martes, enero 15, 2008

Viage ilustrado (Pág. 142)

El grupo suabo, que tiene mas ó menos afinidad con Ulhand, comprende á Schwab, Kerner, Zimmermann, el conde Alejandro de Wurtemberg y G. Pfizer. El grupo austriaco se compone de Seidl, Egon Evert, Zedlitz, Auersperg y Lenau; el de la Alemania del Norte, de Chamisso, Heine, Eichendorf, Gaudy, Ferrand, Kïgler, Stiecflitz, Maltitz, Margraff, Sallet, Gruppe, Simrock, Wackernagel y Freiligrath.
Habel, Holtei, Kobell, Grubel, Stoeber, Usteri y otros han publicado escelentes poesías en varios dialectos.
En la novela se han distinguido Th. Mügge, Spindler, Steffens, Rellslab, Wachsmann, Enriqueta Hankev, Fanny Farnow, Amelia Schopp, A. Lewald, Storch, Hauff y otros. Los escritores cuyas novelas tienen una tendencia mas elevada, ademas de llenar su objeto de entretener al público, son: Wagner, Tieck, Auerbach, Bührlen, W. Alexis, Immermann y los partidarios de la jóven Alemania. Las novelas de sociedad de la condesa Hahn—Hahn y del baron de Sternberg son notables por su elegancia.
Aunque muy rica en este período, la poesía dramática alemana nos ofrece muchas aberraciones: Lessing con su Sara Sampson hizo nacer la comedia sentimental, á la que Goethe pagó su tributo con Clavijo y Estela; últimamente, su Goetz de Berlichingen fué una vigorosa protesta contra este género bastardo; pero las primeras obras de Schiller, los Bandidos, Fiesco, Cábala y amor, ejercieron todavía una gran influencia. Gotter, Gemmingen y Babo se lanzaron en pos de él, y cuando en seguida hubo publicado Goethe Ifigenia, Edmundo y el Tasso, y Schiller hizo representar su Don Cárlos, Wallenstein, María Estuardo, etc., estaba ya creado en Alemania el arte dramático. Z. Werner, H. de Kleist, Æhlerischlaeger y Koerner entraron en esta nueva carrera y escribieron una porcion de dramas muy notables. La escuela romántica, que queria tener su parte en aquellos laureles, produjo una multitud de piezas, agradables para leídas, pero imposibles de poner en escena; De este numero fueron los dramas de Tieck, Fouqué, Eichen­dorff y el Fausto de Goethe. En cambio, A. de Kotzebue poseia en alto grado la inteligencia escénica; pero sus piezas carecian de una tendencia filosófica ó poética. Iffland se dedicó demasiado á las escenas familiares.
Cuanto mas, nos aproximamos al tiempo en que vivimos, mas se aumenta el número de los autores dramáticos y de sus obras, sin que pueda decirse, sin embargo, que la literatura alemana haya sido verdaderamente enriquecida. Z. Werner habia alcanzado con su drama terrorífico, El 24 de febrero, un éxito de que procuraron participar Müllner y Grillparzer. La aficion á lo horrible y patético se apoderó á un mismo tiempo de la escena alemana. Ulhand procuró en vano oponerse á esta tendencia; el conocimiento que tenia de la escena no era suficiente para oponer un dique capaz de contener, aquel desbordamiento general. A pesar de esto, Auffemberg alcanzó un exito merecido en la Alemania Meridional, y Raupach en la Alemania del Norte. Desgraciadamente el último esplotó sus tiempos de una manera indigna de un poeta, inundando en seguida los teatros de producciones fabricadas á destajo. Schenk Uchtritz y Miguel Beer, hermano del célebre compositor Meyer Beer, escribieron igualmente piezas estimadas.
Desde la muerte de Kotzebue languideció la comedia á pesar de los esfuerzos muchas veces felices de Contessa, H. Kleist, Mad. de Weíssenthurn, Steigentesch, Holtey, Kind , Mahlmann y Deinhardstein. La mayor parte de los demas autores han imitado comedias francesas.
La historia, estudiada con perseverancia y tratada con talento en Alemania, ha producido obras justamente célebres; entre otras citaremos la Historia de Osnabruck por F. Moeser; la Guerra de Treinta Años; la Revolucion de los Paises Bajos, por Schiller; la Filosofía de la historia, por Herder; la Historia de la Confederacion Helvetica , por Juan de Müller y las obras de Remer, Lichorn, Posselt, Schlosser, Poelitz, Rottick, Leo, Niebuhr, Heeren, Menzel, Luden, Raumer, Hormayr, Ranke, Wachtsmuth, Pfister y Manso que gozan de una reputacion europea.
Una palabra mas acerca de las traducciones. A consecuencia de su gran flexibilidad, la lengua alemana suministra al genio del poeta los medios mas adecuados de espresarse y los recursos mas preciosos; así es que las traducciones alemanas tienen una verdad y una belleza tan notables, que no podemos dispensarnos de mencionar algunas de ellas; las mas célebres son: las Obras de Shakespeare, traducidas por A. W. de Schlegel y Tieck y continuadas por F. Kaufmann, la mayor parte de los autores clásicos antiguos, por Voss; Luciano, por Wieland; Ciceron por Garlee; Calderon por A. W. de Schlegel; el Tasso, por J. D. Gries; el Dante, por Streckfuss; y diferentes poemas sanscritos, por Ruckert.
Réstanos considerar á la Alemania artísticamente
Hablando de los germanos nos da Tacito entre otras noticias las siguientes: «No encierran sus dioses entre murallas, no les representan segun la semejanza humana, y los adoran en los bosques y en las florestas; tienen imágenes y signos que sacan de estos bosques sagrados y llevan siempre en los combates; no construyen sus moradas con piedras talladas ni con tejas, sino con masas informes y sin belleza; cubren algunos parages de sus habitaciones de una tierra pura y brillante, cuyas líneas imitan la pintura, y tambien pintan sus broqueles de colores escogidos; por último, queman los muertos, y cubren sus tumbas con un otero de césped (1).» De modo que segun Tácito, los germanos no tenían ni templos ni monumentos funerarios; no conocian otra escultura que las imágenes y signos de combate, ni otra pintura que algunos baños o capas de tierra. No conocian, pues, las artes, ó por lo menos, las artes no existian entre ellos mas que en el estado de gérmenes informes. En la época en que escribía Tácito, los germanos no podian ser otra cosa, eran entonces pueblos bárbaros, casi salvages, que vivían un poco de la agricultura y mucho de la caza, abandonando fácilmente la region que habitaban para ir en busca de otra mas fértil. Sus ideas estaban aun muy poco desarrolladas para revestir un cuerpo, para espresarse por medio de formas combinadas con órden y reflexion, y que hubiesen podido servir de medio á una manifestacion del pensamiento. Sin embargo, á despecho de las aserciones de Tácito, se hallan en Alemania lo mismo que en Bretaña, en lo Inglaterra lo mismo que en Suecia, monumentos funerarios llamados hiinembetteu, lechos de muertos ó de héroes (dolmens.) Consisten estos monumentos en unos peñascos mas ó menos elevados, colocados en el suelo, que sostienen

(1) Germania, passim.

lunes, enero 14, 2008

Viage ilustrado (Pág. 141)

Los antiguos magyares
pulares de los griegos; W. Gerhar los de los servios; Goethe los de los rusos, y el conde de Mailath los de los magyares. Aun pudiéramos decir que la actividad literaria estaba entonces estinguida en Alemania, si Juan Pablo Richter no hubiese publicado en aquella época sus mejores novelas (Titan, etc.). Todavía se dejaron oir algunas voces privilegiadas: Halem y Seume, Sonnemberg y Collin escribieron algunas composiciones líricas escitando el espíritu de independencia de la nacion; Arndt, Koerner, Stægemann, Max. de Schenkendorf, Vouqué, Wetzel y Ruckert con sus Sonetos armados, escitaron al mas alto grado el entusiasmo de la nacion.
Al terminar la guerra entre los dos paises, Ulhand llevó al mas alto grado de la perfeccion el romance; y el francés Chamisso, se ensayó con buen éxito en el género lírico, al que supo dar un carácter particular: al lado de esta literatura enérgíca, nació otra literatura frívola y ligera para las necesidades del dia. La Fontaine escribió sus novelas de familia; Iffland cultivó el drama de familia; Schilling, Laun, el tierno Heune (psdud. Clauren) y otros muchos inundaron con sus novelas los gabinetes de lectura. Despues aparecieron los imitadores de W. Scott: Huaf van der Velde, Witzleben (pseud. Tromlitz), Blumenhaguen y otros; pero Zschokke fué el único cuyas novelas históricas tienen algun valor.
Sin embargo, la escuela romántica produjo mas de una obra notable; ademas de Ticck, de quien hemos hablado mas arriba, citaremos á W. Haering (pseud. Willibald Alexis), Clemente Brentano, Hardenberg (pseud. Novalis), Feuqué, A. de Chamisso, Achin de Arnim, Eichendorff, el fantástico Hoffmann y Weisflog, su imitador.
La literatura descendió desde 1830 al terreno de la realidad, y ha agitado todas las cuestiones políticas y sociales. La filosofía de Hégel en su mayor esplendor, encerrándolo todo en su vasto círculo sirvió maravillosamente al espíritu de inquieta investigacion que se había apoderado de la juventud. Boerne, cuyas opiniones políticas eran sinceras, arrastró consigo una parte de la juventud fogosa, y otra gran parte de ella se dejó llevar por el estilo cáustico y satírico de Henie, que vino á ser el gefe de la jóven Alemania, á la cual pertenecen principalmente Gutzkow, Laube, Wienbarg, Mundt y Kühne. Entrada ya en una nueva via la filosofía helegiana, Straus la impulsó hasta sus últimas consecuencias en su Vida de Jesucristo; otro tanto hicieron Bruno Bauer, L. Feuerbach y Ruge, en diferentes escritos y en los cursos públicos que abrieron al efecto. Menzel ha combatido con talento estas estravíadas tendencias.
La poesía política, género hasta entonces desconocido en Alemania, fué elevada al mayor grado de perfeccion por los condes Platen y Auersperg (pseud. Auast. Grün), P. Pficer, Maltitz, H. Stieglitz, J. Mosen, Niembsch de Strehlenau (pseud. Lenau) Hoffmann de Fallersleben y Herwegh han seguido sus huellas con acierto.
Los poetas líricos de los últimos tiempos formaron tres grupos muy diferentes, entre los cuales es difícil clasificar á F. Rückert, quien poseyendo en el mas alto grado el talento de la versificacion y la pureza de 1as formas, ha brillado en casi todos los géneros.

domingo, enero 13, 2008

Viage ilustrado (Pág. 140)

Schiller
a su escuela, fué vivamente combatida por Bodmer de Zurich (1698—1763) y por Breitinger, gefes de la escuela suiza. Cuando Bodmer publicó su traduccion del Paraiso perdido de Milton, y Gottsched trató de absurdos el original y la traduccion, resonó un grito en toda la Alemania, y cuantos sabian manejar la pluma tomaron, parte en pro ó en contra. La lucha duró mas de veinte años, y solo acabó con la muerte de Gottsched. Este choque de los talentos produjo los mejores resultados: todos los literatos abrazaron la causa de los suizos, y al fin se formó una literatura verdaderamente nacional. Entre los hombres que se distinguieron en aquella época figuran los hermanos Schlegel, Giseke, Gellert, Ravener, Zacarías, Gaertner, Cramer, Cronegk, Gleim, Uz, Ramler, Ewald de Kaleist, J. G. Sulzer, Mendelsohe, Nicolaï, Lichtwehr, Weisse, Gessner, Willanow, J. G. Jacobi y otros muchos de que por falta de espacio no podemos apreciar aqui el mérito: pero el que mas que ninguno imprimió á la literatura ese movimiento progresivo, que todavía no ha cesado, fué Klopstock: con él empieza una nueva era.
VIII Período (1760—1845). La época que comienza en Klopstock y Lessing llega hasta nuestros dias: comprende el período clásico propiamente dicho, el periodo romántico, la historia de las diferentes escuelas filosóficas, y últimamente, desde 1830, la literatura socialista y política. Es tan rico este periodo en nombres ilustres, que no es posible ni aun citarlos todos. Aunque comienza con poetas que vivieron antes de Klopstock que fueron sus contemporáneos, debe considerarse á Klopstock como el creador del nuevo lenguage poético y de la literatura verdaderamente nacional. Con todo, corriendo siempre en pos de las espresiones enérgicas y fuertes, es algunas veces pesado y campanudo. El estilo ligero de Wieland y mas tarde el de Tümmel formaron con el de su ilustre predecesor una feliz oposicion. En fin, Lessing desarrolló la parte crítica y científica del idioma aleman, fundó la crítica poética y creó el drama aleman. Witickelmann, penetrado del espíritu de antigüedad, brilló como prosista; Herder se distinguió por su cosmopolitismo estético; Kant por su sistema filosófico; y por último, vinieron Goethe y Schiller. Goethe, genio universal, dió su nombre á todas las fases literarias; sin él carecería de unidad la literatura alemana; considerado por sí solo no ofrece, por decirlo asi, mas que cimas aisladas separadas por precipicios; su nombre se halla en todas partes, segun cambia el gusto de la época y siempre parece natural en el papel que adopta. Schiller no posee esta universalidad; su alma está devorada por una melancolía tal, que la afliccion de la humanidad es hasta cierto punto la suya. Solo pueden inflamarle las grandes ideas de amor, de amistad, de libertad, de honor y de patria. El elevado talento de Schiller despreció las riquezas; no conoció que algun día se le tacharía por haber dejado á su familia en los horrores de la miseria, en tanto que creaba un inagotable manantial de riquezas para los libreros.
A no considerar mas que las obras de Schiller y de Goethe, se creería ver personificada en estos dos hombres la histotia de muchos períodos; y sin embargo, solo estas obras constituyen una pequeña parte de la literatura llamada clásica. La estension de la materia nos obliga á dar tan solo un sucinto resúmen de las producciones clásicas publicadas hasta fin del siglo XVIII.
Brillaron en la epopeya: Klopstock, Wieland, F. Müller, L. H. de Nicolaï, Goethe: en el cuento; Hagedorn, Gellert, Wieland, Tümmel, Meissner, A. Wall (Heyne): en la fábula; Hagedorn, Geller, Lichwher, Lessing, Pfeffel: en el idilio; Gessner, Bronner, Voss: en la novela; Wieland, Goethe, Hermes, Wezel Meissner, Müller (de ltzehoé), Hippel, Thümmel, F. Schulz, Klinger, Heinse, Juan Pablo Richter; en el romance; Bürger, los condes de Stolberg, Herder, Schiller, Goethe: en la tragedia; Lessing, Gerstemberg, Leisewitz, Klinger, Babo, Goethe, Schiller: en la comedia; Lessing, Engel, Wezel, Gotter, Goethe, Lenz, Schroeder, Kotzebue, Iffland: en la poesía lírica; Haller, Klopstock, Uz, Ewald de Kleist, Ramler, F. A. Cramer, los condes de Stolberg, Denis, Kosegarten, Hagedorn, Weisse, Goetz, Gleim, Facolis, Bürger, Hoelty, Voss, M. Claudio, Goeckling, Goethe, Schiller, Matthisson, Salis, Tiedge, Hoelderlin: en la poesía didáctica; Haller, Uz, Wieland, Neubeck, Tiedge: en la poesía descriptiva; Haller, Ewad de Kleist, F. L. de Stolberg, Mattbisson: en el epígrama; Kaestner, Herder, Brinkman , Schiller, Goethe: en la sátira; Rabener, Lichtemberg, Thümmel é Hippel.
La larga lucha de la Alemania con la Francia ejerció una grande influencia en la literatura: atacados los alemanes en su nacionalidad se refugiaron en la antigüedad y en la edad media, y asi se formó la escuela romántica. Los hermanos Schlegel y L.Tiek brillaron como poetas y como críticos. Otros, para reanimar el patriotismo, recogieron con cuidado los antiguos cantos nacionales ó hicieron conocer los de otras naciones. Así es que W. Müller publicó los cantos po-

sábado, enero 12, 2008

Viage ilustrado (Pág. 139)

Justo es decir, sin embargo; que aquella tendencia general fué combatida por hombres animados de sentimientos patrioticos; pero su voz no fué bastante fuerte para hacerse oir. Para salvar el idioma aleman, próximo á perecer bajo el aluvion de palabras estrangeras con que se le abrumaba, se formaron sociedades con diferentes nombres y en diferentes paises; pero desgraciadamente no permanecieron fieles á su objeto y degeneraron poco a poco en una puerilidad inconcebible en hombres graves é ilustrados. Las ciencias, aunque cultivadas con éxito, no ejercieron ninguna influencia sobre la literatura. En vano algunos astrónomos como Kepler (1630), físicos como Gueicke (1654), filólogos como Schiller y Morhof (1695) procuraban dilatar el horizonte científico; ni aun las investigaciones filosóficas (1705) de Leibnitz y de Chr. Wolff pudieron despertar el entusiasmo nacional del letargo en que habia caido.
Sin embargo, vamos á examinar circunstanciadamente las producciones literarias de este período.
Poesía lírica. Antes de Opitz, que puede considerarse como el creador de una nueva poesía, encontramos ya a1gunos poetas líricos que no carecen de mérito. Distinguimos entre otros á Spee (1591—1635) y á R. Weckherlin (1584—1651), que es el primero que hizo versos alejandrinos, sonetos, epigramas, odas y églogas. Pero Martin Opitz, natural de Bunzlaut en Silesia (1597—1639), aventajó en mucho á sus predecesores; sus poesías, aunque carecen en la parte inventiva de profundidad y delicadeza de sentimiento, suplen estos defectos con un juicio estético admirable y con una correccion de lenguaje y de prosodia de que hasta entonces no habia ejemplo. Tuvo muchos imitadores, que formaron la primera escuela silesiana, y se distinguieron sobre todo en la poesía lírica; pero bien pronto dominó la forma sobre el fondo, y las rimas alambicadas y llenas de pretensiones reemplazaron á los pensamientos poéticos. Solo citaremos aqui entre los poetas de esta escuela á Zinkgref, á P. Flemming, en cuyos cánticos religiosos están empapados la tinta del mas profundo sentimiento, á A. Tscherning, á Dach y á Gryphius.
Hácia la mitad del siglo XVII recibieron un rudo golpe la claridad y la sencillez de esposicion de Opitz y el espíritu de severidad y castidad que distingue á todas las producciones de la primera escuela silesiana. Esta triste reaccion fué obra de Hoffmann de Hoffmonswaldeau, natural de Breslau (1618—1679). Llamáronle sus admiradores el Ovidio aleman, y este epíteto, que es preciso tomar en el peor sentido, nos dispensa de decir mas acerca de él. A pesar de esto, no se puede negar á este autor un gran talento poético; pero está viciado su gusto; un abuso continuo de imágenes y de antítesis, una hinchazon intolerable, chanzonetas frívolas y alambicadas, tal es el fondo de todas sus poesías. El fué quien, en union de su amigo y admirador Lohenstein, fundó la segunda escuela silesiana, rica en nombres propios. pero pobre en poetas, si esceptuamos á Ziehler y á Klephausen.
Esta segunda escuela debió seguir su destino natural. Degeneró enteramente á fines del siglo XVII y principios del XVII. En esta última época fué cuando produjo algunos poetas animados de sentimientos mas elevados; tales como Assmann de Abschatz, Brockes, Canitz y Günthers. Las ideas religiosas hallaron tambien intérpretes de talento: Benjamin Smolke, Spener y Frank, fundador de la casa de huérfanos en Halle.
Poesía épica. Habian pasado los tiempos de la epopeya; las que poseernos de este período carecen absolutamente de talento poético: en ellas se cantan en versos alejandrinos los altos hechos de los héroes, con una verdad histórica demasiado escrupulosa. Nos abstenemos de hacer citas.
Poesía didáctica. Aunque cultivado con preferencia por Opitz, este género halló pocos imitadores. La única obra que merece mencionarse es un tratado de minas publicado en 1659 por Chr. Offmann bajo el titulo de Bergfnobe. La sátira didáctica por el contrario fué cultivada con éxito por Laurenberg (1591—1669.)
El epigrama. Tuvo ademas de numerosos partidarios: los mas distinguidos fueron Fr. de Logan (1604—1655) y Chr. Wernicke ó Warneck, muerto en 1710 ó 1720.
Poesía dramática. La imitacion de los modelos ingleses, franceses é italianos, ejercieron una fatal influencia en el desarrollo del teatro aleman. Grijphius, el padre de la poesía dramática en Alemania (1616—1664), aunque dotado de una imaginacion rica y atrevida, no pudo sustraerse á esta influencia, cuyos efectos se dejan sentir en las obras de Klay, de Dach y de Lohenstein.
Prosa. El estilo almibarado y frívolo que habia sustituido al lenguage enérgico y casto de Lutero habia llegado á generalizarse demasiado para que no se resintiese de él la prosa. Las obras originales son raras en este período. La única innovacion es la novela histórica imitada del francés. Zesen fué el primer autor que se ensaya en este género; Lohenstein es el que sacó mas partido en su Arminio y Thuanels; pero la novela mas notable de esta época es, á no dudarlo, el Simplicissimus de S. Greifenson de Hirschfeld (1669) cuyo argumento está tomado de la vida real.
Entre las obras satíricas en prosa se distinguen las de J. M. Moscherosch (pseudónimo Philander de Sittewald, 1600—1669) por un rigor, una vivacidad y á veces una sal cómica verdaderamente admirables. Baltasar Schuppe, contemporáneo de Moscherosch, siguió sus huellas con acierto.
Historia. Las mejores publicaciones históricas de esta época son: la Crónica de Spira, por Lehmann (1612); la Guerra de los hussitas, por Theobaldo (1610); la Toma de Magdeburgo (1660), por Frisio; y sobre todo, el Espejo de honor de la casa de Austria, por Birken (1668), y los trabajos de Maskov y de Brünau sobre la historia de Alemania. Los Apotegmas de los alemanes, por Zunkgref, tambicn merecen mencionarse.
La Elocuencia del púlpito no hubiera dado ninguna luz en aquel siglo de tinieblas sin el eminente talento de Ulrico Megerlé (pseud. Abraham en Santa Clara. 1642—1709), sacerdote católico de los mas populares, hombre cuyas virtuosas intenciones y elocuencia solo fueron comparables con su vasta erudicion.
La tendencia que dió Lohenstein á la literatura alemana fué despues abiertamente combatida por Gottsched (1700—1766), profesor de filosofia en la universidad de Leípsick, quien contribuyó poderosamente con sus escritos á devolver al idioma aleman su primitiva pureza.
Desgraciadamente este sabio tenía poco talento poético, y solo buscaba la perfeccion en la correccion del lenguage y en la regularidad de las formas. Esta falsa direccion que siguió Gottsched y que hizo seguir

viernes, enero 11, 2008

Viage ilustrado (Pág. 138)

únicamente á la caza, á la guerra y al latrocinio, desdeñaron las bellas artes, que hallaron un refugio en la clase media.
Pero antes de hablar de la trasformacion que sufrió la literatura alemana por este concurso de circunstancias, es justo mencionar á los humanistas que mas contribuyeron á la instruccion de la nacion. Desde luego los hallamos en los Paises Bajos, donde Gerardo Groot fundó, bajó la denominacion de Fratres communis vitæ, una reunion de hombres poseidos del deseo de propagar las luces. Muerto Groot en 1384 continuaron su obra con celo y perseverancia Agrícola, Lange, Busch, Spiegelberg, Reuchlin, y el noble Ulrico de Hutten; Hegio formó discípulos como Erasmo de Rotterdam y Cesareo; Luis Dringenberg, hombres como Conrado Celles, fundador de la sociedad Rhenana, y Stadiano, maestro de Melancton.
La poesía, segun hemos dicho mas arriba, pasó de la nobleza á la clase media y á los artesanos. Es verdad que estos observaron las reglas métricas; pero les fué siempre estraño el espíritu delicado, sublime y caballeresco que ha inmortalizado las creaciones de los minnesaenger. La poesía se redujo á un mero arte de poner la prosa en verso y á los pensamientos y sentimientos líricos reemplazaron las reflexiones morales, mundanas y vulgares; sin embargo, bien que carezcan de elevacion poética las creaciones de los meistersaenger, no por eso contribuyeron menos al desarrollo de las facultades intelectuales de la nacion preparándola para desempeñar su papel en los acontecimientos del siglo XVI. Los meistersaenger que mas se distinguieron fueron Enrique de Mugelin, Muscatblut, Regenbogen, Conrado Harder, Hulzing, Alberto Lesch, el monge de Salzburgo, Pedro, Zwinger, Conrado Zorn, Conrado Schneider, Juan Folz, Conrado Ottinger, Miguel Beheim y Sisto Buchsbaum.
Nos quedan en este período canciones guerreras muy notables á que dió origen la guerra de la Suiza con el Austria. Dos poetas sobre todo, Veit Weber y Juan Viol; celebraron dignamente las victorias que ellos habian ayudado á alcanzar. Las baladas, las narraciones poéticas, las novelas y los cuentos picarescos se cultivaron tambien con buen éxito. Till el Picaresco, forma todavía las delicias del pueblo, pero el poema épico desapareció completamente, á menos que no se quiera honrar con este nombre el de Thenerdank, por Rinzinger (1516), donde se cuentan las aventuras del emperador Maximiliano. Del mismo modo la poesía didáctica, aunque muy cultivada en aquella época, no ha legado á la posteridad mas que la Nave de los locos (Narrenschiff) por Sebastian Brand (1458-1521), y muchas otras de Tomás Murner, el adversario cáustico de Lutero. El arte dramático, entonces en su infancia, no producia mas que misterios, moralidades, farsas y gangarillas. La historia es la que nos ha dejado monumentos mas duraderos como la Crónica de Limburgo, por Gansbein; la Crónica de Alsacia, por Twinger de Kœnigshofen; la Crónica de Turingia, por Rothe; la Historia de las guerras de Borgoña, por D. Schinlling; la Historia de la ciudad de Breslau, por Eschenloher. A esta clase de obras corresponde el Rey sabio, por Marx Treizsauerwein, en que se refiere bajo la forma de una novela alegórica la historia de Maximiliano.
V Período (1523 ― l625). El movimiento religioso habia dividido la Alemania en dos campos enemigos. Lutero, el defensor de la razon crítica y especulativa, atacó la iglesia romana é hizo nacer una multitud de obras con su traduccion de la Biblia y sus escritos teológicos. A fin de ser igualmente inteligible para todos los alemanes, no se sirvió de ningun dialecto particular, sino que reuniendo por una vasta concepcion todo lo mas bello, y mejor elaborado en los diferentes dialectos, creó un idioma hasta cierto punto nuevo que se estendió del uno al otro estremo de Alemania. Este lenguage llegó bien pronto á generalizarse y es el que hoy emplean los autores alemanes. En él están escritos los bellos cánticos que nos dejaron Lutero y sus numerosos imitadores; sin embargo, la poesía de los meistersaenger fué continuada con éxito por Hams Saehs de Nuremberg (muerto en 1576), ese zapatero poeta que compuso mas de seis mil obras, entre las cuales se cuentan doscientas ocho comedias y tragedias. La poesía épica se enriqueció con la Nave Afortunada de E. Fistchart, y con Froschmœusler, de Rollenhagen, obra cuya idea primordial acaso esté tomada de la Batronomáquia. Burkard Waldis escribió sus Fábulas y Juan Fischart (Menzer) sus Sátiras y su traduccion de Rabelais. La cancion popular no se cultivó mas que hasta el principio de la guerra de los Treinta Años (1618); desde esta época ya no volvieron á oirse jamás.
Este periodo es rico en novelas y en obras históricas; entre las primeras citaremos la Historia de Schilda (Schildburger) y Pedro Leu; entre las segundas la Crónica de Baviera, por Juan Thurnmeyer (Aventino, muerto en 1534); la Crónica suiza, por Tschuidi (1505—l572); la Cosmografía y la Crónica alemana, de Frank (1500—1545); la Crónica de Pomerania, por Kantzow (muerto en 1542); la Crónica de Prusia, por David (1503—1543). Las biografías de Goetz de Berlichingen y de Seb. Schærtlin, escritas por estos hombres célebres, y los Proverbios alemanes esplicados por Agrícola (1529), merecen igualmente ser mencionados.
El misticismo que se habia deslizado en el seno de la nueva iglesia produjo las notables obras de Jacobo Bæchme y de Val. Weigel. Th. Paracelso aplico la química á la medicina, Agrícola se ocupo de la metalúrgica, Conrado Gessner creó la historia natural; y la astronomía hizo importantes progresos con los trabajos de Copérnico. A esta época pertenece tambien la primera Gramática alemana, por Valentin Ickelsamer (1600).
VI Período (1625—1760). El rápido movimiento que habia arrastrado los espíritus en el siglo XVI se detuvo repentinamente, o mas bien retrogadó á principios del XVII. El catolicismo habia perdido la fuerza, la confianza en sí mismo y su natural lozanía en su lucha con la nueva iglesia; por su parte el protestantismo, contradiciéndose á cada paso, habia degenerado en una ortodoxia estacionaria y obcecada, que alejaba los espíritus de todo pensamiento nuevo original. La deplorable guerra de los Treinta Años (1618—1648) vino á aumentar estas desgracias; los príncipes se coligaron contra la nacion, y en tanto que ellos creaban un Versalles en miniatura, el pueblo se moria de hambre y de miseria. Un ceremonial ridículo, algunas apologías rastreras, un estilo de chancillería que llegó á ser proverbial por su monstruosidad, la imitacion de las costumbres y de los trages franceses, la adjuracion de todo sentimiento nacional, tales fueron las tristes consecuencias de una aberracion de los espíritus de que no se halla ejemplo en la historia.

jueves, enero 10, 2008

Viage ilustrado (Pág. 137)

Mesa redonda
de Ofterdingen y Wolfram de Eschenbach, por la competencia poética en que sostienen uno contra otro, en el castillo de Wartbourg en presencia de Hermann, langrave de Turingia y de los seis minnesaenger, Walthervonder Vogelweide, Reimur de Zweter, Enriquc de Veldeck Bitterolf, Enrique el Clérigo y Enrique de Bisbach. Esta competencia, que con razon puede calificarse de un duelo, puesto que el vencido debia ser castigado con la muerte, ha sido inmortalizada por un poema cuyo autor se ignora. Entre los demas minnesaenger distinguiremos aun á Klinsor ó Klingsohr, Ulrico de Lichtenstein, Conrado de Wurzbourg y á Enrique de Misnie, llamado Frauenlob.
A mediados del siglo XIII la poesía debió ceder el lugar á la prosa: las actas de justicia y otros documentos, que hasta entonces se habian escrito en latin se escribieron desde entonces en aleman. Entre las recopilaciones de leyes publicadas en aquella época las de los sajones y las de los suabos son las mas notables, entre las crónicas, las de Jansen y las de Ottokar Hornek. Alberto de Bollstædt (mas conocido bajo el nombre de Alberto el Grande) propagó por todas partes la filosofia escolástica, y Bertolot y Tauler la teología. Geiler de Keisersberg se hizo notar por la originalidad de sus sermones.
IV Período (1346—1523.) Con el eslahlecimiento de las universidades alemanas, independientes ya del clero, el severo estudio de los clásicos favorecido por la llegada de los griegos fugitivos de Constantinopla, y la invencion de la imprenta, la literatura alemana esperimentó una trasformacion completa. Se amplió la instruccíon; las cuestiones políticas y religiosas no interesaron ya esclusivamente á la nobleza y al clero: el pueblo tomó una gran parte en ellas. Por el contrario, los nobles, que hasta entonces se habian ocupado principalmente de las ciencias y de las letras, retrogradaron al espíritu caballeresco y galante que habia animado á sus abuelos; entregados

miércoles, enero 09, 2008

Viage ilustrado (Pág. 136)

falta de tendencia ésclusiva, es ese espíritu de conciliacion y de rectificacion de que acabamos de hablar, en una palabra, es esa universalidad, cuyo mas bello modelo está personificado en Goethe.
La historia de la literatura alemana se divide ordinariamente en siete períodos, á saber:
1.º Periodo gótico desde los tiempos mas remotos hasta Carlo—Magno (768).
2.º Período franco, desde Carlo—Magno hasta el advenimiento de los Hohenstaufen (768—1137).
3.º Período eslavo (ó de los Minnesaenger), desde los Hohenstaufen hasta el origen de las universidades alemanas (1137—1316).
4.º Período rhenano (ó de los Meistersaenger) desde el origen de las universidades hasta la reforma (1316—152 3).
5.º Período sajon, desde la escuela de Lutero hasta la de Opitz (1523—1625).
6.º Período silesio y suizo, desde la escuela de Opitz hasta la de Klopstock (1625—1760).
7.º Período nacional, desde Klopstock hasta nuestros dias (1760—1810).
I Período (360—768). Es evidente, y asi lo confirma el testimonio de los autores griegos y latinos, que la lucha tan larga como dramática que tuvo lugar entre los germanos y los romanos, debió ser un hecho tan fecundo en inspiraciones como el primer choque entre el Asia y la Grecia en las llanuras de Troya. No pudieron faltar Homeros á los Aquiles y Hectores del Septentrion; desgraciadamente no han llegado hasta nosotros sus cantos, ó han sufrido tales modificaciones, que es imposible restablecer su fisonomía primitiva. El documento mas antiguo é importante que poseemos es la Biblia, traducida del griego al gótico por Ulfilas (Wulfila), obispo de los godos (360) á quien se puede mirar tambien como inventor de la escritura alemana (1).—Los siglos VI, VII y VIII solo nos legaron escritos teológicos de muy poca importancia científica; solo citaremos la traduccion del tratado de Nativitate Jesu, del sabio Isidoro, arzobispo de Sevilla (600—636), traduccion hecha probablemente por un franco del siglo VII, y cuyo manuscrito se conserva en la Biblioteca Real de Paris.
II Período (768—1137). Carlo—Magno (768—814) despues de haber reunido todos los pueblos de raza germánica, procuró destruir la aversion á las ciencias, aversion que estaba entonces profundamente arraigada. Llamó á su córte á los sabios mas eminentes de la época, fundó sociedades y escuelas, arregló los nombres de los vientos y los meses, hizo por sí mismo el ensayo de una gramatica alemana, y reunió los cantos nacionales (2). De esta preciosa coleccion solo ha llegado á nosotros un fragmento épico, el Canto de Hildebrando y de Hadubrando, que nos hace lamentar doblemente tan irreparable pérdida. En el reinado de Carlo—Magno fué cuando brillaron, Alcuino por su basta erudicion, Theodulfo como poeta y teólogo, Warnefriedo como historiador, y Eginhardo, que nos dejó la historia del gran emperador.
Los sucesores de este príncipe no lo fueron de su genio creador, y la nacion comenzaba ya á caer nuevamente en la ignorancia, cuando salvó la nacionalidad alemana próxima á desaparecer, la division del reino de los francos entre los tres hijos de Luis el Piadoso (843) Nithardo, que refirió los sucesos de aquella época, nos ha conservado un curioso resumen de la lengua de la misma, en los juramentos que Luis el Germánico y sus pueblos se hacian mútuamente.
Raban Mauro, arzobispo de Maguncia, que murió en 816, escribió un glosario aleman y contribuyó poderosamente á disipar las tinieblas de la ignorancia con la ayuda de sus amigos ó discípulos, Haimon, Walafriedo, Strabon y Otfriedo. Este último publicó en 870 una Armonía de los Evangelios en cinco libros y en versos rimados; un desconocido tradujo del griego, ó mas bien del latin de Victor de Capua la de Taciano de Mesopotamia, en doscientos cincuenta y cuatro capítulos. Otra conocida por el título de Heljand, data del tiempo de Luis el Piadoso, y sus versos están rimados por aliteracion. Este periodo produjo ademas un canto de victoria, cuyo autor se ignora, que tiene por asunto la derrota de los normandos, por Luis III, en 881; dos traducciones de los salmos, una de ellas debida á Notker, y que se distingue por cualidades muy notables; un himno en honor de Hannon, arzobispo de Colonia, y una paráfrasis del Cantar de los Cantares, por Willeram.
III Período (1137—1346). Uno de los períodos mas notables de la historia de la literatura alemana es el reinado de los Hohenstaufen (1138—1268) Las cruzadas exaltaron el entusiasmo religioso de la nacion, las relaciones casi continuas de los alemanes con los italianos, los normandos, los provenzales y los franceses, asi como con los griegos y los árabes, estendieron el círculo de sus ideas, enriquecieron su imaginacion y purificaron su gusto. El espíritu caballeresco y galante, desarrollado en Provenza por los Berenger, fué acogido y propagado en Alemania por los Hohenstaufen, entre los cuales hubo muchos que sobresalieron en la gaya ciencia y cantaron en los idiomas suabo y provenzal. Asi se formaron los minnesaenger (cantores de amor) que se sirvíeron todos ellos del dialecto suabo.
Las poesías de esta época se dividen en tres clases: primera, las que correspenden á las epopeyas escandinavas; segunda, las que están tomadas de la poesía romana, y tercera, aquellas que por su origen y fisonomía son esencialmente alemanas.
La primera clase es principalmente épica; comprende los Nibelungen y el Libro de los héroes (Heldenbuch) ó cuenta las aventuras del rey Ottnit, de Dietroch, de Bern y de otros caballeros.
La segunda clase comprende los poemas relativos á la tradicion del San—Gral: Parcival, Titurel y algunos otros, por Wolfram de Eschenbach, y Lohengrin, cuyo autor se ignora; luego los que se refieren al rey Arturo y á la Mesa redonda; Wigalois por Grafenberg; Iwein, por Hartmann; Tristan é Isolda, por Gottfried de Estraburgo, y Wigamur, de autor desconocido.
La tercera clase contiene el poema de Rolando, ó de la batalla de Roncesvalles, por Conrado; Flora y Blanca—flor, por Conrado Heck; Erneit, por Enrique de Veldeck. Debemos tambien hacer mencion de la mayor parte de las poesías líricas de los minnesaenger, entre los cuales son los mas célebres, Enrique

(1) La mejor edicion que hay de la version de Ulfilas es la publicada por Mres. de Gabelentz y J. J. Lœhe, bajo el titulo de: Ulfilas, Veteris, et Novi Testamenti versionis Gótica fragmenta quœ supersunt, Altemburgo y Leipsick. 1836, en 4.º
(2) «Item barbara et antiquissima carmina, quibus veterum regun actus et bella canebantur scripsit memoriœque mandavit.» dice Eginhard.

martes, enero 08, 2008

Viage ilustrado (Pág. 135)

necianos. Los turcos derrotados por el príncipe Eugenio en Peterwaradin y en Belgrado, se vieron en la precision de firmar la paz de Passarowitz en virtud de la cual se ponia á disposicion del emperador el kanato de la Servia y una parte de la Valaquia. de la Bosnia y de la Croacia. Atacado por los españoles, que se habian apoderado de Cerdeña y descendido á Sicilia, Cárlos VI envió tropas á Italia para combatirlos; pero la desgracia de Alberoni, ministro de España, ocurrida en 1719, hizo mas asequible la paz, volviendo á formar parte el mismo Felipe de la cuádruple alianza que acababan de formar el emperador de acuerdo con la Francia, Inglaterra y Holanda.
Una vez afianzada la paz, fijó Cárlos su atencion en asegurar sobre cimientos sólidos la prosperidad de Alemania, sin olvidar tampoco el porvenir; así que el 25 de octubre de 1720, recibieron los estados de la Silesia una pragmática—sancion, en virtud de la cual a falta de descendientes varones, se llamaba á la sucesion á sus hijas, sobrinas, etc.
La muerte de Fedérico Augusto I habia dejado vacante el trono de Polonia: la córte de Viena, de acuerdo en esta parte con la de Rusia, quiso sucediera el hijo del rey difunto con agravio del rey Estanislao, á quién sostenia la Francia. Las pretensiones del Austria tuvieron buen éxito: pero esto mismo la empeñó en una guerra sangrienta contra la Francia, que no se terminó sino por un tratado muy poco ventajoso para el emperador, puesto que le perdió en virtud de él la
Cerdeña y los reinos de Nápoles y Sicilia, y tambien su yerno Francisco se quedó sin los ducados de Lorena y de Bar. No tuvo mejor resultado otra guerra que se emprendió contra los turcos en 1737: el príncipe Eugenio había muerto el año anterior, y sus sucesores no eran herederos de su tino; así es que tuvo Cárlos que terminar semejante contienda por un tratado muy oneroso, que se firmó en el año 1739. Cuando este emperador iba á dar la última mano á la pragrnática-sancion, haciendo elegir rey de los romanos á su yerno, el gran duque de Toscana, fué cabalmente cuando vino á sorprenderle la muerte.
Francisco de Lorena , gran duque de Toscana y esposo de María Teresa, fué elegido emperador en Francfort, merced á ella y á pesar de la opinion de Federico II y del elector palatino. El tratado de Aquisgran, firmado en 1748, devolvió felizmente la tranquilidad á la Europa, haciendo Francisco I laudables esfuerzos por establecer la armonía entre los miembros del cuerpo gérmánico, pero es menester confesar que si él era quien se ceñía la diadema y llevaba el titulo de emperador, la que reinaba en realidad era María Teresa, la cual como odiase á Federico II, que la habia desposeido de la Silesia, quiso ligarse en su contra con la Francia y la Rusia, dimanando de ahi la guerra de los siete años. El Austria llevó la peor parte en esta guerra, que por fin concluyó por el tratado de Hubertsburgo, celebrado en 1763.
Dos años despues habia terminado para Francisco I su reinado, inútil ciertamente como emperador. Este soberano, si bien honrado y sabio, no hizo jamás sino un papel secundario, sirviendo tan solo para ayudar á la emperatriz en la ejecucion de los planes que concibió y trazaba en su imaginacion.
María Teresa dejó á su hijo proclamado emperador, una autoridad puramente nominal, idéntica á la que habia hecho ejercer á su esposo, pero no obstante se lo asoció para el gobierno de los estados hereditarios de su casa. Señalóse el reinado de José II nada mas que por reglamentos de administracion interior y ligeras modificaciones en la constitucion del imperio. Solo se vió obligado á sostener una guerra contra el rey de Prusia y el duque de Deux—Ponts, elector palatino, á que el origen la sucesion de Maximiliano José, elector de Baviera, muerto sin descendencia en 1777, pero aun en ella las tropas que salieron á campaña, se contentaron con observarse recíprocamente, terminando por fin la querella por el tratado de Teschen, firmado en 1779. El general Gaudon salió tambien de espedicion contra los turcos, y entre otras ventajas que consiguió debe enumerarse como principal la toma de Belgrado, verificada en 1789. Pero al año siguiente murió José II, sobreviviendo cabalmente diez años á Maria Teresa.
Sucedió á José II su hermano Leopoldo, quien continuó la guerra contra los turcos; pero la mediacion de la Prusia é Inglaterra lo precisó á celebrar con ellos el tratado de Reichenbach, firmado en 1791, por el cual se le afianzaba la sumision del Brabante levantado contra el Austria; pero á pesar de estos buenos oficios, la insurreccion de los patriotas de aquel pais tuvo que apaciguarse por la fuerza de las armas, y aun asi no fué de larga duracion la obediencia de los brabantinos, á la cual no dejó de contribuir la revolucion francesa que acababa de estallar. El emperador celebró con el rey de Prusia el tratado de Pilnitz en 1791 y al año siguiente murió, puede decirse que repentinamente.
Sucedió á Leopoldo su hijo Francisco, quien fué proclamado el 11 de agosto de 1804, emperador hereditario de Austria, y dos años despues, á saber, el 6 de agosto de 1806, renunció á la dignidad imperial de Alemania.
Hemos escrito la historia de Alemania, pero para que el cuadro sea cumplido, vamos seguidamente á considerar este país bajo el punto de vista literario y artístico. Empecemos á hablar de su literatura.
La literatura alemana, considerada como la espresion de la vida intelectual, social y política de los alemanes, nos ofrece un cuadro del mayor interés. Distante de toda tendencia esclusiva, ha recogido lo mas gránde y mas bello de los demas pueblos, sin perder ese sello de originalidad y de nacionalidad que constituye el primer encanto de toda literatura. Todas las ideas que han agitado el mundo intelectual estan examinadas en ella con ese espíritu filosófico, esa calma y esa perseverancia alemanas, que se han hecho casi proverbiales entre nosotros. La literatura de Alemania, considerada en conjunto, ha hecho con todas las producciones del espíritu humano lo que Herder hizo en particular respecto á la historia.
A pesar de todo, ese espíritu de especulacion crítica y filosófica unido al fraccionamiento político, ha impedido hasta ahora á la Alemania ejercer fuera una poderosa influencia en el mundo literario. Colocada en él centro de Europa, se ha contentado siempre con el papel de mediadora, y parece llamada á mantener la paz y el equilibrio literario en el mundo, mas bien que a imponerle leyes. La literatura alemana, como consecuencia de ese carácter particular, tiene una tendencia al eclecticismo. A W. de Schlegel desconocia completamente el espíritu de que se halla animada al decir que es solo un monton de libros enteramente destituidos de toda tendencia nacional; lo que la distingue de todas las literaturas, es precisamente esa

lunes, enero 07, 2008

Viage ilustrado (Pág. 134)

sach en 1638, llevando siempre generalmente Bannier y Tortenson la ventaja sobre imperiales y sajones, y por otra Piccolomini, general del emperador, alcanzó una victoria el año de 1639 en Tionville, sobre el marqués de Feuquieres. En 1644, atacó el duque de Enghien en Friburgo á los bávaros mandados por Merci, y llegó á forzarlos en sus lineas, pero Merci se vengó al año siguiente, derrotando á Turena en las cercanías de Mariendal; pero á su vez fué tambien vencido cerca de Nordlinga, sucumbiendo en la misma accion. El duque de Baviera, derrotado el año de 1648 en Soinmershausen, vióse obligado á retirarse a Salzburgo, hasta que todas estas contiendas ter­minaron en Munster en virtud de un tratado de paz, á que se dió el nombre de Paz de Westfalia, y que ha servido de base á todos cuantos se han acordado despues. Sus condiciones eran hacer á la Francia dueña de la Alsacia, con todas sus dependencias; á la Suecia y á muchos señores protestantes del imperio, de considerables dominios en Alemania; concedia á las ciu­dades imperiales el derecho decisivo de sufragio en la dieta, y admitia en el estado la libertad de cultos de las tres religiones, católica, luterana y calvinista, con absoluta igualdad de derechos. La España fué la úni­ca que resistió la adopcion de este tratado, y en 1654 la dieta de Ratisbona imprimió el último sello á la pacificacion de Munster. El emperador Fernando murió en 1657.
El hijo de Fernando continuó en la alianza formada por su padre con la Polonia, Dinamarca y Brandemburgo en contra de la Suecia, y alcanzó en 1664 una señalada victoria sobre los turcos en el pueblo de Saint—Gothard, en Hungría. Los holandeses habiendo implorado la proteccion del imperio en contra de la Francia, viéronse secundados en sus deseos por un tratado de alianza que formó con ellos Leopoldo en 1672, siguiendo á esto la consecuencia necesaria de la invasion de la Alemania por un ejército francés. En tanto que Condé hacia frente en los Paises Bajos al príncipe de Orange, y que Luis XIV invadia en persona el Franco—Condado, Turena luchaba con notable tacto con Montecuculi, y ya creia llegado el momento de conseguir una solucion por largo tiempo solicitada, cuando fué muerto en Salzbach el año de 1675. El ejército francés volvió ir pasar el Rhin, fué preso en Tréveris, que capituló á su pesar, el mariscal de Créqui, derrotado en Consarbruck. Fué necesario para devolver la tranquilidad á la Europa, acordar un tratado de paz el año de 1678 en Nimega, pero á pesar de ella, la Francia no dejó las armas, asi se estableció una tregua de veinte años entre las dos potencias el año de 1684, fué debido á haber llamado por otra parte la atencion los turcos, que sitiaban á Viena, pero en 1678 ya fué quebrantado este armisticio por haberse acercado el emperador á la línea de Augsburgo, formada en 1686 por los reyes de España, Suecia y Holanda. Volvióse ir encender la guerra en los Paises Bajos y en Italia, y en todas partes las armas de la Francia salieron victoriosas, no cesando las hostilida­des hasta la paz de Ryswick, firmada en 1695, tratado que fué seguido del de Carlowitz, arreglado en 1699 con los turcos; ambos convenios fueron mas ventajosos para Leopoldo de lo que él parecia esperar, pero la muerte de Cárlos II, rey de España, acaecida en el año de 1700, volvió ir encender la guerra en toda Europa. El testamento de este monarca llamaba al trono á Felipe, duque de Anjou, nieto de Luis XIV, y contra esta última voluntad se alzaba Leopoldo con pretensiones á la corona de España, nacidas de pactos de familia: envió á Italia al príncipe Eugenio, que derro­tó á los franceses en Carpi y en Chiari, pero él á su vez fué tambien derrotado en Luzzára el año 1704. Fiado en la alianza de Holanda é Inglaterra, el emperador dió el título de rey de España en 1703 á su segundo hijo el archiduque Cárlos. Este jóven príncipe desembarcó en Lisboa en 1704, llevando tras si la guerra encendida en Alemania, en Italia y en los Paises Bajos. En medio de todos estos sucesos sobrevino la muerte de Leopoldo
Continuó la guerra comenzada por José, hijo mayor de Leopoldo, y una de sus primeras disposiciones fué desterrar del imperio, y despojar de su electorado á los que lo eran de Colonia y Baviera, por haberse declarado el año 1706 en favor de la Francia, cuyo reino pensó invadir, libre como estaba ya la Alemania de otras atenciones. Las dos derrotas de Hildesheim y de Ramilliers fueron causa de que se perdiera la Flandes española. Vendome, vuelto á llamar desde Italia, en donde habia triunfado del príncipe Eugenio en Cassano, atajó los progresos de Malborough en los Paises Bajos; pero su partida á Italia hizo perder á los franceses el ducado de Módena, el territorio Mantuano el Milanesado, Piamonte y el reino de Nápoles.
En España, las provincias de Aragon, Cataluña y Valencia, habían reconocido al archiduque Cárlos; así que los franceses se limitaban por todas partes á mantenerse á la defensiva. Villars efectuó una espedicion con buen éxito en la Suabia; pero en 1708 fueron derrotados los franceses en Oudenarde, de cuyas resultas fué tomada la ciudad de Lila. Los aliados habían concentrado todos sus esfuerzos para la campaña de 1709, Y la batalla de Malplaquet, por mas que Tillars se hubiese visto obligado á abandonar el campo de batalla, detuvo en Flandes los progresos de Marlborough y Eugenio.
Al propio tiempo, enseñoreado el emperador de la Lombardía, del reino de Nápoles y de Cerdeña, acometió la empresa de hacer revivir los derechos imperiales sobre los grandes feudos de Italia. Diversa clase de resistencia opusieron las repúblicas y los príncipes por una parte y el pontífice por otra; los primeros combatían sus pretensiones por medio de notas diplomáticas, el último por medio de un ejército; pero reconociendo su debilidad, se vió obligado muy luego á someterse á las condiciones de José, y éste por su parte hacia sentir el peso de su poder, y hubiera llevado muy allá la gloria del imperio á no ser por el mal de viruelas, que le robó á la vida en el año 1711.
Cárlos, segundo hijo del emperador Leopoldo, reconocido como rey de España por los aliados, hallábase en Barcelona, á la sazon de recibir la noticia de la muerte de su hermano José, causa que apresuró su partida para Alemania, y que obligó á los aliados á cambiar de sistema en su proteccíon, por el temor que les escítaba la reunion de la corona imperial á la de España; abriéronse negociaciones entre Francia é Inglaterra, y el príncipe Eugenio, reducido solo á las tropas del imperio, fué vencido en Denain. Finalmente, despues de haber perdido tambien á Landau y Friburgo, concluyó Cárlos con la Francia el tratado de Rastadt el año de 1714.
No por esto quedó el imperio disfrutando de una completa paz, puesto que declaró la guerra al sultan Achmet III, que á su vez la habia declarado á los ve-

domingo, enero 06, 2008

Viage ilustrado (Pág. 133)

El emperador Carlos V
za digámoslo asi, providencial, pues adquirió en perjuicio de Matías el mismo imperio que á éste habia cedido Rodolfo, y le hizo sufrir la misma suerte que la que él habia hecho esperimentar á su predecesor. En medio de las turbulencias escitadas por los protestantes de Bohemia, turbulencias que fueron la señal de la prolongada y cruel guerra de treinta años. Fernando pudo aprovechar la ocasion que se le presentó de arrancar al emperador la corona de Hungria, siendo víctima de esta determinacion el cardenal Klesel primer ministro de Matías, el cual por oponerse á esta cesion fué exhonerado de su cargo y aherrojado en una cárcel; violencia que colmó los pesares del emperador, de cuyas resultas murió poco despues.
Fernando, rey ya de Bohemia y Hungria, fué elegido emperador despues de la muerte de Matías, no sin que los estados de Bohemia se opusieran á su eleccion y hasta revocasen la que ellos mismos habían hecho en su favor, y verificasen otra en pro de Federico V, elector palatino; esto no sirvió mas que de pábulo para el incendio que ya se habia propagado: los imperiales mandados por Maximiliano, duque de Baviera, derrotaron en 1620 á los bohemios cerca de Praga, pero á pesar de esto, en los tres años consecutivos, Tilly, general de las tropas imperiales y bávaras alcanzó ventajas de tanta consideracion sobre Federico y los principales de su partido, que el primero se vió obligado á salir de Alemania, entregándose en 1623 su electorado al duque de Baviera. Pero á su vez Wallenstein, otro de los generales del imperio, ganó en 1626 una importante batalla sobre el conde de Mansfeldt. En el mismo año Tilly derrotó en Lutter á Cristiano IV, rey de Dinamarca, persiguiéndolo hasta la misma Jutlandia. Los protestantes rehusaron en 1629, someterse al edicto que les obligaba á restituir los bienes de la iglesia. Abandonados por el rey de Dinamarca, los electores de Brandemburgo.y Sajonia, otros príncipes y varias ciudades llamaron en su auxilío á Gustavo Adolfo, rey de Suecia, el cual invadió en 1630 la Alemania, triunfando al año siguiente en la batalla de Leipsick, y penetrando hasta Maguncia, verificó diferentes correrías, conquistando de paso la Alsacia y la Suabia y destrozando á las márgenes del Lech á Tilly, que fué herido mortalmente en esta accion. Seguidamente hizo una incursion en 1632 en Baviera, y murió como un héroe en la batalla de Lutzen, que no por esto fué menos gloriosa para él. Continuaron los suecos sus correrías por Alemania bajo el mando del duque de Sajonia—Weimar, muriendo tambien á su vez en 1634. Wallenstein asesinado en Egra por Gordon, que había sido hechura suya. El joven Fernando, rey de Hungría é hijo del emperador, derrotó á los suecos en Nordlinga, y su padre viendo á la Francia declarada en contra suya, firmó la paz con el elector de Sajonia, pero Bannier, general sueco, derrotó cerca de Wistock en 1636 á los imperiales y sajones. Al año siguiente sorprendió la muerte al emperador Fernando.
El sucesor de Fernando II fué su hijo, tercero de este nombre, quien continuó la guerra contra Francia, Suecia, e igualmente contra los protestantes. Por una parte el duque de Sajonia—Weimar se apoderé de Bri—

sábado, enero 05, 2008

viernes, enero 04, 2008

Viage ilustrado (Pág. 131)

só Cárlos en continuar sus antiguas hostilidades con la Francia, y comenzando á ponerlo en práctica en 1536, penetró en la Provenza, de donde se trajo consigo los tristes restos de un ejército, destruido sin haber tenido ocasion de combatir, leccion saludable que le obligó á mantenerse en un estado de quietud. En 1539 estaba firmada la paz y el emperador atravesaba la Francia para reprimir á los ganteses sublevados, y Francisco I, no obstante los consejos en contrario, lo recibió de un modo espléndido, permitiéndole ademas salir libremente.
En l546 murió Lutero, y el mismo año combatió Cárlos con las armas en la mano la liga de Smalkalde, triunfando de ella en la batalla de Mulberg. Publicó en seguida en la dieta de Augsburgo en 1548 el famoso Interim; que no encontró acogida, ni carta de naturaleza entre los católicos ni entre los protestantes, é incorporó los Paises Bajos al imperio, bajo la denominacion de círculo de Borgoña.
Con la muerte de Francisco I, no se habia estinguido el espíritu de rivalidad entre los dos estados antes por el contrario, su sucesor Enrique II, conquistó en 1551 los Tres Obispados sin emplear en ello mucho tiempo, concluyendo en su virtud Cárlos V con los príncipes alemanes aliados de Enrique, la transaccion de Passau, firmada en 1552, transaccion que no era mas que una red que les tendia para desviarlos de la alianza francesa: entonces fué citando se desgració en el asedio de Metz, y por el contrario tomó y demolió á Therouenne.
En 1555 convocóse otra dieta en Augsburgo, en donde se acordó la libertad de conciencia para los luteranos, pero en ausencia del emperador, se la restringió por medio de la reservacion eclesiástica, ó lo que es lo mismo, la necesidad en que se ponía á todo beneficiado católico de renunciar el beneficio si abrázaba la nueva religion. Merced á los oficios del cardenal Polus, se acordó el año de 1556 en Vaucelles una tregua de cinco años con Enrique II, y dejando de este modo un porvenir tranquilo para sus estados, le fué ya lícito al emperador abdicar la soberanía de todos sus reinos en favor de su hijo Felipe, y enviar la corona imperial á su hermano Fernando, se hizo despues á la vela para España con ánimo de reducirse á rígida clausura en el monasterio de Yuste, situado en la provincia de Estremadura, como lo hizo en el año 1557. A este retiro vino á morir el célebre empe­rador en el día 21 de setiembre de 1358, á la edad de cincuenta y ocho años, despues de haber reinado treinta y siete como emperador, y cuarenta y cuatro como rey de España.
A pesar de la abdicacion de Cárlos V hecha en 1556 en favor de Fernando su hermano, hasta 1558 no fué reconocido por los electores como emperador, y el papa Paulo IV resistió el que tomara el título de tal, so pretesto de no haber intervenido el consentimiento de la Santa Sede en su eleccion: protestó Fernando y desde esta época data el cesar los emperadores en solicitar la confirmacion del pontífice. Igualmente intentó, aunque infructuosamente, el año 1559 en las conferencias habidas en Cateau Cambresis, situado entre Francia y España, recobrar para el imperio los tres obispados de Lorena, arrebatados á su dominacion por la Francia. Reorganizó el consejo áulico, proveyó á la tranquilidad de Alemania y Hungría por medio de una tregua de ocho años, concluida con los turcos en 1561, y en este mismo sentido conciliatorio y previsor trabajó por la reconcíliacion de protestantes y católicos. Su reinado, si bien poco fecundo en acontecimientos de gran consecuencia, fué señalado por un espíritu continuado de moderacion y de equidad.
Maximiliano II, hijo de Fernando, heredó con los estados de su padre todas sus bellas cualidades: en 1562 ya había sido elegido rey de los romanos y coronado, á cuya ceremonia, donde se desplegó la mas deslumbradora magnificencia, no habia faltado ninguna de las formalidades especificadas en la Bula de Oro de Cárlos IV. Durante todo su reinado ocupóse Maximiliano en prevenir las divisiones que pudieran surgir en Alemanía, siendo necesario advertir que aunque educado en España, debía á sus primeros maestros una secreta inclinacion al luteranismo: no obstante, permaneció fiél á la religion de sus padres, si bien otorgó una proteccion á los reformadores, á que tambien lo hubiera inclinado su natural equidad, sin necesidad de recurrir á otros antecedentes. Los caballeros teutónicos, que solicitaban ser puestos en posesion de la Prusia y de la Livonia, trataron de envolver al emperador en un gran conflicto, pero su prudencia alcanzó á salir de él sin promover un escándalo siquiera. Bajo este reinado frió cuando se vió libre el imperio de un enemigo muy temible: el sultan Soliman, habiendo penetrado por los dominios del imperio y detenídose en el asedio de Zigeth, murió á consecuencia de la fatiga y del inficionado aire de los pantanos que rodeaban la ciudad, unido todo á su avanzada edad. Maximiliano acababa de recibir una recompensa muy lisonjera, premio debido á sus esfuerzos por el mantenimiento de la paz; esta era la de ser elegido rey de Polonia en 1573 por los votos de un partido numeroso de nobles de la primera grandeza; pero la muerte le impidió que se ciñera esta nueva corona.
Rodolfo, hijo y sucesor de Maximiliano abandonó los negocios del estado para entregarse completamente á la mecánica, química y astronomía: bajo su inspeccion protectora arreglaron Tycho—Brahe y Keplero sus tablas llamadas por esta razon Rudolfinas. Nada se cuidaba absolutamente el emperador de sus estados; asi es que los príncipes comenzaban y terminaban guerras sin que él tomase la mas mínima parte en ellas. Su hermano Matías era el gefe de los descontentos creados en 1578 en los Países Bajos; los nobles húngaros declaraban en 1579 la guerra á los turcos, firmaban tratados y despues los quebrantaban; en una palabra vióse precisado Rodolfo en el año 1592 á enviar á Matías para la defensa de Hungría: las hostilidades se prolongaron hasta el año 1606, época en que se firmó un tratado de paz en Situatoroc por espacio de 20 años entre Rodolfo y Achmet I. A pesar de todo, el archiduque Maximiliano, hermano del emperador, el archiduque de Estiria y su hermano declararon á Rodolfo incapaz de gobernar, proponiendo en su lugar á Matías, quien fué elegido rey por la aristocracia húngara en 1607, y obligado Rodolfo á ratificar semejante eleccion. En 1611 todavía le obligó Matías á hacerle cesion de la Bohemia. Rodolfo murió al fin en Praga consumido de penas é inquietudes, y en medio del aislamiento de que lo habian rodeado sus supersticiosos temores, dirigidos sobre todo contra su familia.
Matías, hermano de Maximiliano y de Rodolfo, hallándose sin descendencia, adoptó á su primo Fernando en cuyo favor abdicó en 1617 el reino de Bohemia. Fernando fué el instrumento de una vengan-

jueves, enero 03, 2008

Viage ilustrado (Pág. 130)

cia á Adolfo de Nasau, y solamente á fuerza de convenios se logró en 1463 terminar la guerra civil; pero no bien quedaba en paz el Oeste de Alemania, cuando va en el Este asomaba una nueva contienda; ademas de que el mismo Federico no desaprovechaba ocasion de llevar al término de un rompimiento, que deseaba fuera fatal al pontifico, las quejas que contra este abrigaba Podiebrard; pero por mas que trabajó, no pudo inclinar á los estados del imperio á una declaracion de guerra contra la Santa Sede.
En 1477, consiguió Federico convertir su casa en la mas rica y poderosa de Alemania, mediante el matrimonio de su hijo Maximiliano con Maria, hija de Cárlos el Temerario, y heredera de la Borgoña y de los Paises Bajos. El resto de su reinado no tiene ya mas historia que la de la guerra contra Matías Corvi­no, rey de Hungría, quien en 1485 se hizo dueño de Viena, enseñoreándose igualmente de todo el pais austriaco que quedaba, reduciendo al emperador á la condicion de una vida errante, hasta que la muerte de Matías, le abrió las puertas de Viena, dónde entró en 1490, aunque falleció poco después.
Ya se recordará que Maximiliano habia casado en 1477 con Maria de Borgoña, pero ahora es necesario añadir que, habiendo enviudado en 1482, se desposó por poderes en 1489 con Ana de Bretaña; mas suplantado por Cárlos VIII, rey de Francia, contrajo matrimonio con Blanca, sobrina de Luis María Esforcia, á quien dió el ducado de Milan, en perjuicio de Juan Galeazo, su verdadero sucesor. Los progresos que las armas francesas hacian en Italia lo indujeron á convocar en 1495, una dieta en Worms, en la que se promulgó la célebre constitucion, cuyo espíritu fué la conservacion de la paz pública, y para prestarla mayor fuerza, se creó una cámara imperial, destinada á reprimir á todo el que violara estas ideas de pacificacion, y al propio tiempo á prevenir sus consecuencias por medio de las atribuciones que se la conferían de arreglar las diferencias entre los estados. Esta cámara residió al principio en Francfort del Mein, despues se trasladó á Spira y últimamente á Wetzlar.
Maximiliano colmó la prepotencia de su casa, casando en 1496 á su hijo Felipe con Juana, hija de Fernando, rey de Aragon, y de Isabel reina de Castilla. En 1498 penetró en Borgoña movido por su voluntad de hacer revivir sus pretensiones sobre este reino, y abandonado por los suizos les declaró la guerra, que terminó en 1 499 por medio de un tratado de paz firmado en Basilea: al siguiente año, se congregó una dieta en Augsburgo, en la que se acordó ascender á diez el número de círculos en que se habia de dividir la Alemania, estableciendo ademas Maximiliano en su córte un consejo permanente para sus estados hereditarios, á quien confió el ejercicio de sus resevaciones imperiales.
Resuelto el emperador á recibir en Roma la corona imperial, se encaminó á Italia, pero los venecianos se le opusieron al paso, y aunque intentó forzarlo, fué derrotado completamente por Alviano y Tribulcio, general de Venecia el primero, y gobernador el segundo de Milan en nombre de la Francia: este descalabro, acaecido en Padua, le precisó á contentarse con el titulo de emperador elegido. Semejante baldon y las instigaciones de Julio II, fueron causa de que Maximiliano organizase en union con el papa, con Luis XII, rey de Francia, y con Fernando, rey de Aragon, la famosa liga de Cambrai contra los venecianos. Llegó á Italia cuando Luis había regresado á Francia tomó todas cuantas ciudades habían ocupado los venecianos en el Tirol é Istría, y tan solo en el asedio de Padua se estrelló su impetuosidad, separándose ya en 15l3 de la liga, y formando otra con el papa, España e Inglaterra en contra de la Francia; incorporóse á los ingleses en el sitio de Therouenne formalizado aquel año en virtud de haberle ofrecido recompensa, y todavía en 1516 verificó una incursion, aunque en vano, en el Milanesado. Finalmente, en 1517 concluyó el tratado de Cambrai, por el que hizo renuncia de cuanto poseía en Italia, y formó una liga defensiva con su nieto Cárlos, señor de los Paises Bajos y rey de España, y con Francisco I. -
La reforma de Lutero comenzaba entonces á poner en combustion la Alemania: Maximiliano convocó una dieta en Augsburgo el año 1518, en cuyo seno defendió sus doctrinas el reformador, y de alli á muy poco murió aquel soberano.
Cárlos, nacido en Gante en el año 1500, hijo de Felipe (que respectivamente lo era de Maximiliano) y de Juana, infanta de España, monarca de España desde 1516, fué elegido emperador en Francfort, despues de haber desechado á Federico de Sajonia, y dándole preferencia sobre Francisco I; la rivalidad entre el nuevo emperador y el rey de Francia duró tanto como sus reinados, y la Italia fué el teatro principal de sus enconos. Lautrec, general francés, se dejo arrebatar á Milan y perdió la batalla de la Bicoca. Cárlos aliado de la Inglaterra y de las repúblicas venecianas, de Florencia y de Luca, recibe á su servicio al condestable de Borbon, que gana la batalla de Pavía, dada en 1525, en la que fué Francisco hecho prisionero; pero Cárlos, embriagado de alegría al ver al rey de Francia en Madrid, no se cuida de aprovechar las consecuencias de la victoria; asi es que al año siguiente, estando libre Francisco I, forma contra su enemigo una liga, á cuyo frente se coloca el papa Clemente XII, pero oprimido éste por las fuerzas del emperador, solicita en 1527 una tregua, á que se opone el condestable de Borbon, quien sitia á Roma y es muerto al dar el asalto, pero sin que esta desgracia evite el que sea tomada y entregada á saco, y el que el papa se vea precisado á refugiarse en el castillo de Santo Angelo.
El emperador convoca en 1529 una dieta en Spira, con el objeto de pedir socorro, que le fué concedido contra los otomanos, que asolaban la Hungría, y de fijar definitivamente los asuntos religiosos: quedó autorizada la exaccion de socorros, se pronunció la sentencia de muerte contra los anabaptistas, y se sostuvo la libertad de conciencia hasta la convocacion de un concilio general, proscribiendo tan solo los dogmas de Lutero sobre la comunion: los gefes de la secta luterana protestaron contra esta escepcion, y de ahí de donde se deriva el dictado que se les ha dado de protestantes.
Habiendo marchado Cárlos con intencion de ser coronado por Clemente VII, regresó á Alemania para concurrir á la famosa dieta de Augsburgo, donde Melancton puso de manifiesto la profesion de fé de los luteranos, á la que se llamó despues la Confesion de Augsburgo, pero los reformadores, viendo proscritas sus opiniones, apelaron á las armas, y firmaron el 31 de diciembre de 1530 la liga de Smalkalde.
Despues de terminada la espedicion de Africa en 1535, durante la cual tomó á Tunez, y libertó del yugo de la esclavitud á veinte y dos mil cristianos, pen-

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Gerónimo de Praga
ejemplo de Juan XXIII, é instruyó el proceso de este pontífice el año 1417 en Constanza. Murió en el mes de diciembre de 1437.
Alberto, duque de Austria, yerno de Segismundo, se ciñó en un mismo año, ademas de la corona imperial, las de Hungría y Bohemia; de esta suerte la dig­nidad imperial habia pasado á la casa de Austria, que se encontraba ya en el apogeo de su grandeza. Breve en estremo fué el reinado de Alberto, pero muy señalado por los esfuerzos puestos en juego para establecer la paz pública. Convocáronse sucesivamente dos dietas en Nuremberg, en las que se reformó el procedimiento de la córte weslfálica ó vehémica, se decidió que las di­ferencias, ya entre príncipes, ya entre ciudades, se determinasen por austregos ó jueces árbitros; y se di­vidió la Alemania en cuatro, y despues en seis círcu­los, sometidos cada uno á una autoridad superior. En los negocios de la Iglesia, Alberto siguió la marcha de Segismundo, y procedió en todo con un espíritu con­ciliador: ocupóse en proporcionar la paz á Bohemia, donde no le permitieron entrar los calixtinos, y en proteger la Hungría contra los turcos, á cuyo fin ya se preparaba á marchar contra Amurates II invasor de la Bulgaria, cuando se vió atacado de una disentería, enfermedad que estaba diezmando su ejército, de cu­yas resultas murió el 27 de octubre de 1430 en Langendorf.
Congregados los electores á los tres meses de la muerte de Alberto, emitieron sus sufragios primera­mente en favor de Luis, landgrave de Hesse, y mas tarde en el de Federico, duque de Estiria, que titubeó hasta el estremo de no notificar á la dieta su aceptacion en tres meses. Durante este interregno, el cole­gio electoral observó la misma conducta de Alberto II, guardando una posicion neutral en la querella suscitada en el concilio de Basilea por Eugenio IV. Por el contrario, Federico solicitó del papa ratificase su eleccion, y su reinado no fué propiamente de em­perador, sino de duque de Austria, segun los esfuer­zos que hacia, y que anotaban toda su actividad, para engrandecer la casa de Habsburgo, preocupacion continuada que se dejó ya conocer desde sus primeros actos, pues ungido en 1442 en Aquisgran, emprendió una guerra, á cuyo sosten se negaron los príncipes de Alemania, por ser esta querella de interes esclusivo de la casa de Austria, guerra que terminó por una transaccion verificada en 1449, tras una victoria alcanzada por Federico con el auxilio que le prestó Cárlos VII, rey de Francia, mandándole algunas bandas mercenarias.
El emperador quiso despues coronarse en Italia, y no osando solicitar la de Lombardía en Milan, donde estaba madando Francisco Esforcia, marchó en 1452 á recibirla en Roma, así como la corona imperial, de manos del papa Nicolás V. Casó con Leonor, princesa de Portugal, y se encaminó á Nápoles á ver al rey Alfonso, tio de la nueva esposa. De regreso á Alema­nia, se ocupó despues de ratificar el famoso concor­dato germánico, en asegurar perpétuamente para su casa, una preeminencia fija, y erigió en archiducado al Austria el año 1453. Haciéndose general la irrita­ción contra su incuria, que no imponía correctivos ni á los abusos ni á los desórdenes, amenazáronle los electores en 1.457 con la deposicion, y bien pronto tuvo necesidad de disputar la posesion de sus estados hereditarios á Segismundo, su primo, y á su hermano Alberto. En el sitio de Viena, ocasionado por una sedicion de sus habitantes instigados por Alberto, debió su salvacion á Podiebrard, rey de Bohemia. En 1459 Tierry de Isemburgo, disputó el electorado de Magun­—

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toridad á los señores, en una palabra, haciendo gran­gería de todo, y labrando con sus concesiones al papa su propio deshonor, y el envilecimiento del imperio. De regreso á Alemania trató de poner remedio á la confusion que se advertia, pero sustituyendo el impe­rio de la fuerza al del derecho: en consecuencia pu­blicó la famosa Bula de Oro, que constituye la pri­mera ley fundamental del cuerpo de derecho germá­nico (1356), y arreglaba la forma de las elecciones imperiales, consignaba los derechos, privilegios y órden de sucesion de los electores, restringía el derecho de la guerra privada y prohibia las confederaciones, estableciendo ademas otros preceptos que omitimos.
En 1368 emprendió otro viage á Italia á ruego del pontífice Urbano y, en él tuvo ocasion de renovar aquel espíritu de grangería que en otra ocasion ejercitó con tan feliz éxito; él negoció con los señores de Milan, sitió á Siena para entregarla al papa, y despues de derrotado levantó el sitio por 20,000 flo­rines, sacando igualmente otros 100,000 de Pisa y Florencia, y por último, á precio de 300,000 florines vendió á Luca su libertad. Dueño de este cúmulo de riquezas, volvió á pasar los Alpes, y prodigó el oro en Bohemia: porque es forzoso reconocerlo, si Cárlos vendia privilegios á los italianos, cédulas de nobleza á los alemanes, y el derecho de soberanía del imperio al rey de Polonia; si entregaba, para decirlo de una vez, al pillage la Alemania y la Italia, era con el ob­jeto de civilizar, embellecer y hacer grande á la Bo­hemia. El, á fuerza de intrigas y de dinero, adquirió las tierras que poseía en el Nordgau el elector Palati­no, despues la Baja Lusacia, y luego la Silesia; él hizo un pacto en 1364 con los duques de Austria, en virtud del cual las dos casas de Bohemia y Austria se aseguraban recíprocamente la sucesion, cuando faltase varon con derecho á ella. Cárlos IV había arruinado su casa para adquirir el imperio, y arruinaba el impe­rio para elevar su casa.
No queriendo acceder á las instancias que conti­nuamente le hacia Gregorio de que marchase á las cruzadas, se dirigió por el contrario á Francia en 1377, donde fué recibido con magnificencia; pero de vuelta de su viage murió al año siguiente. Habia te­nido la precaucion de hacer elegir en 1376 á su hijo Wenceslao, rey de los romanos, si bien á costa de alzadas cantidades de dinero y de la cesion de mu­chas ciudades imperiales; el asentimiento del pontífi­ce fué pagado con la promulgacion de la Constitucion carolina, que confirmaba y estendia los privilegios del clero.
Sucedió Wenceslao á su padre despues de la muer­te de éste. Oigamos la opinion de Voltaire acerca de este reinado, formulada en pocas palabras. «El reina­do de Cárlos IV, dice, que tantas quejas ha arranca­do, y que todavía es objeto de fuertes acusaciones, es un siglo de oro comparado con la época en que dominó su hijo Wenceslao.» Efectivamente, su vida fué un tejido de desórdenes, de crueldades y de bajezas, y llevándole muy precozmente sus profusiones á una completo ruina, recurrió, como su padre, á la enagenacion de los derechos y ciudades del imperio. Alzase la Bohemia contra él, y no tiene reparo en entregarla á las grandes compañías, á quienes concede por sol­dada todo el botin que puedan recoger; coalíganse las poblaciones del Rhin y de Suabia para poner su libertad á cubierto de los señores que la oprimen, y en 1383 se ven obligados los magistrados de Praga á encerrar á Wenceslao en una prision, pero consigue escapar de ella: en 1395 vende á Juan Galeas Visconti el título de duque de Lombardía, y despues la soberanía de casi todas las ciudades lombardas dependientes del imperio, hasta que cansados los elec­tores de tanta arbitrariedad, se reunen el año 1400 en Francfort y deponen á Wenceslao, nombrando en su lugar á Federico, duque de Brunswick; pero ase­sinado á poco por el conde de Waldeck, otra dieta congregada en Lacustein confirmó la deposicion de Wenceslao y eligió á Roberto, conde palatino del Rhin, contra cuyas determinaciones protestó Wences­lao, conservando el título de emperador hasta su muerte, acaecida en 1419.
No todo el imperio aprobó esta eleccion. Aquisgran se negó á albergar dentro de sus muros á Roberto, por lo que se vió obligado á hacerse coronar en Colo­nia; por su parte las ciudades imperiales no quisieron rendirle homenage, y en el concilio de Pisa ni aun fueron admitidos sus embajadores.
Roberto, escitado por Bonifacio IX, y por los florentinos y lucanos, pasó á Italia con el objeto de apar­tar el Milanesado del poder de Juan Galeas Visconti, pero fué derrotado el año 1401, cerca del lago de Garde, por Facían Caue, general de Visconti: en 1404 se formó una liga para restablecer á Wenceslao en el trono, pero no surtió efecto alguno; en 1409 declaróse Roberto en favor de Gregorio XII, pero esto no le libertó de ser depuesto, asi como su rival Benito, en el concilio congregado en Pisa. Finalmente, en 1410 se organiza una nueva coalicion contra el emperador, pero contuvo su desarrollo la muerte de es­te, cuyo reinado fué una muestra de lo débiles que son los recursos empleados por el talento y la activi­dad, cuando estos se estrellan contra la impotencia do la autoridad imperial.
Tres emperadores como tres pontífices, se dispu­taban su respectiva dominacion: Wenceslao tenia en su favor siempre un partido; Segismundo, hijo de Cárlos IV, la eleccion que había recaido en su perso­na; José de Brandeburgo los sufragios de otra parcia­lidad; pero este cisma imperial terminó muy luego con la muerte de José y la aquiescencia de Wenceslao respecto á la eleccion de su hermano, resultando de aqui el elegir nuevamente en 1411 á Segismundo todos los electores de comun acuerdo. Coronado en Aquisgram dirigióse al concilio de Constanza, y con­denó á la hoguera al heresiarca Juan Huss, que se habia presentado alli en 1415 auxiliado de un salvo-con­ducto, sufriendo la propia suerte al año siguiente su discípulo Gerónimo de Praga; doble suplicio que en­cendió las terribles guerras que asolaron la Bohemia du­rante el reinado de Segismundo, y tomaron el nombre de guerras de los hussitas. Segismundo hizo un viage á Francia é Inglaterra, durante el cual se ligó secreta­mente con Enrique IV, rey de Inglaterra, en contra de la Francia, despues de haber prometido agenciar la reconciliacion de aquel soberano con Cárlos IV de Francia, defraudando de esta manera la fé de los ofre­cimientos con el objeto de recobrar las provincias del reino de Arlés. En 1419 se ciñó la corona de Bohemia por muerte de su hermano Wenceslao: en 1.431 la de hierro en Milan, y en 1433 la de oro en Roma.
Pero en lo que mas fijó su atencion fué en procurar la destruccion del cisma que desolaba la Iglesia, y asi es que concitó á la España en contra de Bene­dicto XIII, que no trataba de imitar, abdicando, el

miércoles, diciembre 12, 2007

Viage ilustrado (Pág. 127)

perador á Italia, despues de haber asegurado la pose­sion del reino de Bohemia por medio del matrimonio con la hija de su rey Wenceslao, y de haber firmado un tratado con Federico de Austria.
Encontró aquel hermoso pais desgarrado por los bandos de guelfos y gibelinos: la dominacion de los señores era una completa anarquía, pues todos habian usurpado la autoridad, unos en una poblacion, otros en otra; pero no bien llegado Enrique, cuando todos se vieron obligados á prestarle obediencia, hasta el poderoso Guido de la Torre, de Milan, y en Monza recibió la corona de Lombardía, igualmente que el juramento de los diputados de las ciudades: desde alli fué á hacerse coronar emperador en Roma, y al regre­so combatió con los pisanos contra los florentinos, ter­minando sus dias en 1313 un veneno propinado en una hostia.
Despues de la muerte de Enrique VII, no pudien­do venir á comun acuerdo los electores sobre el nom­bramiento del sucesor, ocasionaron con sus disidencias un interregno de catorce meses, y despues una doble eleccion.
Federico, duque de Austria, hijo del emperador Alberto, fué elegido en Saxenhausen, con un dia de anticipacion á la de Luis de Baviera, que habia me­recido la confianza de otros electores: marchó, pues, contra su rival, en tanto que su hermano atacaba los tres cantones suizos declarados en favor del príncipe bávaro, y el año de 1313 sufrió la sangrienta derrota de Morgarten: no fué mas venturoso Federico; pues quedó vencido y hecho prisionero en 1322 cerca de Muhlder, recobrando la libertad en 1325 y renun­ciando al imperio, siendo tan fiel á su palabra, que rehusó la corona imperial ofrecida para él mas tarde por el papa Juan XXII. Movido Luis de la conducta leal que guardaba su adversario, le guardó las consideraciones amistosas, y arregló con él un tratado, en virtud del cual debian reinar los dos conjuntamen­te; llamado á Brandeburgo para sofocar una revolucion que acababa de estallar contra su hijo Luis, con­fió á su antiguo competidor el gobierno de la Baviera; pero en 1330 murió.
Luis de Baviera, elegido al propio tiempo que el precedente, se desembarazó de su rival del modo que se acaba de decir; pero aun había otro enemigo, ya que no rival, de por medio, á quien era preciso aca­llar. Tal era Santiago de Ossa de Cahors, que ocu­paba a un sazon la silla pontificia bajo el nombre de Juan XXII, de espíritu turbulento, pendenciero y obstinado. En 1323 ordenó á Luis de Baviera desis­tiese en el término de tres meses de ejercer la administracion del imperio, y al año siguiente le declaró contumaz, citándolo y emplazándolo á comparecer ante su presencia, si bien la dieta de Ratisbona de­claró nula esta citacion. Por su parte las facultades de Bolonia y París, los mas eminentes jurisconsultos, los frailes de la órden de Menores, declarados enemigos acérrimos del pontífice, á causa de las persecuciones de que habian sido blanco, se disputaron á porfía la defensa de la causa del emperador; pero, á pesar de todo, Cárlos IV, á la sazon rey de Francia, quedó encargado de la ejecucion de la sentencia, seducido por la promesa de Leopoldo, hermano de Federico de Austria, en la que cifraba su esperanza de la abdica­cion de este último en su favor; todo entonces iba ca­minando á un buen término, Leopoldo venció á Luis en Burgan, pero el mismo espanto que se opoderó de los señores alemanes fué el que causó su declaracion en contra de los franceses, al propio tiempo que Luis concluia con Federico un tratado fraternal de que hemos hecho mérito, fiado en el cual marchó en 1327 á coronarse en Milan, y al año siguiente á Roma, en donde fué recibido con aclamaciones por el bando gibelino, en posesion del poder por aquella época. Declaró á Juan XXII depuesto del pontificado, y nombró en su lugar á Pedro de Corvier, coronado bajo el nombre de Nicolás V; pero de repente se lanzó sobre Roma el bando guelfo, obligando á Luis á abandonar a Roma y á refugiarse en Alemania, despues de haber recorrido casi solo esta distancia. El mal estado de sus negocios activó su diligencia para solicitar la reconciliacion con la córte de Aviñon, pero despues de mil dudas sobre si se someteria á la dura condicion que aquella le imponia de ser depuesto ó abdicar vo­luntariamente, lo hizo asi en efecto en 1333, limitán­dose á pedir la eleccion de su primo Enrique de Ba­viera; pero esta desesperada resolucion encontró gran resistencia en los estados, que no querian ver humillada la autoridad imperial ante la pontificia; por fin la dieta de Rensé declaró en 1338 el imperio inde­pendiente del papa, y la reunida en Francfort confirmó este acuerdo por medio de una pragmatica—sancion: á pesar de este rompimiento nunca perdia Luis la confianza de reconciliarse con el papa, negándose á ello los sucesores de Juan XXII, Benedicto XII y Clemente VI: este último, sobre todo, fué el que volvió á incoar en 1343 los procedimientos contra el empe­rador, fulminó contra él una nueva bula de deposicion, y ordenó á los electores verificasen la eleccion de un nuevo soberano del imperio. Obtemperó tales mandatos la asamblea congregada en Rensé, la cual nombró á Cárlos de Luxemburgo, hijo de Juan, rey de Bohemia; pero desvirtuaron semejante eleccion, proporcionando grandes ventajas á Luis las vergonzo­sas concesiones á que accedió, reducidas á la anula­cion de todos los actos de Luis de Baviera, al aban­dono de la Italia, y finalmente, á no asomarse por las murallas de Roma, sino en la época de su coronacion. Cárlos, despues de haber militado en las filas del ejército francés en la batalla de Crecy, donde murió su padre el rey de Bohemia, volvió á hacerse coronar en Bonn, é hizo grandes esfuerzos para avivar la guer­ra civil, cuando la muerte de Luis, sobrevenida subitamente, lo dejó dueño del trono.
Habia visto el nuevo emperador, antes de afianzarse, nacer sucesivamente diversas oposiciones de parte de los electores, que habian desaprobado lo que en favor de aquel habia recaido, á saber: Eduardo III, rey de Inglaterra, que rehusó el imperio; Federico, margrave de Misnia y landgrave de Turingia; Luis, margrave de Brandeburgo, hijo del último empera­dor, y finalmente, Gunther de Schwarzburgo, el úni­co competidor temible, pero que reducido á una im­potencia conocida de resultas de un veneno que se le habia propinado, vendió sus derechos á Cárlos y mu­rió poco tiempo despues. Erigíase en Roma soberano á la sazon Nicolás Rienzi, el cual pasó del otro lado de los Alpes por las vicisitudes progresivamente desgra­ciadas de la adoracion, la espulsion y la muerte acaecida en l354.
Libre ya Cárlos de rivales en Alemania, fué ungi­do nuevamente en Colonia el 1349, y en 1354 pasó á Italia, y fué á recibir la corona imperial en Roma, vendiendo á su paso la libertad á las ciudades, la au­-

lunes, diciembre 10, 2007

Viage ilustrado (Pág. 126)

minos reales, y turbaban la paz pública. En otra ocasion, Ricardo concedió la investidura del Austria al rey de Bohemia, Ottocar, dando termino á sus viages el año 1209, y muriendo en Inglaterra el 1271.
Fué elegido emperador el 1.º de octubre de 1273, Rodolfo, landgrave de Alsacia, hijo de Alberto el Sábio, conde de Habsburgo; esta eleccion fué confirmada al siquiente año por Gregorio X, después que á su vez aseguro a este último en la posesion del exarcado de Rávena, de la marca de Ancona y del ducado de Espoleto. En 1278 tuvo que combatir el emperador á Ottocar rey de Bohemia, duque de Austria, de Carintia y Carniola, por negarse á tributarle homenage. Pu­blicó un decreto proscribiéndolo del imperio, y alcan­zo sobre él dos victorias, siendo mas señalada la segunda por haber sido muerto Ottocar, á cuyo hijo entrego Rodolfo la Bohemia quedándose él con el Austria y sus dependencias, con que invistió á su hijo Al­berto en 1282, obligando igualmente á los condes de Saboya y Borgoña á convertirse en feudatarios del imperio. Por lo que respecta á Italia, sus ocios no fue­ron bastantes para pensar con asiento en ella, y al amparo de esta circunstancia, pudieron consolidar su libertad los pueblos de este hermoso pais, terminando por vender á unos los derechos del imperio, y dejar á otros que se apoderasen de ellos: nada tenia de estraño todo esto, cuando su atencion principal estuvo fija en restablecer la tranquilidad de Alemania, consi­guiendo libertar á este pais de la horrible anarquía que hubiera concluido por aniquilarlo.
Murió Rodolfo en 1290, despues de haber ensaya­do en vano medios para lograr la eleccion de su hijo Alberto por rey de los romanos, sin que tuvieran re­sultados mas prósperos las pretensiones de este una vez muerto su padre, resistencia que tenía su esplica­cion en la voluntad que los electores tenian de no pro­clamar príncipes que les lucieran la ley; al fin, despues de un interregno de diez meses, nombraron á Adolfo de Nassau.
Nacido como el anterior, lejos del trono, no poseia cualidad alguna moral de las que á su predecesor ha­bian mantenido y asegurado en aquel elevado puesto. Con la venta que hizo de su alianza al rey de Inglaterra se acarreó el menosprecio de los grandes del im­perio, no menos que con el empleo que dió al precio de esta vergonzosa grangería, que fué despojar de la dominacion de Turingia al legítimo sucesor Federi­co el Mordido, hijo de Alberto el Desnaturalizado. Tan al estremo llevaron su desprecio, que llegó á pro­ducir su deposicion verificada en la dieta de Magun­cia en 1298, en tanto que él se hallaba en Turingia ocupado en consolidar su dominacion. Pusiéronle por sucesor á Alberto de Austria, hijo de Rodolfo de Habsburgo, contra quien se encaminó el de Nassau, trabándose entre los dos una batalla en Gelheim, duran­te la cual, y en lo mas recio de la refriega, Alberto mató con su propia mano á Adolfo.
Una vez desembarazado de su competidor, Alber­to hizo una sagaz declaracion, reducida á la renuncia de toda pretension que pudiera abrigar á ceñise la corona imperial; fué elegido la segunda vez, y en una dieta convocada en. Nuremberg, dió á sus hijos Rodol­fo, Federico y Leopoldo la investidura del Austria, la Carniola y la Estyria. El papa Bonifacio VIII negó su reconocimiento al nuevo emperador, entre otras cau­sas, por haber asesinado al soberano legitimo, y rela­jado por el pontífice el juramento de fidelidad que los señores de Alemania prestaban en favor del emperador, tuvieron ya ocasion de volver sus armas contra él; pero á las palabras de Bonifacio trató de oponer las obras, y asi es que aprovechándose de los agravios que Felipe el Hermoso conservaba contra la Santa Sede, trató de asegurar su alianza con el rey de Francia, cayó de improvisto sobre el electorado de Maguncia con un considerable ejército, y tomadas sus principales fortalezas, redujo al elector, su mas formidable enemigo, á solicitar la paz. Entonces Bonifacio entabló con él algunas negociaciones, de las que resultó quebrantar Alberto sus tratados con Felipe el Hermoso, y recompensar la adhesion del pontífice su eleccion con el reconocimiento del principio de que el poder de los reyes y emperadores emanaba del soberano pontífice, y con la promesa de amparar á la Santa Sede contra sus enemigos, cualesquiera que ellos fuesen. Apoyado en semejante oferta, Bonifacio fulminó una escomunion contra Felipe el Hermoso, á quien declaro desposeído de todo derecho á la corona de Francia, dando la investidura de ella á Alberto. En tal estado las cosas, pusieron fin á la querella los legados de Felipe con un acto brutal, que ha llegado á adquirir los honores de la celebridad.
Entretanto Alberto ideaba ensanchar un poder, en cuya posesion habia entrado á fuerza de tantos sinsabores, pero el éxito de este proyecto no coronó sus deseos, puesto que se frustró la espedicion contra Holanda, Zelanda y Frisia; vió, despues de conceder el mando de la Bohemia á su hijo Rodolfo, alzarse la nacion entera contra él, y estando ya á punto de morir, no pudo hacer consentir á los estados en darle por su­cesor á su hijo Federico, y ademas fué derrotado al tratar de imponer su voluntad por la fuerza; empren­dió sin resultados una guerra contra Oton, llamado á ocupar el trono de Hungría, y finalmente se desgra­ciaron todas cuantas tentativas puso en juego para apoderarse de la Misnia y de la Turingia.
Para empeorar mas tan aflictiva posicion, él mismo se creaba nuevos enemigos, pues queriendo formar de la Suiza un principado para uno de sus hijos, la arrojó á todas las consecuencias de una revolucion por medio de un mando despótico, en la confianza de que aquella, si llegaba á estallar, le proporcionaria un pretesto que justificase la opresion que meditaba para aquellos pueblos; pero los cantones de Schwitz, Uri y Unterwald organizaron una liga en Gruth la noche del 17 de octubre de 1307, que produjo la muerte de los tiranos Gesler y Landeberg, la espulsion de los res­tantes y la demolicion de las fortalezas alzadas para refrenarlos. Alberto se dirigió contra ellos, cuando al pasar el rio Reuss, en la Argovia, fué asesinado en 1308 por su sobrino el duque Juan de Suabia, cuyo patri­monio retenia injustamente.
Despues de la muerte de Alberto, Felipe el Hermoso, que en cierto modo tenia sometido el poder pontificio con el hecho de obligar á Clemente V á establecerse en Francia, puso de manifiesto sus pretensiones á la corona imperial, primeramente en su favor y mas tarde en el de su hermano el conde de Valois. Pero recelosos los electores de un poder que absorberia á todos los demas, se pusieron de acuerdo con el papa, y tras siete meses de interregno, nombraron á Enrique de Luxemburgo, príncipe que, si bien de pocas riquezas y poderío, era recomendable, no obstante, por la nobleza de su origen y por las cualida­des que concurrian en su persona. Pasó el nuevo em—

sábado, diciembre 08, 2007

Viage ilustrado (Pág. 125)

Briena, instigado por el papa, queria hacer sobre el reino de Nápoles, y que le fué fácil descubrir, asi como tambien hacer la paz con el papa por medio del tratado de San German firmado en 1230, y despues de prometer una completa amnistía, recibió la absolu­cion de las censuras fulminadas contra él.
Entretanto las poblaciones lombardas se habian coaligado como en tiempo de Federico Barbarroja, y colocándose bajo la proteccion pontificia, teniendo ademas la ventaja de que cabalmente cuando el emperador iba á recurrir á las armas, la rebelion de 1234, que habia promovido su hijo Enrique elegido por él rey de los romanos en 1220, le hizo volver á Alemania, donde despues de vencido lo mandó degradar en la dieta de Maguncia, relegándolo ademas á un castillo de la Pulla, donde murió en 1242. Faltábale al em­perador para poder pasar los Alpes, someter á Fede­rico el Belicoso, duque de Austria, contra quien man­dó al duque de Baviera y al landgrave de Turingia, que fueron destrozados por aquel, obligando tal der­rota al emperador á ponerse á la cabeza de sus tropas, tomando Viena y dejando sitiado al duque en Neus­tadt en 1237. Confió la administracion del ducado á uno de sus lugartenientes, y solamente cuando pasa­dos tres años arregló la paz, fué cuando se entregó á su legítimo poseedor; Federico entonces, libre ya de cuidados por esta parte, se encaminó á Italia.
Hallábase encendida en toda su fuerza en este pais la animosidad entre guelfos y gibelinos; teniendo estos de su parte al emperador, nada roas aguardaban que su llegada para conquistar su ascendiente sobre sus enemigos. Efectivamente, Eccelino, tirano de Padua, sostenido por las tropas imperiales, se apodera de esta cuidad y de la de Vicenzio: el mismo Federico destroza á los milaneses, les quita su carrocio y toma á Mántua; pero entonces sube de punto la ira del pontífice; y lanza sucesivamente dos escomuniones contra Federico, siendo los primeros á dirigirse en contra del emperador los señores de la Marca Trevisana, y formando parte de la liga lombarda Venecia y Génova: todos estos elementos reunidos sirvieron para obligar á Federico á retroceder y marchar á Toscana. Grego­rio IX acababa de morir, siguiéndole muy pronto su sucesor; el emperador se opuso por largo tiempo á la eleccion de un nuevo pontífice; y despues de haberla complicado con graves dificultades, cedió al fin á que aquella recayese en el cardenal Fiesco, que á pesar de haber sido amigo suyo, preveia no habia de tardar mucho en hacerse enemigo, como lo llegó á ser en 1243; efectivamente, el nuevo papa pronunció en el concilio de Lyon en 1245 una sentencia, anatematizando y deponiendo al emperador, al mismo tiempo que sublevaba en contra suya las Dos Sicilias, y hacia elegir en 1246 rey de los romanos al landgrave de Turingia Enrique Raspou, apellidado por el pueblo Rey de los eclesiásticos. Federico habia hecho nombrar en 1237 rey de los romanos á su hijo Conrado, teniendo de singular tal eleccion el haber sido la pri­mera a que acudieron los siete príncipes electores con esclusion de los demas vasallos de importancia: este elegido fué, pues, á quien correspondía combatir á Enrique Raspou, por el cual fué vencido en Suabia, pero del que alcanzó á su vez una victoria decisiva cerca de Ulm, que obligó al Rey de los eclesiásticos á retirarse á toda prisa á Turingia, donde murió en 1247, estableciendo el papa por sucesor á Guillermo, conde de Holanda, coronado en Aquisgran. Reinaba en esta época una completa anarquía en Alemania, y solamen­te por libertarse de sus perniciosos efectos, las poblaciones de mas comercio, situadas á las márgenes del Rhin y en los confines de la Westfalia, organizaron una liga que llegó á adquirir celebridad bajo el nombre de Confederacion del Rhin.
En tanto que Conrado defendia con vigor en Italia la causa de su padre, Federico, dueño de toda la Tos­cana, intentaba arrojar á los guelfos de la Romanía; pero ademas de haberse desgraciado el asedio de Par­ma, fué batido y hecho prisionero su hijo Enzio por los boloñeses, y viéndose ya sin recursos, se retiró á la Pulla, donde murió en 1250.
La muerte de Federico dejó abierto durante el es­pacio de veinte y dos años, un período de turbulencias a que se llamó el grande interregno, causado no por ­la falta de emperadores en Alemania, porque eran mu­chos los que se disputaban la soberanía, sino porque, escluyéndose mútuamente del poder, ninguno ejercia una autoridad real y reconocida. Por una parte, Guillermo IV, presentado frente á frente de Federico por Inocencio IV, hizo confirmar su eleccion despues de la muerte del emperador; por otra, Conrado IV toma­ba el titulo del emperador, y se presentaba á suceder á su padre: el primero alcanzó algunas ventajas sobre su competidor, y éste, considerando mas ventajoso el porvenir de mando que le ofrecía Italia, fué á recoger en 1251 la mas preciosa parte de la herencia de Fe­derico, que era el reino de las Dos Sicilias; pero al si­guiente año murió en la Pulla envenenado, segun se dice, por su hermano Manfredo. Enseñoreado ya Gui­llermo del Norte de la Alemania, quiso fueran respetados por todas partes sus derechos, á los que abría un camino mas estenso y menos dificultoso la muerte de su competidor; pero antes de obligar á los señores alemanes á que reconocieran su autoridad, trató de someter á los frisones, marchando contra ellos en per­sona; pero habiendo quedado detenido en un pantano fué asesinado allí en 1256, sin serle posible ni aun hacer un esfuerzo para defenderse.
Nadie, pues, tenía derecho, ni aun estaba indicado para poder aceptar la corona imperial de Alemania: la vasta herencia abierta en aquel momento debia reco­gerla Conradino, nieto de Federico II; pero ademas de su corta edad de dos años, tenia sobre si una senten­cia del pontífice Alejandro IV, que lo escluia de la sucesion. Imposibilitado el elector de Maguncia por es­tar prisionero en poder del duque de Brunswick, ideó el elector de Colonia vender á un estrangero la corona imperial, recayendo su eleccion en Ricardo de Cornouailles, hermano del rey de Inglaterra: pero no ha­biendo hecho los mismos ofrecimientos á todos los vo­tantes, estalló una escision en la asamblea electoral, de la que resultó depositar sus sufragios los descon­tentos en favor de Alfonso X, rey de Castilla, todo lo cual acaeció en 1257. De entre estos dos, Alfonso X jamás pisó el territorio aleman, limitándose á intimar desde lejos á su competidor el abandono de sus pre­tensiones, y á solicitar la intervencion del pontífice; y el otro iba y venia de Inglaterra á Alemania, llevan­do consigo inmensos caudales y codiciando siempre nuevas riquezas que buscó y halló, logrando dejarlas entregadas á la ávida rapacidad de sus partidarios. Imprimió el sello de la celebridad á uno de sus viages la importante ordenanza, dictada en la dieta de Worms, contra los muchos señores, que exigian peages ilegíti­mos, atacaban la seguridad del comercio y de los ca—