bajo el gobierno de don Ramiro Felipe de Guzman, duque de Medina de las Torres, se reedificó toda aquella parte destruida por la detonación de la pólvora. Otro epígrafe que hay en la puerta de la capilla de Nuestra Señora del Pilar, escrito en castellano por Luis Espluga, aragonés, maestre de campo, acredita el re–

miércoles, enero 20, 2010

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las Galateas, las Floras, los Céfiros, las Tersícores, las Venus, y los Amorcillos, figurados en preciosos frescos, entre umbrosas selvas y guirnaldas de flores, forman un cielo y unos horizontes que dan al espacio toda la perspectiva de una risueña primavera. Por todo aquel grandioso edificio no dejan de verse obras tan dignas como las que acabamos de citar.
Finalmente, una numerosa biblioteca, rica en obras raras y en encuadernaciones de mucho lujo, en colecciones de estampas de mucho mérito y en instrumentos científicos de gran valor, y una escelente armería, en que se ven las armaduras primorosamente cinceladas de Ruggiero, Fernando I de Aragón y Alejandro Farnesio, cierra el arsenal de curiosísimos objetos que contiene el real palacio de Nápoles.
El Palazzo de Ministeri, fundado en 1819 por Fernando es otro de los mas notables, sino por su riqueza en reliquias artísticas, al menos por su grandeza arquitectónica. La fachada principal da vista á Castel–Nuevo; en el centro tiene una gran entrada y dos colaterales. Pasando su ancho vestíbulo se encuentran las estatuas de Federico, Ruggiero, Fernando y Francisco de Borbon. La escalera se divide en dos ramos hasta llegar al piso principal, y luego se subdivide varias veces hasta llegar al último piso: en el primero están los ministerios de la Presidencia y de Negocios Estrangeros, en el segundo el de Gracia y Justicia, Negocios eclesiásticos y Policía, y en el tercero el de Guerra y Marina y el de Hacienda. En el mismo edificio tienen cabida las oficinas de varias dependencias del Estado; la de la Bolsa es notable por su pavimento de mármol, por su techo de estuco sostenido por ocho columnas, y por su estátua del célebre Flavio Givia, de Antonio Cali, autor de aquellas cuatro.
El Palazzo di Montecelli, construido en 1406, por Antonio Penna, consejero del rey Ladislao, pertenece actualmente al comendador Teodoro Monticelli, el cual, aficionadísimo al estudio de las ciencias físicas y naturales, ha reunido un museo mineralógico y geológico, célebre por sus numerosos y raros ejemplares.
En la casa del profesor Oronzo Gabriele Costa, puede estudiarse también otra rica colección de objetos, no solamente mineralógicos y geológicos, sino también zoológicos y botánicos, y muchos instrumentos de agricultura y de otras artes é industrias.
En la del juez Salvatore Fusco, se halla un escelente monetario con medallas y otras piezas antiguas de gran provecho para las arqueólogos.
El Palazzo di Maddaloni fué fundado por Diomede Carafa, el cual formó un buen museo de estátuas, bustos, bajo–relieves y sarcófagos, en que se bailaba la cabeza del célebre caballo de bronce, que se salvó de la destrucción de 1322, para dar fé de aquel gran monumento de la antigüedad. Este palacio se eleva en medio de la calle que desde la colina de San Erasmo corre hasta la casa santa de la Nunziata; y tan notable como es por su arquitectura, ofrece desde que fué á poder de la familia Santangelo, un precioso museo, que sustituye dignamente al antiguo de su fundador el conde de Maddaloni. En pinturas tiene obras de Paolo Matteis, Luca Giordano, Paolo Veronese, Alberto Durero, Ribero, Salvator Rosa, Van–Dick, Gaspar Poussin, Caravaggio, Tiziano, Raffaello, Sebastian del Piombo, Guercino, Michel–Angelo y otros grandes pintores. El monetario es riquísimo, pues en él se ven medallas de todos los pueblos de la antigua Europa, y aun del Asia y Africa. Hay un trípode griego de mármol hallado cerca de Cápua, algunos bajo–relieves y mosaicos antiguos, una rica biblioteca, una buena colección de grabados griegos y romanos, y una variada serie de vasos etruscos y de bronces y mármoles de gran valor.
En casa de Agostino Serra, duque de Terranova, se ve otra colección de cuadros en que se señalan magníficos lienzos de Rubens, Van–Dyck, Rigaud y Rafaello.
En la de Giuseppe Taccone, marqués de Silizano se conservan, entre otros, algunos muy buenos de Giulio Romano, Rubens, Tiziano, Tintoretto, Van–Dick, Guercino, Guido Reni, Rafaello y Salvator Rosa; y una biblioteca, entre cuyos curiosos manuscritos está el autógrafo de la Tesseide de Boccacio.
El principe Cassaro, Antón María Statella, tiene en su rico museo pinturas de Andrea de Salermo, Santafede, Rassano, Ribera, Sassoferrato, Stanzioni, Giordano, Elzheimer, Mengs, Aniello Falcone, Vernet, Tintoretto, Rubens, y otros artistas antiguos y modernos.
El del duque de Casarano, Antonio d’Aquino es muy digno de visitarse por las bellas obras que contiene, especialmente de Daniel Volterra, Tiziano, Salvator Rosa, Tintoretto, Santafede, Holvein, Venvenuti, y los retratos de Diego Velazquez pintados por él mismo.
El de Andrea y Francesco Posttglione, formado por el medio de este nombre, conserva buenos lienzos de Salvator Rosa, Guido Reni, Giordano, Seipion Pulzone, Batista Zelotti, Morrone, Montano d'Arezzo y Ribera.
El marqués de Capello posee en su colección algunos de Pussino, el Spagnoleto, Caracciolo, Salvator Rosa, el Domenichino, Giordano y Aniello Falcone.
Encuéntranse en Nápoles otras muchas colecciones particulares y riquezas artísticas que no enumeramos por no ser prolijos, y que hacen tan agradable la estancia del hombre curioso y del artista en esta encantadora ciudad.
Vamos á hablar de los castillos y fortalezas de esta ciudad. Sobre la pintoresca colina donde se halla el monasterio de la Cartuja, se alza esta magnífica fortaleza defendiendo á la ciudad por la parte de tierra. Ya hemos visto desde el mar que Castel San Telmo se levanta á grande altura sobre los mas erguidos campanarios, á manera de un gigante guardian de la antigua Parthénope. No es muy fácil establecer la verdadera época de su fundación; pero lo que es indudable que ya en el vireinato de don Pedro de Toledo fué muy considerado y enrequecido de fortísimos paramentos, según se lee en una inscripción esculpida en la puerta principal del edificio. Su primer castellano fué otro don Pedro de Toledo, sepultado en la pequeña iglesia del castillo, construida en 1547 bajo el diseño del español Pedro Prado, como dice una lápida situada detrás del altar mayor.
En tiempo del conde de Miranda, Castel San Telmo sufrió un gran destrozo á consecuencia de un rayo caido el 13 de diciembre de 1587. Esta exhalación, prendiendo fuego á los almacenes de la pólvora, hizo volar una parte considerable de la fortaleza, causando con su conmoción bastante daño en alguno de los edificios mas cercanos de la ciudad, donde aquel es–

sábado, enero 16, 2010

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rer por las venas! Vamonos de este sitio. ¡Prostitutas beldades, yo os saludo! Nada, no nos despiden para que no nos vayamos tranquilos. Con su inmovilidad y picante gracia nos amarran á los pies de sus pedestales. Pues bien, vamos á contemplarlas una á una, y á palparlas punto por punto, aprovechando su impúdica desnudez... ¡Salgamos pronto de aqui! ¡Hijas de los dioses, no tenéis corazón y os parecéis á casi todas las hijas de Adán!
Estamos en otra sala, en que entre una multitud de estátuas se destacan por su arrogancia y valentía, las de Jove, Homero y Sócrates. Mas adelante Eurípedes, Demóstenes, Anacreonte, Herodoto y otros varios hacen la corte á un soberbio Atlante. Como el pino de Italia sobre el musgo, se alza sobre todas la famosa de Arístides. Buscad esa señal en el pavimento que trazó la mano del célebre Canova, y desde ese punto de vista admirad una de las mas portentosas obras de la antigüedad en ese Arístides, tan erguido y arrogante como pregona su fama de grande.
Próximo está un gabinete reservado en que la célebre Venus Calipia y otras varias compañeras muestran los hechizos de sus cuerpos modelados por el entusiasmo. No es justo que entretengamos al lector tanto tiempo como nos entretuvimos nosotros ante estos prodigios de las artes, ni que les contemos las chistosas anécdotas que han tenido lugar entre esas bellas diosas y algunos viageros.
El toro Farnesio y el Hércules, encontrados en los baños de Caracalla, son también dos maravillas de la escultura que absorben la atención en la sala de los epígrafes, donde la arqueología tiene mas páginas en cerradas en tan estrecho círculo, que quizá encontrará en muchos pueblos reunidos.
Junto á donde está el busto de Paolo III, de Miguel Angelo, pueden verse numerosos y antiguos objetos de uso personal, guardados en grandes armarios: entre otros curiosísimos, los hay adornados de oro, plata y piedras de gran valor. No menos admirables son los utensilios de casa y de artes que contienen las salas de las reliquias de Herculano y de Pompeya. Todo lo que pueda imaginarse se encuentra alli perfectamente conservado. ¡Cuánto ganarían las artes modernas con imitar desde aquellas hermosas lámparas hasta aquellos preciosos utensilios de mesa y de cocina! Mucho podría aprovecharse estudiando sobre cincuenta mil piezas trabajadas con el gusto mas delicado. Después hay también una infinidad de vasos de barro y piedra, hallados en las mismas escavaciones, y hasta diez salas mas, llenas de preciosos vasos etruscos de todos tamaños y de todas las formas conocidas. La gran taza farnesiana, que no tiene otra igual en Europa, consérvase también en este departamento. Fué encontrada en el mausoleo de Adriano en Roma.
Las colecciones de papel son tan curiosas y en tan considerable número, como que en 1753 se hallaron hasta cuatro mil setecientos treinta rollos en las ruinas de Herculano.
En la sala del sarcófago farnesiano se guardan reservadamente muchas esculturas obscenas, que si bien son dignas de verse, no se prestan ni aun á ser nombradas en un libro. ¡Ellas son la espresion mas genuina de los placeres brutales de un pueblo, que habiendo llegado al último grado de la prostitución, no repugnaba ninguna escena; ni aun los crímenes mas nefandos!
La galería de la escuela pictórica napolitana, contiene principalmente lienzos muy estimables del Spagnoleto, y Luca Giordano, y una preciosa Venus del Tiziano; en la escuela boloñesa se distinguen los del Guercino; y en la lombarda, romana y veneciana no faltan algunos de mucho mérito. Pero la mas notable es aquella sala enriquecida con algunas de las mas soberbias creaciones del Raffaello, Andrea del Sarto, Guercino, Annibal Caracci, Spagnoleto, Tiziano, Claudio Lorena, Correggio y Giulo Romano.
No hay cosa mas triste que salir del museo Borbónico: al descontento que se siente, solo es comparable el disgusto que causa á un hombre el despertar de un sueño de felicidad, ó el martirio que sufre una muger hermosa de treinta años, cada vez que ve anochecer el último dia de diciembre.
El Palazzo Reale vino á sustituir á castel Capuano, castel Nuevo y castel dell' Vovo, donde los monarcas de la edad media tenían establecidas sus regias moradas. El virey don Pedro de Toledo, fué el primero que dispuso un real albergue, digno de una corte tan brillante y poderosa, el cual alojó á Carlos V á su llegada á Nápoles. Posteriormente, en 1600, el virrey don Fernando Ruiz de Castro, conde de Lemos, confió al arquitecto Fontana la construcción de ese palacio, enriquecido en 1651 con la magnífica escalera que le agregó el conde de Oñate, ornada con las dos grandes estátuas del Ebro y el Tajo. El incendio de 1837 destruyó en gran parte la obra de los vireyes españoles, y entonces Fernando II tomó á su cargo la reedificación del palacio con toda la suntuosidad y grandeza que actualmente se admira.
El Palazzo Reale ocupa un lugar deliciosísimo, elevando su robusta y elegante mole sobre la orilla del mar, á la entrada de la gran calle de Toledo, y frente del magestuoso templo de San Francisco de Paula. La longitud del edificio es de cerca de 425 pies: en su lado principal tiene ingreso por tres grandes puertas de columnas de granito, ofreciendo en toda la fachada el agradable contraste de la arquitectura dórica, jónica y corintia en sus tres órdenes de pilastras, coronadas de balaustradas de pirámides y vasos. Un reloj ocupa la parte superior de la linea media.
Subiendo por la suntuosa escalera que hemos citado, lo primero que se encuentra á mano izquierda es la preciosa capilla, fundada por el duque de Medina, con sus puertas laterales de lapislázuli, y su bello tabernáculo de cobre y oro. Los salones destinados á las grandes solemnidades de la corte contienen los célebres cuadros de la muerte de Julio César y de Virginia, de Camuccini. También se encuentran los retratos de varios personages, por Velazquez, Rembrandt y Holbein, entre los cuales se distinguen el de Gonzalo Fernandez de Córdoba, por Tiziano, y los de Alejandro y Ranuccio Farnesio, por este mismo pintor y por Rombelli. Recorriendo varias galerias, se admiran magníficas pinturas en techos, paredes y lienzos, de Raffaello, Guercino, Caravaggio, Caracci y Tiziano, Massimo, Stanzioni, Vanaro, Spagnoleto, Corenzio y otros, entre los que los españoles no pueden menos de contemplar con gusto aquellos que representan asuntos de nuestra historia en la conquista del Nuevo Mundo, en la de Nápoles, en la reconquista de Granada y espulsion de los judíos, obras todas de los mas famosos artistas.
En las salas consagradas á los bailes, las Auroras,

miércoles, enero 06, 2010

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colores y de unas cuantas bellas estatuas de Bernini.
L'Anunziata se fundó en 1540 y se enriqueció con buenas pinturas de Santafede, Corenzio, Stanzioni, Lanfranso y Giordano, y esculturas de Merliano y de Bernini; pero fué presa de un voraz incendio en 1757. Veinte y cinco años después se levantó de nuevo por el arquitecto Luigi Vanvitelle con mayor magnificencia. Sus columnas son de mármol blanco de Carrara, y de orden corintio, y sus pinturas de Fieschetti, el Spagnoleto y Mura. La capilla subterránea está sostenida por diez y seis columnas de granito, y ornada de un bello monumento fúnebre de Giovan da Nola.
San Francesco di Paola es una iglesia de construcción moderna; en 1816 fué comenzada por Fernando I, y concluida después por el actual monarca de las Dos Sicilias. Está situada cerca de la antigua área de la de San Luis, rey de Francia. Su aspecto esterior es magestuoso y sencillo: presenta dos pórticos sostenidos por cuarenta y cuatro columnas que descansan en una gradería de lava del Vesubio. En la parte superior del vestíbulo hay tres estátuas colosales de la religion, San Francisco y San Luis; la fachada es semicircular, y forma un gran contraste con la del Real Palacio que está enfrente, constituyendo entre los dos soberbios edificios la gran plaza de la Reggia, con vista al mar por un lado y con salida al otro á la hermosa calle de Toledo. El interior del templo es á semejanza de el del Pantheon de Roma. La gran cúpula está sobre sesenta y ocho columnas y pilastras jónicas de mármol de Moniragone; toda ella se ve revestida en la parte cilíndrica de piedra calcárea del monte de Gaeta, de la cual son igualmente las pilastras, los zócalos, los capiteles y las cornisas del pórtico. Sus lienzos son de Camilo Guerra, Gaspare Landi, Natale Carta y otros, pero los mas notables corresponden á Cammuccini y á Renvenuti. La hermosa estatua de mármol de San Juan Evangelista, es del caballero Pietro Tenerani da Carrara; la de San Marcos, de Fabri, veneciano; y la de San Agustín, de Tommaso Arnaud, napolitano. Una de las mas pintorescas vistas de Nápoles, es la que se goza desde la gigante cúpula de San Francesco di Paola.
El Museo Borbónico de Nápoles es una de las mas grandes maravillas del mundo, por las riquezas artísticas que encierra en su anchuroso recinto. Cualquiera que haya visitado el Real Museo de Madrid, habrá visto una colección mas numerosa de pinturas; el que haya recorrido las galerías del Vaticano y las demás colecciones de Roma con sus ejércitos de estátuas, no tendrá tampoco que admirar mucho el número de las esculturas; pero el Museo Borbónico reúne á una escelente colección de cuadros y á una rica serie de estátuas, el depósito mas grande de otros miles de objetos preciosísimos sacados de entre las ruinas de Herculano, Pompeya y otras ciudades ilustres de la antigüedad. La suma de sus riquezas pareceria fabulosa, á no calcularla delante de sus magníficos é infinitos monumentos de las artes.
Es imposible hacer una descripción de este museo: tampoco pueden siquiera nombrarse los objetos que encierra, porque estos se cuentan por millares; y hay muchos, muchísimos que en su tosca materia encierran un siglo de historia, un completo período artístico y un libro de poesía. Sin embargo, seria un crimen hablar de Nápoles y no mentar siquiera en colección las maravillosas bellezas de su Museo Borbónico.
El edificio es magestuoso, y por lo tanto digno de los tesoros que guarda. Su construcción recuerda al duque de Osuna, al conde de Lemos y á Felipe III.
La primera sala que se encuentra es la de los mosaicos: la vista mas acostumbrada á los prodigios de la antigüedad, el corazón mas familiarizado con las grandezas humanas, se sorprende y se entusiasma. ¡Qué de maravillas compuestas con millones de piedrecitas de colores! Mas allá está la galería de pinturas del príncipe de Salerno. ¡Ved esas vírgenes, esas Venus, esos cuadros bíblicos y esos grupos profanos, y admiraos del genio de Gerard–Dow, Annibale Caracci, del Perugino, de Salvator Rosa, de Sassoferrato, del Guido, del Guercino y de Claudio Lorena!
¡Toda esa naturaleza muda habla un idioma que no conocemos, sufre unos dolores que no sabemos sentir, ó goza de unos placeres que no hemos comprendido nunca!
El Egipto ha concurrido tambien con algunas piezas que revelan los secretos de su sociedad, á hermosear este magnífico palacio. ¿De quienes son aquellas momias tan prodigiosamente conservadas? ¿Serán de reyes, de sacerdotes ó de plebeyos? ¡Que no podamos satisfacer nuestra curiosidad! ¿Y sus almas estarán entre las de los ángeles, ó allá en las hogueras del averno? ¡Qué incertidumbre! Lo que es cierto, que hoy son objeto de admiración y de estudio esa piel árida y seca, esos huesos de piedra y esos cartílagos de hueso. ¡Qué felicidad! ¡Quizá sean los restos de algunos malvados los que van pasando de generación en generación, mientras las carnes de Alejandro y de César fueron pasto de inmundos y asquerosos gusanos!
Alli están las estátuas de bronce de Fauno, de Mercurio, de Nerón Druso, de Hércules enseñando su anatomía muscular al través de su epidermis, y de Séneca, el divino filosofo cordobés.
En seguida se entra en las salas de los mármoles. ¡Aquel atleta asombra, aquel gladiador infunde miedo, y aquellas amazonas á caballo mortalmente heridas, nos hacen esperimentar las amarguras de su dolor! ¡Salve, hermosísima Venus, cariñoso Cupido, divino Baco y alegrillos faunos! ¡Animaos, moles de piedra, y alegradnos con vuestros cantos, vuestros vinos y vuestros besos! Pero dejemos esa tropa celebrando su fría bacanal, y pasemos á la sala de las estatuas dé los emperadores: ¡Qué bellas y elegantes son las de Antonino, Tilo, Marco Aurelio Carino, Caracalla y Adriano!
Esta otra galería lleva el nombre de Flora. Ahi tenemos delante la hermosa estátua de la divinidad. ¡Qué formas, qué encanto, qué seducción! Esa es la sala de Apolo: ¡magnífico es el dios de pórfido! Cerca está otro de basalto, y ambos rodeados de Ceres, de Isis y de una preciosa Diana de alabastro. ¡Qué pueriles son esos amantes que quieren bajar á la tumba con una prenda de su amada sobre el pecho! ¡Aprended de ese dios que hace dos mil años quizá que no se cuida de las deidades que endulzaron sus amores!
La galería de las musas contiene una gran taza en que están esculpidos el nacimiento de Baco, y el dios Apolo en medio de las gracias. ¡Qué estudios tan bellos para los artistas y para los poetas!—Adelante!
Ya estamos en la sala de las Venus. ¡Qué formas tan preciosas, qué voluptuosas figuras, qué perfiles tan delicados, qué miradas tan lánguidas, qué aposturas tan mortales, qué calor tan lascivo se siente cor–

lunes, enero 04, 2010

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San Felipe Neri
San Filipo Neri, es una de las iglesias mas ricas en objetos artísticos. Su forma es la de una basílica tres naves, de arquitectura corintia. La del centro tiene doce hermosas columnas de granito con capiteles de mármol de Carrara. La magnificencia de sus piedras y de sus metales, corresponde á los preciosos cuadros y suntuosas esculturas que contiene, distinguiéndose especialmente las obras de Luca Giordano, Mezzante, Pietro da Cortona, Francanzano, Beriarendino Siciliano, Pomarancio, Guido–Reni, Tintoretto, el Domenichino, el Spagnoleto y otros grandes artistas, que han concurrido á formar una especie de pequeño museo en la sacristía de este templo. La capilla de San Felipe está ornada de vistosos mármoles de

jueves, diciembre 10, 2009

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éste, Roberto y Giovanna I continuarán tan prodigiosa obra hasta su consagración en 26 de febrero de 1368. Es verdaderamente una sorpresa la que causa la perspectiva interior de este edificio, por el gusto y la riqueza con que todo él está decorado. El altar mayor y las capillas principales llaman estraordinariamente la atención por la belleza de sus mármoles, en que pintorescamente alternan el verde antiguo, el de Calabria, el rojo de Sicilia y el preciadísimo lapislázuli, entre finos y delicados metales incrustados de piedras preciosas. Las obras mas notables de Lanframo, el caballero Máximo Stanzioni, el Spagnoleto Donenicho Vaccaro, Belisario, Maratta, Paolo de Matteis, Amoibale Caracci, Solimena, Finoglia, Guido, Paolo Veronese, Caracciolo, Bernini y otros grandes artistas, no contribuyen menos á la admiración del viagero. En el Capitolio hay también hermosas producciones de Belisario, Arpino, Viviani, y Massimo Stanzioni. En la sacristía, por fin, las pinturas de este último y las de Luca de Giordano, y el Spagnoleto, no son menos dignas de tan eminentes autores. Por donde quiera que se considere este templo, admira el gusto de los adornos, asombran los prodigios que á porfia han obrado allí las tres nobles artes. Recorriendo el espacioso monasterio, se llega á un balcón que da vista al Oriente, y se recrean los ojos en el mas grandioso cuadro de la naturaleza: á los pies un abismo, y en ese abismo, Nápoles y su inmenso golfo. Desde el Vesubio hasta las verdes colinas de Sorrento, y desde estas hasta la severa Capri, los ojos no encuentran sino maravillas naturales que, ó se esconden en la profundidad en que se ven el mar y las vegas, ó se alzan al nivel del espectador en los mas altas montañas de la izquierda, que van á perderse en la magestuosa línea de los Apeninos.
L'Ascencione, cuyo origen pertenece al 1300, pero que fué reedificada bajo la protección de Michele Vooz, conde de Mola, con el diseño de Lanzaga en 1622, tiene un bello arcángel San Miguel y una Santa Ana debidos á Luca Giordano.
La fundación de L'Incoronata recuerda el palacio de justicia de Roberto y la coronación de su sobrina Giovanna. Los numerosos frescos que adornan el templo, son en concepto público, las obras mas dignas de Giotto. Entre ellos vénse dos retratos de dos personages muy celebres en las crónicas poéticas y amorosas de Italia: el Petrarca y su bella y amadísima Laura. También hay buenas pinturas que se atribuyen á Gennaro di Cola, discípulo del napolitano Simone.
En San Giovanni in Carbonata, después de algunas pinturas de Vassari, de alguna belleza arquitectónica de Amibale Canavello, y de los sepulcros de Ferdinando Sanseverino, príncipe de Bisignano, el jurisconsulto Niccolo Capasso y el médico Niccolo Cirillo, admíranse con profundísimo respeto por su grandeza y egregia magnificencia las tumbas del rey Ladislao, erigida por Giovanna II y de Sergianni Caracciolo, célebre por los favores con que le honró la fortuna en la corte, y por la horrorosa muerte que le hizo dar en Castel Capuano el 25 de agosto de 1432, su hermosa enemiga Cavella Ruffo, duquesa de Sessa.
El Carmine Mayore, levantado por los monges que volvían del monte Carmelo, guarda las cenizas de los desgraciados Corradino y Fernando, duque de Austria, decapitados por Cárlos d'Anjou el 29 de octubre de 1268.
Santa María di monte Oliveto es una iglesia corintia, que entre un altar mayor de espléndida riqueza por sus piedras, algunas obras de Santacroce, Modamin de Módena, del Merliano, Fabrizio Santafede, Paolo Matteis, Francesco Mura, y otros objetos muy notables, ostenta una porción de sarcófagos de mucho mérito por sus esculturas y por los mármoles amarillo y verde antiguos de que algunos están fabricados. Citaremos el monumento alzado al célebre arquitecto Domenico Fontana, muerto en 1607, el de Marino Curiale, el de Alfonso II de Aragón, y el de Guerrello Origlia. También se encuentran objetos de gran valía en la capilla de la familia Avalos y en la de Picolomini.
San Giaccomo degli Spagnnoli fué fundado por el virey de Nápoles don Pedro de Toledo, cuya sabia y prudente administración vive inmortal en los anales de las dos Sicilias. Al ver el suntuoso mausoleo del virey, nos postramos en tierra á orar devotamente sobre tan noble y digna sepultura, y una lágrima vino á mostrarnos que no puede sernos indiferente un recuerdo tan grandioso de la antigua riqueza de la monarquía española. La estraordinaria belleza del sarcófago, sus bajos relieves de las armas de los duques de Alba y marqueses de Villafranca; los que representan la vida del valeroso don Pedro de Toledo contra Barbaroja y contra los turcos en Otranto, los de las fiestas celebradas en Nápoles á la llegada de Carlos V después de las empresas de Africa, y las elegantes estatuas del virey y de su esposa, no hicieron mas que escitar nuestros recuerdos, y por consiguiente aumentar nuestros dolores. Al retirarnos de la iglesia, largo tiempo consagramos á la memoria de aquel célebre español, no menos que al artista Giovanni Merliano, que tan dignamente lo ha inmortalizado en tan egregio monumento.
Santa María degli Angeli. Esta iglesia corresponde al año 1600, y se fabricó sobre las ruinas de otra que Constanza Doria, princesa de Sulmona, habia cedido á los padres teatinos. En ella se conservan magníficas pinturas y esculturas de Stanzioni, Bernardino Siciliano, Vaccaro y Angelin.
Francesco di Sangro, duque de Torremaggiore, erigió la iglesia de Santa María della Pietá, en cumplimiento de un voto en 1590, pero Raimundo la enriqueció posteriormente con preciosos mármoles y magníficas estátuas. Es admirable la belleza de estas y la de los grandes sepulcros de la familia del fundador, en donde parece que á porfía se han esmerado Queirolo, Celebrano y Corradini en obrar prodigios sobre la piedra. En medio de esculturas tan escelentes hay una de Giuseppe Sanmartino, representando el cadáver del Redentor cubierto con un finísimo velo. ¡Qué sorprendente es esta obra! Al través del velo de mármol se distinguen unas formas tan sabiamente cinceladas, que no parece, como dice un escritor italiano, sino que aquel velo está ligeramente impregnado del sudor de la muerte.
Trinitá Maggiore ó Gesú Nuovo fué fundada en 1584 sobre el antiguo palacio de Roberto Sanseverino. Tiene ricas columnas de mármol africano y de rojo de Sicilia. La cúpula pintada por Lanfrano, quedó destruida por el terremoto de 1688, y en su lugar hay otra del pincel de Matteis. También se ven bellas pinturas de Solimena, Imparato, Giordano, el Sspagnoleto y Bernardino Siciliano, y escelentes esculturas de Bernini, Margaglia, Fanzaga y Naccarini.

viernes, diciembre 04, 2009

Viage ilustrado (Pág. 442)

honra la memoria del artista Fuga. El tabernáculo es de una riqueza inmensa, puesto que entre el brillo de preciosos metales encienden sus lucecitas los topacios de gran tamaño y otras piedras de gran valía. Aqui pueden visitarse las cenizas del eminente poeta Giambatista Marini.
Con San Paolo Maggiore empezamos á visitar las principales iglesias de la época ducal. En este sitio, Tiberio Giulio Tarso, liberto y procurador de Augusto, erigió un templo de bronce y mármol griego, esquisitamente trabajado en honor de Castor y Polux. Hasta el siglo VIII fué la admiración de propios y de estraños ese soberbio edificio pagano de bellas estátuas y de hermosas columnas estriadas de orden corintio; pero en este tiempo, las victorias alcanzadas por los napolitanos sobre los vándalos el dia 25 de enero de 574 y el 30 de junio de 788, fueron eternizadas con la erección de una iglesia consagrada á San Pablo sobre las ruinas del antiguo templo de Castor y Polux. Conservándose aun todo el rico material de la primitiva fábrica, bien puede decirse que al recibir hoy un cristiano en comunión el cuerpo de Jesucristo, pisa la misma losa manchada tal vez con la sangre de los sacrificios de los gentiles. Las pinturas de Santolo Cirillo, Andrea di Leone, Bellisario Corenzio, Marco da Siena, Massimo Stanzioni, Solimena, y otros, y las esculturas de Andrea Falcone, Vauario y Giulio Margagli da Carrara, harán olvidar fácilmente al viagero los preciosos recuerdos que traen á la memoria aquellos antiquísimos pedestales.
En la Iglesia de San Gennaro dé Póveri pueden verse esas admirables catacumbas que sirvieron de refugio á los primeros cristianos, ó tal vez de via de comunicación entre varios pueblos. La pálida luz de las antorchas, el silencio de las tumbas y aquella atmósfera pesada y sofocante, hacen de esta mansion un lugar misterioso, y no sin una especie de terror pánico se recorren sus angostas calles y desiguales plazas, sembradas de cadáveres. Casi puede decirse, que cada vez que se sienta la planta en tierra, se pisa el cráneo de un hombre ilustre ó los mutilados miembros de un mártir. Nunca se abandonan esos oscuros subterráneos abiertos en la piedra viva de una montaña, si haber murmurado algunos rezos divinos en honra de tantas almas como dejaron sus cenizas mortuorias encerradas en aquellas cavernas tenebrosas, escondidas á los rayos del sol; pero abiertas siempre á las plegarias de los devotos. Tres inmensas galerías negras por su oscuridad, algunos objetos religiosos enclavados sobre la concavidad de la roca, sepulcros y huesos blancos: ¡he aqui el pavoroso cuadro que presentan esas sagradas catacumbas!
San Domenico Maggiore es uno de esos templos que á las maravillas del arte y á las riquezas de buen gusto reúnen el valor inmenso de las reliquias que encierran. La iglesia de que nos ocupamos contiene en su recinto una porción de páginas brillantes de la historia de Nápoles; pero si queremos estudiar esa historia, habremos de leerla en los huesos de los muertos que guarda bajo sus augustos mausoleos. Aqui está la grandiosa sepultura del conde de Buchianico, y de su esposa Catarinella Ursino; alli la del valiente Niccoló di Sangro, príncipe de Fondi, á otro lado la del célebre Francesco Carafa; enfrente la de Etlore Carafa; mas acá la de Giovanna d'Aquino, condesa de Mileto y de Terranova; y en el sitio opuesto la de su hijo Cristóforo y su marido Tommosso. La sacristía puede considerarse como la tumba de los príncipes aragoneses: en ella están los sepulcros de Alfonso I, cuyos restos se trajeron á España en 1666; Ferrante I, Ferrante II y su muger Giovanna; Isabella de Aragón, consorte de Giovanna Sforza, el joven, duque de Milan, Antonio de Aragón, segundo duque de Montalto; sus hijos Giovanni y Ferrante, y su esposa María de la Cerda, Antonello Petruici y otros varios ilustres personages. También se ve aqui el vaso de plata en donde se conserva el corazón de Cárlos II de Anjou; pero lo que no puede menos de mirarse con una especie de entusiasmo militar, es el túmulo del valentísimo marqués de Pescara, en el cual hay una inscripción latina de Ariosto. Tanto corresponden los lienzos, los frescos y las esculturas á la estraordinaria riqueza del templo, que basta citar los nombres de Giotto, Tiziano, Caravaggio, Luca Giordano, Alberto Durero y Santafede para significar el valor artístico de tan suntuoso y soberbio monumento, que á alhajas de tanto mérito reúne el recuerdo de haber sido cátedra y morada del celebradísimo doctor Santo Tomás de Aquino.
Concluyamos con las iglesias, cuya fundación corresponde á los tiempos de la monarquía. Santa María la Nuova fué reedificada sobre el antiguo santuario que fundó Cárlos I d'Anjou por Felipe II en 1599. Un buen pórtico con dos columnas de granitos de orden corintio da entrada á este precioso templo. En él hay una suntuosa capilla debida á la piedad del Gran Capitán, donde está la tumba del valeroso conde Pedro Navarro, que se dio muerte con sus propias manos en su prisión de Castel Nuovo. ¡Qué recuerdos tan tristes nos traen á la memoria los prolijos pormenores de la inscripción que hay en esta tumba, debida al eminente escritor Paolo Giovio! Separemos de ella la vista para recrearla en las soberbias creaciones de Francisco Imparato, Fabrizzio Santafede, Corenzio, Luigi Roderico, Caraniolo, Buonarotti, Marco da Siena, Angelo del Fiore, Galeazzo Sanseverino, Tomasso Estefani, Onofrio di Leone, Luca Giordano, Naccarini, Giovan da Nola, Silvestro il Bruno, y Bernini.
Santa Chiara es uno de los pocos monumentos góticos que en Italia lucen sus atrevidos perfiles y elegantes agujas entre los infinitos edificios de antigua construcción romana. Al plantar el pie en el interior de la iglesia, el viagero retrocede lleno de espanto, que también en el pais clásico de las artes ha habido manos profanas que han cubierto con cal los admirables frescos debidos al célebre pincel de Giotto. En cambio los ojos se gozan en los bellísimos sepulcros que en uno y otro lado encierran los restos de grandes personages, tales como Onofrio di Penna, Antonio Gaudino, Antonio Epicuro, Raimondo Cabano, Perotto, la familia de Merlotto, Roberto d'Anjou, Cárlos, duque de Calabria, Giovanna I, María de Francia, emperatriz constantinopolitana, Agnese, hija de esta y también emperatriz, María, hija de Cárlos ilustre, y otros cuantos que reposan en egregias sepulturas, que mas que urnas cinerarias son maravillas de las artes.
Sobre la gigantesca y amenísima colina que á espaldas de Nápoles ocupa la inespugnable fortaleza de San Telmo, se alza uno de los mas ricos y suntuosos templos que ornan la ciudad: San Martino, la Certosa, ó sea el monasterio de la Cartuja, rival de aquella famosísima de Pavía. Su fundación se debe a Cárlos ilustre, por los años de 1325. A la muerte de

domingo, noviembre 29, 2009

Viage ilustrado (Pág. 441)

después, Belisario Corenzio pintó los admirables frescos de la bóveda de la nave, los de la cruz , los del coro y los del sitio de aquel sepulcro en donde el hábil artista reposó en 1643, á los 85 años de edad, muerto de la caida de un palco en que estaba retocando sus pinturas. La cúpula y las cuatro repisas con los doctores de la Iglesia, fueron pintados en 1372 por el flamenco Paolo Schephen; las estátuas de San Pedro y San Pablo que están á los lados de la puerta, son de Michelangelo Naccarini. El pavimento es preciosísimo, compuesto de mármoles de colores, aunque interrumpido por bajos relieves é inscripciones sepulcrales. Hay otras obras notables de Giovami Angelo Eriscuolo, Naccarini, Giuseppe Morulli, Corenzio, Marcos de Siena, Andrea di Salerno, Cosmo Fanzaga, Bartolommeo Chiarini, Benvenuto Tortelli, Sebastian Solisto, Giovan Domenico di Martino, Annibale Cauavello, Bramerio, Girolamo Imparato, Giovanni Antonio d’Amato, Pietro Perugino, Antonio Stabile de Potenza, Fabricio Santafede, Gerónimo d'Auria, Pietro della Pieta (español) y Onofrio de Leone.
Lo mas notable que observamos en la capilla de San Severino, son los tres magníficos sepulcros de sus hermanos Jacobo, Segismundo y Ascanio, envenenados por su tio, con motivo de sus deseos á la sucesión, obras del citado Nola; el coro de nogal con hermosas figuras y ricas labores de talla, de Chiarini y Tortelli; el grupo de la Piedad en la capilla de los Gesualdos, hecho por Domenico de Auria; el órgano, de los célebres Solisto y Martino; el crucifijo de boj que San Pio V regaló á don Juan de Austria á su partida para la batalla de Lepanto, y los dos bellos sepulcros en que se leen epitafios del celebérrimo Sannazzaro. Junto á la capilla de los Médicis se baja á la casa de San Severino, en la que se halla una gran pintura en tabla de Zíngaro, célebre, tanto por ser el fundador de la escuela napolitana, cuanto por las amorosas aventuras que encadenaron toda su vida. A la salida de la iglesia está el vasto monasterio que contiene las mas soberbias creaciones de este pintor y de Corenzio; en cuanto hemos descrito puede decirse que se encierra un riquísimo museo.
Siguen las iglesias de la época imperial. El Duomo ó catedral está sobre las ruinas de dos antiguos templos de Apolo y de Neptuno, y su fundación se atribuye á Constantino; pero es lo cierto que Carlos I de Anjou mandó hacer la construcción en el espacio de la Sommapiaza como el mas digno de tan hermoso templo; Carlos II continuó la obra, que al fin llegó á concluirse, según la planta del famoso arquitecto Masuccio, en el reinado del gran Roberto. Su estilo es gótico y la figura interior de cruz latina con tres naves, con adornos de la invención de aquel artista, que se llamaron boricefali, y bellas esculturas de Pietro Stefani. El terremoto de 1456, hizo tanto daño á la iglesia, que para repararlo fué necesario todo el celo de Alfonso I de Aragón, ayudado del de varios napolitanos. Los arzobispos la enriquecieron posteriormente, como Decio Carafa, que entre otras cosas le puso el rico vaso de basalto egipcio de la pila bautismal, que antiguamente habia servido para el culto de los gentiles; Innico Caracciolo cubrió de estuco las columnas y ornó la nave de en medio y la cruz con pinturas de Luca Giordano; Ranuccio Farnesio hizo construir el órgano de la derecha á Fiustino Da Parma; y Ascanio Filomarino, el de la izquierda á Pompeo Franco, napolitano: bajo el primero hay una curiosa obra de mármol, de Caccavello, y bajo el segundo un trono también de mármol de un célebre escultor del siglo XVI. El cardenal Filippo Caracciolo del Giudice, revistió los muros de mármoles de colores, hermoseó las columnas y restauró los cuadros antiguos. La fachada principal del Duomo tiene tres puertas, siendo notable la del centro por su grandeza, por su arquitrabe de un solo pedazo de mármol y por dos columnitas de pórfido del antiguo templo de Apolo. Las ciento diez columnas del interior son de granito de Egipto, y las admirables pinturas del centro, de Fabrizzio Santafede, Giovanni Vincenzo Forti, Vasari y Luca Giordano. En la capilla de San Genaro hay dos grandes estatuas de San Pedro y San Pablo, de Finelli, y una bellísima verja de hierro, hecha por el diseño de Fanzaga de Bérgamo, que costó cerca de 32,000 ducados; los mármoles de las paredes, las cuarenta y dos bellas columnas, las diez y nueve estatuas de bronce, las pinturas de la cúpula de Lanfranco, los frescos del Domenichino y los lienzos del Spagnoleto y de Stanzioni, alternan dignamente con un suntuoso altar de pórfido, que guarda en su tabernáculo la cabeza de San Genaro y la sangre del mismo santo, que suele liquidarse al ponerla delante de aquella: esta religiosa ceremonia se verifica tres veces al año, en mayo, setiembre y diciembre. El altar mayor de la iglesia sostiene un escelente grupo de mármol, de Bracci, que representa una Asuncion; á un lado está el monumento fúnebre de Caracciolo, y cerca de éste una capilla que contiene pinturas y esculturas muy notables por su mérito, rareza y antigüedad, La capilla subterránea en que se guarda el cuerpo de San Genaro en una urna de bronce, está toda cubierta de mármoles blancos, y sostenida por diez preciosas columnas jónicas; la magnifica estátua del cardenal Carafa se atribuye generalmente al cincel inmortal de Miguel Angelo.
La basílica de Santa Restituta fué edificada por Constantino el año 384 de Jesucristo, sobre un templo de Apolo, y con las columnas de otro de Neptuno. Sus obras artísticas mas dignas de mención son debidas á los pinceles de Luca Giordano, Silvestro Buono, Santolo Cirillo y Francesco Mura. El santuario de Santa María del Principio, recordará al devoto viagero el oratorio en que San Aspreno y Santa Cándida se reunían secretamente para dar culto á la verdadera religion. A la derecha del altar mayor se encuentra la puerta que conduce á la capilla de San Giovanni á fonte, cuya preciosísima cúpula es de un mosaico italo–bizantino del siglo XIII, que representa la vida de Jesús y otros asuntos sagrados. A la salida del templo se encuentra el busto, y junto á él las cenizas del erudito filólogo napolitano Alessio Simmaco Mazzocchi.
La iglesia de los Santos Apostoli se remonta también á la época de Constantino, y está fundado sobre el templo de Mercurio, donde se halló el vaso de basalto egipcio que sirve de pila bautismal en la metropolitana. En 1626 fué reedificada tal como se encuentra hoy, por el célebre arquitecto Francesco Grimaldi, que levantó un templo de estraordinaria riqueza. Merecen alta estimación las pinturas que contiene de Lanfranco, Viviani y Luca Giordano, el bajo relieve de la capilla de la Anunziata, de Fianmingo, los mosáicos copiados de asuntos del Guido y de Pietro de Cortona, y el altar mayor, cuyo suntuoso estilo

lunes, octubre 26, 2009

Viage ilustrado (Pág. 440)

Danza campestre, en Nápoles

ñor, el cual cesó por mandato de Clemente VIII.
La iglesia fué reedificada por los canónigos lateranenses, según el diseño de Pietro di Marino, arquitecto napolitano. Su forma es la de una cruz latina, con ocho capillas laterales, dos en el centro, y una al lado del altar mayor: la arquitectura es de orden corintio. Sus bellas pinturas y esculturas son de Giovanda Nola, Bernardo Lanca, Girolamo Santacroce, Francisco Saverio, y Cándido é Baltassare Ricca. Desde una capilla se desciende á la casa, oratorio y sepulcro de Santa Cándida. En la sacristía se ven unos armarios de nogal bien tallados, y un altar en el fondo con frontispicio de mármol, adornado de delicados arabescos. Al Oriente de la iglesia está el convento de franciscanos, residencia del provincial de la orden, en cuya biblioteca se conserva una escelente pintura en tabla que representa á la Virgen con el Niño y cuatro ángeles dentro de un templete de cuatro columnas obra única que se conoce en Nápoles de Protasio de Crivelli, artista valiente de 1497. En el mismo convento de paños ordinarios dirigida por un hermano de la orden, para el consumo de los hábitos de los frailes.
En los primeros siglos de la era vulgar se edificó una pequeña iglesia en la plaza de Montorio con la advocación de San Severino, á la cual se trasportó en el año 910 desde la isla del Salvador, el cuerpo del santo titular, y diez años después el de San Sosio, hallado en la antigua Miseno, tomando por consecuencia, los nombres de entrambos santos, cuyos restos se condujeron en 1808 á Fratta. En 1490 fue reedificada la iglesia bajo el diseño de Francisco Mormando, célebre arquitecto que luego vino a España protegido por Fernando el Católico; algun tiempo

sábado, octubre 24, 2009

Viage ilustrado (Pág. 439)

capote. Si mueven un brazo, si levantan un poco la cabeza, es para apurar un gran plato de maccharoni cubiertos de queso de la Cerdeña. Si se alzan del suelo es para ir á mover perezosamente los remos de su barquilla, ó para correr como águilas en defensa de su rey. Su juego favorito, que creemos se llama la morra, consiste en ponerse dos, uno enfrente de otro, con la mano derecha cerrada y puesta sobre el hombro: al verlos asi, cualquiera se figuraría que eran dos gladiadores que iban á acometerse; nada de eso, de pronto tenderán los brazos pronunciando cada cual, con un grito enorme, el número que supone ha de señalar el otro con los dedos; el que acierta tantas veces mas que el contrario, es el que gana la partida. Otro entretenimiento muy delicioso para ellos se reduce á admirar las gracias del pulcinella, ó á formar corro alrededor del cantor, que con el libro en la mano, declama con ridículos ademanes los poemas del Tasso y de Ariosto. Esto les produce un verdadero entusiasmo: asi, pues, Reinaldo es su héroe favorito, lo aman con estraordinario cariño. Por eso saben de memoria la Jerusalen libertada, como los helenos sabían la Iliada. En estos sitios suele verse el corriciolo, ese ligerísimo carruage de grandes ruedas y vivísimos colores, que ha inspirado á Alejandro Dumas el título de una de sus obras. En él montan hasta diez y ocho personas algunas veces, aunque mas comunmente diez ó doce, y tirado por un solo caballo, corre como un rayo hasta Pórtici, Resina ó Castellamare.
La religion es lo que debe ser para los napolitanos, lo que debiera ser para otros pueblos que se juzgan estar en mas alto grado de cultura. Pero la civilización, como se comprende en nuestra época, lleva en pos de sí á la desmoralización. El primer dia que vimos una función de iglesia en Nápoles, nos asombró el lujo que brillaba por todas partes: largas y ricas cortinas de seda blancas, encarnadas y celestes, bajaban desde la mitad del lecho en pintorescos pabellones hasta los altares; á pesar de las abrazaderas de oro con que se formaban tan caprichosos pliegues, las colgaduras se mecian azotadas por el viento en agradables ondulaciones; las señoras, especialmente, lucian sus gracias entre ricos aderezos de perlas y hermosos trages de seda guarnecidos de finísimos encajes. Al principio creímos encontrarnos en un salon de baile: fuimos injustos, porque la compostura y recogimiento que luego notamos, nos convencieron de que nada es mas digno que, al rendir homenage un cristiano al Dios trino y uno, arrastre por el templo las sedas y los terciopelos que la inmoralidad ha señalado esclusivamente para los bailes, como si desmerecieran sus matices con el purísimo aroma del incienso al rozarse con la piedra santa de los altares.
La sedería es una de las manufacturas mas importantes de Nápoles: el gró y el tafetán que produce, se estiman mucho en todas las ciudades de Europa. Otras varias telas escelentes son también conocidas en el comercio. El coral, entre otras piedras preciosas, contribuye á formar gran parte de su riqueza. Los principales ramos de importación consisten en café, azúcar, especias, papel, tabaco, tinte, lienzos, paños y otras telas de lana, y por fin, algunos objetos de lujo; la esportacion, en seda cruda y en tejas, aceite, naranjas, limones, algodón, cáñamo, nuez de agallas, lino, azafrán, almendras, cuerdas para instrumentos músicos, pieles de cabras y corderos, y por último, aguardientes y vinos, sin olvidar el escelente lacryma Christi. Pero en general puede decirse que Nápoles elabora y fabrica tanto como corresponde á su rango de tercera capital de Europa.
He aqui trazado en pocas palabras un ligerísimo bosquejo de Nápoles, que hemos considerado indispensable antes de pasar á cada una de sus mas peregrinas preciosidades. La población tiene cerca de una legua de estension de N. á S., media de E. á O. y tres de perímetro. ¡Pero cuántas bellezas se encierran en ese espacio, en medio de ese delicioso vergel del universo y bajo un cielo tan hermoso! ¡Cuánto se goza á la sombra de sus palacios en un dia del estío! ¡Cuánto se disfruta en sus campos en uno de los mas crudos del invierno! ¡Cuánto se siente en su golfo á la luz de la luna, cuando esta se asoma por entre las vides y los laureles de la tumba de Virgilio! ¡Qué mucho que el dichoso hijo de esa tierra, diga al viagero que toca en su puerto: Veder Napoli e poi moriré! Tacha un francés de exagerado al napolitano, porque en su entusiasmo por su patria ha compuesto esa sencilla frase: pues bien, el autor de esta obra, que á la calidad de ser hijo de Sevilla, la encantadora capital de Andalucía, reúne la circunstancia de ser bastante joven, y por lo tanto, tiene los dos títulos para poder exagerar impunemente, confiesa, que al sentir las primeras impresiones en Nápoles, no satisfecho con pronunciar aquella frase, inventó otra que murmuraba á todas horas, de este modo: ¡Veder Napoli, e poi vivere in Napoli, e dopo d’un secólo morire in Napoli!
Hagamos una ligerisima escursion á los principales templos de Nápoles, y en ellos hallaremos tantas bellezas antiguas y tantos monumentos modernos como encierra esta capital bajo el artesón de sus sagrados recintos. Cerca de trescientas iglesias pueden numerarse hoy en la pagana Parténope, contando en los claustros de sus conventos hasta 10,000 frailes y curas, y 45,000 monjas: pero no todas aquellas merecen los tributos de la admiración de los viageros, si bien no son pocas las que contienen bellezas artísticas de primer orden. Recorramos solamente estas, siguiendo las fechas de su fundación.
Dos son las iglesias primitivas, San Pietro ad Aram y Santos Severino é Sosio: aquella, según una antigua y piadosa tradición, está considerada como la cuna del cristianismo en Nápoles, por haber sido el lugar donde San Pedro y San Marcos erigieron un altar el año noveno de nuestra era. Ese antiguo monumento se conserva en grande estima, y de él tomó el nombre de templo que posteriormente se construyó en el mismo sitio. A instancia de Alfonso I de Aragón, Nicolás V lo puso á disposición de los canónigos regulares lateranenses, los cuales á su partida de Nápoles en 1799 lo dejaron á los hermanos de San Francisco, en cuyo poder se conserva hoy. La antigua ara apostólica de que hemos hecho mención se conserva en el atrio de la iglesia, custodiada por una cubierta de hermosas columnas y preciosos mármoles, en que hay un lindo bajo relieve que representa á San Pedro en el mar, y sobre el altar un fresco de un buen pintor del siglo XVI, que figura á este apóstol en el acto de la consagración de la hostia. El fresco en que dos obispos imitan el acto de abrir una puerta con martillos, recuerda el antiquísimo privilegio que gozaba este templo, en atención á su origen, de abrirse en el año santo en la vigilia de la Natividad del Se–

jueves, octubre 15, 2009

Viage ilustrado (Pág. 438)

de libros, de objetos curiosos de cualquiera clase? Pues no os mováis del sofá; dad una campanillazo, decid dos palabras al criado, y antes de diez minutos tendréis tantos comerciantes como habéis necesitado, que abren sus cajas, y os estenderán sobre la cama, la consola, las sillas y el suelo, veinte ejemplares de cada cosa, os lo darán todo por poco dinero, pero os harán comprar mucho, que para eso os han ofrecido instantáneamente el pintoresco panorama de feria. ¿Queréis un frac? Pues lo tendréis concluido en un santiamén, y tan bien hecho y elegante como el que lleva el príncipe de Salerno. ¿Un cicerone? pues al instante vendrá uno que ofrecerá tantas noticias como los manuscritos mas raros de la biblioteca Brancaccia; pero provisionalmente podéis serviros de cualquiera, porque en Nápoles todos saben quien fué Virgilio, que hay de notable en Pompeya, y en que día y hora nació Torcuato Tasso.
El suave trato de los napolitanos, la cariñosa atención de sus hermosas mugeres, y hasta el respeto con que los hijos del pueblo saludan al estrangero, dándole el tratamiento de escelencia, hacen mas apreciable su compañía. No se crea que con este saludo se humilla al pobre; al contrario, sus finos modales le hacen mas estimado del viagero. La esperiencia nos ha enseñado una cosa que debe halagar á los hijos de nuestro pais. En Nápoles, al bretón, al franco, al tudesco, se les habla en francés; al español se le dirige la palabra en italiano: á aquellos se les recibe como á estrangeros que van á admirar las bellezas de Italia, y á dar por consiguiente movimiento á su industria y á su comercio; pero á éste se le acoge como si fuera de casa: á los primeros se les estima como á amigos; al español se le ama como á un hermano. ¡Cuántas veces hemos oido decir: noi siamo fratelli! Esto es general en aquel hermoso continente. Al cerrar un trato, al ofrecer una garantía del cumplimiento de una promesa, y hasta al hacer un amante una protesta de cariño á su amada, no es estraño que oigamos decir: parola spagnola. ¡En tanta estimación está tenida la palabra española! Creemos no equivocarnos al asegurar, que nuestra tradición en toda Italia nos coloca en la categoría de los hombres mas queridos é influyentes en aquel pais. Si de aqui pueden sacarse grandes consecuencias, lo dejemos á la discrecion de nuestros lectores.
La vida del viagero en Nápoles, reúne á los encantos de su suelo, la circunstancia de poderse sobrellevar con no despreciable economía; pero para ello es menester, como suele decirse, conocer el terreno. Cada hombre que abre á nuestra curiosidad las puertas de un monumento, que nos proporciona una noticia, ó que nos señala una belleza, nos exigirá una recompensa; pero tampoco hay nada mas justo que esto. Sin embargo, la exigencia se modifica mucho hasta llegar á ser insignificante el premio, tan pronto como el viagero comprende que quizá con el décimo de lo exigido quedan satisfechos los deseos del pobre napolitano. Por otra parte, la casa, la mesa y el equipo se hallarán tan pronto como se soliciten, con comodidad, elegancia, buen gusto y á poca costa.
En la magnífica y bulliciosa calle de Toledo, se encontrarán objetos para satisfacer cumplidamente casi todas las comodidades y caprichos de la vida; hasta se presentará á nuestros ojos un espectáculo sorprendente. En Madrid no hay ninguna que reúna tan agradables contrastes, que ofrezca tan deliciosa perspectiva: la calle de Alcalá es mas ancha, tiene mas ciclo; pero la de Toledo de Nápoles está preñada, por decirlo asi, de sedas, de tules y de encages, de oro, de plata y de piedras preciosas; de cuantos objetos ha inventado el lujo. Cada puerta nos ofrece un cuadro de los mas finos colores y delicados cambiantes, recordándonos las riquezas del Oriente, ó nos brindan con el pórtico de un palacio lleno de luz y de frescura, y revestido de preciosos mármoles. Esta calle tiene cerca de media legua de longitud, y constantemente está llena de transeúntes, divididos por la doble fila de carruages que, especialmente por la tarde, aumentan los contrastes del panorama con sus elegantes trenes y sus hermosas damas. Apenas el sol tiende sus últimos rayos sobre las orientales azoteas que suelen descansar sobre el quinto piso, el alumbrado público ostenta sus numerosas luminarias, dando una tinta misteriosa á las calles, llenas aun de los postreros resplandores del sol.
Entonces parten los carruages al galope hacia la ribera de Chioja, ancho y alegre paseo que separa del mar la Villa reale, y que por la Mergellina se estiende hasta la falda del Posílipo.
Si desde aqui pasamos á Santa Luccia y al muelle, la decoración es muy distinta; pero el cuadro no deja de tener sus atractivos. El piso del cuartel de Santa Luccia es muy bajo. Fernando I intentó levantarlo, pero halló una enérgica oposición. En este sitio hay algunos objetos de escultura, dignos de notarse: en la calle del Gigante se ve una preciosa fuente de Cosino; al otro lado se descubre otra de Cárlos Fansaga; sobre el manantial de aguas sulfurosas se halla otra en cuyos bajos relieves están representados Neptuno y Anfitrite, con dos hermosos tritones, y una disputa de dioses marinos con motivo del rapto de una ninfa, obra de Domingo Auria. El puesto de. aguador, á manera de un altar, sobre el que se alzan los enormes cántaros llenos del fresquísimo líquido, entre guirnaldas y pintorescas pirámides de naranjos y limones, en la forma y estilo que se encuentran en Andalucía, es lo primero que aqui nos convida con su frescura y con un durísimo asiento; pero á su sombra puede contemplarse un pueblo inmenso, alegre, bullicioso, que ora en lenguaje figurado pondera la escelencia de sus frutas esquisitas, ora en corro familiar, cual si lo velaran las cortinas de una alcoba, desnuda y viste á sus hijos, ora trae agua de la mas vecina fuente para que se lave la anciana, ó para que sirva del mas limpio y saludable baño al cabello de la fresca y púdica doncella, tanto mas honrada, cuanto menos conoce el peligro de enseñar su mórbido cuello, sus pechos blancos como dos armiños, ó su hermosa pierna modelada por el escultor divino.
El muelle es una especie de puerto, principiado por Carlos de Anjou, continuado por Alonso de Aragón y el duque de Alba, y concluido por Cárlos III. Ese pueblo que vive medio dia dentro del mar, y el otro medio tendido al sol ó á la sombra, según la estación, posando la cabeza sobre un canasto estrellado de las escamas de los peces, es el que se presenta á nuestra vista. Ahi viven esos hombres acuático–terrestres, conocidos con el nombre de lazzaroni. Casi siempre están tendidos; una hora pasan á la sombra de su vela latina, y otra al sol junto al castillo del Cármine, saboreando el aroma de su pipa: su uniforme es sencillísimo, un calzón, una camisa azul, y un gorro colorado; en invierno se envuelven en un gran