martes, junio 30, 2009

Viage ilustrado (Pág. 405)

Iglesia de San Pedro en Roma

bóveda del Panteon, y producen el efecto mas admirable. Lo mismo puede decirse de otra gran composición de Bernin, llamada la cátedra de San Pedro, que termina la iglesia de una manera felicísima. Los cuatro doctores que sostienen esta cátedra son de un gran estilo, y tiene cada uno cinco metros de dimensión. A ambos lados de esta máquina colosal hay dos mausoleos hermosísimos de dos papas, Pablo y Urbano VIII. El magnífico pabellón de bronce, de que acabamos de hablar, puede en cierto modo, servir de medida para juzgar de la grandeza del edificio en que está colocado, considerando que desde el pavimento de la iglesia hasta lo mas alto de la cruz que le termina, hay 41 metros de altura; pero como nada es grande sino por comparación, este pabellón, que seria colosal en cualquiera otra parte, no es mas que proporcionado bajo una cúpula cuya altura interior es de 113 metros con un diámetro de 44 (1)
El palacio del Vaticano, donde reside el papa, está junto á la iglesia de San Pedro, y mas que un edificio regular, es un conjunto de hermosos pedazos mal unidos. Cuéntanse en el doce mil quinientas cámaras, salas y gabinetes, y brilla por todas partes la mas estraordinaria magnificencia. La biblioteca que hay en él es muy grande y posee infinitos manuscritos, aunque el tesoro inagotable del Vaticano son los frescos de Rafael.
Las breves líneas en que Mad. Staël describe la visita al Vaticano de Osvaldo y Corina en su célebre novela que lleva el último nombre, nos parecen tan bien escritas y tan dignas del asunto que las inspiraron, que no podemos menos de reproduciarlas en este lugar y en una obra como la presente.
«Fueron primeramente, dice, al Museo del Vaticano, aquel palacio de las estatuas donde se vé la figura humana divinizada por el paganismo, como ahora por el cristianismo los sentimientos del alma. Corina hizo repasará Osvaldo aquellas salas silenciosas, donde están reunidas las imágenes de los dioses y de los héroes, donde la mas perfecta belleza, en eterno descanso, goza al parecer de sí misma al contemplar aquellas facciones y aquellas formas admirables, se penetra no sé de qué designio de la Divinidad con el hombre, espresada en la noble figura con que le dotó; y el alma se eleva en tal meditación á esperanzas llenas de entusiasmo y de virtud; porque en el universo no hay sino una belleza, y con cualquier forma que se presente, escita siempre un movimiento religioso en el corazón del hombre. ¡Qué poseía para aquellos semblantes donde está siempre fija la espresion mas sublime, donde los mas grandiosos pensamientos se vén revestidos de tan digna imagen!
»A veces un escultor antiguo no hacia en su vida mas que una estatua, y aquella era toda su historia, que diariamente perfeccionaba; si amaba, si era amado, si recibía de la naturaleza ó de las bellas artes


(1) Domico Fontana, uno de los artistas mas grandes que empleó Sisto V, en este edificio, calculó que el gasto hecho en su tiempo y hasta entonces, subia á 45.000,000 de escudos romanos, lo cual hace una cantidad aproximada de 245.230,000 de francos. Considérese después el número de mármoles preciosos, pórfido y granito que adornan su interior, añádanse las pinturas en mosaico; estímense los bronces del pabellón y de la cátedra, y lo que han debido costar la plaza y el peristilo, y se verá que no basta con doblar dicha suma; por lo cual debe decirse que un edificio de esta clase no podía en los tiempos modernos haberse hecho sino en Roma, y por soberanos como los papas, que tienen el derecho de obtener estas enormes sumas para el culto de un Dios al cual lo deben todo, y del que son los primeros ministros.

jueves, junio 25, 2009

Viage ilustrado (Pág. 404)

gusto, no fué después sino una de las ideas de Miguel Ángel, el remate de su iglesia de San Pedro. «Vosotros admiráis, dijo él á las naciones, la masa del Panteon, y os espantáis de que la tierra lo sostenga; pues yo lo pondré en el aire.» El genio de Miguel Ángel pronunció estas atrevidas palabras, y su mano lo ejecutó. Dejemos á otros el cuidado de contar todos los mármoles, todo el pórfido, todo el granito que enriquecen el interior de este edificio, que posee ademas el precioso tesoro de las cenizas de Rafael.
Si el Panteón es el mas bello monumento del genio romano, el Coliseo es, sin contradicion», el testimonio mas admirable de su poderío. En el recinto que lo abraza, en la multitud de piedras que lo componen, en la reunion de columnas de todos los órdenes que se elevan circularmente unas sobre otras para sostener tres hileras de pórticos, en todas las dimensiones, en una palabra, de este edificio inmenso, reconocéis inmediamente la obra de un pueblo soberano del universo, y esclavo de un emperador. Vespasiano fué quien hizo levantar este prodigioso anfiteatro, al cual dio el nombre de Flaviano, del nombre de la familia de este emperador, y Colosseum, porque se veía cerca del sitio en que se construyó una estatua colosal de Nerón. Dos mil esclavos judíos, que Vespasiano habia traído de su espedicion á Judea, fueron empleados en su construcción, que quedó terminada en menos de dos años. Su solidez es tal, que habría triunfado completamente del tiempo, si los romanos modernos no hubiesen precipitado su ruina, demoliéndolo para emplear sus materiales en sus construcciones modernas. El palacio Farnesio, la Chancillería, y el palacio de Venecia en Roma fueron edificados con sus restos. La parte izquierda del Coliseo se encuentra felizmente bastante conservada todavía; mas todo lo demás, y casi todo el interior se halla destruido. Los pórticos del piso bajo y los del principal subsisten aun en el lado que mas se conserva, y se ven ademas porciones considerables de bóvedas donde estaban las gradas ó asientos en que se colocaban los espectadores, pero de los cuales no queda ya vestigio alguno. Desde lo alto del plano inclinado que estas bóvedas forman, es desde donde se disfruta todavía del espectáculo de obra tan admirable en toda su estension, y del efecto figurado que debian producir cien mil espectadores reunidos, aplaudiendo unánimemente el triunfo de algún gladiador.
Después de estos principales monumentos, lo que mas recuerda y caracteriza en Roma la grandeza de los antiguos, en sus edificios públicos, es la vista de las agujas ú obeliscos egipcios que se encuentran todavía en algunas de esta ciudad. Los romanos, ilustres bandidos que despojaron á las naciones vencidas de todos los objetos de lujo que en ellas encontraron, cogieron de Egipto, hallando medio de trasportarlas á su pais, aquellas masas enormes, las cuales emplearon después en adornar sus circos y sepulcros. Augusto fué el primero que las dio á conocer en Italia, haciendo colocar en medio del gran circo y consagrando al sol, el obelisco que todavía se ve en la actualidad cuando se llega á Roma por la puerta del Pueblo. En Aurelio Victor, se lee que habia en esta ciudad cuarenta obeliscos semejantes aunque de tamaños distintos. El mas elevado que se ve aun, es el que Sisto V hizo poner delante de la iglesia de San Juan de Letran, y que tiene, comprendiendo el pedestal, 47 metros de altura. Pero el mas hermoso y mejor conservado es el que ocupa el centro de la columnata de San Pedro, y que fué igualmente puesto por orden de Sisto V; es de un pedazo de granito de 24 metros de longitud, y su altura, con el pedestal y la cruz que lo termina, tiene 41 metros. La columna Antonina, que fué levantada en memoria de las victorias de Marco Aurelio es del género de la columna Trajana, y casi tan alta como ella, pero de gusto menos delicado, y adornada con bajos relieves de menor estimación.
El Foro, esta plaza tan célebre en otro tiempo, cubierta de templos, palacios y arcos triunfales, que era el centro de Roma, y por consiguiente del mundo conocido, y el teatro de tantas revoluciones, el Foro, actualmente un montón de ruinas, está reducido al campo de las vacas, Il Campo vaccino.
La moderna Roma no tiene la grandeza de la antigua, pero los edificios que la adornan, la hacen quizá llevar ventaja sobre la de otros tiempos. Esta ciudad, cuando era reina del mundo, no tenia nada que pudiese compararse á la iglesia de San Pedro, al palacio del Vaticano, y tal vez, otras muchas iglesias modernas oscurecen á los templos antiguos por la belleza de la arquitectura, y la riqueza de los materiales y ornamentos. Pero detengámonos enfrente de la iglesia de San Pedro que hemos visto al paso; una plaza magnífica se abre en círculo delante de este soberbio templo; en medio de este inmenso recinto, coronado circularmente de un vasto pórtico que sostiene sobre cuatrocientas columnas magestuosas, doscientas estatuas colosales, se eleva atrevidamente al aire, el magnífico obelisco de granito de que hace poco hemos hablado. No es cosa sorprendente que la iglesia de San Pedro haya venido á convertirse en un edificio tan prodigioso: fué proyectada por Julio II, emprendida por el genio de Leon X que ambicionaba obras maestras, y en fin, al cabo de muchos siglos, acabada por un hombre como Sisto V, que todo lo quería dejar concluido. Este monumento es uno de los mas estensos que se conocen. Divide en dos partes el monte Vaticano, cubre el circo de Nerón sobre el cual se halla fundado, y acaba de formar, entre Roma y el universo, la célebre via Triunfal. Podria amontonarse á mayor altura, sobre una superficie mas grande, mayor cantidad de piedras; pero de tantas porciones colosales, hacer un conjunto que solo respira grandeza, de tantas y tan brillantes riquezas construir un monumento que solo parece magnífico, y por último, de tantas partes hacer un todo, he aqui la obra maestra del arte, y la obra que se debe en parte á Miguel Ángel. Bramante, fué quien hizo el primer plano de esta iglesia, y quien empezó á ejecutarla: él llegó á concebir una cúpula mas atrevida y soberbia que la que tiene, pero pareció imposible el construirla. Miguel Ángel corrigió á su predecesor, é imaginó solamente lo que los hombres podian ejecutar mas grande y magnífico en arquitectura, en una palabra, el último grado de la posibilidad, que es donde el verdadero genio debe detenerse. Se halla edificada en forma de cruz latina, y del centro de esta cruz es desde donde se eleva magestuosamente la cúpula, cuya idea fué concebida por la vista del Panteón. Bajo esta cúpula está el altar mayor. El soberbio pabellón que le cubre y corona es lo que mas llama la atención cuando se entra en el templo; se halla sostenido por cuatro grandes columnas compuestas, las cuales fueron hechas por entonces, lo mismo que la cátedra de San Pedro, con el bronce que se saco de la

martes, junio 23, 2009

Viage ilustrado (Pág. 403)

su monarca dicta leyes como el mas poderoso rey, pone constituciones representativas cuando le parece, las quita asi que se cansa de ellas, y en fin, se entretiene en jugar á la magestad, si nos es permitido espresarnos asi.

ESTADOS ROMANOS.

Los Estados romanos tienen por límites, al N. la Toscana; y la Lombardía y al Mediodía de Nápoles; al 0. E. los baños Mediterráneo, á donde desemboca el Tiber de gloriosa memoria, y al E. el Adriático, sabinos, veyos, samnitas, hérulos, volscos, albunos y otros pueblos famosos por sus luchas contra el imperio naciente de Rómulo, y mas aun por sus derrotas, han formado parte de estas comarcas, que después han venido á ser la herencia de San Pedro. Muchos pueblos bárbaros han pisado sucesivamente el suelo donde se elevaban sus antiguas ciudades, de las que no queda mas que ruinas. Pero por todas partes, gloriosos recuerdos desde Eneas hasta Napoleon, admirables bellezas naturales, cascadas, lagos deliciosos, y soberbios palacios, se presentan al viagero á cada paso que da, y escitan vivamente su atención; pero sobre todo, lo que reasume para él toda la Italia, tanto la de los antiguos tiempos, como la de nuestros días, es la ciudad de las siete colinas, Roma.
Ferrara tiene sus palacios desiertos, las estatuas del Áriosto y la prisión del Tasso; Bolonia su antigua y célebre universidad, sus torres inclinadas y su galería de pinturas; Faenza sus famosos vidriados; Perusa, la gloria de Perugino; Asis, los restos de San Francisco; Ancona la anchura de su puerto y su proximidad á Loreto; Tívoli, sus cascadas, su villa de Este, su villa Adriana y sus deliciosas arboledas que sucesivamente vieron reverdecer Virgilio, Horacio, Catulo y posteriormente Zenobio: Fracati, sus dulces campiñas; Ostia, el último adiós de San Agustin á su madre; Viterbo es la ciudad de las fuentes hermosas, Orvieto, la de los escelentes vinos; Espoleto, recuerda los pelasgos; Rávena, á Teodorico, Narsés y Belisario; Sinigalia , tiene su célebre feria; Benevento, su arco triunfal; Terracina, sus lagunas Pontinas y sus leyendas siniestras de bandidos; Terni, su inmensa cascada, y en fin, Subiano muestra al viagero en el convento de San Benito, sus enramadas de rosales donde circulan blancas serpentinas. Pero todas estas curiosas ciudades, á pesar de su belleza y de los tesoros de historias y de artes que encierran, desaparecen y se eclipsan delante de Roma, como desaparecen las estrellas al venir la aurora. Cuando el viagero desembarca en Civita–Vechia y sube y baja sucesivamente las colinas fluctuantes que rodean las marismas por este lado, atraviesa con emoción la campiña desierta que se presenta ante él; mas bien pronto no mira mas que con ojos distraidos los campos de lirios que bordan el camino, los grandes bueyes que pacen y las cabras encaramadas en la punta de las rocas, y su vista, abarcando el horizonte, quiere devorar la distancia, desea adivinar un punto en el espacio, un punto que ignora, pero que presiente; este punto es la cúpula de San Pedro, Roma.
Apenas ha atravesado los jardines cubiertos de rosales y ha penetrado por la puerta Cavaligiera, comienzan á desarrollarse ante su vista las maravillas de la ciudad eterna. A su izquierda se levantan San Pedro, el Vaticano y su columnata, y á su derecha se ostenta á su vista el castillo de Sant–Angelo; atraviesa el Tiber por un puente adornado de estatuas colosales, sigue la via de los Contadinos, llega á la plaza de España y se halla al pie de la Scalinata; delante de él está el Monte Pimio con la academia francesa, la Trinidad del Monte, y formando ángulo con la via Festocalenda, la casa que habitó Poussin. Después atraviesa el Corso, que por un lado termina en la villa Borghese y por el otro en el palacio de Venecia; el corso, teatro de las carreras de caballos barberinos y de las mil locuras del carnaval.
Es imposible dar un paso en Roma sin encontrar ruinas en mejor ó peor estado que recuerdan toda la serie del pasado, desde las prisiones Mamertinas basta la casa de Rienzi. Entre las que están mejor conservadas se distinguen los arcos de triunfo de los emperadores Tito y Constantino. El primero no tiene mas que una arcada, adornada por dentro de bajos relieves que representan por un lado á Tito, en una carroza tirada por cuatro caballos después de la toma de Jerusalen, y por el otro, el candelero de los siete brazos, la mesa de oro y los demás despojos del templo. El segundo tiene tres arcadas, y fué erigido por el senado y el pueblo romano en honor de Constantino, después de la victoria que alcanzó sobre Maxencio. El arco de Tito esta al pie del monte Palatino. Sobre este monte está el Capitolio, que dio la ley á todo el mundo, y del cual no queda mas que el nombre, pues fué reemplazado por un moderno edificio, que es un museo donde se conservan muchas esculturas antiguas. La roca Tarpeya está enterrada en mas de sus tres cuartas partes. El monte Palatino contiene muchas iglesias, el jardín de Montalto, que es uno de los mas bellos de Roma, y sobre todo la columna Trajana, que está de pie, intacta como si acabara de ser colocada. Esta columna es admirable por sus proporciones, por su forma y por su escultura. Toda la vida militar de Trajano esta esculpida en ella en triunfos, llegando quizá á mil los personages que se ven, entre los cuales el buril y el pincel acuden á buscar todos los dias espresiones, actitudes y formas. Su base es magnífica y se halla revestida de cascos, corazas y de una multitud de instrumentos de guerra.
Pero junto á la plaza Nabona es donde hay que admirar el monumento mas magnífico de la antigüedad, el Panteón, que no se llama sino la Rotonda.
Consagrólo Agripa á todos los dioses, y después los papas á todos los santos, dedicatoria que le preservó de la destrucción que cupo á la mayor parte de los otros templos. Fué despojado, no obstante, de todo lo que constituía su riqueza; perdió sus mármoles, su pórfido, su alabastro y sus bronces, aunque conservó la bóveda, su peristilo y sus columnas corintias, sobre las cuales reposa el fronton de este monumento inmortal. Las columnas tienen la belleza armónica de las proporciones mas perfectas, del mas esquisito trabajo, y el mérito de una duración de veinte siglos. La puerta de la Rotonda es verdaderamente la puerta de un templo, la puerta del Panteón, la puerta por la cual debían pasar las oleadas de las naciones, que todas las creencias del universo arrojaban allí... El diseño de este edificio es sencillo y grande; una vasta cúpula lo corona magestuosamente.
He aqui, pues, el Panteón que espantó la imaginación romana, y que no sorprendió á Miguel Ángel. El Panteón, que fué un pensamiento del siglo de Au–

sábado, junio 20, 2009

Viage ilustrado (Pág. 402)

de Niolo y las agradables y fértiles cercanías de Dalagna. Sus poblaciones mas notables, son: San Florencio, cuya admirable catedral, de estilo gótico, llama la atención de todos los inteligentes; Calvi, plaza fuerte de 1,000 habitantes, arruinada en parte desde el asalto que sostuvo contra los ingleses en 1791; Corte, Olmeto, Sartone, teatro de escenas sangrientas en 1830; Bonifacio y Morosaglia, cuna y frecuente morada del célebre Paolí. Las playas corsas están rodeadas de pequeñas islas, entre las cuales se distinguen la de Rossa, que tiene una pequeña ciudad de 1,400 almas, las poblaciones de Calacucia y Dartelica, y los baños de Guagno, de Pietrapala y otros. Los habitantes de esta isla son en general de un carácter fuerte y vigoroso, al paso que muy dados á la venganza. Entre las gentes notables que aquí han visto la luz primera, pueden contarse la familia de Bonaparte, el célebre guerrero y político Pascuale Paolí, el conde Pozzo di Borgo, Salicetti, Sebastiani y otros, que, asi con sus libros como con sus espadas, han logrado causar la admiración del mundo.
GRAN DUCADO DE TOSCANA.

El Gran Ducado de Toscaza está comprendido entre los territorios de Luca y de Módena, los estados romanos y el Mediterráneo. Esta es la antigua Etruria, donde los pelasgos, los meonios de Lydia, los ligurios y otros antiguos pueblos vinieron sucesivamente á plantar sus tiendas y á traer sus artes y sus creencias. Vencida Roma, los godos, los lombardos, y los francos de Carlo–Magno se apoderaron sucesivamente de esta parte de su herencia. Después, la Roma de los Papas estableció aqui repúblicas, cuyas libertades y riquezas absorbieron en provecho suyo los Médicis. Tal es la suerte de todo lo que es bueno, escitar la envidia y ser objeto de la ambición, porque la Toscana, sobre todo después de la desaparición de las marismas, es un magnífico pais, fértil en todos los productos meridionales, poblado de hombres activos, inteligentes é industriosos, y Florencia, su capital merece su nombre de ciudad de las flores; flores de rosa que caen en festones sobre sus muros, y flores del genio y de las artes, porque es la patria de Miguel Ángel, de Maquiavelo, de Galileo y del Dante, que soñó el infierno cuando fué desterrado de su ciudad natal.
Florencia, situada á orillas del Arno, en medio de una llanura esmaltada de flores, ve elevarse en segundo término y en torno de ella una corona de colinas cubiertas de olivares, de viñedos y de deliciosas aldeas. Sus monumentos son dignos de la ciudad que los contiene. La catedral y la Campanila son de una arquitectura admirable. El palacio Pitti, que hoy habita el gran duque, y cuya base esterior está compuesta de grandes rocas cortadas, admira por de fuera por su sólida construcción , y por dentro por el lujo de sus adornos y por la maravilla que encierra. La plaza del Gran Duque, con su torre de la edad media y su Loggia dú Lanzí, magnífico pórtico adornado de estatuas, obras maestras del cincel italiano, es de un efecto imposible de describir. Si se entra en la iglesia de Santa Cruz, se siente una emoción inesplicable á la vista de los sepulcros de Galileo, de Miguel Ángel, de Alfieri, de Maquiavelo y de Leonardo Bruni, el Aretino. El palacio Strozzi que compone solo una manzana rodeada por cuatro calles, con sus ventanas estrechas, y sus troneras en el piso bajo, que parecen preparadas siempre para las sediciones interiores y las guerras civiles, es un verdadero monumento de arquitectura florentina. No enumeraremos las bibliotecas, los museos, las preciosas colecciones que encierra la ciudad de los Médicis; pero no podemos abandonar sus muros sin hacer mención de la Rotonda, de este tabernáculo del arte, donde la Venus de Medicis se eleva sobre su atrio de mármol, junio á la Niove, enfrente de la Venus del Ticiano, de la Sacra familia, de Andrés del Sarto, y de otras obras maestras escogidas, cuyo grupo está tan felizmente combinado, que nada hay en el mundo con que compararlo.
Añadiremos para que nuestro cuadro sea lo mas completo posible, que Florencia es nombrada por sus mosaicos incrustados de piedras preciosas, sus sederías, sus sombreros de paja y sus porcelanas.
Pisa, la antigua rival de Florencia, y poderosa república comercial en el siglo XIII, es ahora una ciudad llena de encanto y de interés. Su torre inclinada, que se levanta oblicua sobre una vasta plaza invadida por la yerba, cerca de su magnífica catedral de mármol, de su Baptisterio y de su Campo Santo, es uno de esos espectáculos que es necesario ver para apreciarlos. El Campo Santo es un cementerio, pero es lo mas poético que se puede soñar; mas de seiscientas tumbas de mármol de Páros pueblan este religioso recinto, al que decoran frescos de Orcagna; y la tierra misma que lo compone fué traída de Jerusalem por los piadosos guerreros de la tercera cruzada.
Siena es rica, industriosa y muy poblada; apenas se ve en esta ciudad un mendigo. Liorna es el puerto franco de la Toscana, lo que da á su comercio una gran estension. Liorna que no era mas que un pueblo pequeño cuando Pisa florecía orgullosa con sus 120,000 almas, cuenta hoy cerca de 80,000, mientras que esta apenas tiene actualmente 20,000.
A causa de los tratados, el Ducado de Luca ha venido á ser una dependencia del Gran Ducado de Toscana. Durante cerca de cuatrocientos años los lucanos se rigieron por un gobierno democrático, y si se ha de juzgar por su población, comparada á la estension de su suelo, fué un pueblo dichoso y próspero. Los lucanos son industriosos y amantes del trabajo; de su territorio han hecho un vasto jardín que produce granos, viñas, olivares, castaños y moreras, y hay valles tan bien cultivados y fértiles, que dan quince y veinte por uno. Los lucanos tienen también un aire resuelto y modales desembarazados.
Luca es una hermosa ciudad; sus calles son anchas, bien empedradas y adornadas de casas bien construidas. Su fortificación es regular y se compone de once bastiones. El palacio ducal es un vasto edificio, y contiene un arsenal con lo necesario para armar 20,000 hombres. Hay en Luca muchas manufacturas, de seda, y se hace un gran comercio en aceite, mercería, vinos, frutas, y especialmente en aceitunas. Via–Reggio es un pueblo bastante fuerte y el solo puerto de este pequeño estado. Nada diremos del estado de Monaco, cuya capital tiene 1,200 almas, y cuyo principe apenas puede vivir como una persona decente en Madrid.
Con añadir que, segun la atrevida frase de un viagero, toda la estension de Monaco se atraviesa en el espacio en que se fuma ordinariamente un cigarro, creemos que está dicho todo. Pues á pesar de esto,

jueves, junio 18, 2009

Viage ilustrado (Pág. 401)

blicas han hecho marcadísimos progresos en su enseñanza. Como estos, han adquirido también bastante desarrollo algunos otros medios de civilización.
Las costumbres de los sardos no dejan de ofrecer cosas dignas de notarse, como que son consecuencia de su carácter especial y de la ausencia del trato de una delicada sociedad. Su valor y su amor á la independencia se han manifestado en todas las épocas, como por ejemplo, en 1789, cuando por espacio de cuatro años defendieron contra los franceses el paso de los Alpes, y en 1772, cuando la espedicion del almirante Truquet. Por su espíritu independiente, con justísima razón les aplicó Tácito las siguientes honrosas palabras: Jam domiti ut pareant, nondum ut serviant.
En la población de la Cerdeña se han operado dos movimientos opuestos desde el período último del pasado siglo uno que comprende la época que corrió desde la muerte del rey Carlos Manuel en 1775 hasta 1816, y otro desde este año en adelante: tiempo en que se han establecido las nuevas comunicaciones al esterior: el primero ha sido retrógrado, y el segundo progresivo.
Los sardos conservan como por herencia las ideas del odio y de la venganza: son como los habitantes de su vecina isla, la Córcega; el puñal asesino hace muchas víctimas en manos de estos hombres. Parecen nacidos para diezmar el género humano, sin ningún linage de consideraciones, de filantropía y de fraternidad. Son tan horribles las relaciones que hacen de sus crímenes los viageros, que se cuenta de un sardo que estuvo siete años colocado sobre un árbol muchas horas cada día, sin perder uno siquiera, con el solo objeto de vengarse de un enemigo. Al cabo de este tiempo se realizó la terrible venganza. Dícese aun mas todavía: que las mugeres sardas enseñaban á sus hijos diariamente, desde que empezaban á hablar, la camisa ensangrentada de su padre asesinado, con el fin de desarrollar en sus niños desde la primera edad la idea de la venganza, y de que, corriendo el tiempo, el asesino de aquel fuese también asesinado. Asi estos no dudarían del mal de que habían de morir, si los herederos de su víctima habían también de sacrificarlos. ¡Magnífica cadena es esta con que se establece la vida de relación entre los sardos! Es asombros leer que en una población de 490,000 almas se verifiquen mil asesinatos al año!
Estos hombres son comunmente de mediana estatura, de formas bellas y de gran desarrollo muscular, por lo que tienen unas fuerzas hercúleas. Sin embargo de las malas inclinaciones de que hemos hablado, son amigos de conceder hospitalidad, y laboriosos por naturaleza, aunque por educación no practiquen estos actos. Son grandes sus facultades intelectuales, y mucho su gusto, y notable su disposición para la literatura y la poesía. No saben atesorar el oro, porque prefieren gastarlo en objetos de lujo, en ricos manjares para la mesa y en sus diversiones favoritas, la caza y la danza. El equilibrio interior de la familia saben mantenerlo perfectamente para no ver nunca turbada la paz; pero la idea de la venganza que los domina, es capaz de dar en tierra á cada momento con esa tendencia á la armonía del orden.
En sus bailes observan con rigor una costumbre, que, ¡ay! del que ose alterarla. Los casados enlazan las manos tocando palma con palma y cruzando los dedos. ¡Desgraciado el soltero que haga esto con la muger agena ó con la joven con quien no haya de desposarse! Castigo digno de los celibatos.

ISLA DE CÓRCEGA

Siguiendo al viagero ya citado, vamos á ocuparnos aqui brevemente de otra isla notable de Italia, de la Córcega, que cuenta entre sus timbres el haber sido patria de la familia del gran conquistador moderno, del emperador Napoleon Bonaparte.
La Córcega, llamada por los antiguos Kirnos, fué sucesivamente ocupada por todos los pueblos que estendieron su poder hasta esa parle del Mediterráneo.
Habiéndose, hecho independiente en la edad media, fué sojuzgada mas tarde por los písanos y genoveses, contra quienes sostuvo las mas sangrientas y encarnizadas guerras, hasta que estos la entregaron á la Francia en 1786. Esta isla esta atravesada en toda su longitud de S. á N. por una cadena de montañas, cuyas ramificaciones se estienden por toda ella. Sus eminencias mas notables son el monte de Oro y el Rotondo. En las partes montañosas reinan constantemente el frio y la nieve, mientras que en sus valles se desarrolla una admirable y frondosa vegetación, particularmente de viñedos.
Una ancha carretera divide la isla y abre comunicacion entre sus ciudades principales, Bastia y Ajaccio la cual fué comenzada en 1770. Otro camino notable conduce desde Bastia á San Fiorenzo.
Bastia, antigua capital de la Córcega, fué construida en forma de antiteatro, y circundada de apretadísimos bosques. Tiene un puerto pequeño y poco seguro, y su población asciende á 9,500 habitantes, mientras la de su circunferencia llega á 58,000. En ella residen el gobernador militar, el subprefecto y los tribunales superiores. Sus principales iglesias son, la grandiosa y rica catedral, no acabada aun, la Concepcion, y el antiguo convento de San Francisco, convertido hoy en un vasto hospital militar. La biblioteca, existente en el convento de jesuitas, es riquísima por la multitud de legados que se le han hecho.
Ajaccio es la capital actualmente, y residencia del obispo y del prefecto. Está situada en una agradable posición, y tiene un bellísimo puerto. Consta de 9,000 almas.
En la catedral, fábrica del siglo XIV, llama la atención su admirable cúpula y su riquísimo altar mayor. En ella fué bautizado Napoleon en 1771. La casa paterna de este grande hombre se encuentra en una pequeña plaza llamada de Santa Letizia. La ha bitacion donde el bizarro emperador vio la luz primera es objeto de una especie de culto por todos los viageros, á pesar de su miserable aspecto, pues solamente tiene una ventana. Cerca hay un hermoso retrato de Napoleon, debido al pincel de Gerard. El palacio municipal, el teatro, la casa de la familia de Pozzo di Borgo, y la del cardenal Fesch son los edificios particulares mas notables. Este cardenal ha dejado una suma de 400,000 reales para la adquisición de las antiguas propiedades de que gozaba la familia de Bonaparte, y una inmensa riqueza en pinturas que había adquirido en Roma, para establecer en Ajaccio un magnífico museo. La última cosa digna de esta población, es la ciudadela que edificó Enrique II hacia la mitad del siglo XVI.
La provincia principal de la Córcega ofrece vistas tan deliciosas y pintorescas como el amenísimo valle

lunes, junio 15, 2009

Viage ilustrado (Pág. 400)

to, monte muy considerable, que conserva nieve en el verano, y el Limbara, otro monte de notable altura.
Entre todas estas montañas hay numerosas y estensas llanuras, distinguiéndose mucho la nominada Campidano, vega grande y fértilísima, regada por cuatro rios, de los cuales el mas caudaloso es el Tirso, que atravesando la isla, desemboca en el golfo de Oristano. En esta deliciosa tierra, han existido hasta sesenta volcanes, según las tradiciones que en ella se conservan, y el testimonio de la historia.
Las poblaciones principales de la Cerdeña son: Cagliari, cabeza de distrito de la parte meridional de la isla, que consta de 30,000 almas, Sassari, cabeza de distrito de la parte septentrional, muy rica en manantiales de agua, que contiene 21,000 habitantes; y otras, como Oristano, arzobispado de 6,000 almas.
Uno de los edificios mas antiguos, entre los magníficos y numerosos que han ornado esta isla, es el palacio de Medusa, de rara construcion, situado cerca de Laconi y de Sorgano. Lleva el nombre de la maga que pintaban los poetas como la mas hermosa de las princesas de su tiempo, porque parece que nació y reinó en la antigua Sardinia, hoy Cerdeña. Tiene esta, dos universidades, una en Cagliari y otra en Sassari, y una sociedad agraria y económica. El mínimun de sus fuerzas militares de todas armas es de 16,000 hombres; pero en caso necesario pueden ascender hasta cerca de 100,000. La marina sarda es escelente, como acreditó la espedicion de Trípoli.
Entre sus fortificaciones distínguense como las mas notables las que construyeron los españoles en el siglo XVI. Merecen particular mención el pintoresco castillo de Sassari, en cuyo campanario aun lucen las armas aragonesas. Esta fortaleza es de época anterior: fué edificada en 1330, cuando los sardos se rebelaron contra el rey don Alfonso de Aragón.
El número de habitantes que hoy tiene la Cerdeña, es de 400,000. Su idioma es una verdadera mezcla de los de algunos de sus conquistadores, principalmente del griego, del árabe y del español, y tiene la particularidad de carecer de futuro. Por esto se ha dicho que los sardos no pensaban en el porvenir. Ademas de su lengua, usan varios dialectos: el catalán, el genovés y el patuescorso.
Si el comercio de la India, dice un viagero, vuelve algún dia á tomar el camino de Suez y del mar Rojo, la Cerdeña será sin duda, una hermosa y cómoda escala, debida á la buena posición del golfo de Cagliari, el cual es muy á menudo surcado por todos los buques procedentes de Levante que se dirigen al Oeste y al Norte del Mediterráneo. El coral que producen las costas de estas islas es famoso por su hermosura, y constituye uno de los principales géneros de su riqueza, asi como su escelente trigo, el atún que en ella se pesca, que siendo á razón de 100,000 por año, da una renta de 8.000,000 de reales, y la gran cantidad y buena calidad de su queso, que proporciona á los lazzaroni de Nápoles un manjar delicioso unido á sus esquisitos macarrones.
Mucho mas adelantados pudieran encontrarse cntre los sardos la industria, la artes y el comercio, si desde antes de haber empezado á gozar de los beneficios de la paz hubiesen tenido gobiernos protectores y que se hubieran cuidado mas de los adelantamientos de su conquista que de su propio engrandecimiento. Su buena posición para el comercio con el esterior, la proverbial fertilidad de sus tierras y las brillantes cualidades con que la naturaleza ha dotado á los naturales de la Cerdeña, son circunstancias todas muy apreciables, y que favorecidas por una administración protectora, hubiera sido muy fecunda en felices resultados. Pero la aproximación de la isla al continente latino la ha obligado á estar siempre sometida al yugo de los diferentes estados de Italia, habiendo sido muy breves y fugaces los días de su independencia.
De muy poco, pues, lo han valido su ventajosa posición, que abre sus puertos y sus radas al comercio, y atrae la industria nacional y estrangera, y el talento, el valor, la agreste originalidad de los sardos, y otras prendas no menos dignas con que la ha favorecido el cielo, sin duda para que jamás ocupase el miserable lugar que ha ocupado en el cuadro de los pueblos de la culta y civilizada Europa. Asi es que nada han podido las circunstancias favorables que hemos indicado, contra los elementos de ruina que siempre ha abrigado en su seno, los cuales han hecho viciosas sus instituciones, difíciles, sino imposibles, sus obras de comunicación interior, estraña la armonía y el equilibrio social, y frecuentes y familiares solamente el vicio, el pillage, el robo y el asesinato. Si á todo esto se añade la indolencia, hija de la temperatura del clima, que domina á los sardos, tendremos el conjunto de causas que han neutralizado sus facultades y paralizado los progresos de la industria y de las letras entre los moradores de esa isla tan codiciada por los estrangcros.
Por mas que el estado de su civilización sea nada envidiable, no es posible convenir con la Bruyere en el juicio que ha formado de los hijos de la Cerdeña, cuando dice: «Hay en esta isla ciertos animales feroces, machos y hembras, esparcidos por los campos, negros, lívidos, tostados por el sol, pegados a la tierra, que están cavando con una tenacidad invencible, los cuales tienen una voz articulada, y cuando se levantan sobre sus pies presentan un rostro humano, y se ve que con efecto son hombres, se retiran de noche á sus pajares, donde se alimentan de pan negro, de agua y de raices. Esas criaturas ahorran á las demás el trabajo de sembrar, de trabajar y de recoger para vivir, y merecerían ciertamente comer de ese pan que sembraron.» Este juicio, en nuestro concepto, solamente puede ser aplicable á la parte de la población que aun se encuentra en estado semisalvage, y aun asi parece deducirse de sus mismas palabras. A la demás no la consideramos merecedora del lamentable descuido á que ha estado reducida.
La Cerdeña rinde al erario 3.000,000 reales por contribuciones indirectas, y muy cómodamente podría rendir mucho mas, si sus intereses agrícolas no estuviesen heridos de muerto por los muchos feudos que absorben el numerario, sin servir de nada para el cultivo de la tierra. Existen setenla y seis feudos, cuya influencia ya ha sido muy modificada por la autoridad real. Si el gobierno piamontés sigue mirando por los intereses de la isla, nada tiene de estraño que comience á ser otra su suerte. Las reformas introducidas por la última administración ya han empezado á hacerse perceptibles. Un camino real y otras varias comunicaciones han estrechado los vínculos de amistad entre los hijos de Cagliari y de Sassari, acérrimos enemigos antes de las relaciones nuevamente establecidas. Se ha levantado un cuerpo de ingenieros, con destino á los puentes y calzadas, y las escuelas pú–

viernes, junio 12, 2009

Viage ilustrado (Pág. 399)

nova era una de las repúblicas mas antiguas de Europa; su gobierno era aristocrático, y su gefe llevaba el título de Dux, siendo necesario para obtener esta dignidad tener cincuenta años por lo menos. Cada dos años se renovaba el dux y no podia volver á ser reelegido antes de cinco años. Durante muchos siglos, Génova enriquecida por su inmenso comercio cubrió con sus ilotas el Mediterráneo y el Ponto Euxino, y todavía se ven los restos de muchas de sus colonias en las costas del Asia Menor. El ducado de Génova es en general montuoso y poco fértil, y tiene que llevarse casi siempre de Africa, de la Sicilia y de otros países el trigo necesario para su consumo. Génova está situada casi en medio de su territorio, y construida en forma de anfiteatro en la pendiente de una colina y á la orilla del mar. Su población pasa de 100,000 almas.
«Si se quiere ver la calle mas hermosa que hay en todo el mundo, dice un viagero, es menester ir en Génova á la calle Novissima. Sobre dos líneas muy prolongadas y un pavimento de lavas, una multitud de palacios rivalizando en riqueza, en magnificencia y en elevación, ostentan sus pórticos, sus fachadas, sus peristilos brillantes de estuco negro, blanco y de mil colores. Las casas de Génova son muy altas y las calles muy estrechas; el sol no baja á ellas nunca, y parece que Génova está edificada solamente para una estación, parece una ciudad de verano.
«Nada produce un efecto mas singular que las azoteas cubiertas de jardines y remplazando al tejado de los palacios y de las casas, sobre todo, cuando se ve de lejos. No se limitan á cultivar alli pequeños arbustos y enredaderas, las azoteas están construidas de modo que pueden soportar una espesa capa de tierra, de donde descuellan naranjos de mas de seis metros de altura.
En Génova se admira el aseo y el aire resuelto de las gentes del pueblo; las mugeres son muy elegantes y llevan con mucha gracia un gran velo blanco, llamado mazzaro, con el que cubren la mitad de la espalda y los brazos. Los genoveses poseen cultura, talento, libertad en las ideas y una afición marcada al comercio.»
La Cerdeña, al S. de la Córcega, de quien no está separada mas que por un brazo de mar, de 16 á 20 kilómetros, es una de las grandes islas del Mediterráneo. Los griegos la llamaron Ichnusa ó Sardon, y los romanos Sardinia. Algunos pretenden que la piedra preciosa llamada sardónica ha tomado el nombre de este país, y que la risa sardónica era una enfermedad mortal, producida por la raiz de un ranúnculo que se cría en la isla; lo que sí es mas cierto es, que las sardinas que se pescan en sus costas han recibido realmente de ellas su denominación. La población de la isla asciende á cerca de 500,000 habitantes.
Su fértil suelo producía en otro tiempo tanta abundancia de trigo, que Roma miraba la Cerdeña como uno de los graneros de la república, hoy produciría lo mismo, si no fuera por el terreno que se pierde en bosques inútiles, y en lagunas de aguas estancadas que infestan el aire. El ganado vacuno se multiplica maravillosamente, y produce mucho queso y cueros. Los caballos que se crian en la isla son también muy estimados. Las montañas y colinas abundan en caza de toda especie; por todas partes se ven bosques de olivares, de naranjos y limoneros, y todas las frutas son escelentes en este pais. La tierra está cubierta de flores todo el año; en las montañas hay minas de plomo, de hierro, de alumbre y de azufre, y en las costas se pesca el atún y la sardina. Añadamos á estas ventajas la de tener la Cerdeña muy buenos puertos para el comercio capaces de recibir toda clase de buques, y que aqui como en la India se cria el algodón y el añil.
La principal ciudad es Cagliari, situada á orillas de un gran golfo que lleva su nombre. Su puerto, que es muy seguro, puede contener un gran número de embarcaciones. Las otras ciudades son: Sassari, Oristano, Alghero y Terranova. En tiempo de los romanos, que la conquistaron después de los pelasgos, los fenicios, los etrusos y los cartagineses tenia esta isla cuarenta y dos ciudades.
De esta isla interesante por mas de un concepto, y que ha dado nombre á los estados sardos, ha hecho una descripción muy exacta un viagero va citado por nosotros en esta obra, el señor Gutiérrez de la Vega, de cuyo viage hemos tomado los siguientes apuntes, que no vacilamos en añadir, porque en un libro de esta especie no pueden de modo alguno ser prolijos.
Esta isla fué ocupada en sus primitivos tiempos por los griegos, y después sucesivamente por los iberos, tespienses, troyanos, libios, cartagineses, pueblo del bajo imperio, Carlo–Magno, moros, genoveses y písanos, hasta que los españoles se apoderaron de ella en el reinado de don Jaime II de Aragón, los cuales, después del tratado de 1720, la entregaron a la casa de Saboya.
Sus primeros habitadores le dieron el nombre de Ichnusa, ó planta del pie, en vista de su rara configuración, asi como compararon a una galena la Mesopotamia, y el Peloponeso á una hoja de plátano. Después cambió aquel nombre por el de Sardan, caudillo de los libios. De este se deriva el de sardina, pescado que se cria en abundancia en las playas de la Cerdeña.
Durante los ocho siglos en que esta isla estuvo sometida al poder de los romanos, corrió una época de completa prosperidad por lo mucho que se multiplicaron sus habitantes, las grandes obras, eternos monumentos de las artes, que hicieron sus conquistadores, y las ricas producciones que ofrecían sus fértiles campiñas. No obstante esta circunstancia, el clima de la Cerdeña es tan desagradable, que los romanos constituyeron la isla en destierro de los criminales, sin tener en cuenta, que tal castigo puede muy bien tolerarse en medio de una frondosa y pintoresca vegetación como la que tiene, ofreciendo los mas poéticos y risueños paisages. Para que nada fallase en esta época tan brillante para la antigua Ichnusa, entonces fué cuando el apóstol San Pablo esparció sobre ella la fecunda semilla de la religion cristiana, al hacer su viage desde el Africa á España.
Esta isla está atravesada en distintas direcciones por cinco cadenas de montañas, una que corre desde las rocas de Bonifacio hasta el cabo de Carbonera, que es la mas considerable; otra que desde el cabo de la Frasca, cerca del golfo de Oristano, pasa al cabo de Tenlada; la tercera, continuación de esta, que ocupa el Norte Occidental de la Cerdeña, y otras dos que constituyen los montes de Ales y de Santa Lisurgia, que se pierden en el mar de la Córcega. En la primera, cadena de montañas se levanta el Genargen

martes, junio 09, 2009

Viage ilustrado (Pág. 398)

ofrece á primera vista al viagero todas las bellezas salvages de la naturaleza alpestre, y despliega en seguida á sus ojos todas la rica fecundidad de la Italia. Su suelo es tan vario en aspecto como en sus producciones. Se coge en general buen trigo, centeno, cebada, maiz, vinos de mediana calidad, trufas muy estimadas, y arroz en abundancia, que forma un ramo de comercio considerable. Sus abundantes pastos alimentan numerosos rebaños: la seda se recoge en gran cantidad, y es la mejor de Italia, especialmente para torcer.
La principal ciudad del Piamonte es Turin, capital del reino de Cerdeña, y es la residencia ordinaria del soberano Turin forma un cuadro casi perfecto de cerca de cuatro kilómetros. Las fortificaciones consisten en quince bastiones muy regulares y tres fuertes, en los que se ha desplegado todo el lujo de que es susceptible la severidad de la arquitectura militar. Una de estas obras, que cada una por sí sola forma una fortaleza, es llamada, el Bastion Verde, á causa del bonito paseo que se ha construida en su plataforma. Los ángulos de todos estos bastiones están adornados de una garita de piedra labrada, y para guardar simetría se ha construido una en el bastion Verde, mucho mas elegante, que es una especie de pabellón donde en otro tiempo habia un sofá y todos los adornos de un retrete.
Hay cuatro hermosas puertas; la puerta Nueva, la del Pó, la de Suze y la del Palomo, que miran exactamente á los cuatro puntos cardinales, y están adornadas de fachadas de mármol, de columnas, de bronces y de inscripciones. La del Pó particularmente es de un estillo sencillo, pero noble y elegante.
El Pó y el Doire confunden sus aguas á poca distancia de la ciudad. Este último sirve para llenar los fosos, y para limpiar y regar las calles por la noche, para lo cual dan dirección á las aguas. La ciudad esta dividida, por calles cuya mayor parte se cortan en ángulos rectos, en ciento cuarenta ó ciento cincuenta manzanas, siendo la parte nueva la mejor alineada; la calle del Pó, la calle Nueva y la de Dora–Grossa ó de Mont–Cenis, son las mas notables por la belleza de sus edificios, cuyos pisos bajos ostentan soberbios pórticos. La última, construida en tiempo de uno de los últimos reyes, tiene mas de 170 metros de anchura.
La mayor parte de las casas son de ladrillo, lo que les da solidez, y es al mismo tiempo económico, sin que destruya el buen efecto. Algunas casas están rebocadas de estuco; pero este mármol ungido admite fácilmente el polvo, y las lluvias lo destruyen; de suerte, que observando detenidamente, el amante de las artes encontraria una porción de objetos dignos de crítica, pero mirando el conjunto no se puede menos de admirar.
El palacio real presenta por un lado una fachada gótica y por otro es de una arquitectura griega, lo cual le da un aspecto raro; su principal mérito consiste en el lujo de sus adornos y en su hermosa colección de pinturas, fruto de un siglo de trabajo y de cuidados. La Plaza Real, que está frente al palacio, es de un efecto agradable.
El antiguo palacio del duque de Saboya es notable por una columnata que recuerda la del Louvre; la fachada tiene solamente la falta de estar demasiado sobrecargada de adornos.
El teatro es grande y hermoso, y esta cerca del Palacio Real. La platea es de figura oval, como casi todos los grandes teatros de Italia. La embocadura es ancha, y está sostenida por dos grandes columnas corintias coronadas de una cornisa, y otros adornos sostenidos por dos cariátides. El palco del rey tiene diez metros de ancho; los demás tienen dos metros á lo mas, pero mucho fondo, y pueden contener con comodidad ocho personas.
La duración de los espectáculos en Italia hace que los teatros sean mas bien salones donde se va por el único placer de reunirse. Durante casi toda la representación, se toman helados, se juega á los naipes, ó se hacen visitas, y muy poco se ocupan del espectáculo, escepto cuando llaman la atencion algunos trozos escogidos.
Turin es rico en todo lo que puede animar y facilitar el cultivo de las ciencias y de la literatura. El monetario que los reyes de Cerdeña han reunido es uno de los mas completos de Europa; y el museo egipcio es también, en su género la mas bella colección que existe.
La Academia de Turin ha publicado muchos volúmenes de memorias interesantes. De su seno salió el célebre matemático Lagrange, que fué miembro del Cenado conservador en Francia.
Muchas iglesias llaman también la atención de los viageros. Entre ellas, las mejores son: la de San Lorenzo, la de San Felipe Neri y la de Saint–Suaire.
Los alrededores de la ciudad son encantadores. La cordillera de alturas, que se llama, la Colina, está sembrada de soberbias quintas. El convento de capuchinos ocupa también una situación la mas agradable.
Las otras ciudades principales del Piamonte son Alejandría, edificada en honor de Alejandro III. Asti, la antigua Hasta Pompeya y Verceil (Verulla) fundada, según dicen, por Belloveso. En las cercanías de esta última ciudad fué donde los cimbrios fueron derrotados por Mario.
Los piamonteses son italianos por los usos, las costumbres y el idioma, que es un dialecto toscano; sin embargo, no tienen la escesiva viveza de los demas italianos, ni en su rostro se pintan las pasiones con tanta rapidez y energía. Dotados de una estrcmada sutileza, ó por mejor decir, astucia, son desconfiados y taciturnos. Ellos recelan naturalmente de los demás los lazos que ellos mismos están dispuestos á tenderles; por esto es por lo que siempre procuran rodearse de precauciones, como si les amenazasen muchos peligros.
Nada se da en este pais sino por interés; los menores servicios que prestan en las posadas, la menor atención de un mozo de fonda son interesados; si se le pregunta á un hombre del pueblo las señas de alguna parte, no es estraño verle antes alargar la mano, y responder después con una exactitud proporcionada al dinero que ha recibido.
Naturalmente pensativos y melancólicos, parecen hacer poco caso de la poesía. Esceptuando á Alfieri, apenas se cuenta un poeta de genio entre los hijos del Piamonte; pero son mas felices en las obras que necesitan lógica y estudio, y han dado escelentes tratados de filosofía, de jurisprudencia, de medicina y de matemáticas.
El territorio de Genova, confina con el del Piamonte, y se estiende al Mediodía á lo largo del Mediterráneo, en una escala de cerca de 180 kilómetros.
Los latinos llamaban á este pais, Liguria litoral. Gé–

jueves, junio 04, 2009

Viage ilustrado (Pág. 397)

Puente de Carigno en Génova

»Sueltas las colas de las sotanas, revestidos con unas albas cortas y con mucetas grana, entraron los seis canónigos en el coro y á los acordes del órgano empezaron los cánticos de acción de gracias. Cediendo á un movimiento maquinal caímos de hinojos y clavando la vista en el suelo; en todo el tiempo que duró la oración ni nos atrevimos á respirar una emoción profunda nos dominaba, emoción indescriptible, que jamás habíamos esperimentado, una emoción mezclada de respeto y de terror; si, alli, á 8,000 pies de elevación, alli, colocados entre el cielo y la tierra; segregados enteramente de ésta, envueltos en una niebla que no nos permitía ver á diez pasos; rodeados de la muerte y de la destrucción, donde solo viven los que habitan el Hospicio, se ve patente el dedo de la Providencia, el poder inmenso de Dios, la bondad infinita del Creador, que sostiene la fé de aquellos monges para bien de la humanidad; de aquellos monges, que sin el incentivo del lucro, porque no le tienen, sin el de la fama, porque sus nombres quedarán sepultados en la nieve; corren á una muerte cierta y solo de desolación y muerte se hallan rodeados y que, sin embargo, con voz entrecortada, porque tienen una y otra vez que suspender el canto para respirar, alaban y glorifican al Dios que estos trabajos les ofrece; el mas insensible corazón se doma y la mas fuerte organización se clava de rodillas y el descreído el mas ateo reza y teme.
»No, jamás olvidaremos el 7 de setiembre, jamás á aquellos varones evangélicos.
«De vuelta al comedor trajeron un perro, al cual una señorita inglesa cortó un mechón de pelo para colocarlo en un alfiler con cerco de brillantes, que llevaba al pecho; son los perros de gran tamaño y de un olfato prodigioso, tanto, que el camino que una vez recorren, recorren siempre sin desviarse una sola linea, aunque se halle cubierto por diez varas de nieve, y evitan asi que los monges den en despeñaderos, si bien no los libran de las avalanchas, que diezman la comunidad.
»E1 organista acompañó al piano á la inglesa, y tocaron y cantaron varias piezas escogidas de óperas italianas con bastante afinación y gusto: á las diez nos retiramos á nuestra habitación y nos preparamos con un sueño reparador á abandonar el hospicio al dia siguiente. ¡Plegué á Dios que vuelva á pisar las ruinas del templo de Júpiter Penino!»
La Saboya fué habitada antiguamente por los nantuatos, que ocupaban las orillas del lago Léman, los centrones y los allobroges. Los centrones estaban al pie de los Apeninos, y es la que hoy se llamaba la Tarentesia. Por aquí fué por donde pasó César cuando fué á las Galias con aquellas cinco legiones que tan notables llegaron á hacerse. Los allobroges, pueblo estraordinariamente temido de los mismos invencibles romanos, se estendieron por todo el país que está entre el Ródano, al salir del lago Léman, y el Isére. Este pais se divide en seis partes: la Saboya propiamente llamada, el Genovesado, el Chablais, el Faucigni, la Tarentesia, y la Moriena. Hasta el quinto siglo no principió á aparecer en la historia el nombre Sapandia.
La capital de la intendencia general de la Saboya es Chambery, ciudad situada en un hermoso valle pero poco notable por sus edificios, aunque tiene algunas calles anchas y bien alineadas, especialmente una con arcos, debida á la munificencia del general de Boigne. Aix, á 12 kilómetros al Norte de Chambery, es célebre por sus baños. Annecy, sobre el camino de Genova, es la segunda ciudad de la Saboya; situada á la orilla de un lago en un pintoresco valle es igualmente notable por el antiguo castillo de los condes de Genova, como por lo recuerdos de San Francisco de Sales, que está enterrado en su catedral, y Santa Chantal, que instituyó por sus consejos la congregación religiosa de la Visitación, célebre pollos servicios que ha prestado en la educación de las niñas.
Al otro lado de los Alpes y al pie de estos montes, como su nombre indica, está el Piamonte, que

martes, junio 02, 2009

Viage ilustrado (Pág. 396)

Vista del puerto de Génova
un ventisquero ó depósito eterno de hielos, y al llegar á ella la voz sonora y grave del abad nos dijo: «aqui murieron hace algunos años cuatro de mis hermanos» parecía que estas palabras habían surtido en nosotros un efecto prodigioso, caímos de rodillas al pie de la cruz y oramos en silencio; yo hablo de mí, yo tenia miedo; la campana del convento nos sacó de nuestro arrobamiento; precedidos del abad nos dirigimos á la iglesia á oír las vísperas. Tuve la desgracia de perder la senda que el canónigo nos mostraba, y me enterré en una nevera; después de algunos esfuerzos conseguí salir de aquella sima.
»La iglesia es en extremo sencilla, de una sola nave dividida en su mitad por un enverjado; que separa el altar mayor y coro del resto donde se coloca el pueblo, á la izquierda de la puerta se halla el sepulcro de Deux: sobre un alto relieve de mármol blanco, que representa la muerte de este general, se lee esta sencilla inscripción A Deux, mort á la batalla de Marengo.

miércoles, mayo 27, 2009

Viage ilustrado (Pág. 395)

las rocas que los alimentan y hacerlas rodar con estruendo sobre el camino, á poco la negra montaña despareciendo bajo una capa de blanca y eterna nieve, se asemejaba á un cadáver medio envuelto en su sudario y pronto á dar la mano y servir de guia al osado viagero, que se atrevía á turbar el reposo de aquel lugar de muerte y destrucción; ya por el opuesto lado un precipicio sin fondo estrechaba el camino hasta dejarlo con media vara escasa de anchura. Nada turbaba el silencio aterrador de estas comarcas sino el estruendo mas aterrador aun de una y otra cascada que despeñándose formaba riachuelos, que era preciso vadear con el agua á las rodillas. Atravesamos sin detenernos por San Pedro, último pueblo de Suiza, compuesto de veinte ó treinta casas de madera sin mas abertura, que la puerta colocada muy alta para que las nieves no la obstruyan y en donde se halla una piedra miliaria al parecer del tiempo de Constantino, como para servir de límite entre el mundo y el reino de la muerte. En efecto, aquí ya desaparece la vida, se pierde la vegetación, uno que otro manchase de negro y miserable musgo, uno que otro árbol de un verde oscuro y de ramas caídas hacia la tierra, son los únicos vivientes que se descubren; ni aun el cuervo funerario cruza aquellos aires helados. Eran las once cuando llegamos á la cantina, choza miserable que sostiene el gobierno para auxiliar á los viageros, que llegan á ella yertos de frío, y almorzamos un pedazo de pan de maíz, duro como las rocas que nos sustentaban, y un vaso de aguardiente. A las once y cuarto, precedidos de cuatro guias y cuatro mulos portadores de nuestro bagage, y armados de largos bastones de fuerte y acarada punta, envueltos en nuestros albornoces, con botas hasta la rodilla, forradas de pieles y con forradas suelas, sufriendo una nevada espesísima que se cristalizaba en cuanto llegaba al suelo, cayendo en una parte, atravesando en otra charcos y arroyos mas helados aun, cuyos cristales rotos á nuestro peso nos hacían caer en el agua, que helaba nuestros huesos, mirándonos de vez en cuando y aunque silenciosos y aterrados, descubrimos el hospicio á cosa de la una y media; diez minutos después el guia en gefe heria la puerta con un bastón de viage. Dos canónigos jóvenes, envueltos en levitas de piel y con bonetes cónicos, salieron á recibirnos y nos condugeron á un comedor donde después de secar nuestra ropa y reanimar nuestros ateridos miembros junto al fuego, se nos sirvió la comida. Reunidos nos hallábamos en el comedor del convento unas treinta personas, entre las que se contaban los siete canónigos agustinos que forman la altamente benéfica comunidad. Todos siete son jóvenes, el abad cuenta solos cuarenta años y hace muchos que está en el convento. Vestían largas sotanas con cola y sobre ellas levitas de piel, usaban en el convento bonetes cónicos; pero para salir los reemplazan por sombreros de anchas alas y cubren la cara con un antifaz de doble piel. Pronto la conversación se hizo general, y escuchamos de su boca cuales eran sus deberes y cual su método de vida; una vez decididos á entrar en la orden, se trasladan al hospicio, de donde solo salen cuando las reumas contraídas por las humedades y las nieves los obligan á pasar al Monte–Ccnis ó á los curatos de Martegni, Lideo ó San Pedro; durante su permanencia en el convento, tienen la obligación de cruzar el monte dos veces al dia para recoger y dirigir á los estraviados peregrinos; pero á estas escursiones salen siempre dos canónigos por lo menos, cuatro criados y un perro; raro es el año que no perecen algunos victimas de su caridad evangélica; en el convento se recibe á todo viagero sea cualquiera la hora en que llegue, jamás se le demanda su nombre, ni su patria, ni su religion, se le mantiene tres dias según su clase, y al tercero, si no está enfermo, se le despide. La comida terminada, nos dieron el registro por si queríamos inscribirnos en él: muchos años han pasado, muchos nombres hay inscritos alli sin que se lea el de un solo español; al pie de algún trozo de Herrera ó de Rioja, pusimos nuestras firmas, y acompañados del abad, salimos á recorrer la cúspide del gran San Bernardo, y á ver el convento: eran las tres de la tarde, el termómetro marcaba cuatro grados bajo cero.
«Forma el monte en su cúspide un pequeño valle, y alli está edificado el hospicio; es cuadrado, de tres cuerpos y se sube á la puerta por dos escaleras laterales, de unos diez escalones; pasada esta, se halla uno en un pequeño recinto, que alumbra una ventana, debajo de la cual, sobre mármol negro y con letras de oro, se halla una inscripción dedicada por los valesanos á Napoleon; frente á ella, una puerta comunica con un oscuro corredor que conduce á las habitaciones de los criados y á las destinadas para los viageros del pueblo; á la izquierda de la ventana se halla la puerta del comedor; este es cuadrado, le ocupa una larga mesa, y un piano, donación de una señora inglesa; al lado del comedor se encuentra el museo de antigüedades compuesto de varios ex–votos romanos, hallados en el monte y muy bien conservados; en la planta superior se halla la biblioteca, de unos dos mil volúmenes, el gabinete de física é historia natural, el observatorio metereológico, porque los monges llevan un diario exacto de observaciones, y las habitaciones de los viageros distinguidos; en el tercer piso las celdas de los canónigos, nada cómodas por cierto: frente al hospicio se halla otro edificio, destinado hoy á dormitorio de las mugeres del pueblo y á asilo de monges y viageros, en el caso de que un incendio destruya el convento, cosa que se ha repetido mas de una vez. Al lado del hospicio y á su izquierda se encuentra la Morgue, llámase asi á un cabo de piedra de unas 6 varas cuadradas sin mas abertura que una ventana de 5 pies de altura por 6 de ancho, cerrada con una reja y que sirve de depósito á los cadáveres que se hallan entre la nieve; nos asomamos, ni fuerzas teniamos para retroceder, el terror clavaba nuestros pies en el nevado pavimento, nuestros ojos en el fúnebre recinto; hacinados se hallaban en el suelo sobre una alfombra de blancos huesos, unos cuantos cadáveres medio desnudos, que contaban ya algunos años de depósito, porque el aire glacial evita la putrefacción, cuyos ojos entreabiertos y cuya pupila fija parecía observar con avidez nuestro pálido rostro. Alli, al lado de un anciano de blancos cabellos y luenga barba, se hallaba tendido y cubierto por una tosca tela atada á los pies, una joven mas blanca que la nieve que había cortado el hilo de su vida... Había sido bella, y su boca entreabierta parecía sonreírse aun, para aumentar nuestro terror. Abandonamos por fin la Morgue y seguimos subiendo un poco; á la derecha se ve el lago, que ocupa unas diez varas, y cuyas aguas, aguas muertas, se hallaban cubiertas por media pulgada de hielo, le costeamos para dirigimos á una cruz tallada en piedra, que se halla al pie de

lunes, mayo 25, 2009

Viage ilustrado (Pág. 394)

combate mas terrible entre los elementos mas opuestos. Apenas se empieza á ver un poco, cuando se encuentra uno otra vez envuelto en estas espesas nubes y se corre peligro de perderse en lo escabroso de las rocas, bastando estar un momento en medio de estas nubes para verse cubierto de un rocío tan fino que bien pronto moja hasta la piel. Este mal tiempo duró tres días y fué acompañado de un viento muy frio. Aunque el termómetro no bajó mas que á cuatro grados sobre cero, el frio parecia mucho mas vivo y penetrante que el que se siente en las llanuras al mismo grado, lo cual impedia dejar el fuego. El mismo efecto que en nosotros parecia causar en los religiosos, á pesar de estar mas acostumbrados; porque venían con frecuencia á quemarse mas bien que á calentarse, en una gran hoguera de madera de pino que chisporroteaba y esparcía su llama por todas partes. Tales son en general los meteoros de las regiones superiores de los Alpes, y los presentamos por el mismo orden con que los hemos visto. Al fin se descubrió el cielo, la temperatura cambió, y según me dijeron los religiosos, este era el tercer día bueno y sereno que había hecho en todo el año, añadiendo, que había dos en los cuales no se había contado un dia entero sereno.
»En el hospicio no hay nunca mas que diez ó doce religiosos. Es verdaderamente interesante verlos en los dias de gran concurrencia ocupados en recibir los viageros, reanimarlos y asistir y cuidar á los que vienen enfermos ó estenuados por la fatiga y el frio. Ellos sirven con igual esmero á los estrangeros que á los compatriotas, sin distinción de edad, de sexo ni de religion, sin informarse de la patria, ni de las creencias de los que necesitan de sus cuidados; la necesidad ó el sufrimiento, estos son los principales títulos para tener derecho á sus desvelos. Pero cuando su celo es mas meritorio es principalmente en la primavera y en el invierno, porque sufren los mas grandes trabajos y están espuestos á inminentes peligros. Desde el mes de noviembre hasta mayo, un criado de confianza, que se llama maronnier, va hasta la mitad de la pendiente delante de los viageros, acompañado de uno ó de dos grandes perros que están enseñados á reconocer el camino cuando hay nieblas, en las tempestades y en las grandes nevadas y á descubrir los pasageros que se han estraviado. Frecuentemente cumplen los religiosos por sí mismos esta misión, para dar á los viageros socorros espirituales y materiales; siempre que el maronnier no basta á salvar á los que están en peligro, ellos vuelan en su socorro, los conducen, los sostienen y aun muchas veces los cargan sobre sus espaldas y los llevan hasta el convento, teniendo que hacer á veces también violencia á los viageros, que helados se empeñan en que los dejen dormir un poco sobre la nieve, y es necesario arrancarlos por fuerza de este pérfido sueño, que insensiblemente los conduciría á la muerte. Solo un continuo movimiento puede dar al cuerpo el suficiente calor para resistir al estremado rigor del frio; por eso cuando los religiosos se ven obligados á caminar despacio por la mucha nieve que se lo impide, golpean frecuentemente sus manos y pies con los bastones herraque llevan siempre, sin lo cual se les helarían las estremidades sin sentirlo.
»A pesar de todos sus cuidados no pasa invierno en que no muera algún viagero ó llegue al convento con los miembros helados. El celo y la actividad de estos buenos religiosos brilla también en las pesquisas que hacen para buscar á los desgraciados que han sido arrastrados por las avalanchas ó enterrados en la nieve. Cuando las víctimas de estos accidentes no han sido sumergidas profundamente en la nieve, son descubiertos por los perros del convento; pero el instinto y el objeto de estos animales no puede penetrar á una gran profundidad. Cuando se hecha de menos algún viagero, y los perros no pueden encontrarlo, van los religiosos con grandes palos á sondear el terreno, y cuando encuentran resistencia, conocen por ella si es alguna roca ó un cuerpo humano; en este último caso, apartan prontamente la nieve, y muchas veces tienen el consuelo de salvar á hombres que sin su auxilio no hubieran vuelto á ver la luz: á los que encuentran heridos ó mutilados por el hielo, los tienen en el hospicio hasta su completa curación, sin exigirles retribución alguna por ello.»
Según las observaciones hechas por Mr. Pietet, el convento del gran San Bernardo esta á 2,492 metros sobre el nivel del mar, y dura alli el invierno ocho meses. Su posición está muy cerca del término de las nieves eternas, pues está dominada por cimas, que estando á mucha mas elevación que este término, permanecen eternamente cubiertas de nieve y hacen estremadamente frío todo cuanto les rodea. Por esto se comprenderá fácilmente que los alrededores del convento no produzcan nada. Los religiosos tienen solamente un pequeño jardín, abrigado y bien calentado por estiércol, donde con mucho trabajo cogen á fines de agosto algunas coles y lechugas de la especie mas pequeña, no cultivando este jardín mas que por el placer de ver alguna vegetación.
Precisamente al llegar aquí un amigo nuestro, el ilustrado joven don Clemente Fernandez, que acaba de hacer un escelente viage por Europa, nos ha facilitado la siguiente relación de su visita al famoso San Bernardo. Como según todas las probabilidades, no se habrá publicado todavía ninguna relación tan reciente, daremos nuestros lectores del referido establecimiento las noticias que mas se desean generalmente en estas ocasiones.
«Amaneció el 7 de setiembre de 18522, dice el señor Fernandez; habíamos pasado la noche en un meson, semejante á los nuestros de la Mancha; á las ocho de la mañana debíamos abandonar á Lideo. Colocóse el equipage en nuestro charaban, montamos en él y partimos; muchos dias hacia que no veíamos el sol pero ninguno se habia presentado á nuestros ojos el cielo con un aparato mas triste y amenazador, densas nubes de color de ceniza reemplazaba al diáfano azul, una niebla espesa y glacial nos envolvía, y limitaba el horizonte á veinte varas de nosotros. Apenas habíamos andado un cuarto de hora, notamos que el camino se dividía y que el charaban se hallaba suspendido en la punta de un enorme peñasco, unido por toscas tablas con otro semejante y entre los que mediaba gran distancia, y un abismo sin fondo era su base; temimos que el débil puente se hundiese con el peso del carro que nos conducía, y nos apeamos para no montar mas en él.
»A cada momento se hacia mas y mas áspera la subida, mas y mas salvage la naturaleza que nos rodeaba, mas negro el cielo, mas espesa la niebla, mas raro el aire, mas pobre la vegetación; si levantábamos los ojos, descubríamos por un lado una masa inmensa de rocas, en cuya ostensión inconmensurable solo se veían uno ó dos árboles, destinados á separar con sus raices

viernes, mayo 22, 2009

Viage ilustrado (Pág. 393)

Hablando de los habitantes de los Alpes no se puede dejar de decir algunas palabras de las paperas y del cretinismo. Las paperas son una gordura mas ó menos grande, producida por el infarto de las glándulas del cuello; en las montañas hay una multitud de personas acometidas de esta enfermedad. El cretinismo es una verdadera imbecilidad, una inercia estúpida. Los cretinos tienen todos paperas; pero en ellos parece efecto de flojedad de la fibra, mas bien que una obstrucción propiamente dicha; porque todo indica en ellos una estremada flojedad; sus carnes son fofas y flacas, su piel marchita y arrugada, su lengua torpe, sus labios y párpados gordos y salientes y su color amarillo bronceado. La misma flojedad se manifiesta en su carácter, y aunque la necesidad los escite á hacer los movimientos indispensables á su conservación, se ve en ellos una apatía é indolencia escesivas, no son capaces de ningún movimiento espontáneo, á no ser el de la deglución, y hay que darles el alimento con la cuchara como á los niños recien nacidos. Este es el último grado de la enfermedad, pues mas allá de este término cesan las funciones vitales y el individuo no tiene los resortes necesarios para vivir. Pero desde este grado hasta la perfecta inteligencia, se encuentran en el Valais, en el valle de Aoste y en la Maurienne todas las gradaciones intermediarias que se pueden imaginar. Se ven cretinos que no profieren mas que sonidos inarticulados, otros que balbucean algunas palabras, otros que sin tener uso de razón, son capaces, sin embargo, de aprender por imitación á desempeñar algunos trabajos de la casa ó del campo, y también los hay que se casan y cumplen mejor ó peor los deberes de la sociedad. Las personas acometidas de esta enfermedad no se encuentran mas que en los valles: en los llanos y en las alturas no.
El punto mas elevado de la Saboya y aun de toda la Europa es el monte Blanco. Está á 4,892 metros sobre el nivel del mar. Mr. de Saussure no pudo llegar hasta su cima, solo se elevó cerca de 3,800 metros, y ningún observador europeo ha llegado después á esta altura. En todas las mas altas montañas donde él estuvo, ha hecho una singular observación, y es, que se siente un sueño irresistible, lo cual es efecto del enrarecimiento del aire; si se sucumbe al deseo de dormir, bien pronto se queda uno helado en medio de las nieves y los témpanos y alli se muere; por eso es necesario agitarse todo lo posible hasta que se desciende á una atmósfera mas densa.
«No pude dejar estos sitios, dice el mismo viagero, sin visitar el hospicio del gran San Bernardo, una de las instituciones mas útiles que la religion ha inspirado á los hombres en beneficio de sus semejantes. El monte San Bernardo está situado en los confines del Valais y del Piamonte. Saliendo de la ciudad de Aoste para ir á él, atravesé unos viñedos que miran al Mediodía, en la pendiente de una montaña desquebrajada y árida; los agudos y repetidos gritos de las cigarras hacian creer que estaba en un pais mucho mas meridional, las moreras, los almendros y los almeces que por todas partes crecen, favorecen esta ilusión, y se desea la frescura de sombrosas arboledas; pero después de haber caminado como unas cuatro horas, se comienza á sentir un frió muy vivo, y una hora después se traslada uno al clima de Spitzberg y de Groenlandia, y no se suspira mas que por las estufas y el buen fuego que esperan en el convento. Después de pasar un tortuoso sendero entre dos rocas, se encuentra un pequeño valle, á la estremidad del cual se descubre el hospicio. El aspecto de éste es muy triste; es un gran edificio cuadrado y sin ninguna especie de adorno; alrededor de él no hay árboles ni verdura. El convento llena el fondo de una garganta cerrada entre altas montañas, á la orilla de un pequeño lago que parece negro á causa de su profundidad y sobre todo por las nieves de que casi está siempre rodeado.
»El cielo estaba puro y sin nubes cuando llegamos al convento, y el sol mas brillante iluminaba aquellas soledades. Difícil seria esplicar las diferentes sensaciones que á la vez se esperimentan; la primera que se distingue es un pasmo ocasionado por la dificultad de respirar; parece que los pulmones no tienen la ordinaria elasticidad y les falla capacidad para contener el aire aspirado. La diferencia del que se respira en semejantes alturas es muy sensible al que solo está acostumbrado al aire de las llanuras, aquel es mas raro y mas puro, porque está menos cargado de vapores, y el cielo es de un azul mas bello, de un color mas vivo, desconocido á los habitantes de los llanos. El aspecto de estas áridas montañas llama al instante la atención. La mezcla de una viva luz reflejada por la blancura de las nieves que cubren todas las cimas, y la de estas rocas peladas que tiñe el sol de color de rosa y de un azul bajo, hacian un singular contraste con las grandes masas de sombra, producidas por las montañas cuyas cimas parecen desgarradas y cubiertas de puntas de roca, que, horadando las nieves, coronan lo alto de este cuadro.
»Un religioso, destinado para recibir á los viageros, cuya bondad y afabilidad nos previno en su favor, nos sacó del éxtasis y de la admiración que producen los grandes espectáculos de la naturaleza. A pesar del calor que habia hecho el dia que llegamos, la noche fué fría. Al dia siguiente, 30 de julio, lo alto de la montaña estaba cubierto de nubes espesas, pero tranquilas, ninguna agitación habia en el aire. Por la tarde hizo frio; el termómetro, que por la mañana marcaba cuatro grados bajo cero, subió á tres sobre cero á las nueve de la noche, y durante toda ella, cayó una horrible lluvia mezclada de nieve y acompañada de un espantoso viento. La lluvia continuó al dia siguiente; á la lluvia sucedió la nieve, el viento arreció viniendo de abajo arriba, y puso en movimiento las nubes hacia el valle por donde se viene del Valais, y las hizo desfilar siguiendo las sinuosidades del terreno hasta que se sumergieron en una hondonada donde está el pequeño lago; alli las nubes se iban apretando y amontonando sucesivamente; al abrigo del viento que por encima corria, permanecían tranquilas en este fondo, y su espesor y oscuridad aumentaban á medida que el aire soplaba con mas violencia, volviéndose por último este lugar en estremo tenebroso. El rigor del frio y del viento nos habia obligado á dejar este singular espectáculo para aproximarnos al fuego. A poco fué general la oscuridad alrededor del convento; el trueno comenzó á rugir sordamente, aumentándose poco á poco hasta estallar con gran violencia; parecía que dentro de las habitaciones se chocaban las nubes, sintiéndose el estruendo por debajo y por encima de si; la lluvia, la nieve y el granizo se sucedían, y también caian juntos con frecuencia; á todo esto se mezclaban los relámpagos, presentando el espectáculo del choque y

miércoles, mayo 20, 2009

Viage ilustrado (Pág. 392)

»Pero la caza de la gamuza, quizá mas peligrosa todavía, ocupa aun á muchos habitantes de las montañas y arrebata con frecuencia, en la flor de su edad, una porción de hombres que son el amparo de sus familias, y cuando se conoce el modo de hacer esta caza, se admira que un género de vida tan duro y peligroso tenga atractivos tan irresistibles para los que se han acostumbrado á él. El cazador parte ordinariamente por la noche para llegar al amanecer á los sitios mas elevados, donde las gamuzas van á pacer antes que vayan alli los rebaños. Desde que descubre los sitios donde cree que habrá gamuzas principia el cazador á esplorar el terreno con su anteojo; si no vé nada, sigue avanzando y elevándose para descubrir mas; pero si observa algo, procura subir á un sitio desde donde esté mas próximo y domine el terreno, costeando barrancos, ú ocultándose con las matas y las rocas; cuando llega á un sitio desde donde distingue los cuernos de la gamuza, ya conoce que está á tiro, entonces apoya la escopeta en una roca, apunta con el mayor cuidado y sangre fria, y rara es la vez que yerra el tiro. El arma que usan, es una carabina larga cargada con balas forzadas, y por lo regular son de dos tiros, aunque de un solo cañón; los tiros están colocados uno sobre otro, y se disparan sucesivamente. Cuando el cazador ha matado la gamuza, corre hacia su presa y la asegura desjarretándola; después mide el camino que hay hasta su aldea y si es muy difícil, desuella al animal y no recoge mas que la piel; pero con poco practicable que sea el camino, carga la gamuza sobre sus espaldas y la conduce al través casi siempre de horribles precipicios y á distancias enormes. Toda la familia se alimenta de esta carne, que es muy buena, especialmente cuando la gamuza es joven, y la piel la secan para venderla.
«Pero si, como generalmente sucede, el vigilante animal siente venir al cazador, huye con la mayor rapidez, atravesando los hielos, las nieves y las rocas mas escarpadas. Cuando hay muchas juntas es muy difícil acercarse; mientras las demás están paciendo, una de ellas se coloca en acecho y al menor síntoma de temor que percibe, da una especie de silbido, á cuya señal se aproximan las otras para juzgar por sí mismas de la naturaleza del peligro, y entonces, si ven que es un animal dañino, ó un cazador, la mas esperta se pone á la cabeza y huyen todas en fila á los sitios mas inaccesibles.
»Aqui es cuando comienzan las fatigas del cazador; arrastrado por su pasión, no hace caso de los peligros, atraviesa sobre las nieves sin cuidarse de los abismos que pueden tragarle, penetra por los senderos mas arriesgados, sube, y se lanza de roca en roca sin saber como podrá volver. La noche le coge con frecuencia en su persecución, pero no renuncia á ella por esto. Se lisangea que la misma causa hará detener también á las gamuzas, y que al amanecer podrá volver á emprender su cacería. Alli pasa la noche, no al pie de un árbol cómo el cazador de las llanuras, ni en una cueva tapizada de musgo, sino al pie de una desnuda roca, donde carece del menor abrigo. Alli, solo, sin fuego, sin luz, saca de su morral un poco de queso y un pedazo de pan de avena, que es su ordinario alimento; este pan es tan duro, que se ve obligado á partirlo entre dos piedras, ó con el hacha que lleva para abrir escalones en los hielos. Después de hecha tristemente su frugal comida, pone una piedra bajo su cabeza y se duerme pensando en la dirección que pueden haber tomado las gamuzas que perseguia; pero bien pronto lo despierta el frio de la mañana, y se levanta aterido y yerto, mide con la vista los precipicios que tiene que atravesar para seguir la pista a las gamuzas, coloca de nuevo el morral en su espalda y corre en busca de nuevos azares. Estos cazadores están algunas veces por espacio de muchos dias en medio de los desiertos, y durante este tiempo, su familia, y especialmente sus desgraciadas esposas se hallan sumergidas en la mas viva inquietud; no se atreven á entregarse al sueño, por el temor de verlos durante él; porque es opinion recibida en el pais, que cuando un hombre perece entre los hielos ó sobre alguna ignorada roca, se aparece por la noche á la persona que le era mas querida para decirle donde está su cuerpo y rogarle le haga los últimos honores.
«Después de esta pintura fiel de la vida del cazador de gamuzas, ¿podrá comprenderse que esta caza sea el objeto de una pasión absolutamente irresistible? Yo he conocido un joven de la parroquia de Sixt, de hermosa figura, casado con una muger encantadora, que me decia: mi abuelo murió en la caza, mi padre también, y yo estoy tan persuadido de que también moriré en ella, que á este saco que veis y que llevo á la caza, le llamo mi paño mortuorio; porque estoy seguro, de que no tendré otro; y con todo, si me ofrecierais hacer mi fortuna á condición de renunciar á la caza de gamuzas, la rehusaría. Yo hice en los Alpes algunas correrías con este hombre; era de una agilidad y una fuerza admirables, pero su temeridad era mayor aun que su fuerza. He sabido que dos años después le faltaron los pies al borde de un precipicio, donde encontró el destino á cuya idea estaba tan acostumbrado. El corto numero de los que envejecen en este oficio, llevan en su fisonomía la marca de la vida que han tenido; un aire salvage, huraño y feroz los hace reconocer aun entre la multitud.
«Los demás habitantes de la Saboya son poco mas ó menos como los del valle de Chamouny. Colocados entre la Italia y la Francia, se reparten en gran número entre las dos; cada familia envia por lo menos uno de sus miembros al estrangero. La miseria del pais y los pocos recursos que alli se encuentran los obligan á esta emigración momentánea. En todas las grandes ciudades se les encuentra, haciendo por un módico salario los trabajos mas penosos: ellos son ordinariamente limpia–chimeneas, buhoneros, ó enseñan la linterna mágica. Su fidelidad y buena fé son generalmente reconocidas, y también son proberviales su sobriedad y su economía. Esta última cualidad les hace con frecuencia interesados, pero no se puede mirar como un vicio este deseo de ganar, en hombres que solo piensan en juntar para llevar á sus pobres familias. Ellos encierran cuidadosamente el producto de sus sudores en una bolsa de cuero que siempre llevan atada á la cintura; para acrecentar este pequeño tesoro, se privan hasta de lo necesario, y se reúnen mochos juntos á fin de vivir con mas economía, contentándose con los alimentos mas groseros, y con un poco de paja por cama. Pero esta vida dura y triste á la vista misma del lujo mas refinado, no parece alterar en nada su bondad y buen humor, y ni aun tienen, al parecer, el deseo de una existencia diferente. Recostados en las puertas de los palacios, observan toda la pompa de los ricos, pero no por eso dejan de llevar á sus montañas la misma sencillez de costumbres que traen.»

lunes, mayo 18, 2009

Viage ilustrado (Pág. 391)

do que le hubiese quedado de mi visita un recuerdo agradable; pero él no deseaba mas que tabaco, yo no lo tenia, y el dinero que le di no le causó un gran placer.
«Volviendo de Montanvert al priorato de Chamouny, si no se quiere ir dos veces por un mismo camino y no se teme bajar por una pendiente rápida se puede descender por una cuesta llamada la Felia. Cuando se llega á lo hondo del ventisquero, se ve el Arveiron salir per un arco de hielo.
»Este arco es uno de los objetos mas dignos de la curiosidad de los víageros. Su figura es la de una profunda caverna, cuya entrada es una bóveda de hielo de mas de 33 metros de elevación, y de una anchura proporcionada; esta caverna, según la combinación de la luz, parece unas veces blanca y opaca como la nieve, y otras trasparente y verde como el agua–marina. De su fondo sale con impetuosidad un rio de blanca espuma, que frecuentemente arrastra en sus ondas grandes pedazos de hielo. Alzando la vista por encima de esta bóveda, se ve un inmenso ventisquero coronado por pirámides de hielo, de en medio de los cuales parecer sali el obelisco de Dru, cuya cima va á perderse en las nubes. A este bello cuadro sirven de contornos los hermosos bosques de Montanvert y de la Aguja del Bochard, y estos bosques acompañan á los hielos hasta su cúspide que se confunde con el cielo.
«Algunas veces hay la curiosidad de entrar en la caverna, y se puede en efecto penetrar mientras tiene suficiente anchura y el Arveiron no la llena toda; pero es siempre una temeridad, por los fragmentos que continuamente se están desprendiendo de su bóveda. Cuando nosotros la visitamos en 1778, advertimos en el arco que forma la entrada, una gran grieta casi orizontal, cortada en sus estremidades por hendiduras verticales, por lo que era de presumir que este pedazo se desprendería bien pronto. Efectivamente, por la noche se oyó un gran ruido parecido al trueno, y era, que este trozo, que formaba la clave de la bóveda, se habia caido, y habia arrastrado en su caída toda la parte esterior del arco; este montón de hielo suspendió por algunos momentos el curso del Arveiron, las aguas se acumularon en el fondo de la caverna, y rompiendo en seguida este dique, arrastraron con violencia los grandes trozos de hielo, los hicieron pedazos contra las rocas de que está sembrado el cauce del torrente y arrojaron los fragmentos á grandes distancias. Al dia siguiente vimos con cierto espanto el sitio donde habíamos estado parados la víspera, cubierto de estos grandes pedazos de hielo.»
Nuestro sabio viagero no puede dejar las montañas y ventisqueros que rodean el valle de Chamouny sin decir algo de las costumbres de los habitantes de este célebre valle. «Por largo tiempo se les ha creído unos verdaderos bandidos. Sin embargo, San Francisco de Sales, fué allí en un tiempo de miseria á llevarles socorros y consuelos. En 1741, Pocock que estuvo alli reconoció la falsedad de la injuriosa reputación que se habia dado á las mejores gentes del mundo, y se empeñó en desengañar á la Europa y hacerle conocer uno de los lugares mas curiosos que encierra. Esta relación hizo que los estrangeros fuesen sin temor al valle, y su concurrencia fué bien pronto tan considerable, que escedió al número de albergues de que podían disponer. Esta concurrencia, con el dinero que llevaba á Chamouny, cambió un poco la antigua sencillez y pureza de las costumbres de su habitantes.
«Los hombres de Chamouny, asi como los de la mayor parte de los altos valles, no son en general muy altos ni de una hermosa figura, y sin embargo, son fornidos, nerviosos y muy robustos, y lo mismo las mugeres. Estas no llegan á una edad muy avanzada, ni tampoco los hombres, siendo muy raro ver uno de 80 años. Los saboyanos son generalmente honrados, fieles y muy puntuales en cumplir los deberes de su religion; saben ser económicos y al mismo tiempo caritativos. Los huérfanos y los ancianos que no tienen medio alguno de subsistencia son mantenidos alternativamente por todos los habitantes de la parroquia; cada uno, á su turno, los lleva á su casa, y alli los tiene durante un número de dias proporcionado á sus facultades; y cuando ha concluido este turno, se vuelve á principiar de nuevo. Si un hombre, á causa de sus enfermedades ó de su edad avanzada, no puede cultivar sus tierras ni mantener su familia, los vecinos se convienen entre sí para cultivarlas entre todos.
»Si alguna cosa les falta, son fábricas y oficios, en que pudieran ocuparse los hombres durante el invierno, cuando la tierra cubierta de nieve se opone a sus trabajos. Los que son activos y tienen amor al trabajo encuentran los medios de entretenerse útilmente, pero no existe allí ninguna ocupación que les incite ni sea bastante lucrativa para arrancarlos á la seducción de la ociosidad y de la pereza. Muchos de ellos pasan su vida en las tabernas, donde también se juega mucho; yo he conocido á uno que tenia haciendas muy considerables y que lo perdió todo viéndose reducido á la necesidad de ir á París á ejercer el oficio de limpia–botas. En las grandes aldeas es donde mas reina el desorden, pero en las pequeñas, se reúnen desde que viene la noche en la casa cuya cocina es mas grande; alli las mugeres hilan, tejen cáñamo, y cuentan historias; los hombres hacen cubos, cucharas ú otras pequeñas obras de madera, y la dueña de la casa no hace mas gasto que el de un cántaro de agua y una fuente de manzanas silvistres asadas en las brasas para las personas que asisten á la velada.
»Los habitantes tienen un talento vivo y penetrante, su carácter es alegre y bromista, aprenden con la mayor habilidad las ridiculeces de los estrangeros, y los remedan entre sí con mucha gracia.
»La esperanza de hacer fortuna, ó la simple necesidad de ganar algo, llevan á Alemania, y principalmente á París, un gran número de hombres, tanto de Chamouny, como de otras partes de la Saboya; todos los trabajos pesan, por consiguiente, sobre las mugeres, aun aquellos que en todas partes están solo encargados á los hombres, como segar, cortar leña, trillar etc., habiendo animales del mismo sexo que están mejor cuidados que ellas, y son las vacas que sirven para labrar la tierra.
«Buscar cristal y cazar son los solos trabajos que hacen esclusivamente los hombres. Por fortuna hoy se ocupa un número mucho menor que otras veces en el primero de estos trabajos; y decimos por fortuna, por que en él perecia mucha gente; la esperanza de enriquecerse rápidamente encontrando una cueva llena de hermosos cristales tenia un atractivo tan poderoso, que se esponian á los peligros mas inminentes, y no pasaba año que no murieran muchos hombres en los hielos ó en los precipicios.

sábado, mayo 09, 2009

Viage ilustrado (Pág. 390)

cuando se ignora su causa, y demostrando, cuando se la conoce, cuan grande es la masa de los témpanos de hielo, cuya caida produce tan terrible ruido.
»He observado, continúa Mr. de Saussure, dos géneros de ventisqueros distintos, á los cuales se pueden reducir todas sus variedades, por mas numerosas que sean. Los unos están encerrados en valles mas ó menos profundos, que aunque muy elevados, se hallan dominados, sin embargo, por montañas mas altas todavía; los otros no están encerrados en valles, sino estendidos sobre las puntas de las altas cimas.
«Los ventisqueros de la primera clase, es decir, los que están encerrados en el fondo de los altos valles, son los mas considerables, tanto por su estension, como por su profundidad. En los Alpes hay algunos cuya longitud es de muchos kilómetros; el de Bois, en el valle de Chamouny, tiene cerca de 20 kilómetros, sin interrupción alguna, y una anchura que varia, pero que cerca de lo alto es de mas de cuatro kilómetros. El espesor del hielo, varia también; en el mismo ventisquero de Bois lo he encontrado comunmente de 26 á 33 metros; pero se comprende que si donde se encuentra hay huecos ó hundimientos, su profundidad debe ser mucho mayor. Se dice haber encontrado hielo de mas de 200 metros de espesor, y aunque yo no lo he visto, no tengo dificultad alguna en creerlo.
«Estos grandes valles de hielos tienen comunmente el fondo mas profundo cuanto menos inclinado. En todas partes donde su pendiente es rápida, los hielos impelidos por su peso y sostenidos con desigualdad por el fondo escabroso que los contiene, se dividen en grandes trozos, separados por profundas grietas. Estos témpanos, asi divididos y removidos algunas veces por la presión de los que les siguen, presentan grandes y bellos accidentes, formas caprichosas de pirámides, de torres, etc. Pero en todas partes donde el fondo es horizontal, ó inclinado en pendiente suave, la superficie del hielo es casi uniforme, y las grietas raras y muy estrechas por lo regular.
»No se crea por eso que estos hielos tienen una superficie resvaladiza como la de los lagos, es por el contrario áspera y escabrosa, y no hay peligro de escurrirse sino cuando la pendiente es demasiado rápida. Su sustancia es al mismo tiempo muy porosa y en todas partes se ven grandes pedazos trasparentes y sin burbujas, lo que hace creer que esta sustancia no está formada mas que por la congelación de la nieve impregnada de agua.
«Todos los grandes ventisqueros tienen en su estremidad inferior, y á lo largo de sus bordes, grandes montones de arena y de despojos que provienen de las vertientes de las montañas. Los paisanos de Chamouny dan el nombre de gusanillos á estos despojos. Estas arenas y piedras, algunas veces se detienen también en los hielos, formando bancos de grande estension.
«Por encima del ventisquero de Bois está el de Montanvert, elevado 856 metros sobre el valle y 1,908 sobre el nivel del mar, y situado al pie de la aguja de Charmos.
«Subiendo al Montanvert se disfruta de la encantadora vista del valle de Chamauny, del Arve , que lo riega en toda su longitud, de una multitud de aldeas y pueblecillos medio escondidos entre los árboles y de campiñas perfectamente cultivadas; pero al llegar á lo alto, cambia la escena, y en vez del risueño y fértil valle, se encuentra el viagero casi al borde un precipicio, cuyo fondo es un valle mucho mas ancho y largo, lleno de nieves y de hielos, y rodeado de colosales montañas, que admiran por su forma y por su inmensa altura, y que chocan por lo escarpadas y estériles; la estremidad inferior de este valle, es de donde nace el torrente del Arveirón.
«Entre las montanas que dominan el ventisquero de Bois, lo que principalmente fija las miradas del observador es un gran obelisco de granito que está en frente de Montanvert por el otro lado del ventisquero, y que le llaman la aguja de Dru; y en efecto, su forma redonda y estremadamente esbelta, le da mas semejanza á una aguja que á un obelisco; sus lados están pulimentados como por el arte, y solamente se distinguen algunas asperezas y algunas hendiduras rectilíneas trazadas con la mayor limpieza. La altura de este pico es de 2,844 metros sobre el valle de Chamouny. Es imposible llegar á todo lo alto, de modo que su cúspide no puede observarse mas que con ayuda del telescopio
«Cuando se ha descansado bien sobre la menuda yerba del Montanvert, y se ha cansado la vista, si es posible que se canse, del gran espectáculo que presentan el ventisquero y las montañas que lo rodean, se desciende por un rápido sendero, entre rododendros y malezas hasta el borde del vestiquero. Por aqui se pasa por encima del mismo hielo, y si no está muy escabroso y dividido en grandes grietas, es menester internarse por lo menos 300 ó 490 pasos, para formar una idea exacta. Desde Montanvert, por ejemplo, y sin bajar al mismo ventisquero, no se puede distinguir bien los detalles; sus desigualdades parecen desde lejos las ondulaciones de la mar después de la tempestad; pero cuando se está en medio del ventisquero, estas ondas parecen montañas, y sus intérvalos, valles formados entre estas montañas. Es necesario caminar un poco por el ventisquero para ver sus bellos accidentes, sus anchas y profundas grietas, sus grandes cavernas, sus lagos llenos de la mas hermosa agua, encerrada en muros trasparentes del color de agua–marina, sus arroyos de un agua pura y clara que corren por entre canales de hielo, y que van á precipitarse formando cascadas en abismos también de hielo.
Después de haber atravesado el ventisquero, subí hacia el pie de la aguja de Dru, y descansé en la pradera que se llama la plaza de la Aguja. Como no se puede ir á este sitio, sino por el ventisquero, todos los que quieren enviar alli sus ganados, se reúnen al principio del estío para abrir un camino en el hielo; también llevan cierto número de terneras y una ó dos vacas de leche, que sirven para el alimento del pastor. Alli permanecen hasta principios de otoño, teniendo para la vuelta que abrir de nuevo el camino; pues el que les ha servido para la ida, es casi siempre destruido algunas horas después por el continuo movimiento del hielo. El mismo pastor no baja á la aldea mas que una ó dos veces en toda la estación, para buscar su provision de pan, y todo el resto del tiempo permanece alli solo con su rebaño en esta horrible soledad. Cuando yo estuve alli, en 1760, encontré al pastor; este era un anciano de larga barba, vestido de piel de ternera con el pelo hacia fuera, y su aspecto era tan salvage como el lugar que habitaba. El se admiró mucho de ver á un estrangero, y yo creo que fui el primero cuya visita recibió. Yo hubiera desea–