miércoles, mayo 27, 2009

Viage ilustrado (Pág. 395)

las rocas que los alimentan y hacerlas rodar con estruendo sobre el camino, á poco la negra montaña despareciendo bajo una capa de blanca y eterna nieve, se asemejaba á un cadáver medio envuelto en su sudario y pronto á dar la mano y servir de guia al osado viagero, que se atrevía á turbar el reposo de aquel lugar de muerte y destrucción; ya por el opuesto lado un precipicio sin fondo estrechaba el camino hasta dejarlo con media vara escasa de anchura. Nada turbaba el silencio aterrador de estas comarcas sino el estruendo mas aterrador aun de una y otra cascada que despeñándose formaba riachuelos, que era preciso vadear con el agua á las rodillas. Atravesamos sin detenernos por San Pedro, último pueblo de Suiza, compuesto de veinte ó treinta casas de madera sin mas abertura, que la puerta colocada muy alta para que las nieves no la obstruyan y en donde se halla una piedra miliaria al parecer del tiempo de Constantino, como para servir de límite entre el mundo y el reino de la muerte. En efecto, aquí ya desaparece la vida, se pierde la vegetación, uno que otro manchase de negro y miserable musgo, uno que otro árbol de un verde oscuro y de ramas caídas hacia la tierra, son los únicos vivientes que se descubren; ni aun el cuervo funerario cruza aquellos aires helados. Eran las once cuando llegamos á la cantina, choza miserable que sostiene el gobierno para auxiliar á los viageros, que llegan á ella yertos de frío, y almorzamos un pedazo de pan de maíz, duro como las rocas que nos sustentaban, y un vaso de aguardiente. A las once y cuarto, precedidos de cuatro guias y cuatro mulos portadores de nuestro bagage, y armados de largos bastones de fuerte y acarada punta, envueltos en nuestros albornoces, con botas hasta la rodilla, forradas de pieles y con forradas suelas, sufriendo una nevada espesísima que se cristalizaba en cuanto llegaba al suelo, cayendo en una parte, atravesando en otra charcos y arroyos mas helados aun, cuyos cristales rotos á nuestro peso nos hacían caer en el agua, que helaba nuestros huesos, mirándonos de vez en cuando y aunque silenciosos y aterrados, descubrimos el hospicio á cosa de la una y media; diez minutos después el guia en gefe heria la puerta con un bastón de viage. Dos canónigos jóvenes, envueltos en levitas de piel y con bonetes cónicos, salieron á recibirnos y nos condugeron á un comedor donde después de secar nuestra ropa y reanimar nuestros ateridos miembros junto al fuego, se nos sirvió la comida. Reunidos nos hallábamos en el comedor del convento unas treinta personas, entre las que se contaban los siete canónigos agustinos que forman la altamente benéfica comunidad. Todos siete son jóvenes, el abad cuenta solos cuarenta años y hace muchos que está en el convento. Vestían largas sotanas con cola y sobre ellas levitas de piel, usaban en el convento bonetes cónicos; pero para salir los reemplazan por sombreros de anchas alas y cubren la cara con un antifaz de doble piel. Pronto la conversación se hizo general, y escuchamos de su boca cuales eran sus deberes y cual su método de vida; una vez decididos á entrar en la orden, se trasladan al hospicio, de donde solo salen cuando las reumas contraídas por las humedades y las nieves los obligan á pasar al Monte–Ccnis ó á los curatos de Martegni, Lideo ó San Pedro; durante su permanencia en el convento, tienen la obligación de cruzar el monte dos veces al dia para recoger y dirigir á los estraviados peregrinos; pero á estas escursiones salen siempre dos canónigos por lo menos, cuatro criados y un perro; raro es el año que no perecen algunos victimas de su caridad evangélica; en el convento se recibe á todo viagero sea cualquiera la hora en que llegue, jamás se le demanda su nombre, ni su patria, ni su religion, se le mantiene tres dias según su clase, y al tercero, si no está enfermo, se le despide. La comida terminada, nos dieron el registro por si queríamos inscribirnos en él: muchos años han pasado, muchos nombres hay inscritos alli sin que se lea el de un solo español; al pie de algún trozo de Herrera ó de Rioja, pusimos nuestras firmas, y acompañados del abad, salimos á recorrer la cúspide del gran San Bernardo, y á ver el convento: eran las tres de la tarde, el termómetro marcaba cuatro grados bajo cero.
«Forma el monte en su cúspide un pequeño valle, y alli está edificado el hospicio; es cuadrado, de tres cuerpos y se sube á la puerta por dos escaleras laterales, de unos diez escalones; pasada esta, se halla uno en un pequeño recinto, que alumbra una ventana, debajo de la cual, sobre mármol negro y con letras de oro, se halla una inscripción dedicada por los valesanos á Napoleon; frente á ella, una puerta comunica con un oscuro corredor que conduce á las habitaciones de los criados y á las destinadas para los viageros del pueblo; á la izquierda de la ventana se halla la puerta del comedor; este es cuadrado, le ocupa una larga mesa, y un piano, donación de una señora inglesa; al lado del comedor se encuentra el museo de antigüedades compuesto de varios ex–votos romanos, hallados en el monte y muy bien conservados; en la planta superior se halla la biblioteca, de unos dos mil volúmenes, el gabinete de física é historia natural, el observatorio metereológico, porque los monges llevan un diario exacto de observaciones, y las habitaciones de los viageros distinguidos; en el tercer piso las celdas de los canónigos, nada cómodas por cierto: frente al hospicio se halla otro edificio, destinado hoy á dormitorio de las mugeres del pueblo y á asilo de monges y viageros, en el caso de que un incendio destruya el convento, cosa que se ha repetido mas de una vez. Al lado del hospicio y á su izquierda se encuentra la Morgue, llámase asi á un cabo de piedra de unas 6 varas cuadradas sin mas abertura que una ventana de 5 pies de altura por 6 de ancho, cerrada con una reja y que sirve de depósito á los cadáveres que se hallan entre la nieve; nos asomamos, ni fuerzas teniamos para retroceder, el terror clavaba nuestros pies en el nevado pavimento, nuestros ojos en el fúnebre recinto; hacinados se hallaban en el suelo sobre una alfombra de blancos huesos, unos cuantos cadáveres medio desnudos, que contaban ya algunos años de depósito, porque el aire glacial evita la putrefacción, cuyos ojos entreabiertos y cuya pupila fija parecía observar con avidez nuestro pálido rostro. Alli, al lado de un anciano de blancos cabellos y luenga barba, se hallaba tendido y cubierto por una tosca tela atada á los pies, una joven mas blanca que la nieve que había cortado el hilo de su vida... Había sido bella, y su boca entreabierta parecía sonreírse aun, para aumentar nuestro terror. Abandonamos por fin la Morgue y seguimos subiendo un poco; á la derecha se ve el lago, que ocupa unas diez varas, y cuyas aguas, aguas muertas, se hallaban cubiertas por media pulgada de hielo, le costeamos para dirigimos á una cruz tallada en piedra, que se halla al pie de

lunes, mayo 25, 2009

Viage ilustrado (Pág. 394)

combate mas terrible entre los elementos mas opuestos. Apenas se empieza á ver un poco, cuando se encuentra uno otra vez envuelto en estas espesas nubes y se corre peligro de perderse en lo escabroso de las rocas, bastando estar un momento en medio de estas nubes para verse cubierto de un rocío tan fino que bien pronto moja hasta la piel. Este mal tiempo duró tres días y fué acompañado de un viento muy frio. Aunque el termómetro no bajó mas que á cuatro grados sobre cero, el frio parecia mucho mas vivo y penetrante que el que se siente en las llanuras al mismo grado, lo cual impedia dejar el fuego. El mismo efecto que en nosotros parecia causar en los religiosos, á pesar de estar mas acostumbrados; porque venían con frecuencia á quemarse mas bien que á calentarse, en una gran hoguera de madera de pino que chisporroteaba y esparcía su llama por todas partes. Tales son en general los meteoros de las regiones superiores de los Alpes, y los presentamos por el mismo orden con que los hemos visto. Al fin se descubrió el cielo, la temperatura cambió, y según me dijeron los religiosos, este era el tercer día bueno y sereno que había hecho en todo el año, añadiendo, que había dos en los cuales no se había contado un dia entero sereno.
»En el hospicio no hay nunca mas que diez ó doce religiosos. Es verdaderamente interesante verlos en los dias de gran concurrencia ocupados en recibir los viageros, reanimarlos y asistir y cuidar á los que vienen enfermos ó estenuados por la fatiga y el frio. Ellos sirven con igual esmero á los estrangeros que á los compatriotas, sin distinción de edad, de sexo ni de religion, sin informarse de la patria, ni de las creencias de los que necesitan de sus cuidados; la necesidad ó el sufrimiento, estos son los principales títulos para tener derecho á sus desvelos. Pero cuando su celo es mas meritorio es principalmente en la primavera y en el invierno, porque sufren los mas grandes trabajos y están espuestos á inminentes peligros. Desde el mes de noviembre hasta mayo, un criado de confianza, que se llama maronnier, va hasta la mitad de la pendiente delante de los viageros, acompañado de uno ó de dos grandes perros que están enseñados á reconocer el camino cuando hay nieblas, en las tempestades y en las grandes nevadas y á descubrir los pasageros que se han estraviado. Frecuentemente cumplen los religiosos por sí mismos esta misión, para dar á los viageros socorros espirituales y materiales; siempre que el maronnier no basta á salvar á los que están en peligro, ellos vuelan en su socorro, los conducen, los sostienen y aun muchas veces los cargan sobre sus espaldas y los llevan hasta el convento, teniendo que hacer á veces también violencia á los viageros, que helados se empeñan en que los dejen dormir un poco sobre la nieve, y es necesario arrancarlos por fuerza de este pérfido sueño, que insensiblemente los conduciría á la muerte. Solo un continuo movimiento puede dar al cuerpo el suficiente calor para resistir al estremado rigor del frio; por eso cuando los religiosos se ven obligados á caminar despacio por la mucha nieve que se lo impide, golpean frecuentemente sus manos y pies con los bastones herraque llevan siempre, sin lo cual se les helarían las estremidades sin sentirlo.
»A pesar de todos sus cuidados no pasa invierno en que no muera algún viagero ó llegue al convento con los miembros helados. El celo y la actividad de estos buenos religiosos brilla también en las pesquisas que hacen para buscar á los desgraciados que han sido arrastrados por las avalanchas ó enterrados en la nieve. Cuando las víctimas de estos accidentes no han sido sumergidas profundamente en la nieve, son descubiertos por los perros del convento; pero el instinto y el objeto de estos animales no puede penetrar á una gran profundidad. Cuando se hecha de menos algún viagero, y los perros no pueden encontrarlo, van los religiosos con grandes palos á sondear el terreno, y cuando encuentran resistencia, conocen por ella si es alguna roca ó un cuerpo humano; en este último caso, apartan prontamente la nieve, y muchas veces tienen el consuelo de salvar á hombres que sin su auxilio no hubieran vuelto á ver la luz: á los que encuentran heridos ó mutilados por el hielo, los tienen en el hospicio hasta su completa curación, sin exigirles retribución alguna por ello.»
Según las observaciones hechas por Mr. Pietet, el convento del gran San Bernardo esta á 2,492 metros sobre el nivel del mar, y dura alli el invierno ocho meses. Su posición está muy cerca del término de las nieves eternas, pues está dominada por cimas, que estando á mucha mas elevación que este término, permanecen eternamente cubiertas de nieve y hacen estremadamente frío todo cuanto les rodea. Por esto se comprenderá fácilmente que los alrededores del convento no produzcan nada. Los religiosos tienen solamente un pequeño jardín, abrigado y bien calentado por estiércol, donde con mucho trabajo cogen á fines de agosto algunas coles y lechugas de la especie mas pequeña, no cultivando este jardín mas que por el placer de ver alguna vegetación.
Precisamente al llegar aquí un amigo nuestro, el ilustrado joven don Clemente Fernandez, que acaba de hacer un escelente viage por Europa, nos ha facilitado la siguiente relación de su visita al famoso San Bernardo. Como según todas las probabilidades, no se habrá publicado todavía ninguna relación tan reciente, daremos nuestros lectores del referido establecimiento las noticias que mas se desean generalmente en estas ocasiones.
«Amaneció el 7 de setiembre de 18522, dice el señor Fernandez; habíamos pasado la noche en un meson, semejante á los nuestros de la Mancha; á las ocho de la mañana debíamos abandonar á Lideo. Colocóse el equipage en nuestro charaban, montamos en él y partimos; muchos dias hacia que no veíamos el sol pero ninguno se habia presentado á nuestros ojos el cielo con un aparato mas triste y amenazador, densas nubes de color de ceniza reemplazaba al diáfano azul, una niebla espesa y glacial nos envolvía, y limitaba el horizonte á veinte varas de nosotros. Apenas habíamos andado un cuarto de hora, notamos que el camino se dividía y que el charaban se hallaba suspendido en la punta de un enorme peñasco, unido por toscas tablas con otro semejante y entre los que mediaba gran distancia, y un abismo sin fondo era su base; temimos que el débil puente se hundiese con el peso del carro que nos conducía, y nos apeamos para no montar mas en él.
»A cada momento se hacia mas y mas áspera la subida, mas y mas salvage la naturaleza que nos rodeaba, mas negro el cielo, mas espesa la niebla, mas raro el aire, mas pobre la vegetación; si levantábamos los ojos, descubríamos por un lado una masa inmensa de rocas, en cuya ostensión inconmensurable solo se veían uno ó dos árboles, destinados á separar con sus raices

viernes, mayo 22, 2009

Viage ilustrado (Pág. 393)

Hablando de los habitantes de los Alpes no se puede dejar de decir algunas palabras de las paperas y del cretinismo. Las paperas son una gordura mas ó menos grande, producida por el infarto de las glándulas del cuello; en las montañas hay una multitud de personas acometidas de esta enfermedad. El cretinismo es una verdadera imbecilidad, una inercia estúpida. Los cretinos tienen todos paperas; pero en ellos parece efecto de flojedad de la fibra, mas bien que una obstrucción propiamente dicha; porque todo indica en ellos una estremada flojedad; sus carnes son fofas y flacas, su piel marchita y arrugada, su lengua torpe, sus labios y párpados gordos y salientes y su color amarillo bronceado. La misma flojedad se manifiesta en su carácter, y aunque la necesidad los escite á hacer los movimientos indispensables á su conservación, se ve en ellos una apatía é indolencia escesivas, no son capaces de ningún movimiento espontáneo, á no ser el de la deglución, y hay que darles el alimento con la cuchara como á los niños recien nacidos. Este es el último grado de la enfermedad, pues mas allá de este término cesan las funciones vitales y el individuo no tiene los resortes necesarios para vivir. Pero desde este grado hasta la perfecta inteligencia, se encuentran en el Valais, en el valle de Aoste y en la Maurienne todas las gradaciones intermediarias que se pueden imaginar. Se ven cretinos que no profieren mas que sonidos inarticulados, otros que balbucean algunas palabras, otros que sin tener uso de razón, son capaces, sin embargo, de aprender por imitación á desempeñar algunos trabajos de la casa ó del campo, y también los hay que se casan y cumplen mejor ó peor los deberes de la sociedad. Las personas acometidas de esta enfermedad no se encuentran mas que en los valles: en los llanos y en las alturas no.
El punto mas elevado de la Saboya y aun de toda la Europa es el monte Blanco. Está á 4,892 metros sobre el nivel del mar. Mr. de Saussure no pudo llegar hasta su cima, solo se elevó cerca de 3,800 metros, y ningún observador europeo ha llegado después á esta altura. En todas las mas altas montañas donde él estuvo, ha hecho una singular observación, y es, que se siente un sueño irresistible, lo cual es efecto del enrarecimiento del aire; si se sucumbe al deseo de dormir, bien pronto se queda uno helado en medio de las nieves y los témpanos y alli se muere; por eso es necesario agitarse todo lo posible hasta que se desciende á una atmósfera mas densa.
«No pude dejar estos sitios, dice el mismo viagero, sin visitar el hospicio del gran San Bernardo, una de las instituciones mas útiles que la religion ha inspirado á los hombres en beneficio de sus semejantes. El monte San Bernardo está situado en los confines del Valais y del Piamonte. Saliendo de la ciudad de Aoste para ir á él, atravesé unos viñedos que miran al Mediodía, en la pendiente de una montaña desquebrajada y árida; los agudos y repetidos gritos de las cigarras hacian creer que estaba en un pais mucho mas meridional, las moreras, los almendros y los almeces que por todas partes crecen, favorecen esta ilusión, y se desea la frescura de sombrosas arboledas; pero después de haber caminado como unas cuatro horas, se comienza á sentir un frió muy vivo, y una hora después se traslada uno al clima de Spitzberg y de Groenlandia, y no se suspira mas que por las estufas y el buen fuego que esperan en el convento. Después de pasar un tortuoso sendero entre dos rocas, se encuentra un pequeño valle, á la estremidad del cual se descubre el hospicio. El aspecto de éste es muy triste; es un gran edificio cuadrado y sin ninguna especie de adorno; alrededor de él no hay árboles ni verdura. El convento llena el fondo de una garganta cerrada entre altas montañas, á la orilla de un pequeño lago que parece negro á causa de su profundidad y sobre todo por las nieves de que casi está siempre rodeado.
»El cielo estaba puro y sin nubes cuando llegamos al convento, y el sol mas brillante iluminaba aquellas soledades. Difícil seria esplicar las diferentes sensaciones que á la vez se esperimentan; la primera que se distingue es un pasmo ocasionado por la dificultad de respirar; parece que los pulmones no tienen la ordinaria elasticidad y les falla capacidad para contener el aire aspirado. La diferencia del que se respira en semejantes alturas es muy sensible al que solo está acostumbrado al aire de las llanuras, aquel es mas raro y mas puro, porque está menos cargado de vapores, y el cielo es de un azul mas bello, de un color mas vivo, desconocido á los habitantes de los llanos. El aspecto de estas áridas montañas llama al instante la atención. La mezcla de una viva luz reflejada por la blancura de las nieves que cubren todas las cimas, y la de estas rocas peladas que tiñe el sol de color de rosa y de un azul bajo, hacian un singular contraste con las grandes masas de sombra, producidas por las montañas cuyas cimas parecen desgarradas y cubiertas de puntas de roca, que, horadando las nieves, coronan lo alto de este cuadro.
»Un religioso, destinado para recibir á los viageros, cuya bondad y afabilidad nos previno en su favor, nos sacó del éxtasis y de la admiración que producen los grandes espectáculos de la naturaleza. A pesar del calor que habia hecho el dia que llegamos, la noche fué fría. Al dia siguiente, 30 de julio, lo alto de la montaña estaba cubierto de nubes espesas, pero tranquilas, ninguna agitación habia en el aire. Por la tarde hizo frio; el termómetro, que por la mañana marcaba cuatro grados bajo cero, subió á tres sobre cero á las nueve de la noche, y durante toda ella, cayó una horrible lluvia mezclada de nieve y acompañada de un espantoso viento. La lluvia continuó al dia siguiente; á la lluvia sucedió la nieve, el viento arreció viniendo de abajo arriba, y puso en movimiento las nubes hacia el valle por donde se viene del Valais, y las hizo desfilar siguiendo las sinuosidades del terreno hasta que se sumergieron en una hondonada donde está el pequeño lago; alli las nubes se iban apretando y amontonando sucesivamente; al abrigo del viento que por encima corria, permanecían tranquilas en este fondo, y su espesor y oscuridad aumentaban á medida que el aire soplaba con mas violencia, volviéndose por último este lugar en estremo tenebroso. El rigor del frio y del viento nos habia obligado á dejar este singular espectáculo para aproximarnos al fuego. A poco fué general la oscuridad alrededor del convento; el trueno comenzó á rugir sordamente, aumentándose poco á poco hasta estallar con gran violencia; parecía que dentro de las habitaciones se chocaban las nubes, sintiéndose el estruendo por debajo y por encima de si; la lluvia, la nieve y el granizo se sucedían, y también caian juntos con frecuencia; á todo esto se mezclaban los relámpagos, presentando el espectáculo del choque y

miércoles, mayo 20, 2009

Viage ilustrado (Pág. 392)

»Pero la caza de la gamuza, quizá mas peligrosa todavía, ocupa aun á muchos habitantes de las montañas y arrebata con frecuencia, en la flor de su edad, una porción de hombres que son el amparo de sus familias, y cuando se conoce el modo de hacer esta caza, se admira que un género de vida tan duro y peligroso tenga atractivos tan irresistibles para los que se han acostumbrado á él. El cazador parte ordinariamente por la noche para llegar al amanecer á los sitios mas elevados, donde las gamuzas van á pacer antes que vayan alli los rebaños. Desde que descubre los sitios donde cree que habrá gamuzas principia el cazador á esplorar el terreno con su anteojo; si no vé nada, sigue avanzando y elevándose para descubrir mas; pero si observa algo, procura subir á un sitio desde donde esté mas próximo y domine el terreno, costeando barrancos, ú ocultándose con las matas y las rocas; cuando llega á un sitio desde donde distingue los cuernos de la gamuza, ya conoce que está á tiro, entonces apoya la escopeta en una roca, apunta con el mayor cuidado y sangre fria, y rara es la vez que yerra el tiro. El arma que usan, es una carabina larga cargada con balas forzadas, y por lo regular son de dos tiros, aunque de un solo cañón; los tiros están colocados uno sobre otro, y se disparan sucesivamente. Cuando el cazador ha matado la gamuza, corre hacia su presa y la asegura desjarretándola; después mide el camino que hay hasta su aldea y si es muy difícil, desuella al animal y no recoge mas que la piel; pero con poco practicable que sea el camino, carga la gamuza sobre sus espaldas y la conduce al través casi siempre de horribles precipicios y á distancias enormes. Toda la familia se alimenta de esta carne, que es muy buena, especialmente cuando la gamuza es joven, y la piel la secan para venderla.
«Pero si, como generalmente sucede, el vigilante animal siente venir al cazador, huye con la mayor rapidez, atravesando los hielos, las nieves y las rocas mas escarpadas. Cuando hay muchas juntas es muy difícil acercarse; mientras las demás están paciendo, una de ellas se coloca en acecho y al menor síntoma de temor que percibe, da una especie de silbido, á cuya señal se aproximan las otras para juzgar por sí mismas de la naturaleza del peligro, y entonces, si ven que es un animal dañino, ó un cazador, la mas esperta se pone á la cabeza y huyen todas en fila á los sitios mas inaccesibles.
»Aqui es cuando comienzan las fatigas del cazador; arrastrado por su pasión, no hace caso de los peligros, atraviesa sobre las nieves sin cuidarse de los abismos que pueden tragarle, penetra por los senderos mas arriesgados, sube, y se lanza de roca en roca sin saber como podrá volver. La noche le coge con frecuencia en su persecución, pero no renuncia á ella por esto. Se lisangea que la misma causa hará detener también á las gamuzas, y que al amanecer podrá volver á emprender su cacería. Alli pasa la noche, no al pie de un árbol cómo el cazador de las llanuras, ni en una cueva tapizada de musgo, sino al pie de una desnuda roca, donde carece del menor abrigo. Alli, solo, sin fuego, sin luz, saca de su morral un poco de queso y un pedazo de pan de avena, que es su ordinario alimento; este pan es tan duro, que se ve obligado á partirlo entre dos piedras, ó con el hacha que lleva para abrir escalones en los hielos. Después de hecha tristemente su frugal comida, pone una piedra bajo su cabeza y se duerme pensando en la dirección que pueden haber tomado las gamuzas que perseguia; pero bien pronto lo despierta el frio de la mañana, y se levanta aterido y yerto, mide con la vista los precipicios que tiene que atravesar para seguir la pista a las gamuzas, coloca de nuevo el morral en su espalda y corre en busca de nuevos azares. Estos cazadores están algunas veces por espacio de muchos dias en medio de los desiertos, y durante este tiempo, su familia, y especialmente sus desgraciadas esposas se hallan sumergidas en la mas viva inquietud; no se atreven á entregarse al sueño, por el temor de verlos durante él; porque es opinion recibida en el pais, que cuando un hombre perece entre los hielos ó sobre alguna ignorada roca, se aparece por la noche á la persona que le era mas querida para decirle donde está su cuerpo y rogarle le haga los últimos honores.
«Después de esta pintura fiel de la vida del cazador de gamuzas, ¿podrá comprenderse que esta caza sea el objeto de una pasión absolutamente irresistible? Yo he conocido un joven de la parroquia de Sixt, de hermosa figura, casado con una muger encantadora, que me decia: mi abuelo murió en la caza, mi padre también, y yo estoy tan persuadido de que también moriré en ella, que á este saco que veis y que llevo á la caza, le llamo mi paño mortuorio; porque estoy seguro, de que no tendré otro; y con todo, si me ofrecierais hacer mi fortuna á condición de renunciar á la caza de gamuzas, la rehusaría. Yo hice en los Alpes algunas correrías con este hombre; era de una agilidad y una fuerza admirables, pero su temeridad era mayor aun que su fuerza. He sabido que dos años después le faltaron los pies al borde de un precipicio, donde encontró el destino á cuya idea estaba tan acostumbrado. El corto numero de los que envejecen en este oficio, llevan en su fisonomía la marca de la vida que han tenido; un aire salvage, huraño y feroz los hace reconocer aun entre la multitud.
«Los demás habitantes de la Saboya son poco mas ó menos como los del valle de Chamouny. Colocados entre la Italia y la Francia, se reparten en gran número entre las dos; cada familia envia por lo menos uno de sus miembros al estrangero. La miseria del pais y los pocos recursos que alli se encuentran los obligan á esta emigración momentánea. En todas las grandes ciudades se les encuentra, haciendo por un módico salario los trabajos mas penosos: ellos son ordinariamente limpia–chimeneas, buhoneros, ó enseñan la linterna mágica. Su fidelidad y buena fé son generalmente reconocidas, y también son proberviales su sobriedad y su economía. Esta última cualidad les hace con frecuencia interesados, pero no se puede mirar como un vicio este deseo de ganar, en hombres que solo piensan en juntar para llevar á sus pobres familias. Ellos encierran cuidadosamente el producto de sus sudores en una bolsa de cuero que siempre llevan atada á la cintura; para acrecentar este pequeño tesoro, se privan hasta de lo necesario, y se reúnen mochos juntos á fin de vivir con mas economía, contentándose con los alimentos mas groseros, y con un poco de paja por cama. Pero esta vida dura y triste á la vista misma del lujo mas refinado, no parece alterar en nada su bondad y buen humor, y ni aun tienen, al parecer, el deseo de una existencia diferente. Recostados en las puertas de los palacios, observan toda la pompa de los ricos, pero no por eso dejan de llevar á sus montañas la misma sencillez de costumbres que traen.»

lunes, mayo 18, 2009

Viage ilustrado (Pág. 391)

do que le hubiese quedado de mi visita un recuerdo agradable; pero él no deseaba mas que tabaco, yo no lo tenia, y el dinero que le di no le causó un gran placer.
«Volviendo de Montanvert al priorato de Chamouny, si no se quiere ir dos veces por un mismo camino y no se teme bajar por una pendiente rápida se puede descender por una cuesta llamada la Felia. Cuando se llega á lo hondo del ventisquero, se ve el Arveiron salir per un arco de hielo.
»Este arco es uno de los objetos mas dignos de la curiosidad de los víageros. Su figura es la de una profunda caverna, cuya entrada es una bóveda de hielo de mas de 33 metros de elevación, y de una anchura proporcionada; esta caverna, según la combinación de la luz, parece unas veces blanca y opaca como la nieve, y otras trasparente y verde como el agua–marina. De su fondo sale con impetuosidad un rio de blanca espuma, que frecuentemente arrastra en sus ondas grandes pedazos de hielo. Alzando la vista por encima de esta bóveda, se ve un inmenso ventisquero coronado por pirámides de hielo, de en medio de los cuales parecer sali el obelisco de Dru, cuya cima va á perderse en las nubes. A este bello cuadro sirven de contornos los hermosos bosques de Montanvert y de la Aguja del Bochard, y estos bosques acompañan á los hielos hasta su cúspide que se confunde con el cielo.
«Algunas veces hay la curiosidad de entrar en la caverna, y se puede en efecto penetrar mientras tiene suficiente anchura y el Arveiron no la llena toda; pero es siempre una temeridad, por los fragmentos que continuamente se están desprendiendo de su bóveda. Cuando nosotros la visitamos en 1778, advertimos en el arco que forma la entrada, una gran grieta casi orizontal, cortada en sus estremidades por hendiduras verticales, por lo que era de presumir que este pedazo se desprendería bien pronto. Efectivamente, por la noche se oyó un gran ruido parecido al trueno, y era, que este trozo, que formaba la clave de la bóveda, se habia caido, y habia arrastrado en su caída toda la parte esterior del arco; este montón de hielo suspendió por algunos momentos el curso del Arveiron, las aguas se acumularon en el fondo de la caverna, y rompiendo en seguida este dique, arrastraron con violencia los grandes trozos de hielo, los hicieron pedazos contra las rocas de que está sembrado el cauce del torrente y arrojaron los fragmentos á grandes distancias. Al dia siguiente vimos con cierto espanto el sitio donde habíamos estado parados la víspera, cubierto de estos grandes pedazos de hielo.»
Nuestro sabio viagero no puede dejar las montañas y ventisqueros que rodean el valle de Chamouny sin decir algo de las costumbres de los habitantes de este célebre valle. «Por largo tiempo se les ha creído unos verdaderos bandidos. Sin embargo, San Francisco de Sales, fué allí en un tiempo de miseria á llevarles socorros y consuelos. En 1741, Pocock que estuvo alli reconoció la falsedad de la injuriosa reputación que se habia dado á las mejores gentes del mundo, y se empeñó en desengañar á la Europa y hacerle conocer uno de los lugares mas curiosos que encierra. Esta relación hizo que los estrangeros fuesen sin temor al valle, y su concurrencia fué bien pronto tan considerable, que escedió al número de albergues de que podían disponer. Esta concurrencia, con el dinero que llevaba á Chamouny, cambió un poco la antigua sencillez y pureza de las costumbres de su habitantes.
«Los hombres de Chamouny, asi como los de la mayor parte de los altos valles, no son en general muy altos ni de una hermosa figura, y sin embargo, son fornidos, nerviosos y muy robustos, y lo mismo las mugeres. Estas no llegan á una edad muy avanzada, ni tampoco los hombres, siendo muy raro ver uno de 80 años. Los saboyanos son generalmente honrados, fieles y muy puntuales en cumplir los deberes de su religion; saben ser económicos y al mismo tiempo caritativos. Los huérfanos y los ancianos que no tienen medio alguno de subsistencia son mantenidos alternativamente por todos los habitantes de la parroquia; cada uno, á su turno, los lleva á su casa, y alli los tiene durante un número de dias proporcionado á sus facultades; y cuando ha concluido este turno, se vuelve á principiar de nuevo. Si un hombre, á causa de sus enfermedades ó de su edad avanzada, no puede cultivar sus tierras ni mantener su familia, los vecinos se convienen entre sí para cultivarlas entre todos.
»Si alguna cosa les falta, son fábricas y oficios, en que pudieran ocuparse los hombres durante el invierno, cuando la tierra cubierta de nieve se opone a sus trabajos. Los que son activos y tienen amor al trabajo encuentran los medios de entretenerse útilmente, pero no existe allí ninguna ocupación que les incite ni sea bastante lucrativa para arrancarlos á la seducción de la ociosidad y de la pereza. Muchos de ellos pasan su vida en las tabernas, donde también se juega mucho; yo he conocido á uno que tenia haciendas muy considerables y que lo perdió todo viéndose reducido á la necesidad de ir á París á ejercer el oficio de limpia–botas. En las grandes aldeas es donde mas reina el desorden, pero en las pequeñas, se reúnen desde que viene la noche en la casa cuya cocina es mas grande; alli las mugeres hilan, tejen cáñamo, y cuentan historias; los hombres hacen cubos, cucharas ú otras pequeñas obras de madera, y la dueña de la casa no hace mas gasto que el de un cántaro de agua y una fuente de manzanas silvistres asadas en las brasas para las personas que asisten á la velada.
»Los habitantes tienen un talento vivo y penetrante, su carácter es alegre y bromista, aprenden con la mayor habilidad las ridiculeces de los estrangeros, y los remedan entre sí con mucha gracia.
»La esperanza de hacer fortuna, ó la simple necesidad de ganar algo, llevan á Alemania, y principalmente á París, un gran número de hombres, tanto de Chamouny, como de otras partes de la Saboya; todos los trabajos pesan, por consiguiente, sobre las mugeres, aun aquellos que en todas partes están solo encargados á los hombres, como segar, cortar leña, trillar etc., habiendo animales del mismo sexo que están mejor cuidados que ellas, y son las vacas que sirven para labrar la tierra.
«Buscar cristal y cazar son los solos trabajos que hacen esclusivamente los hombres. Por fortuna hoy se ocupa un número mucho menor que otras veces en el primero de estos trabajos; y decimos por fortuna, por que en él perecia mucha gente; la esperanza de enriquecerse rápidamente encontrando una cueva llena de hermosos cristales tenia un atractivo tan poderoso, que se esponian á los peligros mas inminentes, y no pasaba año que no murieran muchos hombres en los hielos ó en los precipicios.

sábado, mayo 09, 2009

Viage ilustrado (Pág. 390)

cuando se ignora su causa, y demostrando, cuando se la conoce, cuan grande es la masa de los témpanos de hielo, cuya caida produce tan terrible ruido.
»He observado, continúa Mr. de Saussure, dos géneros de ventisqueros distintos, á los cuales se pueden reducir todas sus variedades, por mas numerosas que sean. Los unos están encerrados en valles mas ó menos profundos, que aunque muy elevados, se hallan dominados, sin embargo, por montañas mas altas todavía; los otros no están encerrados en valles, sino estendidos sobre las puntas de las altas cimas.
«Los ventisqueros de la primera clase, es decir, los que están encerrados en el fondo de los altos valles, son los mas considerables, tanto por su estension, como por su profundidad. En los Alpes hay algunos cuya longitud es de muchos kilómetros; el de Bois, en el valle de Chamouny, tiene cerca de 20 kilómetros, sin interrupción alguna, y una anchura que varia, pero que cerca de lo alto es de mas de cuatro kilómetros. El espesor del hielo, varia también; en el mismo ventisquero de Bois lo he encontrado comunmente de 26 á 33 metros; pero se comprende que si donde se encuentra hay huecos ó hundimientos, su profundidad debe ser mucho mayor. Se dice haber encontrado hielo de mas de 200 metros de espesor, y aunque yo no lo he visto, no tengo dificultad alguna en creerlo.
«Estos grandes valles de hielos tienen comunmente el fondo mas profundo cuanto menos inclinado. En todas partes donde su pendiente es rápida, los hielos impelidos por su peso y sostenidos con desigualdad por el fondo escabroso que los contiene, se dividen en grandes trozos, separados por profundas grietas. Estos témpanos, asi divididos y removidos algunas veces por la presión de los que les siguen, presentan grandes y bellos accidentes, formas caprichosas de pirámides, de torres, etc. Pero en todas partes donde el fondo es horizontal, ó inclinado en pendiente suave, la superficie del hielo es casi uniforme, y las grietas raras y muy estrechas por lo regular.
»No se crea por eso que estos hielos tienen una superficie resvaladiza como la de los lagos, es por el contrario áspera y escabrosa, y no hay peligro de escurrirse sino cuando la pendiente es demasiado rápida. Su sustancia es al mismo tiempo muy porosa y en todas partes se ven grandes pedazos trasparentes y sin burbujas, lo que hace creer que esta sustancia no está formada mas que por la congelación de la nieve impregnada de agua.
«Todos los grandes ventisqueros tienen en su estremidad inferior, y á lo largo de sus bordes, grandes montones de arena y de despojos que provienen de las vertientes de las montañas. Los paisanos de Chamouny dan el nombre de gusanillos á estos despojos. Estas arenas y piedras, algunas veces se detienen también en los hielos, formando bancos de grande estension.
«Por encima del ventisquero de Bois está el de Montanvert, elevado 856 metros sobre el valle y 1,908 sobre el nivel del mar, y situado al pie de la aguja de Charmos.
«Subiendo al Montanvert se disfruta de la encantadora vista del valle de Chamauny, del Arve , que lo riega en toda su longitud, de una multitud de aldeas y pueblecillos medio escondidos entre los árboles y de campiñas perfectamente cultivadas; pero al llegar á lo alto, cambia la escena, y en vez del risueño y fértil valle, se encuentra el viagero casi al borde un precipicio, cuyo fondo es un valle mucho mas ancho y largo, lleno de nieves y de hielos, y rodeado de colosales montañas, que admiran por su forma y por su inmensa altura, y que chocan por lo escarpadas y estériles; la estremidad inferior de este valle, es de donde nace el torrente del Arveirón.
«Entre las montanas que dominan el ventisquero de Bois, lo que principalmente fija las miradas del observador es un gran obelisco de granito que está en frente de Montanvert por el otro lado del ventisquero, y que le llaman la aguja de Dru; y en efecto, su forma redonda y estremadamente esbelta, le da mas semejanza á una aguja que á un obelisco; sus lados están pulimentados como por el arte, y solamente se distinguen algunas asperezas y algunas hendiduras rectilíneas trazadas con la mayor limpieza. La altura de este pico es de 2,844 metros sobre el valle de Chamouny. Es imposible llegar á todo lo alto, de modo que su cúspide no puede observarse mas que con ayuda del telescopio
«Cuando se ha descansado bien sobre la menuda yerba del Montanvert, y se ha cansado la vista, si es posible que se canse, del gran espectáculo que presentan el ventisquero y las montañas que lo rodean, se desciende por un rápido sendero, entre rododendros y malezas hasta el borde del vestiquero. Por aqui se pasa por encima del mismo hielo, y si no está muy escabroso y dividido en grandes grietas, es menester internarse por lo menos 300 ó 490 pasos, para formar una idea exacta. Desde Montanvert, por ejemplo, y sin bajar al mismo ventisquero, no se puede distinguir bien los detalles; sus desigualdades parecen desde lejos las ondulaciones de la mar después de la tempestad; pero cuando se está en medio del ventisquero, estas ondas parecen montañas, y sus intérvalos, valles formados entre estas montañas. Es necesario caminar un poco por el ventisquero para ver sus bellos accidentes, sus anchas y profundas grietas, sus grandes cavernas, sus lagos llenos de la mas hermosa agua, encerrada en muros trasparentes del color de agua–marina, sus arroyos de un agua pura y clara que corren por entre canales de hielo, y que van á precipitarse formando cascadas en abismos también de hielo.
Después de haber atravesado el ventisquero, subí hacia el pie de la aguja de Dru, y descansé en la pradera que se llama la plaza de la Aguja. Como no se puede ir á este sitio, sino por el ventisquero, todos los que quieren enviar alli sus ganados, se reúnen al principio del estío para abrir un camino en el hielo; también llevan cierto número de terneras y una ó dos vacas de leche, que sirven para el alimento del pastor. Alli permanecen hasta principios de otoño, teniendo para la vuelta que abrir de nuevo el camino; pues el que les ha servido para la ida, es casi siempre destruido algunas horas después por el continuo movimiento del hielo. El mismo pastor no baja á la aldea mas que una ó dos veces en toda la estación, para buscar su provision de pan, y todo el resto del tiempo permanece alli solo con su rebaño en esta horrible soledad. Cuando yo estuve alli, en 1760, encontré al pastor; este era un anciano de larga barba, vestido de piel de ternera con el pelo hacia fuera, y su aspecto era tan salvage como el lugar que habitaba. El se admiró mucho de ver á un estrangero, y yo creo que fui el primero cuya visita recibió. Yo hubiera desea–

miércoles, mayo 06, 2009

Viage ilustrado (Pág. 389)

Adriático. La ciudad de San Marino está edificada en la cima de una montaña, y cuenta de 700 á 800 habitantes; la república entera se compondrá de unos seis mil. Pero su amor á la libertad los hace notables; son celosísimos de esta libertad y se glorian con razón de ser los republicanos mas antiguos de Europa. Esta república fué fundada por un albañil que se hizo ermitaño y fué á vivir á esta montaña. El ermitaño, de quien después se ha hecho un santo, puso la primera piedra de una sociedad libre, en la que todos los ciudadanos tenían los mismos derechos y los mismos deberes; sus leyes fueron muy sencillas y existen hoy todavía. Este estado debe principalmente su independencia á su poca estension.

ESTADOS SARDOS.

El reino de Cerdeña comprende el antiguo ducado de Saboya, menos una porción de territorio cedido al canton de Génova; el principado del Piamonte; los ducados de Aoste y de Monferrat; el señorío de Verceil; los marquesados de Saluces y de Ivreé; los condados de Niza y de Astí; algunas provincias del antiguo Milanesado; el ducado de Génova: la isla de Caprara, y la de Cerdeña.
Esto es en general un pais bueno é industrioso, con cerca de 4.000,000 de habitantes, gentes económicas, buenos soldados, y que no podrían menos de hacer grandes adelantos, si un gobierno paternal diera continuamente su apoyo, con sabiduría é inteligencia al razonable desarrollo de las instituciones y al bienestar material de los que la Providencia ha confiado á su administración. La Saboya confina con la Suiza, y como ésta, es un pais montuoso, cortado por profundos valles y altas cimas. Ninguna ocasión mas oportuna para dar una idea de esos gigantescos Alpes, que hacen de la Suiza y de la Saboya un pais de maravillas. Para este objeto, tomaremos algunos detalles de Mr. de Saussure, y aunque pudiéramos valernos de descripciones mas modernas en datos y estilo, no podríamos encontrar otras que estuvieran hechas con mas ciencia y estudio.
«Estas grandes cordilleras de montañas, dice, cuya cima se pierde en las mas elevadas regiones de la atmósfera, parecen ser el laboratorio de la naturaleza, el lugar reservado donde ella fabrica los bienes y los males que reparte sobre la tierra; de allí vienen los ríos que la riegan, los torrentes que la arrasan, las lluvias que la fertilizan y las tempestades que la devastan. Todos los fenómenos de la física general se presentan aqui con una magnificencia y una magestad de que no tienen idea los habitantes de las llanuras; los vientos y la electricidad ejercen su acción con una fuerza maravillosa; las nubes se forman á los ojos del observador, que con frecuencia ve nacer bajo sus pies las tempestades que van á asolar las llanuras, mientras que los rayos del sol brillan á su alrededor, y tiene sobre su cabeza el cielo mas puro y sereno. Grandes y sublimes espectáculos hacen variar á cada momento la escena; aquí un torrente se precipita bramando de lo alto de una roca, formando cascadas que se resuelven en menuda lluvia, y presentan al espectador dobles y triples arco–iris, que van siguiendo sus pasos y cambiando con él de lugar. Allí, se despeñan las avalanchas de nieve, con la rapidez del rayo, arrasando y abriéndose paso al través de los bosques, y cortando los mas grandes árboles á flor de tierra, con un ruido mas espantoso que el del trueno. Mas lejos, grandes espacios erizados de eternos hielos parecen un mar congelado súbitamente en el instante en que el soplo de los aquilones impelia los buques que la surcaban; y al lado de estos hielos, en medio de estos objetos espantosos, sitios deliciosos, risueñas praderas exhalan el perfume de mil llores las mas bellas y raras, presentando la dulce imagen de la primavera en el mas suave clima, y ofreciendo al botánico las mas ricas colecciones.»
Uno de los sitios mas curiosos de la Saboya es el valle de Chamouny, ó Chamonix, cuya entrada es un estrecho desfiladero. «Entre estas rocas es donde crecen las verdaderas plantas alpinas que he tenido el placer de encontrar. Deseo, dice el viagero citado, volver á ver, al renacer la primavera que me llama a los Alpes, el rhododendron ferrugineum, este arbusto encantador, cuyas ramas siempre verdes están coronadas de purpurinas flores que exhalan un olor tan dulce como fino es su color; la aurícula de los Alpes, que trasplantada á nuestros jardines ha ganado en riqueza de colores, pero que no tiene la suavidad del perfume que esparce sobre las rocas. No son las plantas solas las que dan al desfiladero su carácter alpestre, las rocas primitivas sobre las que está situado; el Arve, encerrado en un cauce estrecho y profundo, y cuya espuma se ve blanquear por encima de las copas de los abetos que el viagero mira á sus pies, y por el otro lado una roca negra, casi cortada á pico, teñida aqui y alli de colores metálicos, sobre la que se destacan de vez en cuando grandes abetos, cuyo verde–oscuro contrasta con la blancura de los abedules, tales son los objetos que caracterizan las avenidas de Chamouny. Al salir de este estrecho y salvage desfiladero, se entra en el valle, que por el contrario, presenta el mas dulce y risueño aspecto. El fondo, en forma de cuna, está cubierto de praderas, por medio de las cuales pasa el camino, rodeado de pequeñas empalizadas. Sucesivamente se van descubriendo los diferentes ventisqueros que descienden á este valle. Al pronto no se ve mas que el de Taconay, que está casi suspendido en la rápida pendiente de una torrentera, cuyo fondo ocupa; pero bien pronto se fijan los ojos en el de Buissons, que se ve descender de lo alto de las cumbres vecinas al Monte Blanco; sus hielos, de una blancura deslumbradora, cortados en forma de altas pirámides, hacen un efecto admirable en medio de los bosques de abetos sobre los que descuellan. Por último, se ve á lo lejos el gran ventisquero de Bois, que al descender se encorva y rodea el valle de Chamouny, y se distinguen las murallas de hielo que dominan las rocas amarillas cortadas á pico.
«Estos magestuosos ventisqueros, separados por bosques coronados por rocas de granito de una altura estraordinaria cortados en forma de grandes obeliscos é intercalados de nieves y de hielos, presentan uno de los mas grandes y singulares espectáculos que se pueden imaginar. El aire puro y fresco que se respira, tan diferente del aire sofocante de los valles de Sallanches y de Servoz, el esmerado cultivo del valle, las bonitas aldeas que á cada paso se encuentran, dan la idea de un nuevo mundo, de una especie de paraíso terrestre encerrado por una divinidad bienhechora en el centro de estas montañas. Algunas veces, grandes estampidos, parecidos á los del trueno, y seguidos como éste de prolongado fragor, interrumpen esta ilusión, causando una especie de espanto

sábado, mayo 02, 2009

Viage ilustrado (Pág. 388)

Catedral de Milán


Módena, capital del Ducado de este nombre, situada entre la Secchia y el Panaro, tiene también una hermosa calle adornada de bellos edificios, esta es la Strada–Maestra. Las mugeres llevan el cendal, que es un pedazo de seda negra que cubre la cabeza, baja por el pecho, cruzándose por debajo, y después se junta por detrás.
La república de San Marino merece también echemos sobre ella una ligera ojeada. Está, digámoslo asi, enclavada en los estados romanos cerca del

lunes, abril 27, 2009

Viage ilustrado (Pág. 387)

la capital de la Gran Bretaña. Los paseos son mucho mas hermosos, pero menos simétricos y cuidados. Las orillas de Liffey son deliciosas, y este rio, aunque pequeño, es navegable hasta la aduana, que está casi en el centro de la ciudad. Dublin tiene muchos edificios notables y calles muy bellas. El lujo es tan grande como en Londres, y las mismas las costumbres; asi es, que no es en Dublin donde se han de estudiar las verdaderas costumbres del pais.
El estrangero observador que recorre la Irlanda, bien pronto se apercibe de que está poblada por tres especies de hombres: 1.ª, los que en el pais se llaman old-frish, antiguos irlandeses: 2.ª los descendientes de los ingleses, á los que se dieron los bienes confiscados á los vencidos en los reinados de Isabel y Jacobo I; y 3.° los emigrados escoceses, que han abandonado su patria por causas de religion.
La primera casta, es decir, la de los antiguos irlandeses, se halla repartida en las provincias de Connaught y en el interior de Irlanda. Esta casta es á la segunda como 8 á 1; y á la tercera, como 15 á 1. Por la mayor parte se compone de hombres ignorantes y groseros, que tienen poca paciencia para sufrir las injusticias y las injurias, implacables en sus odios y estremados en sus afecciones; pero exentos de todo temor, y dotados de la mayor sangre fría en medio de los peligros; pacientes en la adversidad, incansables en sus proyectos, que no abandonan sin haber tentado antes todos los medios de conseguir su objeto, hospitalarios con los estrangeros y prontos á ayudarles cuando necesitan de sus auxilios. La parte mas pobre de esta clase, habita, por la regular, en miserables cabañas de greda y paja, las que están divididas por la mitad por un débil tabique. En la primera de estas piezas habita la familia que duerme toda mezclada sin distinción de sexos, y en medio hay un fogón donde arde la turba, cuyo espeso humo llena la cabaña, pudiendo apenas salir por un agujero practicado en el techo. En la otra pieza están las vacas, las gallinas y algunas provisiones, que son siempre muy poco abundantes Esta clase habla el antiguo irlandés, que se dice ser un dialecto de la lengua fenicia, y tiene mucha analogía con la que se habla en las montañas de Escocia y en las islas Hebrides.
Conservando el idioma de sus abuelos, han conservado también estos pueblos muchos de sus antiguos usos, que principalmente se observan en sus festines, en sus bodas y en sus funerales.

REINO LOMBARDO-VÉNETO.

Al pie de los Alpes, entre la Suiza, el Adriático y el Pó se esíiende una vasta llanura bástante fértil y abundante en seda, arroz y cereales. Esta es la Lombardia, que forma el principal centro del antiguo Ducado de Milan. El Austria, la España y la Francia se la han disputado muchas veces. Desde el siglo XII hasta el XIII el patriotismo de la liga Lombarda le aseguró una efímera independencia; pero al estinguirse la casa Sforza, Carlos V se apoderó del Milanesado. En 1700, habiendo muerto el duque, el Austria sucedió á la España, y fuerte con su incontestable derecho, aprovecho los tratados de 1815 para aumentar su herencia y abrirse un camino hasta el corazón de los estados italianos.
Venecia, esta maravillosa ciudad, fuerte en medio de las olas, creación de los venetos-armoricanos, Mantua, inmortal por el genio de Virgilio y la bondad de los Gonzagas, asilo del Dante, patria de Catulo, de Plinio Veronés; Bérgamo, célebre por sus limones; Cremona, por sus instrumentos músicos; Pádua con su sabia universidad, donde nacieron Tilo Livio y el franciscano San Antonio; Pavía, la de las cien torres, donde Francisco I lo perdió todo, menos el honor; todos los hermosos países, en una palabra, comprendidos cntre el Tessino al Oeste y el Lisonzo al Este, componen el reino Lombardo-Veneto.
Milan está situada en una llanura, y para evitar la violencia del viento, la mayor parte de sus calles son tortuosas; 170,000, habitantes ocupan cerca de cinco mil casas, sobre las que se eleva, como un gigante, la famosa cúpula de la catedral. Comenzado en 1386, por Juan Galeas Visconti, este monumento, digno de rivalizar con los mas bellos de Italia, aun no está concluido. Su bóveda tiene cerca de 80 metros de elevación, y la mas alta de sus torres 120. Debajo del coro hay una bóveda donde está el cuerpo de San Carlos Borromeo, encerrado en un sarcófago de cristal. En ninguna parte, el estilo gótico, tan pródigo de ornatos y labores ha puesto mas adornos que en esta magnífica iglesia. Pero ¿qué significa la masa imponente de un edificio, y para qué el genio ha de tener necesidad de semejantes cuadros? Dos obras maestras son suficientes para atraer á Milan á todos los verdaderos amantes del arte: la una está en el museo, los Desposorios de la Virgen, de Rafael; la otra es la Cena, de Leonardo de Vinci, pintada al fresco en el refectorio del antiguo convento de Dominicos, conocido bajo el nombre de Santa María de las Gracias.
¿Qué diremos de Venecia, de esa fiera república, que luchó contra el poder otomano, y le arrebató la Dalmacia y la Morea; que trató de igual á igual durante nueve siglos con los estados mas poderosos del mundo, y que se estingue hoy tristemente en medio de las olas del Adriático, como una lámpara falla de aceite? Los palacios de mármol yacen hoy silenciosos en los desiertos canales; las negras góndolas llevan al Lido los obrores del arsenal, cuyos cantos van á estrellarse en los dorados muros de San Jorge y de la Dagana; el soldado austríaco toma helados y sorvetes bajo las arcadas de la gran plaza, mientras que delante de la magestuosa portada de San Marcos saludan los magos al niño Jesus, siempre que da el reloj la hora; el viagero pensativo contempla con tristeza la escalera de los Gigantes, el palacio del Dux y las estatuas bizantinas llevadas de Stambul por los vencedores venecianos, y en San Lázaro prepara el estudioso armenio todos los elementos de la ciencia para llevarlos á sus hermanos del Asia. He aqui todo cuanto podemos decir de este poder eclipsado, que se puede llamar la Palmira marítima.
El ducado de Parma, que comprende también los de Plasencia y Guastalla, está sumido en una especie de vasallage igual á todo lo demás del imperio austríaco, pero, sin embargo, tiene una independencia, aunque solo sea en el nombre. Este ducado está limitado por el Pó, los estados sardos, y el de Módena; Parma, su capital, es una bonita ciudad, cuyo teatro, llamado teatro Farnesio, es el mayor de Europa; el Correggio, el Parmesano, los Carachios, y Rafael han llenado sus iglesias de magníficos frescos, y la catedral posee un precioso baptisterio. La Stradom, ó corso de Plasencia es una de las calles mas bellas de Italia.

sábado, abril 25, 2009

Viage ilustrado (Pág. 386)

La población total de la Escocia es de 2.365,807 habitantes.
La Irlanda forma una isla separada, situada al Oeste de Inglaterra; tiene 3,971 leguas geográficas cuadradas, y está poblada por 7.784,536 habitantes. Los antiguos la denominaban Hibernia, los irlandeses la llaman Erin, y los ingleses Ireband. Se divide en cuatro provincias, Leinster, Ulster, Connaught y Munster, y en treinta y dos condados. Su clima es casi igual al de Inglaterra, con la diferencia de ser mas húmedo que éste, á causa de estar casi siempre lloviendo; bajo otro aspecto, es, sin embargo, este clima bastante agradable, porque el Estío es menos caloroso, y el invierno templado. Ni se conocen los hielos penetrantes, ni las grandes nieves, ni los terribles efectos del rayo y las tempestades, que tantos estragos causa en Inglaterra. El suelo, en general es montuoso, sin que esta cualidad impida que sea fértil, en este concepto aventaja al de Inglaterra. Hay fincas y heredades escelentes, tanto en praderas naturales, como en tierras de labor, y en algunos puntos, especialmente al Norte, se coge mucho mas lino y cáñamo, cuyo cultivo es en estremo útil para sostener las fábricas de lienzos. Por lo demás sus producciones son casi las mismas que en Inglaterra. La turba se encuentra en abundancia, y hace un gran servicio para la lumbre en un pais, donde la leña y el carbon de piedra son muy raros. Siendo la humedad del clima, favorable á la abundancia de los pastos, han creido los habitantes deber poner todo su esmero en la cria de ganados, y éstos les producen escelentes lanas. Las enormes cantidades de manteca y carne salada que se embarcan en Cork, son una prueba incontestable de la fertilidad natural del suelo de Irlanda.
Pocos paises hay que tengan tan grandes y tan hermosos rios; y hay que observar, que las tierras contiguas á ellos, son mucho mucho mejores que las que están lejanas; tales son, las orillas del Suire, del Blackwater, del Liffey, del Boyne, del Nor, del Barrow y parte de las del Shannon. Estos rios, sin embargo, no dan todas las ventajas que debían, pues siendo el pais tan pedregoso, innumerables bancos de arena y piedras embarazan su curso y perjudican á la navegación interior.
Las principales montañas de Irlanda, son: Maugerton y Becks, en el condado de Kery; las Galtias, en el de Kork; las alturas de Mourne, en el de Down; y Crowpatrick y Nephin, en el de Mayo.
La Irlanda contiene también un gran número de lagos, especialmente en las provincias de Uhter y de Connaught. El gran lago de Neagh, situado entre Antrim, Down y Armagh, es notable por la cualidad petrificativa de sus aguas. La madera que en ellas se arroja, se petrifica en muy poco tiempo; si se saca al cabo de algunos dias, se ve que el interior no ha sufrido variación alguna, y permanece combustible, pero han penetrado en él partículas minerales, está mas compacto, tiene mucho mas peso, y la corteza está perfectamente petrificada. Al cabo de un mes, deja de ser madera, y no conserva mas que la forma. Algunos lagos de Irlanda, tiene la perspectiva mas magnífica, entre otros, el de Killarney. Este lago, que puede dividirse en tres partes, está rodeado de montañas, de rocas y de precipicios; los puntos mas elevados están cubiertos de bosques, y en otros hay árboles que en todas las estaciones conservan sus hojas verdes. Estos bosques se estiende desde casi las cimas, hasta el pie de las montañas que bañan las aguas del lago. Por todos lados se vé caer torrentes á lo largo de los precipicios, algunos, desde una altura de 100 metros. En la cumbre de una montaña vecina á este lago, hay otro pequeño, de figura redonda, y cuyo diámetro es de poco mas de un cuarto de milla; en el pais le llaman el Bol de ponche del diablo. Entre las orillas del Bol y la superficie del agua, hay una distancia de cerca de 300 metros, y la vista de esta especie de hoya, mirada desde las alturas, es de las mas pintorescas. El lago es muy profundo, pero tiene fondo, por mas que pretendan lo contrario los habitantes de las cercanías. El derrame de las aguas de este lago, que cae por una abertura, forma una de las mas bellas cascadas que hay en el mundo, y tiene 150 metros de longitud. En las montañas que rodean el lago, producen los sonidos, ecos los mas admirables y sorprendentes.
Entre las curiosidades naturales, que son numerosas en Irlanda, no podemos olvidar la Calzada de los gigantes, que está en el condado de Antrim, a orillas del mar y á ocho millas de Coleraina, hacia la parte septentrional de Irlanda. Esta maravillosa calzada forma una mole regular; su longitud es de cerca de 200 metros, su mayor anchura de 80, y de 40 en los puntos en que es mas estrecha. Su cultura es también muy desigual, siendo de 12 metros en su mayor elevación, y de cinco en la parte mas baja. Esta calzada está compuesta de muchos millares de columnas de basalto, especie de cristalización del mas bello negro, y cuyo grano es tan fino como reluciente; esta piedra da fuego como el pedernal, y en vano se ensayaria trabajarla, á causa de su dureza, La mayor parte de las columnas están perpendiculares y contiguas las unas á las otras; pero lo que hace un golpe de vista admirable es, que en un gran trecho, estos pilares prismáticos, son de una altura igual, de suerte que sus cimas forman una superficie plana y completamente unida.
Las principales ciudades de Irlanda, son: Dublín, Cork y Waterford. Cork tiene un comercio considerable; su puerto es grande y resguardado de los vientos, y se le considera como el primer puerto comercial del reino. La ciudad tiene ocho mil quinientas casas, y 110,000 habitantes. Waterford es también puerto pero muy mal situado para el comercio, y cuenta 33,000 habitantes.
Dublin es la capital de Irlanda, y la segunda ciudad del reino unido. Su estension puede compararse á la de Marsella, y su población se valúa en 265,000 almas. Está situada á 12 quilómetros del mar, en el fondo de una gran bahía, y el rio Liffey la divide en dos partes iguales. El rio está rodeado por las dos orillas, en toda la longitud de la ciudad, de muelles muy espaciosos, donde cargan y descargan los buques en la misma puerta de los almacenes. Desde enmedio de la bahía, que tiene cerca de 12 quilómetros de ancho, se disfruta de una magnífica perspectiva mirando hacia tierra; en primer término hay un anfiteatro, en cuya parte menos elevada está la ciudad; mas lejos se desplega magestuosamente una soberbia campiña, y en el fondo, hacia la parte mas elevada, están las campiñas del condado de Wicklow. La ciudad tiene mucha semejanza con Londres; las casas son de ladrillo, y las antiguas calles, estrechas y oscuras; pero los cuarteles nuevos son tan bellos como los de

jueves, abril 23, 2009

Viage ilustrado (Pág. 385)

Isla de Bus en Escocia
subterráneo que se pierde en la noche de los tiempos, tiene un carácter de orden y de regularidad tan admirable, que es difícil que el observador mas frio no quede asombrado á la vista de este palacio natural, que parece prodigioso. El Sudoeste de la isla es el lugar mas notable por sus columnas. Apenas llegamos allí hirió nuestra vista una magnificencia que estábamos bien lejos de esperar. La totalidad de esta parte de la isla tiene filas de columnas, la mayor parte de mas de 16 metros de altura, y están colocadas en un soberbio orden de columnatas naturales, que van describiendo los mismos contornos de las bahías y demás puntos de la isla. Bien pronto llegamos á la boca de la gruta, que ofrece sin contradicción el espectáculo mas magnífico que jamás haya descrito viagero alguno.
»La imaginación trabajaría en vano en pintar una cosa mas admirable que el fondo de esta gruta, cuyos lados están sostenidos por filas de pilares ó de columnas: una materia amarillenta, que sale por los ángulos en forma de stalagmitas, sirve para hacer las junturas mas distintas y para variar el matiz de los colores de la manera mas agradable á la vista. El fondo de la gruta no está alumbrado mas que por la luz que entra por la boca, lo que aumenta mucho su belleza, y por dentro se ve muy claramente. El movimiento que da al aire la marea lo hace seco y sano, y absorbe todos los vapores que ordinariamente llenan esta especie de cavernas.
»La mar penetra hasta la estremidad de la gruta, y agitada sin cesar, sus olas se rompen en espuma, chocando con ruido contra el fondo y las paredes de la caverna. La luz, que llega hasta lo mas profundo, produce accidentes de un efecto maravilloso. El lado derecho de la entrada presenta por la parte esterior un vasto anfiteatro, formado por diversas filas de gruesos prismas truncados, sobre las cuales se puede andar fácilmente. Muchos de estos prismas son cóncavos por un lado, y convexos por el otro, y otros están divididos por cortaduras trasversales. Los prismas de un basalto negro muy puro y de una gran dureza, tienen desde 30 centímetros hasta un metro de diámetro; los hay triangulares, tetraedros, pentágonos y oxágonos, y algunos hay que tienen de siete á ocho palmos.
»Solo se puede entrar en la gruta por el lado derecho, según la plataforma de que ya he hablado; pero el camino se estrecha y se hace muy difícil á medida que se avanza, porque esta especie de galería interior, elevada mas de cinco metros sobre el nivel del agua, está formada de prismas truncados, colocados verticalmente y elevados los unos mas que los otros, entre los cuales es necesario tener la destreza de escoger los mejores sitios para pasar, siendo estos algunas veces tan estrechos y resbaladizos, que yo tomé el prudente partido de marchar con los pies desnudos. Como yo queria penetrar hasta el fondo, llegué al fin, no sin mucho trabajo y peligro. A medida que se avanza, la especie de balcón sobre él cual se ha caminado se ensancha y presenta una plataforma muy vasta, en forma de plano inclinado, y compuesto de millares de columnas verticales truncadas. Por aqui se llega á la estremidad de la gruta, que termina en un muro de columnas de magnitud desigual, y que imita la trompetería de un órgano.
»Un hecho digno de notarse es, que cuando monsieur Troil visitó esta gruta, la mar, por uno de esos casos estraordinarios, que quizás no se verifiqué en diez años, estaba tan serena que le permitió entrar en una barquilla. «En el fondo de la gruta, dice, monsieur Troil, un poco por encima de la superficie del agua, hay una especie de cueva, de donde sale un ruido muy agradable cada vez que esta especie de sumidero absorbe el agua.
«Como la mar no estaba tan tranquila cuando yo visité la gruta, el ruido que yo oí fué de naturaleza bien diferente, cada vez que las olas, sucediéndose con rapidez, iban á estrellarse en el fondo de la caverna. Este ruido era parecido al que produciría un cuerpo duro de grueso volumen al chocar contra otro cuerpo duro en un lugar subterráneo y cavernoso; el choque era tal, que se oia desde lejos, y parecía estremecerse la gruta.»

martes, abril 21, 2009

Viage ilustrado (Pág. 384)

Puente de Rokeby

Mr. Faujas Saint-Fond, que tambien la ha visitado.
»A las cuatro de la mañana dejamos la isla de Mull con un hermoso tiempo, muy raro en estos mares sin cesar agitados. Nuestros remeros eran cuatro jóvenes hebridienses determinados, que parecían hacer este corto viage con gran placer, porque ellos aman todo lo que les recuerda á Ossian, y se prepararon á entonar en coro las canciones de su poeta favorito. Una especie de salmodia llena de dignidad y mezclada de tonos tristes y melancólicos, formaba el principal carácter de estos cantos; los remos, que caian siempre á compás, hacian mas completa la monotonía.
»La forma de Staffa es irregular y oblonga; sus orillas son escarpadas por todas partes y rodeadas de calzadas basálticas y horadadas de diversas grutas, como la de Fingal y de Corvoran. Bellas columnatas de basalto ocupan mas de la mitad de la circunferencia de la isla, y están absolutamente al descubierto á orillas del mar; en general descansan sobre una corriente de lava pedregosa que les sirve de base y de sosten. La cima está cubierta de alguna tierra vegetal y de un césped árido. Tal es, esta gran roca volcánica, Hablemos ahora de la gruta.
»Este soberbio monumento de un gran incendio

jueves, abril 16, 2009

Viage ilustrado (Pág. 383)

Los edificios modernos mas notables de Edimburgo, son: la bolsa, un gran número de hoteles, muchos puentes y algunos hospitales. Se ha observado que los escoceses que han viajado han sacado mas partido que los ingleses de los bellos modelos que ofrece al estudio la Grecia y la antigua Roma.
Ni en esta capital, ni en las otras grandes ciudades del mismo reino, es donde se han de estudiar las costumbres verdaderamente escocesas; pues las de Inglaterra las han reemplazado absolutamente; los nobles y el alto comercio no son, hablando propiamente, escoceses, si no ingleses. En la alta Escocia, y principalmente en las montañas, es á donde es necesario ir á buscar los antiguos habitantes.
»Si los escoceses, dice Chantreau, son notables por sus facultades intelectuales, también lo son por su físico. Pocos hay entre ellos que sean gruesos, y casi todos tienen las formas angulosas y una fisonomía característica en la que se pinta su alma fuerte. Son de pequeña estatura, pero su constitución es robusta y capaz de los mas rudos trabajos. No hay hombre alguno que ame mas que el escocés el país que le ha visto nacer.
»Los que habitan las montañas, y que se llaman highlanders, tienen costumbres mucho mas agrestes que los de la llanura, y tambien su dialecto se diferencia un poco. Pero el aldeano de una y otra comarca, aunque de pocos alcances, sabe mejor que otro alguno conformarse con su condición. Su espíritu está acostumbrado desde la infancia á la mas pasiva obediencia hacia el gefe del clan, que es el nombre que se da á los cantones de las tribus que dividen la Escocia, especialmente en las montañas. Nosotros hemos notado en nuestras diferentes correrías, que estas buenas gentes viven contentas en los límites de la mas rígida economía, y que la naturaleza los recompensa de sus privaciones con una salud robusta é inalterable. Rara vez acometen solos cualquiera empresa atrevida; mas cuando trabajan de consuno muestran en la ejecución de sus negocios, aun los mas desesperados, tanto valor como sagacidad. En estas ocasiones observan religiosamente la fidelidad que recíprocamente se han jurado, y ni amenazas, ni tormentos, ni promesas, pueden hacerles quebrantar sus juramentos.
»Este pueblo ha conservado mas que otro alguno de Europa un santo respeto á la memoria de sus antepasados, al idioma que ellos hablaban y á muchos usos que les eran peculiares. Mas lo que mas admira al estrangero es el trage, especialmente el de los montañeses. Sobre la camisa llevan un plaid de una tela mas ó menos una, que en el pais se llama tartán; esta tela es de una confusa mezcla de colores ó de listas verdes, encarnadas y azules: el plaid tiene algunas veces 12 metros de ancho, pero nunca baja de siete, y se lo cruzan por la espalda como hacían los antiguos romanos con la toga. Otras veces rodean el plaid alrededor del cuerpo, sujetándolo con un cinturon de cuero, de modo que se envuelven de alto á bajo, y la parte inferior del plaid forma una especie de enaguas que les sirve de calzones. Los montañeses, especialmente en el verano no llevan mas que un simple tonelete de tartán que sujetan con el cinturon. Sus medias son también de tartán y los zapatos cuadrados. El pueblo bajo no lleva mas calzado que abarcas, y cubren su cabeza con una gorra de fieltro grosero, pero que siempre es de color azul. Pobres ó ricos, todos los escoceses llevan pendiente de su cintura un cuchillo ó puñal, llamado dirck, y un par de pistolas, que con frecuencia son de un esquisito trabajo. Los gefes de los montañeses llevan siempre también en la cintura una larga bolsa de cuero guarnecida de filigrana de plata, que constituye uno de los principales adornos del trage.
»El de las mugeres en las montañas consiste en una saya y un corpiño: las mugeres del campo y del pueblo llevan una ancha túnica sujeta con una hebilla de forma particular, que es ordinariamente del mejor acero de Inglaterra. El tocado, que es casi siempre de lienzo muy fino, ó de muselina, recibe diferentes formas á cual mas agradables. Los escoceses han llenado en todos tiempos los deberes de la hospitalidad con una especie de culto religioso.»
En las ciudades y en la parte de Escocia mas próxima á Inglaterra, se habla generalmente el inglés, pero en las montañas, especialmente hacia Fochabers y Badenoch se habla un idioma oriundo del antiguo celta. En este idioma hay muchos poemas que se han trasmitido por tradición entre los escoceses, siendo los mas célebres los del bardo Ossian, que vivia, según se cree, en el siglo IV. Estos poemas eran ignorados todavía por el resto de la Europa en el siglo último, hasta que Macpherson los recopiló y publicó en inglés. Se cree que el traductor ha embellecido mucho estas poesías, y ha dado el nombre de Ossian á muchas que son de diferentes bardos. Los aldeanos escoceses de las montañas, y sobre todos los habitantes de las islas Hebrides, cantan comunmente estas poesías como se cantan en nuestros campos los antiguos romances. Estos pueblos, que hacen una vida toda pastoril, han tenido siempre una pasión decidida por la poesía y la música; su instrumento favorito es la gaita. «Los hebridienses especialmente, dice Johnson, han mirado la gaita por largo tiempo como un placer y un alivio á sus penas. Muchas familias principales mantienen todavía un tocador de gaita, cuyo oficio era antiguamente hereditario, y las piezas compuestas para este instrumento se trasmitían por tradición de unos á otros. En la isla de Skge (una de las Hebrides) habia desde tiempo inmemorial establecido un colegio ó sociedad de tocadores de gaita, que aun no se ha abolido de hecho. Las piezas que tocan son aires del pais, y recuerdan grandes acontecimientos á los escoceses; pero son absolutamente ininteligibles y poco agradables para los estrangeros.»
El habitante de las llanuras, como hemos observado, ha perdido sus antiguas costumbres, y el montañés principia á cambiarlas; pero los hebridienses son hoy todavía lo que eran en otro tiempo, y recuerdan siempre á los antiguos caledonios, sus antepasados. Si no tienen famosos bardos, poseen en cambio schanachios ó narradores de cuentos, que son los historiadores, ó mas bien los genealogistas, y también los poetas de la nación y de las familias. El pueblo en general no disfruta de opulencia; pero tiene en abundancia pescado, gallinas, queso, manteca, leche y ganados. El pan de avena es el único de que se hace uso. Entre estas islas hay una muy pequeña que la naturaleza ha hecho digna de la curiosidad de los hombres, aun de los mas instruidos; esta isla se llama Staffa, y no tiene mas que un kilómetro de longitud. Aqui es donde está la famosa gruta natural que los hebridienses llaman la Gruta de Fingal, y que hizo conocer á los europeos el célebre naturalista inglés Mr. Banks. Sigamos por un momento á

lunes, abril 13, 2009

Viage ilustrado (Pág. 382)

suelo no es tan fértil como en Inglaterra; y en muchos cantones es muy poco á propósito para el cultivo; sin embargo, hay algunas llanuras y valles de una fertilidad estraordinaria. El suelo de la Escocia ofrece una gran variedad; su superficie es muy agradable por la mezcla de las producciones naturales: lo quebrado del terreno, sino es favorable á los trabajos del cultivo, agrada por lo menos al viagero, y presenta sitios deliciosos para las casas de campo que la nobleza de Escocia se hace construir con un gusto esquisito.
En algunos puntos la agricultura de Escocia es tan buena y tan bien entendida como en Inglaterra. En los condados que están situados á orillas del rio Forth, y que llevan el nombre de Lothian, es donde principalmente se recogen los frutos del trabajo y de la industria: los colonos, cuya mayor parte pagan de arrendamiento de 7 á 12,000 francos, están bien alimentados, bien vestidos y viven en habitaciones regulares. Pero todo lo contrario se nota en una gran parte de Escocia, muy atrasada todavía, donde los propietarios no conociendo sus verdaderos intereses, rehusan adoptar un medio de arrendamiento que estimularía á sus colonos á perfeccionar la agricultura; asi es, que en estos cantones el labrador puede vivir apenas con la rebusca de una mala cosecha, que rara vez escede de 800 francos de valor. El ganado es pequeño y flaco, las casas pobres, y el aspecto del pais lleva las marcas mas deplorables de la miseria. El suelo produce en general trigo, centeno, cebada, avena, cáñamo, lino, heno y pastos. Las partes incultas de las tierras altas abundan en diferentes especies de pequeñas frutas muy sanas y de un gusto agradable. Las costas producen alga marina, el dulish, yerba nutritiva, y muchas otras yerbas marinas igualmente propias para el alimento del hombre. También se encuentran muy grandes terrenos cubiertos solo de matorrales.
La Escocia tuvo en otro tiempo una gran representación, pero su reunion con Inglaterra, quitándola su nacionalidad, la privó de sus medios de prosperidad. Una vez trasportada á Inglaterra la silla del gobierno, el comercio se entorpeció, se descuidó la agricultura, y la gente de los campos se vio obligada á ir á buscar el pan á otros paises. Desde hace algunos años es cuando su industria ha reaparecido nuevamente, y su marina ha acrecido considerablemente en treinta años; debiéndose la prosperidad de Glasgow y otros puntos cercanos, á las relaciones comerciales de este ciudad con la Virginia y las islas de América, Las pesquerías de Escocia no están reducidas solamente á las costas del reino, pues los escoceses tienen una gran parte en la pesca de la ballena que se hace en la costa de Spitzberg. Los progresos que diariamente hacen estas pesquerías, aseguran á los habitantes nuevas fuentes de riqueza. Las fabricaciones del interior del país, particularmente las de hierro, en Carrón, en el condado de Stirling, dan también grandes provechos. Las manufacturas de lienzos están muy florecientes, aunque rivalizadas por las de Irlanda. El hilo que se fabrica en Escocia, es igual, si no superior, al de otra cualquiera parte, y los encages son admirados y usados hasta por las testas coronadas. Sin poder rivalizar con los ingleses en la fabricación de paños fmos, los escoceses han tenido buen éxito en sus manufacturas de lana, y ya ha comenzado á esportar en gran cantidad gorros, mitones, medias y otros artículos fabricados con sus lanas. Su comercio de carbon de piedra con los ingleses es considerable. La ciudad de Paisley ocupa un increíble número de trabajadores en fabricar una especie particular de linon bordado y listado, de un precio módico y de muy buen uso. Por todas partes se ven fábricas para refinar la azúcar, de cristales de todas especies, de loza y de papel. Los tapices de Escocía son de muy buena calidad y hermosos dibujos; y desde hace algún tiempo se han hecho los mas felices ensayos para dar á este ramo de industria el grado de perfección de que es susceptible, é igualarlo á lo que la Europa tiene de mas superior en este género. Las imprentas de Glasgow son célebres, y merecen verdaderamente esta celebridad. La Sociedad Gallica, compuesta de sabios y hombres de letras, ha contribuido en gran parte á las bellas ediciones que se han dado á luz en esta ciudad. Por último, la Escocia, protegida hoy por el gobierno inglés, va mejorando de dia en dia su comercio, y su industria prospera al nivel de la de las demás comarcas del reino unido.
Edimburgo es la capital de Escocia, y contiene 165,000 almas; está situada en la cima y pendiente de una montaña. Su fundador parece no haber atendido mas que á la ventajosa posición del castillo que está en lo mas elevado; asi es, que á escepcion de la calle principal, es necesario para andar por la ciudad estar continuamente subiendo y bajando. Esta calle tiene una hermosa apariencia y sube con uniformidad por espacio de una milla, desde el palacio de Holyrood al Este, y termina al Oeste en la imponente masa del castillo, construido en la cima de una roca inaccesible por todos lados, escepto por el que viene de la ciudad. Este castillo domina, no solamente la ciudad, sus alrededores, la Ciudad Nueva y la hermosa y rica campiña del contorno, sino que tiene una vista muy estensa por el rio Forth, la costa de Fife, y aun llega á 48 ó 60 kilómetros hasta las montañas que confinan con la alta Escocia. Esta vista es una de las mas magníficas que se pueden disfrutar. En el interior del castillo hay muchos departamentos espaciosos que son mas propios de un palacio que de una fortaleza.
Holyrood era en su origen un monasterio habitado por monges de San Agustín. Es un edificio construido por William Bruce, arquitecto célebre para el siglo en que vivió. La pieza mas notable es una larga galería, donde están colocados por orden cronológico la mayor parte de los retratos de los reyes de Escocia. El hospital fundado por Jorge Herriot, platero en tiempo de Jacobo VI, y que comunmente se llama la obra de Herriot, ocupa una magnífica posición al Sudoeste del castillo: este edificio es uno de los mas hermosos monumentos del género gótico que existen en Inglaterra, y los jardines que le rodean le dan un aspecto delicioso. La plaza del Parlamento, y por otro nombre el Enclos, era en otro tiempo el principal ornato de la ciudad; forma un gran cuadro de noble arquitectura, en medio del cual se eleva una estatua ecuestre de Carlos II. La catedral, llamada Saint Gilles, es un edificio gótico tan vasto, que está dividido en cuatro iglesias; el campanario, que remata en arcos, tiene la figura de una corona imperial y produce un bello efecto. Entre los otros edificios anteriores á la revolución se distingue la universidad, que es una de las mas célebres de Inglaterra, tíene escelentes profesores para las diferentes ciencias, y sus escuelas, donde también se enseña la medicina, rivalizan con los mas nombrados de Europa.

sábado, abril 11, 2009

Viage ilustrado (Pág. 381)


Jóvenes escoceses
ro de sabios suponen originarias de Oriente las melodías escocesas, las cuales, por otra parte, parecen tener un origen común con las de Irlanda. Lo que si es verdad, que en ninguna música nacional y primitiva de Europa se encuentra el mismo carácter. El instrumento nacional del higklander, es la corneta de piston; toda la música nacional está anotada para él, y nada es mas original ni mas salvage, que los conciertos de esta clase que todavía se celebran en Edimburgo, y en los que un centenar de montañeses vestidos con el trage nacional hacen resonar con el áspero cornetín los cantos de una patria, que hace ya muchos siglos no existe mas que en recuerdo.
Pasemos ahora á considerar la Escocia bajo el punto de vista geográfico, sin que por eso omitamos hablar también algo respecto á las costumbres de este pais.
La Escocia, separada de la Inglaterra por el Tweed y los montes Cherviotes, está dividida en treinta y tres condados, cuya superficie tiene 3,830 leguas, comprendiendo á las islas; se la divide mas naturalmente en alta y baja Escocia, ó Highlands y Lowlands, como dicen los escoceses, division fundada en la diferencia de las llanuras y las montañas, y en la de las costumbres de sus habitantes. El aire es aquí mas templado que lo que debia suponerse en un pais tan septentrional. Esta temperatura tiene su residencia en el número de colinas, de valles, de ríos y de lagos; pero principalmente, como en Inglaterra, en la vecindad del mar, de donde vienen vientos calientes, que no solo dulcifican la frialdad del aire, sino que teniéndolo en una perpetua agitación lo vuelven puro y saludable, é impide las epidemias que reinan en otros países. Sin embargo, en las cercanías de las altas montañas, que en general están cubiertas de nieve, el aire es sumamente frio durante nueve meses. El

martes, abril 07, 2009

Viage ilustrado (Pág. 380)

téril en verdades aplicables, y que solo puede servir para recrear la imaginación, estraviando el raciocinio, y aspirando temerariamente á penetrar en un misterio, cuyo conocimiento está reservado á la Divinidad. Con una sobriedad prudente, á la que no ha sabido sujetarse ninguno de los filósofos que les han precedido, supieron detener el ejercicio de la investigación en los límites de su capacidad, sin admitir ninguna doctrina á priori, sin suponer nada que no estuviese probado, sin salirse de la línea recta que las sensaciones, por una parte, y por otra, las verdades de conciencia les trazaban.
Reid, como el primero que se presentó al mundo filosófico en hostilidad abierta centra las ideas generalmente recibidas, se vio obligado á empezar por los rudimentos de la nueva doctrina que intentaba establecer. Sin acudir á la ficción de la estatua, como hizo Condillac, su primer trabajo fué anatomizar la sensación, reduciéndola á tan pequeñas dimensiones, que casi nada adelanta mas allá de las nociones vulgares sobre esta operación misteriosa. Despojándole asi de la importancia exagerada que le habia dado el filósofo francés, dio un golpe mortal al materialismo, demostrando la imposibilidad de ligar la sensación, ni como elemento, ni como instrumento, ni como origen, con ninguno de los fenómenos interiores. Su modo de esplicar las doctrinas es decisivo sin arrogancia, pero impregnado de buena fé y de convencimiento. Su sencillez peca algunas veces en sequedad, y su concision, nada común en los escritores de su pais, lo hace en varias ocasiones oscuro. En su estilo no hay adornos ni figuras, ni precauciones oratorias. Camina derechamente á su fin por la línea mas corta, y fija todo su esmero en obligar al lector, por el encadenamiento estrecho y terminante de su argumentación, á sacar las mismas deducciones que él ha inferido.
Dugald Stewart no es tan original ni tan ingenioso como su maestro, pero es mucho mas fecundo y variado. En realidad no ha hecho mas que ensanchar el campo descubierto por Reid, y concluir la tarea que éste empezó, aplicando sus doctrinas á todos los fenómenos de la inteligencia, y á la critica, sobre todo, de las opiniones que habian prevalecido en las mas acreditadas escuelas. En este género de trabajo no tiene rival. Sus censuras de Arislóteles, Hume, Condillac y Berkeley; su esposicion de la disputa entre realistas y nominalistas; su análisis sobre las preocupaciones dominantes acerca de la verdad matemática, son obras maestras de lógica, y no pueden leerse sin admiración. Escribe con el candor de un hombre convencido, que quiere justificarse refiriendo la historia de su convencimiento. Su erudición es tan variada y abundante como oportuna, y sabe emplearla con singular destreza, mas bien para combatir las opiniones agenas que para sostener las suyas.
Brown, mas arrojado que sus dos predecesores, se deja arrebatar por su imaginación vehemente y poética, creyendo á veces ser profundo cuando no es mas que sutil, y descubriendo las mas estrañas analogías donde menos podrían sospecharse. Aunque su estilo suele ser enredoso y confuso, y sus períodos, sobradamente largos y complicados, cuando hace alguna escursion, como frecuentemente le sucede, en el terreno dé la literatura, se remonta á la mas alta elocuencia y escribe con vehemencia y entusiasmo. Muestra parlicular empeño en suavizar la aridez de las teorías por medio de ilustraciones y símiles sacados de las bellas artes, de las obras maestras de la antigüedad, de las maravillas de la naturaleza, y sobre todo, de las ciencias físicas, en que se muestra muy aventajado, y á que tenia gran afición. Su argumentación es mas sutil y aguda que profunda y sólida, en términos que se deja llevar por esta propensión, hasta caer en la paradoja. Su lectura no es solamente instructiva sino divertida y amena, de modo que puede emprenderse aun por el menos adicto á esta clase de estudios, con la seguridad de encontrar en ella una gran variedad de conocimientos.
Tal es la filosofía escocesa, cuya primera aparición en el mundo le acarreó un gran número de prosélitos, especialmente en Francia, donde la dieron á conocer y la enseñaron en las lecciones públicas del Ateneo de París, los ilustres filósofos Royer–Cllard y Jouffroy, y donde se habria quizás apoderado de la enseñanza universitaria, á no haberse atravesado la filosofía ecléctica, sostenida y propagada por el saber y la elocuencia de Cousin. En España apenas es conocida, y no sabemos que la única obra que se ha publicado en castellano, como esposicion de sus principios fundamentales, haya servido de texto en alguna universidad. Considerado el abuso que en este siglo se hace de toda clase de doctrina, y la exageración en que caen todos los sistemas, es sensible que no se propague el que posee la feliz ventaja de no prestarse ni al panteísmo, que es el término final de la filosofía alemana, ni al materialismo, tan estrechamente ligado con todas las hipótesis y deducciones que se han hecho de las teorías de Condillac. En filosofía se peca por querer saber demasiado, y por contentarse con dos ó tres esplicaciones que sirven de respuesta á todas las cuestiones relativas á los fenómenos del alma. Los escoceses se han quedado en un justo medio, y han demostrado la utilidad y la solidez de sus doctrinas, en la multitud de hombres de primer orden que han salido de sus aulas para adquirir gran nombradía en las ciencias, en la literatura y en los mas altos puestos de la política. A esta clase pertenecen lord Brougham, lord Jeffrey, lord Russell, sir James Mackintosh, los profesores Wilson, Jardine, Mac–Gregor, y otros cuyo catálogo es muy numeroso.
Respecto á las bellas artes diremos, que la Escocia estuvo siempre mas atrasada que la Inglaterra en la cultura de las bellas artes, y escepto en la música, no ha tenido nada que pueda considerarse como suyo.
Las catedrales, los conventos y los palacios que ofrece en el dia á la consideración del viagero, ora en un estado de conservación notable, ora en el de la ruina, no sobrepujan en lo mas mínimo á las construcciones de Inglaterra del mismo género. Como todas remontan su origen á la edad media, y en esta época la arquitectura no era nacional en ninguna parte de nuestra Europa Occidental, aparece, propiamente hablando, bajo un carácter feudal y católico. Desde el siglo XV, y acaso desde mucho antes, no hay sobre la tierra de Escocia un solo monumento que se pueda, que se deba considerar como inglés.
La pintura existe menos que la arquitectura. Tal vez no posea una pintura digna de este nombre, y aun puede asegurarse que ni tampoco tiene una de segundo orden.
En cuanto á la música, que merecería un artículo especial y mas estenso que el que nos permiten consagrar los límites que nos hemos impuesto, es verdaderamente nacional y llena de originalidad. Gran núme–

domingo, abril 05, 2009

Viage ilustrado (Pág. 379)

impulsa al guerrero, cuando se lanza á los peligros y cuando parece solamente escitado por el deseo del triunfo? Es indudable, pues, que nuestras emociones puede coexistir con sensaciones, recuerdos y raciocinios, del mismo modo que estos sentimientos pueden coexistir diversamente unos con otros. Vemos y olemos al mismo tiempo una rosa, y al mismo tiempo comparamos estas dos distintas sensaciones, sin dejar por esto de colocar en distintas clases la vision, el olfato y la facultad de comparar.
Hasta ahora hemos avanzado muy poco terreno en la generalización de los fenómenos mentales, aunque en esto poco, hemos hallado una division clara, y que abraza todos los objetos individuales del trabajo que hemos emprendido. El alma es susceptible de ciertas afecciones positivas, de ciertas modificaciones intelectuales que nacen de aquellas, y de ciertas emociones que nacen de ambas: es decir, es capaz de existir en ciertos estados, cuyas variedades corresponden á aquellas designaciones peculiares. Vemos y nos acordamos de lo que hemos visto, y lo comparamos, y esta vision, y este recuerdo, y esta camparacion, pueden escitar aversion ó deseo, y toda nuestra vida sensitiva, intectual y moral, se compone de estas modificaciones ó de otras análogas. Cada minuto de cada hora, no es mas que un trozo de este tejido complicado. Supongámonos en una eminencia, contemplando la perspectiva que tenernos á la vista. Por un lado se nos presenta la imagen de la desolación; la campiña inculta y seca, y en medio de ella, la choza medio derrumbada, asilo del infortunio y del abandono. A otro lado, todo es plenitud y magnificencia; campos cubiertos de mieses abundosas, jardines espléndidos, bosques sombríos y deliciosos circundan un palacio que parece la morada del placer y del lujo. Si no hacemos mas que ver estas dos escenas, no tendremos mas que una serie de afecciones esternas ó sensitivas. Pero es casi imposible verlas sin que se escite en el alma un estado intelectual que constituye la comparación, y pocos habrá que comparen dos aspectos tan contrarios, sin sentir las emociones que constituyen la compasión y deseo, unidas quizás á otras mas complicadas y secundarias.
En el ejemplo precedente, las modificaciones del alma han tenido su origen en cosas realmente existentes en el mundo esterior, pero las afecciones esternas de los sentimientos, aunque mas permanentes, y por lo común, mas vivas que las internas, están muy lejos de ser absolutamente necesarias para la producción de estas. Hay en el alma una sucesión casi constante de afecciones internas, pensamientos y emociones, que, sin necesidad de una sola nueva sensación, y aun dado el caso de suspenderse la vida animal, todavía conservarian en nosotros aquella vida intelectual y moral, que es la única vida digna de este nombre. El conocimiento que tenemos de lo que pasa fuera de nosotros, vive en lo interior de nuestro ser, y en la hipótesis de la supresión completa de la parte animal, la memoria reemplazaría la falta de los sentidos, y la accion constante del universo visible. Si solo pudiéramos amar y aborrecerlas cosas presentes, apenas saldríamos de la imbecilidad de la infancia, ó por mejor decir, seríamos inferiores al niño y al imbécil, en los cuales, á lo menos, hay algunos recuerdos de lo pasado y alguna prevision de lo futuro. Nuestra vida moral é intelectual se ejerce principalmente en lo que ya pasó y en lo que ha de suceder. Los objetos que comprenden las dos grandes divisiones de tiempo, separadas por el momento actual, tienen una existencia permanente y positiva para nuestro espíritu, como aquel misterioso ahora de que hablan los teólogos, en que lo pasado, lo presente y lo futuro, se consideran en cada momento de cada siglo, actualmente visibles por la mirada de la Divinidad. Amamos las virtudes de que nos habla la historia, con la misma emoción que las que se nos presentan en las escenas de nuestra vida. Lo mismo sucede con los hechos puramente imaginarios. La belleza ideal produce en nosotros los mismos sentimientos, y á veces mas puros y exaltados que los de las cosas reales. Síguese de aqui que las emociones, aunque, procedan en su origen de la realidad, pueden existir y agitarnos sin depender en manera alguna de ella. Pueden nacer de la imaginación y de la memoria, como de la percepción; pero cuando nacen de la imaginacion y de la memoria, se distinguen tanto de los objetos imaginados ó recordados, como la percepción esterna de los objetos esternos á que deben su origen.
La parte mas notable de los escritos de Brown es su refutación de la teoría del doctor Reid sobre la percepción. Como esta cuestión ha sido una de las mas ruidosas que se han suscitado en estos últimos tiempo; en el campo de la filosofía, en el artículo percepción la trataremos detenidamente, y vamos á terminar el presente, señalando los caracteres que distinguen la escuela escocesa de todas las otras, y las peculiaridades respectivas de los tres hombres que pueden llamarse, con justa razón, sus fundadores.
Aunque los trabajos de Descartes y Locke habian destruido muchas de las quimeras que habian introducido el escolasticismo en el estudio de la filosofía, todavía ellos mismos hablaban su idioma, y admitían muchas de sus locuciones en el mismo sentido que los escolásticos les habian aplicado. De aqui debía resultar cierta confusion de nociones, que solo podía deshacerse por medio de una gran delicadeza de análisis, para lo cual se necesita una independencia difícil de adquirir cuando el hábito ha establecido asociaciones estrechas entre las voces y sus significados. Este fué el mal á que se propusieron poner término los escoceses, y creyeron que el medio mas seguro de lograrlo, seria abandonar la antigua práctica de estudiar las facultades del alma, y concretarse esclusivamente á la observación de los hechos. A ellos se debe el luminoso descubrimiento que los hechos intelectuales son susceptibles de una observación tan positiva y tan minuciosa como los de la naturaleza visible, y aunque llamaron á este método estudio físico del alma, ninguna escuela antigua ni moderna los ha escedido en celo y elocuencia, cuando se trata de la defensa del espiritualismo. En verdad, todas sus doctrinas propenden al establecimiento y confirmación de este gran principio; esta es la consecuencia forzosa de todas sus doctrinas. Con el mismo calor impugnaron ese género de pirronismo que sacó á luz el obispo Berkley, y que consiste en sostener que el entendimiento no puede hallar pruebas positivas y filosóficas de la existencia del mundo esterior: paradoja que, por absurda que parezca, ha sido apoyada con argumentos ingeniosos por hombres de nota, y que, una vez admitida, destruye en sus fundamentos todas las garantías de la fé humana. Distínguese también la escuela escocesa, por el esmero con que evita la ontologia, como un estudio fuera de los alcances de la humanidad, es–